miércoles, 30 de enero de 2019

REFLEXIONES

Lo que sucede actualmente en el juego de los trebejos bien puede ser una parábola de un futuro posible, en el que los fríos algoritmos finalmente le ganen la partida al talento humanoResultado de imagen para UNA VENTANA AL FUTURO: LA BELLEZA (ARTIFICIAL) DE AJEDREZ
Ante los nuevos desarrollos tecnológicos, la frase más oída es "esta vez es diferente". Es que la inteligencia artificial se mete con el bien humano más preciado, que es precisamente la inteligencia, aquello que presuntamente nos pertenece, nos distingue y nos hace humanos. La tecnología moderna dejó de mostrarse maquinalmente y usurpa cada vez más cualidades que creíamos propias.
Lo que sucede en el ajedrez es una parábola de un futuro posible. Hasta hace un par de décadas, la lucha era entre autómatas con fuerza bruta versus humanos intuitivos. En 1997 Gary Kasparov perdió por primera vez ante Deep Blue, una bestia computacional que procesaba 200 millones de jugadas por segundo, y aun cuando Kasparov tuvo un brote paranoico (sugirió que la máquina fue ayudada por expertos), se vislumbró unánimemente el inevitable triunfo de los fríos algoritmos por sobre el talento humano.
Pero Deep Blue tenía poco de inteligencia artificial. La automatización moderna no suma velocidad a una mecánica repetitiva, sino que elabora algoritmos que aprenden por su cuenta. El programa AlphaZero desarrollado por Deepmind, una empresa relacionada con Google, lo logró mejor que nadie. Partiendo de cero, se le proporcionaron las reglas básicas del ajedrez y se lo puso a jugar contra sí mismo para aprender la lógica del juego. El programa se transformó en el mejor jugador de la historia tras entrenar durante... 24 horas. Claro que durante ese lapso el programa jugó 44 millones de partidas, lo que una persona podría completar jugando sin parar un minuto y sin dormir en 160 años. Recientemente, AlphaZero jugó 1000 partidas contra Stockfish 9, sucesora de DeepBlue y campeona mundial más poderosa de la historia, y la humilló ganando 155 partidas y perdiendo apenas seis. A la pobre Stockfish le dieron ventaja en el reloj para ver si remontaba, pero aun con diez veces más de tiempo siguió perdiendo.
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"Una virtud sorprendente del algoritmo AlphaZero es que economiza análisis", explica el maestro internacional y profesor de ajedrez Fabián Fiorito. "Evalúa 60.000 posiciones por segundo, mucho menos que las 60 millones que estudia Stockfish. Es el primer rasgo potencialmente humano que encontramos en un programa".
Pero no es el único. Pese a ser un algoritmo, AlphaZero destila lo que los maestros consideran belleza ajedrecística, combinada con la solidez y consistencia necesaria para no fallar. "Hasta los años 60, jugadores como Mikhail Tal o David Bronstein practicaban un ajedrez estético, con jugadas geniales y sacrificios de piezas sorprendentes", dice Fiorito. "Pero el menottismo en el ajedrez se terminó y hoy los jugadores de elite no pueden darse ese lujo, porque a la larga terminan perdiendo", acota. AlphaZero logró revertir esto y juega entregando piezas para abrir líneas de juego, coordinar ataques o atar el juego del adversario. En una de sus partidas contra Stockfish 9, relegó 4 peones y la dejó en una posición en la que virtualmente no podía mover sus piezas, como si fuera un principiante.
Pese a cuidarse y no tirar más lujos, el sapiens ya no puede competir contra estos monstruos. El actual campeón mundial, Magnus Carlsen, tiene un rating ELO de 2800, que palidece ante los 3600 estimados de AlphaZero. Encima, la belleza del ajedrez humano empieza a sembrar dudas. Carlsen y Fabiano Caruana disputaron hace poco el campeonato mundial y las 12 partidas terminaron empatadas (terminó ganando Carlsen en un final a 5 partidas rápidas). Y contra todo pronóstico, fue la inteligencia artificial la que dibujó un Messi del ajedrez, que combina talento, efectividad y... belleza. Según el test de Turing, la prueba que una máquina debe superar para ser considerada humana es que así lo parezcan sus respuestas al establecer un diálogo con una persona real. En el caso de AlphaZero es inútil buscar rudeza o frío perfeccionismo en sus partidas, y solo se sospecha de su condición por su "excesiva" creatividad. Quizás ahora podamos responder la pregunta final del poema "Ajedrez", de Borges: "Dios mueve al jugador, y este, la pieza. ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza de polvo y tiempo y sueño y agonía?". Este metadios bien podría ser un algoritmo de autoaprendizaje.
¿Qué queda del ajedrez para los mortales? Varios analistas temen que el juego se vuelva tedioso y proponen cambios, como reducir el tiempo de las partidas, forzar desempates o cambiar el lugar inicial de las piezas. Fiorito discrepa: "No es cierto que el ajedrez se haya vuelto más aburrido, de hecho la cantidad de tablas viene decreciendo. La final del mundial fue una excepción, fueron demasiadas pocas partidas y no quisieron arriesgar". En su opinión, el acceso a entrenar con programas como AlphaZero podría revolucionar las estrategias. "Pese a la inteligencia artificial, hay cada vez más jugadores y el entusiasmo persiste", concluye. Lamentablemente, el programa aún no está disponible, aunque existe un proyecto de código abierto llamado LcZero que trata de replicar el éxito de AlphaZero y que ya está compitiendo con los mejores módulos del mundo.
Otra razón para que los humanos sigan buscando jaques mates son los presuntos beneficios intelectuales del juego. Y parece que Miguel de Unamuno, que dijo que "el ajedrez es un juego que desarrolla la inteligencia... para jugar al ajedrez", está en lo cierto. Un artículo de Giovanni Sala y Fernand Gobet evalúa la evidencia disponible y sugiere que el efecto del juego sobre las capacidades académicas y cognitivas es moderado, y que varios estudios contienen fallas de diseño.
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 Sin embargo, aun es posible que el ajedrez sirva para mejorar en algunos rubros específicos. Dos economistas, Christoph Bühren y Björn Frank, no perdieron la oportunidad de evaluar si los maestros de ajedrez podían entender la teoría de los juegos, y los hicieron jugar al "concurso de belleza": cada participante elige un número entre 0 y 100, luego se calcula el promedio de los valores elegidos y se divide por 2. Quien haya elegido un número similar a este resultado es el ganador. Si la lectora optó por el 25 se equivoca, pues asume que el resto elige valores al azar entre 0 y 100. ¿Pero qué pasa si todos eligen el 25? Habrá que elegir el 12. Pero si todos eligen el 12 debemos ir por el 6, y así sucesivamente hasta llegar a cero. Los autores muestran que los genios del ajedrez no eligieron mejor que el resto, todos se ubicaron lejos del valor "de equilibrio".
Pese a sus escasos beneficios cognitivos y a la irrupción de AlphaZero, el ajedrez sigue siendo uno de los juegos más entretenidos y desafiantes que se haya inventado. En El séptimo sello, Bergman proponía una dramática partida de ajedrez con la muerte, quien naturalmente triunfa. Difícilmente AlphaZero nos salve de tamaña sentencia, pero al menos parece traernos una nueva clase de belleza para pasar mejor el tiempo que nos toca vivir... frente a un tablero de 8x8.
PABLO MIRA (ECONOMISTA)

