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jueves, 5 de octubre de 2017

BRILLANTE APORTE A LA CULTURA


Espigas:  se digitaliza
La institución se expande con una nueva sede, director y nuevas tecnologías de acceso a su acervo, que incluye fotos, catálogos, libros, folletos y revistas especializadas que ya pueden leerse desde la Web
Espigas, el archivo de arte más grande de Argentina y América latina, cumplirá 25 años en 2018. Pero comenzará a festejarlo desde ahora con una batería de novedades:realizó un simposio en el que se presentó en sociedad el nuevo sitio de Internet de Revistas de Arte Latinoamericanas. También tendrá nuevo edificio, nuevo director, mejoras en el software de carga y la promesa de duplicar la capacidad de responder consultas.
Para eso, Espigas se alió con el instituto de conservación y restauración Tarea, de la Unsam, y trabajaron con aportes de la Fundación Getty en la digitalización de colecciones enteras de revistas trascendentales de arte de la región. Ya pueden ser consultadas página por página desde cualquier parte del mundo en el sitio www.revistasdeartelatinoamericano.org. Allí pueden encontrarse la colección completa de Ver y Estimar, y ejemplares de Arturo, Boa, Clave de Sol y Claxon, entre otras. Y el proceso de apertura virtual continuará con nuevos archivos documentales que están siendo digitalizados.
Ver y estimar.
El nuevo director de Espigas es Agustín Diez Fischer, y ya está en marcha el proyecto de mudarse en febrero próximo a un edificio propio de 600 metros cuadrados. Mientras tanto, la entidad sigue recibiendo fondos documentales para atesorar la memoria del arte local: se está digitalizando completo el archivo Witcomb, que estaba en microfilm; se hará otro tanto con el archivo Carmen Valdez, que contiene 27.000 documentos, y acaban de recibir un archivo sobre el diseño gráfico local. "Espigas fue creada para hacer un aporte a la profesionalización del sistema artístico argentino, y sus objetivos se cumplieron -dice Mauro Herlitzka, su fundador y actual presidente-. El Centro Documental es el principal de América latina, y la relación con la Unsam permitirá profundizar sus acciones y redes de contacto para ampliar y generar nuevos proyectos vinculados con el campo documental, la investigación y la difusión del arte argentino."
"La novedad más importante es que se crea el Centro de Estudios Espigas (CEE) en la Universidad de San Martín, que pertenecerá académicamente al Instituto de Investigaciones sobre el Patrimonio Cultural-Tarea", explica Fischer. La universidad no sólo aporta nuevo personal -se están nombrando una nueva coordinadora y una nueva bibliotecóloga- y asume la guarda del material, sino que además está acondicionando un nuevo edificio para el CEE en pleno microcentro, a tres cuadras de la Plaza de Mayo, sobre la calle Perú: "El edificio va a tener todo el acervo en un mismo lugar -posibilita ampliaciones futuras- y va a permitir incorporar nuevos archivos. Espigas ahora tendrá uno de los edificios mejor acondicionados para la guarda y la consulta de toda la región".
A su vez, se creará un consejo académico con especialistas en diversos períodos de la historia del arte para aconsejar y ayudar al CEE. Esta primera etapa está dirigida por Andrea Giunta, Laura Malosetti Costa, Cristina Rossi y Nora Altrudi. "Estoy trabajando para colaborar en la creación de una plataforma internacional", dice Malosetti, coordinadora del IIPC Tarea. "Tarea llegó así, del mismo modo que Espigas, a la Unsam.
El proyecto que hicieron José Emilio Burucúa y Néstor Barrio para la universidad ganó el concurso internacional, y era una criatura de la Fundación Antorchas y la Academia Nacional de Bellas Artes", detalla Malosetti. El taller es el mayor instituto de restauro de la Argentina. "La presencia de Tarea es fundamental, ya que coloca en un mismo espacio la clasificación, la conservación, la guarda y el cuidado del material y el estudio, el análisis y la creación de marcos interpretativos innovadores. La relación con Getty es crucial, ya que permite contar con recursos que ponen toda esta plataforma en acción", añade Giunta. La Fundación Getty aportó 180.000 dólares al proyecto.
