jueves, 1 de abril de 2021

EL ECONOMISTA....NOTICIAS

 

TECNOLOGÍA...ZAPPING 4.0.....PERLITAS EN AMAZON Y NETFLIX


Zapping 4.0: trucos ocultos para encontrar perlitas en Netflix y Amazon Prime Video
Los algoritmos sacan conclusiones apresuradas, pero hay formas de domesticarlos
Reed Hastings, fundador, presidente y director ejecutivo de Netflix
Estuve estudiando, más que usando, Netflix y Amazon Prime Video (de ahora en más, usaré Amazon y Prime Video como sinónimos). También tenemos Disney Plus, pero ahí la variedad es mucho mas reducida, de modo que no me servía para este experimento. Experimento, debo confesar, que nació por casualidad.
Resulta que mi perfil de Netflix parece una carnicería, dicho esto con todo respeto. Allá en la sede central deben sospechar que estoy planeando un asesinato. Pero no, tranquilos, nada que ver. Por fortuna los algoritmos todavía no toman (¿seguro?) decisiones de esta clase. La cuestión es que entre que veo muchos documentales sobre casos criminales y miro casi exclusivamente pochocleras de acción, Netflix no para de recomendarme cosas cada vez menos edificantes.
Le pasa a los humanos, le pasa a la inteligencia artificial: interpretamos, y no siempre llegamos a la conclusión más acertada. Me explico. Resulta que siempre me llamaron los casos de asesinatos y demás. ¿Por morbo? Oh, no, por mi formación en Lógica. Es –al menos para mí– muy interesante ver cómo y en qué momento el asesino cae en una falacia que lo lleva a creer que su plan es perfecto. Pero no lo es, porque en lugar de construir un silogismo ha fabricado un sofisma, y la policía termina por descubrirlo. Algo que en la práctica se traduce en el hallazgo de esa falacia lógica.
Y respecto de las películas de acción, bueno, es más grave. Netflix está convencido de que a mí me gustan sobre todo las películas de acción porque siempre veo eso. Nunca se plantean que tal vez –tal vez– solo miro eso porque su catálogo es escuálido. Vendría a ser una forma de profecía autocumplida automática, porque cuanta más acción veo, más me la recomiendan y, quizá, llegan a la conclusión (no menos errada) de que deben engordar su colección en esa dirección, porque no debo ser el único al que le ocurre algo así.
Esto está lleno de etiquetas
De modo que, como hubiera hecho cualquiera de ustedes, una noche decidí pasar por alto las sugerencias que aparecen en mi perfil y ponerme a buscar por las mías. Puse Apolo 13, que es una de mis favoritas, y ahí estaba. A Netflix nunca se le había ocurrido mostrarme esa película, a pesar de que la ciencia ficción es uno de mis géneros preferidos. Solo que hay poca ciencia ficción buena en el cine (desde el momento en que Kubrick puso la vara tan alta, la lista es realmente breve), y como en rigor Apolo 13 está basada en hechos reales (y no hay ningún asesinato, debo añadir), nunca me la había sugerido. Pero, queridos algoritmos, si hay naves espaciales, no pueden pasarla por alto. Interpretaciones, de nuevo. Dicho sea de paso, si les gusta este género, no se pierdan Cielo de octubre. También con naves espaciales y basada en hechos reales, es un peliculón que no está en Netflix ni en Amazon Prime, pero sí en Mubi.
Cielo de octubre, basada en una historia real, en el muy recomendable sitio Mubi
Fantástico, tenía Apolo 13 (que ya vi como 300 veces). Veamos qué más me sugiere. Dunquerque. Tenía sentido. Épica, heroica. Muy buena película, además, y de uno de mis directores favoritos. Inquebrantable. Sí, está bien. Y de pronto, los algoritmos se fueron al pasto. Por alguna razón, que al principio no estaba del todo clara, si me gustaba Apolo 13, entonces tenía que ver El irlandés. Que alguien por favor me explique qué punto en común hay entre una y otra.
Nada en común. Pero la respuesta, una vez más, estaba en las etiquetas. Al rato, luego de revisar una por una, la encontré. Ambas, Apolo 13 y El Irlandés, están basadas en libros. O, para ser más exacto, esa es la razón por la que la plataforma las amontonaba de esta forma tan absurda. Hice una prueba más. Puse en el buscador Películas basadas en libros (sin comillas; ya llegan, paciencia). Eso me llevó a dos millones de títulos y, arriba, una serie de búsquedas más específicas, como Ganadoras al Oscar (SIC) basadas en libros y otras nueve más. A cual más delirante, si me lo preguntan. ¿Qué sería una película romántica basada en libro y visualmente impactante? Lo ignoro. Eso debe ser porque no miro muchas románticas, no son lo mío.
En fin, hice clic en Películas basadas en libros, y en el listado no estaban ni Apolo 13 ni El irlandés. Suena raro, pero es lógico, porque Netflix no solo toma en cuenta los géneros (así los llaman), sino también cómo califica la plataforma a cada título en particular. De este modo, si ponen Películas basadas en libros crudo (así, de una, sin comas y sin comillas), entonces aparece El irlandés. Pero de Inquebrantable, ni pío, pese a que también está calificada como crudo.
Por lo tanto, probé con Películas basadas en libros inspirador (así la califica Netflix). Nada. Intenté con Películas basadas en libros violento, y ahí apareció Inquebrantable. Así que escribí solamente violento y el sitio listó toneladas de películas (y después me señalan a mí). Entre ellas, Ted 2. ¿No será mucho?
Arena, cal o algo así
Vamos a Amazon Prime. En ningún momento, y muy a pesar de que me cansé de buscar películas de ciencia ficción, me sugirió Watchmen. Para Amazon, esta película es acción y drama. Cierto, no es exactamente ciencia ficción, pero, para citar a los que saben, es una deconstrucción distópica del modelo del superhéroe. Listo, sale con fritas. Buena película, además. Como Apolo 13, si te gusta un género (en este caso la ciencia ficción) hay una especie de conurbano que también nos resulta atractivo. Pero los algoritmos siguen sin verlo.
Al poner la palabra acción en el buscador de Prime Video, Watchmen aparece. En general, Amazon es más frugal para todo esto del etiquetado (al menos, en lo que nos permiten ver las plataformas); lo que no termino de decidir es si esto es bueno o no. Por ejemplo, otra de mis películas favoritas es Forrest Gump. ¿Ahora, cómo puede ser que, si me gusta Forrest, la plataforma me recomiende Furia de Titanes? Oh, bueno, es que ambas están etiquetadas como drama.
Una de las mejores cosas de Amazon Prime Video es la función X-Ray, que, cuando ponemos el reproductor en pausa, muestra los actores y la música en esa escena de la serie o la película (en rigor, alcanza con mover el mouse o tocar el touchpad durante la reproducción o cuando está en pausa). Muy inteligente y muy útil. Netflix, por su parte, tiene un catálogo más depurado; en Amazon, aparte de muchísima película clase Z, hay bastante mescolanza en el apartado de los subtítulos. O sea, da la impresión de que hay más de lo que en realidad tienen. Como contrapartida, y también es una función muy inteligente, ponen el puntaje de la película en IMDb (que le pertenece a Amazon, a todo esto). Por debajo de 5, olvídense.
Cero resultados
El gran problema de ambas plataformas –además de su catálogo escueto– está en sus buscadores. No porque anden mal, sino porque no te ayudan para nada, no son explícitos. Por ejemplo, las comillas funcionan en ambas plataformas. ¡En serio! No es lo mismo poner “matrix” que matrix. Es más: también anda el signo menos. Por ejemplo, si ponen matrix -fishburn o matrix -keanu, el resultado será cero. Y uno sabe que está empezando a tomarle la mano a un buscador cuando logra cero resultados.
El signo menos funciona en Netflix; aquí, una búsqueda que, en su catálogo (no así en Amazon), arroja cero resultados
Sin embargo, en Netflix el signo menos solo alcanza la una parte de la etiqueta. Así, violento -violento, que debería dar cero, arroja resultados. ¿Por qué? Porque existe algo llamado suspenso violento. En serio. Y en Amazon, cuidado, porque una búsqueda que da cero, al revés que en Netflix, que en eso es mejor, solo avisa arriba que no encontró nada, pero debajo lista montones de títulos. Confuso, como mínimo.
Pese a las comillas y los signos, hay bastantes inconsistencias en las búsquedas. No siempre es claro el porqué, además. Por ejemplo, al poner keanu (es un nombre poco común, así que ayuda a probar un buscador), aparecen las películas disponibles en las que actúa Keanu Reeves. Hasta ahí, está bien. ¿Pero por qué aparece The Equalizer (la de 2014)? Misterio, excepto porque en IMDb muchas reseñas hacen un paralelismo entre The Equalizer y John Wick, donde trabaja Reeves. Ahora, esto ocurre en Netflix, no en Amazon, donde no está The Equalizer. En cambio, en Prime Video, poniendo keanu encontré que tienen Erase una vez en América; sí, la versión de casi 4 horas. Increíble.
Por supuesto, se puede hacer clic en cualquier etiqueta, y así ir navegando por el catálogo. Otro truco es poner letras, por ejemplo, la H, y ver qué sale; básicamente, todo lo que empiece con H, y un poco más (en Netflix), y cualquier película o serie que tenga H en alguna parte (en Prime Video); pero al menos el truco revela títulos que de otro modo los algoritmos no nos mostrarían. Otro dato: Amazon muestra el número de resultados, y eso es muy bueno. Netflix, no. Probé el asterisco (que en los albores de la computación quería decir “todo”), y Amazon listó 7563 títulos; hay para entretenerse buscando. En Netflix, el asterisco no anduvo. Tampoco los equivalentes, como *.* o el punto solo.
El asterisco lista más de 7500 películas en Amazon Prime Video
Dicho sea de paso, hay buscadores para encontrar en qué plataforma está cierta película, como por ejemplo JustWatch. Pero sirven si uno ya sabe lo que quiere mirar, no cuando está buscando algo para ver; y a veces se pasan algunos sitios por alto, como se ve abajo. En todo caso, acá hay una nota con más buscadores de ese tipo.
El buscador JustWatch encuentra en qué plataformas está un cierto título; pero, en este caso, pasa por alto a Mubi
Por supuesto, este es un experimento en curso, y todos los hallazgos que hayan hecho serán bienvenidos, aquí, en los comentarios. Pero, en resumen, a pesar de que han pasado 92 años desde la primera transmisión de TV, acá estamos, con otras herramientas, pero, de nuevo, haciendo zapping. Zapping con algoritmos. Zapping 4.0. Quién lo hubiera dicho.

