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viernes, 26 de enero de 2024

PROTESTA PERONCHA




La catarsis de militantes que aún no asimilan la derrota electoral
Los manifestantes expresaron bronca contra el Gobierno y malestar por “no llegar a fin de mes”
Gustavo SchaposnikPolicías federales y, detrás, prefectos, ayer, en el Puente Pueyrredón
Por la Avenida de Mayo pasa corriendo un vendedor de hamburguesas, de esos que aparecen en cada manifestación. La particularidad del caso es que lo hace con un chulengo montado sobre la cabeza, pese a que contiene brasas ardientes. Escapa de la Policía de la Ciudad, que busca hacer cumplir la orden de que no se prenda fuego en las inmediaciones de una marcha.
Los efectivos lo dejan ir y desaparece al doblar la esquina, mientras el resto de los manifestantes aplauden la insólita escena. Fue una de las tantas postales que dejó la concentración de la CGT en la zona del Congreso.
La movilización fue protagonizada por una muchedumbre que tornó muy dificultosa la aplicación del protocolo antipiquetes del gobierno.
La anécdota del vendedor ambulante escapista fue pintoresca, pero los momentos de mayor tensión se vivieron entre algunos manifestantes y policías federales en la puerta del palacio legislativo, cuando intentaron cortar la avenida Entre
Ríos, lo que no estaba acordado con las autoridades porteñas.
También hubo algunas corridas sobre la avenida 9 de Julio, cuando la fuerza policial intentó que no fuera bloqueado el metrobús. Pero más allá de estos episodios, en líneas generales la manifestación no incluyó incidentes de gran relevancia.
Según pudo constatar en el ánimo de los manifestantes se entremezclaron la bronca porque les cuesta “llegar a fin de mes” ante la disparada de la inflación con una suerte de catarsis por la derrota electoral del peronismo a manos de Javier Milei.
En ese contexto, las columnas de los sindicatos comenzaron a concentrarse desde las 9 y para las 11 la gran cantidad de personas que circulaban era indicio del fuerte malestar que un sector de la sociedad tiene respecto de la política implementada por el Gobierno.
Las columnas llegaban en los diferentes medios de transporte. Desde la línea C del subte se pudo sentir el gesto cómplice de la maquinista, que solo anunciaba la estación Avenida de Mayo, donde había que bajar para iniciar la marcha.
Las agrupaciones salieron de la formación arengando, cual partido de fútbol: “Vamos que la patria no se vende”, cantaron. En la calle, la multitud que caminaba hacia el Congreso hizo que la aspiración de cumplir el protocolo se volviera una utopía.
Mientras algunos repartían volantes, otros vendían sándwiches de milanesa y los comercios intentaban permanecer abiertos, la gran mayoría marchaba a paso lento hacia el Congreso.
No siempre se podía avanzar, ni siquiera por las calles laterales. “A vos te queda poco, peluca botón”, entonaba un grupo con banderas de Suteba Tigre.
Entre las bombas de estruendo y una tensión que se percibía en el aire, varios manifestantes se negaron a hablar con la nacion.
Ya en los bordes de la Plaza del Congreso, unas chicas relajadas bailaban a ritmo de murga en la columna de la agrupación Unidos por la Cultura: “Venimos porque estamos en contra del DNU y la ley ómnibus, porque pretenden modificar leyes de un saque, sin dialogar y sin evaluar el tiempo de trabajo que llevó cada una. Esta es una ley que lo que busca es favorecer la concentración. En Inglaterra ya se probó y fracasó”, afirmó una de ellas.
Leonardo Acosta, secretario adjunto de una de las filiales de la Federación de la Carne, dijo : “Es impresionante la cantidad de gente que está en la plaza, somos trabajadores y estamos acá siempre por lo mismo. Reivindicar a los trabajadores, cuidar y proteger nuestros derechos”.
Y de inmediato advirtió: “Esto es solo una muestra, sería necesaria una nueva jornada de paro que arranque a las 0 horas”.
Mientras tanto, los locales de comida tomaban actitudes diversas: algunos seguían abiertos, otros bajaban las persianas. Uno de ellos, en la esquina de Avenida de Mayo y San José, impuso cupos en su interior y dejó ingresar a medida que iba saliendo la gente.
Yanina, que atiende una casa de pastas que estaba vacía en la calle Sáenz Peña, comentó en tono lacónico: “Perdimos todo tipo de esperanza”.
El exdiputado de izquierda Luis Zamora, presente en la movilización, dijo a la nacion: “No destaco solo el paro, sino las marchas, en todo el país. En Rosario fue impresionante. La legitimidad de un gobierno no se basa solo en un resultado electoral. Hay otras expresiones y esto nos da fuerza, porque nos parece que se está jugando la vida del país en que el Gobierno no avance con estas medidas”.
Zamora agregó: “Tanto los políticos como la dirigencia sindical son responsables de la descomposición social que se está viviendo”