Arte concreto, invención 1946.
Espigas continúa su relación estratégica con la Unsam a través de sus redes locales e internacionales y facilita el financiamiento de los proyectos a través de empresas, personas e instituciones. También ampliará su base de socios y continuará con su sello editorial.
"Esta unión crea un modelo de gestión inédito entre lo privado y lo público en el ámbito universitario, al menos en el campo de las ciencias sociales. Se trata de dos instituciones jóvenes (ambas de alrededor de 25 años) que poseen una estructura dinámica que permite potenciar sus ámbitos específicos de intervención y de acción, como espacios de creación de conocimiento y también como archivo y repositorio, ambos abiertos a la consulta pública", analiza Giunta. "Para un archivo de arte esto es absolutamente nuevo. Un modelo mixto es mucho más productivo y genera muchas ventajas", agrega Fischer.
Historia de un continente
Espigas alberga más de 250.000 documentos, con material desde el período colonial hasta el contemporáneo, procedente de todo el mundo, pero siempre referidos al arte argentino y latinoamericano: material bibliográfico sobre exposiciones, instituciones y archivos personales y fotográficos. Para usar el archivo, un investigador consulta la base digital y pide el material que necesita. Entonces, se le da una cita y va ese día a trabajar con el material en la institución. Pero hasta que no inaugure el nuevo edificio, esas consultas están suspendidas.
Los procesos de carga en la base requieren mucho tiempo, y lo que está en la base siempre es un porcentaje, nunca es todo. "Con los nuevos sistemas informáticos que acabamos de implementar -un nuevo software de base de datos- y el nuevo edificio que estamos terminando de remodelar, vamos a poder duplicar la cantidad de material para la consulta en 2018", dice Fischer.
Arturo.
Entre sus colecciones de monografías, catálogos de exposiciones individuales y colectivas, fotografías, archivos personales e institucionales y afiches, entre un largo etcétera, Espigas tiene archivos completos sobre la historia del arte argentino que hasta el momento no habían podido ser investigados. Un ejemplo: gracias a estos cambios, el archivo Méndez Mosquera -clave para conocer la historia del diseño argentino- va a poder consultarse e investigarse.
Otro de los proyectos de digitalización que ya llevan varios años es el de fotografías. Ya hay 9000 imágenes accesibles para los investigadores que se han digitalizado en los últimos años gracias al financiamiento tanto de instituciones de la Argentina como del extranjero. "Ese acervo siempre se piensa dentro de una red de archivos. Lo que buscamos es coordinar políticas archivísticas y que, por ejemplo, se utilicen sistemas informáticos compatibles con otras instituciones culturales", señala Fischer.
Tres joyas redescubiertas
Arte concreto, invención 1946.
Puso en circulación los escritos del programa estético del grupo integrado por Tomás Maldonado, Alfredo Hlito, Manuel Espinosa, Claudio Girola, Enio Iommi y Raúl Lozza, entre otros. De vida efímera, en diciembre de ese mismo año contó con un segundo número, Boletín de la Asociación de Arte Concreto Invención
Arturo
Es reconocida internacionalmente por haber dado -en los años 40- el puntapié inicial para el desarrollo del arte abstracto en América latina. En su equipo editor estuvieron Carmelo Arden Quin, Gyula Kosice, Rhod Rothfuss y Edgar Bayley. La tapa fue de Tomás Maldonado y las viñetas, de Lidy Prati.
Arturo.
Ver y estimar
1948-55
Difundió tanto las ideas de su director, Jorge Romero Brest, como las de los intelectuales y críticos internacionales que formaron parte de una amplia trama de intercambios que se fue entretejiendo durante esos años. Tuvo dos épocas con formatos y diseños diferentes: de la primera se publicaron 34 números; de la segunda serie, diez.