A. T.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

EL MUNDO CAMBIÓ


Tras un año que nos puso a prueba, vivimos en un mundo que ya cambió
Codo con codo.Cumplimos un año de estar junto a los lectores y de celebrar, como estos dos amigos en una pulpería bonaerense, otros modos de encontrarse
La pandemia, que significó un cimbronazo global y un enorme desafío para cada existencia personal, empuja a la humanidad a pensar un futuro distinto, construido sobre los aprendizajes y las revelaciones de este tiempo difícil
Hace un año comenzó para la humanidad una nueva historia. Todo lo vivido anteriormente se convirtió en prehistoria y nos puso ante la experiencia de vivir con un pie a cada lado de esa línea demarcatoria. Esta curiosa e inédita vivencia nos convirtió en versiones vivientes del dios Jano, esa deidad de la mitología romana que tenía dos caras. Una miraba al pasado, a los finales. La otra al futuro, a los comienzos. Este año, en un principio inverosímil y finalmente real, es el punto de partida hacia lo que viene y el reservorio del cual obtener aprendizaje y recursos no solo para vivir, sino esencialmente para construir esa misteriosa utopía llamada por ahora “nueva normalidad”.
El antropólogo francés Marc Augé (padre de la categoría “no lugar”, que define a esos espacios característicos de la modernidad tardía como son los supermercados, los aeropuertos, los shoppings, los patios gastronómicos, tan iguales y tan carentes de identidad en todo el mundo) establece una distinción entre futuro y porvenir. El futuro es un dato cronológico, es la denominación de la próxima hora, el próximo día, la próxima semana, el próximo mes, el próximo año. Mientras estamos vivos tenemos futuro, marchamos inevitablemente hacia él. Nos espera. No es una construcción nuestra, sino una expresión del tiempo y su transcurrir. El porvenir, en cambio, es aquello que hacemos del futuro con nuestras elecciones y decisiones, con nuestras acciones y conductas. Somos, en tanto seres vivos, objetos del futuro y sujetos del porvenir. A este lo construimos, somos responsables de él.
En esta línea del tiempo que delimita el año pasado del camino que se abre ante nosotros, hay un porvenir al cual darle forma y dotar de contenido y de sentido. Un porvenir individual, que tomará los aprendizajes, las modalidades, los recursos emocionales, intelectuales, cognitivos y espirituales de cada persona, y un porvenir colectivo al que cada uno debería aportar aquello que le es propio e intransferible.
Marzo 2020. La estación Retiro, desolada en el primer tramo de la cuarentena
Marzo 2021. La estación de Retiro fue recobrando actividad en un contexto que aún exige cuidados y prudencia
Este es el momento, entonces, de repasar lo aprendido, de actualizar las herramientas existenciales, de revisar serena, sincera, honesta y conscientemente aquello que aprendimos de esta experiencia imprevista, de este tiempo incierto, de esta odisea que nos deparó la vida y frente a la cual no quedó más que un camino: responder. Un ejercicio necesario para la construcción del porvenir y seguramente también sorprendente, porque puede mostrarnos cuántas herramientas internas había en nosotros, cuánta creatividad, cuánta resiliencia y también cuánta ignorada sabiduría.
Muchas actividades, actitudes, relaciones y estrategias que nos resultaban naturales durante nuestra reciente prehistoria ya no serán lo que eran, o quizás directamente ya no serán. Hay un camino por delante y empieza aquí. Si nos empecinamos en mirar atrás no corremos el riesgo de convertirnos en estatuas de sal, como la mujer de Lot, pero sí de quedar rezagados respecto del porvenir, empantanados en la melancolía. La mochila con la que haremos el viaje debería ser liviana y esencial, en ella tendrían que estar fácilmente disponibles nuestros aprendizajes, nuestras revelaciones, las certezas adquiridas y, sobre todo, el agradecimiento por estar aquí, acaso heridos, desconcertados, pero no doblegados. Protagonistas, sí, de una nueva muestra del humano empeño en subsistir. En existir. Raro privilegio, por llamarlo así, que no todas las generaciones reciben. Repasemos, entonces, lo vivido, lo aprendido y lo que viene por vivir.
La prehistoria ya no es lo que era. Hay que repetirlo hasta convencernos.
Habíamos aprendido que se denominaba de esa manera al tramo de tiempo que iba desde que aparecieron en el planeta los antecesores del Homo sapiens, es decir los primeros homínidos, hasta que se detectaron los indicios iniciales de escritura, unos 3.300 años antes de Cristo. De ahí en adelante, la historia.
Como tantas generaciones, también nosotros, los humanos de hoy, éramos parte de la historia de nuestra especie. Pero el destino, los astros, o lo que fuere, nos tenía deparado un raro privilegio. El de ser, en el curso de nuestra vida, protagonistas de ambas experiencias. La de una historia y una prehistoria.
Pudimos recordar que somos mortales, algo que nos empeñábamos en ignorar, y a lo que mucha tecnología irresponsable contribuía
Porque, efectivamente, todo lo acontecido hasta el mes de marzo de 2020 pertenece, ahora lo sabemos, a nuestra prehistoria.
La historia naciente, flamante, que comenzó entonces todavía no muestra un rumbo fijo.
En la reciente prehistoria quedan, a su vez, muchos de nuestros hábitos, de nuestros vínculos, de nuestras certezas, de nuestros (aparentes) conocimientos, de nuestros proyectos, de nuestros sueños y, tristemente para muchos, también algunos seres queridos.
