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viernes, 1 de febrero de 2019
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jueves, 31 de enero de 2019
INVASIONES INGLESAS RECORRIDO
Habrá un “paseo” sobre las invasiones inglesas en la Ciudad
Una ley establece que expertos deberán señalizar al menos 13 lugares donde ocurrieron hechos clave en 1806 y 1807
Quedaron testimonios materiales. Por ejemplo, sobre la torre izquierda de la Basílica Nuestra Señora del Rosario, en el barrio porteño de Monserrat, se ven las marcas de cañonazos de combates de la segunda invasión inglesa, en 1807. Pero algunos espacios deberán ser evocados, entre ellos, el fuerte de la Ciudad, que estaba donde hoy se encuentra la Casa Rosada.
De un modo u otro, las invasiones inglesas (1806 y 1807) serán eje de un nuevo "Paseo" en la Ciudad . "Un circuito histórico-cultural que tendrá por objeto conmemorar las jornadas de lucha, y referenciarlas en el actual entramado urbano", según establece una reciente ley porteña. Y en el artículo 2 agrega que se identificarán, "a través de la señalética que (se) considere adecuada, los puntos de referencia que conformarán" el itinerario.
Algunos hitos del circuito


Casa del virrey Liniers. En Venezuela 469, conserva parte de la arquitectura colonial.


Plaza Miserere. Allí acampó Liniers. Está en el corazón trajinado de Balvanera

En Monserrat, pleno Casco Histórico porteño, quedan huellas variadas de la época colonial y de las invasiones inglesas. Los dominicos llegaron en 1606 pero la construcción de la iglesia Nuestra Señora del Rosario, de estilo neorrenacentista, comenzó en 1751. Junto con el Convento de Santo Domingo (1805), la actual Basílica fue escenario central en las invasiones. En 1807, se atrincheraron británicos y se libró el Combate de Santo Domingo. De hecho, en la torre de la derecha -la de la izquierda fue realizada después- quedaron marcados los cañonazos. En el frente, se impone en Mausoleo de Manuel Belgrano (1903). Adentro, donde reina el barroco, hay banderas de fuerzas militares inglesas.

El Cabildo. "Desde cuyos arcos Santiago de Liniers dirigió la última batalla antes de la rendición inglesa", según la ley.
La lista de "lugares de interés" que especifica la ley incluye otros espacios y deja abierta la puerta para que expertos, que deberán ser convocados por el Ministerio de Cultura porteño, sumen "hitos" al Paseo. Sí figuran el Coliseo Provisional, un teatro donde el virrey Rafael de Sobremonte recibió la noticia de la primera invasión inglesa el 24 de junio de 1806, que estaba en la actual esquina de Reconquista y Perón. También, el trayecto por las calles Defensa, Reconquista, San Martín y Florida, por el cual las tropas al mando de Santiago de Liniers llegaron al Fuerte de la Ciudad de Buenos Aires el 12 de agosto de 1806. Y el cuartel provisional del Regimiento de Patricios, creado el 15 de septiembre de 1806, en la Manzana de Las Luces.
Además, subraya el "Sitio de la Ranchería, que sirvió de asiento al Regimiento 71° de las Tierras Altas de Escocia, ubicado en la intersección de Alsina y Perú"; la Iglesia la Merced, desde cuyo atrio Santiago de Liniers comandó la recuperación del fuerte, el 12 de agosto de 1806, en Reconquista y Perón, y Plaza Miserere, donde acampó Santiago de Liniers en oportunidad de la primera invasión y el 2 de julio de 1807 se libró la batalla de los Corrales de Miserere, en la que las fuerzas bajo su mando fueron derrotadas.
"Se trata de una ley que se sancionó en diciembre. Aún no está reglamentada. Pero se está estudiando la mejor forma de implementarla, a fin de que dialogue con el paisaje urbano", Informaron desde la Dirección General de Patrimonio, Museos y Casco Histórico del Ministerio de Cultura de la Ciudad.
Otros hitos destacados en la norma son el trayecto de Alsina, San Martín, Bartolomé Mitre, Belgrano, Tacuarí, Suipacha y Sarmiento donde, por orden de Martín de Alzaga, se cavaron las trincheras y zanjas internas y externas que sirvieron de defensa a la Plaza Mayor. Plaza Lorea, donde el 5 de julio de 1807 se produjo la batalla del mismo nombre. Otra iglesia clave, la de la Piedad, que está ubicada en Paraná y Bartolomé Mitre, en cuyas instalaciones terminaron las tropas inglesas derrotadas en la batalla de Lorea. Y la de Iglesia de Santo Domingo, donde Santiago de Liniers entregó los pabellones tomados en 1806 y se refugiaron las columnas inglesas derrotadas por el Regimiento de Patricios el 5 de julio de 1807, que hoy se encuentra en Belgrano y Defensa.
A comienzos del siglo XIX, cuando ocurrieron las invasiones, Buenos Aires era una aldea de casas bajas, muchas iglesias, calles de tierra, 40.000 habitantes, una grupo social acomodado que usaba vajilla inglesa llegada de contrabando y comerciantes preocupados por eludir el monopolio de la corona española, entre otros. En tanto, España se debilitaba ante el avance de Napoleón y de Inglaterra, la potencia marítima, que buscaba puertos nuevos para comerciar.
El 25 de junio de 1806 la flota británica desembarcó, bajo la lluvia, en las playas de Quilmes, al mando del general Beresford. Fueron 46 días de invasión. Beresford mantuvo en sus cargos a los funcionarios, eclesiásticos y militares. Pero expertos señalan que muchos de los que esperaban beneficios por la libertad de comercio y los esclavos que pretendían su propia libertad se decepcionaron ante las medidas que sólo favorecían a los productos ingleses. El 12 de agosto se luchó en las calles.
Existen documentos del final de aquello, que permanecieron por siglos en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario. Llevan una leyenda similar: “Trofeo de la Reconquista de Buenos Aires en 1806”. Una “ondeó en el asta del Retiro”. Otras dos eran del primer y segundo batallón del Regimiento 71 Highlanders. Y la última perteneció a la Infantería de la Guardia de Mar. Las cuatro banderas inglesas son, quizá, el mayor símbolo de un enfrentamiento que no sólo los expulsó sino que, según historiadores, dio el impulso final a la búsqueda de la independencia.
Fue Santiago de Liniers, figura de la Reconquista, quien entregó las banderas el 24 de agosto de 1806, doce días después de la rendición de los ingleses. Es que el 1° de julio de ese año, cuando Buenos Aires estaba bajo dominio inglés, se prohibió la ceremonia del culto al Santísimo Sacramento. Así que Liniers prometió que, si las recuperaba, las ofrendaría a esa virgen.
La Basílica Nuestra Señora del Rosario y el Convento de Santo Domingo, que está en el mismo predio, también tuvieron roles clave en julio de 1807, cuando los ingleses reintentaron tomar Buenos Aires. El área de los mayores combates de resistencia fue justamente la zona que recortan la avenida Belgrano y las calles Balcarce, Venezuela, Perú.
El convento fue efectivamente tomado. El combate, tremendo. Y, como se dijo ya, las marcas de los cañonazos siguen en la torre izquierda de la iglesia.
Así, a la vista, o recordadas por especialistas, con el nuevo Paseo, esas huellas deberán servir -según la nueva ley- para impulsar la difunsión de la historia y valorar el patrimonio porteño.
Una ley establece que expertos deberán señalizar al menos 13 lugares donde ocurrieron hechos clave en 1806 y 1807
Quedaron testimonios materiales. Por ejemplo, sobre la torre izquierda de la Basílica Nuestra Señora del Rosario, en el barrio porteño de Monserrat, se ven las marcas de cañonazos de combates de la segunda invasión inglesa, en 1807. Pero algunos espacios deberán ser evocados, entre ellos, el fuerte de la Ciudad, que estaba donde hoy se encuentra la Casa Rosada.
De un modo u otro, las invasiones inglesas (1806 y 1807) serán eje de un nuevo "Paseo" en la Ciudad . "Un circuito histórico-cultural que tendrá por objeto conmemorar las jornadas de lucha, y referenciarlas en el actual entramado urbano", según establece una reciente ley porteña. Y en el artículo 2 agrega que se identificarán, "a través de la señalética que (se) considere adecuada, los puntos de referencia que conformarán" el itinerario.
Algunos hitos del circuito