martes, 27 de diciembre de 2016

TECNOLOGÍA;MENTIRAS EN LA WEB


La falta de rigurosidad en el mundo digital alienta la viralización de hechos falsos que suenan verosímiles


¿Y si los alimentos genéticamente modificados y los llamados chemtrails fueran operaciones encubiertas por grandes corporaciones con el fin de producir cambios ambientales y generar ganancias? Existe todo un extenso género de teorías conspirativas que se retroalimentan en la Web, y que van desde estos temas hasta cuestiones relacionadas con la llegada a la luna y la existencia de alienígenas o con el propio Bernie Sanders (senador y precandidato por el Partido Demócrata). Y es que ésta parece ser una época ideal para el complot. Basta ver cómo todos estos "¿y si?" se multiplican vertiginosamente en el terreno virtual, capitalizando la falta de rigurosidad que ofrece el medio, pero también una incipiente predisposición a concederle un alto grado de verosimilitud a muchas de estas "noticias". Así pueblan en la Web blogs en los que expertos en "círculos de la cosecha" (crop circles) o parapsicología -aunque también cada vez más periodistas y escritores- difunden sus verdades para quien quiera leer.


La propagación de rumores o falsas noticias no es algo nuevo. Sin embargo, el contexto cultural actual ofrece una miríada de factores que hacen que no sólo sea posible, sino que además exacerban el fenómeno. El chisme o las revistas sensacionalistas de antaño no les llegan ni a los talones a la explosión de sitios estilo Upworthy, que generan contenidos erróneos, o al surgimiento de medios alternativos de noticias (sitios autofinanciados, blogs, podcasts y hasta canales de YouTube).
Las chances de que hayas llegado a este artículo que estás leyendo ahora en el bondi cliqueando en alguno de los posts de tus feeds sociales es alta. Muy alta. Según los especialistas, tipear el URL de una homepage para entrar a un portal de noticias u otros sitios ya es una práctica obsoleta. En Estados Unidos, cuna de muchas de estas teorías conspirativas, el 60% de los norteamericanos obtiene sus noticias de sitios sociales, siendo la red de Zuckerberg la mayor fuente de tráfico, y quizá por eso tan observada y criticada.
Si a todo esto le sumamos algunas otras tendencias contemporáneas, como la crisis del periodismo y los medios tradicionales, y el desdibujamiento de contornos hasta hace unos años más claramente delimitados (expertos vs. público general), la mesa queda servida para la producción y el consumo de noticias chatarra.
Instagram, un vergel
Mientras que Facebook y Twitter ya se habían volcado al negocio de las noticias, y Snapchat, una red más popular en Estados Unidos y con target millennial, se había asociado con ciertas publicaciones para llevarle historias auspiciadas al público joven a través de su sección Discover, Instagram todavía era un territorio vacante.


En comparación con las demás redes, la naturaleza insular de Instagram parecía jugarle en contra a la hora de llegar a algún acuerdo que la posicionara como outlet de noticias. Si se analiza, tiene sentido, ya que, para empezar, a diferencia de otras apps donde es posible cliquear en los contenidos e ir y volver de sitios externos, en Instagram no se permiten hyperlinks salvo en la bio (o a otros usuarios y cuentas). Se estaría testeando una versión beta que permitiría poner links en las historias, pero todavía no es accesible al público.
Sin embargo, paradójicamente, son esa fragmentación, esa falta de contexto y una baja capacidad para cotejar datos lo que ha hecho florecer en la plataforma una incipiente tendencia: cuentas conspirativas. La vacancia de información en una red donde se privilegia la imagen, y en la que la rigurosidad de los contenidos no es la prerrogativa, ha producido una explosión de estas cuentas dedicadas a denuncias de políticos y corporaciones, secretos militares y aeroespaciales, affaires ambientales y más.
Descartada la posibilidad de generar tráfico externo y recluidos en la propia red, los usuarios que no sólo no pueden linkear material, sino tampoco citar, ya que no es posible copiar texto, se las ingenian de otras maneras. Imágenes de alto impacto con consignas, memes, videos cortos y hasta gifs animados se han reproducido rápidamente. Como explican en un artículo reciente en la revista Vice, todo en esta red parece conspirar para que esta clase de materiales florezcan. "Instagram está pensado para información de rápida digestión, sin chequeo de datos. La desinformación que sería desenmascarada en otras redes prospera aquí, sobre todo porque no ha habido ninguna organización de medios mainstream que haya dedicado tiempo o dinero a la plataforma." Otro detalle que colabora con esta modalidad es el feature explorar, en donde la app te propone cuentas y usuarios para seguir que cree que podrían interesarte. Con el tiempo, la herramienta va aprendiendo sobre la base de tus clics, sugiriendo contenidos futuros según tu historial y generando un círculo vicioso: más ves algo, más te muestra sobre eso.


