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jueves, 7 de diciembre de 2017

TECNOLOGÍA; THE NEW YORK TIME


Computadoras inspiradas en el diseño del cerebro humano
Crece la demanda de que las máquinas aumenten su inteligencia y la complejidad de sus operaciones; los expertos buscan la respuesta en la naturaleza
Texto Cade Metz Traducción de Jaime Arrambide
Hoy todos esperamos demasiado de nuestras computadoras. Se supone que nos tendrían que hablar, que deberían reconocer desde rostros hasta flores y, dentro de poco, hasta manejarnos el auto. Toda esa inteligencia artificial exige una cantidad enorme de potencia informática, que fuerza los límites incluso de las máquinas más modernas. Para responder a esta creciente demanda, algunas de las empresas tecnológicas más grandes del mundo van tras la pista de la biología. Se pusieron a repensar la naturaleza de las computadoras y empezaron a fabricar máquinas más parecidas al cerebro humano, en el que un tronco encefálico supervisa el sistema nervioso y le delega determinadas tareas –ver, oír– a la corteza que lo rodea.
Después de años de estancamiento, la computadora vuelve a evolucionar, y esta migración hacia un nuevo tipo de máquina traerá variadas consecuencias a largo plazo. Es posible que esta transición también haga decrecer el poder de Intel, el gigante del diseño y de la manufactura de chips. Pero fundamentalmente es posible que termine reformulando una industria que genera 335 mil millones de dólares por año: la de los semiconductores que habitan en el corazón de todo lo que esté relacionado con la tecnología, desde los centros de datos que llevan Internet a su iPhone hasta los cascos para realidad virtual y los drones del futuro.
Diseño informático
“Es un cambio enorme –dice John Hennessy, el ex presidente de la Universidad de Stanford, quien a mediados de los años noventa escribió un libro pionero en el diseño informático y que hoy integra el equipo de Alphabet, la empresa matriz de Google.– El enfoque actual se agota y están tratando de rediseñar todo el sistema”. Pero el enfoque actual tuvo un derrotero bastante satisfactorio. Por casi medio siglo, los fabricantes de computadoras han estado construyendo sistemas en torno a un chip único que hacía de todo –la unidad central de procesamiento– proveniente de una empresa como Intel, uno de los mayores fabricantes de semiconductores del mundo. Eso es lo que hay dentro de nuestras notebooks y nuestros celulares.
Ahora, los ingenieros en informática diseñan sistemas más complejos. En vez de canalizar todas las tareas a través de un chip fabricado por Intel, las máquinas nuevas dividen el trabajo en pequeñas partes que se distribuyen entre un gran número de terminales de chips más simples pero especializados, que consumen mucha menos energía. Los cambios dentro de las gigantescas centrales de datos de Google son un anuncio de lo que vendrá para el resto de la industria. Dentro de la mayoría de los servidores de Google, todavía existe un procesador central. Pero también hay enormes bancos de chips hechos a medida que trabajan a la par, ejecutando los algoritmos informáticos que controlan el reconocimiento de voz y las demás formas de inteligencia artificial.
Google llegó a este punto por necesidad. Durante años, la empresa había venido explotando la mayor red informática del mundo: un imperio de centros de datos y de cables tendidos desde California hasta Finlandia y Singapur. Pero para uno de sus investigadores, ya se estaba quedando corta. En 2011, Jeff Dean, uno de los ingenieros más célebres de la empresa, lideró un equipo de investigación para explorar el concepto de redes neuronales (en esencia, algoritmos informáticos capaces de aprender tareas por sí mismos). Estas pueden resultar útiles para una infinidad de cosas, como reconocer las palabras que se le dictan a un smartphone o las caras de una fotografía.


