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martes, 11 de abril de 2023

RELACIONES INTERNACIONALES


Una política exterior en niveles múltiples
Patricio Carmody
En un contexto cambiante y de transición del poder relativo en el mundo, una cualidad importante de la diplomacia argentina debe ser tener la claridad conceptual necesaria para enfrentar y explicar las complejidades a las que se expone. Esta transición de poder “hacia fuera de occidente” como afirma el profesor Roberto Russell, agrega complicaciones al manejo de nuestra política exterior, que debe ser implementada en niveles múltiples.
Una manera de explicar estos niveles múltiples es “desagregar” las relaciones exteriores en los diferentes niveles de interacción. Para ello es útil el modelo empleado por el profesor norteamericano Joseph Nye, de “tableros de ajedrez paralelos”, donde se desarrollan, en forma simultánea, las relaciones entre naciones. Ejemplos de estos diferentes “tableros” son el nivel político/ cultural, el económico/comercial, el nivel científico/tecnológico y el militar. En el nivel político/cultural, al implementar una estrategia de “horizontes diversos” –mantener relaciones positivas y simultáneas con las potencias establecidas, los nuevos centros de poder y el exterior próximo–, se debe tener sumo cuidado al tratar con regímenes autocráticos, y la voluntad de trabajar con ellos se reduce al mínimo en caso de una violación del orden internacional –la invasión ilegal a otro país– o de un ataque terrorista en nuestro suelo.
En el nivel económico/comercial, la Argentina debería poder relacionarse con la mayoría de las naciones del mundo, con las excepciones menciona das. Un desafío mayor será enfocarse solo en aquellas metas que sean accesibles. otro será no utilizar esta estrategia de diversificación solo para endeudarse. En el nivel científico-tecnológico, la Argentina se ha relacionado tradicionalmente con las potencias establecidas, incias cluidas las áreas espacial y nuclear. Una excepción fue la instalación de una base china para la investigación del espacio profundo en Neuquén. Es necesario que este tipo de instalaciones con potencial uso militar de un país autocrático no aparezcan como un hecho consumado. Que sea similar a la base europea no es un argumento aceptable, ya que Europa es una socia democrática. otros casos controvertidos son la instalación de un reactor nuclear de tecnología china Hualong –resistida por EE.UU. y nuestros expertos– y de sistemas de comunicación 5G de Huawei.
En el nivel militar, la Argentina se encuentra históricamente ligada a occidente. Se han comprado recientemente unidades navales a Francia y aviones de transporte militar a Suecia y EE.UU. Pero nuestras Fuerzas Armadas encuentran vetos concretos para acceder a aviones de guerra modernos, con piezas británicas. Esto podría tener consecuenno deseadas si no se soluciona, dadas las alternativas concretas propuestas por China. Así, al interactuar con las diferentes naciones, cada agenda bilateral tendrá niveles múltiples. Como vemos, este proceso será particularmente desafiante al manejar las agendas simultáneas con EE.UU. y China. Citando a Raymond Aron, requerirá de un eximio manejo de los matices, lo que es la esencia de la habilidad política. Y saber que la mentira no es de ninguna manera la cualidad típica o el medio indispensable de la diplomacia.
Al enfrentar este desafío en niveles múltiples, habrá que estar consciente, como dijo Kissinger, de que los líderes no pueden crear el contexto en el que deben operar. Su contribución distintiva consiste en operar en el límite de lo que cada situación permite. Si se exceden los límites, se estrella. Si se queda corto en lo que es necesario hacer, se estanca.


