Carne argentina (preludio para un ciborg de las pampas), una propuesta de cruces de lenguajes
Un singular montaje cuya mirada política deviene en poética escénica, a cargo de Patricio Suárez
S. C.
Carne Argentina (Preludio para un cyborg de las pampas), una propuesta de Patricio Diego Suárez en la que conviven varios lenguajes artístico
Dirección, dramaturgia, espacio escénico y diseño sonoro: Patricio Suárez. Intérpretes: Yair Araujo, Diego “Tukki” Martínez, Ramiro Cortez y Javier Olivera Goycoechea. Colaboración artística: Lucas Pisano. Vestuario: Rosi Díaz, Aldana Varela, Lucas Pisano y Patricio Suárez. Diseño de iluminación: Matías Sendón. Dirección y realización audiovisual: Eline Marx y Carolina Nicora. Sala: El Galpón de Guevara. Funciones: jueves, a las 21.
Carne argentina (preludio para un cíborg de las pampas) propone un variado menú escénico en el cual se articulan elementos de la danza contemporánea, el teatro físico, lo testimonial, las artes visuales, el diseño sonoro y las proyecciones. En escena, cuatro performers dan vida a estos seres formados por materia viva y dispositivos electrónicos en una reflexión constante sobre el adiestramiento de los cuerpos en distintos momentos históricos, el control social, la construcción de lo masculino, la tensión social y el vínculo de estos cuerpos con los dispositivos tecnológicos.
Hay varios aspectos en la propuesta creada y dirigida por el músico, investigador y director Patricio Suárez que dan cuenta de un notable nivel de realización. La “simple” elección de los 4 performers de cuerpos y cualidades en sus movimientos tan diversos es de una gran riqueza expresiva en el marco de un trabajo sumamente cuidado desde lo visual, en el uso de la materia escenográfica como en lo que hace al sugestivo diseño sonoro y coreográfico. En su despliegues de capas, el solo de Yair Araujo (de amplia trayectoria con Juan Onofri Barbato) como la amplia paleta expresiva de Ramiro Cortez (otro notable intérprete) alcanzan momentos de una sugestiva intensidad.
Los testimonial, las proyecciones, los conflictos sociales, el control de los cuerpos son algunas de las tantas capas de esta propuesta que se presenta en El Galpón de Guevara
Inobjetablemente, Carne argentina da cuenta de un riguroso proceso creativo en la cual la mirada política deviene en poética escénica. Pero, tal vez, requeriría de un trabajo dramatúrgico más preciso para que esa diversidad de signos y de fragmentos logre un cuerpo expresivo propio de mayor solidez y síntesis.
Dirección, dramaturgia, espacio escénico y diseño sonoro: Patricio Suárez. Intérpretes: Yair Araujo, Diego “Tukki” Martínez, Ramiro Cortez y Javier Olivera Goycoechea. Colaboración artística: Lucas Pisano. Vestuario: Rosi Díaz, Aldana Varela, Lucas Pisano y Patricio Suárez. Diseño de iluminación: Matías Sendón. Dirección y realización audiovisual: Eline Marx y Carolina Nicora. Sala: El Galpón de Guevara. Funciones: jueves, a las 21.
Carne argentina (preludio para un cíborg de las pampas) propone un variado menú escénico en el cual se articulan elementos de la danza contemporánea, el teatro físico, lo testimonial, las artes visuales, el diseño sonoro y las proyecciones. En escena, cuatro performers dan vida a estos seres formados por materia viva y dispositivos electrónicos en una reflexión constante sobre el adiestramiento de los cuerpos en distintos momentos históricos, el control social, la construcción de lo masculino, la tensión social y el vínculo de estos cuerpos con los dispositivos tecnológicos.
Hay varios aspectos en la propuesta creada y dirigida por el músico, investigador y director Patricio Suárez que dan cuenta de un notable nivel de realización. La “simple” elección de los 4 performers de cuerpos y cualidades en sus movimientos tan diversos es de una gran riqueza expresiva en el marco de un trabajo sumamente cuidado desde lo visual, en el uso de la materia escenográfica como en lo que hace al sugestivo diseño sonoro y coreográfico. En su despliegues de capas, el solo de Yair Araujo (de amplia trayectoria con Juan Onofri Barbato) como la amplia paleta expresiva de Ramiro Cortez (otro notable intérprete) alcanzan momentos de una sugestiva intensidad.
Inobjetablemente, Carne argentina da cuenta de un riguroso proceso creativo en la cual la mirada política deviene en poética escénica. Pero, tal vez, requeriría de un trabajo dramatúrgico más preciso para que esa diversidad de signos y de fragmentos logre un cuerpo expresivo propio de mayor solidez y síntesis.
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Una obra testimonial que cabalga sobre un cuento canónico
L. G.
Bailan las almas en llantas
Autora y directora: Pilar Ruiz. Intérpretes: Camila Conte Roberts, Daniel Begino, Federico Martínez, Fran Bert, Jesús Catalino, Joaquín Gallardo, Juan Tupac Soler, Lola Banfi, Matías Méndez, Romina Oslé. Vestuario y escenografía: Victoria Chacón. Luces: Lucía Feijoó. Música: Gastón Poirier. Entrenamiento físico y coreografía: Andrés Molina. Sala: Teatro del Pueblo, Lavalle 3636. Funciones: domingos, a las 17. Duración: 90 minutos.
