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viernes, 27 de enero de 2023

POPULISMO


Un retrato del autoritarismo feudal en la Argentina
A veces la demagogia se deja fotografiar, como ocurrió la semana pasada con el caudillismo riojano; la imagen desnuda una cultura política que reniega del concepto de ciudadanía
Luciano RománLa política de la dádiva, en acción Jueves 19 de enero a media mañana. El gobernador Ricardo Quintela (arriba del auto y reflejado en el espejo retrovisor) recorre con un equipo de la nacion uno de los barrios del plan Angelelli en la periferia de La Rioja. Allí reparte billetes entre vecinos que le piden “unos pesos”.
Aveces, el populismo y la demagogia se dejan fotografiar. Es lo que ocurrió la semana pasada en La Rioja, donde un equipo periodístico de logró la nacion captar, en una imagen, la esencia misma de un fenómeno político y cultural como el del caudillismo feudal.
La foto del reportero Sebastián Salguero, publicada en la tapa de este diario el último domingo, muestra el momento en el que el gobernador Ricardo Quintela, a quien llaman “el Gitano”, se asoma desde su auto para darles dinero en efectivo a vecinos que le piden “unos pesos”. Quintela suelta la mano y reparte dos mil acá, dos mil allá. Lleva un fajo de billetes destinado a esa piñata. La escena se repetirá varias veces a lo largo de un recorrido por barrios humildes de la capital riojana.
Puede parecer una acción menor, quizá burda y hasta bizarra, pero desnuda una cultura política que reniega del concepto de ciudadanía y que concibe al poder como un ejercicio de paternalismo tosco, alejado de cualquier sofisticación. No es un caso aislado. Representa, con brutalidad, una concepción que con mecanismos más o menos disimulados, y a mayor o menor escala, está enquistada en muchas provincias, pero también en municipios del conurbano bonaerense y en el Estado nacional. Vale recordar, sin ir más lejos, el “plan platita” con el que el kirchnerismo intentó, en 2021, mejorar sus chances electorales.
La foto refleja una situación que es, a la vez, provocadora y obscena: muestra la mano del amo, que da, y la del “subordinado”, que pide. No se sabe si el dinero es del funcionario o del erario. La confusión entre el cacique y el Estado es parte esencial de esa cultura. La asimetría, también. El “señor” sonríe y entrega la dádiva desde su auto, desde su burbuja de confort. La actitud condescendiente se refleja en el lenguaje de la política: los dirigentes “bajan” a los barrios o a los municipios, no los recorren, mucho menos los habitan.
La política del clientelismo y de la dádiva parte de la idea de que el Estado “te da” cosas a cambio de fidelidad y obediencia. El poder actúa con sentido de apropiación, como si los recursos fueran del gobernante y no de la sociedad. Subyace una profunda subestimación del ciudadano, al que el gobernante no le reconoce esa condición básica de la democracia. Las cosas no se ganan, se conceden. Esa entrega es, como revela la foto, arbitraria y discrecional: ¿por qué dos mil, y no el doble o la mitad? ¿Por qué acá y no más allá? ¿Por qué hoy y no mañana? Porque no rige una regla, sino la voluntad y el imperio del amo. Como te lo doy, te lo quito.
Lo que hay detrás de esa foto es una profunda malversación ideológica en la administración del Estado, anclada en una concepción regresiva que justifica el estatus de provincias pobres con gobernantes ricos. La imagen muestra, además, el germen de un sistema opaco y corrupto en el que las fronteras entre lo público y lo privado son completamente difusas, mientras el control de los fondos públicos se parece a una ficción.
En La Rioja, el Estado es dueño hasta de supermercados y hoteles, y ha establecido un entramado de subsidios que reparte con arbitrariedad. Las empresas públicas (que ya suman 40) han asfixiado al sector privado y su administración es tan vidriosa como deficitaria. La situación retratada por sugiere, la nacion en ese sentido, interrogantes inquietantes: si adelante de un fotógrafo y una periodista el gobernador reparte graciosamente efectivo entre vecinos de un barrio, ¿cómo son los arreglos con contratistas del Estado o concesionarios de servicios públicos? La imagen revela un método. Y muestra sin maquillaje una concepción del poder.