Hace un año nacimos a una nueva historia personal y colectiva. Y como el tiempo, al igual que la vida, es una secuencia continua, todas las etapas que comienzan se amasan no solo con lo nuevo, con lo inédito, sino también con ingredientes de las etapas pasadas.
Siglos y meses
Nos ha tocado empezar de nuevo en muchos aspectos de nuestras vidas. Lo hemos hecho con recursos internos y externos, propios y adquiridos, que quizás no sospechábamos tener. También con herramientas que ya habíamos probado en anteriores circunstancias difíciles de nuestras vidas. Hemos vivido siglos en un año.
Tenemos hoy una edad cronológica verificable en nuestros documentos de identidad y otra edad, inasible, indefinible, hecha de lo vivido y aprendido, de lo ganado, de lo perdido.
Se suele decir que en toda crisis hay una oportunidad. Se dice también que no hay mal que por bien no venga, que las situaciones extremas, dramáticas o trágicas se nos presentan para algo.
Nos aferramos a estas creencias mientras buscamos certezas en la incertidumbre, explicaciones a lo inexplicable, tranquilidad en la inquietud, razones en la sinrazón.
Somos humanos. Nos cuesta aceptar que habitamos el infinito territorio de lo incierto. Y que, dentro de ese territorio, es muy poco lo que de veras controlamos. Pero puede ser cierto lo de las oportunidades, lo de los bienes ocultos en los males, lo del “para algo será” de las circunstancias extremas.
Puede ser cierto siempre y cuando no nos limitemos a recitar esas creencias y a esperar pasivamente que se cumplan. Que haya oportunidades en las crisis dependerá de que, atrapados en las crisis, creemos una oportunidad con lo que la realidad nos entrega.
De lo contrario será solo una crisis. Que haya un bien en el mal será verdad si, como los buscadores de oro que se hunden hasta la cintura en el barro y se manchan de fango para encontrar una pepita oculta en el lodazal, podemos cavar y cavar en el dolor y el sufrimiento hasta dar con su sentido.
Tenemos hoy una edad cronológica y otra edad inasible, indefinible, hecha de lo vivido y aprendido, de lo ganado, de lo perdido
Y las cosas (incluso las peores) nos ocurrirán para algo en tanto asumamos la responsabilidad de crear ese algo encendiendo una vela en la oscuridad en lugar de solo maldecirla, como bien decía Confucio, el pensador chino que vivió del año 551 al 479 antes de Cristo.
Los aprendizajes, el aprendizaje
Así las cosas, en esta rara, inesperada y compleja historia que comenzó un año atrás se nos ofreció la oportunidad de aprender mucho acerca de cada uno de nosotros en particular y de la existencia en general.
Hemos aprendido, por ejemplo, a ejercitar el arte de la paciencia, olvidado en la era de la aceleración, de la velocidad sin destino, de la ansiedad. No hay frutos donde no hay paciencia, ocurre en la naturaleza y en la vida humana.
Aprender acerca de la paciencia es aprender acerca de los límites. Se había hecho costumbre no aceptarlos, transgredirlos, forzarlos. Ahora sabemos como nunca que existen. Y los límites nos enseñan a valorar lo conseguido, porque si todo fuera posible nada tendría valor. Ahora que nos sabemos limitados somos más libres, aun confinados.
Porque la libertad consiste en aprender a elegir tras aceptar que todo no se puede, y a hacerse responsable de las propias elecciones.
Pudimos recordar que somos mortales, algo que nos empeñábamos en ignorar, y a lo que mucha tecnología irresponsable contribuía. Nuestra finitud es la que da valor a la vida y nos llama a no desperdiciarla en la banalidad, en la superficialidad, en el materialismo voraz. Nos convoca a vivir para algo y para alguien.
En este año se nos ofreció el aprendizaje de la humildad. No somos los reyes del universo, ni los dueños del planeta, sino solo una parte de él, la parte de un todo que solo tiene significado cuando no se aparta de él.
Confinados durante largos meses pudimos actualizar nuestros vínculos, potenciar aquellos que verdaderamente nos enriquecen afectiva y emocionalmente, y alejarnos de los que supimos que eran solo contactos. También confinados salieron a la superficie características creativas que quizás desconocíamos de nosotros mismos, y nos inventamos oficios, profesiones o modos novedosos de ejercer las que teníamos.
Vimos, también, que las tecnologías de conexión y las redes pueden ser además puentes de comunicación o poderosas herramientas de trabajo, y no solo pretextos para llenar horas muertas y vacío existencial.
Ejercimos y recibimos formas impensadas e inesperadas de la solidaridad y de la cooperación, dos prácticas (sobre todo esta última) bastante en desuso hasta entonces más allá de declamaciones.
Este repaso rápido e incompleto pretende ser un desafío a que cada uno encuentre sus propios aprendizajes y a que los incluya mientras va armando su equipaje de vida para el tiempo que viene. La experiencia que nos toca vivir desde hace un año no excluye a nadie, aunque el potencial de aprendizaje y transformación que ella encierra no es automático.
No elegimos vivir la historia que comenzamos a vivir hace un año. Pero es nuestra la actitud ante ella, nuestra disposición a aprender y transformar.
Como decía Viktor Frankl, nuestra libertad última e irrenunciable, la que no se nos puede quitar, es la de decidir cómo respondemos ante aquello que no depende de nosotros.
Y acaso sea ese el más grande aprendizaje ante lo que viene. Para que la historia sea nueva.

