lunes, 2 de julio de 2018

LA MAGIA DE LA INDIA...CON TODAS LAS GARANTÍAS DE TRAVEL XPERIENCE

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En éste viaje nos vamos a la India. Durante 12 días descubriremos un país maravilloso dónde podremos conocer las ciudades de Delhi, Agra y Jaipur. La India es un país de gente maravillosa y comida exquisita. Se trata de una de las sociedades con más historia de la humanidad y no podemos perder...



Comentarios
Daniel Mastrangelo Siempre que decidimos viajar a un país que se encuentra fuera de lo que conocemos o que no está dentro de los países cercanos a nuestra cultura, nos crecen las dudas acerca de las tradiciones con respecto a las relaciones interpersonales, la comida, las costumbres y fiestas, etc., pero siempre hay una manera de saber cuáles son y cómo funcionan estas sociedades y en este caso, vamos a conocer las tradiciones y costumbres de la India. 
Una de las partes importantes de un país es el lenguaje y más en un país como India. Dependiendo del estado en el que nos encontremos, se hablara en idiomas diferentes aunque algunos de ellos no están reconocidos por el gobierno central.
La lengua oficial en el país y, por lo tanto, en todos sus estados es el Hindi, pero hay muchos dialectos no reconocidos como el bengalí o el urdu pero sí otros como el nepalí.////
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Daniel Mastrangelo La sociedad en la India
Una de las costumbres de la India es que la sociedad india se mueve por jerarquías, debido a la influencia del hinduismo, y todos y todas son muy conscientes de cuál es su posición social con respecto a su familia, amigos o un g
rupo de personas extrañas.
Dependiendo del contexto, en las jerarquías existe un nombre específico para la persona que se encuentra en el nivel más alto, por ejemplo: en la escuela, el profesor recibe el nombre de “gurú”, ya que son vistos como una fuente de conocimiento; en el contexto familiar, “el patriarca” es como se conoce al padre, líder de la familiar o “el jefe” como responsable último en los negocios. Estas jerarquías deben ser muy cuidadas ya que de ellas depende el equilibrio de la sociedad.////
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Daniel Mastrangelo Costumbres en la India
Una de las cosas que nos chocará de las costumbres de la India y que está muy arraigado en su educación y su sociedad es la poca o ninguna predisposición de los indios e indias a decir “no”, es decir, no es una expresión que a lo
s ciudadanos de este país les guste expresar ya sea verbal o no verbalmente, ya que se lo toman como una forma de defraudar o decepcionar a la otra persona, por ello prefieren ofrecer otro tipo de respuesta que creen que estamos esperando o darnos otra opción que se asemeje a lo que estamos buscando o esperando encontrar.
En el caso de concertar citas o reuniones, para evitar caer en decepciones futuras ya sea por no poder asistir, evitan dar respuestas afirmativas con muchos detalles, sino que dan respuestas abiertas a confirmar horas antes de un evento.////
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Daniel Mastrangelo La relaciones interpersonales en la India
Si nos centramos en las relaciones interpersonales, es decir, en las relaciones persona a persona o de una persona con un grupo, la religión, la clase social y la educación tienen un peso enorme en algo muy sen
cillo pero determinante como son los saludos: al seguir las jerarquías, al llegar a un grupo debemos saludar a la persona mayor o de mayor rango en primer lugar y así hasta acabar con todo el grupo. Cuando llegue el momento de despedirse, debemos hacerlo de uno en uno de forma individual.
Nos daremos cuenta enseguida de cuales están más acostumbrados a tratar con población occidental debido a que tenderán a dar la mano aunque, en este caso, debemos esperar a que nos extiendan la mano si no estamos muy seguros ya que por creencias religiosas no suelen haber apretones de manos entre hombres y mujeres, aunque sí entre hombres y hombres y entre mujeres y mujeres./////
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Daniel Mastrangelo Otro tema importante en la cultura india es la comida, una de las más coloridas y aromáticas del mundo, llena de innumerables influencias árabes, turcas e incluso europeas debido a su historia de conquistas e invasiones pasadas, lo que hace de su cocina una fuente de riqueza de alimentos y un tesoro de recetas y condimentos indios.
Entre las costumbres de la India gastronómicas, sus platos estrellas se encuentra el curry y sus especias, como el jengibre, el cilantro, la cúrcuma, la canela y los chiles secos, por ejemplo, su mezcla hacen del curry indio magia en cada bocado. No podemos olvidarnos del té, de cualquier sabor, aunque las favoritas son Darjeeling (un tipo de té negro creado en el estado indio que lleva el mismo nombre) y Assam (otro tipo de té negro, tan conocido como el anterior, propio del estado indio con el mismo nombre), considerada la bebida nacional desde el siglo IV ya que es protagonista en todas las tertulias y momentos de socialización, convirtiéndose en una parte del estilo de vida indio.
También son importantes las carnes y los mariscos, el pescado y el pollo, ya que en este país no se come carne de vaca, puesto que son consideradas sagradas en la religión hindú y el cerdo está más que prohibida en la religión musulmana.///
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Daniel Mastrangelo LOS LUGARES MARAVILLOSOS....El fuerte rojo es un sitio emblemático para la celebración del día de la independencia de la India, y es el lugar donde se realizan los espectáculos de luz y sonido cada noche recreando puntos importantes de la historia india.
Dentro de los edificios más importantes podemos destacar:
Chatta Chowk (Bazar cubierto). Fiel a su nombre, este lugar es un bazar cubierto entre la puerta de entrada y el Fuerte en sí mismo, y se encuentra lleno de vendedores de souvenirs.
Diwan-i-Am (Sala de Audiencia Pública). Este edificio separa el patio exterior desde el patio interior, y tiene una plataforma de mármol para el trono del emperador.