LOS ANTÁRTICOS


Encuentro con la singular cofradía de los "antárticos"
Se visitó a los investigadores del Instituto Antártico Argentino, una hermandad enamorada del continente blanco. En la imagen, Lucas Lugones, vicecomodoro de la Fuerza Aérea argentina, en la Base Carlini
Mientras se acerca con cautela, como una gran plataforma flotante, la imagen que vemos desde el puente de mando del Canal Beagle, el buque que nos lleva hasta la Base Carlini, capital de la investigación científica argentina en la Antártida, nos deja sin palabras.
Sobre el fondo en blanco y negro, y con el marco de la majestuosa pared del glaciar Fourcade, una masa de hielo de tonos inmaculados, facetada por los siglos y que se eleva decenas de metros por sobre la superficie del mar, se recortan algunos témpanos dispersos a lo lejos. Más allá, sobre la costa de la caleta Potter, se advierte un puñado de construcciones rojas de madera, entre las cuales hay tres con forma semiesférica que los habitantes circunstanciales de la base llaman "tomatitos". La escena hace pensar en un paisaje extraterrestre, una solitaria colonia espacial en un mundo lejano.
Llegar a la Antártida es una experiencia alucinante. Resulta difícil verbalizar la emoción que producen el territorio solitario, casi virgen de pisadas humanas, la inmensidad de roca, los hielos acerados y la espuma blanca que se extiende hasta donde llega la mirada. Las olas mudas, la naturaleza áspera, el silencio y la belleza metafísica.
Todo eso nos envolvió cuando, con los fotógrafos Emiliano  y Fernando desembarcamos en la Base Carlini para asomarnos a la tarea de los investigadores del Instituto Antártico Argentino, que trabajan en uno de los laboratorios más australes del planeta. En verano, durante los meses que dura la "campaña", se despiden de sus familias para estudiar la dinámica de los glaciares, tomarles el pulso a las comunidades de mamíferos marinos y aves, analizar las cadenas tróficas (la transferencia de alimento a través de las diferentes especies), identificar microorganismos de interés biotecnológico (por ejemplo, para su uso en biorremediación de vertidos contaminantes), y realizar estudios geológicos, oceánicos, atmosféricos y climáticos.
Protegidos por nuestros trajes de Goretek, guantes, gorras con orejeras y botas para sortear nevadas y temperaturas gélidas provistos por la Fuerza Aérea, durante algunos días formamos parte de esa hermandad de seres cautivados por este continente majestuoso, pero al mismo tiempo vulnerable.
Gracias a dos avezados comandantes de ese gigante de los cielos que es el Hércules, un turbohélice capaz de transportar 20 toneladas entre combustible y suministros, a dos horas y media de vuelo desde Rio Gallegos nos encontramos con este mundo misterioso, de gigantescas masas de hielo de miles de metros de espesor, barrido por vientos helados y donde se almacenan más de tres cuartas partes del agua dulce existente en la Tierra.
Estudios dados a conocer en estos días, sin embargo, sugieren que ésta podría ser una postal en vías de desaparición: glaciólogos de las universidades de California en Irvine y de Utrecht, en Holanda, y del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, descubrieron que la fusión de los hielos antárticos aumentó seis veces entre 1979 y 2017. Como consecuencia, los niveles globales del mar crecieron en ese tiempo más de 1,27 centímetros, una cifra aparentemente ínfima, pero que para los investigadores "es solo la punta del iceberg".
El último continente alcanzado por los seres humanos, carente de habitantes autóctonos, tiene una población formada casi exclusivamente por investigadores, técnicos y, en el caso de la Argentina (que mantiene 13 bases), por integrantes de las tres fuerzas armadas, que les brindan apoyo logístico y colaboran en sus estudios. Todos ellos comparten sus días con la fauna autóctona integrada por pingüinos, lobos y elefantes marinos, escúas (unas aves que profieren gritos y vuelan directamente hacia nuestras cabezas para proteger a sus pichones), diminutos petreles que, con apenas 50 o 60 gramos, increíblemente vuelan desde el sur de Francia para reproducirse en estos parajes, y todo un complejo y rico tesoro de biodiversidad adaptado a las bajas temperaturas.
Los "antárticos", modernos exploradores de los confines de la Tierra, son una cofradía dotada de un espíritu singular. No dudan en abandonar sus casas y sus familias, y soportar los rigores de este clima extremo durante meses y, en ocasiones, durante todo un año. Los que se animan a esta proeza son conocidos como "invernantes". Deben atravesar los días oscuros del invierno (y fantásticas tormentas de nieve y hielo). Un grupo de variadas capacidades que no supera los 20 individuos, se encarga de mantener todos los equipos de la base en funcionamiento, se ocupan de los experimentos que quedan en marcha y preparan todo para la llegada del nuevo contingente en diciembre. Es como quedar aislados en otro planeta, sin paseos de compras, ni "salidas sociales", y sin otra compañía que sus tareas cotidianas y alguna que otra comunicación por teléfono, radio o Internet. Además, sin vuelos ni barcos que les permitan trasladarse al continente hasta el siguiente verano. Por eso, una condición sine qua non para participar de esta aventura es someterse a un detallado examen médico y. carecer de apéndice.
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Es imposible no enamorarse del agua y el aire prístinos, de los caminos montañosos y las playas de arenas plomizas de estos territorios fascinantes. Veterana de las campañas antárticas, Liliana Quartino, coordinadora de la colaboración argentino-alemana en el Laboratorio Dallman de la Base Carlini, confiesa que, a pesar de saber que regresa a su marido e hijos después de meses de distanciamiento, siempre le cuesta dejar la Antártida. "Este lugar tiene 'algo', un imán que nos hace volver", afirma.
Aunque solo fuera por el deslumbramiento que provocan sus tesoros naturales y sus soledades inabarcables en un planeta crecientemente urbano, valdría la pena preservar la Antártida. Pero hoy se sabe que este imperativo excede en mucho el impulso romántico y el asombro que atrae a los turistas. De múltiples formas, el futuro de todos nosotros está atado al de este continente maravilloso atisbado por primera vez en 1603 por el español Gabriel de Castilla cuando su barco se desvió por una tormenta.
N. B. 

