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martes, 16 de enero de 2024

VIDA SANA


Parar y dar de nuevo. Un momento clave para ordenar las prioridades
El arranque del año plantea la necesidad de detener el ritmo y repartir las horas del día de una manera más balanceada
Malú Pandolfo
Trabajo, reuniones, demandas que se multiplican y la falta de tiempo que se impone como un límite, muchas veces llevan a poner el piloto automático para atravesar los días de semana e, incluso, las horas de ocio. Parar y ordenar las prioridades puede contribuir a optimizar las horas de actividad y dejar el necesario e imprescindible tiempo para la vida personal, social y recreativa, que debe ser de calidad. De cara al nuevo año es impostergable detener el ritmo y repartir las horas del día de una manera balanceada.
¿Cómo eliminar ese estrés que genera la vorágine diaria? “La clave es encontrar el sentido de la vida, con metas, objetivos, sabiendo lo que uno quiere y quién es”, analiza Marisol Barreiro, licenciada en psicología y neuropsicóloga clínica (M.N. 45683), coordinadora del área de rehabilitación del sanatorio San
Gabriel. La mente y el cuerpo no distinguen una amenaza real de una imaginaria y, como consecuencia de vivir en una vorágine constante, se genera estrés. “Esto enferma a nivel físico y mental, y eleva el cortisol, la hormona del estrés necesaria en la medida justa, pero que en exceso es muy dañina”, añade.
A nivel físico, las consecuencias son migraña, problemas cardíacos, digestivos y del sistema nervioso. “En cuanto a lo psicológico, la persona se vuelve irritable, triste, ansiosa. Saber gestionar el estrés va a determinar la calidad de vida que se tendrá”, expresa. Un antídoto eficaz, según Barreiro, es el amor propio y amar a alguien. “Somos más fuertes cuando amamos y nos sentimos amados”, asegura.
Cuando está activado el piloto automático siempre queda postergado algún costado de la vida. No suele ser el mundo laboral ni el de las finanzas. En general, “el aspecto más relegado tiene que ver con los vínculos, sobre todo el de pareja. Es uno de los más importantes que tenemos en nuestra vida adulta. Nuestra pareja es nuestra figura de apego. Sin embargo, es aquel vínculo en el que menos invertimos en nuestra vida adulta”, señala Delfina de Achával, psicóloga (M.N.45.043), doctora en salud mental (PHD, UBA), terapeuta de adultos y parejas e instructora de Mindfulness.
En cambio, es común invertir tiempo, energía y dinero en los hijos, en su educación, en su terapia cuando lo requieren, así como también en cosas materiales para ellos o en la propia carrera profesional, en obtener posgrados, doctorados, viajes y todo aquello que apunte al desarrollo laboral. “Pero, el vínculo de pareja queda relegado y caemos en una rutina y monotonía automatizada, que tiene sus costos. Nos desestabiliza, nos hace sentir solos y desconectados”, dice de Achával.
Desatender cualquier cuestión personal conduce a una suerte de anestesia que repercute tanto en la mente como en el espíritu y en el cuerpo. Una de las alternativas para salir o no caer en esta situación, es la práctica del mindfulness, según de Achával. “Prácticas como la atención plena inducen a una pausa consciente. Esto ayuda a subir nuestro nivel de entusiasmo y de energía en la vida diaria, a bajar los niveles de dolor físico y mental, mejorar el sistema inmunológico y cerebral, las capacidades atencionales y de velocidad de procesamiento. También reduce la ansiedad, el estrés, la depresión y la irritabilidad y favorece la regulación emocional y la mejora en la calidad de vida”, enumera la profesional.
Más allá de estas prácticas, que cuentan con evidencia científica probada en el lapso de cuatro décadas, desde la neurociencia se proponen claves para plantear y sostener una vida saludable. En esta etapa de inicio de año es habitual que se revisen los objetivos de cara a lo que vendrá, en pos del equilibrio.
Las llaves del bienestar