En meses, Dean y su equipo crearon un servicio capaz de reconocer la palabra hablada con mucha mayor exactitud que el servicio existente de Google. Pero había una trampa: Dean se dio cuenta de que si los más de mil millones de teléfonos del mundo que operaban con Android usaban el servicio nuevo nada más que tres minutos por día, Google iba a tener que duplicar la capacidad de su central de datos con el fin de poder soportarlo. “Necesitamos otro Google”, relata un testigo que le dijo Dean a Urs Hölzle, el científico informático nacido en Suiza encargado de supervisar el imperio de la central de datos de la empresa. Y le propuso una alternativa: Google podía construir su propio chip informático para ejecutar este tipo de inteligencia artificial. Pero lo que empezó en las centrales de datos ahora comienza a extenderse a otras zonas del panorama tecnológico. En los próximos años, empresas como Google, Apple y Samsung van a fabricar teléfonos con chips especializados para inteligencia artificial. Microsoft está diseñando un chip especial para unos auriculares de realidad aumentada. Y todos, desde Google hasta Toyota, están produciendo vehículos autónomos para los que van a hacer falta chips similares.
Según Gill Pratt, que fue gerente de programas en Darpa –una unidad de investigación del Departamento de Defensa de los Estados Unidos– y que ahora trabaja en vehículos autónomos para Toyota, esta tendencia hacia los chips especializados y hacia una nueva arquitectura informática podría llevar a una “explosión cámbrica” de la inteligencia artificial. A su entender, las máquinas que distribuyen los cálculos entre un gran número de chips diminutos de baja potencia pueden operar de forma más parecida a la de un cerebro humano, que utiliza eficientemente la energía de que dispone. “En el cerebro, la clave es la eficiencia energética”, dice en una entrevista en el nuevo centro de investigación de Toyota en Silicon Valley.
Existen muchas clases de chips de silicio. Hay chips que almacenan información, hay chips que desempeñan tareas básicas en juguetes y televisores, y hay chips que ejecutan diversos procesos, desde las supercomputadoras que se emplean para crear los modelos de simulación de calentamiento global hasta las computadoras personales, los servidores de Internet y los smartphones. Por años, las unidades de procesamiento central, o CPU, que ejecutaban las PC y dispositivos similares estaban donde estaba el dinero. Y no había demasiada necesidad de cambiar nada.
De acuerdo con la ley de Moore, la máxima tan citada del cofundador de Intel Gordon Moore, el número de transistores que hay en un chip informático se duplica más o menos cada dos años. Esto produjo una mejora constante del desempeño, que se sostuvo durante décadas. Según otra ley del diseño de chips menos conocida, llamada “escala de Dennard” (en homenaje al investigador de IBM robert Dennard) o “escala Mosfet”, a pesar de que su desempeño mejoró, los chips siguieron consumiendo casi la misma cantidad de energía.
Pero para 2010 duplicar el número de transistores estaba tomando más tiempo de lo que la ley de Moore había predicho. La máxima de escala de Dennard también se había trastocado, mientras que los diseñadores de chips estaban alcanzando el límite de los materiales físicos que usaban para construir los procesadores. El resultado: si una empresa quería más potencia informática, no podía conformarse con actualizar los procesadores. Necesitaba más computadoras, más espacio y más electricidad.
Evolución constante
Los investigadores de la industria y del mundo académico trabajaron para extender la ley de Moore, explorando materiales y técnicas de diseño de chips completamente nuevos. Pero Doug Burger, un investigador de Microsoft, tuvo otra idea: en vez de depender de la evolución constante del procesador central, como la industria había venido haciendo desde la década del sesenta, ¿por qué no trasladar parte de la carga de trabajo a chips especializados? Durante las vacaciones de Navidad de 2010, Burger y un pequeño grupo de expertos en chips de Microsoft comenzaron a estudiar un nuevo hardware capaz de acelerar el desempeño de Bing, el motor de búsqueda de la empresa.
Para entonces, Microsoft recién empezaba a optimizar Bing a través de algoritmos de aprendizaje automático (las redes neuronales son una especie de máquina de aprender) capaces de mejorar los resultados de las búsquedas analizando la forma en que la gente usaba el servicio. Aunque estos algoritmos eran menos demandantes que las redes neuronales que más tarde iban a reconstruir Internet, a los chips de esa época les costaba seguirles el ritmo. Burger y su equipo exploraron varias opciones y finalmente se decidieron por el llamado arreglo de compuertas programables en campo, o FPGA (por su sigla en inglés): chips que se podían reprogramar sobre la marcha para desempeñar nuevas tareas. Microsoft fabrica software, como Windows, que se ejecuta en un CPU de Intel. Pero ese software no puede reprogramar el chip, ya que este fue diseñado para desempeñar únicamente ciertas tareas.
Con un FPGA, Microsoft podía cambiar el tipo de funcionamiento del chip. Podía programarlo para que fuera eficaz con determinados algoritmos de aprendizaje automático. Luego, podría reprogramar el chip para optimizarlo en la ejecución de la lógica que envía millones de paquetes de datos a través de su red informática. Era el mismo chip, pero reaccionaba de manera diferente. En 2015, Microsoft empezó a instalar esos chips masivamente. Ahora, casi todos los servidores nuevos conectados a un centro de datos de Microsoft incluyen uno de estos chips programables. Estos ayudan a elegir los resultados cuando se busca con Bing y también colaboran con Azure (el servicio de computación en la nube) en el transporte de la información a través de su red de máquinas subyacentes.