Casa del virrey Liniers. En Venezuela 469, conserva parte de la arquitectura colonial.


Plaza Miserere. Allí acampó Liniers. Está en el corazón trajinado de Balvanera

En Monserrat, pleno Casco Histórico porteño, quedan huellas variadas de la época colonial y de las invasiones inglesas. Los dominicos llegaron en 1606 pero la construcción de la iglesia Nuestra Señora del Rosario, de estilo neorrenacentista, comenzó en 1751. Junto con el Convento de Santo Domingo (1805), la actual Basílica fue escenario central en las invasiones. En 1807, se atrincheraron británicos y se libró el Combate de Santo Domingo. De hecho, en la torre de la derecha -la de la izquierda fue realizada después- quedaron marcados los cañonazos. En el frente, se impone en Mausoleo de Manuel Belgrano (1903). Adentro, donde reina el barroco, hay banderas de fuerzas militares inglesas.

El Cabildo. "Desde cuyos arcos Santiago de Liniers dirigió la última batalla antes de la rendición inglesa", según la ley.
La lista de "lugares de interés" que especifica la ley incluye otros espacios y deja abierta la puerta para que expertos, que deberán ser convocados por el Ministerio de Cultura porteño, sumen "hitos" al Paseo. Sí figuran el Coliseo Provisional, un teatro donde el virrey Rafael de Sobremonte recibió la noticia de la primera invasión inglesa el 24 de junio de 1806, que estaba en la actual esquina de Reconquista y Perón. También, el trayecto por las calles Defensa, Reconquista, San Martín y Florida, por el cual las tropas al mando de Santiago de Liniers llegaron al Fuerte de la Ciudad de Buenos Aires el 12 de agosto de 1806. Y el cuartel provisional del Regimiento de Patricios, creado el 15 de septiembre de 1806, en la Manzana de Las Luces.
Además, subraya el "Sitio de la Ranchería, que sirvió de asiento al Regimiento 71° de las Tierras Altas de Escocia, ubicado en la intersección de Alsina y Perú"; la Iglesia la Merced, desde cuyo atrio Santiago de Liniers comandó la recuperación del fuerte, el 12 de agosto de 1806, en Reconquista y Perón, y Plaza Miserere, donde acampó Santiago de Liniers en oportunidad de la primera invasión y el 2 de julio de 1807 se libró la batalla de los Corrales de Miserere, en la que las fuerzas bajo su mando fueron derrotadas.
"Se trata de una ley que se sancionó en diciembre. Aún no está reglamentada. Pero se está estudiando la mejor forma de implementarla, a fin de que dialogue con el paisaje urbano", Informaron desde la Dirección General de Patrimonio, Museos y Casco Histórico del Ministerio de Cultura de la Ciudad.
Otros hitos destacados en la norma son el trayecto de Alsina, San Martín, Bartolomé Mitre, Belgrano, Tacuarí, Suipacha y Sarmiento donde, por orden de Martín de Alzaga, se cavaron las trincheras y zanjas internas y externas que sirvieron de defensa a la Plaza Mayor. Plaza Lorea, donde el 5 de julio de 1807 se produjo la batalla del mismo nombre. Otra iglesia clave, la de la Piedad, que está ubicada en Paraná y Bartolomé Mitre, en cuyas instalaciones terminaron las tropas inglesas derrotadas en la batalla de Lorea. Y la de Iglesia de Santo Domingo, donde Santiago de Liniers entregó los pabellones tomados en 1806 y se refugiaron las columnas inglesas derrotadas por el Regimiento de Patricios el 5 de julio de 1807, que hoy se encuentra en Belgrano y Defensa.
A comienzos del siglo XIX, cuando ocurrieron las invasiones, Buenos Aires era una aldea de casas bajas, muchas iglesias, calles de tierra, 40.000 habitantes, una grupo social acomodado que usaba vajilla inglesa llegada de contrabando y comerciantes preocupados por eludir el monopolio de la corona española, entre otros. En tanto, España se debilitaba ante el avance de Napoleón y de Inglaterra, la potencia marítima, que buscaba puertos nuevos para comerciar.
El 25 de junio de 1806 la flota británica desembarcó, bajo la lluvia, en las playas de Quilmes, al mando del general Beresford. Fueron 46 días de invasión. Beresford mantuvo en sus cargos a los funcionarios, eclesiásticos y militares. Pero expertos señalan que muchos de los que esperaban beneficios por la libertad de comercio y los esclavos que pretendían su propia libertad se decepcionaron ante las medidas que sólo favorecían a los productos ingleses. El 12 de agosto se luchó en las calles.
Existen documentos del final de aquello, que permanecieron por siglos en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario. Llevan una leyenda similar: “Trofeo de la Reconquista de Buenos Aires en 1806”. Una “ondeó en el asta del Retiro”. Otras dos eran del primer y segundo batallón del Regimiento 71 Highlanders. Y la última perteneció a la Infantería de la Guardia de Mar. Las cuatro banderas inglesas son, quizá, el mayor símbolo de un enfrentamiento que no sólo los expulsó sino que, según historiadores, dio el impulso final a la búsqueda de la independencia.
Fue Santiago de Liniers, figura de la Reconquista, quien entregó las banderas el 24 de agosto de 1806, doce días después de la rendición de los ingleses. Es que el 1° de julio de ese año, cuando Buenos Aires estaba bajo dominio inglés, se prohibió la ceremonia del culto al Santísimo Sacramento. Así que Liniers prometió que, si las recuperaba, las ofrendaría a esa virgen.
La Basílica Nuestra Señora del Rosario y el Convento de Santo Domingo, que está en el mismo predio, también tuvieron roles clave en julio de 1807, cuando los ingleses reintentaron tomar Buenos Aires. El área de los mayores combates de resistencia fue justamente la zona que recortan la avenida Belgrano y las calles Balcarce, Venezuela, Perú.
El convento fue efectivamente tomado. El combate, tremendo. Y, como se dijo ya, las marcas de los cañonazos siguen en la torre izquierda de la iglesia.
Así, a la vista, o recordadas por especialistas, con el nuevo Paseo, esas huellas deberán servir -según la nueva ley- para impulsar la difunsión de la historia y valorar el patrimonio porteño.
POR UN MUNDO LIMPIO
El surfer que convirtió a Pinamar en la primera ciudad sin sorbetes
Fue el año pasado. Seis años antes, Gastón logró que se implemente la ordenanza municipal para que los comercios dejen de entregar bolsas plásticas en todo el partido.




– Un surfer de la ciudad de Pinamar, Gastón Caminata, se convirtió en un ejemplo a la hora de evitar la contaminación con plástico en la playa. “Hace dos años, después de un campeonato de pesca en Ostende, levanté más de 60 kilos de basura en la caja de mi camioneta. Pensé que limpiar la playa era imposible”. Desde entonces, convocar gente para que se sume a la tarea manual y difundir mensajes de concientización a través de las redes sociales. Mirá lo que logró.
Por las tardes, cuando se van los turistas, las playas quedan repletas de vasos y sorbetes plásticos que amenazan con irse hacia el mar. Pocos son los que se preocupan para que no se haga realidad el pronóstico del Foro Económico Mundial de que, en 2050, habrá más plástico que peces en el mar y que, para entonces, el 99% de las especies de aves marinas del mundo habrá ingerido este material no degradable, según estadísticas de la PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences of United States of America).
OCÉANO SIN PLÁSTICO
Gastón, además de surfer, es empresario gastronómico y presidente voluntario de Big Human Wave(@yoamomiplayaok en las redes), la
fundación argentina que lucha por el cuidado de las playas, una de las principales vías de acceso del plástico al océano, que recibe 8 millones de toneladas al año causando estragos en la vida silvestre, la pesca y el turismo.
La concientización sobre la importancia de la reducción en el consumo de este material ya es una tendencia mundial. En julio de 2018 Seattle se convirtió en la primera ciudad de los Estados Unidos en prohibir el uso de sorbetes y de utensilios de plástico. En ese marco, Gastón se convirtió en un ejemplo del poder que conlleva sumar un granito de arena a la causa.
Además

