miércoles, 3 de enero de 2018

LA NECESIDAD DE LOS POSGRADOS


Aumenta la cantidad de estudiantes de posgrados en universidades privadas
Sobre una variedad de 124 alternativas de posgrado, los estudiantes aún eligen las carreras más tradicionales
El mercado laboral actual exige una constante capacitación para quienes se quieren destacar en sus cargos y son miles las personas que deciden continuar su educación formal, luego de sus carreras de grado. Según datos suministrados por la Secretaría de Políticas Universitarias del ministerio de Educación de la Nación, y analizados por LN DATA,160.672 los estudiantes realizaron estudios de posgrados en el país durante 2016. Si bien el 76% del total de alumnos cursaron en instituciones públicas, este porcentaje decreció 3 puntos en relación al año anterior, mientras que los estudiantes de posgrados en universidades privadas aumentaron un 10% y sumaron 38.122 alumnos.
Marcelo Rabossi, profesor investigador de la Universidad Torcuato Di Tella, especialista en educación superior, explica que si bien no puede definirse como una tendencia porque es el primer año que se invierte el aumento de matrícula para posgrados y es mayor el crecimiento en universidades privadas que públicas, pueden existir diversos motivos para este hecho. Destaca dos: Por un lado, la situación de las carreras de grado muestra que en los últimos diez años (2005-15), la cantidad de nuevos inscriptos, indicador que muestra la tendencia de lo que ocurrirá con la cantidad de alumnos que tendrá cada sector en los próximos años, muestra una tasa de crecimiento del 1,9% en el sector público y de 4% en las instituciones privadas. "Podría existir, entonces, una cierta propensión por parte del estudiante de no cambiar de sector cuando hace su pasaje de grado a posgrado, lo que daría como resultante un mayor crecimiento privado en el nivel de posgrado", dice. Por otro lado, considera que las privadas han venido orientado su oferta hacia carreras de mayor demanda, y en general se han presentado más reactivas a adecuarse a las necesidades del mercado laboral.
En la UCA, cada año registran un incremento entre el 5 y el 10% en su matrícula del MBA.
"Hace muchos años se pedía título secundario, después se valoró el título universitario, y hoy en día ya no es suficiente. El posgrado es necesario, pero tampoco basta; las empresas, cada vez más, contratan teniendo en cuenta las capacidades de liderar, innovar y aprender", dice Alejandro Melamed, especialista en Recursos Humanos y autor del libro El Futuro del trabajo y el trabajo del futuro.
Existen 124 opciones de carrera de posgrados, que se dictan en instituciones de gestión estatal o privada, alrededor de todo el país. En total hay 122 carreras de posgrado que se dictan en instituciones públicas y 78 en privado. Hay 76 posgrados que se ofrecen en ambas gestiones, y sólo dos que se dan únicamente en el ámbito privado: Teología y Quirófano.
Sin embargo, pese a la gran variedad de alternativas propuestas, hay siete carreras que acumulan el 50% del total de alumnos de posgrados. La carrera más elegida es Derecho y Ciencias jurídicas; le siguen Medicina, Ciencias de la Educación, Gestión y Administración de Empresas, Sociología, Psicología y Ciencias Políticas.

"Me llama la atención que se sigan eligiendo las carreras más tradicionales, hoy lo más demandado es todo aquello tecnológico, hay una necesidad no cubierta de gente que sepa de nuevas tecnologías, es clave que la gente pueda desarrollarse en este campo", dice Melamed. Sin embargo aclara que cualquier especialización o posgrado sirve porque amplía la base de conocimientos, permite conectarse con otra gente, generar desafíos y sobrepasar pruebas.
Christian Goldsztein, Director del MBA de la Universidad Católica Argentina (UCA),dice que para la maestría suya "hay una tendencia de crecimiento, año a año, de entre 5 y 10%". Explica que los estudiantes del MBA tienen una composición muy diversa; aunque la primer minoría son egresados de ciencias económicas, los demás son profesionales de las más variadas carreras.
Estudiantes de la especialización en Dirección Estratégica de Marketing, Universidad de Buenos Aires.
"Yo soy licenciado en comercialización y me decidí a hacer la maestría, porque creo que te abre puertas a conseguir mejores trabajos y a poder negociar mejorar el sueldo. Además, yo quería una apertura mental y la maestría te da la posibilidad de ver cosas nuevas, de tener profesores de muy buen nivel y aprender mucho más de cada tema", dice Gonzalo García Reyes, que tiene 27 años, trabaja como Jefe de marketing en Synthom-Bagó y está cursando la maestría en administración de empresas de la Universidad Católica Argentina (UCA).
Para compensar las distintas experiencias con las que llegan a la maestría, en la Universidad de Buenos Aires (UBA) por ejemplo, realizan una entrevista que determina la necesidad, o no, de realizar un curso de nivelación que luego permite comenzar el posgrado con un conocimiento básico parejo entre todos los alumnos.
En general, para las mismas especialidades, las universidades públicas tienen más estudiantes que las privadas, para casi todas las carreras. Sin embargo, hay algunas carreras para las que la situación se revierte, estas son: Gestión y Administración de Empresas, Relaciones Internacionales, Kinesiología, Comercialización y Marketing, Enfermería, Anestesiología, Fonoaudiología y Óptica.
Los posgrados no son gratis
Los precios varían ampliamente en función a la oferta académica, a la imagen de la universidad y reconocimiento que posee el posgrado, a la inversión de la institución en tecnología, infraestructura y equipo docente. Cada estudiante realiza un análisis integral de la oferta existente.

