jueves, 1 de junio de 2017

ESPECTACULAR EL 2 DE JUNIO

Show de música popular de MARÍA DE COUSANDIER: "Perque mi piache". Guitarra DIPI KVITKO. Cantante invitada LILI ROSSI. Viernes 2 de Junio, a las 21 horas en "La Casona". Avda. Corrientes 1975. Entrada $150. Descuento a jubilados.Reservas por mail o al 4552-834

TUTE...BRAVO HIJO DE PAPÁ CALOI

A los 10 años, a la hora de irse a dormir, caminaba en pijama hasta el living donde su padre tenía un tocadiscos y ponía vinilos de Joan Manuel Serrat. Con incorporada delicadeza ubicaba la púa en el primer tema, movía el parlante apuntándolo hacia su cuarto y volvía corriendo a la cama. Si cuando terminaba el lado A no se dormía, se levantaba, daba vuelta el disco y así hasta caer en los brazos de Morfeo. "Toda mi infancia tuve la canción muy presente", dice Tute, el humorista gráfico y poeta argentino de 42 años que en julio editará Canciones dibujadas, su primer disco con temas compuestos por él, sin siquiera haber aprendido a tocar un solo instrumento. Las canciones las compuso tarareando y entonces algunos versos se le van.
"No sé música ni sé cantar, así que me la tuve que rebuscar con amigos y gente que me diera una mano, porque esas melodías que se me ocurrían no las podía reproducir con ningún instrumento. Las tarareaba torpemente, con mucha inseguridad y las registraba en un grabadorcito". Con la ayuda de su pareja y del músico y amigo Gustavo Ecclesia convirtió esas melodías en canciones y al poco tiempo ya estaba metido de lleno en la producción de su álbum, para el que convocó a grandes cantantes y músicos que admira desde siempre, muchos de ellos viejos amigos de su padre, Carlos Loiseau, el también dibujante e historietista porteño hasta la médula conocido como Caloi: Jaime Torres, Ricardo Mollo, Manuel Moretti, Lisandro Aristimuño, Víctor Heredia, Adriana Varela, Gillespi, Inés Estévez y Kevin Johansen, entre otros. Pero el proyecto no quedó ahí, sino que como la idea era combinar las diversas actividades que Tute viene desarrollando durante los últimos años, el dibujo, la poesía, el cine y más cerca en el tiempo, la música, el proyecto sumó la producción de un DVD, con videoclips animados de cada una de las canciones, con diferentes técnicas, creados por distintos dibujantes y animadores.
Como su padre, Tute sufre de porteñidad aguda y confiesa con sonrisa ser viejo desde muy joven y que a los 18 años tomaba clases con Virgilio Expósito solo para que "el viejo" le contara historias. Ese amor por el tango, acompañado por una voz grave que parece marcar el 2 x 4 desde la cuna, lo llevó a escribir en 2010 las letras del disco Nuevos tangos, que firmó junto al cantor Hernán Lucero. Pero como si se tratara del remate de una de sus historietas, a Tute el que lo estaba esperando no era el tango, sino el rock.
"En mí conviven muchas músicas. En mi casa también se escuchaban los cantautores, que son mi otra gran influencia más allá del rock y del tango. La canción de los españoles, de los franceses que sonaban en el tocadiscos cuando yo era pibe¨.
-¿Cuándo empezaste a escribir letras de canciones?
-A partir del convite de Hernán Lucero de hacer un tango juntos. Él tenía unas músicas, quería debutar como compositor y le faltaba un letrista y me preguntó cómo me veía. Y la verdad es que no tenía ni idea, porque mi aproximación a eso era a través de la poesía, no de la canción. Nunca había escrito una canción. Me entusiasmó tanto que hicimos como veinte tangos y después fuimos por una zamba, por un bolero y en un momento, de tanto poner letras y laburar con melodías, empecé a despertarme con melodías en la cabeza, que eran mías, que estaban ahí.
-¿Escribís letras como hacés viñetas?
-A veces sí, es como un sistema medio inconsciente. Yo laburo mucho en la historieta y en el humor gráfico con el inconsciente. Y en la canción hice algo parecido, sobretodo en la letra. Por ahí tengo una idea de por dónde arrancar, como en un poema, y después lo completo en torno a esa idea. Borges decía que visualizaba los dos extremos, las dos orillas de una isla y, con inteligencia, construía todo lo del medio. Yo no siento que sea la inteligencia, sí por ahí alguna astucia, pero es más el inconsciente. El gran descubrimiento fue encontrar que eso que yo suelo hacer en la historieta o a la hora de incorporar la poesía en la historieta, de pronto con un vehículo como la música tenía otra dinámica. Además de la música interna de los versos y la musicalidad de las palabras, está la melodía y la sensación de que el mensaje se potencia.
-¿Encontraste un estilo en tus canciones como lo hiciste en tus dibujos?
-Creo haber encontrado algo, en esto es como que estoy haciendo mis primeros palotes, ¿no? Pero me quedo con una sonoridad como si fuera una mezcla de un cantautor con el rock y el bandoneón, que descubrí al final de las grabaciones, que me parece que le da un color que me representa, donde me siento identificado. Por lo ciudadano, por cierta atmósfera de la ciudad.
"Mi viejo siempre destacaba la inquietud que tenía, a diferencia suya, por meterme en otros mundos", dice Tute y recuerda que Caloi, tanguero por naturaleza, llegó a escribir una letra para un tango, con música de Raúl Carnota, basada en uno de los personajes de su historieta, Bartolo. "Pero no se grabó hasta que Hernán Lucero la incluyó en un disco suyo." Ahora Tute le escribió un tema a su padre, "Sin querer", que para Canciones dibujadas grabó Lisandro Aristimuño. "Para mí es la canción más conmovedora y por eso lo elegí a Lisandro. A él lo conocía superficialmente, de habernos cruzado por ahí, pero no es amigo mío y la verdad es que lo tomó con una responsabilidad muy emocionante. Me mandaba fotos de cuando estaba ensayando la letra que yo le había mandado y me decía: «Es una responsabilidad muy grande, te lo agradezco». Lo que hizo Lisandro es una belleza."