“Vivimos en un medioevo judicial”, dice la presidenta del Consejo de Abogados de La Rioja. El feudalismo implica, necesariamente, cooptación de las instituciones, debilitamiento del entramado de control y financiamiento de un aparato de propaganda. En ese contexto, el gobernador ha nombrado a su sobrina al frente del Superior Tribunal de la provincia. “¿Qué tiene de malo?”, se pregunta el oficialismo con una brutalidad desafiante. La oposición no tiene acceso a la comisión parlamentaria de presupuesto. El partido gobernante cuenta en la Legislatura con 32 de los 36 representantes, según la puntillosa descripción periodística que hizo Gabriela Origlia.
Vale la pena prestar atención al modelo judicial de La Rioja porque Quintela es hoy uno de los abanderados de la “guerra” contra la Corte Suprema que declaró el gobierno nacional. Es el gobernador que, en un claro mensaje intimidatorio, expuso con cuatro gigantografías las fotos de los jueces del máximo tribunal de la Nación en la puerta de la gobernación. También es el mandatario que contrató a Amado Boudou apenas salió de la cárcel y que pidió bloquear “a los medios porteños que dan información podrida”.
La Rioja ha suprimido, en los hechos, la alternancia democrática. Es gobernada por el peronismo desde hace cuarenta años. Todo depende de la gracia y la bendición de un Estado que crea parques acuáticos mientras falta agua potable. La maquinaria clientelar está bien aceitada y garantiza una virtual hegemonía electoral. Sin embargo, no es una isla. Tal vez se le deba reconocer el mérito de exhibirse sin disimulo y hasta dejarse fotografiar en un alarde de impunidad. Pero expresa una cultura política y una noción del Estado que ha colonizado buena parte del poder en la Argentina.
¿Cuánto daría el gobierno nacional por nombrar a una sobrina al frente de la Corte Suprema? ¿Qué otra cosa, si no envidia, despierta en el kirchnerismo ese paisaje monocromático de la legislatura riojana? ¿Qué distancia hay entre la foto de Quintela y el reclamo de La Cámpora para “poner plata en el bolsillo de la gente”? ¿Qué ideas inspira en el equipo económico, que mandó a los camioneros a vigilar las góndolas, la audacia de Quintela de crear un supermercado estatal?
El actual modelo de La Rioja no es demasiado distinto de los que se ven en Santiago del Estero, en Chaco, en Santa Cruz o en Formosa, por citar solo algunos casos emblemáticos de feudos autoritarios en los que la economía gira alrededor del Estado y las instituciones, al compás del caudillo. Tampoco está demasiado lejos (más vale, peligrosamente cerca) de un oficialismo nacional que se ha radicalizado en su ofensiva contra el Poder Judicial y que manda “a los muchachos” a controlar las empresas.
En ocasiones, una foto logra capturar las profundidades de una época y los valores intangibles de una cultura política. Ocurrió en los noventa, con aquella imagen de María Julia Alsogaray envuelta en pieles que retrató la frivolidad en el poder. Ocurrió hace poco con la postal del cumpleaños en Olivos en plena cuarentena, que desnudó la ética de un presidente.
La foto de “el Gitano” que, con una media sonrisa, reparte billetes por las calles polvorientas de las periferias urbanas tal vez nos ofrezca la oportunidad de potenciar un debate de fondo: ¿queremos la Argentina de la dádiva o la Argentina del trabajo? ¿Queremos un país de reglas claras o un sistema opaco y discrecional? ¿Queremos gobiernos que administren o que repartan limosna? ¿Construiremos un país con instituciones fuertes o nos entregaremos a caudillos todopoderosos? Pocas veces una imagen nos convoca, con tanta fuerza y nitidez, a discutir qué queremos.
Miremos la foto una vez más: en ese espejo retrovisor se refleja una Argentina del pasado que, sin embargo, ahí está. Es también la Argentina del presente, que pugna por permanecer. La imagen quizá simbolice un debate sobre el futuro.●
Vale la pena prestar atención al modelo judicial de La Rioja porque Quintela es hoy uno de los abanderados de la “guerra” contra la Corte Suprema que declaró el gobierno nacional