Hace un año, otro equipo de investigadores de Microsoft construyó una red neuronal –en espejo con el trabajo realizado por Jeff Dean en Google– que, al menos para una de las mediciones, podía reconocer las palabras habladas con mayor precisión que el ser humano promedio. La iniciativa fue liderada por Xuedong Huang, especialista en reconocimiento de voz nacido en China. Poco después de que el equipo publicó el artículo que describe su trabajo, Huang fue a cenar a las colinas de Palo Alto, California, con su viejo amigo Jen-Hsun Huang, director ejecutivo de la fábrica de chips Nvidia. Ambos tenían motivos para celebrar, y brindaron con champagne.
Xuedong Huang y sus colegas investigadores de Microsoft habían entrenado su servicio de reconocimiento de voz utilizando un gran número de chips especializados provistos por Nvidia, en lugar de confiar en los chips genéricos de Intel. De no haberse producido ese cambio, el avance no habría sido posible. “En casi un año cerramos la brecha con los humanos –dice Huang, de Microsoft–. Si no hubiéramos tenido la infraestructura nos hubiese llevado al menos cinco años más”. Como los sistemas basados en redes neuronales pueden aprender por su cuenta, son capaces de evolucionar con mayor rapidez que los servicios tradicionales. No dependen tanto de que los ingenieros escriban líneas interminables de códigos para explicarles cómo se tienen que comportar.
Pero entrenar redes neuronales de esta forma exige un trabajo intensivo de ensayo y error. Para crear una red que pueda reconocer las palabras tan bien como un ser humano, los investigadores tienen que instruirla repetidamente, ajustando una y otra vez los algoritmos para mejorar el entrenamiento. Este proceso involucra miles de algoritmos, lo que exige una potencia informática enorme. Y si para hacerlo las empresas como Microsoft usan chips comunes y corrientes, el proceso demanda muchísimo más tiempo, ya que esos chips no son capaces de manejar la carga. De este modo se consume demasiada energía eléctrica.
De manera que las empresas líderes de Internet están preparando sus redes neuronales con el auxilio de otra clase de chip, conocido como unidad procesadora de gráficos o GPU (por su sigla en inglés). Estos chips de baja potencia –por lo general, fabricados por Nvidia– fueron diseñados originalmente para procesar las imágenes de juegos y otros programas, y trabajaban mano a mano con el chip –por lo general, fabricado por Intel– en el corazón de una computadora. Los GPU son capaces de procesar los cálculos que exigen las redes neuronales con una eficiencia mucho mayor que los CPU. Como resultado, Nvidia está prosperando, ahora les vende gran número de GPU a los gigantes de Internet de Estados Unidos y a las empresas en línea más importantes del globo, sobre todo en China. La recaudación trimestral por las ventas del centro de datos se triplicó, superando en 409 millones de dólares las del año pasado. “Esto es un poco como haber estado en el principio de Internet”, dice Jen-Hsun Huang. En otras palabras, el panorama tecnológico cambia con rapidez, y Nvidia está en el corazón de ese cambio.
Crear chips especializados
Los GPU son el principal instrumento que las empresas usan para enseñarles una tarea determinada a sus redes neuronales, pero esa es sólo una parte del proceso. Una vez que una red neuronal fue entrenada para una tarea, tiene que ejecutarla, y esto requiere una potencia informática de otro orden.
Por ejemplo, después de haber entrenado un algoritmo de reconocimiento de voz, Microsoft lo ofrece como servicio en línea, y en realidad recién entonces empieza a identificar las órdenes que la gente les imparte a sus smartphones. Los GPU no son tan eficientes durante esa etapa del proceso. Por eso, muchas empresas están fabricando chips especializados para hacer lo que otros chips aprenden. Google creó su propio chip especializado, una unidad de procesamiento de tensor, o TPU (por su sigla en inglés). Nvidia está fabricando un chip similar. Y Microsoft reprogramó chips especializados, como Altera, que fue adquirido por Intel, para ejecutar redes neuronales con mayor facilidad.

