Mostrando las entradas con la etiqueta DANIEL ARTANA. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta DANIEL ARTANA. Mostrar todas las entradas

domingo, 1 de septiembre de 2024

DANIEL ARTANA


“Los dólares siempre aparecen, por las buenas o por las malas”
Es economista graduado en 1980 en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP); en 1988 completó su doctorado en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA); fue secretario de Hacienda de la Nación en 2001; desde 1987 es economista jefe de la Fundaci Esteban Lafuente

“Los dólares siempre aparecen. La pregunta es si es por las buenas, vía exportaciones o financiamiento, o por las malas, con recesión o un salto en el tipo de cambio real que desalienta importaciones”, afirma Daniel Artana, al analizar la coyuntura macroeconómica y la dinámica que muestran las reservas del Banco Central. El economista jefe de FIEL advierte sobre el incipiente atraso del tipo de cambio oficial y sobre los problemas que puede enfrentar el país por el shock externo negativo, derivado de la caída del precio de la soja.
–¿Cuál es su análisis sobre la baja del impuesto PAIS a las importaciones?
–La primera cuestión es que es un impuesto muy distorsivo, un arancel a la importación, adicional al arancel externo común que la Argentina tiene acordado con el Mercosur. Que se rebaje es una buena noticia desde el punto de vista de la economía real. Obviamente, tiene un impacto fiscal y entiendo que está la expectativa de compensar esa pérdida de recaudación, que es toda del gobierno nacional, con el cambio en Ganancias y lo que se pueda generar con la moratoria, el blanqueo y la normalización del impuesto a los combustibles, que el gobierno anterior no había cumplido. No incluir una rebaja del llamado dólar tarjeta es una medida para tratar de que las personas que viajen al exterior no usen reservas.
Es una anomalía, pero es parte de cuestiones puntuales para tratar de proteger reservas en este contexto.
–¿Y qué impacto puede tener esta rebaja sobre la inflación?
–Hay que mirar el precio internacional, el resto de los aranceles, la tasa estadística, y en ese sentido la rebaja es menor, con lo cual el impacto de corto plazo debería ser menor. El Gobierno ha decidido no compensar la baja del impuesto PAIS con la suba del tipo de cambio, y la expectativa es que ayude a bajar algunos precios de la economía. No pega en la inflación a mediano plazo. El impacto es de corto plazo y es un efecto de una sola vez. Impacta en el nivel de inflación que mide el Indec, pero no es una medida antiinflacionaria.
–¿Cómo analiza la dinámica que muestran las reservas?
–Lo que generó ruido es que el Banco Central no compró divisas en junio, porque en el tercer trimestre está previsto que pierda divisas por la estacionalidad del comercio exterior. Después de haberse recuperado reservas netas, el número volvió a ser negativo en un número importante, por un escenario en el que se agravó el shock externo que sufre la Argentina. Hubo devaluación en términos reales de todas las monedas de los países vecinos –Brasil, Chile, México– desde que asumió Milei, y hubo una baja en la soja y otros productos agrícolas, que son los principales bienes de exportación, del orden del 20%, según el producto. Es una baja significativa y genera un problema inmediato para 2025, en la medida en que este shock se mantenga.
–¿Se puede revertir o compensar ese shock?
–Al final, los dólares siempre aparecen, por eso ese argumento de que faltan dólares no lo comparto. Hay combinaciones de tipo de cambio real y nivel de actividad que generan el resultado de cuenta corriente necesario para hacer frente a los pagos. Obviamente, si no lo podés compensar con exportaciones, eso significa o recesión o necesidad de devaluar, algo que en la Argentina siempre es traumático. La alternativa es conseguir financiamiento. ¿Y dónde puede conseguirlo la economía? Puede ser en el sector soberano, donde entran los repo, y en el sector privado, donde entra el RIGI, que va a empezar a ser relevante el año que viene. Después está el blanqueo, que, excepto por las multas, va a generar reservas brutas, por los encajes de los depósitos, pero no netas. Sí puede generar una recuperación de bonos y acciones, que son los vehículos que les permiten a los que blanquean no pagar la multa. El último punto es conseguir fondos adicionales de organismos, como el Fondo Monetario.
–¿Qué se puede esperar del FMI?
–Se pueden negociar distintas cosas. Por empezar, están los vencimientos de capital en 2026, y pueden postergarse esas fechas, plantear pagar después y correr esos compromisos. Otra cosa es pedir plata nueva, y para que eso ocurra las exigencias deberían ser mayores, dependiendo de la plata que se pida. Y eso dependerá de lo que negocien. Entiendo que están empezando a conversar, por lo que le interpreté al ministro Luis Caputo. Y en esta discusión, en el último staff report el FMI dice qué cosas le molestan o qué cosas querrían tener. Por ejemplo, la tasa positiva real para las inversiones en pesos. Está claro que no le gustan los tipos de cambio múltiples, por lo que se genera del blend para exportadores, y el impuesto PAIS, que cae en diciembre. Está diciendo también que hay un problema con el tipo de cambio real. Del reporte se desprende que el tipo de cambio consistente con el equilibrio en el modelo del FMI está en torno al nivel de marzo, y desde ahí se ha apreciado un 15% en términos reales. El tipo de cambio de equilibrio no es tan fácil de calcular, no es un número que 2+2 da 4, pero sí revela que es algo que le preocupa. También habla de reformas estructurales, que están alineadas con las ideas del Gobierno. Sí hay cuestiones de la macro, y habrá que ver cómo se llega a esa negociación.
–¿Y con las pautas del programa en curso?