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martes, 9 de febrero de 2021

POBRISMO, POPULISMO, DEMAGOGIA....SIEMPRE NEFASTOS


El populismo avanza, pero cada vez más desnudo

Héctor M. Guyot

Al desasosiego y la extrañeza que la pandemia le imprime a la vida cotidiana, los argentinos tenemos que sumarles un trastorno de nuestra exclusiva cosecha que también pone en jaque todo lo que hasta aquí dábamos por sentado. Este plus local, este virus sobre el virus, agrega una cuota extra de incertidumbre, pero sobre todo contamina la escena con un malestar muy parecido a la alienación. Se trata de un mal que viene de nosotros mismos y encierra una paradoja: es infligido por quienes tienen la responsabilidad, concedida por el voto, de cuidar a la población ante el azote del Covid-19.
Esa alienación anida primero en el propio Gobierno, que busca la cura mientras inocula el veneno. Un caso de personalidad doble en el que el perverso Hyde se impone al Dr. Jekyll y encubre sus crímenes detrás de las civilizadas formas del segundo
Esa alienación anida primero en el propio Gobierno, que busca la cura mientras inocula el veneno. Un caso de personalidad doble en el que el perverso Hyde se impone al Dr. Jekyll y encubre sus crímenes detrás de las civilizadas formas del segundo. En los hechos, la doble personalidad del Gobierno derivó en un efecto difícil de concebir, pero real: el kirchnerismo (y cuando hablamos del kirchnerismo hablamos del Gobierno) aprovechó cada oportunidad que la pandemia le ofreció para avanzar en su incansable búsqueda de impunidad y hegemonía, que supone el fin de la república tal como la conocíamos. Lo hizo y lo hace mientras, de la boca para afuera, convoca a empresarios y gremios para contener la inflación, habla (ahora) de la necesidad de volver a las clases presenciales y gestiona vacunas para todos (con sus amigos rusos o chinos, claro). Jekyll y Hyde. El problema es que el Gobierno traslada este trastorno de la personalidad, esta alienación, a toda la sociedad. Daño sobre daño. Con el consiguiente riesgo, además, de que la opinión pública resienta su capacidad de distinguir lo cierto de lo falso y pierda de vista lo que en verdad está ocurriendo en el país.
La vida es lo que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes, escribió Lennon. A falta de planes, hagamos foco en lo que ocurre: el Gobierno asedia a la Justicia con el fin de doblegarla desde muchos frentes distintos y en forma simultánea. Cuando no avanza en uno, avanza en otro. Pero no se detiene. Una de esas formas es la colonización progresiva. Tiene un ejército de ocupación, que se cuadra y hace la venia bajo la bandera de Justicia Legítima. El plan es ir desplazando a aquellos jueces que presentan el inconveniente de concentrarse en la prueba que obra en los expedientes en lugar de atender la imperiosa necesidad de impunidad de Cristina Kirchner y sus exfuncionarios. Esos jueces deben ser reemplazados por militantes que no pierden el tiempo en el frondoso material probatorio reunido y llegan con la sentencia escrita de antemano al grito de lawfare.
En estos días, el Gobierno avanzó en su plan de ocupación de la Cámara Federal porteña, que revisa los fallos de los jueces de Comodoro Py.
 Eduardo Farah, muy cuestionado, tiene allanado el camino de regreso a ese tribunal de alzada gracias a aquella famosa sentencia de la Corte Suprema que consideró "transitorios" los traslados de los jueces Bertuzzi y Bruglia (con la excepción del voto de Carlos Rosenkrantz). Es notable, aquellos que deben defender la república a veces encuentran los argumentos que favorecen a quienes atentan contra ella. Lo mismo pasa en el Consejo de la Magistratura, donde Ricardo Recondo, vicepresidente de ese cuerpo, pasó de defender las instituciones a votar a favor de los jueces militantes del populismo. Es difícil de entender cómo un juez de carrera facilita el control de la Justicia a una facción que ha dado acabadas muestras de querer concentrar los tres poderes del Estado. Aun así, habría que reconocer que nuestra debilidad institucional en buena medida responde al hecho de que el interés general queda tantas veces relegado por otros más pequeños y mezquinos. Otro juez con la camiseta puesta que va camino a esa Cámara es Roberto Boico, con buen desempeño en los concursos, aunque sin duda eso no lo ayudará tanto como haber sido el abogado de la expresidenta en la causa por la firma del memorándum con Irán, haber defendido públicamente a Boudou y ser socio fundador de Justicia Legítima.
Esto nos acerca cada vez más a Formosa, tan similar en su gobierno a Santa Cruz y, según parece, el norte del oficialismo. Hacia allá nos llevan la lucidez del progresismo local y la voracidad de los ambiciosos. Formosa, tantas veces elogiada por el Gobierno (desde la ministra de Seguridad hasta el Presidente), y que ha consumado con éxito lo que el kirchnerismo está empecinado en lograr a nivel nacional: la sumisión de la Justicia y la reelección eterna del líder. Lejos de traer la revolución nac&pop, eso desemboca en un autoritarismo desquiciado que, en su desprecio por el otro, reduce a los ciudadanos a la condición de súbditos y pierde toda noción de respeto hacia los derechos humanos. Lo vimos, todos, los otros días. Aunque el simulacro queda cada vez más expuesto, el populismo avanza. Habrá que ver si alcanza lo que se propone antes de quedar desnudo del todo.