"En Ciencias Económicas, todos las carreras de grado son gratuitas y todos las maestrías y especializaciones son pagas", dice Cesar Albornoz, Decano de Ciencias Económicas de la UBA. Con respecto a los precios, considera que "nuestros precios probablemente sean más baratos que las universidades privadas. Por ejemplo, para las maestrías de Finanzas, MBA y Marketing, los costos para toda la cursada de dos años son entre 250.000 y 300.000 pesos. En general, quienes vienen de afuera pagan el precio total y los residentes en argentina pueden acceder a becas que rondan entre el 30% y 40% de descuento".
Para comparar, el MBA de la UCA, que dura un año y medio, tiene un costo de 346.000 pesos. Y en la Universidad Torcuato Di Tella, la misma maestría tiene un costo de 511.000 pesos y dura 17 meses.
Los posgrados pueden ser profundizaciones en la especialización de la persona o una posibilidad de cambio de carrera.
Extranjeros
Sólo un 3% del total de estudiantes de posgrado son extranjeros. En este grupo se da la particularidad, de que la mayoría elige las universidades privadas. Conforman un 53% los extranjeros que estudian posgrados en instituciones privadas.
Cursos y talleres
Existe un incremento en cursos y talleres que no están registrados como posgrados y, sin embargo, son herramientas muy valiosas. Melamed destaca que esta situación se da especialmente en el campo de las tecnologías y quizás sea por eso que no están mencionadas como otras de las carreras de posgrado más solicitadas. "La gente que va a Digital House por ejemplo, a cursar programas de nuevas tecnologías, no aparece registrada como estudiantes de posgrado, pero están realizando posgrados", dice Melamed.

L. L. y B. P.

TECNOLOGÍA



Estamos en esa época del año en la que tenemos a vaticinar lo que vendrá; esta vez decidimos tomar otro camino
La frase es tan célebre que se la ha asignado a por lo menos tres autores. Me quedo, por mera admiración, con Niels Bohr, aunque esto está en disputa. Dice así: “Hacer predicciones es muy difícil, especialmente cuando se trata del futuro”. Deliciosa, además de cierta y algo ácida.

En tecnologías digitales esta afirmación es doblemente sólida, por varios motivos. El primero, las cosas marchan muy rápido en este ambiente. El segundo, lo único que realmente es noticia es la disrupción, y un fenómeno es disruptivo cuando no se lo puede prever. Tercero, no hay homogeneidad. Este es el sueño de los augures desde tiempos remotos, y puedo entender eso, pero el mundo no fue, no es y no va a ser nunca homogéneo. (Eso último fue una predicción, y podría estar equivocado. En todo caso, no estoy seguro de que me guste la idea de vivir en un mundo 100% homogéneo.)


No, tampoco es homogéneo el ambiente tecno. La resolución de las pantallas, por ejemplo, ha aumentado mucho menos que, digamos, el monto de memoria RAM o la cantidad de transistores en los cerebros electrónicos.
Existen, sin embargo, algunas tendencias que se han mantenido durante décadas, más que nada porque son sistémicas. Es el caso del poder de cómputo. No tiene sentido que un día la industria emita un comunicado diciendo que se ha alcanzado la capacidad de cómputo suficiente y que ya no habrá que esperar chips (o como se llamen para entonces) más veloces. Capacidad de cómputo es, grosso modo, la cantidad de cuentas que un cerebro electrónico hace a cada segundo. En algo menos de 60 años, el costo del cómputo se redujo 5 billones de veces (doce ceros, no nueve). Son cifras incomprensibles que no aplican a ninguna otra industria, y es otra tendencia evidente. Mi primer disco duro costó 300 dólares; serían 543 dólares de hoy. Es decir, cerca de 10.000 pesos. Almacenaba 40 megabytes. Hoy, por 10 veces menos dinero, es posible adquirir 25.000 veces más espacio.
La reducción del tamaño es otra tendencia clara, aunque, por obvias razones, no puede tampoco aplicarse uniformemente. Para muchas tareas (edición de video, por ejemplo) necesitamos pantallas amplias. Eso sí, son mucho más livianas y con imágenes de mejor calidad que hace 20 años; y eso, sí, se debe, entre otras razones, a la miniaturización.
El ancho de banda describe otra curva ascendente, y no parece que nadie tenga la intención de declarar que con 20 megabits por segundo en el hogar ya estamos bien.
Para complicar más cualquier pronóstico, estas tecnologías producen un fenómeno de retroalimentación positiva. Si tenemos coches autónomos es a causa de la miniaturización y de los avances en cómputo. La inteligencia artificial ayuda a resolver problema relacionados con (aunque no sólo con) la inteligencia artificial. Este círculo virtuoso vuelve mucho más borroso el futuro, incluso en aspectos que nada tienen que ver con las computadoras o los smartphones. La posverdad, que no es algo nuevo, alcanza hoy una escala apocalíptica gracias a las redes sociales, que, por sí mismas, son un avance enorme, porque contribuyen a volver más horizontales las relaciones de poder.
¿Seguridad? Ojalá ocurra lo contrario, pero volveremos a tener muy malas noticias. El descontrol, en este sentido, es casi completo, y el número de líneas de código malicioso en manos de los piratas (en ciertos casos, creadas por agencias de inteligencia) asciende a números escalofriantes.
Pero fuera de estas tendencias generales, no hay forma de predecir lo que va a ocurrir el año que viene. En 2016 sabíamos que el ransomware estaba en aumento, pero era imposible adivinar que le iban a robar a la NSA armas de software y que con dos de esas armas armarían el peor ataque de este tipo de la historia, cuyo nombre llegó a los titulares de los diarios y a las noticias urgentes de la tele: WannaCry.
Podría seguir con todo lo que no vimos. O con lo que vimos, pero era evidente. Pero este año prefiero augurarles un 2018 feliz e interesante, y, a largo plazo, me gustaría citar las siglas del incomparable Spock, de las más geek que existen: LLAP, por Live Long And Prosper. "Que tengas una vida larga y próspera", nada menos.