“Hace dos años, después de un campeonato de pesca en Ostende, levanté más de 60 kilos de basura en la caja de mi camioneta. Pensé que limpiar la playa era imposible”, recuerda en diálogo
Desde entonces, el surfer de Pinamar comenzó a convocar gente para que se sume a la tarea manual y difundir mensajes de concientización a través de las redes sociales.
Gaston Caminata, referente de la ONG Yo Amo Mi Playa, en Pinamar.
Un año más tarde, al finalizar el mismo evento, se encontró con una grata sorpresa: sólo recogió un vaso plástico y un par de colillas. En 2012, decidió dar un paso más y logró que en Pinamar se implementara la ordenanza municipal para que los comercios dejen de entregar bolsas plásticas en todo el partido y, en 2018, después de juntar más de 500 sorbetes en 100 metros de playa -con paciencia y tenacidad- hizo posible que Pinamar se convirtiera en la primera ciudad libre de sorbetes.
Los residuos más comunes en las playas.
Los sorbetes son tan livianos que es imposible reciclarlos mecánicamente y porque, además, cuando llegan al océano, en lugar de biodegradarse o disolverse, se fragmentan en pequeñas piezas letales al ser ingeridas por la fauna marina.
Los residuos más comunes en las playas. LA ORDENANZA IMPACTÓ EN 47 BALNEARIOS
Amparada en el artículo 41 de la Constitución Nacional, que establece que “Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano”, y con el apoyo de Alejandra Apolonio (concejal de Cambiemos y presidenta de la Comisión de Salud y Medio Ambiente que le dio forma legal al proyecto y lo elevó), desde el 1° de diciembre, los sorbetes y los vasos plásticos de un solo uso están prohibidos en el partido de Pinamar, que incluye a las localidades de Cariló, Ostende y Valeria del Mar. La ordenanza N° 5202/18 también se implementó en Mar Chiquita.
La implementación de la ordenanza impactó en los 47 balnearios y comercios del Partido, que hasta ahora ofrecían a sus clientes cerca de un millón de sorbetes por año. Sólo la sucursal de Mc Donalds de Pinamar entregaba unos 30 mil sorbetes por semana cada verano.
Como consecuencia de la ordenanza, se convirtió en el primer local de la Argentina en adoptar esta política que, además, implementó en las sucursales que posee en las localidades de Villa Gesell y Mar del Plata, e hizo extensiva a las regiones de Latinoamérica y el Caribe.
La ONU se hizo eco de esta noticia e incluyó a Pinamar en el programa #MaresLimpios que lanzó en 2017. Así, se convirtió en el primer municipio de la Argentina y en la segunda ciudad de la región, después de Piriápolis, en adherir a este programa.
Para Caminata la tarea por el cuidado del medioambiente recién empieza. “Ahora voy porque los kioscos dejen de vender cigarrillos y porque se prohíba fumar en espacios públicos”, contó.
Las colillas son otro de los residuos más encontrados en el océano. Cada año se desechan más de 4,5 trillones de colillas en el mundo de las cuales el 80% están hechas con una fibra plástica llamada acetato de celulosa. Además de que concentran las sustancias tóxicas del humo, de que tardan más de 25 años en degradarse y de que una sola colilla contamina entre 8 y 10 litros de agua de mar y hasta 50 litros de agua dulce, peces y aves las ingieren al confundirlas con alimentos y, como consecuencia, mueren, resalta
Ante la dificultad de organizar grandes grupos para limpiar las playas, Caminata propuso dos alternativas: hacer limpiezas individuales, fotografiarlas o filmarlas y etiquetar a @yoamomiplayaok; y llenar bidones plásticos de agua con colillas que pueden canjear por un jugo o una cerveza en su restaurante Jalisco, con sucursales en Pinamar y Cariló.
Los interesados en el tema pueden descargar gratis su libro “La mejor inversión es en el ambiente” desde este link https://goo.gl/Eq5J6H
VERDADES QUE INDIGNAN
POLONIA: Pierde su memoria y relaciona Auschwitz con el sufrimiento polaco, no con los judíos.

Tuve la oportunidad de visitar ese campo de concentración en 2016; en los barracones pueden verse como elemento dominante las fotos de los polacos que sufrieron el exterminio y en menor medida fotos de los judíos, las cuales quedan relegadas a fotos generales, ej., cuando eran bajados de los trenes, cuando se los clasificaba y luego eran conducidos a las cámaras de gas, entre otros horrores, pero en raras ocasiones se pueden ver sus caras en primer plano.
Todas las referencias son hacia la innegable responsabilidad de los alemanes (nazis), en la solución final. No hay en la práctica referencias claras a la colaboración de los polacos en ella, sólo a los que salvaron o protegieron a judíos y fueron exterminados, pero esa es sólo una parte de la historia.
Si tienes la oportunidad de ver ese horror institucional de parte de un Estado que glorifico la muerte e hizo de ella su razón de ser y seguramente te encontraras con estudiantes de colegios de Israel que hacen una peregrinación al espanto de la locura y la insensatez de la muerte, donde algunos seres humanos fueron considerados indeseables (ratas); pero el contexto y las explicaciones van por el camino ya expresado.
Nunca se habla de la colaboración de una parte del pueblo polaco, del antisemitismo que existió en esa sociedad. Si algo me quedo claro es que los nazis no estuvieron solos, fueron ayudados por los oportunistas de siempre que movidos por la envidia, por el negocio o por la simple maldad que anida en el alma humana, no perdieron la oportunidad de sacar su tajada de sangre de los débiles, de los que no podían defenderse.