S. S.

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ARGENTINA..RECORRIDO GASTRONÓMICO


Las ciudades de Tucumán, unidas por las sabrosas empanadas de carne y especias
G. C. 


La ruta de la empanada en Tucumán no tiene fin. Son unos 50 locales adheridos a este circuito gastronómico que unen las localidades de Famaillá, Yerba Buena y San Miguel de Tucumán y continúa en crecimiento. La empanada, producto gastronómico autóctono y representativo, es la estrella indiscutida de la provincia. Sus ingredientes: carne cortada a cuchillo, huevos, pimentón, comino, sal, pimienta, cebolla dorada en grasa, cebolla de verdeo, caldo de gallina y agua. Las picantes llevan ají de cayena.
Esteban Aráoz, propietario de Lola Mora Parrilla, en Yerba Buena, cuenta algunos secretos para lograr que sean bien jugosas, una de sus particularidades. “El horno debe estar bien caliente, si no, se secan”. Y agrega: “Es importante que sea sabrosa y no se sienta un gusto definido, que no se identifique alguna especie, como el comino por ejemplo. Si se le siente, se vuelve pesada. Además, se usa el caldo de gallina para que sea más liviana y no el caldo donde se hierve la carne. Así se come la cantidad que uno quiera”.
Los visitantes llegan a los restaurantes por el dato de un amigo, el clásico boca en boca. Y llegan de todas partes de la Argentina, buscando ese sabor tan único. Los que se vuelven fanáticos se aseguran más empanadas a la hora del regreso: se llevan precocidas y congeladas a su casa.
Cuenta Aráoz que en Yerba Buena todo lugar de venta de comidas ofrece empanadas. No sea cuestión que las pidan y alguien se quede sin comerlas. En medio de la pandemia, se multiplicaron las ventas, por la gente que las vende también desde el garaje de sus casas. Si es buena, se consume. Calcula que existen al menos en Yerba buena unos 200 lugares donde comprarlas. “Se hacen muy buenas empanadas en general. Además, son tan simples para comer. Solo hace falta una servilleta”, resume.



El arte de pescar y comer pulpitos tehuelches en las costas de Chubut
A. R.


Como la amplitud de mareas de la Patagonia es muy grande, entre cuatro y hasta cinco metros, la bajamar en el Golfo Nuevo deja al descubierto fondos rocosos donde habita el pulpito tehuelche. Desde 1950 se lo pesca, de manera artesanal, con ganchos.
“Los pescadores salían tres o cuatro días a pescarlos en las cuevas entre los meses de octubre y hasta abril o mayo. Se la denomina pulperos. La pesca continúa hasta hoy, y siempre tratamos de buscar el producto por estación y sobre todo de pequeños productores”, señala Gustavo Rapretti, chef del restaurante En Mis Fuegos y organizador del festival Madryn al Plato. A tal punto despierta el interés el pulpito tehuelche que desde hace varios años científicos vienen trabajando en la región sobre diferentes aspectos que hacen a la sustentabilidad y ecología.
Luis De Franchesco, pescador artesanal y cocinero en el golfo San José de Península Valdés desde hace más de 30 años, cuenta que el pulpito se empezó a pescar a mayor escala en la zona de San Antonio y en los años 60 algunas familias emigraron a la zona de Puerto Madryn para instalarse sobre el riacho San José, donde continuaron pescando junto a sus hijos. “A los pulpitos frescos aconsejo congelarlos una semana, luego hervirlos 20 minutos y dejarlos reposar en la misma agua, para que tomen un color bien bordó. De ahí se los saca y se puede hacer un pulpito a la gallega, con aceite de oliva y pimentón acompañado por unas papas hervidas; o una cazuela con salsa de tomate, a la que se incorpora el pulpito”, señala.
Durante Semana Santa se realizará la Feria de Pescadores Artesanales, un festival gastronómico donde se pueden adquirir los clásicos de la cocina local (entre ellos el pulpito) y además paellas, escabeches de mariscos y empanadas de frutos de mar. También suman productores de cerveza artesanal, pastelería y chocolatería.



En Suipacha, más de 40 variedades de quesos para una panzada
G. C.