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Israel y su reforma judicial
Israel lleva más de tres meses de multitudinarias movilizaciones contra la reforma impulsada por el gobierno de Benjamin Netanyahu que busca modificar el sistema judicial y concentrar poder en el Ejecutivo. Amplios sectores, incluyendo expresidentes, militares e intelectuales, han calificado la iniciativa como un intento de cambio de régimen o, incluso, de golpe de Estado judicial, según varios opositores.
El exministro de Defensa Yoav Galant, cesado en sus funciones por sus pedidos de suspensión de la controvertida reforma judicial, ha subrayado que la iniciativa dejaba expuesta la seguridad del Estado, dado que militares en actividad y reservistas habían expresado su oposición.
Al respecto, el presidente de Israel, Isaac Herzog, ha manifestado que “estamos ante una situación grave, que acarreará consecuencias políticas, económicas, sociales y de seguridad”, tras reclamar, sin éxito, un pacto para evitar el progreso de la cuestionada reforma. “Un acuerdo total es imposible, pero un amplio acuerdo en cuestiones legales es a lo que debemos aspirar en este momento crítico. La democracia israelí es la base fundacional de nuestro Estado”.
El presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, subrayó que Israel precisa consensos para hacer cambios tan importantes como el que plantea la reforma judicial. “La genialidad de la democracia estadounidense y la democracia israelí es que ambas se basan en instituciones sólidas, controles y equilibrios, y un Poder Judicial independiente”. Agregó también que “construir el consenso para cambios fundamentales es realmente importante para garantizar que la gente los adopte para que puedan sostenerse”. Líderes de Francia y Alemania manifestaron asimismo su preocupación por el avance de la reforma.
Entre otras cuestiones, los cambios contemplan modificar la composición del comité que elige a los jueces, dando mayoría a los representantes gubernamentales. Además, propone que la Corte Suprema no pueda revisar ni anular leyes por mayoría simple; pero, por otro lado, sí daría al Parlamento israelí la potestad de anular fallos de la Corte Suprema por mayoría simple cuando estos afecten a leyes aprobadas por el Parlamento.
También modifica la actual relación de poder, inclinando la balanza a favor de los poderes Ejecutivo y Legislativo en detrimento del Judicial; una maniobra similar a la que han intentado otros gobiernos, como el polaco o el húngaro en Europa, y cuyo objetivo es subordinar al Poder Ejecutivo las instancias judiciales que fiscalizan la actividad política.
Tras masivas manifestaciones en varias ciudades del país y una huelga general que incluso paralizó el mayor aeropuerto, Netanyahu cedió y anunció que postergará su controvertida propuesta para reformar la Justicia. Sin embargo, el anuncio no aplacó los ánimos.
La reforma judicial y la eliminación de los contrapesos entre los diferentes poderes son algunos de los peligros que debilitan aún más a las democracias occidentales. La reforma de Netanyahu puede deslizar a Israel por una pendiente autoritaria. Su postergación en busca de consensos es una buena noticia cuando se trata de preservar la estabilidad, la seguridad y la democracia.

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viernes, 7 de octubre de 2022

RELACIONES INTERNACIONALES


Lula y la política exterior de Brasil
Patricio Carmody

La política exterior de Brasil nunca ha sido de importancia secundaria en la vida pública de ese país. Tampoco ha tenido nunca un sentido meramente ornamental, sino, en general, un carácter funcional y utilitario. Ha estado regularmente orientada hacia los asuntos comerciales y al servicio del desarrollo nacional. Así lo atestiguan la “diplomacia del café” de principios del siglo XX, como también la ambición del presidente Luiz Inacio Lula da Silva de “cambiar el mapa del comercio internacional” a principios del siglo XXI. Para ello, se han seguido dos grandes estrategias, en apariencia opuestas, pero complementarias en el tiempo: el alineamiento con los Estados Unidos y la “política exterior independiente”.
