martes, 3 de enero de 2017

BORGES Y SU ADROGUÉ


El Adrogué de Borges: una visita a los paisajes literarios de la memoria
Desde chico, el autor de El Aleph pasó varias temporadas en esa localidad y sus recuerdos dejaron huella en su obra; los eucaliptos, los suburbios y la sombra del hotel Las Delicias




Borges y el laberinto. La multiplicación. El otro. Los espejos. Más que temas, son obsesiones a las que el escritor volvió una y otra vez. El Sur también dejó huella en él. En sus cuentos y poemas están los detalles en los que se detuvo, la relación entre mirada y espacio, la memoria. Dentro de todos los Borges, hay un Borges de Adrogué. Llegó a Adrogué de pequeño, con su familia: "Aprendí a andar en bicicleta y paseé entre los árboles, los eucaliptus y las verjas", dijo en una conferencia que llamó "Adrogué en mis libros", de 1977, que forma parte del volumen Jorge Luis Borges en Almirante Brown. La familia alquiló una quinta, La Rosalinda, que ya no existe. Salir a caminar con su padre era algo recurrente. Después vendría el tiempo en el hotel La Delicia, el de los espejos. "Sobre el portón decía La Delicia, salvo que nadie utilizaba el singular, sino el plural, que es mejor. Hay cuentos míos que parten de ese lugar o regresan a él." Cuando su padre murió, la madre, Leonor Acevedo, compró el terreno y levantó una casa a la que irían durante los veranos con su hermana Norah. Pero en 1953 la vendieron. Hoy funciona allí el museo Casa Borges. Además de las historias, el Sur le da un amigo, el poeta y periodista Félix Della Paolera, quien gestionó el doctorado honoris causa a Borges por la Universidad de Cuyo. Con su amigo Grillo -así le decían a Della Paolera por su costado insomne- almorzará muchos sábados de su vida y compartirá las caminatas por esos rincones del Sur.
Un recorrido posible
1. Viejo puente de ferrocarril y altura Camino de las Tropas. Aparece en el cuento "La intrusa" el rancho de los Iberra, en Turdera. Sobre cómo construyó este cuento, Borges escribió: "Había empezado la historia de dos hombres, dos hermanos que se disputan la misma mujer. [?]Me acordé entonces de los hermanos Iberra, de quienes muchos de ustedes tendrán noticias. ¿Por qué no ocurrirlo en Turdera? Pensé: si sitúo un cuento mío en Turdera en mil ochocientos noventa y tantos, ¿quién puede saber cómo eran los hombres de aquellas orillas del Sur? Prefiero situar mis cuentos en las orillas de Palermo o en las orillas de Adrogué, a fines del siglo pasado". Con su amigo Grillo Della Paolera caminaban por Turdera, lindero a Adrogué.

2. Monumento representativo para recordar el hotel La Delicia. (Pasaje Las Delicias.) Se lo menciona en "Adrogué", poema del libro El hacedor. "Lo que he tratado de decir sobre Adrogué, sobre el Sur, sobre el hotel Las Delicias, todo lo he dicho mejor, creo, en un poema". Del hotel Las Delicias, de enorme influencia en el imaginario borgeano, hoy apenas se conserva esa escultura. Y una vez más están los eucaliptos. "Su olor medicinal dan a la sombra/ Los eucaliptos: ese olor antiguo/ Que, más allá del tiempo y del ambiguo/ Lenguaje, el tiempo de las quintas nombra." Y al fin de otra estrofa: "Pero todo esto ocurre en esta suerte/ De cuarta dimensión, que es la memoria [?] En ella y sólo en ella están ahora/ Los patios y jardines". El cuento "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius" también alude al hotel. La primera oración es así: "Debo a la conjunción de un espejo y de una enciclopedia el descubrimiento de Uqbar". Y los trenes, el punto cardinal de tres letras, la vida en las plantas, la ficción en los espejos. Aparece, como él lo llamaba, en plural, "Las Delicias", a medida que avanza la acción, así: "Algún recuerdo limitado y menguante de Herbert Ashe, ingeniero de los ferrocarriles del Sur, persiste en el hotel de Adrogué, entre las efusivas madreselvas y en el fondo ilusorio de los espejos".