Quien quiera hacer una completa cata de quesos, el lugar es Suipacha, a tan solo 120 km de Buenos Aires. La salida es perfecta para ir en familia, ya que se puede disfrutar de la naturaleza, la presencia de animales de granja y más de 40 variedades de queso, elaborados con leche de vaca, de cabra y oveja.
“Los visitantes llegan normalmente a las 10 de la mañana. Se los recibe con una charla histórica para contarles dónde están, por qué aquí la ruta del queso. Hay circuitos que duran medio día. Otros de día completo, hasta la caída del sol”, cuenta Nicolás Alessandro, guía de esta ruta.
A los establecimientos Cabañas Piedras Blancas y Quesos Fermier se suma al circuito el almacén de campo Quesos de Suipacha. Debido a la pandemia, las aperturas para los visitantes se están dando de manera progresiva y solo se puede ingresar teniendo reserva. La ruta se organizó en 2008 y desde entonces cobra cada vez mayor relevancia. Suipacha tiene mucha historia, por sus 150 años dedicados a la lechería. No hace falta ir a Europa a comer grandes quesos. La Argentina tiene una gran tradición quesera heredada de los inmigrantes y figura entre los 10 primeros productores de quesos. Otro dato. Los argentinos somos grandes consumidores de este producto: 12,9 kilos per cápita, según la Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas Lácteas (Apymel).
¿Qué quesos premium se pueden comer en Suipacha? Muchísimos: lusignan, brie, cabrambert, raclette, provoleta de cabra, pepato, camembert, blackambert, pecorino, reblochon, vacheroleau, crottin pimienta, sardo, cremoso, criollo, fontina. Todos sin aditivos ni conservantes.
Se puede visualizar la interminable variedad de quesos en la web piedrasblancas.com.ar y quesosfermier.com.ar.
Si no se los conoce, ya hay motivo de visita. El sábado próximo es el Día Internacional del Queso. Habrá que celebrarlo.



Frambuesas, cerezas y otras frutas finas en la Comarca del Paralelo 42
A. V. 


La ruta de la fruta fina se hace camino al andar por la Comarca Andina del Paralelo 42. Entre caminos de montaña, lagos y pequeños pueblos desparramados entre el sur de Río Negro y el norte de Chubut numerosos productores trabajan en plantaciones de arándano, frambuesa, moras y zarzamoras, grosellas, cerezas y guindas, entre otras frutas.
El circuito, que integran El Bolsón, Lago Puelo, El Hoyo, Epuyén, Cholila y El Maitén y muchos otros parajes, reúne a cerca de 80 productores que elaboran mermeladas, alfajores, almíbares y jugos entre otras especialidades típicas de la región.
La tradición de los dulces, que se hacen de manera natural, solo con fruta y azúcar, sin otros agregados, comenzó en la década del 50, cuando un inmigrante húngaro fundó la primera fábrica de la zona para hacer dulce de frambuesa. Ahora la firma Michay Co, elabora, entre dulces, mermeladas y conservas, jugo de sauco, que fue reconocido recientemente por el Conicet por su poder antiviral.
Luego se fueron sumando, cacerola y cuchara en mano, más y más productores.
Para Semana Santa, en El Bolsón se organizará Date el Gusto, una feria gastronómica al aire libre con productores de la región, en una carpa de Crear Río Negro.
También se pueden visitar las fábricas, como Cabaña Micó, una de las referentes, donde ofrecen visitas guiadas para recorrer las plantaciones, ver de cerca cómo se cultiva, y hacen degustaciones en la confitería.
Y como no puede ser de otra manera, en enero se realiza la Fiesta Nacional de la Fruta Fina en El Hoyo, que reúne a productores locales, con música y gastronomía, aunque la última edición se suspendió por la pandemia. A pesar de los incendios de las últimas semanas en la zona, la actividad turística se mantiene sin inconvenientes.




Ver, pescar con mosca y comer truchas en San Martín de los Andes
G. C.


San Martín de los Andes es el paraíso de la trucha y también de la pesca con mosca. Y los viajeros pueden conocer más sobre su vida, pescarlas y también comerlas. “Se practica la captura y la liberación. Esto ha permitido que las poblaciones de truchas se mantengan saludables y numerosas en los lugares donde pescamos. Los restaurantes que ofrecen la trucha como estrella gastronómica son de criadero. Y el 90 por ciento de lo que se produce en toda la Argentina es de aquí, el sur de Neuquén”, explica el biólogo y especialista en pesca con mosca Javier Urbanski.
Quien quiera ir a pescar una trucha, podrá sacrificar una por pescador, por día, en los lugares autorizados. “Existe un reglamento de pesca patagónico cuya compra es obligatoria para quien quiera realizar la actividad, donde se detallan ambiente por ambiente, por temporadas, modalidad de pesca”, detalla Urbanski, que también organiza cada año la Expo Fly Fishing Patagonia.
Trampa de peces, que está en la costanera del lago Lácar sobre la desembocadura del río Pocahullo, es una estación que trabaja en desviar el trayecto de nado de las truchas para intervenir en su desove y optimizar la cantidad de huevos a fecundar. Actualmente está cerrado por reformas, pero los viajeros se pueden acercar a ver cómo funciona. La trucha es la protagonista de todas las cocinas de San Martín. Se sirve de muchísimas maneras: grilladas, a la parrilla, en pastas rellenas, en curado; con un caldo pochado, a horno, en curanto. Hay aproximadamente 50 restaurantes y en su mayoría sirven la trucha arco iris. El chef Alejandro Marchant, al frente de su restaurante Merken, cuenta que "la carne de trucha es muy suave, las cocciones son muy cortas, a bajas temperaturas quedan también cocidas, si queda un color rosadito adentro es mucho más suave, es decir, está a punto”.


De Ushuaia a Puerto Almanza, para degustar centolla
P. D.


La ruta de la centolla, entre Ushuaia y la pequeña localidad de Puerto Almanza, a unos 75 kilómetros de la capital fueguina, es una pequeña joya austral que vale la pena descubrir en una travesía por la región.
El punto de partida será naturalmente Ushuaia, donde restaurantes como Volver, La Cantina de Freddy, Moustacchio o El Viejo Marino ofrecen centolla del Canal de Beagle en distintas preparaciones, ya sea al natural, como relleno de pastas o en una picada de mariscos.
Todo paseo urbano invita, desde los carteles y las vidrieras, a descubrir el sabor único de este crustáceo de aspecto amenazante y carne delicada. Pero para ir a las fuentes hay que viajar hasta Puerto Almanza, una pequeña localidad donde un puñado de casas –la mayor parte de pescadores artesanales– dan la bienvenida a los aventureros que llegan hasta el fin del mundo. Algunos de los pobladores abren sus casas a los huéspedes; otros encabezan pequeños restaurantes que ofrecen el lujo de lo genuino. Como Puerto Pirata, donde Diana Méndez –que se da a conocer como la primera mujer patrona de una embarcación de pesca en el Canal de Beagle– invita a descubrir la pesca artesanal de la centolla, a la vez que explica la importancia de preservar la pureza de las aguas para conservar el recurso.
Allí se recrea para los visitantes la experiencia de la pesca de la centolla, que se hace colocando jaulas en el fondo del mar, hacia donde se atrae a este crustáceo para su captura. Los visitantes pueden embarcarse en las aguas del Beagle para recrear el proceso y luego probar la centolla recién pescada que Diana cocina en agua de mar en su pequeño restaurante. En el canal también se pesca róbalo, pulpo y erizos: por eso recorrer el puñado de kilómetros de Puerto Almanza puede ser un auténtico descubrimiento de la gastronomía marina más austral del país.