FEBRERO EN EL TASSO


Torquato Tasso
Febrero en el Tasso!
Rodolfo Mederos Trio, Viernes 1!
La imagen puede contener: 3 personas, personas sonriendo, texto
Miguel Angel Estrella y Graciela Dufau, Viernes 8!
Amelita Baltar, Viernes 22!
Reservas 4307-6506
www.torquatotasso.com.ar

MUSEO HISTÓRICO CORNELIO SAAVEDRA


Un viaje al pasado en el Museo Saavedra
El Museo Histórico Cornelio Saavedra no podría estar más en el límite de la ciudad de Buenos Aires. Como si fuera un mojón, de esos que delimitan territorios, en él convergen dos jurisdicciones -la porteña y la bonaerense- y cuatro barrios: del lado porteño, Villa Urquiza y Villa Pueyrredón, y cruzando la avenida General Paz, que lo bordea, los barrios de Villa Martelli y Villa Maipú.
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Su carácter de "histórico" tiene una doble connotación para mí. La vieja casona que lo alberga, su jardín y el parque que los contiene han formado parte de mi propia historia desde que era muy pequeña. Por eso, el aroma a eucalipto que emana de los árboles de lo que alguna vez fue "la chacra chica" de Luis María Saavedra, sobrino de don Cornelio, es un aroma familiar, de esos que, en un instante, nos llevan de paseo por nuestro pasado.
Me dirijo al interior del museo por segunda vez en mi vida. La primera fue hace mucho tiempo. Yo era más pequeña que Guadalupe, la menor de mis hijos, de siete años, que me acompaña en esta nueva recorrida. De la primera vez recuerdo lo más importante, que iba con mi padre, durante una de sus visitas de domingo, en ese breve lapso que transcurrió entre que él se separó de mi madre y que lo perdí para siempre. Después, algunas imágenes borrosas: figuras de maniquíes con ropa de época en salas silenciosas e iluminadas apenas por una tenue luz que llegaba desde afuera, y algunos juegos de la calesita de techo de paja que funcionaba a pocos metros del museo y que, tras varias décadas de abandono en las que sirvió, incluso, de hogar de gente sin techo, fue reacondicionada y reinaugurada diez años atrás.
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El entorno del museo también tuvo sus vaivenes en todos estos años, pero hace tiempo luce revitalizado. La fuente de mármol de su jardín, una obra del siglo XIX llamada La caza del delfín reluce impecable, y los peces y patos del estanque, a los que alimentábamos con mis hijos mayores, ya no se ven.
La casona que alberga el museo fue "la chacra chica" de Luis María Saavedra, sobrino de don Cornelio
Tras pagar 5 pesos en concepto de entrada ("solo abonan los mayores", me aclara el empleado), nos disponemos a hacer una visita guiada junto con Fernanda Vilar, una historiadora que trabaja en el museo desde hace doce años. Al momento en que se inicia la recorrida, mi hija y yo somos las únicas espectadoras. Abre el recorrido una exquisita colección de platería, distribuida en diferentes vitrinas, que fue propiedad de Ricardo Zemborain, el coleccionista que legó a la ciudad la mayor parte de todo el patrimonio del museo, hoy compuesto por algo más de 23.000 objetos, procedentes de diferentes donaciones. La colección Zemborain dio inicio a lo que fue el primer museo de la ciudad que, tras recorrer diferentes edificios, encontró sede definitiva aquí.
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La sala en la que estamos se llama, justamente, Ricardo Zemborain, y hace foco en algunos de los objetos de plata legados por el coleccionista. En ella se pueden apreciar teteras, soperas, cucharones, candelabros y una extensa colección de mates. Entre ellos, se destaca un cofre plateado y labrado, bellísimo, que con mi hija suponemos un joyero pero que es, en realidad. una yerbera.
Lo que sigue es una gran sala que recrea dos ambientaciones de un salón porteño de la primera y segunda mitad del siglo XIX. Casi como el juego de las diferencias, es una invitación a descubrir cómo fueron evolucionando los usos y costumbres en materia de decoración y ambientación a medida que la importación de bienes europeos se convirtió en una práctica frecuente en la alta sociedad porteña. De todos los objetos allí expuestos, llaman la atención un arpa con pedales y un sillón reclinable de cuero negro, con un mecanismo que se adivina muy moderno para la época, y que habría pertenecido al mismísimo José de San Martín, durante los últimos años de su vida.