El Holocausto no fue un hecho exclusivamente alemán. La maquinaria de la muerte encontró manos cómplices en muchos países sojuzgados por la ideología hitleriana, y entre ellos también está Polonia.
El 25 de enero de 2018, en la víspera del Día Internacional de las Víctimas del Holocausto, el Parlamento de Polonia aprobó una ley que prohíble utilizar la expresón "Campors de concentración polacos", que prevé penas de prisión de hasta tres años por “atribuir falsamente los crímenes de la Alemania nazi a Polonia”. Era claro intento de los parlamentarios de ahogar el debate sobre la historia del Holocausto. Ante las críticas, las autoridades polacas se pusieron primero a la defensiva y luego pasaron al ataque. Para comprender lo ocurrido se debe retroceder un poco.
Hace exactamente 50 años, las autoridades comunistas de Polonia emprendieron una cruel campaña antisemita que expulsó al exilio a los últimos judíos supervivientes del país. Los medios de comunicación se llenaron de grandes exclamaciones, “¡Los sionistas a Sion!”, el primer secretario del Partido Comunista exigió que los judíos polacos se apartaran de los puestos de autoridad, que exigían “cierto grado de patriotismo polaco”.
Los “sucesos de marzo de 1968” fueron una de las pocas campañas de propaganda comunista que encontraron eco en la sociedad polaca. Por desgracia, el antisemitismo siempre ha sido un elemento, quizá incluso un elemento constituyente, de la cultura polaca. Los sentimientos antisemitas, eran fuertes antes, se reforzaron aún más durante la guerra, y siguieron siendo importantes después, incluso cuando la comunidad judía en Polonia desapareció. Una de las características del antisemitismo es que puede persistir y prosperar durante generaciones, incluso aunque no haya judíos.
La caída del comunismo en 1990 introdujo la democracia y la era de la sociedad abierta, pero también los demonios del pasado.
Los optimistas, sostenían que el tiempo y la educación los eliminarían, pero la prueba de fuego llegó en 2001, con la publicación de Vecinos, de Jan T. Gross. Un estremecedor relato sobre los habitantes de un pueblo polaco que asesinaron a sus vecinos judíos en 1941 y desató un tremendo debate y un conciencia.

El mito de la inocencia nacional, de la superioridad moral de nuestros antepasados frente a unos enemigos más fuertes y despiadados es uno de los rasgos definitorios de la identidad nacional polaca. Reconocer la complicidad con el Holocausto es poner en tela de juicio las convicciones de millones de polacos. Pero la realidad histórica es más compleja que la visión idealizada de toda esa gente, pero esas verdades desagradables, incómodas e indignantes están asociadas en su mayoría al Holocausto. Puede ser útil hacerse unas cuantas de esas “preguntas incómodas” que los nacionalistas polacos desean evitar, ej., sobre el grado de complicidad de ciertos sectores de la sociedad polaca con los alemanes en el genocidio de los judíos: como explicó Jan Karski en su informe de 1940 para el Gobierno polaco en el exilio, el odio a los judíos formó “un estrecho puente en el que se encontraron los alemanes y grandes sectores de la sociedad polaca”. O sobre el robo masivo de bienes judíos por parte de sus vecinos polacos. O sobre el papel de la letal Policía Azul polaca y los destacamentos de bomberos voluntarios en la liquidación de los guetos y la persecución de los judíos fugados y desesperados. ¿Qué formas de control social permitieron mantener los guetos abiertos y semi abiertos en provincias sin seria presencia alemana?.
Fuera de Polonia, pocos recuerdan que allí había más de 13 millones de judíos y que su exterminio se produjo delante de 20 millones de polacos. Que ser espectador indiferente no era posible, el Holocausto involucró o afectó a todos los polacos porque sucedió literalmente delante de sus casas. Negar este simple hecho, no reconocer el pasado, es uno de los principales motivos de que ahora pretendan regular la historia a base de leyes.
En la primera década de este siglo, el relato nacional polaco abordó las complicadas relaciones con los judíos de diversas formas, en general con el propósito de que dejara de representar una amenaza para la conciencia nacional, tranquila y triunfante.
Fuera de Polonia, pocos recuerdan que allí había más de 13 millones de judíos y que su exterminio se produjo delante de 20 millones de polacos. Que ser espectador indiferente no era posible, el Holocausto involucró o afectó a todos los polacos porque sucedió literalmente delante de sus casas. Negar este simple hecho, no reconocer el pasado, es uno de los principales motivos de que ahora pretendan regular la historia a base de leyes.
En la primera década de este siglo, el relato nacional polaco abordó las complicadas relaciones con los judíos de diversas formas, en general con el propósito de que dejara de representar una amenaza para la conciencia nacional, tranquila y triunfante.