3. Su casa (Diagonal Brown 301). Es el chalet en el que pasó los veranos con su madre y su hermana Norah. "De regreso de Europa, mi madre edificó una casita frente a la plaza Almirante Brown, que tuvimos que vender. Me acordaré siempre de las cadenas y de las anclas y de la estatua." La que era su habitación daba a la plaza principal, a las copas de los árboles de los que siempre habló: la conocida referencia al olor de los eucaliptos. "En cualquier parte del mundo en que me encuentre, cuando siento el olor de los eucaliptos, estoy en Adrogué." Hoy funciona allí la Casa Borges, inaugurada en 2014 como un proyecto municipal con el apoyo de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, que dirige María Kodama. Fue Kodama la que elogió una de las intervenciones, el mural de Fernanda González Latrecchiana, artista plástica especializada en murales que apelan a la identidad de las ciudades. El que hizo muestra a Borges de espaldas, acompañado por un tigre, animal que era su pasión. También hay obras de Lili Esses, Jorge Aranda, Andrea Bravo y Elena González. Para hacer la recorrida, está la palabra de Teresa López, licencia en Letras y Bibliotecología, que conoce muy de cerca la obra de Borges. Los eucaliptos aparecen también en "La muerte y la brújula". El cuento empieza así: "De los muchos problemas que ejercitaron la temeraria perspicacia de Lönnrot, ninguno tan extraño -tan rigurosamente extraño, diremos- como la periódica serie de hechos de sangre que culminaron en la quinta de Triste-le-Roy, entre el interminable olor de los eucaliptos".

4. Biblioteca Esteban Adrogué (La Rosa 974). Circulaba el rumor sobre las ganas de Borges de dirigir la biblioteca de Adrogué fundada en 1918. En Jorge Luis Borges en Almirante Brown, se reconstruye esta versión. "En 1955, en momentos en que, según el testimonio de María E. Vázquez, aspiraba a dirigir la Biblioteca de Adrogué, fue nombrado director de la Biblioteca Nacional, máximo honor para quien la concebía como «un sinónimo del Paraíso Terrenal»."

5. Esquina de Quintana 407. Hay mucho Adrogué en el cuento "El Sur". Transcurre en una pulpería, hoy Almacén de Ramos Generales Santa Rita, un restaurante. Narra Borges en el cuento: "Dahlmann había logrado salvar el casco de una estancia en el Sur, que fue de los Flores: una de las costumbres de su memoria era la imagen de los eucaliptos balsámicos y de la larga casa rosada que alguna vez fue carmesí".

6. Calle de casas como quintas. En su cuento "El Aleph", aquel que habla del lugar de todos los lugares, se lee: "Vi una zona de quintas". De lo que Borges registró en esas caminatas con su padre, más tarde diría en la Conferencia de 1977: "Me acompaña -mis fechas son inciertas, pero qué importan las fechas, que son lo más vago que puede haber-, todo eso me acompaña desde mi niñez en Adrogué. Porque Adrogué era eso entonces (no sé si ahora lo es): es un largo laberinto tranquilo, de quintas, un laberinto de vastas noches quietas".


M. A.

LA MALQUERIDA EN EL LARRETA


lunes, 2 de enero de 2017

EL OCASO DEL HOLLYWOOD DORADO

La muerte de Debbie Reynolds a los 84 años acerca a Hollywood al final del ocaso de su época dorada, a punto de perder para siempre toda una generación de estrellas que hicieron del cine el séptimo arte.

Protagonista de Cantando bajo la lluvia, Reynolds tan solo tenía 19 años cuando se puso a las órdenes de Gene Kelly en esta comedia que el Instituto Americano del Cine considera el gran musical de todos los tiempos y la quinta mejor película de la historia del cine.

Reynolds falleció en el centro médico Cedars Sinai de Los Angeles tras sufrir una embolia. Su muerte llega tan solo un día después de la muerte de su hija, la también actriz Carrie Fisher.
La más conocida como princesa Leia de La guerra de las galaxias falleció tras sufrir un paro cardiaco mientras volaba de Londres a Los Angeles. “Quería estar con Carrie”, resumió el hijo de Reynolds y hermano de Carrie, Todd Fisher, a la revista Variety.
Nacida en El Paso, Texas (Estados Unidos) el 1 de abril de 1932, Reynolds pasará a la historia no solo como actriz, cantante y bailarina.