Hayat Baksh Bagh (Jardines dedicados a la vida). En el pasado fue un jardín lleno de fuentes y arroyos, aunque ahora está tristemente seco.
Diwan-i-Khas (Sala de Audiencia Privada). Construido completamente en mármol, aquí es donde el emperador recibía a sus visitantes especiales.
Khas Mahal (Palacio Privado). Era la residencia principal del Emperador. La torre octogonal mira hacia el río Yamuna y es donde el emperador solía aparecer ante el público cada mañana.
Rang Mahal (Palacio de Color). La residencia de la principal mujer del Sultan.
Muntaz Mahal (Palacio de las joyas). Aquí hay seis apartamentos para el harem del Sultan. Ahora se utiliza como museo de los textiles utilizados por la corte, alfombras, armas, etc. La entrada es gratuita.
Daawat Khana. Un palacio menor en el extremo más septentrional del Fuerte. Originariamente era la residencia de un príncipe, pero se convirtió en una casa de té por los británicos, una función que continúa en la actualidad. 
Swatantra Sangrama Sangrabalaya (Museo del Movimiento de Independencia). A la izquierda, después de Chatta Chowk, se encuentra este museo que muestra la historia del activismo de independencia de la India, comenzando desde el motín de 1857 hasta el final con Gandhi.
A la izquierda después de la Chatta Chowk, este es un museo razonablemente bien presentado en la historia del activismo de la independencia de la India, a partir del motín de 1857 hasta el final a Gandhi./////
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Daniel Mastrangelo UNA HISTORIA DE AMOR//Administrar
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Daniel Mastrangelo LA GASTRONOMÍA REPRESENTA Y MUCHO LA CULTURA DE UN PUEBLO Y EN LA INDIA ES TAN VARIADA COMO SU POBLACIÓN, RELIGIONES E IDIOMAS..LE QUIERO COMENTAR ALGO PARA LOS FELICES QUE EN SEPTIEMBRE SE VAN DE AVENTURAS/////La mejor forma y más barata de introducirse en esa gran variedad gastronómica es hacerlo comiendo como lo hacen ellos, en Thali, un plato grande normalmente de latón con cuencos que generalmente llevan dhal, un guiso de lentejas, una mezcla de verduras con curry como aloo gobi (patata y coliflor), paneer (un queso fresco guisado de diferentes formas), arroz basmati, pan, curd o dhai, un yogur líquido para beber a veces con sal y cominos, y en las mejores hasta carne, normalmente pollo, o pescado, y como postre gulab jammum, un dulce muy típico de India.////Administrar
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Daniel Mastrangelo INTERNACIONALES Y MUY RICAS///Administrar
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Daniel Mastrangelo EL MÁS FAMOSO/////Pollo Tandoori
Este probablemente se convierta en uno de vuestros platos favoritos, como nos pasa a la mayoría, ya que está riquísimo, y la verdad, en un país en el que la dieta es principalmente vegetariana, apetecen las proteínas.
L
a receta del pollo tandoori es sencilla pero exquisita, ya que se marina el pollo durante 12 horas en yogur, zumo de lima, ajo, jengibre, cúrcuma o colorante, canela, comino, cilantro, cayena y pimienta negra, para luego meterlo en el horno y conseguir un delicioso resultado. El pollo Tikka es la versión del tandoori deshuesado///////
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Daniel Mastrangelo Y LOS DULCES/////Los dulces, a base de almíbar y lácteos, son tan apasionantes como intensos, y aunque no se acostumbran a servir como postre en los restaurantes son el colofón perfecto para limpiar el paladar de los recuerdos a chile.
JALEBI
El mayor 
espectáculo es ver cómo se elaboran estas espirales anaranjadas. Su base se parece a los churros y también su elaboración, aunque al final se sumergen en un almíbar especiado que le da su sabor particular y una cobertura brillante y azucarada. Se venden a peso en pequeños puestos callejeros y son uno de los postres favoritos durante los festivales de Ramadán y Diwali.
BARFI
Los persas trajeron este postre que se llama como el hielo y la nieve. Los reconocerás fácilmente en cualquier pastelería ya que están cortados en forma de diamante. La masa se elabora a base de leche condensada, azúcar y frutos secos. No te extrañes si están cubiertos por una fina capa metálica. En ocasiones especiales y en bodas, incluso se cubren con láminas comestibles de plata o de oro.
GULAB JAMUN
El postre por antonomasia en los restaurantes indios es esta bola láctea mojada en ligero almíbar aromatizado con agua de rosas. La masa absorbe el dulce y se convierte en una bomba para el paladar que se suele servir tibia. Hay quien lo encuentra excesivamente dulce, por lo que hay restaurantes donde te lo ofrecerán junto con helado de vainilla. Al mezclarlos, se tempera el almíbar y se disfruta el gulab jamún en todo su esplendor.
KHEER
La versión india del arroz con leche está llena de especies aromáticas y frutos secos: azafrán, cardamomo, anacardos y pistachos. Tradicionalmente, se servía en unos cuencos de cerámica. En el sur de la India, se le llama payasam. Es uno de los pocos dulces que se suele servir como postre en los restaurantes.
LADOO
El dulce favorito del dios Ganesha tiene tantas variedades como harinas existen en la India. Los reconoceréis porque se amontonan en los alrededores de los templos dedicados al dios con cabeza de elefante. Con su textura harinosa y una dulzura más moderada suelen acompañar al te en meriendas y tentempiés familiares.
GHEVAR
Esta rosca que parece esponjosa, en realidad está ligeramente tostada. Su origen se sitúa en el festival de Teej celebrado en Rajasthán, aunque se puede encontrar en todo el norte de la India durante los meses del monzón. La versión simple es deliciosa aunque puede llevar coberturas diversas a base de crema y frutos secos. Compra un pedazo para llevar en el coche por si te pica el gusanillo.
KULFI
Un carrito rojo con imágenes de Krishna y una campanita es el encargado de anunciar la llegada del kulfi. Este helado a base de crema de leche se presenta con sabores a azafrán, pistacho, rosas o cardamomo es denso y, a pesar del calor, no se derrite nunca. Los niños esperan entusiasmados al kulfiwala o vendedor de helados que aparece todas las tardes por los barrios populares./////
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domingo, 1 de julio de 2018