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jueves, 26 de julio de 2018

FALTA TOTAL DE ÉTICA


Oportunismo populista: planes sin pies ni cabeza
El peronismo en general prefiere evitar caminos incómodos y repetir alquimias obsoletas que niegan el crecimiento y ahuyentan la inversión
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El equipo técnico de Sergio Massa dio a conocer un plan económico "para salir de la crisis que atraviesa nuestro país". Con el propósito de tomar distancia del FMI y develar otra fórmula para reactivar sin ajustar, su equipo exhibió una panoplia de medidas de poco vuelo, tan contradictorias como anodinas, paradójicamente un aporte poco renovador de quienes convocan a renovar. Y no fue el único.
Cuando el país atraviesa una crisis, se espera de sus dirigentes democráticos una propuesta superadora, una visión lúcida, que invite a una acción colectiva potenciando fortalezas y evitando reincidir en fracasos. Se espera una renovación verdadera.
Sin embargo, el mencionado plan no se atreve a rebasar el debate cotidiano, ni invita a renovar absolutamente nada. No se habla de inversión, ni de competitividad, ni de tecnología, ni de cadenas de valor, ni de reducción de costos, ni de espíritu emprendedor, ni de integración al mundo, ni de economías de escala, ni de sinergias, ni de reconversión laboral, ni del salario real, ni de empleo genuino. Ignora el insostenible desequilibrio fiscal y su impacto sobre la viabilidad de nuestra nación. No incluye ideas convocantes para impulsar con brío un crecimiento sostenido, con mayor bienestar e inclusión.
Quizás, el peronismo en general prefiere evitar caminos incómodos y repetir las alquimias obsoletas del populismo, cuyos alambiques, probetas y retortas no funcionan en el siglo XXI. Con alquimia no puede producirse oro y con populismo no puede lograrse crecimiento e inversión.
Salvo durante el período menemista, el movimiento cumplió siempre con el lema de "combatir al capital", de modo que en su laboratorio no existen instrumentos para lograr el crecimiento: no hay ahorro, ni moneda, ni confianza, ni depósitos, ni crédito, ni seguridad jurídica. Es una economía de quitar para dar; de suma cero, sin inversión.
En su inolvidable monserga ante la Comisión de Energía del Senado de la Nación (2012), el exministro Axel Kicillof, defendiendo la confiscación de YPF que ahora configura una monumental contingencia contra el Estado nacional, dijo con toda claridad que "seguridad jurídica y clima de negocios" son palabras horribles para su concepción de la economía.
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En realidad, Kicillof repetía los principios rectores del plan adoptado en 1973 por el gobierno de Héctor Cámpora, que contienen el herramental clásico de un auténtico programa peronista, desde la A hasta la Z: ¡aquellos eran camporistas de verdad!
El Plan de Reconstrucción y Liberación Nacional fue elaborado por José Ber Gelbard y mantenido por el propio Perón cuando expulsó a su fiel odontólogo para asumir su tercera presidencia. Lo aplicaron sus principales espadas, como el secretario de Comercio, Miguel Revestido y su joven director nacional de política de precios, Roberto Lavagna. Estaba basado en la transferencia de recursos del campo a la industria, la persecución al capital extranjero, la nacionalización de la banca, la dirección del crédito, el cierre de la economía, el férreo control de precios y la selección discrecional de ganadores y perdedores. Todas medidas de redistribución de ingresos basadas en controles oficiales y subsidios estatales.
Para congelar la puja distributiva se firmó un Pacto Social, frustrada "concertación" entre el capital y el trabajo, que duró solamente un año, hasta el fallecimiento de Perón. Como en la actual Venezuela, los productos esenciales desaparecieron de las góndolas para transarse luego en el mercado negro a sus precios reales. En 1975, Gelbard y Revestido renunciaron y su sucesor aplicó el mayor ajuste de la historia argentina o "Rodrigazo". Sumado a los desmanes de la subversión, el ajuste y la guerrilla expulsaron a María Estela Martínez de Perón de la presidencia de la Nación.
Aquel Plan Trienal y el Pacto Social conforman las "ideas platónicas" del ser justicialista y el mito compartido del que abrevan casi todas sus variantes. Guste o no, también infiltran las ideas y creencias de la mayoría argentina. Por eso, invocan sus postulados los políticos que desean subir en las encuestas.
El plan para "sacar a la Argentina de la crisis" no tiene importancia en sí mismo, sino porque refleja esas creencias colectivas. Pone de manifiesto la dificultad para Cambiemos de acordar con la oposición (y con sus propios socios) sin verse forzado a adoptar esos dogmas. El riesgo de ganar gobernabilidad a costa de perder el rumbo entre alambiques, probetas y retortas.