El corazón de esta estrella también estuvo en los negocios, en la preservación de una industria de la que formó parte y que supo valorar como arte, y en sus labores benéficas centradas en proporcionar tratamiento y diagnóstico para las enfermedades mentales mediante su fundación.
Además será recordada por su talente jovial y divertido, sin aires de estrella pero sabiendo cómo sobrevivir una y otra vez a los avatares de esta industria que tanto disfrutaba y donde solo la muerte de su hija consiguió acabar con ella.
A los ocho años la hija de un carpintero se mudó con todas su familia a la dorada California. Y para 1948 Mary Frances Reynolds ya despuntaba como “Miss Burbank”, barrio de Los Angeles donde residía y en el que en la actualidad se ubican la mayor parte de los estudios de Hollywood.
Una belleza que le valió enseguida un contrato en la Warner Bross. Jack Warner fue quien la rebautizó como Debbie, aunque laboralmente el estudio no la llevó lejos.
De ahí que en cuanto venció su contrato Reynolds se fue con la competencia, los estudios MGM, con los que trabajaría por los siguientes 20 años.
Allí rodó su primer largometraje, Three Little Words (1950), y su gran película de todos los tiempos, Cantando bajo la lluvia.
El papel de la inocente Kathy Selden haciéndose un hueco en ese nido de víboras que era Hollywood se lo consiguió el estudio.
A Gene Kelly, la estrella y director del proyecto, no le quedó más remedio que aceptarla pero la sometió a un riguroso entrenamiento para prepararla para el papel. Reynolds siempre se lo agradeció.



“Escogieron a este talento virginal, a esta cosita, y esperaban que estuviera a la altura de Gene Kelly y Donald O’Connor, dos de los mejores bailarines de la industria”, recordó posteriormente en una entrevista.
A esta rubia vivaz nunca le faltó el trabajo aunque los títulos que siguieron a esta película nunca estuvieron a su altura.
De todos ellos el único que le valió el reconocimiento de la industria con una candidatura al Oscar como mejor actriz fue The Unsinkable Molly Brown (1964), musical que interpretó cuando Shirley MacLaine se retiró de esta comedia.
Irónicamente fue MacLaine quien protagonizó junto a Meryl Streep la película Postales desde el filo basada en el libro que Carrie Fisher escribió sobre la intensa relación que unió a esta madre y esta hija.
Bundle of Joy, The Catered Affair, Tammy and the Bachelor, In & Out, Mother, The Rat Race,How the West Was Won y The Singing Nun, entre otros filmes, completan su filmografía.
Siempre en activo, Reynolds también trabajó en el campo de la televisión con su propia serie, que solo duró una temporada, y con papeles recurrentes en otros éxitos televisivos como Roseane, Vacaciones en el mar, Las chicas de oro o Will & Grace.
Entre los principales galardones de su carrera están el premio a toda una vida que le hizo entrega el Sindicato de Actores en 2015 y el premio humanitario Jean Hersholt que le entregó ese mismo año la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood pero que Reynolds no pudo recibir en persona por estar convaleciente de una operación.
“Cuando mi madre recibió el premio le empezaron a decir lo bueno que era que se lo entregaran a una mujer. Ella prefirió recordar que hasta la fecha solo 17 mujeres han recibido el galardón entre 56 hombres. Vamos, que mejor que no lo vendan como una victoria para la diversidad de géneros”, recordó en su momento su hija durante su última entrevista


Reynolds fue igual de locuaz en lo referente a su vida privada. Las circunstancias la obligaron a serlo. El divorcio de su primer marido, el cantante Eddie Fisher, cuando Carrie no tenía más de dos años, fue el escándalo del momento.
Reynolds se separó de Fisher al conocer que tenía un affaire con su mejor amiga, la actriz Elizabeth Taylor. Nunca quiso ser la víctima.
Su segundo divorcio fue igualmente sonado, separándose del fabricante de calzado Harry Karl cuando descubrió que la había dejado en la bancarrota con sus deudas de juego.
Entre los amantes del cine Reynolds también será recordada por preservar la memoria de un Hollywood que ahora desaparece.
La estrella compró colecciones enteras de vestuarios y otras piezas cuando estudios como la MGM empezaron a deshacerse de sus obras.
Entre otras de las piezas que preservó estaba el vestido que llevaba Marilyn Monroe en la escena más recordada de The Seven Year Itch (La tentación vive arriba), el bombín de Charlie Chaplin como Charlot o las zapatillas rojas del Mago de Oz.
Su deseo era que formaran parte de ese museo que la meca del cine todavía no posee pero finalmente tuvo que subastar la mayor parte de sus piezas.
Algunas sin embargo han quedado en manos de la Academia para la futura construcción de ese museo que Reynolds nunca llegará a ver.