LA PÁGINA DE JORGE FERNÁNDEZ DÍAZ


El fumador de pipa , un relato de misterio escrito por el inglés Martin Armstrong.
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Por lo general no me importa caminar bajo la lluvia, pero en aquella ocasión la lluvia era torrencial y aún tenía diez millas que recorrer. Por eso me detuve ante la primera casa, más o menos a una milla del pueblo siguiente, y miré por encima de la canela del jardín.
La casa no tenía un aspecto muy prometedor, pues vi en seguida que estaba vacía. Todas las ventanas estaban cerradas, y no había una sola con persianas ni visillos. Por una de ellas, del piso bajo, vi paredes desnudas, la desnuda repisa de una chimenea y una parrilla vacía.
También el jardín estaba descuidado, los lechos de flores llenos de hierbas; apenas se lo habría reconocido como tal jardín de no ser por la cerca, los vestigios de senderos rectos y los arbustos de lilas que estaban en plena flor y que regaban de agua la hierba cada vez que el viento los sacudía.
Es fácil imaginar, pues, que me sorprendiera cuando un hombre salió de entre las lilas y vino hacia mí lentamente por el sendero. Lo sorprendente no era sólo que estuviera allí, sino que paseaba por allí sin objeto, con la cabeza descubierta y sin impermeable, bajo aquella lluvia que empapaba y calaba.
Era un hombre más bien gordo y vestido de clérigo, canoso, calvo, bien afeitado, con el aspecto engreído de intensidad excesiva que ve uno en los retratos de William Blake. Advertí en seguida cómo los brazos le colgaban desmayadamente junto a los costados.
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Sus ropas y –lo que lo hacía aún más extraño– su cara estaban chorreando agua. No parecía notar en absoluto la lluvia. Pero yo sí. Estaba empezando a correrme por el pelo y a bajarme por el cuello, y dije:
–Usted perdone, señor, pero ¿puedo pasar a guarecerme?
Se sobresaltó y alzó unos ojos desconcertados que se encontraron con los míos.
–¿Guarecerse?–dijo.
–Sí ––respondí yo–, de la lluvia.
–Ah, de la lluvia. Sí señor, no faltaría más. Hágame el favor de pasar.
Abrí la cancela del jardín y lo seguí por un sendero hacia la puerta principal, donde él se hizo a un lado con una leve inclinación para dejarme pasar primero.
–Me temo que no lo encontrará muy acogedor –dijo cuando estábamos ya en la entrada––. No obstante, pase usted, señor; aquí dentro, la primera puerta a la izquierda.
La habitación, que era amplia y con un ventanal saledizo dividido en cinco vidrieras, estaba vacía, con la excepción de una mesa y un banco de madera de pino y una mesa más pequeña en un rincón cerca de la puerta y sobre la que había una lámpara no encendida.
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–Hágame el favor de sentarse, señor –dijo, señalando el banco con otra leve inclinación. Había una cortesía anticuada en sus modales y en su manera de hablar. Él no se sentó, sino que dio unos pasos hasta el ventanal y se quedó de pe, mirando el jardín chorreante, los brazos aún colgándole ociosamente junto a los costados.
–Por lo visto, a usted no le importa la lluvia tanto como a mí, señor –dije, tratando de ser amable.
Se dio la vuelta y tuve la impresión de que no podía volver la cabeza y de que por eso tenía que volver el cuerpo entero para mirarme.
—¡No, oh, no! –respondió–. En absoluto De hecho no había reparado en ella hasta que usted me la hizo notar.
–Pero debe de estar usted muy mojado –dije yo–. ¿No sería más prudente que se cambiara?
–¿Qué me cambiara? –su absorta mirada se hizo inquisitiva y suspicaz ante la pregunta.
–Que se cambiara de ropa, la mojada.
—¿Que me cambiara de ropa? –dijo–. ¡Oh, no! ¡Oh, por Dios, no, señor! Si está mojada, sin duda se secará a su hora. Entiendo que aquí dentro no llueve, ¿verdad?
Le mire a la cara. Realmente estaba pidiendo información al respecto.
–No –respondí–, aquí dentro no llueve, gracias a Dios.
–Me temo que no puedo ofrecerle nada –dijo cortésmente–, Viene una mujer del pueblo por la mañana y a media tarde, pero entretanto no tengo ninguna ayuda –abrió y cerró sus manos colgantes–. A menos –añadió– que quiera usted pasar a la cocina y hacerse una taza de té, si entiende usted de esas cosas.
Rehusé, pero le pedí permiso para fumarme un cigarrillo.
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–Hágame el favor –dijo–. Me temo que no tengo ninguno que ofrecerle. El otro, mi predecesor, solía fumar cigarrillos, pero yo soy fumador de pipa —sacó pipa y tabaco del bolsillo; era un alivio verle emplear sus brazos y manos.
Cuando ambos hubimos prendido nuestro tabaco, yo volví a hablar: todo el rato era consciente de que recaía sobre mí la responsabilidad de la conversación; de que, si yo no hubiera hablado, mi extraño anfitrión no habría hecho la menor tentativa de romper el silencio, sino que se habría limitado a permanecer de pie, con los brazos caídos junto a los costados, mirando directamente al frente, bien al jardín, bien a mí.
Eché una ojeada a la desnuda habitación.
—Supongo que acaba usted de mudarse, ¿no? —dije.
—¿Mudarme? —se desplazó mínimamente y volvió de nuevo hacía mí su absorta mirada, intensa y desazonante.
—De mudarse a esta casa, quiero decir.