La matanza de Jedwabne, se presentó como un acto aislado, una aberración. Las autoridades construyeron, reforzaron y difundieron el mito de los buenos polacos que salvaron judíos y pretendieron hacer creer que el extraordinario comportamiento de aquellos pocos valientes fue lo normal durante la guerra, la actitud habitual de la sociedad polaca.
Es una falacia histórica que choca con las abrumadoras pruebas existentes en contra: los buenos polacos tenían terror a los alemanes, pero todavía más a sus vecinos.
La sociedad polaca sentía escasa simpatía por los judíos, los que ofrecían refugio a los judíos sabían que no contaban con el apoyo de los demás. Al contrario, tuvieron que hacer frente a la hostilidad general y a las denuncias frecuentes y mortales.
La exclusión y el miedo de los buenos polacos no terminaron en 1945, con la liberación. En los 90, muchos pidieran que los premios que se les otorgaban permanecieran secretos, para que sus vecinos no se enteraran, es significativo. A los nacionalistas les da igual: hace un año, las autoridades polacas inauguraron un Museo de los Polacos Justos en Markowa, dedicado a la memoria de la familia Ulma, que acogió a varios judíos. El museo cuenta bien la historia, pero no menciona que, mientras los Ulma escondían a los judíos, sus vecinos de Markowa y otros pueblos vecinos registraban áticos, sótanos, cobertizos y establos en busca de los judíos ocultos. Cuando los encontraban, los golpeaban, los robaban, los violaban y los entregaban a los alemanes para ser ejecutados. Esta historia, la “política historiográfica” polaca, no se cuenta.
Las consecuencias de ese relato pensado para lavar conciencias y servido a un país bien dispuesto se vieron muy pronto, aunque no se reconocieron. Según una encuesta de 2015, la mayoría de los polacos relaciona Auschwitz con el sufrimiento de los polacos, no de los judíos.
Las leyes no deben ser empleadas para ocultar la historia, sino para evitar que se repita, aunque supongamos que la norma no lo pretendiera, esta ley puede dar alas a tesis negacionistas y por eso debemos estar atentos, a los Argentinos se nos eriza la piel cuando vemos intentos de ese tipo, estoy plenamente convencido que los únicos totalmente inocentes fueron las víctimas. El Holocausto fue un crimen tan espantoso que nadie desea verse salpicado por él. Pero ocurrió y eso nadie lo puede negar.
ARQUEOLOGÍA.......DESCUBRIMIENTO
Arqueología: los restos de una mujer inca dan claves sobre el fin del imperio
El 18 de noviembre de 2016, mientras se encontraba a 2400 metros de altura, en el Pucará de Tilcara , la arqueóloga Clarisa Otero y su equipo se encontraron con un hallazgo sorpresivo: a 30 cm de profundidad, afloró el esqueleto de una mujer casi completo. Un mensaje del pasado.
"Nosotros investigamos la producción de artesanías, cómo trabajaban los nativos bajo el dominio del Inca, pero dimos con estos restos y decidimos excavarlos", recuerda la arqueóloga, nacida en Tandil y graduada en la UBA, que llegó a Jujuy hace 13 años y estudia la dominación prehispánica en el centro de la Quebrada de Humahuaca.
"El Pucará fue la capital de esta 'provincia' incaica -explica-. Aunque [la búsqueda de restos humanos de esa época] no es nuestra prioridad, sobre todo por la sensibilidad de las comunidades originarias, este descubrimiento da mucha información acerca de la caída del imperio que se extendía desde el sur de Colombia hasta Santiago de Chile
De acuerdo con la tradición andina, la mujer se encontraba en posición fetal, envuelta con mantas y sujeta con sogas. "Lo primero que vimos fue el cráneo -cuenta Otero-; después localizamos el esqueleto y varios elementos asociados".
A partir de ese momento, se desarrolló un vasto trabajo multidisciplinario en el que intervinieron más de 20 científicos y que permitió armar un apasionante rompecabezas a partir de diversas claves.
Según los estudios, el esqueleto pertenece a una joven de alrededor de 30 años, una edad avanzada para la época, que había nacido en otra parte y llegado a la Quebrada en la adolescencia. Por el estado de los restos y los objetos que los acompañaban, se deduce que puede haber ocupado una posición destacada en la sociedad de la época.
Los españoles estaban próximos, pero no podían usufructuar esa región (el Pucará resistió seis décadas el embate de los conquistadores), por lo que los científicos creen que la joven podría haberse refugiado allí durante un período de máxima tensión política.
"No se puede determinar la causa de muerte -afirma Otero-, pero la condición de los restos es impecable. Sin rastros de osteoporosis, tiene la dentadura completa y solo cuatro caries. Debe de haberse tratado de una persona muy bien alimentada, en buen estado de salud y que no había sufrido epidemias".
