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lunes, 9 de septiembre de 2019

POR UN MUNDO LIMPIO


¿Podemos vivir sin plástico?
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Manuel Torino
La noticia de que ingerimos el equivalente a una tarjeta de crédito por semana encendió las alarmas
No hace tanto tiempo atrás, era una ilustre desconocida. Fue en un abrir y cerrar de ojos que conquistó el mundo. Hoy se consumen cinco billones por año. Diez millones por minuto. El polietileno ya se había creado por accidente en una planta química en Northwich, Inglaterra. Pero la bolsa de plástico -de ella hablamos-, fue patentada recién en 1965 por un ingeniero sueco.
Hasta entonces, todos usaban bolsas de papel o de tela para hacer las compras. Gracias a su innovadora resistencia y su innegable comodidad, hacia la década del noventa ya era un producto omnipresente en los supermercados del mundo.
Las cosas iban de maravillas para la bolsa de plástico. Hasta que alguien descubrió que en medio del Océano Pacífico se había formado una isla de basura plástica del tamaño de Francia, España y Alemania juntos. Y que si sumábamos la cantidad de bolsitas, sorbetes y demás plásticos descartables, estábamos arrojando 8 millones de toneladas de plásticos por año al océano.
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De hecho, todavía lo hacemos. Pero algunos hábitos están empezando a cambiar: hoy la otrora todopoderosa bolsa de plástico parece estar en peligro de extinción. Cada vez son más las ciudades -Buenos Aires, sin ir más lejos- y los países -Estados Unidos, China, pero también Chile- que con sus legislaciones le declaran la guerra. El objetivo de fondo: ponerle fin a la hegemonía del plástico.
"Los plásticos llamados single use son productos que tenemos apenas unos minutos en nuestras manos pero que tardan cientos de años en degradarse en el océano. Esto representa un gran problema", dice Agustina Besada. Sabe de lo que habla: esta argentina experta en sustentabilidad cruzó el Atlántico en un velero para registrar las altas concentraciones de plástico en el mar. "Creo que la mayoría de la gente no se da cuenta de la cantidad de plástico que los rodea en su vida cotidiana. Es una relación excesiva y fuera de control", dice la actual directora de Unplastify, una iniciativa que busca educar sobre la contaminación por plásticos.
Datos para sacudir conciencias no faltan: un grupo de científicos de la Universidad de California, en EE.UU, calculó la cantidad de plástico generada en el planeta desde los inicios de su producción industrial. Según las cifras, hay suficientes restos de plástico en el mundo para cubrir un país entero del tamaño de la Argentina. Y en esta era del plástico, el océano se convirtió en el gran basural del planeta. De seguir así, la ONU pronostica que para 2050 habrá más plásticos que peces en el mar.
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Dieta plástica
Al respecto, una noticia se digirió con pasmosa facilidad semanas atrás: resulta que podríamos estar comiendo 5 gramos de microplásticos por semana sin darnos cuenta. Es el equivalente al peso de una tarjeta de crédito. O de una birome, para los que prefieran un invento nacional para comparar.
Las cifras surgen de un exhaustivo estudio de la Universidad de Newcastle, en Australia, encargado por la World Wildlife Foundation (WWF), que recopiló información de más de 50 trabajos a nivel mundial sobre la ingesta humana de plásticos.
"Los microplásticos son partículas plásticas de menos de cinco milímetros que, debido a la acción del mar y el sol, se van fraccionando en pedazos cada vez más chicos", explica Verónica García, bióloga y coordinadora del proyecto de basura marina de la Fundación Vida Silvestre. Y advierte: "El plástico que desechamos no desaparece: está volviendo a través del agua y de la comida que ingerimos. De hecho, ya hay evidencias de microplásticos en el tubo digestivo de peces del Río de la Plata".
¿Cómo nos impacta esta dieta plástica? La ciencia todavía evalúa el efecto de los microplásticos en la salud humana. Algo es seguro: nadie en su sano juicio elegiría comerse una tarjeta de crédito por semana. O una birome.
Mientras tanto, cada vez son más los que buscan dejar de ser parte del problema y piensan soluciones posibles para detener la contaminación por plástico.
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Quién quiera sumarse a la causa, debe saber que estamos en el momento ideal del calendario. El movimiento #PlasticFreeJuly propone rechazar el consumo de plásticos de un solo uso durante todo el mes. La iniciativa ya suma millones de seguidores en todo el mundo y busca difundir experiencias alternativas de consumo que luego puedan convertirse en hábitos. ¿Por ejemplo? Tener a mano siempre una botellita de agua reutilizable, no usar sorbete al pedir un trago, o simplemente decirle que no a la bolsita de plástico que nos ofrece el verdulero.
"La idea es mostrar que se puede vivir un mes sin plásticos y así sumar algunos hábitos de consumo más conscientes. Es un desafío global y es genial que se esté empezando a difundir en Argentina, donde existe un uso desmedido del plástico", sostiene Ivan Pavelic, un joven emprendedor platense que creó Swahili, una marca de mochilas y fundas que se destaca por su materia prima: reutiliza desechos plásticos de los banners de publicidad. Esos mismos carteles que alguna vez ayudaron a instalar un reinado del plástico que hoy parece estar llegando a su fin.

El autor es editor de Aconcagua.lat

jueves, 31 de enero de 2019

POR UN MUNDO LIMPIO


El surfer que convirtió a Pinamar en la primera ciudad sin sorbetes

Fue el año pasado. Seis años antes, Gastón logró que se implemente la ordenanza municipal para que los comercios dejen de entregar bolsas plásticas en todo el partido.