Algunos ejemplos son @connecting_consciousness, con más de 50.000 followers, orientada, en palabras de su creador, un canadiense de 21 años, a "crear conciencia respecto de los problemas que enfrentamos". Otras cuentas, como illuminati.killers (180k), the_system_is_broken (68k) o 4biddenknowledge (541k), oscilan entre memes esotéricos y la creencia de que grandes conspiraciones (los Illuminati, una secta mundial formada por corporaciones y gobiernos) traman a nuestras espaldas y son responsables de la mitad de las calamidades que nos suceden. Otros más pequeños, como Infowars o Secret Space Program, se focalizan en noticias relacionadas con el llamado Nuevo Orden Mundial, pero también con teorías sobre el verdadero origen de nuestra raza, los vínculos con otras civilizaciones y tienen como guías a figuras como David Wilcox o Alex Jones (quienes tienen sus libros y canales de difusión propia).
Aunque algunas de estas cuentas pueden estar abordando problemáticas reales que suelen ser ignoradas por el mainstream, la manipulación de la información con intereses políticos o económicos -que tampoco es novedad- termina convirtiéndose en el leitmotiv para todo. Al mismo tiempo que estas cuentas se vuelven un hit y un negocio, ya se habla de un presente poshechos (post-facts) en el que no importa lo verosímil, sino la rapidez y la habilidad con la que puedas diseminar un contenido.
¿Un presente poshechos?
Las teorías conspirativas llegaron para quedarse, pero no sólo eso: llegaron para dar forma y caracterizar a un modelo de pensamiento que se presenta a sí mismo como un escepticismo moderno, pero que parecería tener más en común con las religiones que con una mirada realmente desconfiada de las grandes corporaciones e instituciones de esta cultura. Cada vez se hace más patente que estamos viviendo en un mundo "poshechos" o "posverdad".


En este sentido, se sabe que diferentes fenómenos psicológicos y tecnológicos operan hoy filtrando los contenidos que nos afirman en nuestras creencias e ideas. Gracias a los tan mentados algoritmos, compañías como Google o Facebook han logrado perfeccionar el sesgo de confirmación que tenemos. Por otra parte, es ya conocido el efecto bubble filter (burbuja de filtro) de las redes sociales, en donde terminamos muchas veces leyendo e interactuando con gente que piensa de manera similar a nosotros. No importa tanto que sea verdadero, sino que sea cliqueable y digerible, nada de verificar la fiabilidad de las fuentes ni de desarmar razonamientos falaces. Lo que es más, según un estudio de la Universidad de Northeastern, aquellos que no creen en las voces mainstream son más propensos a caer en la desinformación. "Sorpresivamente, aquellos que consumen noticias alternativas para evitar la manipulación masiva son los que más responden a los falsos argumentos", se explica en un editorial reciente sobre el tema en la revista Granta.
No obstante, si alguien asevera "lo que el gobierno o los medios dicen es mentira", pero no genera argumentos que validen su visión, se encuentra más cerca de lo que el periodista y escritor David Aaronovitch describe como una "credulidad invertida" (inverted credulity) que de un verdadero escepticismo. Para no llevar la discusión a un terreno donde los puntos de vista se terminan reduciendo casi a un acto de fe -creer o no en algo-, es necesario poder articular la duda de manera más constructiva y aportante.
Una de las hipótesis más trabajadas sobre cuál es el propósito de estas historias surge a partir de la dificultad del individuo para explicarse fenómenos complejos y, en consecuencia, ante el trauma de tener que reconocer el carácter azaroso o accidental de varios sucesos. Como el propio Aaronovitch menciona en su libro Voodoo Histories: The Role of the Conspiracy Theory in Shaping Modern History: "La idea de que un suceso sea completamente accidental, de que no tenga sentido, es catastrófica. Al no haber sentido en el mal, tampoco hay sentido en el bien: entonces el mundo en que vivimos pasa a ser contingente, accidental, y nuestra muerte se transforma en un acontecimiento solitario y sin sentido. Las teorías conspirativas son una manera de no tener que hacerles frente a esas posibilidades".
Redes sociales y política
Dejando a un lado explicaciones filosóficas relativas al miedo al azar, la imposibilidad de asumir debilidad -y la propia responsabilidad por nuestras vidas- o la pereza mental que lleva a tomar atajos conceptuales para suplir el trabajo de articular la complejidad con la que lidiamos cotidianamente, podría haber una razón más tangible: ante la inestabilidad política o económica, mejor la fantasía. "Si vivís en un mundo en donde los Estados parecen no tener control sobre lo que hacen, entonces por qué confiar en las viejas instituciones de autoridad -políticos, académicos, los medios-", se plantea en el mismo editorial de Granta.