Hay siete claves de autocuidado que conducen al bienestar y son producto de investigaciones llevadas a cabo por neurocientíficos. Una de ellas es el buen descanso. Otra es encontrar tiempos de ocio o de pausa en el día a día. La tercera, practicar actividades contemplativas, como orar o meditar. La cuarta es mantener la conexión con los demás, mediante una vida social activa. La quinta, conectar con el propio espíritu lúdico. “No necesariamente es siempre el juego o el humor, pero sí tener un espíritu flexible y abierto en la vida adulta”, detalla la psicóloga. La sexta clave es aumentar la actividad física, fundamental para el bienestar físico, mental y emocional. La séptima, la nutrición consciente. “No tiene que ver solamente con qué alimentos consumimos, sino con cómo los consumimos y qué emociones volcamos en nuestro plato a la hora de alimentarnos”, aclara de Achával.
Estas claves pueden ser útiles cuando se planean los objetivos para un año que empieza y que apunta a un equilibrio entre deber y placer. Lo importante es lograr que esos objetivos se mantengan en el tiempo y se vuelvan hábitos. Su sugerencia respecto a las siete fuentes de bienestar es ver cómo uno se encuentra en cada una y cómo le gustaría estar. “Elegir una y empezar por aquella que estoy necesitando más”, recomienda. Una vez seleccionado el objetivo, sugiere pasarlo por el filtro Smart. “S es que la meta sea específica. No es querer tener una vida más sociable, que es muy general. Es quiero salir a comer una vez por mes con mis amigas. M es medible, en este caso, una vez por mes. A es accesible, es decir, que sea accesible a mi economía. La R de Smart significa realista, que mis amigas estén cerca y disponibles. Y la T es con tiempo acotado”, explica. Pensar un objetivo para el próximo año de esta manera, hace más probable que se pueda cumplir, sin caer en el síndrome de las falsas esperanzas, de creer que mágicamente ese nuevo hábito se va a lograr.
Para que un hábito que arrancó se consolide, se necesitan tres elementos. El primero es el contexto, que debe ser favorable para que ese hábito se inicie. “Pueden ser los vínculos, una pareja, una amiga, un hijo que ayude; puede ser un horario”, ejemplifica de Achával. El segundo elemento clave para que el hábito se asiente es la repetición. “Repetirlo y no dejar que la mente pase malas jugadas. La mente quiere quedarse en el patrón anterior. Al principio se va a resistir a ese cambio. No hay que escuchar a la mente y hay que repetir”, aconseja. El tercer paso para la consolidación es la gratificación o recompensa. “Hay que darse pequeñas recompensas a partir de los logros que se vayan alcanzando”, agrega.
Un año programado incluye, sí o sí, momentos de disfrute o de ocio, tan importantes como los productivos. En este plan, la especialista indica trabajar menos y disfrutar más. “Post pandemia el concepto de productividad cambió: hoy el mundo va hacia un lugar más consciente. Se trata de optimizar la calidad de lo que se hace por encima de la cantidad”, aclara. Los tiempos de ocio, de disfrute o pausa “son como un booster para el cerebro que vuelve a regenerar para volver a ser creativos”, grafica.
El poder de la conciencia
Es imprescindible, entonces, apagar el piloto automático. “Si hacemos todo de la misma manera, vamos a obtener los mismos resultados. Si queremos cambiar los resultados, debemos modificar nuestras acciones. No basta con sólo pensarlo”, enfatiza Marisol Barreiro. Poner en acción, entonces, el cambio pensado, requiere de esfuerzo a diario para sacar a relucir la mejor versión de cada uno. “Conectar con nosotros mismos, hacer actividades que generen disfrute, estar con las personas que queremos genera confianza, autoestima y paz. Sería lo más parecido a la felicidad”, reflexiona Barreiro. Una vez encontrado el equilibrio en la vida, sin embargo, el estrés no desaparecerá. Solamente se tendría que limitar a las actividades laborales. ¿Cómo saber que se va por el buen camino? Desconectarse del celular y de las redes sociales en los momentos dedicados a los seres queridos o a uno mismo, “realizando alguna actividad de disfrute o de ocio son buenas decisiones y un regalo para la salud mental”, refuerza Barreiro.