De las milagrosas aguas shakesperianas han bebido y beberán generaciones. Artistas y pensadores se apropiaron de esos textos con la linterna propia de cada época. En el caso de Romeo y Julieta, entre tantas adaptaciones, asoma primera West side story (o Amor sin barreras), el musical de Arthur Laurents, Leonard Bernstein y Stephen Sondheim, de 1957, y sus versiones fílmicas, la de Robert Wise, en 1961 y la inminente de Steven Spielberg, sobre el flechazo furioso entre dos adolescentes de sendas bandas enemigas en la Nueva York de mediados de los años 50.
La dramaturga y directora Pilar Ruiz (Suyay, Descansa, En el fondo) realiza un trabajo de enorme delicadeza al escribir en verso y rima, en su mayoría octosílabos, y con la jerga específica, la historia de este amor antológico ambientado en una villa local de la actualidad. Ya desde el título Bailan las almas en llantas -que resuena el libro Cuando me muera quiero que me toquen cumbia, de Cristian Alarcón-, la pista no sólo social sino estética queda revelada en un espacio escenográfico hostil, cruzado por andamiajes metálicos.
Las cumbias remixadas-electrónicas de Gastón Poirier (el disco está en Spotify), los bailes callejeros como el popping y el locking (movimientos rítmicos articulares y musculares), el beatbox y las competencias de freestyle, el vestuario deportivo by saladitas, conforman ese mundo de aquí nomás, inspirado en el barrio Playón Chacarita, al que el oído sensible de Ruiz prestó atención y encontró poesía en su modo de comunicarse.
Con un elenco de diez actores y actrices de dispares actuaciones entre los que se destacan Romina Oslé como Gladys (la prostituta que cuida de Valu/Julieta interpretada por Camila Conte Roberts) y Jesús Catalino como Mike (amigo de Julio/Romeo, por Juan Tupac Soler), Bailan las almas en llantas es una obra testimonial que cabalga sobre un cuento canónico y cuyo gesto cultural subrayable es explorar universos que de a poco comienzan a ser frecuentados por el teatro.
Bailan las almas en llantas
Bailan las almas en llantasAutora y directora: Pilar Ruiz. Intérpretes: Camila Conte Roberts, Daniel Begino, Federico Martínez, Fran Bert, Jesús Catalino, Joaquín Gallardo, Juan Tupac Soler, Lola Banfi, Matías Méndez, Romina Oslé. Vestuario y escenografía: Victoria Chacón. Luces: Lucía Feijoó. Música: Gastón Poirier. Entrenamiento físico y coreografía: Andrés Molina. Sala: Teatro del Pueblo, Lavalle 3636. Funciones: domingos, a las 17. Duración: 90 minutos.
De las milagrosas aguas shakesperianas han bebido y beberán generaciones. Artistas y pensadores se apropiaron de esos textos con la linterna propia de cada época. En el caso de Romeo y Julieta, entre tantas adaptaciones, asoma primera West side story (o Amor sin barreras), el musical de Arthur Laurents, Leonard Bernstein y Stephen Sondheim, de 1957, y sus versiones fílmicas, la de Robert Wise, en 1961 y la inminente de Steven Spielberg, sobre el flechazo furioso entre dos adolescentes de sendas bandas enemigas en la Nueva York de mediados de los años 50.
La dramaturga y directora Pilar Ruiz (Suyay, Descansa, En el fondo) realiza un trabajo de enorme delicadeza al escribir en verso y rima, en su mayoría octosílabos, y con la jerga específica, la historia de este amor antológico ambientado en una villa local de la actualidad. Ya desde el título Bailan las almas en llantas -que resuena el libro Cuando me muera quiero que me toquen cumbia, de Cristian Alarcón-, la pista no sólo social sino estética queda revelada en un espacio escenográfico hostil, cruzado por andamiajes metálicos.
Las cumbias remixadas-electrónicas de Gastón Poirier (el disco está en Spotify), los bailes callejeros como el popping y el locking (movimientos rítmicos articulares y musculares), el beatbox y las competencias de freestyle, el vestuario deportivo by saladitas, conforman ese mundo de aquí nomás, inspirado en el barrio Playón Chacarita, al que el oído sensible de Ruiz prestó atención y encontró poesía en su modo de comunicarse.
Con un elenco de diez actores y actrices de dispares actuaciones entre los que se destacan Romina Oslé como Gladys (la prostituta que cuida de Valu/Julieta interpretada por Camila Conte Roberts) y Jesús Catalino como Mike (amigo de Julio/Romeo, por Juan Tupac Soler), Bailan las almas en llantas es una obra testimonial que cabalga sobre un cuento canónico y cuyo gesto cultural subrayable es explorar universos que de a poco comienzan a ser frecuentados por el teatro.
Bailan las almas en llantashttp://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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