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De allí pasamos a un espacio pequeño, cargado de retazos de momentos fundacionales de nuestra historia, ya sea porque fueron testigos mudos de esos eventos o porque pertenecieron a personajes igual de célebres: la llave del fuerte de Buenos Aires; un botón de la chaqueta que vestía el general Santiago Liniers al momento de ser fusilado; el tarjetero y la fosforera de Martín de Álzaga; una proclama original y manuscrita de la Semana de Mayo, o un escrito de puño y letra del mismísimo Juan de Garay en que vende un solar, por nombrar apenas algunos de ellos.
El recorrido continúa a través de una enorme sala que evoca el período gobernado por Juan Manuel de Rosas. Se destaca una enorme pintura sobre arpillera de 1840 que, en aquel entonces, se exhibió en la iglesia de San Miguel: allí se ve a Rosas derrotando serpientes con una lanza, y la leyenda "el exterminador de la anarquía". El valor que en aquel período se le otorgó a lo iconográfico queda evidenciado por la variedad de objetos exhibidos con la imagen de quien fuera, en palabras de Tulio Halperin Donghi, "el Restaurador de las Leyes": guantes, platos, jarrones, cobertores de cigarreras y hasta piedras, además de las clásicas cintas coloradas, llamadas divisas, que, por entonces, era obligatorio portar a fin de demostrar apoyo.
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El salón comunica con otro más pequeño. El él, me detengo en el juego de sillones que se exhibe, no solo porque pertenecieron a Mariquita Sánchez de Thompson, sino también porque descubro que sus detalles de nácar recrean diferentes paisajes. Mi hija, en cambio, queda fascinada por los objetos que se exhiben en sus vitrinas: enormes peinetones, abanicos de plumas, uno con espejo -para mirar con disimulo a los muchachos, me cuenta Vilar?, y otro decorado con los colores patrios y la letra del Himno Nacional Argentino. Completan la exhibición valiosas piezas de joyería según los usos de la época, como es el caso de un brazalete confeccionado con cabello humano.
Casi no puedo detenerme en la sala que sigue, que exhibe las obras de la pintora Leonie Matthis, dedicadas a la construcción de la Plaza de Mayo, porque mi hija me tironea del brazo y me lleva al espacio siguiente. "¿Son estos los maniquíes, mamá?", me pregunta, señalando unas figuras vestidas con ropas masculinas y femeninas, en una sala que recrea algo de la indumentaria y de los elementos de la vida cotidiana de hombres y mujeres. Fuerzo al máximo la memoria. Me encantaría poder decirle que sí, revisitar de su mano ese territorio tan solitario que son los recuerdos, pero nada de lo que allí veo conecta con mi pasado.
Un sector de la sala que exhibe indumentaria elementos de la vida cotidiana de las mujeres en el siglo XIX
La confirmación vendría unos minutos después, luego de atravesar las salas de numismática, de armas y, como cierre, una exhibición de elementos campestres, que fue donada por Carlos Keen. Según explican algunos empleados y la propia Vilar, la muestra permanente ha ido variando con el paso de las décadas. La actual hace especial hincapié en los objetos, a diferencia de criterios anteriores, en los que la vestimenta masculina y femenina había tenido mayor presencia entre el mobiliario y demás elementos.
Durante las dos horas que estuvimos paseando por el museo y sus exteriores, ingresaron apenas seis personas más. Se lo marco a mi guía, con preocupación, pero Vilar sostiene que el Saavedra dista mucho de ser un museo sin visitantes. "Durante el año escolar nos visitan muchos estudiantes", y agrega que la propuesta del lugar, dependiente del Ministerio de Cultura de la Ciudad, se completa con obras teatrales y actividades para niños durante las vacaciones.
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En la página web de la institución se informa que "el Museo Saavedra intenta reflexionar sobre lo que muestran y ocultan sus colecciones, así como las posibles y distintas lecturas que ellas admiten". ¿Será que un museo es, a la vez, infinitos museos, uno por cada visitante? ¿Que las historias que cuentan sus objetos admiten ser enhebradas con las vivencias personales de cada uno de nosotros? De ser así, entonces, mi museo es un apacible viaje por la historia de nuestro país a través de sus salas, pero también es esta hermosa tarde junto a mi pequeña, los patos que ya no están, algunos maniquíes, y hasta el recuerdo de aquella niña que hace muchos años y sin saberlo, dio aquí uno de los últimos paseos de su vida en compañía de su padre.
L. O. 