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El peronismo bonaerense se hizo notar, con una columna y un paso fugaz de Kicillof
El gobernador se mostró con intendentes y su gabinete, pero no marchó al Congreso; Máximo Kirchner caminó con La Cámpora
Javier Fuego SimondetEl mandatario y sus ministros se mostraron en la esquina de México y Lima

El peronismo aglutinó ayer, en la marcha convocada por la CGT, a sus principales sectores internos. Se hicieron presentes columnas aportadas por intendentes bonaerenses y espacios aliados como el Frente Renovador y Nuevo Encuentro. El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, se mostró con los jefes comunales del oficialismo provincial y la militancia peronista, en medio de un caótico operativo en la esquina de Lima y México, protagonizado por custodios y simpatizantes justicialistas de distritos como La Matanza y Merlo.
Para las tribus peronistas, la participación en la movilización fue una demostración de fuerza y de cierta cohesión interna para limpiar las heridas que dejó la dura derrota electoral del año pasado. La oposición al gobierno de Javier Milei les sirve de aglutinante.
Con una convocatoria programada para las 11, en la esquina de las avenidas 9 de Julio e Independencia comenzaron a congregarse los simpatizantes del PJ y espacios afines. A esa columna se sumó, horas más tarde, Kicillof, a quien aguardaban algunos intendentes e integrantes de su gabinete provincial en el bar Azteca. Calificadas fuentes bonaerenses desconocían por la mañana si estaría presente Máximo Kirchner, titular del PJ bonaerense, quien finalmente participó, pero en una columna de su agrupación, La Cámpora, que no caminó junto a las filas del gobernador y los intendentes.
El bar de Lima y México fue el epicentro de la dirigencia peronista bonaerense. A la espera de Kicillof, en una larga mesa se ubicaban funcionarios de su gabinete, como Andrés “Cuervo” Larroque (ministro de Desarrollo de la Comunidad) Agustina Vila (secretaria general), o Walter Correa (ministro de Trabajo), con intendentes como Gustavo Menéndez (Merlo), Mariel Fernández (Moreno) y Nicolás Mantegazza (San Vicente). En otra mesa, aguardaba el ministro de Transporte, Jorge D’Onofrio. El bar se colmó y llegaron más tarde referentes como la vicegobernadora Verónica Magario y el ministro de Gobierno, Carlos Bianco.
En la puerta del bar, un grupo de militantes (muchos con pecheras que rezaban “Organización, La Matanza”), formaron un cordón humano a la espera de más dirigentes. Los intendentes Jorge Ferraresi (Avellaneda), Mariano Cascallares (Almirante Brown), Mario Secco (Ensenada) y Marisa Fassi (Cañuelas) fueron de la partida.
Kicillof arribó al café en medio de un caos, resguardado por custodios y militantes. Lo recibieron, en la esquina, Bianco; el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza (llegó apenas minutos antes que el gobernador); Ferraresi; Magario; el jefe comunal de Pehuajó, Pablo Zurro, y Larroque, entre otros.
Con el caótico operativo comandado por militantes del peronismo y custodios, y sin presencia policial ni de personal de tránsito a la vista, arrancó la caravana peronista, cuando Kicillof junto al resto de los dirigentes lograron salir del bar, con la intención de avanzar por Lima. Abundaron los empujones mientras los custodios y los militantes armaban un improvisado cordón humano para los dirigentes. El despliegue generó el corte definitivo del metrobús y la columna luego caminó por una 9 de Julio completamente cortada, en dirección a Avenida de Mayo.
El gobernador bonaerense participó solo en ese momento de la concentración de la militancia peronista en Lima y México. Luego, no marchó con la columna hacia el Congreso. Se dirigió a Puente 12, donde se reunió con el ministro de Seguridad provincial, Javier Alonso, en medio de las esquirlas por el crimen de Uma Aguilera, una niña de 9 años, durante un robo en Villa Centenario, Lomas de Zamora.
El desorden y los empujones eran la tónica cuando Kicillof salió del bar y se intentó organizar la columna con los dirigentes adelante. Una fuente de máxima confianza del mandatario dijo a que la nacion “no estaba previsto que camine”, y subrayó: “Estuvo como un argentino más, no tenía como objetivo encabezar una columna”.
La militancia peronista avanzó por la 9 de Julio sin el gobernador, con los dirigentes portando una bandera que rezaba “La patria no se vende”. En la columna estuvo el periodista Roberto Navarro, que caminó entre Larroque y el intendente de Morón, Lucas Ghi.
Con el acto frente al Congreso finalizado, otras caras del peronismo pasaron por el escenario a saludar a los jefes sindicales. Así, se pudo ver al exministro de Defensa Agustín Rossi y al excanciller Felipe Solá

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