Otra especulación interesante que ha tenido lugar en los últimos meses, y que pone de manifiesto varios de estos conflictos, es el debate sobre la incidencia de las redes sociales en el electorado estadounidense. Diversos críticos han planteado que la victoria de Trump se debe en gran parte a la manipulación de las redes sociales y su impacto, en particular Facebook. Si la red influyó en la opinión de las generaciones más viejas (generación X, boomers), cabe preguntarse entonces cuál habrá sido el rol de otras plataformas apuntadas a públicos más jóvenes, como Instagram.
Acaso este canal se esté convirtiendo, muy a su pesar, en un reducto para aquellos escépticos modernos -con más o menos argumentos-, los nuevos indignados o los simples apáticos. Un espacio para encontrarse, armar comunidades y propagar su mensaje. No nos olvidemos de que en EE.UU. las votaciones son voluntarias y que al menos un 40% de los adultos no se presentó a votar. No podemos aventurar más que una hipótesis en el intento de hacer algo de futurismo; lo que sí sabemos es que esta plataforma está haciendo cada vez más méritos (por funcionamiento, espíritu y modo de consumo) para convertirse en el nicho perfecto para esta realidad "poshechos"
L. M.

domingo, 25 de diciembre de 2016

EL RIESGO DE LOS ALICUÉNCANO


Nativos digitales que naufragan en el mar de la Web
El mero hecho de haber nacido rodeados de dispositivos y pantallas no implica conocer su uso adecuado
Pueblan desde hace siglos los bestiarios, esos catálogos de especies imposibles. Algunos de los más hermosos (la mantícora, el kraken, las lamias, el A Bao A Q) fueron recogidos por Borges en su Libro de los seres imaginarios.

 Sin embargo, ninguno de esos compendios registra al alicuéncano. Este es un bichito de lo más simpático, con grandes orejas peludas, cola espinada y trompa parecida a la de un oso hormiguero. Alguna vez, un profesor de escuela media les pidió a sus alumnos que investigaran sobre él. Días después, los chicos volvieron a clase cargados de datos: peso, forma, hábitats y hasta reproducciones de sus huellas. Cuál no sería la sorpresa de los chicos al enterarse de que todo había sido un simulacro creado por el profesor para hablar de lo verdaderamente importante: los peligros de confiar a ciegas en Internet.

Sin embargo, con la llegada hace dos décadas de las todavía llamadas "nuevas tecnologías" parecería haber brotado mágicamente una especie casi tan insólita como aquella, pero bastante menos cuestionada: el "nativo digital". Esto es, una criatura que por el solo hecho de haber nacido rodeada de dispositivos y pantallas, lo sabría todo y más sobre ellos. Pero como acaba de verificar un reciente estudio de la Fundación Microsoft sobre nuevas brechas digitales, las hipotéticas competencias de los no menos hipotéticos "nativos" dejarían bastante que desear. Así, se lee en el trabajo, "9 de cada 10 alumnos admiten que no investigan cada vez que tienen que hacer tarea con información de la Web y sólo 1 de cada 10 adolescentes es capaz de diferenciar anuncios de contenidos. El 50% considera que programar es conocer Word y Excel". Aunque tal vez lo más inquietante de todo sea que casi la mitad de los encuestados crea que todo lo que se publica en Internet es "verdadero". El alicuéncano, por caso.


Pero, ¿a qué el asombro? Hace ya años que los docentes vienen advirtiendo sobre la ficción en marcha. Que nadie nace "sabiendo" nada. Que la igualdad no se conecta, sino que -y en todo caso- se construye desde muchos otros espacios. Y que sus alumnos suelen darles a los dispositivos usos no sólo atravesados por las diferencias sociales, sino también bastante acotados. "La idea de que los niños, por el solo hecho de haber nacido rodeados de dispositivos digitales, poseen un dominio de ellos superior al de los adultos fue sumamente dañina en el campo de la educación", comenta al respecto Alejandro Tortolini, miembro de Educación Abierta y docente del proyecto Aulas Interactivas de la Universidad de San Andrés.
"Esa idea fue lanzada por Mark Prensky en Estados Unidos en 2003, y aquí se la difundió como una verdad absoluta desde el sitio educativo oficial Educ.ar. Pero en las aulas se verificaba que la realidad era muy distinta: los chicos sabían hacer muy bien cuatro o cinco cosas y desconocían absolutamente todo lo demás. Hoy, hasta el mismo Prensky reconoce que la relación de los niños con la tecnología no es como la describió en esos años."