–Están las metas de reservas netas de septiembre y diciembre, que no es obvio que se vayan a cumplir. Los números se han puesto desafiantes. Las metas fiscal y monetaria se van a cumplir con tranquilidad. Habrá que ver cómo está el país en el momento de la negociación, porque no es lo mismo haber llegado cumpliendo que no. Y un tema en ese sentido es que la caída de los precios internacionales de la soja y el deterioro en los términos de intercambio puede habilitar para ser una explicación. Eso es mala suerte, y hubo momentos en los que el Fondo toleró mala suerte, como con la sequía. Ahora bien, si esto no fuera la Argentina, los países con una macro ordenada lo que hacen es dejar depreciar el tipo de cambio y buscar acolchonar el impacto de ese shock externo sobre la economía, en esa combinación de tipo de cambio real y nivel de actividad, o recurren a ahorros previos, que la Argentina no tiene porque el gobierno anterior usó hasta el agua de los floreros. Eso hay que ponerlo en perspectiva. El país tuvo los mejores términos de intercambio de los últimos 40 años y lo dejaron con US$11.500 millones de reservas negativas en el Banco Central. Estuvo la sequía, que no es una novedad en la historia reciente, y habían ahorrado poco en momentos de buenos precios estacionales, en 2021, 2022 y 2023. Si en momentos buenos la gastás, cuando llega la mala estás más complicado. Y la mala le tocó a este gobierno. Cuando hablan de la herencia recibida, tienen razón. No era una papa caliente, es toda la verdulería hirviendo.
–¿Cuál es su visión con respecto al nivel del dólar y la brecha?
–Si hay brecha es porque todavía hay pesos atrapados y aceptan pagar el costo de esa brecha. Tampoco sabemos si los dólares libres son los de equilibrio, porque hay restricciones cruzadas. Si había alguna duda respecto del nivel actual del tipo de cambio, el shock externo genera la sensación de que está un poco corto. No es una situación de atraso como la del fin de la convertibilidad o la de 2015, pero hay vencimientos en dólares y se empieza a generar la pregunta respecto de dónde van a salir los dólares. Y es equivocado plantear la falta de dólares, desde un punto de vista conceptual. Porque siempre aparecen. La pregunta es si es por las buenas, vía exportaciones o financiamiento, o por las malas, con recesión o un salto en el tipo de cambio real que desalienta importaciones.
–¿Y qué perspectivas hay de una eventual recuperación?
–Ya hay señales de que la economía tocó fondo y empezó a ir para arriba. Hay una mejora en la confianza en el consumidor, según los índices de la Universidad Di Tella, e indicadores de que la economía empezó a reaccionar, después del piso de algún momento del segundo trimestre. Ahora está el impacto de este shock externo negativo, que siempre resta nivel de actividad a menos que se pueda compensar con financiamiento. Eso es algo que estamos viendo. Si aparecieran US$15.000 millones de inversión externa adicional, la Argentina no tendría problemas. El nivel ha sido de US$2000 o US$3000 millones por año, pero eso no parece que vaya a ocurrir. Lo que empieza a condicionar la intensidad de la recuperación en 2025 es este shock externo negativo. Si comparás el valor de la cosecha a los precios de noviembre con los precios de hoy, la pérdida es de US$8000 millones. Es un número relevante, que se suma a complicaciones en la toma de decisión de los productores por la chicharrita. Eso, en un contexto de previsión climática que proyecta un ciclo de menos agua que el de este año, puede llevar a un shock de magnitud más grande, y hay un costo en términos de recuperación. No quiere decir que la economía, promedio contra promedio, no quede arriba, pero el shock podría implicar cerca de dos puntos del PBI.
–¿Cómo ve el tema de la salida del cepo y el efecto en la inversión?
–El país estuvo cuatro años sin cepo y las inversiones mucho no se movieron. Depende de otra cuestión, de la consolidación de la macro y de que se perciba que las reformas estructurales son más sólidas y que la economía es más predecible. Esto es compartido por una buena parte del espacio político. Por eso, es importante que algunas cuestiones se aprueben por ley. El Gobierno hizo énfasis en el tema del exceso de pesos, cuando hay cepo tenés ese overhang monetario [sobrante], como se le llama técnicamente, y si se libera, puede llevar a un salto del tipo de cambio. Se han ido corrigiendo, pero aún hay pasivos de corto plazo, con una cifra importante de vencimientos el año que viene, y si el mercado no renueva esos instrumentos en pesos y demanda dólares, puede ser un problema. Se habla de un exceso de pesos, ¿en relación con qué? Con la capacidad de esterilizar y darle dólares a quien los quiera. Se puede ver como un exceso de pesos o un faltante de reservas, que genera ese riesgo de volatilidad, ruido en la economía y en el éxito de un programa.
–¿Hay espacio para desarmarlo?
–La Argentina tiene restricciones de todo tipo para el acceso al mercado de cambios de personas y empresas, y dentro de eso hay cuestiones que hacen al funcionamiento de la producción, a las decisiones de inversión y al atesoramiento. Primero, el Gobierno ha ido avanzando en levantar restricciones, y el más relevante fue acortar el plazo de pago para las importaciones. Otro tema es que en la Argentina no se pueden girar dividendos. No es una cifra relevante, de acá en adelante son entre US$200 y US$300 millones por mes. Lo que mueve la aguja son los argentinos comprando dólares para atesoramiento. Entonces, se puede ir pensando en una flexibilización importante del cepo manteniendo restricciones para el atesoramiento de empresas, bancos e individuos. Y sí, seguiría habiendo cepo, pero uno menos dañino para la economía, que afecte menos a las decisiones de producción e inversión. Es cuestión de matices, no de si hay cepo o no. Y lo viable es ir levantando restricciones, despacio, para tratar de evitar una disrupción, y mientras tanto dar señales de avanzar.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