HOMENAJE AL GRAN MÚSICO MICHEL LEGRAND


Murió el prolífico compositor francés Michel Legrand, ganador de tres premios Oscar Tenía 86 años. Falleció en París, su ciudad natal. A lo largo de una carrera que se prolongó por más de medio siglo, fue el responsable de la música de más de 200 películas, pero también un destacado pianista de jazz y director de orquesta
26 de enero de 2019
Michel Legrand
El pianista Michel Legrand murió en la madrugada de este sábado en París, la misma cuidad que lo vio nacer el 24 de febrero de 1932, y también consagrarse como compositor, director de orquestas sinfónicas y también cantante, entre otras facetas que exploró a lo largo de una trayectoria artística prolífica.
Sin embargo fue en Los Ángeles, desde la pantalla grande, donde alcanzó la popularidad: este alumno destacado del Conservatorio de Música de París (estudió allí desde los 10 años hasta la mayoría de edad), formado por la mítica Nadia Boulanger (la definía como magnífica y exigente a la vez), terminó creando las melodías de infinidad de películas. Y se alzó con tres Oscar: uno por mejor canción original, con "The Windmills of Your Mind", del filme The Thomas Crown Affair (1968), y los otros dos como mejor banda sonora, con Verano del 42 (1971) y Yentl (con Barbra Streisand, 1983).
En sus comienzos, ya concluidos sus estudios en el conservatorio, desdobló sus inquietudes musicales porque creyó entender (y el tiempo le dio la razón) que podía hacer todo a la vez. O mejor dicho, a su tiempo: desde ser pianista de jazz (hacia allí lo llevó el trompetista Dizzy Gillespie, y triunfó con el disco I Love Paris, en 1954) a crear piezas de música clásica, pero también componer para el séptimo arte. Y así como se encargaba de los arreglos de Maurice Chevalier, Jacques Brel y Édith Piaf, entre otros, un Michel de poco más de 20 años comenzó a incursionar en el cine francés (dicen que sus canciones lograban elevar algunos filmes que, de otro modo, hubieran resultado fallidos).
Catherine Deneuve en "Los paraguas de Cherburgo"




Su sobresaliente asociación con el cineasta Jacques Demy (referente de la Nouvelle vague) alcanzó su punto máximo en 1963, cuando una joven artista francesa llamada Catherine Deneuve le puso su voz a las canciones de Los paraguas de Cherburgo, un clásico del cine europeo. También con Demy trabajó en Las señoritas de Rochefort (1965).
Ya consagrado, en 1966 Legrand cruza el Océano para instalarse en los Estados Unidos: llega a Hollywood gracias al compositor de cine Henry Mancini, quien le permite escribir la música de El Caso de Thomas Crown. Puede que "Los molinos de tu mente" no sea el nombre más atractivo para una canción, pero su melodía es infalible. Y -lo dicho- su debut en la gran industria le valió su primera estatuilla de la Academia de Hollywood.
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Entre Verano del 42 (su segundo Oscar, del director Robert Mulligan) y Yentl (el tercero, con Barbra Streisand), Michel trabajó con Orson Welles para Fraude (1973), con Richard Lesteren Los tres mosqueteros (del mismo año) y con Louis Malle para Atlantic City (1979). La enumeración aleatoria debe detenerse aquí porque la genialidad interminable del francés (con cinco Grammy y 27 nominaciones) lo llevó a firmar más de 200 bandas sonoras. La última: Prêt-à-porter, con Robert Altman (1994).
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Fue un músico de límites difusos que se burlaba de los géneros. También incursionó en la ópera y la chanson, y en series televisivas infantiles (Érase una vez… el espacio, de 1981, y Érase una vez… la vida, de 1986). Y las canciones, las películas, los años, las décadas… El tiempo fue pasando, su música permaneció. Y Legrand también: se mantuvo activo casi hasta el final.