Así lo confirma también el profesor de informática Enrique Quagliano, quien desde Santa Fe precisa que "los chicos necesitan aprender a pensar más que a usar un aparato. En mi provincia se da la paradoja de que nuestros chicos podrían cursar todo el secundario sin tocar jamás una computadora. No existe el espacio curricular Informática y sus contenidos pasaron a formar parte de uno de los ejes de un espacio nuevo con una carga horaria de dos horas en primer año y dos más en segundo. Y eso es todo. Los alumnos tranquilamente pueden pasar por las aulas sin usar siquiera una PC", alerta.
Por otro lado, y como sostiene la doctora en comunicación Roxana Cabello, coordinadora del Observatorio de Usos de Medios Interactivos de la Universidad Nacional de General San Martín, la supuesta homogeneidad que presupone hablar de "nativos digitales" se estrella contra la realidad de una nueva brecha tecnológica. Una que ya no tiene tanto que ver con el acceso a los dispositivos, sino más bien con el uso que se pueda hacer o no de ellos. Algo que, según Cabello, suele replicar las diferencias sociales. Así, dice, "hay adolescentes de sectores sociales más acomodados que desarrollan prácticas en las distintas capas de Internet (personalizan espacios en la nube, realizan actividades que involucran programaciones y desarrollan vidas en universos simulados, entre otras alternativas). Los adolescentes de sectores menos favorecidos, en cambio, aun en la Web no extienden demasiado las fronteras del mundo en el que se mueven en la vida real".


La brecha digital, hoy, parecería pues no ser tanto divisoria entre los que acceden a dispositivos y los que no, sino más bien entre distintos repertorios de posibilidades y pericias. Entre el "cortar y pegar" que, según el estudio antes citado, agota las opciones en algunos casos, y la posibilidad de buscar información, contrastarla y usarla creativamente para generar algo nuevo y original. De esa diferencia surge también una pregunta: ¿qué rol les cabe a los adultos en este estado de cosas? ¿Cómo fue que alguna vez dejamos que los chicos comenzaran a creer que "hacer la tarea" se redujera a abrir un buscador, cargar la pregunta y copiar la respuesta? ¿Hasta qué punto el mito aquel del "nativo digital" no nos empujó a dejar a los chicos demasiado a solas con las máquinas, como si creyéramos que por alguna forma de ósmosis podrían sin más "aprender"? ¿Sabemos acaso cuántas nuevas versiones del alicuéncano patrullan hoy la Red, anidando a la sombra de cada adulto ausente?
Justamente por eso, precisa la psiquiatra especializada en adolescentes Graciela Moreschi, "la educación debería consistir, hoy más que nunca, en enseñar a usar la tecnología y a tener pensamiento crítico. Pero la escuela está lejos de dar lo que realmente importa: capacidad de generar preguntas en lugar de buscar respuestas. Y mientras no se cambie la forma de enseñar y los contenidos de la educación, no habrá mejoras", dice.



A hacer un uso creativo de la tecnología no se aprende sin un otro allí; a razonar, todavía menos. Si hoy son cada vez más los adolescentes que creen en lo que dice Internet, eso habla de una sola cosa: de que nunca hubo nadie allí que los ayudara a cambiar de idea. Al respecto, el experto en culturas juveniles Sergio Balardini apunta que "hoy, para validar la información, es necesario enseñar a seleccionar, poner en contraste, debatir. Y la pregunta es quién enseña estas prácticas. Aquí tenemos un déficit que debe ser saldado. Porque ya no estamos en tiempos de escasez de fuentes, sino de sobreabundancia", advierte.
También en ese sentido, el experimento del alicuéncano fue revelador. Los alumnos recién notaron que la pata del animal dibujado no coincidía ni por asomo con la huella supuestamente "auténtica" cuando un interlocutor les preguntó al respecto. Un diálogo: así es como suele comenzar todo aprendizaje. Como se cierran todas las brechas. Como se termina, también, con todas las especies imaginarias.