El alineamiento con EE.UU. fue la doctrina del fundador de la diplomacia brasileña, José Paranhos, el barón de Rio Branco. Asumió como canciller en 1902, y estableció las bases de la política externa de Brasil, que se mantuvieron prácticamente hasta los años sesenta. Preocupado por las tendencias imperialistas europeas con respecto a la Amazonia, implementó una estrategia de estrecha alianza informal con los EE.UU. Paranhos aspiraba a que Brasil ejerciera un rol estabilizador y hegemónico en América del Sur, similar al que desempeñaba EE.UU. en el norte, pero en forma pacífica y sin intervenciones militares. Más tarde, Osvaldo Aranha, canciller de Getulio Vargas durante los años 1938 y 1944, afirmaría que esa doctrina consistía en el constante apoyo de Brasil a EE.UU. en las cuestiones mundiales, que en contrapartida, resultaría en el respaldo de EE.UU. al desarrollo de la economía y de los intereses brasileños en América del Sur.
La “política exterior independiente” fue diseñada por otros eximios diplomáticos brasileños: Alfonso Arinhos y San Tiago Dantas (1961-1964), y fue precursora de la adoptada por Antonio Azeredo da Silveira: el “pragmatismo responsable” (1974-1979). La primera estaría, por definición, opuesta al “alineamiento automático” con EE.UU. y procuraría diversificar las relaciones diplomáticas para ampliar los espacios de autonomía. Para ello, se trabajó en aproximarse a los países africanos y asiáticos, en pleno proceso de descolonización, y se restablecieron las relaciones diplomáticas con la Unión Soviética. Por su parte, Azeredo da Silveira implementó también una política externa más universal, de tipo autonomista, y sin temer confrontar con EE.UU. si los intereses nacionales estaban en juego. Así, se adoptó una posición más balanceada frente al conflicto este-oeste y se buscó un mayor acercamiento a Asia, África y América Latina.
Más recientemente, Jair Bolsonaro (2019-2022) optó por una alianza con EE.UU., aunque con componentes ideológicos demasiado similares a los del gobierno Trump, que luego dificultaron la relación con el gobierno demócrata de Joe Biden. A nivel global, al oponerse a la lucha contra el cambio climático y permitir una más agresiva deforestación, Brasilia perdió el liderazgo ejercido en esta campo, con el que había evitado cualquier proyecto de internacionalización de la Amazonia. A nivel birregional, su conducta en lo ambiental, más los roces personales con el presidente francés, Emmanuel Macron, llevaron a crear excelentes excusas para que la Unión Europea (UE) –y en particular Francia– no ratificara/consolidara el acuerdo Mercosur-UE.
Con una potencial vuelta de Lula a la presidencia, podríamos esperar una política exterior de carácter independiente, con elementos de sus gobiernos anteriores (2003-2011), pero atenta a la confrontación entre EE.UU. y China. Se ha expresado la voluntad de no confrontar y colaborar con el resto del planeta. Que Brasil “no tendrá ninguna clase de disputa con otras naciones, y no las vamos a crear”. En cuanto a EE.UU., Lula ha dicho: “Es un socio muy importante para nosotros, pero queremos pedir que nos respete”. No se lo trataría de forma secundaria y se procuraría renovar la relación política, científica, empresarial e incluso militar. A partir de esta relación, se determinaría la naturaleza de los lazos con China, con quien es socio en los Brics. A nivel regional, Lula ha expresado que quiere cerrar el acuerdo Mercosur-UE en 6 meses, pero teniendo en cuenta la necesidad de Brasil de volver a industrializarse. A su vez, reconoce que el Mercosur debería adicionar cláusulas sobre la protección ambiental, ya que este acuerdo está trabado en Europa por temor a la destrucción del Amazonas.