LECTURA RECOMENDADA


Eternas palabras, de Johnny Cash
El Hombre de Negro, poeta secreto
En los años noventa del siglo pasado el productor Rick Rubin tuvo la idea de contactar a Johnny Cash, un ícono de la música estadounidense en baja, para que grabara un disco solitario en su modesto sello. Pronto -gracias al éxito- se sucedieron otros, hasta la muerte del cantautor. A la serie se la conoce hoy como los American Recordings. En ellos Cash (1932-2003), en esencia un artista country, con toques de rockabilly y rock, canta en el living de su casa, aferrado a su guitarra. Las grabaciones no sólo le permitieron repasar parte de su repertorio, sino también fagocitar canciones ajenas: "Personal Jesus" hoy parece más un original suyo que el tecno de Depeche Mode. Los discos fueron un hito. A partir de entonces Cash dejó de ser una gloria americana para ser de todos.
El Hombre de Negro -como se lo conocía por la ropa funeraria que llevaba en sus shows- fue un self-made man musical. La dureza de su vida se refleja en las letras de sus canciones, una insistente narrativa permeada por la vida de los Estados Unidos profundos, el trabajo en el campo, la violencia, el crimen, los desgarros morales, los problemas con las drogas (como refleja la famosa "Cocaine Blues") y, a partir de cierto momento, en busca de redención, las invocaciones a Dios y Jesús. Cash era una suerte de cowboy moderno, pero también un pastor de Biblia en mano.
John Carter Cash -el único hijo que tuvo con June, su segunda esposa, también música- fue el encargado de organizar Eternas palabras, esta antología de poemas póstumos. De la multitud de cartas y escritos que dejó su padre, logró extraer un puzle de manuscritos inéditos que se corresponden con todas las épocas de su vida, desde los años cincuenta hasta 2000. Cash, sostiene el hijo, era un erudito, sobre todo en textos antiguos e historia: Flavio Josefo o La historia de la decadencia y caída del Imperio romano, de Edward Gibbon, son algunos de los títulos, anotados y maltratados de tanto uso, que figuraban en su biblioteca.
Algunos ecos de esas lecturas pueden encontrarse en los cuarenta y un poemas que componen el volumen. La edición, bilingüe, no enfrenta el original y su versión, como se estila, sino que propone dos libros consecutivos: uno en castellano, otro en inglés. Uno de los grandes poetas actuales, el irlandés Paul Muldoon, se encarga de acentuar en un segundo prólogo la relación de los textos -y las canciones de Cash- con la tradición de la balada escocesa-irlandesa, con su ritmo y su sentido del humor.
¿Qué hay en los poemas arrancados a los papeles del Hombre de Negro que no haya en sus letras? La lente del artista sigue siendo la misma: figuran hombres de a caballo y perros en un bosque, un muchacho que piensa hacer desmanes con su pistola, la conjura de una adicción. El erotismo ("Oro esparcido por todos lados") adquiere mayor intriga en el tranco largo del poema y Job, vieja fascinación de Cash, recibe un largo sermón que se vuelve pura ironía. Las notas autobiográficas, que surcan casi todo su cancionero, encuentran aquí su máxima tensión en "No hagáis una película sobre mí". El futuro terminaría por hacerle una zancadilla: sólo un par de años después de su muerte, un biopic, Walk the Line, contó la vida de Cash (y de June) de manera excepcional.
Aunque las versiones en castellano resultan dignas y literales, son los originales los que revelan el alcance poético del bardo estadounidense. El inglés puede ser -sobre todo en poesía- una lengua terrosa, llevada por la brisa de sus múltiples vaivenes rítmicos. La dicción de Cash es apretada, por momentos tan bella y elemental que remeda los repiqueteos de un trote o un galope y, en otros, la pausa del vaquero bajo la sombra de un árbol.
La edición de Eternas palabras no es inocente. Aprovecha la aparente resolución que el Premio Nobel a Bob Dylan dio a un viejo dilema. ¿Es poesía? Sin duda, como lo es la de tantos juglares del pasado, aunque el lector que alguna vez disfrutó el registro tardío de Cash -una formidable voz de barítono, pastosa y asmática- se descubra marcándoles el ritmo a estos poemas, como si por algún descuido su autor se hubiera olvidado de ponerles música.

