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viernes, 12 de mayo de 2023

ECONOMÍA CON EL DR. JUAN CARLOS DE PABLO


¿Nessun dorma por lo que mañana dirá el Indec?
Juan Carlos de Pablo
De ninguna manera. Fue una tontería, rápidamente corregida, la postergación de la publicación de la estimación oficial del aumento de los precios al consumidor, del viernes 12 al lunes 15 de mayo; como también lo fue la importancia que a la cuestión le dieron algunos medios de comunicación.
La clave, en todo caso, está en el dato. En las dos estimaciones a las que tuve acceso, entre marzo y abril pasados, en promedio el aumento de los precios comenzó con 7. Más importante todavía, en ambas estimaciones –una privada, la otra pública– dicho aumento superó la suba registrada tanto en febrero como en marzo.
Esta última es la información más importante porque, como expliqué hace tres semanas, la tasa de inflación registra cierta estacionalidad, por lo cual, en cada uno de los años, a partir de 2019 la tasa de marzo superó la de febrero, pero también la de abril.
Si mañana la estimación oficial del aumento de los precios de abril “empatara” la de marzo (7,8% en GBA, es decir, CABA + suburbios y 7,7% en Nación), esto indicará cierta aceleración inflacionaria porque mostraría que el mes pasado el impulso del aumento de los precios fue más fuerte que la estacionalidad.
Dije aceleración inflacionaria, no hiperinflación. Hay que tener algunos añitos para haber vivido, de grande, la híper argentina de 1989; por no decir haber estudiado la híper de Alemania de 1923.
No estamos en híper y les dejo a los futuros historiadores que determinen si, en estos días, en la Argentina se está incubando una híper. ¿Cerrar el boliche por las dudas? De ninguna manera. La enorme mayoría de las actividades continúan operando, la enorme mayoría de los precios están publicitados en pesos y la enorme mayoría de las transacciones se pueden cancelar con pesos.
¿Porque los oferentes son tontos? No, porque “desensillar hasta que aclare” es una pésima estrategia empresaria. Lo que hacen quienes venden es atender con la radio prendida, no sea cosa que el comprador quiera adquirir mercaderías, no porque sean buenas o baratas, sino porque sabe algo que el vendedor ignora.
Así funcionamos los argentinos, con un gobierno que políticamente no existe y cuyos encargados del área económica hacen lo que pueden, considerando las dramáticas circunstancias que estamos viviendo. Ellos deben llegar al 10 de diciembre de 2023 y nosotros también. ¿Quién dijo que la vida es fácil?
No estamos en híper y les dejo a los futuros historiadores que determinen si, en estos días, en la Argentina se está incubando una

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martes, 18 de abril de 2023

ECONOMÍA CON EL DR. JUAN CARLOS DE PABLO


¿Por qué es lo que es? Una pregunta fundamental
Para poder mejorar la realidad, advierte Juan Carlos de Pablo, el primer paso es tener una explicación de las cosas.
Juan Carlos de Pablo Don Holbrook, muchas gracias.Qué explica que no haya cola en una estación de servicio, un ejemplo de la importancia de los porqués
PREGUNTAS A Holbrook WORKING Economista 1895-1985 Nació en Fort Collins, Colorado, Estados Unidos. Fue un profesor estadounidense de economía y estadística en el Instituto de Investigación Alimentaria de la Universidad de Stanford



Debido a la escasez de combustible observo enormes colas en las estaciones de servicio. De repente encuentro que en una de ellas no hay nadie esperando para cargar. Antes de ponerme contento, tengo que contestar el siguiente interrogante: ¿tendrá nafta esa estación? El ejemplo ilustra un principio fundamental que utilizamos los economistas para entender lo que observamos. Sin una buena explicación de por qué es lo que es, resulta imposible imaginar correcciones para mejorar.

Al respecto, conversé con el estadounidense Holbrook Working (1895-1985), quien pasó la mayor parte de su vida laboral en el Standford Food Research Institute, realizando trabajos estadísticos referidos a productos alimenticios. Según Mary Susanna Morgan, no avanzó significativamente desde el punto de vista analítico, tarea que sí encararía su hermano, Elmer Joseph.

–Usted integra mi colección de “los Ruggero Leoncavallo de la economía”, porque realizó varios trabajos pero se inmortalizó por uno de ellos.

–Sospecho que se refiere a una monografía titulada La determinación estadística de las curvas de demanda, que en 1925 publiqué en el Quarterly Journal of Economics.

–Así es. ¿Cuál es la idea principal de ese trabajo?

–La invención, por parte de los estadísticos, de los métodos para estimar la correlación entre variables generó enorme interés entre los microeconomistas, interesados en cuantificar, para cada producto, las curvas de oferta y demanda. Lo cual significó un gran avance, porque no es lo mismo afirmar que la suba del precio de un producto disminuye la cantidad demandada y aumenta la cantidad producida, que decir en cuánto. La economía cualitativa, en el mejor de los casos, sirve para iniciar el análisis.

–Pero apareció un problema.

–Efectivamente. imaginemos que, referido aun país o a una región, contamoscon datos correspondientes a los precios a los cuales se transaron los cerdos y las cantidades producidas y vendidas. Aplicamos un procedimiento de correlación, encontrando que los datos se alinean de manera casi perfecta. ¿Qué obtuvimos? ¿Una curva de oferta o una de demanda? A los primeros investigadores les llamó la atención que, buscando estimar una curva de demanda, el signo entre precio y cantidad era positivo. ¿Qué hacer frente a este hallazgo: tirar a la basura la teoría de la demanda, o la correlación?

–Aquí es donde aparece su monografía.

–Donde dije que hay una sola verdadera relación precio-cantidad, tanto en la curva de la oferta como en la de la demanda, y una línea que la describe; y si pudiéramos eliminar todos los factores que disturban, las observaciones calzarían todas en dicha línea. En términos técnicos, puse sobre el tapete la cuestión de la correcta especificación de las funciones de oferta y demanda, para poder identificarlas.

–Deme un ejemplo.

–Supongamos que la oferta de bufandas depende del precio, mientras que su demanda depende no solo del precio, sino también del ingreso de los demandantes. Pues bien, los cambios en esta última variable, en términos gráficos, generarían saltos en la curva de la demanda, permitiendo identificar... ¡la de oferta! Apunto, de paso, que los problemas de identificaciónse solucionan consiguiendo más información, porque no se deben a limitaciones de la teoría.

–Las regresiones que ignoran algunas variables, ¿para qué sirven?

–Para pronosticar, en la medida en que la estructura que no se pudo identificar no se modifica con el correr del tiempo.

–Para saber lo que es, basta con observar los datos, pero para entender por qué es lo que es, se necesita una teoría.

–Así es. No necesito una teoría para saber los precios de los cafés y los de los celulares; pero sí para entender por qué los precios son esos y no otros. Al comienzo de esta conversación usted planteó un ejemplo microeconómico, pero también se verifica en la economía en su conjunto. Y en los dos ámbitos el enfoque de la oferta y la demanda es muy útil para arrancar el diagnóstico. En el ejemplo de la estación de servicio, la ausencia de autos para cargar nafta se explica por una cuestión de oferta; pero también sirve con referencia al PBI de la Argentina en 2023.

–Me interesa.

