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lunes, 23 de octubre de 2017

TECNOLOGÍA; SECRETOS DEL WHATSAPP

Cada tanto, aparece alguna compilación de los 10 o 15 trucos y secretos deWhatsApp (que no podés dejar de conocer). Negritas y bastardillas, por ejemplo. Listas de difusión. Cómo fijar una conversación. Cómo evitar que nuestros generosos interlocutores, que comparten fotos y videos de todo pelaje (palabra empleada con toda intención), no agoten la capacidad de almacenamiento de nuestros dispositivos. Etcétera.
No están mal. Pero nada como lo que descubrí hace un tiempo y que, como en esas carambolas increíbles del billar, me llevó a otro todavía más útil. Allá vamos.
Los grupos de WhatsApp se han transformado en la herramienta a la que recurrimos cada vez que necesitamos una recomendación. Una veterinaria, un electricista, una empresa de decoración o un corralón, una carnicería buena y que no te mate, colegios, bicicleterías, un taller mecánico porque al auto le está costando arrancar, pizzerías, empandas, sushi y servicios de una variedad insólita, pero atendible.
Con un tope -por ahora- de 256 participantes, la ayuda del grupo no se hace esperar. Cualquiera sea la cosa que uno necesite, la respuesta llega en menos de 25 segundos. Con un adicional significativo: nos encanta debatir; y no creo que sea una característica exclusivamente argentina. En Usenet también se armaban unas flame wars de proporciones bíblicas. Otro tanto ocurría en el IRC. Pero Usenet era en diferido, como recordarán los veteranos, y al IRC íbamos específicamente a reírnos y a debatir; si un canal estaba en silencio significaba que había sido desertado. En WhatsApp, en cambio, los debates tienen un carácter explosivo. Duran un rato -en ocasiones un buen rato- y luego pueden pasar horas sin que nadie diga nada.
Por supuesto, hay variaciones, porque se trata de un mensajero muy plástico. Pero, al menos en mi experiencia, en los grupos, sobre todo en los que tienen muchísimos participantes (más de 50 es muchísimo), la interacción se da por ráfagas. Pero vuelvo a las recomendaciones.
Casi con entera certeza, el que haya calificado de "muchísimo" a tan sólo 50 miembros debe haberte quedado titilando, ¿me equivoco? Otra de las características de los grupos (en general) es que sólo una fracción de ese número participa activamente en los debates en general, y en el de las recomendaciones en particular. De hecho, sería casi imposible seguir una conversación colectiva si todas esas 50 personas emitieran su opinión. Ni qué decir si fueran más de 100. Sería demasiado texto, como se verá enseguida.
Es más: incluso con unos pocos participantes activos, la cantidad de caracteres que producimos durante estas ráfagas es realmente abundante. Uno puede sacarse una llaga en la yema del dedo índice si quiere encontrar a ese techista que recomendaron hace una semana (es decir, cinco o seis debates atrás). ¿Qué es lo más sencillo? Volver a preguntar, desde luego.
Hace un tiempo me encontraba necesitando un electricista y estaba seguro de que en el grupo de mi barrio se habían recomendado no ya un electricista, sino al menos media docena. Pero no me gusta importunar a los demás y se me ocurrió pensar que WhatsApp debería tener un buscador. Y enseguida dije: "Esto debe tener un buscador".
Fui a los tres puntitos que están arriba a la derecha, toqué y, ¡bingo!, allí estaba: Buscar. Tímidamente, escribí "electricis" y, como era de esperarse, no pasó nada. Maldije en sueco antiguo y entonces reparé en las dos flechitas mínimas a la derecha de la caja de búsqueda. Apreté la que apuntaba hacia arriba y ahí sí, la pantalla mostró la primera aparición de la palabra "electricista". Seguí apretando y obtuve media docena de recomendaciones. Que era exactamente lo que necesitaba.
OK, muy lindo, ¿pero durante cuánto tiempo recuerda WhatsApp los mensajes de un grupo? Bueno, desde siempre. O, para ser más preciso, desde que tenés ese teléfono. O, para ser ultra preciso, desde la última vez que hiciste un reinicio al estado de fábrica del equipo y reinstalaste WhatsApp. En mi caso, el grupo en el que más participo tiene todo lo que hablamos desde el 24 de noviembre del año pasado. Todo.
Ajáh, ¿y cuánto texto sería eso? Algo más de 3 millones de caracteres. En serio. Tres millones. Grosso modo, un libro de 1800 páginas. Por eso el buscador es fundamental.
Ahora, ¿cómo hice para averiguar la extensión de la larga charla que hemos mantenido en este grupo desde que existe? Para eso hay que usar otro truco. En el menú de cada chat (de grupo o individuales) hay una opción etiquetada Más. Al hacer clic ahí aparece la función Enviar chat por correo. El resto es obvio (bueno, no tanto, porque está a punto de aparecer una sorpresa): abrimos el adjunto que llega por mail con Office o LibreOffice y usamos la función Contar palabras/caracteres.
¿Y la sorpresa? WhatsApp da la opción de enviar el chat por correo con o sin archivos adjuntos. Es decir, con o sin todas las fotos, videos, audios y demás. Por obvias razones, si la charla lleva bastante tiempo, lo más conveniente es no adjuntar toda esa información, porque de otro modo va a superar fácilmente los límites que imponen los servicios de email. Además, podemos extraer los archivos que nos interesen directamente del teléfono mediante un cable USB.
Pero, ¿y la sorpresa? Ya llega. Así que elegimos enviar el chat por correo electrónico sin archivos adjuntos. Pero incluso en ese caso, WhatsApp nos enviará todos los contactos que intercambiamos, en formato VCF. Ciertamente, es más fácil buscar esos contactos como se explicó arriba, para añadirlos en un toque al teléfono. Pero un backup por mail no viene nada mal.
El del estribo: ¿cómo averiguar cuándo empezamos a usar ese teléfono? Simple, hay que ir al Panel de control de Google y buscar el apartado Android. Allí estarán todos los dispositivos que alguna vez hayamos registrado con esa cuenta de Google. Que, como sabemos, recuerda todo. Igual que WhatsApp. Que le pertenece a Facebook.