JARDÍN JAPONÉS, FIESTA POR SUS 50 AÑOS


BUENOS AIRES CELEBRA 50 AÑOS DEL JARDÍN JAPONÉS


El Jardín Japonés abrirá sus puertas de forma gratuita para que el público pueda realizar una visita. Habrá más de 70 stands gastronómicos con comidas típicas del Japón como: Udon, Onigiri, Okonomiyaki, Bento, Ramen, Sushi, Tempura entre otros.

 Además, sobre el escenario: grupos de baile, cantantes y bandas que representan a la colectividad japonesa.
Domingo 4 de junio | de 12 a 18 hs. | Av. Casares y Av. Berro (Puertas del Jardín Japonés)
Entrada libre y gratuita. Se suspende por lluvia.
Toda la info en: bit.ly/JardJap

HABÍA UNA VEZ.....ABELARDO CASTILLO



Si Ernesto se enteró de que ella había vuelto (cómo había vuelto), nunca lo supe, pero el caso es que poco después se fue a vivir a El Tala, y, en todo aquel verano, sólo volvimos a verlo una o dos veces. Costaba trabajo mirarlo de frente.
Era como si la idea que Julio nos había metido en la cabeza -porque la idea fue de él, de Julio, y era una idea extraña, turbadora: sucia- nos hiciera sentir culpables. No es que uno fuera puritano, no.
A esa edad, y en un sitio como aquél, nadie es puritano.
Pero justamente por eso, porque no lo éramos, porque no teníamos nada de puros o piadosos y al fin de cuentas nos parecíamos bastante a casi todo el mundo, es que la idea tenía algo que turbaba.
Cierta cosa inconfesable, cruel. Atractiva. Sobre todo, atractiva.
Fue hace mucho. Todavía estaba el Alabama, aquella estación de servicio que habían construido a la salida de la ciudad, sobre la ruta.
El Alabama era una especie de restorán inofensivo, inofensivo de día, al menos, pero que alrededor de medianoche se transformaba en algo así como un rudimentario club nocturno.
Dejó de ser rudimentario cuando al turco se le ocurrió agregar unos cuartos en el primer piso y traer mujeres. Una mujer trajo.
–¡No!
–Sí. Una mujer.
–¿De dónde la trajo?
Julio asumió esa actitud misteriosa, que tan bien conocíamos –porque él tenía un particular virtuosismo de gestos, palabras, inflexiones que lo hacían raramente notorio, y envidiable, como a un módico Brummel de provincias–, y luego, en voz baja, preguntó:
–¿Por dónde anda Ernesto?
En el campo, dije yo. En los veranos Ernesto iba a pasar emanas a El Tala, y esto venía sucediendo desde que el padre, a de aquello que pasó con la mujer, ya no quiso regresar al pueblo. Yo dije en el campo, y después pregunté:
–¿Qué tiene que ver Ernesto
Julio sacó un cigarrillo. Sonreía.
–¿Saben quién es la mujer que trajo el turco?
Aníbal y yo nos miramos. Yo me acordaba ahora de la madre de Ernesto. Nadie habló.
Se había ido hacía cuatro años, con una de esas compañías teatrales que recorren los pueblos: descocada, dijo esa vez mi abuela.
Era una mujer linda. Morena y amplia: yo me acordaba. Y no debía de ser muy mayor, quién sabe si tendría cuarenta años.
–Atorranta, ¿no?
Hubo un silencio y fue entonces cuando Julio nos clavó aquella idea entre los ojos. O, a lo mejor, ya la teníamos.
–Si no fuera la madre…
No dijo más que eso.
Quién sabe. Tal vez Ernesto se enteró, pues durante aquel verano sólo lo vimos una o dos veces (más tarde, según dicen, el padre vendió todo y nadie volvió a hablar de ellos), y, las pocas veces que lo vimos, costaba trabajo mirarlo de frente.
–Culpables de qué, che. Al fin de cuentas es una mujer de la vida, y hace tres meses que está en el Alabama. Y si esperamos que el turco traiga otra, nos vamos a morir de viejos.
Después, él, Julio, agregaba que sólo era necesario conseguir un auto, ir, pagar y después me cuentan, y que si no nos animábamos a acompañarlo se buscaba alguno que no fuera tan braguetón, y Aníbal y yo no íbamos a dejar que nos dijera eso.
–Pero es la madre
–La madre. ¿A qué llamás madre vos?: una chancha también pare chanchitos.
–Y se los come.
