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miércoles, 22 de febrero de 2017

MILES DE JOYAS PARA NUESTRA QUERIDA BIBLIOTECA NACIONAL



Tesoro de libros: la biblioteca de Bioy Casares será pública
Los 17.000 ejemplares se suman al acervo de la Biblioteca Nacional

Adolfo Bioy Casares, en su casa, en 1999, el mismo año de su muerte.

Adolfo Bioy Casares señaló alguna vez que entre los mejores recuerdos de su vida estaban aquellas noches en las que, junto a Borges, anotaron las obras de sir Thomas Browne, admiraron la agudeza de Gracián o eligieron con Silvina Ocampo los textos que integrarían la célebre Antología de la literatura fantástica.
Los libros que contenían las huellas de esas intensas jornadas de trabajo intelectual estuvieron más de 15 años en 330 cajas, que terminaron en el subsuelo de un depósito de la calle Sarmiento, presas de una compleja trama sucesoria que ayer empezó a resolverse.
La Biblioteca Nacional, en la figura de su director, Alberto Manguel , y los investigadores Laura Rosato y Germán Álvarez, consiguió convencer a un grupo de particulares, empresas y fundaciones de que compraran, por 400.000 dólares, una de las bibliotecas privadas más importantes del país. Ya firmada la carta de intención y una vez concretada la operación, los 17.000 volúmenes del acervo serán donados a la institución para que ese material, de valor incalculable, no termine desperdigado por el mundo.

Una tasación inicial de la biblioteca personal de Bioy Casares la había hecho el librero de anticuario Alberto Casares antes de 2006. Pero nunca pudo terminar un inventario minucioso. Por eso, Rosato y Alvarez contaron con la colaboración del traductor y crítico Ernesto Montequin, albacea de los papeles de Silvina Ocampo y una de las personas que más conoce esta biblioteca -fue su administrador por decisión judicial durante una parte de la sucesión-. Montequin los condujo por ese laberinto de 17.000 libros que tapizaban cada una de las paredes del departamento de novecientos metros de la calle Posadas, donde vivieron Bioy Casares y Silvina durante toda su vida.
"La singularidad absoluta de esta biblioteca -explicó Montequin en la conferencia donde se dio la gran noticia- es que se trata de la biblioteca de dos enormes escritores argentinos pero también la de un tercero, que es Borges, ya que guardaba muy pocos libros en su casa." Fue la biblioteca de tres personas que tenían a la literatura como pasión dominante y que funciona, de algún modo, como un laboratorio: es una biblioteca de trabajo. Ni de bibliófilos ni de coleccionistas. Los ejemplares que la integran fueron leídos, usados, escritos, comentados. A partir de ella se puede aprender no sólo "qué" leyeron sino "cómo" leyeron estos autores. Allí radica el valor de estos libros. "Es una biblioteca viva", dijeron ayer.