ETERNAS PALABRAS
Por Johnny Cash
Sextopiso. Trad.: A. Catalán. 238 págs., $ 630

P. B. R.

MARCOS NOVARO


Marcos Novaro. Violencia y reforma previsional. "El Gobierno se ha pegado un buen susto"
Es un analista que combina la rapidez con la profundidad. No teme ser polémico, y es capaz, como se verá en esta entrevista, de sacar conclusiones políticas sustanciales a pocas horas de los acontecimientos históricos. Estamos hablando de estos diez últimos días del año, cuando la política pareció experimentar un punto de inflexión: se están reconfigurando temas tan urticantes como la gobernabilidad, la nueva oposición peronista y el violento frente antisistema en la Argentina. Marcos Novaro es politólogo, sociólogo, historiador y licenciado en filosofía, y acaba de publicar El caso Maldonado. Elogia y critica aquí al oficialismo, y nos muestra los matices de esta época turbulenta.
-Después de las semanas calientes de fin de año, con un cóctel violento y peligroso de por medio, ¿qué debería revisar el Gobierno?
-Por un lado, se pegó un buen susto con la ilusión de que después de las elecciones tenía el camino despejado. Y ese camino despejado no existe. Hay un camino lleno de obstáculos donde el oficialismo tiene algunos recursos más, pero tiene también menos tiempo. Han consumido mucho de ese tiempo, razonablemente, en hacer las cosas muy de a poco, sobre todo en el terreno del gasto público. Ahora todo el mundo sabe que el Gobierno tiene que empezar a bajar el ritmo de endeudamiento. Si no lo hace, eso puede afectar el ritmo del crecimiento.

 Para no llegar a ese escenario, Cambiemos necesita más gestión, negociaciones más razonables con sus posibles aliados de la oposición, explicar mejor lo que quiere hacer. Con el asunto de los jubilados quisieron hacer más o menos como con las tarifas, es decir, pensaron: "No expliquemos mucho porque así pasa por abajo del radar; esto no le va a interesar al gran público si no lo convertimos nosotros mismos en un tema de agenda central". Es un error. Lo tendrían que haber explicado porque el tema previsional es central siempre.
-El Gobierno ganó las elecciones y, con esa nueva legitimidad, llamó al "peronismo racional". Hizo un acuerdo, pero en la Cámara de Diputados no funcionó. ¿Por qué?
-Era esperable. Para ese sector "moderado" de la oposición el juego ambiguo es un poco inevitable: tienen que mostrarse opositores y al mismo tiempo colaborativos. No hay que sorprenderse por eso, y tampoco tiene mucho sentido quejarse. Por ahora no han quedado muy bien ni la CGT ni el peronismo moderado en la Cámara de Diputados. En el Senado, hicieron un papel mejor porque tienen más disciplina y más liderazgo. Creo que el Gobierno, tal vez en su negociación, se apuró demasiado en firmar, como diciendo: "Bueno, tenemos el empuje de las elecciones, aprovechémoslo y saquemos rápido estas leyes".

-¿Y eso estratégicamente estuvo mal?
-Estuvo un poquito desatento a los costos que eso implicaba. Acordó con los gobernadores, pero eso no significaba automáticamente apoyo legislativo; también iban a tener que negociar algo con los diputados, que son actores autónomos. Si iban a ofrecer el bono de compensación, tendrían que haberlo negociado a tiempo. Esperaban que los gobernadores los disciplinaran a los legisladores, como pasó en el Senado. Ya había habido señales con el tema de la reforma laboral y me parece que fue razonable, porque los peronistas necesitan mostrarse diferentes del oficialismo. Cambiemos quiere tener de socio a esos peronistas, pero tiene también que aceptar cierto juego ahí porque, si no, va a terminar debilitando a aquellos que cree que son los que pueden ayudarlo a sostener la gobernabilidad. El Gobierno actuó con excesivo optimismo, con un poco de apresuramiento, y cedió a los gobernadores tal vez más de lo que tendría que haber cedido, confiando siempre en una disciplina que no existe.
-Es decir, que el test de gobernabilidad no fue positivo para el Gobierno. ¿Debería reconfigurar su sistema?