Otras empresas siguen sus pasos. Qualcomm, que se especializa en chips para smartphones, y un buen número de empresas emergentes también están trabajando con los chips AI, esperando llevarse su parte de un mercado en rápida expansión. La firma de investigaciones tecnológicas IDC predice que para 2021 los ingresos de los servidores equipados con chips alternativos van a alcanzar los 6800 millones de dólares, casi el 10 por ciento del mercado global de servidores. Burger señaló que, dentro de la red global de máquinas de Microsoft, los chips alternativos todavía representan una parte modesta de la operación. Y Bart Sano, el vicepresidente de Ingeniería que dirige el desarrollo de software y hardware para la red de Google, dice lo mismo acerca de los chips emplazados en sus centros de datos.
Mike Mayberry, que preside Intel Labs, minimizó el cambio de orientación hacia los procesadores alternativos, tal vez porque Intel controla más del 90 por ciento del mercado de los centros de procesamiento de datos, lo que lo hace el mayor vendedor de chips tradicionales. Mayberry sostiene que si los procesadores centrales se modificaran de la manera correcta, podrían desempeñar tareas nuevas sin necesidad de ayuda adicional. Pero esta nueva raza de silicio se propaga con rapidez y, cada vez más, Intel es una empresa en conflicto consigo misma. De alguna manera niega que el mercado cambia, pero al mismo tiempo modifica su actividad para mantenerse al día con el cambio.
Hace dos años, Intel gastó 16.700 millones de dólares en comprar Altera, el fabricante de los chips programables que usa Microsoft. Fue la mayor adquisición en la historia de Intel. Y el año pasado la empresa pagó 408 millones por Nervana, una compañía que estaba explorando un chip especializado en ejecutar redes neuronales. Ahora, liderada por el equipo de Nervana, Intel está desarrollando un chip dedicado para entrenar y ejecutar redes neuronales. “Intel tiene el problema típico de las grandes empresas –dice Bill Coughran, uno de los socios de Sequoia Capital, la empresa de capital de riesgo de Silicon Valley que se dedicó durante casi una década a supervisar la infraestructura en línea de Google–. Necesita encontrar cómo pasar a las áreas nuevas y en expansión sin perjudicar el negocio tradicional”.
El conflicto interno de Intel es más evidente cuando los directivos de la empresa hablan de la decadencia de la ley de Moore. En una entrevista con The New York Times, Naveen Rao, fundador de Nervana y ahora ejecutivo de Intel, dijo que Intel podría “exprimir” la ley de Moore unos años más. Oficialmente, la posición de la empresa es que las mejoras en los chips tradicionales van a continuar hasta bien entrada la próxima década. Mayberry, de Intel, también argumentó que el uso de chips adicionales no es nuevo. Según él, en el pasado los fabricantes de computadoras usaban chips independientes para tareas como procesar audio.