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Una lectura rápida del "plan Massa" evoca aquel antiguo Plan Gelbard en versión almibarada y adaptada al cambio generacional. Al igual que en 1973, en ausencia de confianza, todos son controles y subsidios, garrotes y zanahorias.
La eliminación del IVA sobre alimentos implicaría mayor déficit fiscal aumentando márgenes sin reducción de precios. Su efectividad exige férreos controles sobre los comercios y, en particular, sobre los grandes supermercados quienes empeorarían su capacidad de competir con los almacenes y los llamados "chinos" que no son perseguidos por tratarse de pymes.
El mantenimiento del subsidio sobre tarifas, atadas a la evolución del salario, sería el peor golpe al esfuerzo por equilibrar las cuentas públicas. Cabe preguntarse ¿qué impacto tendría el abandono de las metas acordadas con el FMI, que son indispensables para recuperar el valor de nuestra moneda?, ¿qué efecto sobre el tipo de cambio, si el mayor déficit implica mayor emisión de billetes?, ¿se propone la renovación volver al esquema kirchnerista, cuando la inflación era el principal impuesto nacional?
En un contexto de fuga de capitales, los créditos subsidiados nunca van a la inversión, sino a activos financieros. Siempre fue así. Es una forma de carry trade criollo inventado muchísimo antes de que la globalización impusiera su nombre en inglés: aquí se llamaba "bicicleta financiera" y comenzó con los valores ajustables (o VANAs), que emitió Antonio Cafiero como ministro de Economía durante la gestión de María Estela Martínez de Perón. Aparecieron así las "mesas de dinero" del justicialismo, que captaban fondos del público y los invertían en esos valores, arbitrando entre la tasa que pagaban y la inflación desbordada que ajustaba el valor de los títulos.
El aumento perentorio a los jubilados y de los programas sociales son mayores gastos que los economistas renovadores recomiendan sin prever un correlato de ingresos. Sin confianza, ese dinero en los bolsillos presionará sobre el dólar e impulsará aún más el aumento de precios. Pan para hoy, hambre para mañana, señores jubilados.
La administración "inteligente" del comercio más una emergencia aduanera provocan aumentos de precios internos y cuasi rentas injustificadas, paralizan cadenas de valor e invitan a la corrupción, con su arsenal de excepciones y gestores. Mayor incentivo a los contenedores "truchos" y a los depósitos fiscales irregulares. Pan para hoy, hambre para mañana.
La promoción de exportaciones manufacturadas como mecanismo puntual de reactivación recuerda las "bicicletas" financieras "pedaleadas" con prefinanciaciones baratas y los "clavos", como las ventas a Cuba en tiempos de Gelbard, cuando los exportadores cobraron de nuestro Banco Central y los cubanos no pagaron ni un peso; para no mencionar las exportaciones de maquinaria agrícola y decodificadores a Venezuela, en un pasado más reciente.
La "flotación administrada" del tipo de cambio carece de sentido sin un programa económico serio, pues en su ausencia solo anticipa una liquidación de reservas para frenar la huida del peso, hasta su total agotamiento. A menos que Massa le esté proponiendo al Presidente que adopte una política cambiaria que Macri puede aplicar y aquel no, por carecer el exjefe de Gabinete de credibilidad en el mundo inversor.
Asimismo, introducir restricciones al ingreso de capitales, cuando estos faltan y la Argentina requiere financiación para el gradualismo, es como repetir el impuesto a la renta financiera, que descolocó a los bonos argentinos en el contexto de la suba de la tasa de interés del tesoro americano. Por otro lado, Chile abandonó esa práctica intervencionista que tanto atrae a los políticos de la desconfianza, sabiendo que carecen del talento y las convicciones para cautivar al capital golondrina y convertirlo en buen hornero, padre de familia y constructor de sólidos y duraderos nidos.
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Finalmente, la idea de liberar las paritarias para recuperar el poder de compra del salario, en un contexto inflacionario es fogonear la carrera con los precios, que nunca podrían descender con este programa "renovador". Mientras el público no cambie las expectativas, confiando en la moneda argentina y disminuyendo así la velocidad de circulación, ese poder de compra se esfumará, como lo vimos en las hiperinflaciones de 1989 y 1990.
Los planes económicos como el mencionado son buenos compendios de ideología populista y manuales de supervivencia para países que expulsan capital y optan por vivir con lo suyo. La gran dificultad para Macri es cómo lograr acercarse al peronismo sin ser succionado por el agujero negro de esas ideas. Conforme la teoría de la relatividad, esa aproximación puede hacerse, siempre que no se trasponga el "horizonte de sucesos" o punto de no retorno.
Más allá es la última frontera, a partir de la cual nada, ni siquiera la luz, puede escapar de los hoyos insondables del espacio-tiempo. O sea, de la condena a vivir para siempre en las profundidades del populismo: con déficit fiscal, inflación, pobreza y exclusión.

