En la Feria, Luis García Montero participará hoy, a las 18.30, en el Homenaje a Almudena Grandes, y a las 20.30, en la mesa redonda Narradores en lenguas cooficiales en España (20.30). El sábado, en el Teatro Real de Córdoba, el Instituto Cervantes presenta Invitación a un viaje sonoro, con el Cuarteto Aguilar.
Luis García Montero. “Además de vocabulario, al enseñar una lengua se enseña un conjunto de valores”
En tanto director del Instituto Cervantes, no impugna el lenguaje inclusivo, pero como “viejo militante” cree que quienes lo defienden “se están equivocando”
Diana Fernández Irusta
García Montero, de visita en Buenos Aires
Lleva unas cuantas décadas viviendo en Madrid, pero el acento de su Andalucía natal se le cuela en cada palabra. El poeta Luis García Montero (Granada, 1958), Premio Nacional de Poesía entre otros galardones y actual director del Instituto Cervantes, está en Buenos Aires, en medio de una visita tan fugaz como intensa. Mesas redondas, actividades en la UBA y la Feria del Libro capturan la estadía porteña del hombre que, además, participará en un homenaje a la figura de Almudena Grandes, su mujer, fallecida en noviembre del año pasado.
–Es impresionante lo apretado de su agenda. ¿Siempre es así?
–Cuando uno tiene un cargo como este, necesitas sacar el máximo partido. Nuestra tarea es defender la cultura en español y los españoles somos muy conscientes de que somos el 8% del idioma. Hay más hablantes de español en Colombia, Estados Unidos, México… No sentirse el dueño del idioma y potenciar la comunidad panhispánica para nosotros es fundamental. Por otra parte, el español, como institución democrática, necesita reconocer que hay otras lenguas. En América Latina están las originarias, en España, el euskera, el gallego, el catalán. Nosotros decimos siempre que enseñar una lengua es mucho más que enseñar un vocabulario; es enseñar un conjunto de valores.
–¿De qué modo el Instituto trabaja con esa diversidad?
–La mejor manera de respetar la diversidad del español es decir que se habla tan bien en el Río de la Plata como en Bogotá, o tan bien en Salamanca como en Sevilla; en cada sitio se enseña según se habla.
Acabamos de publicar un libro titulado Lo uno y lo diverso, que recuerda los ensayos de Ángel Rosenblat, que fue un señor que nació en Polonia, se vino a trabajar exiliado a Buenos Aires y aquí trabajó con Amado Alonso. Hablaba de la unidad y la diferencia. Una lengua que tiene mas de 500 millones de hablantes solo puede mantener su unidad y su sentido si respeta los matices de la diversidad. La gran apuesta es mantener la unidad respetando la diferencia. Eso quien lo tuvo claro fue Andrés Bello, el escritor y filólogo latinoamericano, que era un defensor de las guerras de independencia, porque era un liberal independentista. Y una vez conseguidas las independencias latinoamericanas, escribió una gramática en la que decía, bueno, ahora defendamos la gran riqueza cultural que supone compartir un idioma que es uno de los grandes idiomas del mundo.
–En el último tiempo, tanto en la Argentina como en España, el lenguaje inclusivo está en plena discusión. ¿En qué zona del debate se encuentra usted? –Como director del Instituto Cervantes, lo tengo muy fácil: los dueños del idioma son los hablantes, yo no tengo nada que decir. El idioma está unido a la sociedad y la transformación de la sociedad va transformando al idioma. Pero como viejo militante, estoy muy acostumbrado a que muchos discursos que son nuestras virtudes acaben convirtiéndose en nuestros peores defectos. Pues bueno, yo discuto con los míos, que son los feministas y las feministas; creo en los discursos de igualdad, creo que el lenguaje debe ser inclusivo para recoger los avances de la sociedad. Digo “amigos y amigas” porque hay gente que no se siente incluida de otra manera. Me encanta que se diga “presidenta”. Todo eso lo defiendo y lo practico. Como me vas a preguntar si creo en la palabra “amigues”, pues te digo que me parece una cosa donde los míos se están equivocando. Sobre todo creo que es una ocurrencia de una elite que corre el peligro de fragmentar ese bien público y común que es la lengua. Pero insisto: es una discusión que mantengo más con los míos que con los machistas. A los machistas, ni agua.