F. S. 

jueves, 13 de octubre de 2016

LIBERTAD DE EXPRESIÓN EN LA WEB....TANTO DAÑO SE PUEDE HACER.....





Tiziana Cantone perdió hasta le intimidad de su muerte. Se suicidó, en un sótano. Se ahorcó huyendo de las burlas de esa plebe que la convirtió en víctima del morbo colectivo.
Se mató en Italia y se enteró literalmente el mundo.
Un ex novio de Tiziana difundió masivamente en las redes los videos que filmaron cuando tenían relaciones. Antes, como un juego lo habían hecho circular entre un grupo de “amigos”.
Para ella comenzó el calvario. La martizaron en las redes, proliferaron los memes elementales y agresivos, y en la TV aparecían programas encuestando personas para que opinen sobre ella, al fin y al cabo la víctima.
Tiziana no podía salir a las calles de Nápoles, donde vívía sin que le prodigaran sandeces y brutalidades.

Quien pierde la intimidad pierde la libertad. Y además se le pierde el respeto.
Sin respeto no hay convivencia.
El suicidio de Tiziana interpela a la tan celebrada democracia horizontal que algunos suponen que es plena por la sola existencia de las redes sociales.
Si una sociedad es autoritaria, machista, reaccionaria y agresiva, las redes serán su espejo.
Internet no resuelve los problemas profundos de la condición humana. La Web es crucial, contemporánea e insoslayable. Es obvio decirlo.
Pero no exonera a ningún grupo social de sus maldades, de sus complejos, de esa tentación paleolítica por acosar, por agraviar, por linchar con la palabra y la mirada impúdica.
El escritor Roberto Saviano, el autor de Gomorra, escribió en Facebook: “Estoy dolido porque Tiziana ha sido una víctima de voyeurismo…
Después de su muerte ha habido muchos (sobre todo hombres) que han tenido la desvergüenza de decir: ´Tenía que haber pensado en las consecuencias, ella se lo ha buscado´”.

La red permite la expresiones de las personas nobles como Saviano, y de las innobles, como tantísimos otros.
Tiziana no pudo soportar ese deseo de lapidar, esa conversión del sexo en pecado, y esa profanación de su intimidad, que no la abandonó ni en la hora de su muerte.
M. W. 