Pero ahora el alcance de esta tendencia es mucho mayor. Y está cambiando el mercado en nuevas formas. Intel no solo compite con los fabricantes de chips como Nvidia y Qualcomm, sino también con las empresas como Google y Microsoft. Google está diseñando la segunda generación de sus chips TPU. La empresa afirma que, para finales de este año, cualquier comerciante o desarrollador que sea cliente de su servicio informático en la nube podrá usar los nuevos chips para ejecutar su software. Mientras se lleva a cabo esta transición en el interior de los enormes centros de datos en los que se sustenta Internet, será cuestión de tiempo hasta que se extienda al conjunto de la industria.
La esperanza es que esta nueva casta de chips portátiles contribuya para que los dispositivos soporten por su cuenta cada vez más, y más complejas, tareas sin tener que recurrir a los centros de datos remotos: teléfonos que reconozcan los comandos de voz sin acceder a Internet y autos que reconozcan el mundo que los rodea con una velocidad y precisión que hasta hoy no son posibles. En otras palabras, un vehículo autónomo necesita cámaras, radar y láseres. Pero además le hace falta un cerebro.

miércoles, 12 de julio de 2017

TECNOLOGÍA; COMPUTADORAS SUPERVELOCES


La nueva revolución cuántica: en busca de las computadoras superveloces
Gigantes de la tecnología como Google, Microsoft o IBM buscan formas de aplicar esta rama de la física a escala comercial

Es un ejemplo extraño de la "crisis de los 40", o de la mediana edad, porque en este caso no afecta a personas sino a aparatos electrónicos. La semana pasada se cumplieron cuatro décadas de la computadora personal: en este suplemento se contó la historia de cómo Steve Wozniak ideó la Apple ll, que se lanzó al mercado en junio de 1977. Ya desde 1965 la "ley de Moore" había establecido que cada dos años se duplicaría -aproximadamente- la capacidad de cálculo de los dispositivos y eso se viene cumpliendo, pero en los últimos años este crecimiento comenzó a estancarse: hay un límite físico, difícil de modificar, para la cantidad de transistores que pueden caber en un microprocesador.
Pero como en muchas historias relacionadas con la innovación, de los laberintos "se sale por arriba", con soluciones fuera de la caja, y en el caso de la crisis de la mediana edad de las computadores tradicionales la disrupción podría venir por un camino que hasta no hace mucho tiempo se consideraba una quimera teórica: la computación cuántica.
En los últimos dos meses, gigantes de la tecnología como Google, Microsoft, IBM o Baidu, además de una constelación creciente de start ups, anunciaron que están en carrera para construir las primeras computadoras cuánticas con escala comercial. Se trata de dispositivos que se rigen por la física de las partículas subatómicas, y que prometen revolucionar la capacidad de cálculo con soluciones que llegarían millones de veces más rápido que con las computadoras tradicionales.
Mucho más rápido
Las computadoras que conocemos hoy se sirven de "bits" que representan valores de 0 y 1, y así van armando progresiones lógicas. Los "qbits" -el equivalente en el mundo cuántico- pueden tener los dos valores al mismo tiempo, o cualquier superposición de ellos, con lo cual procesan información mucho más rápido. "No es sólo una cuestión de rapidez: vamos a tener respuestas para preguntas que hoy ni siquiera nos imaginamos", explica el físico y matemático brasileño Rodrigo Parreira, que hoy dirige la empresa de software Logicalis y anteriormente investigó y dio clases en las universidad de San Pablo y de Princeton.