-A mí me parece que la fórmula general funciona, pero que el diablo mete la cola en los detalles. La idea general no está mal: van a gobernar con negociaciones caso por caso con la gente que es más razonable, y esperarán que cumplan. Van a tratar de crear las condiciones para que la administración de recursos también beneficie a sus aliados razonables, y que por eso les convenga cumplir a todos.
-María Matilde Ollier nos recuerda que los que consiguieron gobernabilidad lo hicieron aplastando las normas y que los que quisieron respetar las normas no tuvieron gobernabilidad. Macri quiere respetar las normas y tener gobernabilidad, algo que hasta ahora no consiguió nadie. ¿Qué reflexión te merece esto?
-El juego de colaboración no es parte de nuestra tradición porque tenemos un sistema político acostumbrado a la confrontación y juego de suma cero. Pero no diría que estamos condenados a eso, y me parece que apostar moderadamente, sin exceso de optimismo, a la colaboración y el acuerdo es algo que al Gobierno no le ha salido mal. Habrá que acostumbrarse a los actores antisistema y más en un año en el que el ajuste será un tema constante: vamos a tener problemas de este tipo repetidos. ¿Está en condiciones el sistema de resolverlos? La experiencia muestra que sí y que no necesariamente los que colaboran pierden. No me parece que haya que sacar una conclusión tan escéptica, pero tampoco hay que caer en la ingenuidad de que el camino está despejado y que ahora gobernadores y presidentes pueden felizmente abrazarse... Eso no es así.
-¿Estamos viendo un punto de inflexión en ese sentido?
-En la medida en que la economía siga creciendo y estos conflictos no afecten ese crecimiento yo creo que hay una posibilidad de que veamos un horizonte de compartir dificultades, pero también beneficios. Los gobernadores finalmente tienen mucho para ganar en esto. Ellos saben que si a Macri le va bien entonces sus provincias son viables. Si no le va bien, no lo son.
-Me pregunté si era posible evitar cambiar la fórmula futura de los jubilados, si no había otro modo, y no encontré más que explicaciones demagógicas. Por otro lado, pienso en los 30.000 millones de dólares que necesitamos por año para mantener esta ficción llamada Argentina y se me hiela el pecho. Pienso que la única manera es ceder todos algo para no terminar como terminó Alfonsín. ¿Vos qué pensás de la sustentabilidad económica en un país que quiere curarse, pero que evita todo el tiempo la inyección?

-Sí, esa es la situación en la que estamos. De todos modos, algún grado de aceptación de que los costos son inevitables existe en nuestra sociedad. Es interesante lo que ha pasado con las tarifas en 2016, donde hubo un acomodamiento al realismo inevitable: mucha resistencia inicial y después cierta aceptación con mal humor, obviamente. Y el Gobierno acomodó sus expectativas. Pasó de decir "todo va a salir bien porque vienen las inversiones" a "esto tiene dificultades que hay que resolver". Lo del sistema previsional es más complicado. Porque es complicado en todos lados del mundo y porque acá el kirchnerismo lo expandió sin ninguna sustentabilidad...
-Y además vació la Anses.
-Que cada vez paga menos porcentaje del gasto previsional, hay más aporte de impuestos generales para sostener eso. El tema de la discusión previsional recién empieza, se vienen más malas noticias aquí y en el mundo: extensión de la edad jubilatoria, adecuación de las cajas provinciales, que son un escándalo. Todas esas malas noticias, ¿cómo se van a administrar en la Argentina? ¿Cómo se compensan con medidas que afecten a otros, a los más ricos o a los propios? El Gobierno anunció un ajuste del gasto político, pero fue un anuncio que no llevó a la práctica en nada.
-Pero ese costo es chiquitito frente a los problemas grandes.
-Sí, pero simbólicamente es muy importante. Serán $ 1000 millones, pero si vos tenés 500 empleos jerárquicos y decís que podés prescindir de ellos, tenés que prescindir ya. Ellos aumentaron las tarifas pero sin explicar lo que estaban haciendo. Y el incremento de las tarifas afecta a las empresas, a la clase media, a la clase media alta... Socialmente es mucho más justo ese aumento, pero prefirieron que pasara desapercibido para no tener otra fuente de conflicto. No fue una buena idea; deberían haber dicho: "Estamos cambiando esta cuestión jubilatoria, que va a suponer algunos costos transicionales porque después los compensamos, pero el ajuste mayor lo estamos haciendo acá y es socialmente justo".

-Uno podría decir que hay un modus operandi: retirarse del campo de las argumentaciones, no creyendo del todo en ellas, y después pagar costos fuertes. El caso Maldonado les salió bien sólo al final, pero no creyeron que era necesario dar explicaciones. Con todas estas reformas tampoco. Me da la impresión de que ellos piensan que han sido muy exitosos para hacer campaña, y eso lo quieren trasladar a la gobernabilidad del día a día.
-Es un problema tener el mismo equipo de campaña a cargo de la comunicación y de la estrategia de gestión diaria. No es lo mismo hacer campaña que gobernar todos los días. Ellos no tienen un recurso para controlar el riesgo, actúan siempre igual, y a veces funciona y a veces no. En ese sentido, hay errores graves que no son solamente de comunicación. Son cuestiones de estrategia, de cómo conciben su rol de gobierno. Seguramente no van a cambiar un equipo que creen que es exitoso, y es probable que sigan valorando que las cosas al final les salen bien. Que finalmente el caso Maldonado lo resolvieron, el tema previsional lo están encaminado... entonces hacen un balance positivo del asunto.
-Sería un poco autocomplaciente.
-Sí, un poco. También en reafirmar el optimismo que lleva a la gente a seguir para adelante. Tiene su lógica, yo no la comparto. De todos modos en el curso de los acontecimientos están obligados a cambiar, y eso se vio con el susto que se pegaron con el primer intento de votación del tema previsional, que por suerte fue reparable. Por suerte no hubo un muerto, por suerte no hubo ruptura con los gobernadores ni decretazo. Encontraron el camino para superarlo.
-Más allá de un peronismo resbaloso, que no se sabe bien dónde se va a poner, aparece una nueva izquierda, es decir, el trotskismo, que parece estar en una etapa prerrevolucionaria en la Argentina, y el kirchnerismo, que fue su antiguo verdugo y hoy es su socio y hermano. Trabajan juntos, sobre todo generando actos de violencia y prepotencia...
-Sí, de [Mariano] Ferreyra se olvidaron, ¿no?
-Claro. Y ahora se unieron a esto los desahuciados del Frente Renovador. Ahí hay una masa crítica inquietante.
-Lo más preocupante es esa zona gris del Frente Renovador, que puede colaborar con los grupos antisistema. El trotskismo y el kirchnerismo están lanzados a una estrategia antisistema que es difícil de revertir. Ellos creen que Macri puede haber sido elegido, pero lo que hace es completamente ilegítimo, entonces hay que apelar a una legitimidad antiinstitucional, que es la del pueblo en la calle. El trotskismo siempre estuvo en esa tesitura, pero ahora la ha activado, y el kirchnerismo llegó a ella después de fracasar en la arena electoral.
-La tensión recrudecerá...