–Sobre las virtudes que se convierten en defectos, ¿el siglo XX no nos enseñó nada?
–El siglo XXI se nos ha convertido en viejo antes de cumplir los 25 años. Porque ha vuelto a repetir todos los defectos, todos. Creo que hacemos bien en poner en duda las verdades escritas con mayúscula en el dogma, pero tenemos derecho a crear una verdad en minúscula que sea un pacto de valores que conviene defender. Por caso, darle una segunda oportunidad a la modernidad. Hay tres palabras: libertad, igualdad, fraternidad, que me parecen irrenunciables. Pero quien defiende la igualdad sin defender la libertad termina en tiranía, y quien defiende la libertad sin defender la igualdad cae en la ley del más fuerte. La única manera de convivir de manera fraterna es defender a la vez la libertad y la igualdad. Por eso es tan importante lo público y la convivencia. La ley del más fuerte destroza la democracia.
–Hoy se realiza el homenaje a Almudena Grandes en la Feria del Libro. La elección del día... ¿es casual?
–Cuando empezamos nuestra relación yo vivía en Granada; ella, en Madrid, y el día del reencuentro era el viernes. Nos gustó ese día porque además es el día de Venus, el día del amor, la pasión. La segunda novela de Almudena se tituló Te llamaré viernes. Luego yo empecé a escribir Completamente viernes. La tradición que yo reivindicaba a través de Antonio Machado coincidía con la que ella reivindicaba a través de Pérez Galdós. La complicidad de un mundo compartido a través de la literatura.
PARA AGENDAR
En la Feria, Luis García Montero participará hoy, a las 18.30, en el Homenaje a Almudena Grandes, y a las 20.30, en la mesa redonda Narradores en lenguas cooficiales en España (20.30). El sábado, en el Teatro Real de Córdoba, el Instituto Cervantes presenta Invitación a un viaje sonoro, con el Cuarteto Aguilar.
Lleva unas cuantas décadas viviendo en Madrid, pero el acento de su Andalucía natal se le cuela en cada palabra. El poeta Luis García Montero (Granada, 1958), Premio Nacional de Poesía entre otros galardones y actual director del Instituto Cervantes, está en Buenos Aires, en medio de una visita tan fugaz como intensa. Mesas redondas, actividades en la UBA y la Feria del Libro capturan la estadía porteña del hombre que, además, participará en un homenaje a la figura de Almudena Grandes, su mujer, fallecida en noviembre del año pasado.
–Es impresionante lo apretado de su agenda. ¿Siempre es así?
–Cuando uno tiene un cargo como este, necesitas sacar el máximo partido. Nuestra tarea es defender la cultura en español y los españoles somos muy conscientes de que somos el 8% del idioma. Hay más hablantes de español en Colombia, Estados Unidos, México… No sentirse el dueño del idioma y potenciar la comunidad panhispánica para nosotros es fundamental. Por otra parte, el español, como institución democrática, necesita reconocer que hay otras lenguas. En América Latina están las originarias, en España, el euskera, el gallego, el catalán. Nosotros decimos siempre que enseñar una lengua es mucho más que enseñar un vocabulario; es enseñar un conjunto de valores.
–¿De qué modo el Instituto trabaja con esa diversidad?
–La mejor manera de respetar la diversidad del español es decir que se habla tan bien en el Río de la Plata como en Bogotá, o tan bien en Salamanca como en Sevilla; en cada sitio se enseña según se habla.