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LA ECONOMÍA POR SANTIAGO BULAT


¿Crecer para distribuir o distribuir para crecer? Esa es la cuestión
No pueden aislarse los efectos de distribuir ingresos que distribuir riqueza, ni tampoco a qué costo sobre la sociedad.



Santiago Bulat

Los gobiernos pueden contribuir a aumentar o reducir la desigualdad de ingresos a través de impuestos y transferencias (asignaciones o subsidios)


1. Debate. La discusión no es nueva y hoy tiene vigencia en la Argentina dado que la presión impositiva está en niveles récord, la cantidad de beneficiarios de asistencia social se duplicó desde 2008, y, sin embargo, la pobreza está en niveles superiores al 40% y se acerca al 60% en los más jóvenes. Lo que queda claro es que no tiene sentido hacer una cuenta sobre el total del PBI, dividirlo por la cantidad de habitantes y repartir en partes iguales el resultado para salir de la pobreza, como sugirió algún funcionario hace poco. Primero, porque es operativamente irrealizable, el PBI no puede dividirse como si fuera dinero, dado que es el conjunto de bienes y servicios de la economía. Segundo, porque confunde flujo con stock. Tercero, porque atenta contra la mirada del capitalismo, que promueve incentivos para adquirir bienes y servicios de propiedad privada.

2. A la teoría. Hay tres motivos que justifican el grado de equidad sobre la redistribución del ingreso. Primero, un mayor grado de inequidad en la distribución del ingreso implica un mayor nivel de pobreza. Segundo, la desigualdad en la distribución del ingreso afecta negativamente al desarrollo económico a partir del inequitativo acceso a los activos productivos, como la educación o al crédito, reduciendo inversiones potenciales y productividad. Tercero, una mala distribución del ingreso es percibida como negativa por la sociedad, por lo que los gobiernos pierden legitimidad y apoyo social. Si un proceso de crecimiento sostenido es acompañado por una mala distribución, los resultados sobre la reducción de la pobreza serán limitados.


3. Desigualdad.
Los gobiernos pueden contribuir a aumentar o reducir la desigualdad de ingresos a través de impuestos y transferencias (asignaciones o subsidios). Los últimos datos de la OCDE destacan que la desigualdad de ingresos promedio de este grupo de países antes de impuestos alcanzó un Gini de 0,47 (es 0 cuando todos los hogares tienen ingresos idénticos) y se redujo a un promedio de 0,32 después de la intervención del gobierno. La reducción de la desigualdad genera efectos positivos en términos de estándares de vida de las personas que reciben el beneficio y para la economía en su conjunto, dado que aumenta la capacidad de acumulación de todos, dando mayor estabilidad política y económica, entre otras cosas.

4. Progresivamente. No es lo mismo redistribuir cualquier cosa de cualquier manera. No pueden aislarse los efectos de distribuir ingresos que distribuir riqueza, ni tampoco a qué costo sobre la sociedad. Para ilustrarlo, en los 90 eran 12 los países de la OCDE que contaban con impuestos a la riqueza, mientras que en 2017 solo lo hacían cuatro. La decisión para que esta clase de impuesto no rija tenía que ver con los conceptos de la ineficiencia intrínseca, sus dificultades administrativas y sobre la premisa de que no alcanzaba su principio esencial de redistribución. Por eso se intensificaron los impuestos progresivos sobre las ganancias individuales de forma global. Es decir, el impuesto a la riqueza tendrá limitados efectos distorsivos y estará más justificado en países donde la tributación de la renta del capital personal es comparativamente baja.

5. Juego de suma cero
. Hay un concepto arraigado, no muy típico de esta época y sobre todo en sociedades divididas, que ve a la economía como un juego de suma cero. Es decir, que, si uno está perdiendo su capital, automáticamente otro se está beneficiando: algo así como que la existencia de la pobreza se da por la existencia de la riqueza. Una afirmación que se contrapone con la evidencia mundial, que genera riqueza al tiempo que baja la pobreza extrema. La necesidad de una sana redistribución es imperiosa por sus múltiples efectos positivos, pero si el resultado es destruir los incentivos, entonces perdemos todos.

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VIRGINIA WOOLF..UNA VOZ DEL SIGLO XX


Virginia Woolf, una voz que marcó el siglo XX
A 80 años de su muerte, la autora de Las olas sigue fascinando por su obra, moderna e inagotable, y por su vida junto al legendario grupo de Bloomsbury