¡¡ CUÁNTA VERDAD !!!! ALFREDO LEUCO Y LA BRONCA,




CRISTINA ES MADURO
Por Alfredo Leuco

Hoy está más claro que nunca: Cristina es Maduro. O Maduro es Cristina, como usted prefiera. Después de las elecciones, nadie podrá alegar que fue engañado por los chupamedias de Cristina que dicen que ella cambió, que ahora es dialoguista y republicana.
Juan Grabois llegó a decir que Cristina maduró. Le pifió por un acento. Cristina no maduró, Cristina es Maduro. Por más que se disfrace de cordero patagónico, sigue siendo un lobo feroz. O mejor dicho, una loba feroz. Quiso instalar el chavismo en Argentina y la mayoría de los ciudadanos se lo impidió con sus votos.
Pero Cristina no se rinde. Quiere volver por todo. Para reformar la Constitución y colonizar definitivamente a la justicia, para expropiar los medios de comunicación y para gobernar con mano dura y autoritarismo. Eso es chavismo kirchnerista. Por eso le digo que Cristina es Maduro. Y a las pruebas me remito.
El bloque de diputados que responde a Cristina emitió un comunicado de respaldo al dictador Nicolás Maduro y denunció que está en marcha un golpe de estado impulsado por el imperialismo norteamericano. Andrés Larroque (a) “El Cuervo” el comandante de La Cámpora dijo lo mismo con todas las letras. Esa postura dejó absolutamente aislado al cristinismo.
Solamente fue compartida por la izquierda radicalizada que, con viento a favor, suele sacar alrededor del 4 % de los votos en las elecciones nacionales. El resto de los sectores políticos, incluido el peronismo federal de Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey y Miguel Ángel Pichetto fueron muy explícitos en repudiar la ilegalidad represiva de la tiranía chavista.
Cristina es Maduro porque sólo Cristina y su tropa, apoyó a Maduro. Los K quedaron del lado de los países más jurásicos y autoritarios de la región como la Nicaragua de Daniel Ortega y la Cuba de los Castro, más allá de la muerte de Fidel y por gobiernos muy cuestionados por la mano dura con la disidencia y la falta de libertades individuales como Rusia y China.
A la hora de la verdad, cuando hay que elegir, Cristina mostró su verdadero pensamiento: quedó del lado de la violación a los derechos humanos con presos políticos, de la censura feroz a los medios de comunicación, de la miseria con ausencia de comida y medicamentos, inflación estratosférica, corrupción descontrolada y del lado de una dictadura militar y narco que sostiene a un títere que está tan podrido que se cae de Maduro.
Cristina es Maduro porque Luis D’Elía salió con los tapones de punta a aplaudir a Maduro. Le recuerdo que en su momento le recomendó que fusilara a los opositores. Que no cometiera el mismo error que cometió Perón en su momento cuando fue derrocado por la Revolución Libertadora.
Hay que tener odio en las venas para pedir fusilamientos de los que piensan distinto. De todos modos, Maduro le está haciendo caso porque ayer nomás hubo 14 muertos en las calles. Y porque la suma de muertos por la represión y los grupos de choque para policiales que reportan al régimen es estremecedora.
La Conferencia Episcopal de Venezuela, a contramano del silencio del Papa Francisco, denunció que Maduro “busca perpetuarse en su mandato en forma ilegítima, ilegal e inmoral”.
Las parroquias registran la pobreza extrema que se transformó en hambruna y tragedia humanitaria y de una fachada de economía que este año va a tener una inflación del 1.700.000 % y que según el FMI va a trepar a 10.000.000 % en este año. Si escuchó bien.
El chavismo dejó al país sin moneda y un sueldo alcanza para comprar apenas una gaseosa y un pedazo de pan. Una tiranía feroz en nombre de los pobres y de la revolución bolivariana. En lugar de combatir la pobreza, combatieron a los pobres que escapan como pueden de Venezuela.
Ya hay 3 millones de venezolanos que huyeron y las Naciones Unidas estiman que durante este año esa cifra escalofriante va a escalar a 5 millones 400 mil personas que se van a exiliar y refugiar en otros países.
¿Escuchó estas cifras? Miles y miles de venezolanos están luchando en la calle para restablecer la democracia plena y este año va a llegar casi 5 millones y medio de ciudadanos que se escaparon de ese drama social y político.