–La enorme mayoría de los seres humanos prefieren un PBI creciente a uno decreciente, de la misma manera que prefieren estar sanos a estar enfermos. Pero, al respecto, la pregunta relevante es la siguiente: ¿por qué, aquí y ahora, el PBI no es mayor que el observado? Cuando, en su país, uno les traslada esta pregunta a los empresarios, la mayoría apunta a poder conseguir dólares en el segmento oficial del mercado de cambios para comprar insumos y –aunque menos– señala las dificultades para conseguir mano de obra.

–Ambos factores se refieren a limitaciones del lado de la oferta.

–Lo cual, en la Argentina 2023, torna irrelevante el keynesianismo burdo, según el cual en toda ocasión, en todo el mundo, los problemas derivan de la insuficiencia de la demanda agregada.

–¿Está usted descalificando a John Maynard Keynes?

–De ninguna manera. Estoy diciendo que toda afirmación empírica tiene que ser revalidada, porque se realizó sobre la base de circunstancias específicas, que no siempre se repiten. Por razones de marketing Keynes denominó a la suya La teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, pero esto no quiere decir que su aplicación sea universal y permanente.

–Averiguar por qué es lo que es será fundamental, pero en economía es un paso intermedio.

–Efectivamente. Todo trabajo profesional comienza con una frustración: la del trabajador que quiere ganar más, la del empresario que no se quiere fundir, la del ministro que desea que la tasa de inflación se reduzca. Para lo cual, en economía, utilizamos el análisis de equilibrio como insumo del análisis de estática comparativa.

–¿Qué es eso?

–Si la motivación del análisis consiste en ayudar a aliviar una frustración, el verdadero interrogante es el siguiente: ¿qué tendría que ocurrir en las variables exógenas, es decir, en aquellas que me afectan, pero que no puedo controlar, para poder modificar mis decisiones, de manera de mejorar mi posición o, al menos, minimizar el impacto de los shocks negativos? Pero, para esto, resulta fundamental contar con un diagnóstico correcto.

–Explíquese.

–Quien no sabe por qué es lo que es, difícilmente pueda pensar qué cambios deberían ocurrir para que la realidad sea diferente. Ejemplos: un país que coquetea con la hiperinflación no puede darse el lujo de pensar que en 2023 el PBI podría caer por falta de demanda agregada, de la misma manera que un país donde la oferta de alquileres desapareció no se puede dar el lujo de pensar que a los propietarios de inmuebles deshabitados de repente les agarró una epidemia de maldad.

Muchas gracias

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martes, 11 de abril de 2023

ECONOMÍA CON EL DR. JUAN CARLOS DE PABLO


¿Cómo puede alguien querer ser presidente?
Dadas las condiciones en las que está la economía del país, De Pablo reflexiona sobre por qué hay quienes se candidatean
Juan Carlos de PabloEl presidente Alberto Fernández y el ministro de Economía, Sergio Massa

PREGUNTAS A ANDREAS GEORGIOS PAPANDREU Economista 1919-1996
Nació en Chios, Grecia. Se doctoró en Harvard en 1943 y fue profesor en varias universidades de Estados Unidos y Canadá; luego hizo una carrera política en su país, que comenzó en la cárcel


PBI real en declinación, inflación anual de tres dígitos, 40% de la población debajo de la línea de la pobreza, Banco Central prácticamente sin reservas de libre disponibilidad, tarifas eléctricas y de transporte fuertemente distorsionadas, alta probabilidad de resistencia de sindicatos y organizaciones sociales a las medidas de ajuste, etcétera. En estas condiciones, ¿quién en su sano juicio querría ser presidente de la Nación a partir del 10 de diciembre próximo u ocupar la cartera económica?
Le trasladé el interrogante al griego Andreas Georgios Papandreu (1919-1996), quien luego de pasar un corto tiempo en prisión migró a Estados Unidos. En 1943 se doctoró en Economía en Harvard, y enseñó luego en varias universidades de Estados Unidos y Canadá. Dirigió el Departamento de Economía de la Universidad de California en Berkeley.
Regresó a Grecia en 1962, cuando el primer ministro Constantinos Caramanlis le encargó que organizara un instituto de economía. Algunos meses después, su padre reemplazó a Caramanlis. Su carrera política comenzó en la cárcel, cuando la junta militar que tomó el poder en Grecia en 1967 lo encarceló durante 8 meses, en parte en un confinamiento solitario.

–Temiendo, no solo por su situación, sino por su vida, algunos notables economistas hicieron gestiones en su favor.

–Efectivamente. Entre los cuales cabe destacar a John Kenneth Galbraith, Paul Anthony Samuelson, Walter Wolfgang Heller, Leonid Hurwicz y Robert Eisner. También lo hizo, luego de algunas vacilaciones, Milton Friedman, pero porque lo presionaron en su carácter de presidente de la Asociación Americana de Economía. Wassily Wassilyovich Leontief, de quien yo había sido asistente, voló a Atenas para interceder personalmente por mí.

–Pero no abandonó la actividad política.

–En 1974, cuando terminó el gobierno militar, organicé el Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok). Durante 8 años, a partir de 1985, fui el primer ministro de mi país. Según los analistas, fui el más exitoso líder griego del siglo XX, pero también el más discutido. Porque, según ellos, mis habilidades políticas eran enormes, pero también lo eran mis desatinos.

–A la luz de las enormes dificultades que tendrán que enfrentar quienes en la Argentina tengan la “mala suerte” de ganar las próximas elecciones, ¿cómo puede haber tantos seres humanos deseosos de ocupar los principales cargos ejecutivos del gobierno?

–No me meto con las particularidades, pero permítame hacer un punto general. Los dirigentes políticos no son ningunos angelitos, porque los angelitos no existen. Pero tampoco es cierta esa imagen popular según la cual lo único que quieren es enriquecerse para el resto de sus vidas.

–Explíquese, por favor.

–En el mundo actual es difícil “esconderse”. La vida de los presidentes es cualquier cosa menos placentera o tranquila, y la de los expresidentes es peor todavía. Hay formas más fáciles y menos riesgosas de generar alguna fortuna que se pueda disfrutar antes de fallecer.
–Lo cual no quiere decir que no haya políticos que se encandilan con el poder.
–Lo cual prueba que algunos de ellos son miopes y confunden alfombra roja y auto con chofer con bienestar personal.

–Tomo el punto, ¿qué lleva, entonces, a algunos seres humanos a complicarse la vida presidiendo un país u ocupando su cartera económica?

–El poder es una pasión, como la fama, la riqueza, etcétera. Y en la pasión uno pone, no saca. Es más, sacrifica el resto al servicio de la pasión. Yo les recomendaría a los argentinos que, en vez de cavilar sobre los inconfesables motivos que pueda tener el próximo presidente, se concentren en su capacidad de liderazgo, colablico”. borradores con los cuales enfrentará los enormes desafíos, credibilidad en sus anuncios, etcétera.

–Para lo cual, el dirigente tendría que hablar…

–Lo menos posible. Claro que el discurso inaugural será importante, pero luego tiene que concentrarse en la gestión concreta, interactuando de manera intensa con sus ministros, con los legisladores, etcétera. En política económica, lo que en definitiva importa son los proyectos de ley, los decretos, las resoluciones, etcétera. Hay que evitar engancharse en debates principistas o totalizadores.