La escritora inglesa Virginia WoolfAP
Virginia Woolf, escritora inglesa de cuya muerte se cumplen 80 años, fue una de las grandes figuras literarias del siglo XX y también el centro de un mundo estético del que solo queda su recuerdo y algunas obras que han resistido justificadamente el paso del tiempo.
Virginia reunió en su persona la inteligencia y la belleza heredada de sus progenitores: alta, elegante y frágil, con un rostro en el que predominaba la línea de los huesos y una mirada lánguida y delicada. Junto a estos dones tuvo una frágil salud mental, con recaídas periódicas en las que sufría alucinaciones y oía voces. Cada vez que terminaba alguno de sus libros, la enfermedad amenazaba con recomenzar.
Los Woolf (Virginia Stephen reemplazó su apellido paterno por el de Leonard Woolf, su marido) fueron durante años un punto de referencia en la vida intelectual inglesa. Su núcleo de amistades, conocido como el grupo de Bloomsbury, reunió a los nombres más importantes del arte, la literatura, la economía y la ciencia de su país. Eran jóvenes, talentosos, prometedores y sin prejuicios; casi todo parecía estarles permitido, a pesar de que se movían en una sociedad que cultivaba aún el puritanismo de la era victoriana.
“La leyenda de Bloomsbury –el relato de cómo Virginia y Vanessa Stephen emergieron de un entorno victoriano lúgubre y patriarcal y acabaron convertidas en las figuras centrales de un luminoso grupo de escritores y artistas adelantados a su tiempo y libres de espíritu– toma su argumento del mito del modernismo. Ambos, leyenda y mito, trazan un movimiento de la oscuridad a la luz, de una fealdad rimbombante a una belleza sin adornos, de un realismo fatigado a una vital abstracción, del atraso social al progreso social”, dice la periodista y escritora estadounidense Janet Malcolm en “Una casa propia”, texto que integra el libro Cuarenta y un intentos fallidos. Ensayos sobre escritores y artistas.
Virginia se había casado a la edad de 30 años y poco después terminó de escribir su primera novela, seguida de una grave postración que duró casi dos años. Una década después, su nombre gozaba de un prestigio sólido que fue creciendo hasta el final. El núcleo de sus novelas y ensayos responde a su preocupación central: la mujer y su lugar en la sociedad. Su novela La Señora Dalloway cuenta un día en la vida de una mujer de cincuenta años. En Orlando, una bigrafía (1928), el protagonista se convierte en mujer. En Un cuarto propio expone sus reflexiones en torno a las mujeres y al feminismo; en Flush (1933) narra, a través de la mirada de un cocker spaniel, la historia de la escritora Elizabeth Barret, unida con el poeta Robert Browning, que la secuestra del N° 50 de Wimpole Street para casarse con ella y librarla de la tiranía paterna. Este libro le sirvió de modelo a Manuel Mujica Lainez para escribir Cecil (1972), novela autobiográfica en la que el escritor argentino cuenta su vida en “El Paraíso”, su casa en las sierras de Córdoba, no de manera directa sino a través de la voz de un galgo tímido que llevaba su nombre en honor de Cecil Beaton y que le había regalado Miguel Ángel Cárcano.
En la novela Las olas, de 1931, Virginia desarrolla la técnica del monólogo interior, en un relato a voces que tendrá una gran influencia en la narrativa del siglo XX.
Virginia Woolf tuvo contacto con la Argentina a través de una amistad casi siempre epistolar con Victoria Ocampo. Pero nunca estuvo en nuestro país, lo que le permitió mantener la ilusión de que estaba poblado de enormes mariposas multicolores. En su imaginación, Buenos Aires era una ciudad en la que siempre hacía un calor difícil de soportar y en la que los animales salvajes se paseaban libremente.
Victoria Ocampo ansiaba conocer a Virginia; el encuentro se produjo el 26 de noviembre de 1934, en una exposición del fotógrafo Man Ray, a la que Victoria había sido invitada por Aldous Huxley. Virginia tenía entonces 52 años de edad; Victoria, 44. Se sabe que la Woolf la acosó a preguntas: quería saberlo todo acerca de la fundadora de la revista Sur, quien le inspiró la siguiente frase descriptiva: “La opulenta belleza de la millonaria de Buenos Aires”.
Gracias al matrimonio Woolf, Victoria conoció a varios de los integrantes del grupo de Bloomsbury y al poeta Wystan Hugh Auden.
En la correspondencia que mantuvieron, a veces Virginia escribía mal el apellido de Victoria y ponía Okampo, con k, lo que seguramente molestaba a la destinataria.
Fue Victoria quien se entusiasmó por traducir los libros de Virginia, a pesar del escepticismo y el recelo de la escritora inglesa, que daba casi por segura la falta de interés de los lectores sudamericanos por su obra. En su libro Victoria Ocampo, el mundo como destino, María Esther Vázquez recuerda que Orlando apareció publicado en castellano en 1937 y, al año siguiente, Un cuarto propio, ambos traducidos por Jorge Luis Borges. Años más tarde, Borges reconoció, en una conversación pública con Osvaldo Ferrari, que este último libro lo había traducido Leonor Acevedo, su madre, y que ambos se revisaban mutuamente las traducciones. A Borges, Un cuarto propio, un alegato a favor de las mujeres y el feminismo, le había interesado menos: “Como yo soy feminista –agregó– no requiero alegatos para convencerme”.
Respecto de Orlando, opinaba: “Es la novela más intensa de Virginia Woolf y una de las más singulares y desesperantes de nuestra época […] La magia, la amargura y la felicidad colaboran en este libro”.
Luego de su casamiento, Virginia se volcó por entero a escribir, pasión alterada por las dos grandes guerras que asolaron a Europa. Durante la primera de ellas, en 1914, Virginia era aún joven y su salud estaba mejor. Al promediar la Segunda Guerra Mundial era una mujer cercana a los sesenta años y con los nervios destrozados. Al horror general se le sumaban las desgracias domésticas que ella y su marido habían padecido; un bombardeo había destruido la librería y la casa de los Woolf; otro, había hecho lo mismo con su casa de campo, en los Downs.
Alguien ha dicho que hay dos maneras de ir hacia la muerte: de prisa o despacio. Virginia Woolf elegiría este último camino. Acababa de terminar Entre actos, publicada póstumamente en 1945, novela en la que había depositado una gran esperanza. Pero el ala de la locura volvía a rozarla. No podía soportar la idea de una recaída en su enfermedad y el miedo renovado de perder la razón. Aquella mañana final –era el 28 de marzo de 1941 y apenas despuntaba la primavera–Virginia se sentó a escribir dos cartas: una destinada a su hermana Vanessa (madre de Quentin Bell, quien en 1972 escribiría una extraordinaria biografía de su tía Virginia) ; la otra, a su marido. Le decía a Leonard que estaba segura de volverse loca y que no podría soportar esta nueva prueba. Eso era todo. Luego, salió de la casa.

CUENTOS COMPLETOS Y TRES GUINEAS..REEDITADOS POR GODOT
Su último acto fue caminar lentamente, con el bastón que solía usar en sus paseos por el campo, hasta un pequeño río, el Ouse. Después se dejó arrastrar por la corriente que la llevaría a un mundo menos cruel, como si las correntosas aguas fueran un símbolo del Tiempo que todo lo muda y cambia. El bastón apareció poco después, pero el cuerpo de la escritora demoró tres semanas en ser encontrado. Virginia Woolf había llenado los bolsillos de su abrigo con piedras pesadas.
La noticia del suicidio sorprendió a Victoria Ocampo en Mar del Plata. “Sufrió mucho y, con la generosidad de siempre, se lamentó de no haber sido capaz de retribuir lo mucho, lo valioso que Virginia le había dado”, añade María Esther Vázquez. Años más tarde, en 1954, Victoria Ocampo escribió Virginia Woolf en su diario, cuando aparecieron fragmentos de ese diario privado que Leonard, el viudo, hizo público. De este modo, se cerraba la relación entre dos mujeres que tenían mucho en común y que la escritora argentina sostuvo con admiración y fervor.