-Esta gente está decidida a seguir en esa posición. No se los va a convencer fácil, y el problema consiste en aislarlos y en que el daño sea mínimo. El segundo intento del Gobierno fue exitoso en esto: los aislaron. Es cierto que la CGT llamó a un paro, pero en cuanto vio en qué se estaba convirtiendo la Plaza del Congreso, sus dirigentes dijeron: "Los violentos están deslegitimando la protesta social real". Y mandaron a la UTA a levantar la huelga de transporte. O sea, desactivaron su propia medida de fuerza. Esa es una muestra de cómo la zona gris puede reaccionar bien. El massismo no hizo lo mismo. Me da la impresión de que están queriendo disputar el rol de oposición dura porque sospechan que a los gobernadores les va a ir mal como socios de Macri. Creen que les va a pasar lo mismo que le pasó a Massa, que quiso ser moderado y le fue mal en las urnas. A mí me preocupa eso porque es un sector que sí tiene cierta representatividad en el peronismo. Son líderes políticos relevantes y sería una pena que se incineren solidarizándose con el antisistema.
-Es decir que vamos a pasar los próximos dos años sobre un barril de pólvora.
-Mientras el Gobierno no cometa grandes errores, los moderados sostengan su juego y vean que es rentable, y la economía siga creciendo, creo que hay cosas que serán conflictivas, pero el daño que pueden hacer me parece relativo. Han destruido la Plaza del Congreso, aunque la cosa podría haber sido mucho peor: si había un muerto la sesión se hacía insostenible y se convertía todo en un problema de gobernabilidad.
¿Qué está haciendo?
Trabaja en una investigación: "Empresarios y gobiernos en la Argentina". Es un análisis y un repaso histórico acerca de la relación de los grandes empresarios con las instituciones, el Estado y la política. Un ensayo académico que terminará en un libro.
¿Por qué nos importa?
Es un politólogo incisivo, con gran capacidad para analizar en tiempo real y bajo presión las razones profundas de los cambios y las convulsiones que experimenta la sociedad política en la Argentina de estos tiempos.
Bio
Fecha de nacimiento: 8 de abril del 1965
Lugar: Buenos Aires
Marcos Novaro es licenciado en Sociología y doctor en Filosofía. Dirige el Programa de Historia Política en el Instituto Gino Germani y la Red de Archivos Orales sobre la Argentina Contemporánea y el Centro de Investigaciones Políticas (Cipol). Entre sus obras se destacan Liderazgos y representación en las democracias contemporáneas (2000), Historia de la Argentina Contemporánea (2006) y Argentina en el fin de siglo (2009). Su libro más reciente es El caso Maldonado, una crónica ensayística acerca de las manipulaciones que se pusieron en práctica entre el 1° de agosto y el 17 de octubre, una obra que lleva a un debate sobre cómo pensar los derechos humanos en la Argentina de hoy.


J. F. D.

martes, 2 de enero de 2018

EL INDEC INFORMA


Salarios: +24,2%


En octubre de 2017, el Índice de salarios total aumentó 1,5% contra el mes anterior y 24,2% desde diciembre de 2016. Más información enwww.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/salarios_12_17.pdf — en Argentina.

