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viernes, 21 de julio de 2017

ECONOMÍA; DANIEL STICCO


El nuevo índice de inflación reveló la heterogeneidad de la economía argentina
Por Daniel Sticco







El último martes el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) dio un paso más en su plan de normalización de las estadísticas públicas, con la difusión de un índice ampliado de la inflación que ahora releva 320 mil precios en 39 aglomerados urbanos de todas las jurisdicciones, agrupados en seis grandes regiones, en contraste con dos áreas que forman una, como la Ciudad de Buenos Aires y los principales aglomerados urbanos de la provincia, y "sólo" 90 mil precios. Constituye así una muestra "sin precedentes en la República Argentina", dijo el director del organismo, Jorge Todesca.
Para sorpresa de muchos, las variaciones del índice general, tanto del último mes como incluso del semestre (la estadística no permite ir más atrás), no difirieron en mucho de lo que arrojó el índice habitual para el área metropolitana del Gran Buenos Aires, donde se suponía que pesaban más los ajustes discrecionales de las tarifas de los servicios públicos y también la estacionalidad de los servicios del turismo, por tanto, debería haber sido notablemente menor.
Parte de esa reducida brecha se puede atribuir a la elevada ponderación en el agregado nacional del área formada por la Ciudad Autónoma y los grandes aglomerados urbanos de la provincia de Buenos Aires, 44,7%, que se excluyen del área pampeana.
El IPC tradicional, para el área de Gran Buenos Aires, aumentó 1,4% en junio, una décima más que lo esperado por el consenso de las consultoras privadas, y 12% en los primeros seis meses. Mientras que el nuevo índice nacional sólo subió dos décimas de puntos porcentuales, menos en junio y casualmente también dos décimas menos en el acumulado desde enero inclusive.
De este modo, antes de que emergieran las variaciones del nuevo índice y, en particular, de sus componentes y sus regiones, quedaron desactivadas las posibles críticas de que venía a tapar las dificultades que tiene el Banco Central de la República Argentina para alcanzar su meta techo de inflación de 17% acumulada a diciembre próximo, sobre la base de que en el interior no incidiría con la misma preponderancia la actualización de los cuadros tarifarios de los servicios públicos.
Por el contrario, la apertura de los factores que impulsan la inflación: los productos y los servicios estacionales; los administrados o los regulados; y el resto que se denomina núcleo, donde gravitan las expectativas que surgen de la política monetaria y fiscal y factores externos, demostró que en el interior del país el encarecimiento de los precios y las tarifas que requieren de la autorización del Gobierno se verificó notablemente más en el noroeste, Cuyo y región patagónica, que en conjunto representan poco menos de un quinto del índice, que en el área metropolitana de Buenos Aires.
De ahí que seguramente no ofrecerá resistencia la decisión de Hacienda y del Banco Central de tomar las variaciones conocidas del IPC nacional, no sólo como parámetro de desvío de las metas presupuestarias de los próximos años y de inflación, sino también para la actualización del coeficiente de estabilización de referencia (CER) y de la unidad del valor actualizado de la vivienda (UVA).
Enormes brechas en el interior de los índices
En los parciales de los grandes rubros en que se desagrega el nuevo índice de precios nacional por regiones, los datos difundidos por el Indec dieron cuenta de brechas muy superiores a las dos décimas de puntos porcentuales que acusó respecto a la variación del índice general del Gran Buenos Aires, comprende a la Capital Federal y los principales aglomerados urbanos; incluso de los 0,6 puntos porcentuales que fue la máxima diferencia hacia bajo con la región pampeana y de 0,9 puntos porcentuales más alto que midió para la región del noroeste, el nivel general.
Así, en el semestre, las variaciones extremas de precios por rubro y por región fueron:
* Alimentos y bebidas no alcohólicas: GBA, 11,8% y región patagónica, 7,9%;
* Bebidas alcohólicas y tabaco: noreste, 14,3% y noroeste, 11,6%;
* Prendas de vestir y calzado: región pampeana, 12% y Cuyo, 5,8%;
* Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles: noroeste, 36,4% y región pampeana, 18,6%;
* Equipamiento y mantenimiento del hogar: región patagónica, 7,8% y noroeste, 6,5%;
* Salud: noreste, 14,5% y GBA, 11,2%;
* Transporte: Cuyo, 11,9% y GBA, 6,5%;
* Comunicaciones: noroeste, 21,8% y región patagónica, 16,3%;
* Recreación y cultura: región patagónica, 15,3% y pampeana, 9,9%;
* Educación: noroeste, 33,4% y GBA, 19,4%;
* Restaurantes y hoteles: noreste, 14,7% y Cuyo, 8,7%;
* Otros bienes y servicios: noreste, 12,9% y noroeste, 8,5%.
Del listado previo se desprende que el área metropolitana de Buenos Aires sólo lideró la inflación en el segmento de los alimentos y las bebidas, mientras que en el resto se repartieron el podio las regiones con menores índices de densidad demográfica y, en particular, de generación de riqueza, como las del noroeste argentino y el noreste argentino.
Semejantes disparidades no hicieron más que reflejar la heterogeneidad de la economía en la Argentina, que va más allá de las enormes diferencias en materia de recursos naturales de cada región.