A. T.

viernes, 20 de octubre de 2017

EL MUNDO SECRETO DEBAJO DE DISNEY WORD

Aunque pocos lo sepan, Disney World es mucho más que personajes, atracciones, juegos y merchandising por doquier. Para el ojo atento y apartado de la algarabía infantil, el gigantesco parque deja una rendija abierta que trasluce sus lavaderos industriales de ropa, los lugares donde se crean y reparan las atracciones, cómo se diseñan los disfraces o descansan los personajes. Atravesando los desfiles con paso firme, pude acceder al backstage detrás de este mundo perfecto.¿Tienen aire acondicionado los disfraces? ¿Qué hay dentro del castillo? ¿Cómo se desecha la basura? ¿Quiénes viven dentro del predio de Disney? Bienvenidos a Backstage Magic: una excursión poco conocida que devela los 20 mitos del universo de fantasía más emblemático del mundo:



Hay muchas leyendas acerca de Disney, pero una de las más fascinantes es real: debajo de Magic Kingdom, su parque insignia, late una ciudad en pleno movimiento hecha de túneles con oficinas, cafetería, lugares de descanso, lockers, peluquería, guardarropas, y carros eléctricos que van de un lado a otro transportando personal o alimentos. Se llaman utilidors. Los corredores tienen unos cuatro metros de ancho, y suman 2400 metros de largo. Para no perderse, hay carteles de señalización y los pasillos están identificados por colores. Está prohibido tomar fotos. ¿Será para no romper la magia?
Aunque los utilidors transcurren debajo, no se trata de un subsuelo. Por el impedimento de cavar en tierra pantanosa, se hicieron sobre el nivel del suelo, y Magic Kingdom se construyó en un primer piso. Algo que pasa casi desapercibido al visitante, ya que la inclinación es gradual y casi imperceptible.
En el techo se ven tuberías, enormes caños que recorren todos los pasillos. ¿Creen que faltó dinero para recubrir el techo? No, es que cuando hay que arreglar algún caño jamás se verá a nadie en Magic Kingdom con taladro neumático rompiendo el piso. Todo se repara desde abajo.
Se sabe la exagerada atención que la empresa pone en los detalles. Hay un pequeño artefacto adosado al techo. Ya no está en uso, pero justo arriba de nuestras cabezas, donde hoy hay un Starbucks, estaba la tienda de Mickey que vendía galletitas. Estas no se horneaban en el local, pero el aromatizante olía a cookies recién hechas. Un engaño a los sentidos.
Blanca Nieves pasa a mis espaldas con una bolsa colgando del codo. Aquí abajo se la podría ver incluso, charlando amablemente con la bruja. Los personajes utilizan los utilidors para transportarse de un lado a otro del parque. Así lo imaginó Walt Disney cuando a poco de haberse inaugurado Disneyland en California, se encontró con un vaquero que debía pasar por la tierra del futuro para llegar a su puesto de trabajo. Sintió que le quitaba autenticidad, e imaginó utilidors para su proyecto en La Florida.
En los pasillos cuelgan algunos recuerdos. Por ejemplo, la foto con los 5500 empleados el día de la inauguración en 1971 de Walt Disney World. Hoy sería imposible que todos pudieran entrar en una misma fotografía: son 74.000.
Décadas atrás, Walt Disney hizo un estudio personalmente. Se dedicó a analizar en parques de diversiones cuánto tiempo una persona mantenía la basura en la mano, hasta que al no encontrar un cesto, terminaba arrojándola al suelo. El resultado dio 7,6 metros. Esa es la distancia máxima entre cada tacho de basura en sus parques.
Mientras los empleados continuamente vacían los cestos, unos tachos metálicos en 17 puntos de recolección eyectan la basura que viaja a 56 km/h hasta el centro de reciclado. Se le llama AVAC, un sistema automatizado de succión al vacío de basura. Permite de una manera limpia, eficiente y oculta sacarla de los parques y evitar olores.