–Claro que se los come. ¿Y entonces?
–Y eso qué tiene que ver. Ernesto se crió con nosotros.
Yo dije algo acerca de las veces que habíamos jugado juntos; después me quedé pensando, y alguien, en voz alta, formuló exactamente lo que yo estaba pensando. Tal vez fui yo:
–Se acuerdan cómo era.
Claro que nos acordábamos, hacía tres meses que nos veníamos acordando. Era morena y amplia; no tenía nada de maternal.
–Y además ya fue medio pueblo. Los únicos somos nosotros.
Nosotros: los únicos. El argumento tenía la fuerza de una provocación, y también era una provocación que ella hubiese vuelto. Y entonces, puercamente, todo parecía más fácil.
Hoy creo –quién sabe– que, de haberse tratado de una mujer cualquiera, acaso ni habríamos pensado seriamente en ir. Quién sabe.
Daba un poco de miedo decirlo, pero, en secreto, ayudábamos a Julio para que nos convenciera; porque lo equívoco, lo inconfesable, lo monstruosamente atractivo de todo eso, era, tal vez, que se trataba de la madre de uno de nosotros.
Una semana más tarde, Julio aseguró que esa misma noche conseguiría el automóvil. Aníbal y yo lo esperábamos en el bulevar.
–No se lo deben de haber prestado.
–A lo mejor se echó atrás.
Lo dije como con desprecio, me acuerdo perfectamente. Sin embargo fue una especie de plegaria: a lo mejor se echó atrás. Aníbal tenía la voz extraña, voz de indiferencia:
–No lo voy a esperar toda la noche; si dentro de diez minutos no viene, yo me voy.
–¿Cómo será ahora?
– Quién… ¿la tipa?
Estuvo a punto de decir: la madre. Se lo noté en la cara. Dijo la tipa.
Diez minutos son largos, y entonces cuesta trabajo olvidarse de cuando íbamos a jugar con Ernesto, y ella, la mujer morena y amplia, nos preguntaba si queríamos quedarnos a tomar la leche. La mujer morena. Amplia.
–Esto es una asquerosidad, che.
–Tenés miedo – dije yo.
–Miedo no; otra cosa.
Me encogí de hombros:
–Por lo general, todas éstas tienen hijos. Madre de alguno iba a ser.
–No es lo mismo. A Ernesto lo conocemos
Dije que eso no era lo peor. Diez minutos. Lo peor era que ella nos conocía a nosotros, y que nos iba a mirar. Sí. No sé por qué, pero yo estaba convencido de una cosa: cuando ella nos mirase iba a pasar algo.
Aníbal tenía cara de asustado ahora, y diez minutos son largos: Preguntó:
–¿Y si nos echa?
Iba a contestarle cuando se me hizo un nudo en el estómago: por la calle principal venía el estruendo de un coche con el escape libre.
–Es Julio –dijimos a dúo.
El auto tomó una curva prepotente. Todo en él era prepotente: el buscahuellas, el escape. Infundía ánimos. La botella que trajo también infundía ánimos.
–Se la robé a mi viejo.
Le brillaban los ojos. A Aníbal y a mí, después de los primeros tragos, también nos brillaban los ojos. Tomamos por la Calle de los Paraísos, en dirección al paso a nivel.
A ella también le brillaban los ojos cuando éramos chicos, o, quizá, ahora me parecía que se los había visto brillar. Y se pintaba, se pintaba mucho. La boca, sobre todo.
–Fumaba, ¿te acordás?
Todos estábamos pensando lo mismo, pues esto último no lo había dicho yo, sino Aníbal; lo que yo dije fue que sí, que me acordaba, y agregué que por algo se empieza.
–¿Cuánto falta?
–Diez minutos.
Y los diez minutos volvieron a ser largos; pero ahora eran largos exactamente al revés. No sé.
Acaso era porque yo me acordaba, todos nos acordábamos, de aquella tarde cuando ella estaba limpiando el piso, y era verano, y el escote al agacharse se le separó del cuerpo, y nosotros nos habíamos codeado.
Julio apretó el acelerador.
–Al fin de cuentas, es un castigo –tu voz, Aníbal, no era convincente–: una venganza en nombre de Ernesto, para que no sea atorranta.
–¡Qué castigo ni castigo!
Alguien, creo que fui yo, dijo una obscenidad bestial. Claro que fui yo. Los tres nos reímos a carcajadas y Julio aceleró más.
–¿Y si nos hace echar?