sábado, 1 de abril de 2017

EN EL" ESPACIO MENTE ABIERTA "; BRECHA CAMBIARIA

ECONOMISTA DANIEL STICCO


La enorme brecha cambiaria para el consumo y la exportaciónTanto la autoridad monetaria como más aún las nuevas autoridades de los Ministerios de Hacienda y Finanzas, sostienen que "la paridad cambiaria es lo que es porque se está en un régimen libre  yflotante, sin intervención".
Y agregan: "Si estuviera realmente atrasado, actuaría la fuerza de la demanda especulativa para comprar barato a la espera de que suba, sobre todo porque las tasas de interés que otorga un plazo fijo en bancos se dice que no cubren la inflación esperada por el mercado".
Sin embargo, ese no es el análisis que hacen los hombres de negocios, en particular de aquellos que orientaron gran parte de su producción a la exportación, y que en sus costos de fabricación de bienes y servicios prevalecen los internos largamente sobre el componente importado.
Es cierto que si se considera el punto de partida del 10 de diciembre de 2015 y el efecto de la eliminación de las retenciones para el conjunto de las economías regionales, minería y productos industriales, la suba nominal del tipo de cambio efectivo del 68% superó en poco más de 10% a la tasa de inflación que midieron para ese período el conjunto de consultoras privadas.
De ahí surge una mejora real nominal, esto es, excluido el efecto combinado con la mayor apreciación de las monedas de los principales socios comerciales de la Argentina, respecto del dólar, del orden de 11%, y por tanto la producción nacional ha mejorado su competitividad cambiaria.
Pero, se sabe, y lo dicen a diario el Presidente, los ministros del área económica y la autoridad monetaria, que al 10 de diciembre de 2015 la situación macroeconómica estaba singularmente deteriorada y dominada por cepos y restricciones que traban el comercio exterior.
Por tanto, en el sector real consideran que un mejor punto de referencia para determinar el grado de deterioro o mejora de la paridad cambiaria para los exportadores de bienes y servicios es enero de 2014, cuando el anterior gobierno devaluó el peso sin plan de normalización del resto de las variables y, por tanto, no generó efectos sobre la actividad exportadora.
En ese caso, el tipo de cambio actual acusa un rezago cercano a 20%, porque mientras el promedio de precios de la economía aumentó un 147%, el tipo de cambio efectivo nominal se elevó 104 por ciento. Por tanto para que la paridad resulte equiparable a la de tres años atrás debería subir a unos 19 pesos por dólar, o bien recibir compensaciones vía reintegros de impuestos y crédito subsidiado equivalente a poco más de tres pesos por dólar.
Mejora del poder de compra de un sector de la población

Por el contrario, la cuenta arroja resultados notablemente diferentes cuando se compara la variación del tipo de cambio con la que experimentó el promedio de salarios registrados en el sector privado, sobre un universo de poco más de seis millones de trabajadores.
Según la serie del Sistema Integrado Provisional Argentino (SIPA) que publica el Ministerio de Trabajo, desde diciembre de 2015 el salario privado aumentó un 35%; mientras que respecto de enero de 2014 se elevó un 76 por ciento. En el primer caso, significó una suba real en dólares, al tipo de cambio disponible libremente sin cupos para ahorro o turista del 30%, cotizaba a 15,08 pesos por unidad (apenas se movió 4,1%); mientras que en el segundo la mejora del poder de compra de la divisa se amplió a 42%, porque en el punto de partida se negociaba a 12,65 pesos (aumentó 24,1%).
Semejante brecha cambiaria para el promedio de los asalariados registrados, de los cuales se estima que poco menos de 15% mantienen capacidad de ahorro, explica el singular flujo residentes en tours de compras hacia países vecinos, principalmente Chile y Paraguay, y en menor medida hacia Brasil, Uruguay o Miami, en detrimento del comercio local.
Esta brecha entre el tipo de cambio efectivo para la producción y para el consumidor de altos ingresos no aparece a menudo en las evaluaciones de los funcionarios, pese a que cada mes el Banco Central da cuenta en sus informes del mercado de cambios que casi un millón de personas compran dólares para atesoramiento y gastos de turismo, y que explica en gran parte porque no reaccionan las exportaciones, y tampoco el consumo de bienes no durables y semidurables.