El esqueleto estaba completo y no se había movido, por lo que se piensa que debe haber sido tapado por la tierra arrastrada por el viento a lo largo de los siglos. Solo faltaba la tibia, el más fuerte de los dos huesos que se encuentran por debajo de la rodilla. "El tratamiento de la muerte en ese entonces era muy distinto al que observamos nosotros -comenta Otero-. Pueden habérsela llevado para usarla en rituales o para inhalar alucinógenos, usándola como una cuchara".
A partir del estudio de la fauna cadavérica, se puede deducir que "estuvo apoyada sobre la tierra, sentada a la vista de todos -agrega la científica-. El entomólogo forense mostró que los insectos tuvieron acceso directo a las partes blandas". Junto con piezas cerámicas, cuentas de collar y placas de metal había también pigmentos, bloques de pedernal y dos morteros con adherencias de cobre y hematita.
El fardo funerario incluía partes de animales que en esos tiempos se colocaban como ofrendas. "Encontramos huesitos de un lagarto oriundo del Chaco salteño, un ambiente diferente y distante, y una mandíbula de cuis -cuenta Otero-. La estudiaron un grupo de paleontólogos y concluyeron que podría pertenecer a la variedad de cuises domesticados por el Inca, que usaban como alimento y para propiciar la fertilidad".
Para el futuro, Otero y colegas planean avanzar en estudios genéticos, especialmente de los molares. Para Rolando González-José, director del Instituto Patagónico de Ciencias Sociales y Humanas del Conicet, miembro del Consorcio para el Análisis de la Diversidad y Evolución de Latinoamérica (Candela) y experto en genética poblacional, lo interesante de este trabajo es "el grado de interdisciplinariedad que posee: estudiaron desde restos de polen hasta los minerales de las vasijas y el tipo de descomposición a través de la fauna cadavérica".
"Los molares tienen la capacidad de aislar, con el esmalte y la dentina, que son muy duros, la médula del diente, que es donde se encuentra el ADN -explica-. Una de las preguntas que pueden hacerse es si esta mujer presenta linajes ciento por ciento latinoamericanos o si ya había mezcla con españoles. También se puede buscar un linaje actual y tratar de detectar si "desciende" de los incas. En Perú se han hecho estos estudios y hay gente que se adjudica ascendencia incaica, pero una cosa es confirmar filiación a tres generaciones y otra, a siglos de distancia. A medida que se suman generaciones, las probabilidades se hacen más difusas".
En la concepción andina sobre la muerte, los difuntos continuaban presentes en la vida cotidiana e incluso participaban en los rituales para la toma de decisiones políticas, explica el comunicado del Conicet que dio a conocer el hallazgo. En situaciones de conflicto, particularmente durante la conquista española, el culto a los ancestros cobró nuevas fuerzas, ya que se creía que los antepasados eran quienes podían brindar protección. La mujer de Tilcara podría responder a estas creencias, ya que habría muerto entre fines de la dominación incaica y el período hispano-indígena, es decir, el momento previo a que el español ocupara efectivamente la Quebrada de Humahuaca, a fines del siglo XVI.
LA PÁGINA DEL DR. JUAN CARLOS DE PABLO,
Crecimiento y distribución, ¿el huevo o la gallina?
Juan Carlos de Pablo
¿Primero tiene que crecer el producto bruto interno (PBI), para poder luego redistribuir? ¿Hay que redistribuir para poder crecer? ¿Crecimiento y redistribución tienen que ser simultáneos? Estas preguntas vienen siendo discutidas desde el comienzo mismo del análisis económico. Con diferencia de un siglo, y a partir de circunstancias distintas, David Ricardo y John Maynard Keynes respondieron los interrogantes de manera algo diferente. ¿Cuál es la contestación válida, en la Argentina de 2019?
Sobre el particular, hablé con el austríaco Paul Patrick Streeten (1917-2019). Nacido Hornig, se cambió el apellido en honor a la familia que lo cobijó en Inglaterra. En una autobiografía afirmó: "Dada la vida que me ha tocado vivir, no tengo raíces en la tierra; por eso la titulé Raíces aéreas. Los accidentes han sido cruciales en mi vida. Mirándolos retrospectivamente, parece como que hubiera cierta planificación en dichos accidentes". No es para menos, puesto que ser judío e izquierdista era suficiente motivo para terminar en un campo de concentración. Le resultaba humillante haber sido rechazado por los austríacos por judío y hecho prisionero por los ingleses por austríaco. En 1943 resultó gravemente herido, teniendo que vivir hospitalizado durante un año. Nunca más pudo hacer uso pleno de su brazo y pie izquierdos. Siempre llevó en su cuerpo (cuello y brazo) algunas de las esquirlas.