M.V
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miércoles, 31 de marzo de 2021

LO PEOR DE LO PEOR...MIENTRAS LA MUERTE Y LOS CONTAGIOS CRECEN


La vacuna también tiene ideología

Francisco Olivera


El presidente Alberto Fernández en un monitoreo del operativo de vacunación
Si quisiera, Alberto Fernández podría tal vez intentar lo de su amigo López Obrador: perturbado porque el laboratorio Liomont se demoraba en su país con el envasado de la vacuna de AstraZeneca, el líder mexicano acaba de pedirle a Joe Biden varias dosis que le sobran de ese laboratorio, todavía sin aprobar para uso norteamericano.
 Hay, intactas y en medio de la escasez global, 10 millones de AstraZeneca almacenados en centros de fabricación de Estados Unidos. Biden accedió: les dará, a modo de préstamo, 2,5 millones de esas dosis a México y 1,5 millones a Canadá.
No es una colaboración 100% desinteresada, en realidad. Cuando los periodistas le preguntaron a Jen Psaki, secretaria de Prensa de la Casa Blanca, si ese envío le exigía a México retribuir con gestos de política migratoria, la vocera fue ambigua. “Rara vez hay un solo tema que se esté discutiendo con cualquier país al mismo tiempo”, dijo, aunque después negó que hubiera una contraprestación. Estados Unidos tiene una urgencia evidente, necesita que México contenga a los inmigrantes que vienen de Nicaragua, Honduras y Guatemala, pero Biden pretende ser más sutil que Trump en el pedido y jamás lo reconocerá públicamente. Él y López Obrador hablaron de sus respectivas inquietudes este mes por videoconferencia.
Los analistas la llaman “diplomacia de las vacunas”. Es imposible que los intereses no se entrometan. En noviembre, mientras celebraba en Avellaneda con Kicillof los 25 millones de dosis que suponía que le compraría a Putin, Alberto Fernández intentó despojar de estas contaminaciones a la vacuna. “No preguntamos si tiene ideología, preguntamos si salva vidas”, dijo, como correspondería a un gobierno de científicos. Pero Cristina Kirchner suele ser más directa. Y el miércoles, en Las Flores, mientras le cuestionaba a Estados Unidos haber respaldado el golpe del 76, se atribuyó no solo las gestiones con Rusia y China, sino haber acertado en separar sus gustos personales, como viajar a Disney, de los “intereses nacionales” de una Argentina que debía tener una visión “multilateralista”.
El problema es que ambas apuestas vienen demoradas: los 25 millones de Sputnik V que entusiasmaban al Presidente y los tres de Sinopharm que, según la ministra de Salud, “están en China”. Son problemas de distinta naturaleza. El de los rusos es el stock; el de los chinos, el precio, casi el cuádruple que las de Putin y diez veces las de AstraZeneca. No es fácil negociar con Xi Jinping: no solo exigía al principio cobrar por adelantado 30 millones de dosis, sino que también rechazó la oferta inicial argentina, que era pagar con yuanes del swap entre ambos bancos centrales. Lo primero se negoció; lo segundo fue imposible: el maoísmo del siglo XXI prefiere dólares. Se deberá entonces pagar por lote y en la medida en que llegue cada uno. La cuenta total orilla los 1200 millones de dólares.
“Hace falta un plan B”, dice últimamente Eduardo López, uno de los infectólogos que asesoran al Presidente. El Gobierno habla ahora de un posible acuerdo con el laboratorio Janssen y prefiere no descartar a Pfizer. Pero son opciones que deberá explicar dentro del Frente de Todos, principalmente en la provincia de Buenos Aires. Por lo pronto al cirujano Jorge Rachid, del comité que asesora a Kicillof, que en diciembre ubicó a Pfizer en un punto de difícil regreso: “Pidieron una ley con garantías, con bienes inembargables como son los glaciares, y permisos de pesca”. Y eso que la Argentina había sido, con Israel, el primer país en iniciar conversaciones con el laboratorio norteamericano. Lo acredita una foto que publicó Alberto Fernández el 10 de julio en Twitter: “Recibí en Olivos al gerente general de la farmacéutica Pfizer, Nicolás Vaquer, y al director científico de la Fundación Infant, Fernando Polack. Argentina es el único país de la región donde se llevará a cabo una de las fases de prueba para una posible vacuna contra el Covid-19”, empezó, y agregó: “La selección de nuestro país para llevar adelante estos estudios estuvo basada en la experiencia científica local, en las capacidades operativas y en la experiencia previa de la Argentina en la realización de estudios clínicos. Es un gran desafío y un enorme orgullo para todos”. El mensaje entusiasmó más que nada en La Matanza: Verónica Magario, Fernando Espinoza y Débora Giorgi retuitearon enseguida con alguna felicitación. Lo que pasó después se conoce a medias. Pfizer hizo las pruebas con voluntarios en el Hospital Militar y llegó a ofrecerle al Gobierno más de 10 millones de dosis, que, a medida que crecía la discusión por las condiciones de compra, fueron disminuyendo hasta quedar en 900.000.


Cristina Kirchner aprovechó el desencuentro para adentrarse el miércoles en algo más abarcador, el alineamiento internacional. “¿Quién diría que las únicas vacunas con que contamos hoy son rusas y chinas? Qué cosa, ¿no?”, dijo, el mismo día en que la Argentina anunciaba su decisión de irse del Grupo de Lima, conformado en 2017 para encontrarle una salida a la crisis de Venezuela. Es cierto que la Casa Blanca ya descontaba el anuncio. Y que sus diplomáticos recuerdan que Mauricio Claver-Carone, hoy líder del BID, no creyó en la respuesta que en noviembre de 2019 le daba Alberto Fernández, todavía presidente electo, días después de haber recibido una llamada de respaldo de Trump. Claver-Carone, entonces encargado para América Latina y el Caribe, le transmitió aquella vez que para Estados Unidos era importante que la Argentina no abandonara el grupo. Los demócratas suponen además que, en adelante, la Unión Europea será menos benevolente con Venezuela porque ellos tendrán con la OTAN una mejor relación que Trump. Pero lo que sí importa en Washington son los acercamientos de la Argentina a China. Hay temas estratégicos: la estación aeroespacial de la Patagonia; la licitación para el dragado de la Hidrovía Paraguay-Paraná, que captó el interés de la Shanghai Dredging, y la instalación de antenas de tecnología 5G en América Latina.
Alberto Fernández deberá sopesar estas susceptibilidades en su viaje a Pekín, en mayo. Es lo que esperan seguramente en el Palacio de Hacienda, donde más molestaron las críticas de Cristina Kirchner a Estados Unidos. “¿No sería hora de que nos hagan algún gestito, algunito, digo yo?”, dijo ella, e insistió en que los plazos y las tasas que planteaba el FMI eran impagables. Guzmán debería saber ya que para el kirchnerismo el único costo relevante es el político: el que se paga fronteras adentro. 
En 2008, por ejemplo, la expresidenta prefirió endeudarse al 14% con Venezuela antes que con el Fondo, tres veces más barato. Alberto Fernández debería seguir la misma lógica si quisiera volver a negociar con Pfizer o pedirle dosis a Biden. La vacuna tiene ideología en Washington, Pekín, Moscú o Buenos Aires. La Argentina se diferencia del resto en que no solo politiza sus ventas, sino también sus compras. Eso la lleva a pagar siempre el precio más alto.

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