– Un surfer de la ciudad de Pinamar, Gastón Caminata, se convirtió en un ejemplo a la hora de evitar la contaminación con plástico en la playa. “Hace dos años, después de un campeonato de pesca en Ostende, levanté más de 60 kilos de basura en la caja de mi camioneta. Pensé que limpiar la playa era imposible”. Desde entonces, convocar gente para que se sume a la tarea manual y difundir mensajes de concientización a través de las redes sociales. Mirá lo que logró.
Por las tardes, cuando se van los turistas, las playas quedan repletas de vasos y sorbetes plásticos que amenazan con irse hacia el mar. Pocos son los que se preocupan para que no se haga realidad el pronóstico del Foro Económico Mundial de que, en 2050, habrá más plástico que peces en el mar y que, para entonces, el 99% de las especies de aves marinas del mundo habrá ingerido este material no degradable, según estadísticas de la PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences of United States of America).
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OCÉANO SIN PLÁSTICO
Gastón, además de surfer, es empresario gastronómico y presidente voluntario de Big Human Wave(@yoamomiplayaok en las redes), la
fundación argentina que lucha por el cuidado de las playas, una de las principales vías de acceso del plástico al océano, que recibe 8 millones de toneladas al año causando estragos en la vida silvestre, la pesca y el turismo.
La concientización sobre la importancia de la reducción en el consumo de este material ya es una tendencia mundial. En julio de 2018 Seattle se convirtió en la primera ciudad de los Estados Unidos en prohibir el uso de sorbetes y de utensilios de plástico. En ese marco, Gastón se convirtió en un ejemplo del poder que conlleva sumar un granito de arena a la causa.
Además

“Hace dos años, después de un campeonato de pesca en Ostende, levanté más de 60 kilos de basura en la caja de mi camioneta. Pensé que limpiar la playa era imposible”, recuerda en diálogo 
Desde entonces, el surfer de Pinamar comenzó a convocar gente para que se sume a la tarea manual y difundir mensajes de concientización a través de las redes sociales.Gaston Caminata, referente de la ONG Yo Amo Mi Playa, en Pinamar.
Un año más tarde, al finalizar el mismo evento, se encontró con una grata sorpresa: sólo recogió un vaso plástico y un par de colillas. En 2012, decidió dar un paso más y logró que en Pinamar se implementara la ordenanza municipal para que los comercios dejen de entregar bolsas plásticas en todo el partido y, en 2018, después de juntar más de 500 sorbetes en 100 metros de playa -con paciencia y tenacidad- hizo posible que Pinamar se convirtiera en la primera ciudad libre de sorbetes. Los residuos más comunes en las playas. 
Los sorbetes son tan livianos que es imposible reciclarlos mecánicamente y porque, además, cuando llegan al océano, en lugar de biodegradarse o disolverse, se fragmentan en pequeñas piezas letales al ser ingeridas por la fauna marina.
LA ORDENANZA IMPACTÓ EN 47 BALNEARIOS
Amparada en el artículo 41 de la Constitución Nacional, que establece que “Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano”, y con el apoyo de Alejandra Apolonio (concejal de Cambiemos y presidenta de la Comisión de Salud y Medio Ambiente que le dio forma legal al proyecto y lo elevó), desde el 1° de diciembre, los sorbetes y los vasos plásticos de un solo uso están prohibidos en el partido de Pinamar, que incluye a las localidades de Cariló, Ostende y Valeria del Mar. La ordenanza N° 5202/18 también se implementó en Mar Chiquita.
La implementación de la ordenanza impactó en los 47 balnearios y comercios del Partido, que hasta ahora ofrecían a sus clientes cerca de un millón de sorbetes por año. Sólo la sucursal de Mc Donalds de Pinamar entregaba unos 30 mil sorbetes por semana cada verano.
Como consecuencia de la ordenanza, se convirtió en el primer local de la Argentina en adoptar esta política que, además, implementó en las sucursales que posee en las localidades de Villa Gesell y Mar del Plata, e hizo extensiva a las regiones de Latinoamérica y el Caribe.
La ONU se hizo eco de esta noticia e incluyó a Pinamar en el programa #MaresLimpios que lanzó en 2017. Así, se convirtió en el primer municipio de la Argentina y en la segunda ciudad de la región, después de Piriápolis, en adherir a este programa.
Para Caminata la tarea por el cuidado del medioambiente recién empieza. “Ahora voy porque los kioscos dejen de vender cigarrillos y porque se prohíba fumar en espacios públicos”, contó.
Las colillas son otro de los residuos más encontrados en el océano. Cada año se desechan más de 4,5 trillones de colillas en el mundo de las cuales el 80% están hechas con una fibra plástica llamada acetato de celulosa. Además de que concentran las sustancias tóxicas del humo, de que tardan más de 25 años en degradarse y de que una sola colilla contamina entre 8 y 10 litros de agua de mar y hasta 50 litros de agua dulce, peces y aves las ingieren al confundirlas con alimentos y, como consecuencia, mueren, resalta
Ante la dificultad de organizar grandes grupos para limpiar las playas, Caminata propuso dos alternativas: hacer limpiezas individuales, fotografiarlas o filmarlas y etiquetar a @yoamomiplayaok; y llenar bidones plásticos de agua con colillas que pueden canjear por un jugo o una cerveza en su restaurante Jalisco, con sucursales en Pinamar y Cariló.
Los interesados en el tema pueden descargar gratis su libro “La mejor inversión es en el ambiente” desde este link https://goo.gl/Eq5J6H