lunes, 27 de marzo de 2017

ASÍ PIENSA EL ECONOMISTA DANIEL STICCO


Daniel Sticco


La enorme brecha cambiaria para el consumo y la exportaciónTanto la autoridad monetaria como más aún las nuevas autoridades de los Ministerios de Hacienda y Finanzas, sostienen que "la paridad cambiaria es lo que es porque se está en un régimen libre y flotante, sin intervención".
Y agregan: "Si estuviera realmente atrasado, actuaría la fuerza de la demanda especulativa para comprar barato a la espera de que suba, sobre todo porque las tasas de interés que otorga un plazo fijo en bancos se dice que no cubren la inflación esperada por el mercado".
Sin embargo, ese no es el análisis que hacen los hombres de negocios, en particular de aquellos que orientaron gran parte de su producción a la exportación, y que en sus costos de fabricación de bienes y servicios prevalecen los internos largamente sobre el componente importado.
Es cierto que si se considera el punto de partida del 10 de diciembre de 2015 y el efecto de la eliminación de las retenciones para el conjunto de las economías regionales, minería y productos industriales, la suba nominal del tipo de cambio efectivo del 68% superó en poco más de 10% a la tasa de inflación que midieron para ese período el conjunto de consultoras privadas.
De ahí surge una mejora real nominal, esto es, excluido el efecto combinado con la mayor apreciación de las monedas de los principales socios comerciales de la Argentina, respecto del dólar, del orden de 11%, y por tanto la producción nacional ha mejorado su competitividad cambiaria.
Pero, se sabe, y lo dicen a diario el Presidente, los ministros del área económica y la autoridad monetaria, que al 10 de diciembre de 2015 la situación macroeconómica estaba singularmente deteriorada y dominada por cepos y restricciones que traban el comercio exterior.
Por tanto, en el sector real consideran que un mejor punto de referencia para determinar el grado de deterioro o mejora de la paridad cambiaria para los exportadores de bienes y servicios es enero de 2014, cuando el anterior gobierno devaluó el peso sin plan de normalización del resto de las variables y, por tanto, no generó efectos sobre la actividad exportadora.
En ese caso, el tipo de cambio actual acusa un rezago cercano a 20%, porque mientras el promedio de precios de la economía aumentó un 147%, el tipo de cambio efectivo nominal se elevó 104 por ciento. Por tanto para que la paridad resulte equiparable a la de tres años atrás debería subir a unos 19 pesos por dólar, o bien recibir compensaciones vía reintegros de impuestos y crédito subsidiado equivalente a poco más de tres pesos por dólar.
Mejora del poder de compra de un sector de la población
Por el contrario, la cuenta arroja resultados notablemente diferentes cuando se compara la variación del tipo de cambio con la que experimentó el promedio de salarios registrados en el sector privado, sobre un universo de poco más de seis millones de trabajadores.
Según la serie del Sistema Integrado Provisional Argentino (SIPA) que publica el Ministerio de Trabajo, desde diciembre de 2015 el salario privado aumentó un 35%; mientras que respecto de enero de 2014 se elevó un 76 por ciento. En el primer caso, significó una suba real en dólares, al tipo de cambio disponible libremente sin cupos para ahorro o turista del 30%, cotizaba a 15,08 pesos por unidad (apenas se movió 4,1%); mientras que en el segundo la mejora del poder de compra de la divisa se amplió a 42%, porque en el punto de partida se negociaba a 12,65 pesos (aumentó 24,1%).
Semejante brecha cambiaria para el promedio de los asalariados registrados, de los cuales se estima que poco menos de 15% mantienen capacidad de ahorro, explica el singular flujo residentes en tours de compras hacia países vecinos, principalmente Chile y Paraguay, y en menor medida hacia Brasil, Uruguay o Miami, en detrimento del comercio local.
Esta brecha entre el tipo de cambio efectivo para la producción y para el consumidor de altos ingresos no aparece a menudo en las evaluaciones de los funcionarios, pese a que cada mes el Banco Central da cuenta en sus informes del mercado de cambios que casi un millón de personas compran dólares para atesoramiento y gastos de turismo, y que explica en gran parte porque no reaccionan las exportaciones, y tampoco el consumo de bienes no durables y semidurables.