R. A.

HISTORIAS DE LA PATRIA


Las Pulperías

A diferencia de los bares rurales de los Estados Unidos, más conocidos como Salooms, centro de la mitología y la cinematografía sobre el lejano Oeste; su equivalente criollo, las pulperías, han sido relegadas por nuestra historia oficial a una especie de museo rural que evoca aquel sitio donde el gaucho “vago y malentretenido” iba a embriagarse, a buscar pelea o a perder sus escasos pesos en la taba o en los juegos de naipes. La imagen que se nos sigue dando es la de un reducto de vagabundos y violadores, siguiendo la definición sarmientina de club de gauchos.



Pero, desde ya, hay otra mirada posible sobre aquellos sitios adonde concurrían los sectores populares rurales, entre los que había igual ¿o menor? proporción de delincuentes y malhechores que en las clases “acomodadas” de la época. La pulpería era el único lugar de encuentro posible para el gaucho en la inmensidad y soledad de la pampa. Allí, como señala algún poema gauchesco, la gente comprobaba que podía seguir hablando, después de días y a veces meses de no intercambiar palabras, ni nada con ningún ser humano. En algunas de ellas existían pistas de baile, e incluso pequeños teatros rurales como el que aún hoy se puede visitar en la pulpería “el Torito” en Baradero, provincia de Buenos Aires. El torito fue famoso por su ubicación, en el cruce del Camino Real que conducía al norte del país, y era el sitio de cambio de posta de caballos y de descanso de los famosos chasquis, aquellos bravos jinetes que oficiaban de correos. Era común encontrar estos bares de campo junto a las canchas de cuadreras y hubo una en particular que tenía un caballito de adorno junto al mostrador en referencia a su nombre y terminó bautizando al actual barrio porteño de Caballito. 


En su terreno podía asistirse los domingos a las carreras cuadreras o de sortija, a duelos verbales filosos en tono de payada y a duelo de los otros, como bien lo retrata el Martín Fierro de José Hernández.
Una de las primeras pulperías instaladas en nuestro actual territorio fue inaugurada por Ana Díaz, una de las mujeres que acompañó a Garay en la segunda fundación de Buenos Aires, allá por 1580. Lo poco que se sabe de esta mujer es que se trataba de una viuda de Asunción, posiblemente nacida en el Paraguay, y llegada a Buenos Aires con la expedición fundadora. Su nombre está incluido entre los 232 beneficiarios del reparto de solares realizado por Garay. Su lote era el número 87 y ocupaba lo que hoy corresponde a la para nada despreciable esquina sudoeste de Florida y Corrientes. Pero en aquellos días era tierra marginal, ubicada en los límites de la traza urbana. Doña Ana habría venido para acompañar a una hija, y en la recién fundada aldea porteña se casó con un mestizo, uno de los tantos “mancebos de la tierra” que llegaron desde Asunción, llamado Juan Martín. Se la puede ver en el inmenso cuadro sobre la fundación de Buenos Aires por Juan de Garay pintado por José Moreno Carbonero que adorna el salón blanco de la Jefatura de Gobierno de la ciudad capital. Allí está entre el estandarte y el rollo fundacional. Ana no imaginó, sin embargo, que donde ella instaló una pulpería, habría cuatrocientos treinta y un años después un Burger King.