–Henry Kissinger, quien el mes próximo cumplirá 100 años, enfatiza la importancia del liderazgo en la acción gubernamental.

–Tiene razón. Ningún líder le presta atención a cada aspecto de cada cuestión, porque esto paraliza y conspira con la velocidad con la cual tiene que actuar. No estoy haciendo la apología de la ignorancia, sino señalando que tiene que elegir algunas cuestiones, fijar prioridades y prestarles atención alosconflictosqueexistenentreellas; todo esto en un contexto de fuerte incertidumbre. No se pueden discutir, de manera independiente, las políticas cambiarias, arancelarias, fiscales y laborales. Las planillas Excel son una útil herramienta de trabajo, pero no confundamos la prolijidad de los cuadros con la fragilidad de las estimaciones, dada la incertidumbre.

–Al respecto, resulta importante tener en cuenta los colaboradores con los cuales cuenta.

–Y cómo los trata. ¿Sabés para qué está el director de una obra de teatro?, dijo alguien que se gana la vida haciendo eso. “Para decirles a los actores que están haciendo macanas antes de que se los diga el púBrillante. Pero, en el caso del gobierno, está en manos del presidente aceptar las advertencias y las críticas que en privado les hacen sus ministros. Porque, de lo contrario, se lo va a decir el público, que en este caso quiere decir... ¡los votantes!

–El listado planteado en el párrafo inicial puede paralizar a las próximas autoridades.

–No, si son verdaderos líderes. ¿Con qué contaba Winston Churchill, cuando volvió al gobierno británico, al comienzo de la Segunda Guerra Mundial? Más importante todavía, ¿con qué contaba Charles de Gaulle cuando, desde Londres y por radio, hablaba en el nombre de la Francia libre?

–Pero en la Argentina de 2023 no hay ni un Churchill ni un De Gaulle.

–En el mundo, tampoco, De Pablo. No pongamos prerrequisitos que impidan o dificulten la acción. Lo que hay que hacer es, por una parte, ni comprar ni vender buzones, pero, por la otra, colaborar para que las cosas resulten de la mejor manera posible. Metiéndose en política, proveyendo información relevante a las autoridades, etcétera.

–Los medios de comunicación trasmiten la política económica minuto a minuto, como si fuera un partido de fútbol.

–Inevitable, dado como funcionan. Lo que tienen que hacer las futuras autoridades es evitar la tentación de participar en cada debate que se desarrolla en las radios, la TV, las redes sociales, etcétera; olvidando que su responsabilidad primaria consiste en generar resultados, no en triunfar en las discusiones.

–Don Andreas, muchas gracias.

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sábado, 8 de abril de 2023

ECONOMÍA CON EL DR. JUAN CARLOS DE PABLO


La inteligencia artificial y el futuro del empleo
Juan Carlos de Pablo

¿ Es posible monitorear el cumplimiento efectivo de la pausa, por 180 días, de las investigaciones sobre inteligencia artificial, que acaba de ser propuesta por un conjunto de personas involucradas, para evitar posibles catástrofes irreparables, desconocidas pero potencialmente muy peligrosas?
La pregunta es relevante, dado que la referida actividad está en manos de miles de personas, muy probablemente poco conectadas entre sí. Pero no es el interrogante que analizo en estas líneas.
En cambio, tengo algo que aportar con respecto al “cuco” planteado, cuando se imagina el impacto que los desarrollos en inteligencia artificial tendrán sobre el futuro del trabajo, más específicamente, sobre la demanda que existirá de los servicios laborales provistos por seres humanos. Cuco sobre el cual los seguidores de genios como Julio Verne o Isaac Asimov dicen una cosa, y la historia, otra bien diferente.
Pensemos en esta última. Como bien explicó Schumpeter, a través de la idea de “destrucción creativa”, el progreso crea y destruye. La lámpara eléctrica sustituyó a las velas, la computadora personal a la máquina de escribir, etc. ¿Qué consecuencia tuvo esto sobre el empleo de mano de obra? La historia es contundente al respecto. Hoy trabajan más personas que, digamos, hace 50, 100 o 200 años. De manera que los desplazados por el cambio tecnológico encontraron otras ocupaciones.
Pero la historia también muestra
Los desplazados por el cambio tecnológico encontraron otras ocupaciones
que cambió de manera notable la composición sectorial del empleo. Hace un par de siglos la mayoría laboraba en los campos; hoy una ínfima proporción de la población económicamente activa lo hace en el sector agropecuario. De manera directa, porque también pertenece al sector quien trabaja en un laboratorio que crea mejores semillas o fertilizantes. La industria también dejó de absorber mano de obra de manera masiva; hoy el grueso genera servicios.
Las modalidades de empleo también cambian con el sector: la flexibilidad horaria que tiene quien programa no la tiene quien ordeña vacas.
Entreno a mis alumnos a pensar, la técnica la aprenden en los libros de texto. Podrán competir con la inteligencia artificial porque los preparo para enfrentar problemas, no determinados problemas.
Última: quienes anticipan que la inteligencia artificial eliminará por completo el trabajo humano apoyan de manera entusiasta el ingreso universal. No tan rápido, damas y caballeros.

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miércoles, 5 de abril de 2023

ECONOMÍA CON EL DR. JUAN CARLOS DE PABLO


A 250 años del nacimiento de un padre y a 150 de la muerte de su hijo
Juan Carlos de PabloJohn Stuart Mill
David Ricardo tuvo 8 hijos y Robert Thomas Malthus 3, ninguno de los cuales fue economista, al menos destacado. Su contemporáneo y compatriota James Mill sí tuvo un hijo dedicado a la economía, John Stuart Mill. A propósito de cumplirse 250 años del nacimiento del primero y 150 años del fallecimiento del segundo, vale la pena conocer y reflexionar sobre los aportes de cada uno de ellos y sobre la más que discutible relación que se desarrolló entre padre e hijo.



Al respecto entrevisté al inglés Terence Wilmot Hutchison (19122007) quien, debido a sus preocupaciones políticas, se interesó por la economía en 1931, uno de los peores años de la Gran Crisis. En 1980 Gottfried Haberler dijo de él que, “entre los vivos, es el principal historiador del pensamiento económico”. Y Lionel Robbins agregó: “tengo por Hutchison el mayor de los respetos como historiador del pensamiento económico”, elogio significativo a la luz de la polémica que, a través de sendos libros, en la década de 1930 mantuvieron sobre la naturaleza de la teoría económica.

–¿Qué enseñanzas surgen de sus escritos?

–No hay leyes económicas, solo tendencias; las características de las tendencias hace muy difícil la verificación económica; la revolución formalista del análisis económico posterior a la Segunda Guerra Mundial lo convirtió en irrelevante para la política económica. Estamos viviendo una crisis de abstracción. Que el mantenimiento del supuesto de conocimiento pleno minó el valor de la teoría tradicional fue un tema recurrente en mis últimos escritos.

–¿Cuál fue el aporte de James Mill al análisis económico?

–En 1821 publicó Elementos de economía política. Lo notable fue que un par de años después apareció la edición en castellano, publicada por la Imprenta de la Independencia de... ¡Buenos Aires! Pero se inmortalizó por su insistencia en que Ricardo transformara uno de sus escritos en un libro. En sus palabras: “No lo dejaré en paz hasta que lo consiga”.

–¿Cómo fue eso?