Casi en paralelo con el lanzamiento de la Apple ll hace 40 años, el Nobel de Física Richard Feyman hipotetizó por primera vez sobre la posibilidad de construir computadoras cuánticas. A pesar de que la física de las partículas subatómicas comenzó a desarrollarse a principios del siglo XX, sus características tan extrañas y contraintuitivas la mantuvieron a menudo en los márgenes de las discusiones centrales de la ciencia. "La física cuántica tiene un aura de misterio, y a veces se la presenta como una rama exótica de la física", cuenta
Juan Pablo Paz, una eminencia académica en este campo, profesor de Exactas, en su reciente libro La Física Cuántica: todo sobre la teoría capaz de explicar por qué los gatos pueden estar vivos y muertos a la vez, de la colección Ciencia que Ladra, que dirige Diego Golombek para Siglo Veintiuno.
"Nada más alejado de la realidad -sigue Paz-, sin la física cuántica no entenderíamos casi nada de la física contemporánea. Sin ella no existirían los microchips, las computadoras, los punteros láser ni los reproductores de DVD. Sin ella tampoco conoceríamos las lámparas LED, los paneles solares ni las centrales nucleares. En síntesis, la cuántica está en nuestra vida cotidiana, aunque siga conservando su aura de misterio". Además de su recorrido académico y de investigación, Paz fue asesor científico de varias obras teatrales, entre ellas Copenhague, que estuvo en cartel en el Teatro General San Martín entre 2002 y 2006.
Rumbo a la "supremacía"


Con empresas grandes anunciando que de aquí a entre tres y cinco años van a lanzar al mercado computadoras cuánticas, la idea "alocada" de Feyman comienza a ganar solidez, y lo que se discute hoy es el timing, explica el físico
Christian Schmiegelow, de 35 años, director del Laboratorio de Iones y Átomos Fríos del Departamento de Física de la UBA, e investigador del Conicet. Si tiene que apostar, Schmiegelow cree que los resultados de impacto masivo de esta tecnología llegarán en diez años. Para ese entonces se estima que podrán ensamblarse dispositivos con más de 50 "qbits" (los experimentales que funcionan hoy tienen unos pocos), que es el límite considerado a partir del cual las computadoras actuales quedarían muy atrás en la carrera de velocidad.
"Las primeras aplicaciones las vamos a ver en el aparato militar y en encriptación, para sistemas de seguridad, en energía y en la industria aeroespacial", estima Adrian Tichno, físico y socio en un laboratorio de petróleo. Ya en 1994 el físico Peter Shor, por entonces en los Bell Labs, demostró que computadoras cuánticas pueden resolver muy fácilmente el problema de la "descomposición" de un producto de dos números primos muy altos, que es la base de la encriptación moderna.
"También el mundo de las finanzas abordará pronto este campo, en la medida que se vea un potencial de ganancias concreto", agrega Tichno. Se calcula que casi la mitad de los billones de operaciones financieras que se realizan hoy a diario son definidas por algoritmos que "optimizan" portafolios. Para hacerlo utilizan atajos, ya que dada la enorme variedad de activos financieros la optimización perfecta es en la mayor parte de los casos imposible -las combinaciones exceden en varios órdenes de magnitud a la cantidad de partículas del universo-.
 Pero esto podría cambiar con la computación cuántica, sostuvo dos semanas atrás, durante un congreso de "Finanzas exponenciales" organizado por Singularity, Andrew Fursman, cofundador de 1Qbit, una start up de software para computación cuántica. Para Fursman, las aplicaciones prácticas llegarán antes de lo que se piensa y el momento de invertir es ahora. "Si la computación tradicional fue una evolución, aquí estamos hablando de una revolución", afirmó.
Pero aunque ya se habla de una "Internet cuántica" para un mediano plazo, no hay que ir tan lejos en el tiempo para encontrar dispositivos comerciales basados en esta tecnología. La consultora McKinsey estimó que unas siete mil personas trabajan a nivel global en este campo, con un presupuesto del orden de los 1500 millones de dólares, y esto es recién el comienzo de lo que en el ambiente de los físicos se denomina "la segunda revolución cuántica".
Entre las aplicaciones que ya funcionan, basadas en la física cuántica, está un reloj atómico increíblemente preciso: si se hubiera puesto a andar en el momento del big bang, hace 13.800 millones de años, hoy estaría desfasado apenas un segundo. Como según la teoría de la Relatividad el tiempo se comporta distinto de acuerdo a la distancia de la Tierra, estos sensores ya pueden medir con exactitud casi total alturas y aproximar con alta precisión qué hay debajo del suelo, en base al campo gravitacional que se genera, lo que ya de por sí es revolucionario para la industria de la minería, del petróleo o de la construcción.
Como dice el columnista del New York Times, Thomas Friedman, el futuro ya llegó, sólo que solemos estar entretenidos con otras cosas.
S. C.