Por el 1810 existían en la provincia de Buenos Aires (que por entonces incluía a la capital) unas 500 pulperías. Casi la mitad eran atendidas por gallegos. Una de ellas perteneció a don Francisco Alen , abuelo de Leandro N. Alem, el fundador del partido radical.
Las hubo rurales y urbanas y hasta algunas muy precarias, llamadas pulperías volantes, que se trasladaban siguiendo las cosechas. Las más sencillas sólo vendían aguardiente de caña, grapa, ginebra, vino, yerba, tabaco, sal, galletas y azúcar. El aguardiente era la bebida de mayor consumo, y la costumbre era llenar un vaso grande y convidarle a los presentes pasándolo de mano en mano y no era bien visto rechazar el ofrecimiento. La mayor provisión de aguardiente provenía de San Juan y Mendoza. Al igual que lo que ocurría con la yerba mate de Misiones, la producción y comercialización estaban en manos de los jesuitas, que monopolizaron el mercado utilizando mano de obra indígena.
El vino se vendía “suelto” y el que se tomaba en las pulperías era el Carlón, oriundo de Benicarló, provincia de Castellón, España. El vino era transportado en barriles de madera conducidos por carretas viñateras consignadas a mercaderes que realizaban la distribución a las pulperías. Algunos pulperos lo diluían en agua y lo llamaban Carlín o Carlete, y era vendido a menor precio. También llegaban vinos provenientes de Bordeaux, Francia, pero aquellos estaban destinados a las clases privilegiadas, al igual que el azúcar y las bebidas alcohólicas “finas”. La sal era utilizada básicamente para la conservación de las carnes en la elaboración del charqui. En general existieron grandes restricciones al consumo de los denominados “vicios” con el objetivo de controlar el tiempo libre de los gauchos.
Otras pulperías fueron verdaderos almacenes de ramos generales con una importante provisión de alimentos, indumentaria e insumos para el campo. El pulpero solía tener el don de la yapa, el fiado, el trueque y el cuaderno de anotaciones. Pero abundaron también los patrones que les pagaban a sus empleados con vales que sólo podían canjearse en la pulpería de su estancia. 


A la hora de reclutar soldados para la conquista o para la defensa de sus campos, los terratenientes concurrían a las pulperías para reclutar a la tropa y era el lugar indicado para que los punteros políticos consiguieran votos.
En cuanto a la famosa “pulpera de Santa Lucía”, aquella rubia cuyos “ojos celestes reflejaban la gloria del día” que “cantaba como una calandria”, inmortalizada por el vals de Héctor Pedro Blomberg con música de Enrique Maciel en 1929, todo parece indicar que se llamaba Dionisia Miranda y que atendía un local ubicado en el barrio, llamado entonces parroquia de Santa Lucía en la actual esquina de Caseros y Martín García, allá por los años ’40 del siglo XIX, en los años del “Restaurador”

¿TE ACORDÁS, HERMANO?.....MIGUEL DE MOLINA


“Miguel de Molina, el delito de ser libre”Hoy hablaremos sobre uno de los artistas más destacados de los últimos tiempos y la lucha que emprendió para defender su pensamiento y sus elecciones sexuales
“Su talento viajó por todo el mundo, pero su vida estuvo signada por la opresión autoritaria a uno y otro lado del Atlántico”


Uno de los artistas más importantes que pasaron por la Argentina: Miguel de Molina. Su talento viajó por todo el mundo, pero su vida estuvo signada por la opresión autoritaria a uno y otro lado del Atlántico. Su biografía es el más claro ejemplo de la irracionalidad y la crueldad a la que una persona puede ser sometida por defender su pensamiento y sus elecciones sexuales.
Miguel de Molina era un famoso cantor y bailarín que nació en Málaga en 1908. Criado por su madre, su hermana mayor y sus cuatro tías, era el benjamín de una casa en la que sólo vivían mujeres.
Cuando entró en la escuela religiosa sintió el duro contraste entre el rigor de los curas, con aquel nido de protección femenina que se respiraba en su casa. Por otra parte, la crianza temprana en aquel universo de mujeres le confería un afeminamiento que, con frecuencia, lo hacía objeto de las crueles burlas de sus compañeros.
A los quince años tuvo su primer trabajo: limpiaba los cuartos de un burdel de Algeciras. La convivencia con las pupilas del prostíbulo, de alguna manera, lo retrotraían a ese mundo femenino en el que tan cómodo se sentía.