"¿Saben cuántos empleados están a cargo de la limpieza?" , pregunta el guía subterráneo mientras levanta un papel arrojado al piso en un área del backstage. "74.000. Todos somos responsables".
Todo el dinero debe ir al show. Esa era la premisa de Walt y su hermano Roy. Por eso, las atracciones que el visitante ve coloridas y repletas de detalles, por atrás parecen galpones. A algunos edificios sin embargo, se le fueron añadiendo detalles en lo alto de los contrafrentes como molduras.
La calle principal de Magic Kingdom, Main Street, parece más larga de lo que es, gracias al uso de la perspectiva. El ojo es engañado ya que las tiendas se van achicando hacia el fondo, dando la impresión de que la longitud es mayor desde el ingreso. Lo mismo sucede con el castillo, que el ojo ve más alto. Las ventanas superiores son casi la mitad del tamaño que deberían tener. En total tiene una altura de 56 metros, y no es por azar. Si se excedía ese límite, debía tener una luz de señalización roja para los aviones.
El castillo -que no tiene ni un solo ladrillo sino fibra de vidrio- cuenta con una suite para cinco personas, pero no tiene precio. Se usa para algunas celebridades, y entidades de beneficencia. Durante la noche, el huésped tiene prohibido salir.
El equipo de disfraces tiene mil empleados, es el más grande de Disney en todo el mundo. Sin embargo, apenas cuatro son los encargados de diseñar cada disfraz y uniforme que el visitante puede ver en todo el resort, desde una princesa hasta el empleado de un hotel. Disney fabrica los trajes, y terceriza la confección de uniformes.
Además de 50 costureros especializados, y ocho que crean gorros, otras empleadas estrellas son las impresoras 3D. Crean desde la canasta de la princesa Ana de Frozen, hasta pelucas que simulan ser burbujas; accesorios que parecerían traídos de Medio Oriente y África, o cinturones que al ojo son de gamuza.
Se usan 73 kilómetros de telas cada año, lo cual arroja muchos sobrantes. Ni estos retazos ni los disfraces viejos se tiran. Se confecciona ropa para muñecas o peluches que se envían a hospitales de niños.
Un día de verano en Orlando puede superar los 35° C. Disney probó incluir en los trajes sistemas de refrigeración, gel helado o ventiladores, pero los hace pesados e inviables.
Por cada disfraz hay múltiples de ellos. Los empleados suelen llevarse entre cinco y siete trajes, ya que cada vez que el actor sale al escenario usa un atuendo limpio. Cada prenda tiene un chip adentro, que deja registrado cuándo fue retirado el disfraz, cuándo fue devuelto, y cuántas veces se lavó.
Mickey tiene más de 136 combinaciones de ropa, desde un traje de buzo a un esmoquin.
Hay cuatro lavaderos repartidos en Walt Disney World. Ingresamos en uno de ellos, donde se lava la ropa blanca de los hoteles. Tiene el tamaño de seis canchas de fútbol. Bolsones azules cuelgan de una vía que va por el techo. La ropa va cayendo y el personal lo mete en gigantescos lavarropas. Luego pasan por máquinas de planchado y doblado. La ropa recorre 4,8 kilómetros. Si una persona quisiera lavar en su casa lo que Disney lava en un día, le llevaría 71 años.
¿Es posible vivir dentro de Walt Disney World? Sí, literalmente. Golden Oak es un barrio de casas al sudeste de Magic Kingdom que inauguró en 2011. Las viviendas arrancan en US$ 1,8 millones, y viene con beneficios: incluye cinco pases anuales por tres años, y 25 tickets de un día.
Un dato más
Disney abarca dos condados y tiene un gobierno propio, Reedy Creek Improvement District. Con un comité de cinco miembros, impone los códigos de edificación y es responsable por servicios como electricidad, agua, caminos y bomberos

L. M. G.