MUSEO NACIONAL DE BELLAS ARTES...AGENDA 2018


Llega una muestra con obras de Leonardo Da Vinci, Rafael y El Greco al Museo de Bellas Artes
El 2018 arranca fuerte en marzo con una gran exposición que viene desde Hungría.
 Una muestra con obras de Leonardo Da Vinci, Rafael y El Greco, entre otros artistas inmensos. Un homenaje a Nicolás García Uriburu, a 50 años de la performance en la que tiñó de verde el Gran Canal de Venecia. La exposición del tapiz que Francia le donó a la Argentina en 1917, restaurado. Esto serán algunos de los puntos altos del 2018 en el Museo Nacional de Bellas Artes.
Su director, Andrés Duprat, adelanta detalles mientras en las salas de Museo todavía se puede visitar las exposiciones de Joan Miró y Auguste Rodin, dos de los hitos del año que se va.
El 2018 arranca fuerte en marzo, con una gran exposición que viene directo desde Hungría: pertenecen al Museo de Bellas Artes de Budapest y a la Galería Nacional de ese país. Allí estará el Guerrero a caballo, una escultura de bronce que Leonardo da Vinci creó en la primera mitad del siglo XVI. El guerrero estará acompañado por obras de Rafael, de Rubens, de Tiziano, del Greco, de Goya, de Murillo, de Vasari y de Lucas Cranach, entre otros grandes. Va a estar curada por Ángel Navarro, quien las relacionará con otras obras pertenecientes a la colección del Bellas Artes.
En mayo se verá el tapiz restaurado. “Es una obra con manufactura gobelina, fue un regalo oficial del que hace poco se cumplieron 100 años”, comenta Duprat: un Gobelin es un tapiz que fue creado por la Manufactura Real de los Gobelinos de París, o una imitación suya. “El tapiz fue retirado de la Casa Rosada, en donde estaba, y actualmente lo están restaurando en Francia. Cuando vuelva a la Argentina se incluirá en una muestra de tapices antiguos y modernos, nacionales e internacionales, en la que habrá también tapices de artistas como Louise Bourgeois, Henri Matisse, Joan Miró o Alicia Penalba”.
Hacia junio llega la muestra de Nicolás García Uriburu, que murió el año pasado, y luego “una pequeña exposición de Guillermo Roux con lo último de sus trabajos: dibujos picarescos, realizados con humor sobre cuadernos”, cuenta Duprat. La muestra se hará junto con la Casa de la Cultura Popular de Barracas.



“Para el segundo cuatrimestre estamos preparando una gran exposición del pintor inglés William Turner”, dice Duprat. Será una exposición importante: nacido en Londres en 1775, Turner fue un original artista romántico especializado en paisajes, que puso gran atención al tratamiento de la luz y el color. Se verán acuarelas que pertenecen a la colección de la Galería Tate de Londres.

TRANSPORTE, BASTA DE SUBSIDIOS


Aumentará 25% el boleto de colectivo a partir de febrero: el mínimo costará $ 8
Tras dos años sin ajustes, el anuncio se haría antes del 10 de enero; será el primero de un plan de incrementos que se está definiendo; en 11 meses de este año, los subsidios al sector crecieron 18%
Aumentará 25% el boleto de colectivo a partir de febrero: el mínimo costará $ 8




El Gobierno decidió mover las tarifas de los colectivos que circulan por el área metropolitana. Según se pudo saber, el boleto mínimo, que actualmente está en seis pesos, pasará a tener un costo de ocho pesos. Es decir, aumentará 25% tras dos años en los que la tarifa estuvo congelada, luego de aquel aumento de enero de 2016, poco después de que asumió Mauricio Macri como presidente.
En el Ministerio de Transporte aún no se terminaron de cerrar los números. No está definido qué pasará con el monto de la tarifa social y tampoco cómo seguirá la escala de pasajes según el recorrido. Según el plan que se han trazado, habrá una conferencia antes del 10 de enero para informar las subas que, en principio, podrían regir desde febrero.
Este será el primer tramo de un plan de aumentos que se fijará en este verano y que llevará el boleto a valores más cercanos a los reales. También el Ministerio de Transporte tratará de implementar un sistema de boletos multimodal, aunque la complejidad del esquema de transporte actual, en el que conviven los privados con el Estado, requerirá una regulación que podría tardar un tiempo más en terminarse.
La Argentina tiene cuentas difíciles de entender en materia de transporte. Un ejemplo: actualmente, cada vez que un pasajero acerca su tarjeta SUBE a la lectora de un colectivo y paga seis pesos por el boleto mínimo, el Estado le debe a la empresa 11,20 pesos. Es decir, si se quisieran eliminar las compensaciones, el pasaje se debería triplicar.
Los subsidios al transporte urbano de pasajeros se han convertido en uno de los rubros más difíciles de bajar en el gasto público nacional. Aquella medida de excepción que surgió en 2002, cuando por primera vez en la historia se compensó a las compañías de colectivos, hoy representa una cifra millonaria a la que ningún gobierno se le anima.
Costos e ingresos
Los datos de la dependencia de los fondos públicos que tienen los colectiveros surgen de la resolución 1311-E/2017, que se publicó la semana pasada en el Boletín Oficial, en la que se detallan los costos y los ingresos de una empresa media. A partir de esa norma, que como se dijo representa un promedio, se calculan los subsidios mes a mes.
A una de las compañías de transporte urbano de pasajeros de las que circulan sólo por la ciudad de Buenos Aires (hay 31 que tienen recorridos únicamente por calles porteñas) el Gobierno le reconoce un costo de 51,24 pesos por cada kilómetro. Pero el problema es lo que recauda. Esa empresa, que es una simulación de un promedio de servicios y que se basan en los datos de GPS que tienen instalados los colectivos, vende por cada 10 cuadras un promedio de 3,09 boletos que pagan, entre los tres, 16,58 pesos. Entonces se calcula el subsidio necesario entre lo que se recauda y el costo. Esa diferencia, en el caso de la CABA, es de 34,66 pesos por cada kilómetro.
Dicho de otra forma: por cada 10 cuadras, en promedio, suben tres pasajeros que desembolsan poco menos de seis pesos y a los que el Estado les subsidia 11,21 pesos. Si se calcula que esa empresa recorre 3,27 millones de kilómetros por año, pues cuando se confeccione el cheque anual el Estado le habrá depositado 113,5 millones de pesos.
Las cuentas no son iguales en todo el país. Las líneas que tocan la CABA pero que recorren el área metropolitana (que junto con las que no perforan la General Paz están numeradas desde el 1 al 200) requieren un subsidio por pasajero de 10,40 pesos, mientras que las provinciales y municipales, de 9,20 pesos.
En busca del equilibrio
Con el aumento que se anunciará antes del 10 de enero el Ministerio de Transporte intentará empezar a equilibrar las cuentas de un sector que depende como de ninguna otra cosa de los fondos públicos. Por caso, la recaudación por kilómetro que tiene un colectivo no alcanza ni siquiera para cubrir los gastos de personal. Según la resolución, de aquel costo de 51,24 pesos por cada 10 cuadras, 27 pesos corresponden a salarios de personal. La recaudación por ese tramo habrá sido de 16 pesos. El ítem que lo sigue es combustible, que se lleva 7,13 pesos, mientras que lo que se calcula por depreciación del material es de 3,5 pesos por cada kilómetro.
De acuerdo con los datos que surgen del informe de ejecución presupuestaria de la Asociación Argentina de Presupuesto (ASAP) correspondiente al mes de noviembre, "los subsidios al transporte promediaron un incremento del orden del 18% en 11 meses", bastante por debajo de la inflación.