Y los Kirchner y los representantes de la degradación del marxismo que gobierna Nicaragua y Cuba insisten con que es Donald Trump y el imperio el que impulsa a Juan Guaidó como presidente.
¿Y a los millones de personas en las calles, y a los millones de personas que se van de su tierra, quien los manipula? ¿Pelean en las calles o se van del país por orden de Trump o porque ya no aguantan más al peor gobierno de la historia venezolana?
Hay que ver las calles de Caracas patrulladas por tanques y camiones. Igual que el modelo cubano que lo inspira. De hecho, hay muchísimos militares presos y torturados por oponerse a Maduro y las Fuerzas Armadas están sembradas de oficiales de inteligencia cubanos.
Hoy ya fallecieron pero está claro históricamente que Hugo Chávez fue el heredero de Fidel Castro. Y Cristina apoya eso. Y quiere volver a ser presidenta para reflejarse en esos espejos. Por eso le digo que Cristina es Maduro.
Maduro tiene el apoyo de Irán y también de Diego Maradona que en su momento le regaló un reloj valuado en 60 mil dólares. Hoy Diego, dice que “los traidores y el imperialismo quieren gobernar Venezuela”.
De hecho cuando los K estuvieron en el poder, las relaciones carnales que establecieron con Venezuela fueron muy intensas y por supuesto, sazonadas con negociados sucios y delictivos de todo tipo. Es un régimen típico del pasado estalinista, donde está prohibido pensar distinto. O mejor dicho, está prohibido pensar.
Es bueno que los argentinos nos miremos en el resultado de Venezuela porque hacia allí nos quisieron llevar e insisto, aún nos quiere llevar Cristina y su banda de ladrones. Nunca vamos a olvidar lo que el chavismo y el kirchnerismo hicieron para estafar a ambos pueblos.
Préstamos de dinero a tasas del 15 % que nos perjudicaron muchísimo. Bicicletas con el dólar en el mercado negro. La valija de dólares sucios de Antonini Wilson que llegó para la campaña de Cristina. Los negociados de Julio de Vido con el tema petrolero y los barcos que nadie sabe cuántos fueron ni cuánto nos costaron.
Y las coimas que hubo que pagar con la maquinaria agrícola. ¿Se acuerda de la embajada paralela de los negocios y negociados? La encabezó Claudio Uberti hoy arrepentido y que en su momento fue eyectado del gobierno porque había dejado los dedos pegados por todos lados y porque lo primero que hizo cuando llegó en el avión con Antonini fue llamar a Néstor Kirchner.
Néstor Kirchner y Hugo Chávez quisieron quedar en la historia como San Martín y Bolívar, los proceres de la Patria Grande. Pero a medida que se conoce información más detallada de las corrupciones colosales que Néstor y Chávez cometieron, van rumbo a convertirse en el Gordo Valor y La Garza Sosa, los ladrones de la Plata Grande.
Los presuntos libertadores de América en realidad se hicieron millonarios, como los estafadores de América, porque se quedaron con mucho dinero de los argentinos y venezolanos más pobres.
Uberti confesó ante la justicia que en una operación trucha realizada con bonos de la deuda argentina en 2007, Néstor y Chávez se quedaron con 25 millones de dólares cada uno. Y que la parte del presidente argentino llegó al país en billetes verdes en aviones especialmente fletados.
Y como si esto fuera poco, entre el chavismo y el kirchnerismo construyeron un puente de plata (en el más amplio sentido de la palabra plata) con Irán. Los matones del chavismo acostumbran a entrar al Congreso a palazos limpios contra los diputados opositores y con capuchas para cubrir sus rostros.
Llenaron de sangre y vergüenza el recinto sagrado donde se votan las leyes. Millones de venezolanos esparcidos por el mundo denuncian el asesinato de la libertad, la república y la justicia en su país. La rebeldía pacífica siempre es sana. Nadie debería rendirse frente a un ejército opresor interno. Hay que ponerse de pié y no dejarse arrodillar por los autoritarios.
Para construir un país para todos. Para repudiar a los salvajes antidemocráticos y ladrones. Tanto en Venezuela como en Argentina. Para vivir en paz. Para la libertad… Para que no haya más ningún Maduro. Para que Cristina lo sepa.