miércoles, 31 de mayo de 2017

TECNOLOGÍA....LOS PRECIOS DE LA COMPUTADORAS


Las computadoras bajaron hasta 40% y perdió atractivo comprarlas afuera
Martín Grosz 

 

Por la quita del impuesto a las importaciones, los precios ahora son iguales y hasta más bajos que en Chile. La demanda local creció 50% respecto de 2016, según un informe privado.

Más interés. El stand de venta de notebooks de un local de Belgrano, ayer por la mañana. La garantía y los planes de cuotas son otros de los atractivos de la oferta local.
Diez modelos de notebooks que bajaron sus precios tras la quita del arancel
Te contamos las características y precios de los principales equipos de Bangho, HP, Lenovo y Asus que se comercializan actualmente en el país.

Hernán Mármol
Computadoras y netbooks
Tras la decisión del Gobierno de eliminar el arancel del 35% a las importaciones de notebooks, tablets y aparatos de escritorio, los equipos de Bangho, Lenovo, HP, Asus y hasta las Macbooks se tornaron apetecibles para los usuarios debido a la rebaja de su precio.
Para tener una idea, las notebooks Hewlett-Packard presentan una caída de hasta un 41% dependiendo del modelo. Hubo equipos de Asus que se abarataron un 29% ($ 17.000 a $ 12.000), y en uno de Lenovo el desplome fue del 30% ($ 24.000 a $ 16.849).
A continuación te mostramos las características de los modelos que hoy se consiguen a buen precio y sin la necesidad de salir del país.
Bangho

Bangho Max G5.
La renovada línea Max G5, con un procesador Intel Core de 7ma generación, salió al mercado en tres configuraciones: Core i3, i5 e i7. Todas ofrecen un 70% más de productividad y hasta 2.5x más de duración de batería, equivalente a 8 horas con una sola carga.
En líneas generales, los equipos con procesadores Core i3 e i5 comparten 4 GB de memoria DDR4 (soporta hasta 2 x SO-DIMM DDR4 2133 MHz Max, expandible hasta 32GB) que le aportan mayor rendimiento y un menor consumo de energía. El disco rígido almacena hasta un 1 terabyte de información, aunque también pueden llevar SSD (disco de estado sólido), y la pantalla es de 15,6 pulgadas HD.
La única diferencia con la versión Core i7 son los 8GB de memoria DDR4 y que la pantalla posee una mayor resolución (1920 X 1080) en Full HD.
Los precios van desde $11499 a $15999 pesos dependiendo del modelo.
Hewlett-Packard