Recomendaciones para bajar el estrés

La licenciada en psicología y neuropsicóloga clínica Marisol Barreiro brinda algunas pautas

1 Incorporar momentos de descanso durante el día.

2 Reservar los fines de semana para descansar y desconectarse de la rutina y de la presión de los horarios.

3 Dar espacio al deporte, al humor y a la risa espontánea. Esto “se relaciona con la secreción de endorfinas y la producción de adrenalina, que ayudan a estabilizar el ánimo, a activar el sistema inmune, a aliviar la tensión muscular, a favorecer la oxigenación y a facilitar el sueño”, destaca.

4 Delegar, dejarse ayudar, aprender a pedir, confiar y agradecer.

5 Apoyarse en agendas y recordatorios.

6 Concentrarse en el presente y valorar lo que se va haciendo, no lo que queda por hacer.

7 Transformar lo que faltó hacer en nuevas intenciones para el próximo período.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

lunes, 23 de abril de 2018

BUEN VIVIR, ORGANIZACIÓN PARA COMER RICO, SANO, FÁCIL Y PRÁCTICO

EN CASA SE PRACTICA DESDE HACE AÑOS. IMPORTA TENER UN BUEN FREEZER.
RALLAR QUESO Y EMBOLSARLO PARA GUARDARLOS EN PORCIONES
SI HACÉS SALSA DE TOMATE ; SIEMPRE PARA VARIAS COMIDAS Y CONGELADAS ESTAN SIEMPRE A MANO
ARROZ EN WOCK CON VEGETALES; LOS QUE QUIERAS.
SOPA DE VERDURA, APENAS HERVIDA, PASADA POR LA LICUADORA...Y TENDREMOS LAS PORCIONES DE CREMA DELICIOSA. LA LISTA ES LARGA COMO TU IMAGINACIÓN....


No solo estamos repletos de azúcar, aditivos y preparaciones que no necesitamos, también estamos hasta el tuétano de excusas para postergar el cambio de menú que una y otra vez nos proponemos sin éxito. Me lo preguntan infinidad de veces: "¿Y vos, qué comes?" Es una pregunta que viene seguida de: "Porque no se puede comer nada", cruzada por un gesto de resignación. La lista de obstáculos incluye la sospecha alrededor del origen de los alimentos, el precio de la comida de verdad y el tiempo para prepararla.
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Es un dilema que parece más hondo que el supermercado cuando queremos, solamente, comprar dos o tres cositas; que lleva a un final inevitable: terminamos cayendo en la trampa intentando salir de ella. ¿Entonces? La primera clave en mi caso fue reconocer que, puertas adentro, es mejor intentar pequeñas conquistas que pretender cambiarlo todo. Somos parte del mismo sistema que hay que arreglar dedicándole paciencia, entusiasmo y atención para no caer, temerosos, ante los mensajes de propaganda.
No siempre es posible escapar a las intervenciones que se hacen sobre nuestros alimentos pero sí es necesario establecer categorías: ante el hambre repentino no es igual comprar una manzana en el chino -aunque no sea la mejor del mundo- que una barrita "de cereal" sabor "manzana". Prueben y hagan la cuenta: dejar de comprar ultraprocesados -por impulso o planificando comida exprés en la góndola- lleva a ahorrar un montón de dinero.
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Para comer mejor hay que apagar la tele -silenciar a los supuestos expertos que siguen repitiendo los mismos mensajes que de saludables no tienen nada- y cocinar (o hacer que una persona, y no una fábrica, cocine por nosotros). Eso no quiere decir dedicarle cuatro horas a la cocina. La pizza "instantánea" puede demandar los mismos 15 minutos que un arroz con verduras salteadas. Pero para que esa preparación sea posible al tiempo hay que tacklearlo antes de que nos ahogue el nudo de cansancio y estrés. O sea: hay que tener el arroz en la alacena (una alacena bien provista tiene legumbres, cereales, condimentos, especias, tomate en botellón; a la vista y ordenado) y las verduras ahí nomás.

 Cortar de más, separar en bolsitas transparentes y congelar: se puede hacer con todo lo que generalmente da más cansancio: cebollas, ajos, puerros. Y lo mismo con las preparaciones: salsas, salteados, sopas, budines, milanesas, tartas. Hagan de a dos o de a tres: se invierten más minutos, pero se recupera el doble o triple. Las recetas de casa transmiten nobleza y amor en sus repeticiones, son fáciles de hacer y dan más de lo que piden. La cuestión es encontrarlas y para eso no hay excusas, si no hay abuelas a mano, sobran sitios en Internet. Si se come de a muchos, los platos se pueden preparar de a muchos también: nada más fácil para rendirse antes de empezar que la soledad frente a la tarea. Elegir, comprar, cortar, batir, probar: recuperar los vínculos y compartir es lo más valioso que se puede encontrar en esta búsqueda; algo que empieza mucho antes de sentarse a la mesa y entregarse, por fin, a eso que tanto estábamos esperando: disfrutar de la comida.

S. B.