–John Stuart Mill en su Autobiografía dice lo siguiente: “Los Principios de economía política y tributación, que Ricardo publicó en 1817, no habrían sido publicados ni escritos nunca de no haber sido por el aliento solícito y constante de mi padre. Ricardo, el más modesto de los hombres a pesar de estar firmemente convencido de la veracidad de sus doctrinas, se sentía tan poco capaz de plantearlas y expresarlas claramente que rehuía toda idea de publicidad”. Piero Sraffa, editor de los escritos de Ricardo, aclara que el aporte de James Mill se circunscribió al aliento y la preparación del índice, pero no incluyó aportes en el plano teórico.

–Además, James se ocupó de la educación de su hijo.

–Más que ocuparse, lo ahogó. John Stuart aprendió a leer griego a los 3 años y latín a los 8; no sorprendentemente, sufrió un colapso nervioso a los 19 años. Menos mal que, con el tiempo, su humanidad pudo emerger, porque se enamoró de Harriet Hardy, que en ese momento era Harriet Taylor, pues estaba casada con John Taylor.

–¿Cómo se conocieron?

–La Iglesia Unitaria de South Place había atraído a mujeres inteligentes, entre ellas a la señora Taylor. Esta parece haberle confiado al ministro, un tal Fox, que no era comprendida en el plano intelectual por su marido, un empresario con el cual tuvieron 3 hijos. Fox, quien quería que Mill escribiera en su periódico parroquial, se las arregló para que Taylor y Mill se encontraran, hecho que ocurrió en 1830. Ni corto ni perezoso, Mill le propuso matrimonio a la Taylor. Ella rechazó el ofrecimiento. Enterado el marido, compró una casa de campo para que los enamorados pudieran verse a solas discretamente. La Taylor enviudó en 1849, casándose con Mill hijo un par de años después.

–Fascinante, pero no me diga que los economistas se acuerdan de él por esta simpática historia.

–Claro que no. Lo tienen presente por un aporte específico a la teoría real del comercio internacional, y por una postura que replanteó la perspectiva desde la cual se orientó el análisis económico durante medio siglo.

–¿Cuál fue el aporte específico?

–La teoría ricardiana, que explica el comercio internacional de bienes sobre la base de la ventaja comparativa, no explica cómo se determinan los precios de los bienes que son objeto de comercio internacional sobre la base de los que existían en cada país, antes de comerciar. John Stuart Mill completó el análisis con las curvas de demanda recíproca.

–¿No le parece exagerado afirmar con Mill hijo reorientó el análisis económico?

–No lo digo yo, lo planteó John Richard Hicks, en una monografía publicada en 1966 titulada Crecimiento y anticrecimiento. Por iniciativa propia, o por influencia de su esposa, lo cierto es que hizo campaña en favor del control de la natalidad, apoyando el uso de los anticonceptivos que existían en aquella época.

–¿Y qué tiene que ver esto con el análisis económico?


–El “cuco” de los economistas clásicos, particularmente de los pesimistas como Ricardo y Malthus, era que las economías llegaran al temido estado estacionario. Porque implicaba perpetuar la miseria en la que vivía la mayor parte de la población, una vez que desapareciera el crecimiento del PBI. Pero John Stuart Mill, dio vuelta el argumento de la siguiente manera: el pesimismo de los citados economistas clásicos se basa en que, en el estado estacionario, habrá poco capital y mucho trabajo. Pero si controlaporque mos la población podremos tener mucho capital y poco trabajo, con el consiguiente impacto ascendente sobre los salarios.

–Deme un ejemplo de lo que está diciendo.


–Japón. Desde hace décadas el PBI total no crece, y el PBI por habitante aumenta algo, porque la población disminuye en términos absolutos. ¿Diría usted que los japoneses no son felices porque su PBI no aumenta? Difícil, porque su PBI por habitante se estacionó en un alto nivel.

–¿Por qué dice que su postura redireccionó el análisis económico?


–Porque si el estado estacionario dejó de ser una pesadilla para convertirse en algo deseable, entonces la preocupación de los economistas dejó de centrarse en los procesos de desarrollo, para concentrarse en las características del equilibrio, una vez alcanzado el estado estacionario. Hasta la década de 1920 el análisis económico avanzó mucho más en la microeconomía, y en la asignación de recursos dados, que en la macroeconomía y en la creación y aprovechamiento de nuevas oportunidades.

–Agarrando mal parada a la profesión, cuando apareció la Gran Crisis de la década de 1930.

–Efectivamente. El New Deal implementado por Franklin Delano Roosevelt fue en buena medida improvisado. La influencia de John Maynard Keynes sobre las políticas económicas prácticas comenzó luego de la Segunda Guerra Mundial. Lo cual él no pudo ver, porque falleció en 1946.

–Don Terence, muchas gracias.


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miércoles, 8 de marzo de 2023

ECONOMÍA CON EL DR. JUAN CARLOS DE PABLO


La rebelión fiscal de Villa Saralegui, ¿es replicable?
Productores agropecuarios de una localidad santafecina plantearon negarse al pago de un tributo; lo analiza Juan Carlos de Pablo.
En Villa Saralegui, provincia de Santa Fe, los productores plantearon no pagar un impuesto por su fuerte suba
Nacido en la India, fue uno de los más distinguidos e influyentes expertos en política fiscal de su país, donde tuvo influencia en la elaboración de diferentes reformas impositivas
¿Sabía usted que en el centro de la provincia de Santa Fe existe una localidad que se denomina Villa Saralegui? Yo tampoco. En los últimos días la citada villa fue noticia porque los productores agropecuarios decidieron, o al menos plantearon, llevar adelante una “rebelión fiscal”, negándose a abonar un tributo municipal que, con respecto al año pasado, aumentó 420%. Como contribuyente impositivo, cuando leí esto en los diarios me brillaron los ojos, porque me pregunté en qué medida esta iniciativa puede generalizarse.
Sobre el particular conversé con el indio Amaresh Bagchi (1930-2008), quien a comienzos de la década de 1950 ingresó a la oficina de recaudaciones de su país donde, según Shankar Acharya, “durante 15 años trabajó de manera tenaz, luchando particularmente contra la evasión fiscal realizada por algunos de los dirigentes políticos más destacados de la porción oriental de la India”.
Manmohan Singh, primer ministro de la India cuando se enteró del fallecimiento de Bagchi afirmó: “Fue uno de los más distinguidos e influyentes expertos en política fiscal del país. No exagero si digo que estuvo presente en prácticamente en toda reforma fiscal implementada en los 30 últimos años”.

–En particular, usted es considerado el padre del impuesto al valor agregado en la India.

–Como usted comprenderá, De Pablo, yo no inventé el IVA, sino que el informe que preparé en 1993 sobre reforma de los impuestos al consumo en la India fue crucial para la introducción del referido impuesto a nivel estadual. Gracias a mi trayectoria profesional fui un caso no frecuente entre los especialistas tributarios, porque conocía los vericuetos de la administración impositiva y, por consiguiente, podía operar como un puente entre los economistas y los hombres prácticos. Como ocurrió en su país con Raúl Ernesto Cuello.

En la Argentina, el IVA reemplazó al impuesto a las ventas. En Estados Unidos siguen cobrando el impuesto a las ventas. ¿En qué sentido el IVA es técnicamente un mejor impuesto?