jueves, 19 de abril de 2018

POPULISMO; PROSTITUCIÓN SOCIAL....VOS ELEGÍS....LÁSTIMA QUE PAGAMOS TODOS

¿El populismo en Argentina es responsabilidad de la política o de la Sociedad?Resultado de imagen para POPULISMO
Los populismos hacen propuestas atractivas para el pueblo, pero por más convincentes que puedan resultar, suelen esconder intereses de sector que perjudican a los pueblos a los que dicen defender y salvaguardar.
1.- Todo lo que es gratuito alguien invariablemente lo paga.
2.- Si te opones son un anti patriota.
3.- Los medios de comunicación hegemónicos son los que engañan a los pueblos.
4.-Siempre hay conspiraciones de sector que hacen lo imposible para que los gobiernos populistas fracasen
El populismo es un concepto toxico, básicamente anti democrático y muy autoritario.
La única forma en que los Argentinos seamos dueños de nuestro destino cualquiera sea ese, es que nos pongamos a trabajar en serio por él, para ello debemos hacer a un lado algunos premisas del facilismo populista que nos han jodido la vida como país.
a.- No hay soluciones fáciles, ni mágicas, tanto unas como otras siempre tienen un costo que es la sociedad en su conjunto la que los paga.
b.- Habrá que dejar para siempre la viveza criolla, traducida en: ¡Yo me salvo!; No pago los impuestos, soy un vivo del año cero...
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c.- Vivir en democracia tiene un costo. Todo sistema de gobierno cuesta dinero y la democracia tal vez no sea el mejor sistema, pero es sin dudas el menos malo, porque los otros son un desastre, economico y social.
d.- Los políticos son siempre responsables, sino que se dediquen a otra cosa
e.- El medio para castigar a la política la sociedad, es por la acción del voto, que es donde más le duele a los políticos.
f.- Participar en la política es siempre bueno, pero la responsabilidad de los actos de gobierno es siempre de la política. Nuestra Constitución dice que el pueblo no delibera ni gobierna sino por sus representantes. Si no te gusta hay que cambiar la constitución. La participación no reemplaza la responsabilidad de gobernar.
g.- La demagogia es una enfermedad que anida en todos los seres humanos, debemos luchar todos los días para controlarla.
h.- La política siempre tiende a polarizar a la sociedad, porque de esa forma es más fácil gobernar y que los pueblos acepten cosas que en condiciones normales no lo harían.
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i.- Lo apolítico no existe, por el simple hecho que adoptar esa postura es una definición política. Si uno no participa porque no te gusta la política, mereces estar gobernados por los ineptos, los peores y por los demagogos populistas de cuarta