–¡Estás mal de la cabeza vos! ¡En cuanto se haga la estrecha lo hablo al turco, o armo un escándalo que les cierran el boliche por desconsideración con la clientela!
A esa hora no había mucha gente en el bar: algún viajante y dos o tres camioneros. Del pueblo, nadie. Y, vaya a saber por qué, esto último me hizo sentir audaz. Impune.
Le guiñé el ojo a la rubiecita que estaba detrás del mostrador; Julio, mientras tanto, hablaba con el turco.
El turco nos miró como si nos estudiara, y por la cara desafiante que puso Aníbal me di cuenta de que él también se sentía audaz. El turco le dijo a la rubiecita:
–Llevalos arriba.
La rubiecita subiendo los escalones: me acuerdo de sus piernas. Y de cómo movía las caderas al subir. También me acuerdo de que le dije una indecencia, y que la chica me contestó con otra, cosa que (tal vez por el coñac que tomamos en el coche, o por la ginebra del mostrador nos causó mucha gracia
Después estábamos en una sala pulcra, impersonal, casi recogida, en la que había una mesa pequeña: la salita de espera de un dentista. Pensé a ver si nos sacan una muela. Se lo dije a los otros:
–A ver si nos sacan una muela.
Era imposible aguantar la risa, pero tratábamos de no hacer ruido. Las cosas se decían en voz muy baja.
–Como en misa – dijo Julio, y a todos volvió a parecernos notablemente divertido; sin embargo, nada fue tan gracioso como cuando Aníbal, tapándose la boca y con una especie de resoplido, agregó:
–¡Mirá si en una de ésas sale el cura de adentro!
Me dolía el estómago y tenía la garganta seca. De la risa, creo. Pero de pronto nos quedamos serios. El que estaba adentro salió.
Era un hombre bajo, rechoncho; tenía aspecto de cerdito. Un cerdito satisfecho. Señalando con la cabeza hacia la habitación, hizo un gesto: se mordió el labio y puso los ojos en blanco.
Después, mientras se oían los pasos del hombre que bajaba, Julio pregunto:
–¿Quién pasa?
Nos miramos. Hasta ese momento no se me había ocurrido, o no había dejado que se me ocurriese, que íbamos a estar solos, separados –eso: separados- delante de ella. Me encogí de hombros.
–Qué sé yo. Cualquiera.
Por la puerta a medio abrir se oía el ruido del agua saliendo de una canilla. Lavatorio. Después, un silencio y una luz que nos dio en la cara; la puerta acababa de abrirse del todo. Ahí estaba ella. Nos quedamos mirándola, fascinados.
El deshabillé entreabierto y la tarde de aquel verano, antes, cuando todavía era la madre de Ernesto y el vestido se le separó del cuerpo y nos decía si queríamos quedarnos a tomar la leche.
Sólo que la mujer era rubia ahora. Rubia y amplia. Sonreía con una sonrisa profesional; una sonrisa vagamente infame.
–¿Bueno?
Su voz, inesperada, me sobresaltó: era la misma. Algo, sin embargo, había cambiado en ella, en la voz. La mujer volvió a sonreír y repitió “bueno”, y era como una orden; una orden pegajosa y caliente.
Tal vez fue por eso que, los tres juntos, nos pusimos de pie. Su deshabillé, me acuerdo, era oscuro, casi traslúcido.
–Voy yo –murmuró Julio, y se adelantó, resuelto.
Alcanzó a dar dos pasos: nada más que dos. Porque ella entonces nos miró de lleno, y él, de golpe, se detuvo. Se detuvo quién sabe por qué: de miedo, o de vergüenza tal vez, o de asco. Y ahí se terminó todo.
Porque ella nos miraba y yo sabía que, cuando nos mirase, iba a pasar algo.
Los tres nos habíamos quedado inmóviles, clavados en el piso; y al vernos así, titubeantes, vaya a saber con que caras, el rostro de ella se fue transfigurando lenta, gradualmente, hasta adquirir una expresión extraña y terrible. Sí.
Porque al principio, durante unos segundos, fue perplejidad o incomprensión.
Después no. Después pareció haber entendido oscuramente algo, y nos miró con miedo, desgarrada, interrogante. Entonces lo dijo. Dijo si le había pasado algo a él, a Ernesto.
Cerrándose el deshabillé lo dijo.