–La técnica impositiva aconseja que la recaudación afecte lo menos posible la realidad. Específicamente, el esfuerzo laboral, el tamaño de las fábricas, la localización de la actividad económica, etcétera. Desde el punto de vista técnico, el IVA es mejor que el impuesto a las ventas cobrado cuando los productos salen de fábrica, porque no afecta la integración vertical de la producción. Dicho de otra manera: que sean los ingenieros y no los contadores quienes determinen cuánto se produce en cada planta y cuánto se compra afuera. En Estados Unidos, el impuesto a las ventas lo paga directamente el consumidor, lo cual, desde el punto de vista de la verificación, es mucho más complicado que a nivel fabril.

–¿En qué medida lo que está ocurriendo en Villa Saralegui puede ser generalizado a todo el territorio argentino?

–No conozco los detalles, pero 420% de aumento de un tributo de un año a otro, con una tasa de inflación de aproximadamente 100%, es algo muy difícil de justificar y, por consiguiente, de explicar. Y, como si esto fuera poco, quienes tienen que abonarlo están sufriendo los efectos de la sequía, salvo que una nube se haya posado, precisamente, sobre la citada villa. Difícil de creer.

–¿Por qué tienen que pagar impuestos aquellos que, por razones ajenas a su voluntad, en el mejor de los casos recuperarán lo que invirtieron en el ciclo agrícola?

–En un sentido literal, porque algunos impuestos tienen que ver con la actividad, pero otros no. El impuesto a las ganancias es un buen ejemplo de los primeros: si por la sequía no hay beneficios, el contribuyente no pagará impuesto a las ganancias (los anticipos quedarán a cuenta de futuras obligaciones, y me pregunto si los ajustarán por inflación). Pero los impuestos inel mobiliarios, como la patente de los vehículos, se pagan independientemente de los resultados.

–¿Por qué dice usted “en un sentido literal”?

–Porque, más allá de las consideraciones técnicas, el municipio necesita recursos para afrontar sus gastos: salarios, iluminación, etcétera. Claro que, de ahí a un aumento de 420%, hay una gran distancia.

–La idea de “rebelión fiscal” alude a que los contribuyentes, pagando o dejando de pagar los impuestos, votan y le envían un claro mensaje al gobierno. Si ocurre con el panadero o el peluquero, ¿por qué no podría ocurrir con el presidente y los legisladores?


–Por lo que en la literatura especializada diferencia los bienes privados de los bienes públicos. Diferencia que no tiene que ver con quién los produce, sino con la posibilidad de que exista exclusión en el consumo. Si quiero comer una palmerita, tengo que expresar mis preferencias pagando por ella, porque se trata de un bien privado. En cambio, puedo mentir si me preguntan qué radio estoy escuchando para cobrarme por el servicio, y me beneficio con la escucha sin tener que afrontar los gastos, porque se trata de un bien público. Por ello, las radios se financian con publicidad.

–¿Está usted diciendo que, en el caso de los gobiernos, aun las mejores autoridades están expuestas a esta picardía por parte de los ciudadanos?

–Así es. De ahí que, valga la redundancia, los impuestos no tienen más remedio que ser… ¡impuestos! Volviendo al comienzo de esta conversación, veo poco probable que ejemplo de Villa Saralegui, aun si triunfa, pueda ser generalizable a los impuestos nacionales.

–Pero, entonces, ¿nada podemos hacer los ciudadanos que tenemos que pagar los impuestos?

–Nada, no, pero…

–¿Pero qué?

–La Gloriosa Revolución inglesa de 1688 consagró el siguiente principio: “No taxation without representation”, es decir que los únicos que pueden votar la creación de los impuestos son los que los pagan. Giovanni Sartori, eminente analista político, remarcó que modernamente votan los impuestos quienes se benefician políticamente del hecho de que buena parte de la recaudación impositiva subsidia a personas que votan. Y esto genera un círculo vicioso.

–¿Es posible salir de ese círculo?

–Aquí juegan un rol importante las circunstancias. A nivel nacional la rebelión fiscal no se puede instrumentar de manera directa, particularmente con la tecnología que hoy usa la AFIP, pero puede ayudar la futura composición del Congreso Nacional en este año de elecciones. Obvio que la presión impositiva no es la única razón que determina el voto, pero puede influir. Veremos.

–La lucha por la independencia de Estados Unidos se desató por la pretensión inglesa de gravar las exportaciones de té.

–Precipitó, para ser más precisos. Un hecho como ese difícilmente se pueda explicar por un solo incidente. Sería como pensar que si el archiduque Francisco Ferdinando no hubiera ido a Sarajevo el 28 de junio de 1914 no se hubiera desatado la Primera Guerra Mundial.

–Don Amaresh, muchas gracias.

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martes, 13 de septiembre de 2022

ECONOMÍA CON EL DR. JUAN CARLOS DE PABLO


¿Por qué Jerome Powell actúa como actúa?


Juan Carlos de Pablo
El titular de la Reserva Federal, Jerome Powell, insiste en seguir aumentando la tasa de interés
El PBI de Estados Unidos lleva dos trimestres estancado, la tasa de desocupación es de apenas 3,7% de la fuerza laboral (por razones de oferta de mano de obra) y, entre junio y julio pasados, el nivel general de los precios al consumidor se mantuvo constante. En estas condiciones, ¿por qué el Sistema de la Reserva Federal insiste con seguir aumentando la tasa de interés que maneja?

Al respecto conversé con el italiano Luigi Ceriani (1912-1999), quien desarrolló buena parte de su labor profesional en la Banca Nazionale del Lavoro (BNL).




–Según Alessandro Roncaglia, dicha labor se desarrolló en dos etapas.

–Así es. En 1937 ingresé al departamento de investigaciones económicas de la BNL; luego pasé al departamento de servicios generales, colaborando con el secretario del directorio del banco, lo cual me expuso, sin intermediación, al proceso de toma de decisiones, al desarrollo y a los problemas de la banca. Antifascista convencido, en 1943 me negué a recibir órdenes de la recientemente creada República Social Italiana, que requería que las oficinas centrales de la BNL fueran transferidas a Venecia, y me vi obligado a renunciar.

–¿Y la segunda etapa?

–Retorné al banco luego del arribo de las tropas aliadas a Roma. En 1946 me hice cargo del departamento de investigaciones económicas, del cual me retiré en 1976.

Su principal legado surgió durante la segunda etapa.

–Efectivamente. Imbriani Longo, titular de la BNL, deseoso de borrar la imagen fascista que la institución tenía en el exterior, aceptó gustoso mi propuesta de crear una revista de economía en inglés. Así nació la Banca Nazionale del Lavoro Quarterly Review, en 1947, y su hermana en lengua italiana, Moneta e Credito, al año siguiente, que edité durante 40 años (hasta 1988, es decir, hasta 12 años después de haberme retirado de la jefatura de investigaciones económicas).

De la primera de las revistas mencionadas destaco la serie titulada Recuerdos de economistas eminentes, que inauguró en 1979 con el testimonio de John Richard Hicks.

–Enfoque que resultó pionero. Con posterioridad, aparecieron entrevistas en revistas técnicas, como el Journal of econometrics, Macroeconomic dynamics, etcétera, así como libros que recogen testimonios de la vida y la obra de colegas, entre los que merecen destacarse los compilados por William L. Breit y Roger W. Spencer, que contienen entrevistas a los galardonados con el premio Nobel en economía.