Desde el primer que entró en la pubertad, Miguel de Molina supo que el lazo que lo unía con las mujeres era tal, que, igual que ellas, también se sentía atraído por los hombres. Desde muy joven mostró un talento privilegiado para el canto y el baile flamencos en los numerosos tablaos de la ciudad. No tardó en ganar fama primero en Valencia, más tarde en Madrid, luego en toda España y, finalmente, sus éxitos como La bien pagá, Ojos verdes y Te lo juro yo, lo convertirían en el más grande exponente de la copla en todo el mundo.
Durante la breve primavera de la República española su voz incomparable animaba a los combatientes antifascistas y era símbolo de libertad sexual, en contra de los viejos valores defendidos por las huestes de Primo de Rivera y el falangismo recalcitrante. Fue amigo de Federico García Lorca, Rafael Alberti y de varios de los poetas republicanos.
Con el ascenso de Franco al poder, Miguel de Molina fue extorsionado por un empresario para que trabajara por un sueldo vil; en caso de que no aceptara, lo denunciaría por sus dos grandes crímenes: simpatizar con los republicanos y ser homosexual. Pero el hostigamiento y el estado policial eran de tal magnitud, que, de todas formas, fue delatado a las autoridades franquistas. Capturado como un perro, aquel niño mimado, frágil, dueño de un talento y una sensibilidad conmovedora, fue encarcelado y, víctima de las torturas más feroces, fue obligado al exilio.


Empujado al destierro, cuando Miguel de Molina llegó a Buenos Aires, a pesar de ser muy bien recibido por la comunidad artística, comprobó que no había llegado en un buen momento. Poco después del golpe del 43, que llevó a Juan Domingo Perón a la vicepresidencia durante la presidencia de facto de Farrel, Miguel de Molina fue detenido mientras daba una función en el Teatro Avenida. La policía, que irrumpió en plena función, no sólo detuvo a al artista, al elenco que lo acompañaba, a los empresarios del teatro, sino, también, a parte del público.
La pesadilla autoritaria volvía a repetirse: una vez más, el cantante fue encarcelado, esta vez en el penal de Devoto. Se lo acusó de participar en «grandes orgías» y de propiciar reuniones de gente de «dudosa moralidad». El pasquín filonazi Cabildo inició una campaña en la que se lo presentaba como la personificación del anticristo; con una virulencia que en realidad ocultaba sus terrores más primitivos—el miedo a «contagiarse» la homosexualidad—, la publicación de ultraderecha atacó a Miguel de Molina con argumentos dignos de la Inquisición.
Objeto de agresiones físicas y morales, a Miguel de Molina finalmente le fue aplicada la Ley de Residencia, la misma que, curiosamente, se utilizaba para deportar delegados obreros extranjeros sindicados como comunistas. Miguel de Molina pidió visa para exiliarse en Uruguay primero y en Chile después; no sólo le fue negada la petición, sino que ambos países lo declararon «persona no grata».
Sometido a una humillación sin límites ni fronteras, en agosto de 1943, con las manos esposadas y llevado a los empujones por la policía, fue expulsado del país y puesto a bordo de un buque con destino a México. Desafiando el poder de la dictadura, en una actitud valiente y peligrosa, en el puerto lo esperaban las actrices Iris Marga, Gloria Guzmán y Sofía Bozán, que apenas si pudieron despedirse de su amigo.
Los bienes de Miguel de Molina le fueron confiscados sin razón legal y en una subasta degradante, remataron sus muebles, sus objetos de arte y el vestuario completo que usaba en sus obras.
Sin embargo, después de tanta saña, Miguel de Molina iba a ser reivindicado, no casualmente, por otra mujer acaso tan importante en su vida como las que lo criaron.


En efecto, gracias a ella, algunos años más tarde, Miguel de Molina pudo volver a Buenos Aires y, recibido con todos los honores, volvió a actuar en el mismo Teatro Avenida en el que fuera detenido.
En una nota personal fechada el 11 de octubre de 1946, esa mujer dejó constancia del respeto y el reconocimiento que le profesaba:
“Saluda con su mayor consideración al señor don Miguel de Molina, y al acusar recibo a su carta por el que compromete su valioso concurso artístico al acto que llevará a cabo el Teatro Colón, se complace en agradecerle viva e íntimamente su dignísimo gesto, que pone de manifiesto una vez más su fina sensibilidad de artista y una clara comprensión a las inquietudes culturales del pueblo argentino”.
Más abajo se leía la firma clara y de letras redondas de la esposa del mismo vicepresidente de facto, en cuyo gobierno se lo había encarcelado.
«María Eva Duarte de Perón»