—Oh, no —dijo—. Oh, no, por Dios, señor. Llevo aquí varios años; o, mejor dicho, yo mismo llevo aquí casi un año, y el otro, mi predecesor, pasó aquí cinco años con anterioridad. Sí, ahora debe de hacer siete meses que murió. Sin duda, señor —una melancólica, pensativa sonrisa transformó inesperadamente su rostro—, sin duda no me creerá, Mrs. Bellows no me creyó, cuando le diga que llevo sólo siete meses aquí, eo más o menos.
—Si usted lo dice, señor —respondí— ¿por qué no habría de creerle?
Dio unos pasos hacia mí y alzó la mano derecha. Se la cogí de mala gana, una mano gorda, fofa, fría, que me produjo una sensación desagradable.
—Gracias, señor —dijo—, gracias. ¡Es usted el primero, el primerísimo…!
Solté la mano y él no terminó la frase: Se había sumido, aparentemente, en un ensueño. Luego volvió a empezar:
—Sin duda todo habría ido bien, habría bastado con que mi… esto es, el viejo tío de mi predecesor no le hubiera dejado esta casa. Más le hubiera valido seguir donde estaba. Era clérigo, sabe usted —abrió las manos, dándose a ver a sí mismo—. Éstas son sus ropas de clérigo. De pronto me preguntó:
—¿Usted cree en la confesión?
—¿En la confesión? —dije yo— ¿Quiere usted decir en el sentido religioso del término?
Se acercó un paso. Ahora casi me tocaba.
—Lo que quiero decir es —dijo, bajando la voz y mirándome intensamente—, ¿cree usted que confesar, confesar un pecado o un… un crimen, reporta alivio?
¿Qué iba a contarme? Me habría gustado decir “No”, para disuadir a la pobre criatura de hacerme ninguna confesión, ero había hecho su pregunta con tal tono de súplica que no tuve corazón para rechazarlo.
—Sí —dije—, creo que al hablar de ello puede uno librarse muchas veces de un peso en la conciencia.
—¡Ha sido usted tan comprensivo, señor —dijo con una de sus corteses inclinaciones—, que estoy tentado de abusar…! —alzó una de sus pesadas manos con un gesto perfunctorio y la dejó caer de nuevo—. ¿Tendría usted paciencia para escuchar?
Estaba de pie a mi lado como si fuera el maniquí de un sastre que hubiera sido colocado allí. Su pierna tocada mi rodilla. Me sentí fuertemente repelido por su vecindad.
—¿No quiere sentarse ahí? —dije, señalando el otro extremo del banco en el que yo estaba sentado—. Me resultaría más fácil escucharle.
Volvió el cuerpo y miró absorta y seriamente el banco, luego se sentó en él, dándome la cara, con una pierna a cada lado, inclinado hacia mí. Estaba a punto de hablar, pero se frenó y miró a la ventana y la puerta. Luego se sacó la pipa de la boca y la depositó en la mesa, y sus ojos se volvieron a mí.
—Mi secreto, mi terrible secreto —dijo—, es que soy un asesino.
Su declaración me horrorizó, como no podía ser menos; y sin embargo, creo, apenas me sorprendió. Su extremada rareza me había preparado, hasta cierto punto, para algo bastante sombrío.
Contuve el aliento y lo miré fijamente, y él, con horror en sus ojos, me devolvió la mirada fija. Parecía estar esperando a que yo hablara, pero en un primer momento no pude hablar. ¿Qué podía yo decir, en nombre de la cordura? Lo que por fin dije fue algo fantásticamente inadecuado.
—Y esto —dije—. ¿le remuerde la conciencia?
—Me obsesiona —dijo, apretando de repente sus manos pesadas, fofas, que reposaban sobre el banco ante él—. ¿Tendría usted paciencia…?
Asentí.
—Cuéntemelo —dije.
—De no haber sido por la herencia de esta casa —empezó—, nada habría sucedido. El otro, mi predecesor, habría permanecido en su rectoría, y yo… yo no habría hecho nunca acto de aparición. Aunque hay que reconocer que él, mi predecesor, no estaba contento en su rectoría. Se enfrentó con hostilidades, sospechas. Por eso vino a esta casa al principio, sólo a título de prueba, ya ve. Le fue legada vacía: simplemente la casa, sin muebles, sin dinero, y se vino y puso un par de cosas, esta mesa, este banco, unos cuantos utensilios de cocina, una cama plegable arriba. Quería, ya ve, probarla primero. Lo atraía el apartamiento de la casa, pero quería asegurarse de ella en otros sentidos. Algunas casas, ve usted, son seguras, y otras no lo son, y quería asegurarse de que ésta era una casa segura antes de mudarse a ella —hizo una pausa y luego dijo con mucha seriedad—: permítame aconsejarle, amigo mío, que siempre haga eso cuando considere la posibilidad de mudarse a una casa desconocida: porque algunas casas son muy inseguras.
Asentí.
—¡Ya lo creo! —dije—. Paredes húmedas, mal alcantarillado y demás.
Él negó con la cabeza.
—No —dijo—, no es eso. Algo mucho más serio que eso. Me refiero al espíritu de la casa. ¿No siente usted —su mirada absorta se hizo más penetrante que nunca— que ésta es una casa peligrosa?
Me encogí de hombros.
—Las casas vacías son siempre un poco raras —dije.
Reflexionó sobre esta afirmación.
—¿Y ha notado usted —inquirió por fin— la rareza de ésta?
Sentí, en efecto, al hacerme él la pregunta, que la casa era rara; pero era la rareza de él, lo sabía perfectamente, y las sombrías insinuaciones de su charla, lo que la hacían rara, y respondí:
—No es más rara que otras casas vacías, señor.
Me miró con incredulidad.
—¡Extraño! —dijo— Extraño que no lo sienta usted. Aunque bien es verdad que… que el otro, mi predecesor, no lo sintió al principio. Ni siquiera esta habitación (porque esta habitación, señor, es la habitación peligrosa) le pareció extraña al principio; no, pese a que hay en ella una cosa muy curiosa.