–Valiosos documentos, porque muestran cómo algunos de los economistas más renombrados tuvieron que superar enormes dificultades por el país donde nacieron, su religión, el color de su piel, etcétera.

–Así es, material particularmente útil para los jóvenes que se desaniman cuando aparece el primer escollo en su vida personal o profesional.

Ayúdeme a entender el comportamiento del actual titular de la Fed.

–En la reciente reunión de banqueros centrales, que tuvo lugar en Jackson Hole, Wyoming, Jerome Hayden Powell afirmó textualmente, que “la historia ha demostrado que aflojar la política prematuramente es un error”. De manera que hay que entender su decisión de seguir aumentando la tasa de interés que maneja, desde la lógica de los procesos decisorios.

–Lo escucho.

–Luego de cuatro décadas con estabilidad de precios, desde comienzos de 2021 Estados Unidos volvió a padecer inflación, y durante buena parte del año pasado el fenómeno no generó ninguna reacción por parte de las autoridades. Por el contrario, y más allá de la concentración del aumento de los precios en los de los productos energéticos, la política fiscal fue muy expansiva.

–Hasta que se decidieron a actuar.

–Así es. La Fed aumentó la tasa de interés que maneja, primero medio punto porcentual anual, y luego –en un par de oportunidades– 0,75 puntos porcentuales. Ubicándola en el rango 2,25% a 2,5% anual; es decir, todavía bien por debajo de la tasa de inflación interanual, que en julio de 2022 fue de 8,5%.

–A la luz de los indicadores que mencioné al comienzo de esta conversación, ¿no debería revisar su actual política de aumento de tasas de interés?

–El proceso decisorio, en condiciones de incertidumbre, es decir, siempre, se entiende bien aplicando el denominado esquema “error tipo I, error tipo II”, que todos aprendemos en los cursos de estadística.

–Aplíquelo.

–El referido esquema dice que Powell se equivoca si sigue aumentando la tasa de interés que maneja, y resulta que por el estancamiento y el freno de la tasa de inflación no solo no son necesarios otros aumentos, sino que habría que pensar en alguna pequeña disminución; pero también se equivoca si deja de aumentar la tasa y resulta que, en los próximos dos meses, el aumento promedio de los precios al consumidor se ubica en 1% mensual. En el primer caso, por exceso, se arriesga a que aparezca una pequeña recesión; en el segundo, por defecto, a tener que volver a modificar su política de tasas, comprometiendo su credibilidad. Esto explica su aseveración referida a lo que enseña la historia, que solo mucho tiempo después de cada episodio puede pronunciarse al respecto.

En noviembre próximo los estadounidenses irán a las urnas, para la denominada elección de medio período. Seguramente que tanto el presidente Joseph Robinette Biden, como sus asesores, deben estar presionando a Powell para que revise su decisión.

–Nuevo ejemplo de la tensión que existe en los Estados Unidos entre el presidente de la Nación y el titular de su banco central. Para despolitizar el accionar de la Fed, la duración de los mandatos no coincide: cuatro años, en el caso del presidente de la Nación; cinco en el caso del titular de la Fed. De manera que todo presidente “hereda” al titular de la Fed nombrado por su antecesor, no siempre le renueva el mandato, ubica en el puesto a una persona “de los suyos”, pero resulta que cuando el recién nombrado ocupa el cargo, se pone la camiseta de la Fed y, si es necesario, ignora los consejos presidenciales.

–En la Argentina algunos recomiendan la independencia del Banco Central y otros, directamente, el cierre de la institución.

–Conozco los argumentos. La propuesta es entendible a la luz de la tragedia inflacionaria que ustedes han vivido desde fines de la Segunda Guerra Mundial. Pero no estoy seguro de que resulte factible, porque cada país tiene su historia, su estilo político, su respeto institucional, etcétera. Es difícil pensar que, vía la desaparición del Banco Central, se podrá lograr de prepo el equilibrio fiscal. El hilo se corta por el lugar más débil. ¿Seguro que cuando los gobernadores no puedan pagar los salarios públicos con los dólares que recaudaron, bajarán los salarios? Porque si cuando falta un bien aumenta la demanda de sustituto más próximo, la referida situación generará la emisión de cuasi monedas.

–Don Luis, muchas gracias.

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martes, 30 de agosto de 2022

ECONOMÍA CON EL DR. JUAN CARLOS DE PABLO


La eficiencia y la “paternidad” de los aumentos salariales
Con índices de inflación crecientes, las subas de ingresos que se pactan van quedando rezagadas y los empleados pierden poder adquisitivo; ¿convienen los montos fijos para compensar, como los que se dijo que estudia disponer el Gobierno?

Juan Carlos de Pablo
Las recomposiciones salariales se vuelven un tema protagónico en una economía con inflación
Cuando la tasa de inflación crece, los aumentos de los salarios nominales pactados originalmente quedan rezagados con respecto a la suba de los precios. En otros términos, disminuye el poder adquisitivo de lo que los empleadores abonan como contraprestación de los servicios laborales. Esto es lo que ocurrió durante el primer semestre de 2022. Para remediar la situación, el Gobierno piensa en otorgar un aumento de suma fija, por decreto, mientras que los sindicatos prefieren que las modificaciones salariales surjan de negociaciones paritarias. ¿Por qué es importante quién y cómo se logra esto?
Para que me esclareciera, conversé con el irlandés George Bernard Shaw (1856-1950), quien se inmortalizó como novelista y autor de exitosísimas obras de teatro, como Pigmalion, que en la Argentina es conocida como Mi bella dama.



 Pero me interesó conversar con él porque, junto con Beatrice Potter y Sidney Webb fue uno de los teóricos del socialismo fabiano y de la Sociedad Fabiana. Según George Joseph Stigler, quien en 1959 publicó una monografía sobre el socialismo fabiano, “Shaw era un hábil diletante, pero su chispa y genio literario hicieron que sus escritos económicos fueran extremadamente influyentes”.

–¿Cómo llegó a interesarse por la economía?


–Me persuadí de la necesidad de una reforma económica radical cuando, en 1882, entré accidentalmente en un salón de Londres y escuché una de las influyentes conferencias pronunciadas por Henry George sobre un impuesto a la renta de la tierra. El estudio de Progreso y pobreza me encaminó hacia el socialismo. Me convertí en un completo seguidor del pensamiento de David Ricardo y William Stanley Jevons: generalicé la teoría de la renta, transfiriéndola de la tierra al capital y, aunque en menor medida, también al trabajo.

–Con el matrimonio Webb participó en la creación de la Escuela de Economía de Londres (LSE), una institución cuyo prestigio deriva de la rigurosidad con la que se estudia, y el cuerpo de profesores que la integró y la integra.

–Como estábamos convencidos de que el socialismo finalmente vencería al capitalismo, no la fundamos para adoctrinar, sino para preparar a los profesionales idóneos que habrían de hacerse cargo del futuro gobierno socialista. En 1946, Friedrich August von Hayek reseñó el primer medio siglo de existencia de la LSE.

¿Qué nos puede aportar sobre el debate planteado en la Argentina, reseñado en los párrafos previos al inicio de esta conversación?