EL INDEC CONTINÚA TRABAJANDO



¿Hacia dónde y cuánto exporta la Argentina?

En abril de 2017, los principales destinos de las exportaciones argentinas fueron: Brasil 🇧🇷, China 🇨🇳️, Estados Unidos 🇺🇲, Egipto 🇪🇬, Viet Nam ️️️🇻🇳️, Chile 🇨🇱️, India 🇮🇳️, Argelia 🇩🇿️, Malasia ️🇲🇾 y España 🇪🇦, en ese orden. En conjunto acumularon el 56,6% del total.

Los datos surgen del informe del Intercambio Comercial Argentino (ICA), disponible enhttp://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/ica_05_17.pdf


LA BELLA MÚSICA EN LA COMUNIDAD AMIJAI




DAVID BROZA EN BUENOS AIRES

PRESENTACION DEL CANTAUTOR ISRAELI DAVID BROZA
Los socios de Amigos de la Universidad de Tel Aviv en Argentina tendrán un 15 % de descuento en las entradas de la presentación del cantautor israelí David Broza que se realizará el día sábado 3 de junio a las 20.30 hs en el Templo de la Comunidad Amijai, Arribeños 2355. El evento será beneficio de los programas educativos de NOAM & MAROM ARGENTINA.
Informes: cultura@amijai.org /4784-1243 / 4783-2050

CICLO CUMBRES DEL ROMANTICISMO: OPUS TRIO
Opus Trío ofrecerá un ciclo de tres conciertos:

7 de junio, 14 de junioy 28 de junio, 20.30 hs
Comunidad AMIJAI
Arribeños 2355

La entrada será libre y gratuita con previa inscripción en cultura@amijai.org
Solicitamos colaborar con un alimento no perecedero para el comedor comunitario de AMIJAI
La ubicación será por orden de llegada hasta agotar la capacidad de la sala
Formado en 2012, está integrado por Freddy Varela Montero (violín), Stanimir Todorov (cello) y Paula Peluso (piano). Ha actuado en el Teatro Colón, el Auditorio de la Comunidad Amijai, la Usina del Arte, la Semana Musical Llao Llao en Bariloche, el Teatro Tres de Febrero de Paraná, el Teatro de la Fundación Salta, el Teatro Gran Rex dentro del Ciclo de los Conciertos del Mediodía del Mozarteum Argentino, el Primer Festival Konex de Música Clásica y el Ciclo Música en el Faro en José Ignacio, Uruguay. En 2015 fue distinguido por la Asociación de Críticos Musicales de la Argentina como Mejor Grupo de Cámara Argentino del 2014. También realizó el Ciclo Integral de los Tríos con piano de Beethoven.



















 
























INFORMACIÓN INDEC


¡Felices 452 años, San Miguel de Tucumán!
Con casi 6.100 habitantes por km2, es la capital provincial con mayor densidad de la Argentina. ¿Sabías que la estructura de su población por grupo de edad y sexo es similar a la del total del país?


Los datos surgen del Censo 2010:
http://www.indec.gob.ar/nivel4_default.asp?id_tema_1=2&id_tema_2=41&id_tema_3=135