Si hubiera hecho bueno, habría puesto fin a la conversación y me habría marchado, pues la charla y el comportamiento del viejo me estaban haciendo sentir cada vez más incómodo. Pero no hacía bueno: estaba lloviendo con más fuerza que nunca y se estaba poniendo muy oscuro. Evidentemente estábamos en medio de una tormenta.
El viejo se levantó del banco.
—Me parece que ahora puedo mostrarle —dijo— esa cosa curiosa de la habitación. Sólo se ve después de que ha oscurecido, pero me parece que ya está lo bastante oscuro.
Se acercó a la mesita del rincón y se puso a encender la lámpara. Cuando estuvo encendida y él hubo vuelto a su lugar el globo de cristal esmerilado, la llevó a la mesa más grande y la colocó a mi izquierda.
—Ahora —me dijo—, siéntese a la mesa de frente.
Así lo hice. Ante mí, al otro lado de la habitación desnuda, se hallaba el ventanal saledizo con sus cinco vidrieras y sin visillos.
—Ahora está usted sentado —dijo, posando una pesada mano sobre mi hombro— donde el otro, mi predecesor, solía sentarse para sus comidas.
No pude reprimir un respingo, ni resistir el impulso de volverme y mirarle. Me resultaba molesto tenerlo de pie a mi lado, detrás de mí, fuera de mi vista. Pareció sorprendido.
—No se alarme, señor, hágame el favor —dijo—; vuélvase y dígame lo que ve.
Obedecí.
—Veo el ventanal —dije.
—¿Eso es todo? —preguntó.
Miré fijamente el ventanal.
—No —dije—. Veo también cinco reflejos de mí mismo, uno en cada vidriera del ventanal.
—Eso es —dijo el viejo—, ¡eso es! Eso es lo que veía el otro cuando comía a solas. Veía a los otros cinco, cada uno tomando su solitaria comida. Cuando él se echaba un poco de agua, cada uno de ellos se echaba agua; cuando él encendía un cigarrillo, cada uno de ellos encendía un cigarrillo.
—Claro —dije yo—. ¿Y eso alarmaba a su amigo, al clérigo?
—El reverendo James Baxter —dijo el viejo—; así se llamaba. Asegúrese de no olvidarlo, amigo mío; y si la gente le pregunta quién vive aquí, acuérdese de decir que el reverendo James Baxter. ¡Nadie sabe, ve usted, que… que…!
—Nadie sabe lo que me ha contado usted. Entiendo.
—¡Exactamente! –dijo él, bajando repentinamente la voz—. Nadie lo sabe. Ni un alma. Usted es la primera persona a la que se lo he mencionado.
—¿Y no ha sido usted objeto de investigaciones? —pregunté—. A este Mr. Baxter, ¿no se lo echó en falta?
Negó con la cabeza.
—No —dijo—. Ni siquiera Mrs. Bellows, que cuidó de él desde el principio, se ha dado cuenta de lo ocurrido.
Me volví y lo miré con incredulidad.
—No se ha dado cuenta, ¿quiere usted decir…?
—No se ha dado cuenta de que yo no soy él. Ve usted —explicó—, éramos muy parecidos. ¡Así es, tremendamente parecidos! Antes de que se vaya puedo enseñarle una fotografía suya y verá usted mismo.
Ahora decidí que, con lluvia o sin ella, me iba a ir: no parecía haber mucho motivo, aparte de la lluvia, para mi permanencia allí. Me puse en pie.
—Bien, señor —dije—, no puedo sino esperar que sienta usted el beneficio de haber aliviado su conciencia de su… secreto.
El viejo caballero se puso muy agitado. Cerraba y abría sus manos fofas.
—Oh, pero no debe irse aún. No ha oído usted ni la mitad. No ha oído usted cómo ocurrió. ¡Yo esperaba, señor, ha sido usted tan amable, que tendría paciencia y amabilidad para…!
Volví a sentarme en el banco.
—No faltaba más —dije—, si tiene usted más que decir.
—Acababa de decirle, ¿verdad que le había dicho —prosiguió el viejo caballero— que yo… que el otro… que mi predecesor solía sentarse aquí durante sus comidas y veía a sus otros cinco yos imitándolo? Cuando él encendía su cigarrillo, ¡veía otros cinco cigarrillos encenderse simultáneamente…!
—Naturalmente —dije yo.
—Sí, naturalmente —dijo el viejo—; todo era enteramente natural hasta una noche, una noche terrible —se interrumpió y me miró fijamente con horror en sus ojos.
—¿Y entonces? —dije yo.
—Entonces ocurrió algo extraño, horroroso. Cuando él, mi predecesor, hubo encendido su cigarrillo mirando a aquellos otros yos, como siempre hacía, vio que uno de ellos, el de más a la izquierda, había encendido no un cigarrillo, sino una pipa.
Me eché a reír.
—¡Oh, vamos, vamos, señor!
El viejo se retorció las manos lleno de agitación.
—Es cómico, lo sé –dijo—, pero también es terrible. ¿Qué habría pensado usted si lo hubiera visto efectivamente, con sus propios ojos? ¿Acaso no se habría quedado espantado?
—Sí —dije—, si efectivamente hubiera ocurrido. Si hubiera visto una cosa así realmente, desde luego me habría quedado espantado.
—Bien —dijo el viejo—, ocurrió. No había error posible al respecto. Era espantoso, horrible —había tanto horror en su voz como si él mismo lo hubiera visto efectivamente.
—Pero, querido señor mío –le dije—, usted sólo cuenta con la palabra de este Mr. … Mr. Baxter.
Me miró con fijeza, sus ojos resplandecientes de convicción.
—Yo sé que ocurrió –dijo—; lo sé con mucha mayor certeza que si lo hubiera visto. Escuche. La cosa siguió durante cinco días: durante cinco noches seguidas mi predecesor vigiló lleno de horror a ver si la cosa se arreglaba sola.
—Pero ¿por qué no fue… se marchó de la casa? –pregunté.
—No se atrevió –dijo el viejo con un forzado susurro—. No se atrevía a irse: tenía que quedarse y asegurarse con sus propios ojos de que la cosa se había arreglado.
—¿Y no se arregló?
—La sexta noche –dijo el viejo con un hilo de voz— el quinto reflejo, el que había desobedecido, desapareció.