CONOCÉ A FLORAL ZU...UNA ARTISTA CON PERSONALIDAD


La vuelta al mundo en bicicleta de una fotógrafa y diseñadora argentina Floral Zú tomó más de diez mil fotos en siete años; para su primer fotolibro, debió elegir 240 imágenes
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Diseñadora gráfica, docente en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, fotógrafa y ciclista, Floral Zú (1972) unió sus aptitudes para la realización de un fotolibro y una muestra itinerante. Ambos proyectos recogen imágenes de los viajes en bicicleta que hizo por varias ciudades y localidades del país y el exterior. Con ese medio de transporte y recreación como hilo conductor de vivencias, sueños y percepciones, Bicicletas en fococondensa en un solo emblema las metáforas del movimiento constante, la libertad y el cuidado del ambiente. Varios artistas, comoRenata Schussheim, Ai Weiwei yDavid Byrne, encontraron en la bicicleta motivo de inspiración.
La exposición fotográfica ya se presentó en el Complejo Cultural Viejo Mercado de la ciudad de Rafaela y, fiel al espíritu viajero de la artista, visitará otras ciudades de la Argentina.
Hasta el 11 de febrero, con entrada libre y gratuita, se la podrá ver y disfrutar en el espacio teatral Cuatro Elementos (Alberti 2746), en la ciudad de Mar del Plata. Aquellos interesados en conocer el trabajo de la artista que no se encuentren en la costa atlántica pueden conseguir el libro de Zú, que reúne 240 imágenes en 176 páginas. La próxima estación de la muestra será en la localidad de Calafate.
Floral Zú es docente, fotógrafa y ciclista
"Todo es parte del mismo proyecto, que cobra vida en diferentes formatos, pero la esencia es la misma. El libro y la exposición se fueron conformando en simultáneo", cuenta Zú . "Mientras que en la exposición la experiencia es vívida, porque las fotos en gran tamaño causan un impacto especial y otorgan al espectador la sensación de meterse más de lleno en la escena, el libro propone otro tipo de recorrido: el propio movimiento de girar las paginas y en continuo ver fotografía tras fotografía. Es casi un viaje en cámara rápida, aunque con la posibilidad de poner pausa, y con el agregado tan especial que tienen los libros, del disfrute solitario y privado que alienta los viajes mentales a cada sitio de cada imagen". 
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La fotógrafa y ciclista paseó por varias ciudades extranjeras en bicicleta. Sobre dos ruedas, conoció Berlín, París, Nueva York, Viena, Gante, Tokio, Montevideo, Santiago de Chile, Dublín y Londres. También exploró localidades de provincias argentinas y, desde ya, la ciudad de Buenos Aires, donde vive y trabaja. Zú usa la bicicleta todos los días para trasladarse y, cuando viaja, lleva una plegable en su valija. "Así recorro toda ciudad a la que llegue del mismo modo en que recorro mi propia ciudad: pedaleando".
"Buenos Aires tiene una gran red de ciclovías que pocas ciudades tienen -dice la artista-. Veo este cambio y avance en los últimos años como algo muy positivo. Lo negativo es que en general en el tránsito porteño hay poco respeto por las normas en general, tanto de parte de automovilistas como de peatones y los propios ciclistas". Según datos de la Secretaría de Transporte de la ciudad de Buenos Aires, ya hay 300.000 usuarios del Sistema Ecobici que impulsa el gobierno porteño
Un ciclista encapuchado en Times Square, Nueva York
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Desde hace cuatro años, Zú tomó la decisión de abrir su colección de fotos y compartir imágenes en redes sociales. "Fue la mejor decisión -afirma-. La respuesta fue y es increíble; casi a diario subo imágenes tanto a Instagram como a Facebook, y es emocionante recibir el feedback de personas que desde muy lejanas geografías se conectan a través de mis propuestas visuales, donde la bicicleta es una excusa para hablar de casi todo: la emoción de un viaje exótico, la tristeza de un día gris, el juego inocente o la nostalgia irremediable y honda". A través de Floral Zu Photo (su página de Facebook) y la cuenta de Instagram @floral_zu_photo, casi 40.000 personas siguen su trabajo.
"Recibo mensajes desde toda la Argentina, pero también me han llegado emotivos mensajes desde países de América Latina", dice.Poco después del terremoto en Ciudad de México en 2017, Zú se encontró con este escrito de uno de los seguidores de su trabajo: "En momentos de pesadez como los que atraviesa el país, donde todo se derrumba literal y metafóricamente, ver tus imágenes es lo único que me da un poco de calma y paz al alma".
París a través de la bicicleta 
Del pedaleo a la foto y de la foto al libro
Su fotolibro responde a la creciente modalidad de la autoedición. "Trabajo en el diseño gráfico hace ya treinta años, es mi profesión, y aunque no me he dedicado al diseño editorial en mi carrera profesional, estoy estrechamente vinculada a todo lo concerniente a la gráfica, así que opté por desarrollarlo de modo independiente y autogestivo, sin condicionantes", explica. Y agrega que seleccionar las fotos del libro fue una tarea ardua. "Estoy segura de que revolví entre más de diez mil fotos, y día a día se suman más imágenes. Las que quedaron afuera las incluiré en un próximo volumen", promete.
"Con los universos visuales que propongo, siento que hablo desde un lugar interno, y desde ese mismo lugar la gente se conecta -sostiene-. No trato de transmitir mensajes que cambien al mundo, sino que mi propuesta y mi intención es mostrar el mundo como quiero que sea, como me gusta verlo. Encontrar lo fantástico en lo cotidiano, en el paisaje diario, así como hacer de cualquier viaje, un viaje, aparte de geográfico, de sensaciones, hacerlas visibles a través de tonalidades y climas".
Escena cotidiana con un personaje gatuno
Docente en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA (en la carrera de Diseño Gráfico) hace veinte años, la fotógrafa ciclista afirma que enseñar es maravilloso. "No solo digo lo obvio, que enseñando se aprende, sino también que me da placer poder transmitir todos los conocimientos que fui adquiriendo en mi práctica profesional y en mi formación visual a jóvenes que recién arrancan su camino. Básicamente me gusta y disfruto hablar de lo que es mi propia pasión: transmitir a través del lenguaje visual las herramientas de los comunicadores visuales".Bicicletas en foco materializa, en parte, las consignas que guían su tarea pedagógica.
"Amo todo lo que las bicicletas representan: simpleza, economía de recursos, nobleza, diversión, movimiento, equilibrio. Es por ello que mi lente se posa sobre ellas buscando siempre retratarlas. Pero por sobre todas las cosas, andar en bicicleta me hace sentir feliz, por eso, donde sea que veo una, intuyo que la felicidad está cerca", escribe Zú en uno de los textos que acompañan las imágenes de su primer fotolibro.
Atardecer sobre el Muelle de las Hierbas, en Gante, Bélgica (autorretrato) 
Hasta que la muestra llegue a Buenos Aires se puede viajar, entonces, por medio de las imágenes que una argentina tomó sobre dos ruedas durante varios años y que, además de reunir en un libro, comparte cotidianamente en redes sociales. 
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Información útil
La muestra Bicicletas en foco se expone en el espacio teatral Cuatro Elementos (Alberti 2746), en la ciudad de Mar del Plata, hasta el 11 de febrero, todos los días de 10 a 20. Entrada libre y gratuita.
Portada del fotolibro de Floral Zú 
El libro Bicicletas en foco está disponible en librerías especializadas y también por compra directa enwww.floralzu.com