lunes, 16 de mayo de 2022

BICICLETA DE BAMBÚ Y LAS TENTACIONES


Más que sustentables




¿Hay algo más sustentable que andar en bicicleta? Sí, hacerlo en una de bambú. Ultralivianas y realizadas con materiales reciclables, las bicicletas de bambú son la opción para aquellos que buscan una movilidad cien por ciento ecológica. Cada uno de estos rodados ahorra hasta 5 kilogramos de CO2 comparado con las hechas de acero. Además, los bosques de bambú sembrados para proveer la materia prima generan un 35% más de oxígeno que un bosque de árboles del mismo tamaño. ¿El plus? Están pensadas para aquellos que le dan importancia a la estética, ya que sus cuadros impactan por su natural belleza

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¿Qué hacer ante las tentaciones?
El autor es psicólogo y psicoterapeuta @Miguelespeche


El dulce de leche, una persona que se insinúa, el cigarrillo, el cartel de liquidación en la vidriera… Los escenarios de la tentación son muchos y forman parte de la vida.
El conflicto de los seres humanos con la tentación viene tan de lejos que hasta los antiguos rezos piden que se nos libre de ella. A su vez la historia, la mitología y los clásicos de la literatura están llenos de escenas en las que, tentación mediante, se armaron unos líos importantes que costó resolver.
Es posible que buena parte de nuestra sociedad se sostenga desde la tentación, en este caso, la del consumo que, publicidad mediante, induce apetitos y ofrece felicidades. No es que se haya inventado la tentación en la modernidad, pero sí se la ha industrializado y sofisticado hasta grados superlativos.
Cuando la tentación se vuelve recurrente y genera impulsos difíciles de administrar solemos llamarla compulsión. Se la siente como una fuerza irrefrenable que lleva a encender el cigarrillo, a jugar a la seducción en zona de peligro o a abrir de nuevo el celular sin el cual ya no se puede vivir. El impulso parece gobernar y la idea generalizada es que hay que luchar contra él, reprimirlo.
Vivir tentaciones y eventualmente sucumbir a ellas no es patológico en sí mismo. Cuando eso deriva en algo compulsivo, como pasa en las adicciones, allí sí las cosas requieren una atención especial, inclusive una ayuda profesional.
Pero la tentación cotidiana, esa que no es grave, pero tampoco es muy positiva que digamos, merece un abordaje que ayude a comprender su origen y su objetivo. En general, la tentación que lleva a la impulsividad es la búsqueda de una satisfacción que no se encuentra por otros lados. Cuando la vida está un poco opaca y aburrida, cuando hay cuestiones anímicas coyunturales o de base que nos aquejan, cuando el alma está en pena… allí aparece “eso” que nos tienta y promete hacernos sentir aquello que anhelamos, aunque sea por un rato.
Por eso es útil entender qué se quiere sentir (algo de dulzura, placer, afecto, sensación de poder, pertenencia, sosiego, excitación) y, legitimando ese deseo, observar qué otros medios se tienen a mano (o no, pero merecerían conseguirse) para sentir eso. Este enfoque sirve para complementar la pelea contra la tentación nociva, y le incorpora una comprensión más profunda que trasciende el mero afán de controlar conductas.
Así vistas las cosas, cuando la tentación no está sobrecargada con otras cuestiones que la desnaturalizan, el juego de tentarse es más interesante y se armoniza solo. Nada mejor que sucumbir sin culpas a la tentación, algo que solamente es posible hacer cuando no viaja de colada esa angustia que lo complica todo y arruina las cosas lindas que la vida nos ofrece.

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