VERANO T V



A partir de los primeros días de enero, los cinco canales de aire presentarán nuevos contenidos que compartirán la grilla con los programas de eficacia ya probada
Estrenos de ficción, juegos, magazines, reality shows e incluso un especial festejo de cumpleaños. Desde enero, con el comienzo del nuevo año, la pantalla chica apostará fuerte a la temporada estival con una programación que combina nuevos contenidos con los que ya son un clásico entre los televidentes.
Quiero vivir a tu lado, por El Trece.
Uno de los grandes desafíos para El Trece será el estreno de Quiero vivir a tu lado, la comedia romántica que protagonizarán Mike Amigorena, Paola Krum, Florencia Peña, Alberto Ajaka, Gabriela Toscano y Muriel Santa Ana. Con producción de Polka y libro de Leandro Calderone y Carolina Aguirre, su estreno está previsto para mediados de enero, aunque podría postergarse hacia fin de mes.
Durante enero, el canal también presentará Abogados, producido por Ideas del Sur y conducido por Fabián Doman. Allí se analizarán casos de la vida cotidiana junto a los letrados Fernando Burlando, Ana Rosenfeld y Gabriel Lezzi. Además, llegará Revancha, la versión colombiana de la serie norteamericana Revenge, mientras que en febrero será el turno para la nueva serie infantojuvenil Divina, está en tu corazón, protagonizada por Laura Esquivel, la ex Patito Feo y habitual participante de Tu cara me suena.
A su vez, en el prime time de El Trece continuarán Pasapalabra, Como anillo al dedo, Hacelo feliz y A todo o nada, mientras que la telenovela turca Esposa joven finalizará durante los últimos días de enero. Será entonces el momento de la llegada de otra historia oriunda de Medio Oriente: Medcezir.
Como ya es una costumbre veraniega, Mirtha Legrand saldrá en vivo desde Mar del Plata: los sábados, con La noche de Mirtha y los domingos con sus tradicionales almuerzos.
En la otra orilla
Por su parte, Telefé se prepara para el estreno de Adda, amar después de amar, la ficción protagonizada por Mariano Martínez, Isabel Macedo, Eleonora Wexler y Federico Amador. Ocupará el prime time a partir de enero y contará además con contenidos originales web que mostrarán diferentes puntos de vista de la trama principal.
Adda, amar después de amar, por Telefé.
Para mediados de enero se anuncia que Verónica Lozano estará al frente del magazine Cortá por Lozano, que marcará el regreso de la conductora a Telefé, luego de las diez temporadas de AM que conducía junto a Leo Montero. También se estrenará Despedida de solteros, un reality show de parejas a punto de casarse y que competirán por un suculento premio: la fiesta de casamiento, la luna de miel y un departamento.
Verónica Lozano, en Cortá por Lozano.
Asimismo, Telefé presentará dos nuevos programas de entretenimiento: En qué mano está, con competencias individuales a cargo del Chino Leunis, y Juguemos en el bosque, con juegos de destreza física entre cuatro grupos de parejas, bajo la conducción de Diego Korol, junto a Pichu Straneo e Ivana Nadal.
Festejo americano
En tanto, América celebrará su medio siglo de existencia con Ayer nomás, un ciclo especial de seis capítulos que será conducido por Denise Dumas, y que a partir del primer sábado de enero hará un repaso por los hechos más destacados en los 50 años de historia de esta señal. En cuanto al reality Gran Hermano, continúan las negociaciones para la edición 2017 y se estiman novedades una vez que finalice la temporada de verano.
Fiel a su estilo, América mantendrá su programación en vivo con clásicos como Intrusos, con Jorge Rial, e Intratables, con Santiago del Moro, además del nuevo programa de entrevistas de Luis Novaresio, Debo decir. Y tras la experiencia de haber emitido Breaking Bad, el canal sumará a su grilla la serie estadounidense Dr. House.
Por su parte, la Televisión Pública prepara la transmisión en vivo de la largada del Rally Dakar, que tendrá lugar el primero de enero, mientras que a partir del jueves 5 se centrará en el Festival País, con más de 400 horas de televisación de festivales nacionales y provinciales de toda la Argentina, además de contenidos exclusivos que dispondrán en su página en Internet.
Cocineros argentinos continuará en vivo durante toda la temporada de verano, tanto con sus salidas diarias como con sus especiales de domingo. En ficción, se emitirá a partir del lunes 2 de enero la segunda entrega de Celia, telenovela colombiana basada en la vida de la cantante Celia Cruz.
A su vez, Canal 9 está trabajando junto a la productora Mandarina en el lanzamiento del magazine Confrontados, que estará conducido por Carla Conte y Rodrigo Lussich y estiman tenerlo listo para mediados de enero. Además, los contenidos del último año serán la base de la programación 2017, entre los que se encuentran: Bendita, con Beto Casella -que se reincorpora en febrero- y Mejor de noche, con Leo Montero.
Durante los fines de semana, Combate adelantará su horario y se transmitirá en vivo de 18 a 22, e Implacables, con Susana Roccasalvo, se muda a las 22. El resto de la programación mantendrá su horario habitual, mientras que el canal trabajará en nuevas propuestas para marzo y abril.