RELATADO POR JORGE FERNÁNDEZ DÍAZ
—¿Desapareció?
—Sí, había desaparecido del ventanal. Mi predecesor se quedó sentado, mirando con terror, absorto, el cristal vacío, y los otros cuatro devolvían la aterrada mirada al interior de esta habitación. Él miraba el cristal vacío y luego los miraba a ellos, y ellos le devolvían la mirada fija, a él o a algo detrás de él, con horror en sus ojos. Entonces él empezó a ahogarse… a ahogarse —dijo el viejo jadeando, él mismo casi ahora ahogándose—, a ahogarse, porque había unas manos alrededor de su garganta, agarrándolo, estrangulándolo.
—¿Quiere usted decir que las manos eran las manos del quinto? –pregunté, y fue sólo mi horror ante el horror del viejo lo que me impidió sonreír cínicamente.
—Sí —dijo él con un silbido, y extendió sus manos gordas y pesadas, mirándome con ojos fijos—. Sí. ¡Mis manos!
Por primera vez me sentí realmente aterrorizado. Nos miramos mudos el uno al otro, él jadeando y resollando aún. Luego, esperando calmarle, dije lo más tranquilamente que pude:
—Ya veo: ¿así que usted era el quinto reflejo?
Él señaló su pipa encima de la mesa.
—Sí —jadeó—; yo, el fumador de pipa.
Me puse en pie: tenía el impulso de correr hacia la puerta. Pero algún escrúpulo me retuvo allí inmóvil, la sensación de que sería inhumano dejarlo solo, presa de su horrible fantasía; y con la vaga idea de hacerle entrar en razón, de aliviar su torturada mente, pregunté:
—¿Y qué hizo usted con el cuerpo?
Contuvo el aliento, un estremecimiento le desfiguró el rostro y, apretando sus dos extendidas manos, empezó a golpearse el pecho convulsivamente.
—Éste —gritó con voz agónica—, éste es el cuerpo.