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domingo, 20 de febrero de 2022

RELACIONES INTERNACIONALES


Por una firme política exterior conforme a los intereses del país
José Néstor Ureta Exembajador en Nigeria y Filipinas y E/N en Canadá. Fellow del “International Visitor Leadership Program” del Departamento de los Estados Unidos. Miembro consultor y director del Comité de Asuntos Africanos del CARI
Hemos leído numerosas notas de opinión en relación con las visitas del Presidente a Rusia y China. Particularmente respecto del momento de su visita a Moscú y sobre los acuerdos firmados con China y la adhesión de nuestro país a la “Franja y la Ruta” (IRF –Ruta de la Seda–), que posibilitará que la Argentina sea parte de un megaproyecto de desarrollo internacional del gobierno chino lanzado en 2013 y al cual han adherido otros 19 países latinoamericanos.


El contexto internacional se caracteriza por un claro debilitamiento de las instituciones internacionales; se asiste a un enfrentamiento bipolar en el que EE.UU. y China compiten sobre cuestiones diplomáticas, estratégicas, geopolíticas, comerciales y tecnológicas. La Argentina es parte de occidente y en tal sentido es esencial mantener una excelente relación con EE.UU., Brasil y Estados miembros del Mercosur y Estados miembros de la Alianza del Pacífico. Expresada esta opinión, no debemos ser víctimas de la bipolaridad imperante en el orden internacional.
Es preciso desarrollar una firme política exterior de conformidad a los intereses argentinos, apoyando fuertemente el multilateralismo y explorando alianzas con países medios. La “asociación estratégica integral” con China (10/06/2014) y la “asociación estratégica integral” con Rusia (23/04/2015) ofrecen importantes perspectivas para el desarrollo argentino en variados campos y, a no dudarlo, debemos profundizar todos aquellos aspectos que sean beneficiosos para la Argentina, teniendo en cuenta incluso las declaraciones de ambos países favorables a la posición argentina en la cuestión Malvinas.
En el caso de China, se desconfía de su sistema autoritario, por lo que existe una demanda de países occidentales de un mayor liderazgo de EE.UU. Al respecto, considero que el fabuloso crecimiento chino ha posibilitado la aparición de capas medias muy importantes, donde centenares de millones pueden poner en jaque a su sistema político imperante. Tampoco debemos obviar las violaciones de los derechos humanos que tienen lugar en el país asiático. Respecto de los importantes acuerdos firmados recientemente, es de esperar que los anuncios prevean inversiones genuinas, transferencias tecnológicas, que impliquen mano de obra argentina, insumos argentinos y acuerdos con empresas nacionales y no reducirse primordialmente a créditos blandos destinados a insumos chinos y, en especial, que no se acuerden como contrapartida nuestros recursos naturales como garantía de los préstamos e inversiones, tal como ocurre con otros países.
Breve análisis comparativo de políticas de China y EE.UU. en África, vis a vis con países latinoamericanos: en ningún lugar del mundo se percibe el ascenso de China como potencia global como en África, donde se destaca como primer socio comercial y principal acreedor de ese continente, con importantísimas obras de infraestructura terrestres, ferroviarias, portuarias, créditos blandos (que han endeudado fuertemente a numerosos Estados), donaciones e inversiones, en parte motivadas por el interés chino en los enormes recursos naturales africanos, cuestiones geoestratégicas, grandes extensiones de tierras agrícolas y la adhesión de gran parte de sus Estados miembros a la Ruta de la Seda.
Al respecto, existe un consenso emergente en EE.UU.: se está fracasando en su approach a África, no se está adaptando a la intensa transformación del continente. El GoA (African Grouth and Opportunity ACT), vigente hasta 2025, y los muy importantes recursos e iniciativas destinados a la seguridad y al combate del terrorismo (vg. el Africom-sede en Sttugart; PamSahel; Safe Skies in Africa, Prosper Africa, EE.UU. principal contribuyente a las operaciones de paz de la oNU, la mayoría de ellas en África) no parecen ser suficientes. La administración Biden y su secretario de Estado, Blinken, dieron la bienvenida a un “nuevo capítulo de las relaciones con África”. En el marco de reuniones que Blinken ha mantenido con líderes africanos se ha dispuesto la Promoting US Africa A Trade and Investment Act, del 26/03/2021. Se verá si este plan estratégico será suficiente para contrarrestar la creciente influencia china en ese continente.
Estas brevísimas consideraciones en el contexto africano difieren del approach norteamericano a América Latina: en estos días nos enteramos de la iniciativa de los influyentes senadores Marco Rubio (R) y Bob Menendez (D): un proyecto de ley para aumentar la cooperación en seguridad con Latinoamérica y contrastar la influencia desestabilizadora de China y Rusia en el región (proyecto Western Hemisphere Security Change Act 2022). No olvidamos la suma importancia de la lucha contra el tráfico ilegal de drogas y delitos conexos, la corrupción y la inseguridad en la región latinoamericana, como tampoco la promoción y defensa de la democracia.
Es sabido por otra parte que EE.UU. despliega una agenda desagregada para cada subregión latinoamericana e incluso para cada país. Pero en este contexto nos parece que las circunstancias de pobreza, falta de crecimiento, crisis educativas, deudas externas, necesidades de crecimiento sostenido, y para contrarrestar la importante presencia china, principal socio comercial de una buena parte de los países latinoamericanos, es impostergable una política norteamericana mucho más activa, ambiciosa e imaginativa de orden económico, comercial y social con América Latina.
Respecto de la Argentina, a la luz de los históricos lazos de amistad y cooperación, las importangran tes inversiones americanas en nuestro país, la presencia de numerosas y reconocidas empresas, las excelentes posibilidades que brindan sus universidades y academias en amplios sectores de la sociedad argentina y las grandes oportunidades que brinda la relación bilateral, deberíamos superar oportunamente el énfasis en las necesidades financieras e ir más allá de los temas de seguridad (que son de gran importancia). Sería propicio poner en marcha una agenda más propositiva, elocuente y ambiciosa, y realzar la alicaída imagen de los EE.UU. en nuestro país, como también la imagen argentina en ese país.
Los instrumentos bilaterales para una efectiva instrumentación existen y nuevos acuerdos siempre son posibles. Una buena parte de la opinión pública argentina no es muy afecta a los EE.UU., no obstante, no sorprendería que la mayor parte de la opinión pública argentina desee tener las mejores relaciones bilaterales posibles con la principal potencia del mundo. Finalmente, deberíamos tener presente que el creciente interés por el Atlántico Sur y la Antártida es un tema sumamente importante del siglo XXI y de muy especial relevancia para la Argentina.
Es impostergable una política norteamericana mucho más activa, ambiciosa e imaginativa de orden económico, comercial y social con América Latina

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lunes, 15 de agosto de 2016