lunes, 7 de noviembre de 2016

ECONOMÍA; LA OPINIÓN DE DANIEL ARTANA


Volviendo a lo básico en la Argentina (y los vicios que se deben eliminar)
Por Daniel Artana.


Back to the basics” es una frase en inglés que tiene diferentes traducciones posibles, entre otras, recuperar los principios básicos o centrarse en lo esencial. Creo que debemos tenerla presente cuando debatimos sobre los problemas fiscales de la Argentina o sobre las reformas necesarias para mejorar la productividad, mejorar la equidad o hacer frente a los desafíos que plantea una economía con elevada informalidad laboral, pero muy rica en recursos naturales.
En el tema fiscal los funcionarios del Gobierno nacional han señalado que los libros recomiendan no reducir el déficit fiscal cuando la economía está en recesión, en la medida en que el Gobierno disponga, como ocurre hoy, de la posibilidad de endeudarse a tasas de interés “razonables”. Sin embargo, esta es una lectura incompleta de los principios básicos y algunas decisiones recientes del Gobierno van en contra de ellos. El manual dice que la política fiscal anticíclica debe instrumentarse mediante la suba de gastos o reducciones de impuestos que pueden revertirse cuando el ciclo económico se normaliza. El Gobierno nacional no ha respetado estos principios al disponer una rebaja “permanente” en los impuestos a las exportaciones o aumentar las jubilaciones a 2,4 millones de personas o devolver a las 24 provincias el 15% de la masa coparticipable que se destinaba al sistema jubilatorio cuando el fallo de la Corte Suprema lo obligaba a hacerlo para sólo 3; en cambio la inversión en infraestructura o los pagos de sentencias a jubilados si respetarían esos principios básicos. Nótese que las medidas de aumento de gasto o reducciones de impuestos permanentes son importantes: en el mediano plazo, cuando operen al 100%: tienen un impacto negativo sobre el déficit fiscal nacional de 2,5 a 3% del PIB.
Un programa fiscal gradual requiere alguna precisión no sólo de cuándo se espera balancear las cuentas (al menos la primaria) sino de cómo se logrará. Apostar sólo al crecimiento económico no permite lograr el objetivo en cuatro años y además requiere una disciplina de crecimiento nulo en el gasto medido en precios constantes que ha sido difícil de lograr en la Argentina. En este sentido, una duda central surge por la decisión del Gobierno nacional de ceder fondos primero y luego esperar que los receptores de esos fondos respondan respetando el interés de la sociedad. La historia argentina no permite ser optimista respecto de la generosidad de los diferentes grupos de presión/actores políticos. Por ejemplo, luego de recibir la devolución en cuotas del 15% de la masa coparticipable y ante el pedido de la Nación de que se comprometan a balancear las cuentas provinciales, los gobernadores reaccionaron “pidiendo un poco más”: coparticipación normal del impuesto al cheque, endeudamiento sin restricciones, distribución automática de los ATN, etc. Parecida fue la reacción de los dirigentes sindicales: luego de la devolución de los fondos de las obras sociales retenidos por el Gobierno anterior, la respuesta “agradecida” fue convocar a un paro nacional a menos que se ceda a nuevos reclamos. Y en el campo previsional se dispuso un aumento importante de gastos pero no se lo ató a una reforma que restablezca la solvencia del sistema de reparto; una mínima insinuación en tal sentido fue rápidamente archivada ante el costo político que acarrearía una discusión sobre este tema.