En términos nominales -informa la entidad-, constituye una suma de $ 61.700 millones ($ 9400 millones por encima del año pasado), concentrada principalmente en dos grandes grupos, transporte automotor y ferroviario y, con una incidencia muy inferior, el transporte aerocomercial.
"Las asignaciones para el transporte automotor devengaron cerca de $ 36.800 millones y se destinaron mayormente al Fondo Fiduciario del Sistema de Infraestructura del Transporte ($ 29.600 millones), que tiene a su cargo las compensaciones a colectivos y micros de media y larga distancia", se lee en el trabajo.
Hasta fines de noviembre, cada treinta días el Estado argentino firmó un cheque de 3272 millones de pesos para subsidiar a los colectivos, un 22,7% más que el año pasado. Irremediablemente ese gasto se ajustará el año que viene con las subas de boletos que se anunciarán.
Una vez más, el ahorro público se sostendrá con el aporte de los usuarios que apuntalan un sistema ineficiente, que no logra mejorar el servicio y que navegó durante 15 años entre los subsidios y la tarifa congelada.

D. C. 

Cuánto cuesta viajar en colectivo en cada provincia del país
Capital Federal y La Plata tienen el boleto más barato, con un mínimo de $ 6; Rio Gallegos es la ciudad más cara, con una tarifa mínima de $ 15,90
Capital Federal y La Plata son los centros urbanos con pasaje de colectivo más barato. En ambas ciudades, el boleto mínimo está en $ 6, luego del último aumento aplicado en abril de 2016.
En Capital, a su vez, existe la alternativa del subte. Es la única ciudad del país en contar con este medio de transporte cuyo viaje hoy tiene una tarifa plana de $ 7,50 (hay bonificaciones para viajeros frecuentes).
A nivel nacional, a su vez, solo hay otras dos ciudades con boletos de colectivo urbano por debajo de los siete pesos: Ushuaia y Salta. En la capital fueguina la tarifa es de $ 6,80, mientras que en Salta funciona un sistema particular. Es, según el relevamiento , la única ciudad con tarifa variable según el horario. Allí, viajar en colectivo cuesta $ 6,30 en horario normal y $ 6,95 en la hora pico (de 6:30 a 9, de 12 a 14:30 y de 17 a 21:30).
En el otro extremo del listado se ubica Rio Gallegos, capital de Santa Cruz. En esa ciudad patagónica, factor que incide en el nivel de precios venta de bienes de consumo y servicios, el boleto de colectivo cuesta $ 15,90 desde junio de este año.
Neuquén, por su parte, es la segunda ciudad con boleto de colectivo más costoso, con un boleto de $ 13,90 desde febrero de 2017, seguida por San Carlos de Bariloche. En esta localidad, un viaje en colectivo cuesta $ 12,80 aunque hay pendiente un aumento a $ 14,10 que se encuentra en suspenso.
En Córdoba, la tarifa está en $ 12,50 desde diciembre de 2016, mientras que en Comodoro Rivadavia cuesta $ 10,93.
El promedio nacional del precio de los pasajes mínimos de colectivo es de $ 9,10.
A excepción del Área Metropolitana de Buenos Aires (Capital Federal y Gran Buenos Aires), donde el valor de los boletos es establecido por el Gobierno Nacional, en el resto de los distritos el cuadro tarifario es determinado por las autoridades locales (gobernaciones, municipios o oncejos deliberantes, según el caso).
Los valores de referencia corresponden a los boletos mínimos de colectivo en cada una de las ciudades mencionadas. Los datos corresponden al Ministerio de Transporte de la Nación
E. L.