Todos los implicados sabían que era fundamental que estos libros no se perdieran. La biblioteca es un microcosmos, y una vez que empieza a dispersarse no se puede reunir nunca más. En este caso, y para los investigadores en particular, el todo vale más que la suma de las partes. Esto entendieron Rosato y Álvarez, lo había entendido Horacio González, en la anterior gestión de la Biblioteca Nacional, pero nunca pudo conseguir los fondos, y esa deuda pendiente se propuso saldar Manguel: conseguir los 400 mil dólares que pretendían los herederos de Bioy Casares.
La complejidad de la trama en la herencia de Bioy, que incluye a Fabián Bioy Demaría -un hijo que el escritor tuvo en una relación extramatrimonial, reconocido tardíamente, pero que murió en 2006, antes de que finalizara el juicio sucesorio, y cuya herencia vuelve a la madre de Fabián, Sara Josefina Demaría, y a los tres nietos de Bioy que le dio su hija Marta- es el trasfondo y la razón por la que esa biblioteca permaneció en un depósito durante más de quince años.
En ella hay desde libros de cuentos infantiles, marcados por el trazo de una niña Silvina Ocampo, o la obra completa de sir Thomas Browne, no disponible para consulta pública en la Argentina, hasta las pruebas de imprenta de "El jardín de senderos que se bifurcan", con el prólogo agregado en correcciones manuscritas de Borges. El autor de Ficciones tenía la costumbre de seguir corrigiendo sus cuentos una vez publicados en revistas como Sur. Así sucede con el cuento "El zahir", cuya corrección se encuentra en una de estas cajas sobre el soporte de un ejemplar de Los Anales de Buenos Aires. "Eso es de una riqueza crítico genética invaluable", comenta Alvarez. "Es un Borges todavía reescribiéndose."
No es lo único. Entre otras curiosidades, los investigadores podrán encontrarse, por ejemplo, con una primera edición del Finnegans Wake, de James Joyce. En la hoja de guarda, Borges y Bioy se dedican a inventar frases que empiecen con la fórmula "en menos que", como un juego que solían hacer. En tanto, Montequin recuerda toda una sección de libros de la colección del Séptimo círculo, dedicada a novelas policiales. Tanto Borges como Bioy, obsesivos como eran, hacían correcciones de estilo entre una edición y otra. El resultado es una pequeña pero magistral lección de traducción.
Además, el acervo permite reconstruir toda una red de escritores. A partir de las dedicatorias de los libros se ilumina la relación que mantuvieron. Montequin apunta que una de las más lindas de Borges se encuentra en un ejemplar de Discusión, regalado a Silvina, donde escribió: "A Silvina, claridad, dedico estas sombras".
Lo que viene
Las joyas que puedan surgir de la conjunción entre estos enormes escritores aparecerán después del trabajo de investigación que empezarán a desarrollar Rosato y Alvarez una vez concretada la compra-venta-donación por parte de empresas como Banco Galicia o Fundación Bunge y Born, entre otros. Será a fines de marzo.
Esta donación es el primer paso que impulsa la gestión de Manguel en la Biblioteca Nacional para rastrear, preservar y poner a disposición de investigadores y del público en general (a través de exposiciones) los tesoros patrimoniales de la cultura del país y evitar la fuga a universidades o institutos extranjeros.
Los testigos que alguna vez transitaron el departamento de Posadas dicen que en una de las pocas paredes del escritorio de Bioy Casares había una carta manuscrita de Sarmiento enmarcada. En abril de 1989, en una de las entradas de su diario, Bioy se entristecía por las goteras en aquel departamento. El metálico ruido del agua en los cacharros lo angustiaba como cuando era chico. Cabe imaginar la pena de Bioy si hubiera sabido que la mayoría de aquellos libros que engalanaban su biblioteca estarían durante más de quince años en un depósito de la calle Sarmiento. En esa coincidencia quizás se esconda una broma borgeana que recién ahora empieza a dar gracia.
El concepto y los números detrás de la adquisición
Alberto Manguel, director de la BNMM.
Alberto Manguel, director de la BNMM: "Es el primer paso para reunir este tipo de tesoros nacionales en la Nación. Una manera de detener la fuga y conservarlos para futuros lectores"
17.000
Ejemplares
Integran la biblioteca completa de Bioy y Ocampo que se incorpora al acervo de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno
330
Cajas con libros
Agrupados en 10 lotes, de 33 cajas cada uno, llevan más de 15 años embalados
400.000
Dólares
Es el valor total de las operaciones de compraventa de estos libros realizadas a los herederos por particulares, empresas y fundaciones, que los donarán a la BNMM
Cinco joyas de la donación
El jardín de senderos que se bifurcan - Jorge Luis Borges, 1941: Pruebas de imprenta con el prólogo agregado en correcciones manuscritas del propio Borges
Finnegans Wake - 1939, James Joyce: Primera edición con anotaciones de Borges y Bioy Casares en la hoja de guarda, con un juego de palabras que hacían
Fervor de Buenos Aires - Jorge Luis Borges, 1923: Primera edición dedicada
Guías Michelin: Las utilizó Bioy en sus viajes por Europa; ilumina una etapa poco conocida en su biografía
Colección de folletos surrealistas: Son manifiestos de la vanguardia que Silvina Ocampo había traído directamente desde Europa

D. E. 

sábado, 23 de julio de 2016

BORGES....DENTADURA Y MOSTRAR LOS DIENTES


En estas semanas en que se escribieron miles de líneas sobre el trigésimo aniversario de la muerte de Jorge Luis Borges, se exhibieron documentales y se repasaron infinidad de detalles de su vida y su obra, continúa siendo desconcertante hojear el monumental volumen con su nombre que reúne los textos escritos por Adolfo Bioy Casares a lo largo de décadas de encuentros, la mayoría de ellos bajo la advocación de "Come en casa Borges". Son ¡1600 páginas! (Editorial Destino, 2006) repletas de bromas maliciosas, opiniones sobre terceros (no siempre amables) y anécdotas de la intimidad.