-Además de ser profesor en las universidades de Oxford y de Boston, la profesión lo llevó a conocer muchos países.
-En efecto, asesorando al Banco Mundial, visité la India, Pakistán, Bangladesh, China, Filipinas, Malasia, Sri Lanka, Israel, Mauricio, Malta, Egipto, Nigeria, Costa de Marfil, Kenia, Kuwait, Tanzania, Panamá, Trinidad, Barbados, Brasil, Chile, Venezuela y México. Además de la Argentina.
-¿Cómo se visualiza a sí mismo?
-Me intriga la distancia que existe entre los que piensan y los que hacen, entre los académicos y los hombres prácticos. Disminuir esa distancia siempre me pareció un desafío excitante. Los burócratas tienen sentido de la dirección, pero sin liderazgo, copian los antecedentes y evitan los riesgos. Necesitamos utópicos pedantes o pedantes utópicos, que conozcan a fondo los detalles, pero que también tengan visiones, fantasías solo parcialmente utópicas.
-Crecimiento y distribución es una cuestión que desde siempre ocupa un lugar central en la reflexión económica.
-Para Ricardo, la de la distribución funcional del ingreso era la cuestión, porque partía de la base de que el PBI se ubicaría en el máximo nivel posible, dadas las dotaciones de recursos y la tecnología en uso. Para Keynes, por el contrario, la cuestión central era la de cómo el nivel de actividad alcanzaba su potencial. Ninguno de los dos planteó la cuestión de la redistribución del ingreso, porque, como usted bien sabrá, el primero se ocupó de la distribución y el segundo de solucionar problemas de empleo.
-¿Quién se ocupó de la cuestiónde la redistribución?
-John Stuart Mill, quien llegó a proponer separar las leyes de la producción de las leyes de la distribución. Muy cerca de la posición de Karl Heinrich Marx, quien proponía que cada uno aportara según su habilidad, y retirara según su necesidad, y en las antípodas de Vilfredo Pareto, quien sostenía que la distribución del ingreso resultaba de fuerzas que estaban más allá del accionar público.
-Todos exagerados.
-En efecto, la experiencia indica que los Estados pueden modificar la distribución del ingreso, pero también muestran las limitaciones de tal accionar. Porque, en última instancia, el esfuerzo y la asunción de riesgos tienen que tener sentido para quien los lleva a la práctica.
-Usted está diferenciando entre las implicancias distributivas del crecimiento y la redistribución que realizan los Estados.
-Así es. En la Argentina tres cuartas partes del gasto del gobierno nacional son los denominados gastos sociales, como seguridad social, subsidios de todo tipo, etcétera. Ninguno de los cuales fueron creados o modificados pensando en el crecimiento del PBI.
-En la Argentina de 2019, ¿hay que redistribuir para crecer?
-Ningún empresario instala una fábrica del producto X porque a él (o a ella) le gusta consumirlo. La instala para ganar plata, para lo cual tiene que tener demanda. Más allá de las pifiadas sectoriales, como por ejemplo instalar una fábrica de hielo en la Antártida, el argumento de la redistribución como motor del crecimiento supone que los demandantes ya saciaron todas sus necesidades. No conozco ningún país del mundo donde se haya llegado a esa situación.
-En la Argentina de 2019, ¿hay que redistribuir "al revés"?
-Buen punto. El grueso de las inversiones se financia con la generación interna de fondos. Cuando luego de pagar los impuestos a las empresas les quedan muy pocos recursos, cabe esperar que se realicen algunas inversiones, pero no que haya un boom de inversiones.
-¿Y los fondos que se blanquearon?
-Antes de pensar en gravarlos de manera específica, en contra de lo que se dijo cuando se dispuso el blanqueo, los dirigentes políticos deberían preguntarse por qué alrededor de 90% de los fondos blanqueados permanecen fuera de su país.
-Don Paul, muchas gracias.
LECTURA RECOMENDADA,
Fludd, de Hilary Mantel
La fe, a la luz de la ironía y la voz poética
En su momento fue Muriel Spark y la maravilla de descubrir -de la mano de la editorial La Bestia Equilátera- a una autora inglesa que muchos lectores locales desconocíamos. Ahí estaban el humor negro al orden del día, la prosa escueta, el adjetivo justo, todo tan, tan inglés. Este es el turno de Hilary Mantel (Glossop, 1952). Crítica de literatura y cine, autora de una decena de novelas -uno de sus relatos, "El asesinato de Margaret Tatcher" y sus declaraciones públicas en contra de quien fuera la primera ministra británica le valieron una investigación policial- y dos veces ganadora del Man Booker Prize.