El modelo x360 de Hewlett Packard.
Las primeras unidades de notebooks sin impuesto de la marca Hewlett Packard, como la notebook HP x360 Convertible 11” y el modelo HP 15-ay015la, se agotaron la primera semana de abril, registrándose bajas en el precio del 40% respecto al mes anterior, según le comentó a Clarín un portavoz del sitio de venta digital Linio.com.ar.
Además de distinguirse por ser convertible, la HP x360 posee un procesador Intel Pentium 3710 que se destaca por la excelente eficiencia energética y la nueva generación de gráficos Intel 400. Tiene una pantalla de 11 pulgadas HD IPS táctil de 360° que permite usarla como tablet. Además, cuenta con memoria RAM de 4GB, puertos USB, HDMI y VGA y un almacenamiento de 500 GB. Su precio actual es de $7.199 pesos.
En tanto que la HP 15-ay015la es un dispositivo orientado a la multitarea. Su gran pantalla de 15.6 pulgadas de resolución HD te permite ver distintos contenidos al mismo tiempo. Posee con 1 terabyte de almacenamiento, 4GB de memoria RAM y un procesador de 4 núcleos. Cuesta $8.199 pesos.
Asus

La notebook ZenBook UX410, de ASUS.
La compañía de origen taiwanesa, la tercera en producción de notebooks a nivel mundial, anunció que comercializará este trimestre en Argentina su nueva línea de portátiles con procesadores Intel Core.
El modelo ZenBook UX410, una notebook con una pantalla de 14 pulgadas QHD+ (3200x1800) se destaca por su proporción, ya que abarca el 80% en relación al cuerpo del equipo. Está disponible con procesadores Intel Core i3, i5 e i7 de 7ª generación, cuenta con 16GB de RAM y audio Harman Kardon para una experiencia inmersiva. Se consigue desde $14.000 pesos.
Las otras opciones de la marca son las notebooks ZenBook UX310 de 13.3 pulgadas y ZenBook UX510 de 15.6 pulgadas. Los equipos cuentan con procesadores Intel Cor i3, i5, e i7 de 7ª generación y la memoria es expandible hasta 16GB de RAM DDR4. Ambos cuentan con discretas tarjetas gráficas. El precio del modelo UX310, por ejemplo, es de $13.000 pesos.
Lenovo

Lenovo Yoga Book.
El grupo chino de tecnología introdujo este mes en el país el modelo Yoga Book, la tablet 2 en 1 que presenta un nuevo hardware y software para la productividad y la creatividad.
Yoga Book permite trabajar y jugar a través de Book UI, el sistema operativo de Android 6.0 especialmente adaptado para esta notebook, que se inspira en las mejores funciones de interfaz de usuario de las portátiles y las tablets.
Esta máquina 2 en 1 permite que varias aplicaciones se ejecuten a la vez a través de múltiples ventanas que se pueden fijar, maximizar y minimizar, así como también una barra de tareas que hace el seguimiento de tus aplicaciones y de los atajos de teclado y teclas de acción más comunes del teclado de Windows. Todo esto se maneja fácilmente gracias al procesador Intel Atom X5 y los 4GB de memoria RAM de la Yoga Book.
Se consigue en las principales cadenas del sector a $13.000 pesos.
Esta máquina 2 en 1 permite que varias aplicaciones se ejecuten a la vez a través de múltiples ventanas que se pueden fijar, maximizar y minimizar, así como también una barra de tareas que hace el seguimiento de tus aplicaciones y de los atajos de teclado y teclas de acción más comunes del teclado de Windows. Estas cargas de trabajo adicionales se manejan fácilmente gracias al procesador Intel Atom X5 y los 4GB de memoria RAM de la Yoga Book.
Macbooks


Macbook Pro 13,3 pulgadas.
Otro caso es el de las portátiles de Apple que antes de la quita del impuesto arancelario se vendían a $39.000 y hoy se las consigue por 32.000, es decir, un 18% menos. Por ejemplo, la Macbook Pro -13,3 pulgadas de pantalla, procesador i5, 8GB RAM y 128 GB de disco rígido- antes costaba $ 44.000 está hoy a $ 11.000 menos (-25%).