Acabamos de publicar un libro titulado Lo uno y lo diverso, que recuerda los ensayos de Ángel Rosenblat, que fue un señor que nació en Polonia, se vino a trabajar exiliado a Buenos Aires y aquí trabajó con Amado Alonso. Hablaba de la unidad y la diferencia. Una lengua que tiene mas de 500 millones de hablantes solo puede mantener su unidad y su sentido si respeta los matices de la diversidad. La gran apuesta es mantener la unidad respetando la diferencia. Eso quien lo tuvo claro fue Andrés Bello, el escritor y filólogo latinoamericano, que era un defensor de las guerras de independencia, porque era un liberal independentista. Y una vez conseguidas las independencias latinoamericanas, escribió una gramática en la que decía, bueno, ahora defendamos la gran riqueza cultural que supone compartir un idioma que es uno de los grandes idiomas del mundo.
–En el último tiempo, tanto en la Argentina como en España, el lenguaje inclusivo está en plena discusión. ¿En qué zona del debate se encuentra usted? –Como director del Instituto Cervantes, lo tengo muy fácil: los dueños del idioma son los hablantes, yo no tengo nada que decir. El idioma está unido a la sociedad y la transformación de la sociedad va transformando al idioma. Pero como viejo militante, estoy muy acostumbrado a que muchos discursos que son nuestras virtudes acaben convirtiéndose en nuestros peores defectos. Pues bueno, yo discuto con los míos, que son los feministas y las feministas; creo en los discursos de igualdad, creo que el lenguaje debe ser inclusivo para recoger los avances de la sociedad. Digo “amigos y amigas” porque hay gente que no se siente incluida de otra manera. Me encanta que se diga “presidenta”. Todo eso lo defiendo y lo practico. Como me vas a preguntar si creo en la palabra “amigues”, pues te digo que me parece una cosa donde los míos se están equivocando. Sobre todo creo que es una ocurrencia de una elite que corre el peligro de fragmentar ese bien público y común que es la lengua. Pero insisto: es una discusión que mantengo más con los míos que con los machistas. A los machistas, ni agua.
–Sobre las virtudes que se convierten en defectos, ¿el siglo XX no nos enseñó nada?
–El siglo XXI se nos ha convertido en viejo antes de cumplir los 25 años. Porque ha vuelto a repetir todos los defectos, todos. Creo que hacemos bien en poner en duda las verdades escritas con mayúscula en el dogma, pero tenemos derecho a crear una verdad en minúscula que sea un pacto de valores que conviene defender. Por caso, darle una segunda oportunidad a la modernidad. Hay tres palabras: libertad, igualdad, fraternidad, que me parecen irrenunciables. Pero quien defiende la igualdad sin defender la libertad termina en tiranía, y quien defiende la libertad sin defender la igualdad cae en la ley del más fuerte. La única manera de convivir de manera fraterna es defender a la vez la libertad y la igualdad. Por eso es tan importante lo público y la convivencia. La ley del más fuerte destroza la democracia.
–Hoy se realiza el homenaje a Almudena Grandes en la Feria del Libro. La elección del día... ¿es casual?
–Cuando empezamos nuestra relación yo vivía en Granada; ella, en Madrid, y el día del reencuentro era el viernes. Nos gustó ese día porque además es el día de Venus, el día del amor, la pasión. La segunda novela de Almudena se tituló Te llamaré viernes. Luego yo empecé a escribir Completamente viernes. La tradición que yo reivindicaba a través de Antonio Machado coincidía con la que ella reivindicaba a través de Pérez Galdós. La complicidad de un mundo compartido a través de la literatura.
PARA AGENDAR
En la Feria, Luis García Montero participará hoy, a las 18.30, en el Homenaje a Almudena Grandes, y a las 20.30, en la mesa redonda Narradores en lenguas cooficiales en España (20.30). El sábado, en el Teatro Real de Córdoba, el Instituto Cervantes presenta Invitación a un viaje sonoro, con el Cuarteto Aguilar.
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