Borges, aunque su figura agigantada con el paso del tiempo nos hace olvidarlo, era también una persona de carne y hueso. En la entrada del martes 10 de noviembre de 1959, por ejemplo, escribe Bioy: "Comen en casa Olivera y Borges. La nueva dentadura le ha cambiado la cara. (Hasta mi hija Marta lo notó. "Padrino está con la cara más ancha.") El arco donde debería ir el bigote está más redondo, más señalado".

Su mente podría vagar por los laberintos del infinito, pero su dentadura padecía los mismos problemas que aquejan a los seres humanos desde hace milenios. Se sabe que ya en el 700 a.C los etruscos fabricaban prótesis con puentes de oro. Los dientes se tallaban de hueso o marfil, o procedían de otros seres humanos, cuenta Graham Norton, en ¡Eureka! Historia de la Invención (Labor, 1975).
Se dice que la principal preocupación de los habitantes de la París medieval era el dolor de muelas. Pero hubo que esperar hasta fines del siglo XVII para que las clases adineradas pudieran lucir dentaduras postizas en las que a veces se encastraban dientes naturales vendidos por otros que no habían sido tan favorecidos por la Rueda de la Fortuna.


Al parecer fue Pierre Fauchard, al que se considera el padre de la odontología moderna, el que logró los primeros progresos hacia una dentadura postiza más funcional. Lo hizo al sentirse horrorizado por los padecimientos de las mujeres públicas, que llegaban a permitir que les perforaran las encías con ganchos para sostener la prótesis superior. Y hasta estuvieron en boga los "trasplantes de dientes" que exigían arrancar los de un dador para luego introducirlos a presión en el hueco preparado en la mandíbula del receptor.
Poco antes de la Revolución francesa, se inventó la dentadura de porcelana de una sola pieza y luego se mejoraron las piezas dentales artificiales. Pero el paso crucial se produjo cuando Charles Goodyear (descubridor del caucho vulcanizado, con el que actualmente se fabrican desde neumáticos hasta preservativos) desarrolló la vulcanita, compuesto de caucho endurecido con azufre, barato y fácil de moldear. "A partir de una impresión de la boca, se colocaban los dientes en un «facsímil» de encía hecho de ese material. Así, al mejorar la adaptación, las dentaduras superiores se mantuvieron en posición por sí mismas", asegura Norton.
En 1000 años de vida cotidiana. El diario íntimo de un país,dirigida por Félix Luna, León Tenenbaum cuenta que en otros tiempos la odontología era "la cenicienta en los oficios de la salud" cultivada a menudo por charlatanes ambulantes. Según Tenembaum, a mediados del siglo pasado había en San Telmo y Barracas un barbero que residía en la calle Patricios y exhibía en su vidriera ensartadas en largos hilos las piezas que llevaba extraídas en su carrera odontológica. Otros, "ofrecían extracciones "con dolor o "sin dolor" a variable paga".


A propósito del Borges terrenal, Ricardo Piglia recuerda varias anécdotas en sus maravillosas clases grabadas en 2013 para la Televisión Pública, que sin duda perdurarán más que nosotros mismos como una brújula junto con el talento de Borges.