–La cuestión debe dividirse en dos partes: 1) ¿aumentos de suma fija o proporcionales a la estructura de salarios existente?, y 2) ¿otorgados por el Gobierno, o como resultado de negociaciones entre representantes de los asalariados y de los empresarios?

–Lo escucho.


–El salario es la contraprestación por servicios laborales prestados por los asalariados. Existe una estructura salarial, porque el valor de esos servicios no es igual en todos los asalariados. Ejemplo: el dueño de una empresa que, llevado por su sensibilidad, pretenda pagarle lo mismo al portero que al experto en computación, solo conseguirá muchos porteros. Cuando la estructura salarial se basa en criterios diferentes a ese valor, la empresa se resiente, y si la distorsión es suficientemente grande y la firma opera en mercados competitivos, puede terminar fundiéndose.

–¿Qué tiene esto que ver con la actual discusión en la Argentina?

–Una medida que busca restablecer los salarios reales pensados cuando se negociaron los aumentos nominales, pero que resultaron desfasados por el aumento de la tasa de inflación, tiene que ser proporcional a los salarios existentes, es decir, no tiene que afectar la estructura salarial.

–De manera que, según usted, un aumento de suma fija es una mala idea.

–Es una pésima idea, copiada de los aumentos de suma fija otorgados en las jubilaciones y las pensiones, práctica que ustedes aplicaron con tanta frecuencia y con tanto entusiasmo, que hoy la mayoría de los integrantes de la denominada clase pasiva cobran lo mismo, independientemente de lo que aportaron. Además de los millones de seres humanos que, gracias a las “moratorias”, también cobran sin haber aportado nada. No sorprende que en estas condiciones no se pueda hacer “milagros” con las jubilaciones.

¿Por qué, en el caso de los salarios, la idea es pésima?

–Porque le quita sentido a querer progresar. Cuando producto de los aumentos de suma fija se achata la estructura salarial, nadie quiere dejar de ser maestra para pasar a directora de una escuela. Y esto es trágico. Pero no solo eso…

–¿Hay más?

–Claro, porque un aumento de suma fija no tiene más remedio que ignorar la heterogeneidad de situaciones. Seguramente que los empresarios de algunos sectores podrán pagarlo sin mayores dificultades, y otros no tanto y, por consiguiente, se fijará un valor del aumento suficientemente bajo para tener en cuenta a estos últimos. Perjudicando a los asalariados que laboran en sectores que pueden pagar más.

También existe la cuestión de quién tiene que otorgar el aumento, el Gobierno o los sindicatos.

–La cuestión viene de lejos. En su país, antes de la presidencia de Juan Domingo Perón existía una tensión objetiva entre los diputados de orientación socialista y los dirigentes sindicales. Imaginemos casos, como los de la extensión de la jornada laboral, el “sábado inglés” o la denominada “ley de la silla”. Que la jornada diaria máxima sea de ocho horas significa una mejora para los trabajadores, pero ¿quién se lleva “los laureles” de tal logro?

Eso, ¿quién?

–El diputado socialista García le decía al dirigente sindical Pérez: “Usted tráigame a mi despacho la inquietud, que yo la convierto en una ley y se soluciona el problema”. A Pérez esta forma de operar no le resultaba atractiva, porque los asalariados iban a hablar de la “ley García”. Entonces organizaban marchas, protestas, etcétera, para que los legisladores terminaran, presionados, aprobando la ley, que los asalariados denominarían “ley Pérez”.

Todo el mundo quiere ser el “padre” de las mejoras salariales.

–Así como los fabricantes de helados piensan en sus clientes, los legisladores y los dirigentes sindicales piensan en sus próximas elecciones. Por exactamente la misma razón, nadie quiere ser el padre de los ajustes tarifarios, cambiarios, etcétera.

–Bueno, pero esto en la Argentina 2022 se va a resolver en el plano político.

–Como siempre ocurre, la clave está en medir el poder relativo que tienen hoy el Poder Ejecutivo por una parte y la dirigencia sindical por la otra. Que pueden ser aliados, cuando se trata de protestar contra el Fondo Monetario Internacional, o el conflicto entre Taiwán y China continental, pero que ciertamente no lo son cuando hay que dirimir quién otorga los aumentos salariales. Veremos.

–Don George, muchas gracias.

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lunes, 22 de agosto de 2022

ECONOMÍA CON EL DR. JUAN CARLOS DE PABLO


Ortodoxia y heterodoxia en la lucha contra la inflación
La definición sobre cuáles son las causas del incremento generalizado de los precios es importante porque de ella se deriva el diseño de las políticas a implementar; las consecuencias de quedar enredados en la discusión

Juan Carlos de Pablo
La indumentaria tuvo, en el último año, una inflación bastante superior al índice promedio
La discusión referida a la “monocausalidad” versus “multicausalidad” de la inflación sigue consumiendo una enorme cantidad de energías, no solo entre economistas. ¿Por qué es importante? Porque orienta el diseño de una política antiinflacionaria. La dificultad técnica en zanjar dicha discusión hizo que, quienes tuvieron a su cargo encarar la referida política, en vez de elegir alguna utilizaron todas las herramientas posibles. Como Herodes, quien no pudiendo identificar al bebé que él creyó que lo iba a derrocar, mandó matar a todos los recién nacidos.

Al respecto conversé con el sueco Axel Stig Bengt Leijonhufvud (1933-2022), profesor en la Universidad de California, sucursal Los Ángeles, donde encontró inspiración en los trabajos de Armen Albert Alchian y Robert Wayne Clower. 



Sobre economía keynesiana y la economía de Keynes: un estudio en teoría monetaria, publicado en 1968 y basado en su tesis doctoral, mereció elogiosos comentarios bibliográficos de Milton Friedman y Joan Violet Robinson, muy probablemente un caso único dentro de la profesión.

–¿Cuál es la idea en su trabajo?


–Principalmente una de perspectiva. Focalicé el análisis en problemas de coordinación, tanto a lo largo del tiempo como en los mercados, entre las familias y las empresas. Mostré las diferencias entre La teoría general, de John Maynard Keynes, y los modelos de ingreso y gasto agregados inspirados en esta obra. Cuyos autores, por no ubicar dichos problemas en un contexto de incertidumbre, fueron calificados por Robinson como “keynesianos bastardos”. A raíz de mi trabajo, la macroeconomía del desequilibrio ocupó un lugar central, antes de los escritos de Robert Emerson Lucas.

–En 1973 planteó la cuestión del “corredor”.

–Para enfatizar que, dentro de ciertos límites, el reequilibrio macroeconómico funciona; pero, a medida que nos alejamos de ellos, la tendencia al reequilibrio es más débil. En otros términos, no se pueden aplicar los modelos estocásticos dinámicos de equilibrio general a las épocas de grandes catástrofes.

Junto con su exalumno Carlos Daniel Heymann diseñó una porción del plan Austral.

–Así es, la escala de conversión o tabla de desagio. Le pongo un ejemplo: en vísperas del Austral, con una tasa de inflación de 30% mensual, alguien hizo un plazo fijo, cobrando –en pesos– 30% más de lo que depositó. Esperando, en función de la tasa de inflación vigente cuando hizo el depósito, mantener el poder adquisitivo. El plan congeló precios, tipo de cambio, etcétera, de manera que –de cumplirse el contrato original– el ahorrista hubiera aumentado 30% el poder adquisitivo de su plazo fijo, algo que no esperaba y era impagable, porque quien se endeudó a dicha tasa no hubiera podido cancelar el préstamo. Entonces, inventamos una tabla que convertía, día por día, la vieja moneda en la nueva.