TECNOLOGÍA....5 G


"La base de 5G es el LTE. Esto va a minimizar los costos de inversión y los tiempos de despliegue"
Entrevista con José Otero, director para América latina y el Caribe de 5G Americas
Entrevista con José Otero, director para América latina y el Caribe de 5G Americas C

Las promesas del 5G son atractivas. Para comenzar, la quinta generación de tecnologías de telefonía móvil permitirá alcanzar velocidades de 10 Gbps (gigabits por segundo), una cifra encantadora, si se considera que en nuestro país el 4G está en torno a los 12 Mbps (megabits por segundo), de acuerdo con un informe divulgado recientemente por OpenSignal. Además, 5G ofrecerá una mejora del 90% en el consumo energético y una latencia que pasa de los 100 milisegundos del 4G a solo 1 milisegundo. Eso sí, habrá que cultivar la paciencia. Si bien ya se realizaron pruebas y se espera que comience a estar disponible en el mundo hacia 2019 o 2020, el 5G no llegará a nuestro país antes de 2021.
"La base de lo que va a ser 5G es el LTE. Esto quiere decir que se reutilizará parte de la infraestructura. Esto va a minimizar costos de inversión y acelerará los tiempos de despliegue. Cada nueva generación tecnológica tarda menos tiempo en llegar a la región. A GSM le llevó seis años; 3G tardó cinco, y LTE, dos -explica José Otero, director de 5G Americas para América Latina y el Caribe-. Si no es para fines de este año, en algunos lugares del Caribe, el año que viene veremos varias redes. En la Argentina, tan pronto se decida cómo vamos a estar utilizando el espectro radioeléctrico, si hay licitaciones y asignación de más espectro, estarías allanando el camino para un despliegue más rápido".
-Ya estamos hablando de 5G, pero hay quienes dicen que debería mejorarse el acceso a 4G antes de prometer nuevos pasos. ¿Qué opina?
-Es lo mismo que se dice cada vez que va a salir una nueva generación móvil. Cuando hablábamos del 4G todo el mundo decía: "¡No anda bien el 3G y ya me están hablando del 4G!". Sin embargo, cuando se lanza el LTE en la Argentina, bastante atrasado en comparación con el resto de la región, la demanda y el perfil del usuario hicieron que este fuese prácticamente uno de los países del mundo con más rápida adopción de la tecnología. Llegó después de que más de la mitad de los países de la región hubiesen lanzado el 4G, y sin embargo a los 12/18 meses se había ubicado entre los tres primeros en adopción y a los dos años era el segundo en América Latina. Para que se dé el 5G necesitamos que se entregue más espectro radioeléctrico, lo que también sirve para reducir los niveles de congestión en los grandes centros urbanos, por ejemplo en el microcentro de la ciudad de Buenos Aires.
-¿Esto quiere decir que incluso los usuarios de 4G tendrán beneficios por la llegada de 5G?
-Sí. Además, el consumidor siempre va a decir que tiene una experiencia que no es tan positiva, pero cuando viene la nueva tecnología empieza a utilizar servicios que no utilizaba o no utilizaba tanto. Hace cinco años, en la Argentina no se usaba el teléfono para ver tantos videos como ahora.
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-¿Cuáles son, en términos prácticos, los beneficios que traerá el 5G al usuario?
-Cuando se oye hablar de la internet de las cosas, sobre la economía digital, la transformación digital, las ciudades inteligentes, etcétera, de lo que estamos hablando es de colocar millones de dispositivos para distintos servicios y efectos productivos más eficientes, ya sea de logística a minería, energía y otros. Aunque no tengas un beneficio a un corto plazo directo como consumidor (más allá de menor congestión y mayores velocidades), el hecho de que puedas viabilizar el incremento de dispositivos para monitoreo de flota, medición de servicios públicos, para viabilizar servicios de misión crítica, esos son beneficios que se obtienen de forma inmediata. Luego, con el tiempo, vas a tener beneficios como menor latencia, poder ver videos de 4K sin ningún problema, vas a poder utilizar servicios en tiempo real, y más. A corto plazo, permite implementar la internet de las cosas sin que la red colapse.
-¿Y cuáles serán en particular los beneficios para los usuarios en la Argentina?
-Si observas los números de la consultora Frost and Sullivan te dicen que a 2025, en América Latina, por cada línea móvil conectada a un ser humano vas a tener 3,5 o 4 líneas conectadas a dispositivos, y de esas vas a tener la mitad conectada por redes móviles. En la Argentina, según Carrier y Asociados, hay 40 millones de líneas móviles. Si la predicción es cierta, significa que para 2025 el mercado tendría otras 80 millones conectadas a distintas cosas. Con la red 5G podrías manejar el tráfico de estas 120 millones de conexiones sin problemas.
-La promesa suena bien, pero algunos especialistas opinan que si el 5G va a permitir conexiones entre más dispositivos, también se incrementarán las vulnerabilidades y los ataques informáticos.
-El estándar 5G viene ya con medidas de seguridad incorporadas. Pero, en todo caso, los ataques informáticos pueden suceder en cualquier tipo de conexión a internet de banda ancha. Es sabido que mientras evoluciona la seguridad, los atacantes también evolucionan. Ningún sistema que se conecte a internet es 100% seguro. Lo que pasa es que, a menos que seas un superexperto, va a ser muy difícil que puedas hackear el celular. Los usuarios se olvidan, pero hace 20 o 30 años si tenías un celular análogo era muy fácil hackearlo. Ahora es muchísimo más complejo. Es un batalla sin fin que involucra la encriptación de la red, del mismo dispositivo y las propias medidas de seguridad del dispositivo. Obviamente, también juega mucho el sentido común de las personas. Poner un código de acceso al teléfono, no abrir correos electrónicos que no reconocés, me refiero a que aquello que aplicás en el mundo fijo, aplicalo también en el mundo móvil. Pero es bueno decir que desde el desarrollo de la propia red 5G se establecen medidas de seguridad.
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-Y mientras esperamos la llegada del 5G, ¿cómo es el vínculo con los fabricantes para que haya un despliegue conjunto de los equipos compatibles y el arribo de la tecnología?
-La interoperabilidad viene de la mano del mismo estándar. Por eso se está tratando de que haya solamente un tipo que sea llamado 5G, para que haya mayores economías de escala, porque es la misma tecnología que se coloca mundialmente. Para evitar lo que ocurrió con el 3G, con el que había fragmentación, con el 5G se logrará que todo el planeta tenga la misma tecnología y mejores economías de escala, y al tener más gente utilizando la misma tecnología, tanto las redes como los dispositivos resultarán más accesibles. Para esto, todos los equipos de todos los fabricantes deben ser interoperables.