Los malos indicadores sociales de la Argentina abren el espacio para nuevas sugerencias de apoyo estatal. Independiente de las buenas intenciones que tengan estas propuestas los principios básicos sugieren que deben ir acompañadas de una propuesta adecuada para financiarlas. Dado el aumento exponencial del gasto en la era K, la elevada presión tributaria sobre el sector formal de la economía y el alto déficit fiscal primario, cualquier sugerencia de mayor apoyo del Estado nacional debería incluir una propuesta de reducción de algún otro gasto que permita hacer frente a su impacto presupuestario. En este ejercicio debemos recordar que así como las rebajas de impuestos no se autofinancian (no hay evidencia empírica a favor de la curva de Laffer), tampoco los gastos se financian por sí solos por supuestos multiplicadores de gasto elevados que permiten encontrar la cuadratura del círculo.
En materia de reformas estructurales ocurre algo parecido. Es importante que se tengan en cuenta los desafíos de largo plazo que plantea la robotización, o el desafío de ser un país rico en recursos naturales cuya producción es capital intensiva. Pero en el corto plazo, hay mucho por hacer si el Gobierno se enfoca en los principios básicos. Luego de más de una década de populismo la Argentina tiene deficiencias serias que atentan contra la productividad en casi todas las áreas de políticas públicas, desde la infraestructura hasta la rigidez laboral o la calidad de la educación. Además, durante el Gobierno anterior se instalaron “kioscos o peajes” para favorecer a determinados grupos de interés. El Gobierno nacional ha avanzado en desmantelar algunos como el relacionado con el sindicato de trabajadores portuarios, pero hay otros similares. Un ejemplo es el costo de la logística. Es más barato para un productor paraguayo transportar soja en barcazas que navegan los ríos argentinos que lo que debe gastar un productor argentino del NOA o NEA que tiene una menor distancia para llegar a puerto. Los problemas no se arreglarán sólo con el Plan Belgrano. También hay que actuar sobre los costos del combustible (el famoso barril criollo) y los costos salariales. Mientras que en Paraguay el costo laboral es 30% mayor a lo que se lleva el trabajador, en la Argentina esa diferencia se acerca al 100% por las elevadas contribuciones a la seguridad social y los costos de la litigiosidad laboral (accidentes de trabajo, generosa indemnización por despido, etc.).

La desregulación en el mercado de bienes es otro ejemplo. El Gobierno parece abrazarse a una reforma a la ley de defensa de la competencia que va a generar más problemas que soluciones y parece dejar de lado algunos privilegios que encarecen innecesariamente los precios que pagan los consumidores. Más allá del tema de la protección a las importaciones, hay otros ejemplos “clásicos” de negocios políticos. Simplemente el lector haga la cuenta de lo que cuesta patentar un auto 0 km. Alrededor de 6% del precio del auto, costo que está influido por impuestos provinciales (aún cuando ya cobraron Ingresos Brutos, insisten y cobran sellos, gravamen que la PBA prevé aumentar a 3% para 2017) y por los aranceles de los registros que cobran entre 1 y 1,5% del valor del auto cuando el costo es un monto fijo que debería ser muy bajo. Se entiende rápidamente este sobrecosto cuando se repara en que los titulares de los registros son muchas veces dirigentes políticos.
Los ejemplos de desregulación potencial abundan, desde la política de cielos abiertos hasta la energía. Los principios básicos apuntarían a resolverlos rápido porque ganan las familias como usuarios y se bajan los costos de las empresas que los utilizan como insumo. Pero ello requiere una gran decisión política porque detrás de cada regulación hay un privado que se beneficia (empresario, dirigente sindical o político) y que se resistirá a perder sus privilegios.