 En una de ellas revela un encuentro con Vargas Llosa, que acaba de homenajear al escritor argentino en Madrid: "Vargas Llosa lo fue a visitar a mitad de los años ochenta -recuerda Piglia-. Le dijo: ¿pero cómo puede ser que usted viva en este departamento?" Porque Borges, efectivamente, vivía en un departamento muy modesto, de tres ambientes, donde había goteras? había una palangana y caía una gota. Entonces, Borges se paró y le dijo: "Bueno, que le vaya muy bien. Los caballeros argentinos no hacemos alarde". Y al día siguiente contó: "Vino un peruano que debe trabajar en una inmobiliaria, porque ¡quería que me mudara!" Así también mostraba los dientes el autor de Inquisiciones.
N. B. 

jueves, 5 de mayo de 2016

ADOLFO BIOY CASARES. TODO LECTURA RECOMENDADA



Lejos de intentar una exhumación póstuma de grietas y estigmas; con la tranquilidad de que "los escándalos ya eran conocidos", Silvia Renée Arias se propuso la ardua tarea de construir la biografía definitiva de Adolfo Bioy Casares, uno de los escritores argentinos más importantes del siglo pasado. Tenía al menos dos desafíos. Por un lado, encarar el armado de un rompecabezas monumental cuyas piezas eran documentos, sus memorias publicadas y sus propios diarios, en los que registró cada encuentro que tuvo en cinco años de amistad con Adolfito y su familia. Y poner todo eso a dialogar con la obra del autor de La invención de Morel. La tentación permanente era desviarse por la tangente de los enormes personajes que lo rodearon en su más íntimo círculo, compuesto por su esposa Silvina Ocampo, su amigo Jorge Luis Borges, su cuñada Victoria Ocampo, su contrincante Ernesto Sabato.
Pero quizás el desafío más importante se presentaba en escribir la biografía de alguien querido y admirado sin caer en la complacencia y el cuidado extremo del personaje que hubiera borrado cualquier matiz. Sobre todo con una vida como la de Bioy, a la que no le faltaron condimentos de novela.


A 22 años de haberlo conocido, a 17 de su muerte, el resultado es Bioygrafía. Vida y obra de Adolfo Bioy Casares (Tusquets), en el que Arias recorre hechos y literatura. Aunque muchas veces no se distinguiera la frontera entre una y otra. Allí está el amor con la mexicana Elena Garro, entonces casada con Octavio Paz. El romance con la sobrina de su mujer, la joven Genca. Está su hija Martita, concebida con otra mujer y criada como propia por Silvina. Están las muertes y la oscuridad que rodearon a una vida de esplendor, abundancia y riqueza. Arias ya había publicado dos libros. Bioy en privado (Lázara Grupo Editor, 1988), y Los Bioy, en coautoría con Jovita Iglesias de Montes, ama de llaves del matrimonio de escritores (Tusquets).



A riesgo de repetirse en lo ya escrito, Bioygrafía tiene aporte originales. Rescata la figura de Fabián Bioy, el hijo durante años oculto de Adolfito. Y ciertas anécdotas de su vida privada que terminaron de alguna forma u otra en piezas magistrales de literatura. En sus páginas están los terrores de la infancia, la pasión por los caballos, los autos y los perros. La importancia de sus primeros textos y por supuesto su relación con Borges.

Como biógrafa tuvo que tomar decisiones, puesto que el personaje era su amigo. Una vez organizado el material, debía tomar distancia. Una distancia que a 17 años de la muerte de Bioy era justa y necesaria. "A pesar de que los sentimientos y el cariño que le tuve son inalterables, hay una distancia que impone ese tiempo y que juega mucho a favor de cierta objetividad. Necesitaba escribir el libro que yo quería leer. Y en ese sentido escribirlo con pasión, con amor, con respeto, pero con distancia. Me fascinó recrear al personaje que representa todo un siglo de historia argentina", dice. En otras palabras, logró verlo como un personaje. Entonces Arias lanza una máxima: "Toda biografía es ficción".
Un personaje de la mano




Bioy, su amigo, se convirtió en un personaje al que ella debía contarle su propia vida. "Me ayudó mucho la edición de Graciela Gliemmo, de Tusquets, que me decía: 'Tomalo a Bioy de la mano y no lo sueltes'. Porque el riesgo era irme fácilmente por las ramas. Porque estaba rodeado de célebres satélites. Sólo con Silvina y Borges tenía para escribir tres libros más", afirma.