U. B.

HISTORIAS ÍNTIMAS



Inés, dedicada a su trabajo y al cuidado de su madre incapacitada, tenía el empleo ideal. Dominaba varios idiomas, especialmente inglés y francés, elegante, refinada y de una inteligencia aguda. En su cargo de secretaria de una importantísima multinacional estaba como pez en el agua.
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Luego de veinte años de desempeño, su prestigio no paró de crecer y fue designada para asistir de manera personal al CEO de la empresa. Creyó tocar el cielo con las manos, era el lugar soñado de cualquier secretaria ejecutiva y además su nuevo sueldo la liberaba de preocupaciones respecto del cuidado de su madre.
Pero pronto el sueño se convirtió en pesadilla.
Su jefe, católicamente casado y con cinco hijos, era un misógino machista, dueño y señor en las alturas de la torre vidriada en Puerto Madero. Disfrutaba maltratando a Inés. Primero, miradas despectivas; luego, comentarios sarcásticos, ironías burlonas, y ya al cabo de un mes, agresiones directas. Inés bajaba la mirada, contenía el aliento y corría a desahogarse al baño.
Pero estalló el día en que la echó del despacho con gritos destemplados y mirada feroz: ese fue su límite. ¿Cómo terminar con esa tortura si necesitaba el dinero y no podía renunciar ni protestar? "Tiene que haber algún modo", pensó.
Conocedora del mundo corporativo y sus personajes masculinos y basándose en las características del jefe, diseñó y estructuró un plan que puso en acción el viernes siguiente a última hora.
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Era el comienzo de la primavera, momento en que el atardecer tiñe de rosas y púrpuras el cielo porteño sobre el perfil de los edificios. Con el abrigo y la cartera en la mano fue al despacho del jefe. "Adelante", dijo este al oír el suave toc-toc. Abrió la puerta, pero no entró, apoyada en el vano, esperó a que la mirara y entonces, casi susurrando, pero con firmeza, dijo: "Señor, me retiro. Nos vemos el lunes. Pero antes de irme quiero decirle algo que ya no me puedo guardar, algo que usted debe saber. Su conducta hacia mí, sus ironías, gritos e insultos tienen un poderoso efecto en mí: me encienden sexualmente. Muchas veces debo correr al baño a desahogarme porque no me puedo aguantar y su recuerdo me quema en las entrañas. Es mi deber decírselo para agradecerle y que sepa cuánto bien me hace y cómo promueve mi placer más íntimo. Creo que me hace acordar a mi papá. Gracias y hasta el lunes". Cerró la puerta y se fue.
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Y ganó. El maltrato no pudo continuar. Como una eximia maestra de aikido, Inés volvió la fuerza del jefe contra él mismo. A partir de sus palabras insólitas, el macho sometedor que inferiorizaba y sometía a su presa vio atadas sus manos. El "excitante" maltrato cotidiano que generaba ese escenario de erotismo y desenfreno no podía continuar. "¡Vade retro Satanás!", gritaba la conciencia de este devoto feligrés de misa, hostia y confesión que contuvo a partir de entonces sus impulsos hostiles para así no contaminarse con semejante pecado y desenfreno sexual y mantener vigente su visa de ingreso al paraíso.

D. W.

LA LEGISLATURA INFORMA


"FLORES SIEMPRE ES BELLO" de Roberto D´Anna
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Periodista y editor, Roberto D'Anna nació y creció en Flores, y fiel a la necesidad de recrear su historia publicó tres libros sobre personajes, anécdotas y lugares clásicos del barrio donde nació el Papa y vivió un joven Perón.
Ubicado en el corazón de la Ciudad de Buenos Aires, el barrio de Flores ostenta la particularidad de haber sido fundado a partir de la construcción de la primera basílica, allá por 1806, y a su alrededor fue surgiendo el núcleo de pobladores, muchos de los cuales hacia fines de ese siglo llegaban huyendo de la epidemia de fiebre amarilla a lo que todavía era una zona casi campestre y alejada del centro.
Pero el barrio de Flores también tiene sus marcas distintivas no sólo por albergar buena parte de la cultura porteña y nacional. En sus calles correteaba de chico, y se ilusionaba con un futuro singular, un vecino llamado Jorge Bergoglio.
También fue el barrio que eligió para vivir una pareja de recién casados: el entonces coronel Juan Domingo Perón y su primera mujer, Aurelia Tizón, fallecida muy joven, y quien se crío y gastó los potreros y veredas de esas calles fue además el gran Alfredo Distéfano, gloria de River y del Real Madrid.
La mística sobre este barrio donde hoy viven unas 160 mil personas, inspiraron a al periodista e historiador Roberto D’Anna (casado con Laura, y padre de Lucía de 7 años) a investigar a fondo sobre cada rincón y cada aspecto de Flores, una ardua tarea que quedó plasmada en tres libros que abordan con distintas temáticas la historia de la “patria chica” del Papa Francisco, incluyendo anécdotas, personajes, imágenes casi desconocidas y mucha información sobre el tema.
Con una adolescencia alternando estudios entre el Derecho y el periodismo, Roberto asegura que “finalmente el deseo de escribir pudo más” y luego de hacer algunas pasantías en El Gráfico, Roberto inició su trayectoria en abril de 1992 en una editorial que producía revistas empresariales, “fue una experiencia que me dio una gran gimnasia en la actividad, pero en 1999 la editorial se fundió y ni siquiera nos pagaron indemnización”.
Fue entonces que alumbró su primer emprendimiento, el periódico Flores de Papel, con notas barriales, sobre personajes y actividades culturales. “Comenzamos como un boletín, pero fue creciendo con el aporte de colaboradores y vecinos, así llegamos a los 18 años, vamos por el número 220 y por mes editamos unos 20 mil ejemplares, que distribuimos gratuitamente en comercios, colegios y entidades varias”.
Además de su labor como editor de libros, Roberto D’Anna maneja varios sitios web con temáticas diferentes y se define además como un coleccionista serial, que aparte de libros, junta autitos viejos de colección, fotos, soldados de juguete, hasta varios triciclos viejos, y un afiche con Osvaldo Pugliese tocando en una sala de Flores.