Como tantas novelas, Fludd cuenta y no cuenta una historia. El escenario es Fetherhoughton, un pueblo perdido en algún lugar de Inglaterra, cerca de la frontera con Irlanda. Una geografía de páramos que hunde al pueblo y a sus habitantes en una especie de mal humor y desidia constante: "La mínima insinuación de que tenían material digno de las Brönte al alcance de la mano bastaba para que cerraran la mente y clavaran la mirada en sus zapatos. Los páramos eran el extenso cementerio de su imaginación". La única ocupación de los fetherhoughtonianos es el hilado y la práctica de la religión católica. Pero no se trata de la religión entendida como una suerte de experiencia reveladora. De lo que se trata es de cumplir con los preceptos. Cuando alguien se acerca al confesionario lo que trae, más que un mea culpa, es un montón de preguntas como estas: "¿Se puede comer mermelada los días de ayuno?", "Si es día de ayuno, y una va a comer la colación de la mañana, que son doscientos gramos de pan, ¿se puede tostar el pan?".
Son los años cincuenta y al pueblo, a la diócesis del Padre Angwin, llega el obispo con un pedido que parece insólito: que se deje de celebrar la misa en latín y que se remuevan las decenas de estatuas tamaño natural que hay en la Iglesia. ¿Cómo hacerlo si las figuras de los santos son, para la congregación de Angwin, algo así como el pilar de la fe? "No estamos aquí por los adornos y las chucherías", dice el obispo, "Estamos aquí para dar testimonio cristiano". A lo que Angwin responde: "Mentiras, esta gente no es cristiana. Son paganos y católicos". El obispo no es el único que visita el pueblo. A su llegada se suma la de Fludd, quien dice ser el nuevo vicario, pero parece mucho más un mago o una revelación y, según la hermana Filomena, tiene el don de la profecía. Y entonces la calma instalada durante años en el pueblo de pronto se sacude por la llegada de un forastero que, aunque no traiga la luz de Cristo, trae una buena bocanada de aire fresco.
Si bien Fludd ofrece una trama que atrapa, son otras cuestiones las que pueden terminar por cautivar al lector. Las largas descripciones de un pueblo sostenido por un orden medieval -como el que aparece en Lazzaro feliz, la excelente película de Alice Rohrwacher que puede verse en Netflix-; un lenguaje poético que llega de la mano de la excelente traducción de Ariadna Molinari Tato; la pregunta por Irlanda, ese territorio -real, simbólico- que Mantel describe todavía más primitivo y brutal que Fetherhoughton; y los diálogos. Conversaciones que ponen el acento en lo absurda que se convierte cualquier práctica religiosa si se le quita su dimensión espiritual. De hecho, hace décadas que el padre Angwin ha perdido la fe. "Sin importar cuán escéptico o escandaloso sea un hombre, una vez que es sacerdote lo es para toda la eternidad. Pensé, bueno no tengo fe, así que debo fingir que la tengo".Fludd es una novela llena de humor. Ironiza sobre el catolicismo entendido como una suma de preceptos sin sentido pero no le escapa a preguntas fundamentales como ¿en qué creer? o, más bien, ¿en qué creer cuando ya no se cree? El propio Angwin parece haber encontrado una respuesta: ya no tiene fe en Cristo pero asegura haber visto al diablo.
Fludd, Hilary Mantel, Trad.: Ariadna Molinari Tato, Fiordo, 237 páginas, $ 540
C. E.
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