El estigma de ser toda la vida "Adolfito" lo persiguió. "Es notable que sus personajes estén plagados de 'Adolfitos'. Por caso, el muchacho ingenuo protagonista de La aventura de un fotógrafo en La Plata. Incluso Emilio Gauna, el protagonista de El sueño de los héroes. O los personajes de sus cuentos, como 'Encuentro en Rauch', o 'El atajo'. Todos son hombres jóvenes, confiados, que se lanzan a la aventura y en el camino encuentran cosas que los desbordan, a las que tienen que hacerles frente. Y por momentos son cobardes, aunque en otros arremeten contra el destino. Creo que en esos personajes está el Bioy ciento por ciento.

 El mismo que seguía siendo a sus 80 años. Casi un adolescente que se había quedado en aquellos primeros años 30. Sus primeros libros -Prólogo, Caos-, los anteriores a La invención de Morel, escritos entre sus 15 y 18 años, tienen los mismos temas que luego desarrollaría en su obra. Están allí también al final de su vida", explica la autora.

Esos temas eran la huida, el bosque, el universo, el espacio, qué hay más allá de las estrellas. "En uno de sus últimos cuentos hay una pareja de periodistas lanzados al espacio. Esa necesidad de huir de Bioy tiene que ver con su infancia y su primera adolescencia." Pero ¿de qué huía Bioy? De las convenciones, de ciertos caminos predeterminados. Sin embargo, se animó con su mujer a una vida distinta. "No sólo él era un donjuán. Ella también se tomó sus libertades, sedujo a todo el mundo. Tuvo una relación con Alejandra Pizarnik. Si uno se pone a pensar, fueron unos adelantados cuando, de común acuerdo con la mujer que fue su madre biológica, tuvieron a Marta con la decisión de que la criarían ellos", explica la autora, que eligió no incluir ciertos biográficos.



"Dejé cosas afuera pero no por cuidarlo a él sino porque ofendían a otras personas. Por ejemplo, Bioy siempre hacía comentarios sobre libros o determinadas obras que a él no le gustaban. Y era lapidario." O los juicios por la sucesión. "Porque eso trata sobre la vida de otros familiares y él ya había muerto. Yo le tengo un agradecimiento especial a Florencio, su nieto mayor. Cuando Bioy estaba muriendo salió el médico y preguntó: ?¿Quién va a pasar a despedirse?'. Yo me quedé llorando sentada en un banco. Florencio se acercó y me preguntó si quería pasar. Fue una muestra de lo que él sabía que su abuelo valoraba nuestra amistad. Fue a las cinco de la tarde. 

A las siete salió llorando, abrazó a Jovita y le dijo: 'Ya está Jova, ya está'. Se había ido", cuenta.

Arias encuentra la vinculación entre ciertos hechos y sus textos. Una vez Bioy tuvo un amorío con una mujer casada y el hecho figura en tres relatos distintos. "Es una mujer que él conoce en la calle, comienzan un romance. 'Empezamos a querernos', decía él. Éste es el tema que recuerda y recrea en 'El don supremo'. La historia real fue escrita en clave de ficción por primera vez en 'Esto es un monstruo, señores: yo', y la retomó en ?Trío'. Otra cosa que noté es que si Elena Garro es la Clara de El sueño de los héroes, Silvina es la Diana de Dormir al sol", dice Arias.
En Bioygrafía hay un protagonismo del hijo no reconocido sino hasta el final de la vida, Fabián Bioy. "Me había quedado con muchas ganas de escribir sobre Fabián, que también murió muy joven, a los 42 años. Porque también habla de Bioy la relación que tuvo con su hijo. En 'De la forma del mundo' hay un tal Fabián Correas. Correas era el apellido que utilizaban para llamar a la casa por teléfono, porque Marta no sabía que tenía un hermano. La historia de Fabián es muy triste. Yo vi alrededor de Bioy tristeza y desolación en mucha gente que lo padeció. 

En Genca -Silvia Angélica-, la sobrina amante que termina alcohólica. Elena Garro la describe muy bien en Testimonio sobre Mariana. Silvina, por su parte, parecía estar muy de acuerdo con las parejas abiertas. Pero estaba todo mal. Había sufrimiento."
La pregunta es si la biógrafa se pudo despedir de su amigo y personaje con este libro. "Sí, se cerró una etapa, un ciclo de 22 años. Siento que logré armonizar el material, mis sentimientos y mi visión sobre él. Éste es el libro que yo quería leer."