jueves, 11 de agosto de 2016

TECNOLOGÍA; LA WEB


Una idea vaga que terminó cambiando el mundo
Hoy se cumplen 25 desde que Tim Berners-Lee presentó en sociedad su invento. Lo llamó World Wide Web, pero hoy lo conocemos como Web a secas
Se dice que el éxito tiene muchos padres, pero el fracaso es huérfano. En el caso de la Web, posiblemente el mayor éxito en varios siglos (suena exagerado, enseguida verán que no es así), el padre es uno solo, el británico Tim Berners-Lee. Eso sí, tiene muchas fechas de nacimiento.
Habrán visto que cada tanto celebramos sus 20 o sus 25 años. No es gratuito. Ni falso. Se suma a esto los que confunden la Web con Internet, que son legión, y entonces se le añaden a la primera natalicios espurios y a la segunda, honores inmerecidos. Todavía un poquito peor, porque la ignorancia es un abismo insondable, están los que mezclan Arpanet con Internet y la Web, y consiguen un guiso indigesto.
Tim Berners-Lee en Brasil, durante la cumbre NetMundial, en 2014.Pero sí, la Web nació varias veces. O en etapas. Dada su escala casi mítica, no tiene nada de extraño que el alumbramiento demandara más de una década. Trabajando para la Organización Europea de Investigación Nuclear (CERN, por su nombre original, Conseil Européen pour la Recherche Nucléaire), Berners-Lee hizo la propuesta original de la Web el 12 de mayo de 1989 (hace 27 años), basada en un software que había diseñado en 1980 (36 años atrás). Publicó un boceto más concreto en noviembre de 1990 (serán 26 años dentro de 4 meses), y el primer sitio Web, alojado en la computadora de Berners-Lee, salió a la Red el 20 de diciembre de ese año. El 10 de enero de 1991, la propuesta se había convertido en algo útil que empezó a circular dentro del CERN; incluía el software servidor, el editor y el navegador.
El 6 de agosto de 1991 (hace hoy 25 años), Berners-Lee compartió con el mundo su propuesta, mediante un post que publicó en varios grupos de Usenet (un servicio muy antiguo de la Red tanto, que había nacido 3 años antes de Internet, en 1980). En su vasta biografía, se considera el 6 de agosto de 1991 como la presentación en sociedad del titán, por entonces todavía en pañales. En 1993 surgiría el primer navegador capaz de reproducir gráficos junto con el texto, llamado Mosaic, impulsor inicial de la popularidad de la Web, y ese mismo año, el 30 de abril, se formalizaría el traspaso del servicio al dominio público (es decir, 23 años y tres meses atrás) cuando el CERN publicó el código fuente de la criatura de Berners-Lee.
Luego de este nacimiento legendario, la Web pasó de un solo servidor a los más de 1000 millones que hoy habitan la telaraña de hipervínculos. De aquella página modesta y primigenia alojada en la Next de Berners-Lee, pasamos a unas 60 trillones en la actualidad. Cifras de 18 ceros son tan incomprensibles que es menester un ejercicio de imaginación para darle perspectiva. Si cada página Web fuese una estrella, habría suficientes para hacer 600 millones de galaxias como la Vía Láctea. Y si fueran personas paradas una detrás de otra, la fila daría 450 millones de vueltas a la Tierra por el Ecuador. Considerando la población actual de nuestro planeta, se necesitarían 8500 millones de Tierras para alojar a 60 trillones de seres humanos.
Tal es el tamaño del invento que Berners-Lee dio a conocer hace hoy exactamente 25 años.
Pese a todo, la Web sigue siendo una gran desconocida. Para muchos, es sinónimo de Internet, lo que equivale a confundir el sistema de rutas y autopistas con un servicio de micros de larga distancia. La Web vendría ser, por lejos, el servicio de micros de larga distancia más popular de la historia, y tal vez por eso muchos se confunden. Pero Internet y la Web son dos cosas muy diferentes. Dicho sea de paso, la analogía con las rutas y autopistas es sólo a los fines de estos párrafos; en el mundo real, es mala idea pensar en la Red como un sistema vial, como ya dije en otro lado.
Simplificando mucho (pero mucho), Internet es una tecnología desarrollada por Vinton Cerf y Bob Kahn en la década del '70 para conectar redes entre sí; no conecta hosts -computadoras-, como lo hacía su antecesora, Arpanet, sino redes. Sus protocolos básicos se llaman IP (Internet Protocol) y TCP (Transfer Control Protocol), y de ahí derivan otras siglas que son sinónimo de la red de redes: TCP/IP.
Ahora bien, para que las redes (y, en última instancia, las computadoras conectadas a esas redes) puedan hacer algo más que estar listas para enviar paquetes de datos es menester implementar servicios. El correo electrónico, por ejemplo, fue uno de los primeros; en rigor, nació en la época de Arpanet, en 1971, y luego se lo adaptó a Internet. El e-mail utiliza los protocolos SMTP y POP3 (o IMAP), además, claro de TCP e IP. Otros servicios antiguos, nacidos en la era de Arpanet, son FTP (1971) y Telnet (1973).
Pues bien, la Web es simplemente otro de esos servicios que hacen que Internet sirva para algo. Las siglas de sus protocolos son quizás las únicas bien conocidas: HTTP (Hypertext Transfer Protocol) y HTTPS (HTTP Secure).
En los '90, la idea de una aplicación universal donde podríamos hacer todo, desde escribir hasta chatear, sonaba absurda. De cierta forma lo era. Faltaba todavía músculo, memoria y mejores estándares. Un cuarto de siglo después, la Web va camino de transformarse en esa aplicación universal. Mediante sus páginas tenemos el correo electrónico, oímos radio y música, vemos noticias, películas, series, videos y la tele, usamos mapas, buscamos empleo, pareja o amigos, accedemos a la increíble Wikipedia, compramos y vendemos y, por supuesto, escribimos textos, llevamos planillas de cálculo, editamos fotos, y la lista podría seguir durante horas. Increíble como pueda sonar, el jefe de Berners-Lee en el CERN, Mike Sendall, anotó en las páginas de la primera propuesta de la Web las siguientes palabras: "Vago, pero interesante". Tenía razón. No existía, ni podría existir, una descripción que abarcara todo lo que la Web podía hacer.

A. T.