C. M. 

UN PLATO GOURMET


¿Habrá alguien que lea todavía a Hermann Hesse? Bueno, tal vez quede alguno que le dedique un rato a El lobo estepario, esa novela que desde que se publicó, en 1927, fue una pieza crucial en la educación de la sensibilidad. Las generaciones de 20 o 30 años (lo sé por algunos de mis alumnos) se sienten más en vilo por eso que llamamos "novedades", y que rara vez tienen algo de nuevo, que por encontrar lo nuevo allí donde no parece ya haber nada nuevo.


Y aun así ¿cómo no querer a Hesse si él quería las mismas cosas que uno: la literatura romántica, el vino, Mozart, el tabaco y la belleza natural? ¿Cómo no querer a quien escribió esa obra maestra que es El juego de los abalorios?
Pero no es del hombre Hesse de quien quería hablar hoy, aunque no podría empezar a decir nada si no fuera con la ayuda de él. De lo que quiero hablar es de un breve relato suyo que lleva como subtítulo De los papeles de un bibliófilo, y ni siquiera del relato entero, sino de lo que está entrelíneas.
El narrador que cuenta la trama escasa se siente más a gusto en la diversidad del mundo de los libros que en la confusión de la vida. Esa afición, sin embargo, tiene para él un vínculo muy estrecho con la vida, en la medida en que aquello que lo solivianta es la historia de cada ejemplar en particular, de sus peripecias al pasar de dueño en dueño, y el modo en que las peripecias de la vida de cada dueño quedaron inscriptas, como huella, entre las páginas del ejemplar. La historia que cuenta es la de uno de esos ejemplares; es una historia ajena que termina por ser propia cuando ese ejemplar llega a sus manos, y a los vestigios de otros -papeles entre páginas, marcas, subrayados, dataciones- se suman los propios.
Es lo que le pasa a cualquiera que recibe o adquiere un ejemplar que fue ya de otros. Uno no tiene solamente lo que allí está escrito (el libro mismo en su dimensión intelectual), sino también las evidencias materiales de las vidas de otros. Por mi parte, encontré entre las páginas recortes de diario (relacionados por lo general con el libro en cuestión, aunque también sin relación alguna), tickets de cartón de trenes europeos, tiras de fotos carnet de alguno de los poseedores, cartas ilegibles destinadas a no se sabe quién, flores prensadas, por supuesto, la foto autografiada de la maravillosa contralto alemana Marga Höffgen, recetas médicas. Para qué seguir. Es un verdadero catálogo surrealista de objetos encontrados que nos revelan las identidades de los lectores sucesivos, las circunstancias en que leyeron, la época en la que lo hicieron.


Todo libro es un suvenir de la vida de su dueño. Quedarse con ese ejemplar, una vez que el poseedor decidió desprenderse de él o que la muerte separó poseedor y libro, es quedarse también con esa pequeña historia, el episodio de una vida. Los libros nos informan sobre sus dueños. No es otro el origen del gusto por la "segunda mano", que permite leer las líneas en la palma de la "primera mano". Uno recibe el legado de una vivencia, pero el círculo sigue abierto mientras el libro persista: nuestra mano sumará nuevas marcas, que serán descubiertas a su turno por otros que no conocemos y que tal vez ni siquiera hayan nacido todavía. Esos libros -esos ejemplares manoseados, intervenidos por la experiencia- son la insinuación de lo inmutable en un tiempo que cambia: uno se integra en una comunidad de difuntos que compartieron con uno mismo la predilección por un idéntico puñado de páginas.
En nombre de semejante continuidad, y a veces en el simple apuro de marcar una página, yo dejo también en los libros ese tipo de suvenires (los hay en los volúmenes de Hesse, sobre todo en el ejemplar de sus poemas). Algún día esos libros estarán en manos de terceros y hay que mantener viva la tradición de estas sorpresas modestas. Para que la comunidad no se extinga.

P. G.