–Lo cual generó avivadas.


–Porque ningún contrato puede imaginar todas las situaciones posibles. En el caso de los plazos fijos, la fecha de vencimiento era nítida, pero algunas facturas fueron emitidas sin tanta precisión. En estos casos, algunos deudores se hacían los tontos, y cada día que pasaba tenían que pagar 1% menos en términos de la nueva moneda. Pero esto no es un defecto de la tabla de desagio.

–En materia antiinflacionaria, en un extremo están quienes dicen que hay dejar de emitir y sentarse a esperar; y en el otro, quienes afirman que no existe ninguna relación entre la emisión monetaria y la inflación y, por consiguiente, hay que modificar las expectativas inflacionarias vía congelamientos de todo o, por lo menos, de las principales variables.

–Los extremos pueden servir para ganar un debate, pero difícilmente para orientar las políticas prácticas. En el caso de la lucha contra la inflación, prefiero enfatizar el carácter complementario de las porciones ortodoxa y heterodoxa del programa.

–Lo escucho.


–Quienes afirman que, como la inflación es un problema esencialmente monetario, hay que dejar de emitir y sentarse a esperar los resultados, ignoran las razones por las cuales los gobiernos emiten dinero, y tampoco le prestan atención al tiempo que transcurre entre el momento en el que se deja de emitir y aquel en el cual desaparece la inflación. En lo que tienen razón es en cuestionar los enfoques puramente heterodoxos; por ejemplo, el que explica la tasa de inflación por la tasa de devaluación, enfoque que no contesta el siguiente interrogante: ¿por qué hay que devaluar? ¿no será por lo que se hizo en materia fiscal y monetaria?

¿Cuál es el rol complementario de la heterodoxia, en la lucha contra la inflación?

–Permite coordinar las expectativas de manera inmediata, al tiempo que “ver” los logros acelera la aparición del círculo virtuoso. A propósito: todos los programas antiinflacionarios aplicados en la Argentina, excepto el de 1959, no solo no fueron recesivos, sino que reactivaron la economía.

–Pero para coordinar las expectativas de la población, el programa tiene que ser creíble.

–Lo cual implica un par de cosas. En el plano político, el respaldo presidencial (Raúl Ricardo Alfonsín en 1985, Carlos Saúl Menem en 1991); y en el técnico, que los niveles de las variables congeladas sean congruentes con la porción ortodoxa del programa, y también congruentes entre sí. Por eso, tanto en el plan Austral como en la convertibidad existieron lo que los historiadores denominaron las “medidas previas”. En la Argentina 2022 no se puede hacer un programa antiinflacionario sin primero corregir las distorsiones cambiarias, tarifarias, etcétera.

¿Y la congruencia entre las porciones ortodoxa y heterodoxa de la política antiinflacionaria?

–Fundamental. Durante el segundo semestre de 1985 todo el mundo aplaudía los logros iniciales del plan Austral, pero tanto Juan Vital Sourrouille como los integrantes de su equipo sabían que la tasa de inflación a nivel precios al consumidor no había caído a cero, y con el tiempo esto iba a ser un problema. Además de lo cual, cuando el presidente Alfonsín reclamó un aumento salarial para los militares, Sourrouille no dudó en flexibilizar el programa, estropeando los indicadores en el cortísimo plazo, pero evitando los callejones sin salida.

–Por lo que estoy escuchando, es difícil pensar hoy que en la Argentina la tasa de inflación disminuya, al menos de manera apreciable.

–El mundo de lo posible es tan vasto que no sirve para tomar decisiones. Argentinos, no descarten un milagro, pero deben adoptar sus decisiones sobre la base de que la inflación habrá de continuar. ¿A qué tasa? Solo Dios lo sabe, pero si hoy se comunicara con el presidente de la Nación, pronosticándole 9% mensual de inflación y un PBI estancado, seguramente que Alberto Ángel Fernández, al Altísimo le diría: “Dónde hay que firmar”.

–Don Axel, muchas gracias.

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martes, 2 de agosto de 2022

ECONOMÍA CON EL DR. JUAN CARLOS DE PABLO


Oferta de bienes y servicios: respuesta instantánea y de corto o largo plazo

Juan Carlos de Pablo


Desesperación es lo que nos lleva a demandar la cura inmediata cuando se enferma un ser querido; la fabricación de viviendas de la noche a la mañana, cuando vemos a seres humanos durmiendo en la calle, o el cese del fuego, ya mismo, en Ucrania. La desesperación es una entendible demanda, pero tanto el sentido común como la teoría y la historia muestran que, en casos como estos, por lo menos de manera instantánea, la demanda no genera su propia oferta. ¿Y entonces?
Para que me ayudara a entender conversé con la inglesa Mary Paley (1850-1944), la primera graduada en economía de la Universidad de Cambridge.



 En 1877 se casó con uno de sus profesores, Alfred Marshall. Como en ese entonces Cambridge no permitía que los profesores se casaran, se mudaron a Bristol. Retornó a Cambridge en 1885, cuando se eliminó el referido requisito. Sus memorias, tituladas Lo que recuerdo, fueron publicadas en 1947. También John Charles Harsanyi, Frank Hyneman Knight y Ernest Francis Penrose se casaron con alguna de sus alumnas. El contraejemplo es Emmanuel Macron, quien se casó con su maestra.

–John Maynard Keynes les dedicó extensas necrológicas, tanto a Alfred como a usted.

–Así es. Acertó cuando dijo que lo nuestro fue amor a primera vista. Durante 40 años mi vida fue totalmente absorbida por la de mi esposo. Ni durante la vida de Alfred ni después pensé o esperé algo para mí misma. En el tope de mis pensamientos siempre estuvo la idea de que no debía plantearle problemas a nadie.

Lo cual, dada la personalidad de Alfred, no debe haber sido nada fácil. Ejemplo: su libro La economía industrial fue reimpreso nueve veces, a pesar de las críticas de su marido.

–Ningún comentario.

–Para pronosticar la respuesta de la oferta de un bien, para satisfacer un aumento de su demanda, es muy importante distinguir entre los plazos instantáneo, corto y largo.

–Distinción que, si bien se relaciona con el tiempo, no necesariamente con el calendario. En todos los casos, plazo instantáneo quiere decir ¡ya!; pero, en términos del calendario, la respuesta de corto y largo plazo no es la misma en la producción de barbijos que en la de buques.

Entendido. Comencemos por el plazo instantáneo.

–Pensemos en los churros producidos, en las camas existentes en los hospitales existentes y en la cosecha de granos en curso. No hay forma de aumentar la oferta de manera instantánea, no importa cuán grande sea el aumento de la demanda o la presión política. Las medidas de política económica referidas a que los productores de bienes exportables vendan sus productos ya cosechados no aumentan las exportaciones de un año, sino que, a lo sumo, adelantan algunas ventas al exterior, aumentando la exportación de algunos meses al precio de disminuir la de los meses siguientes.

–Alude a la célebre afirmación de Friedrich August von Hayek, en el sentido de que el gobierno que induce a comprar abrigos en abril de un año está generando la crisis de la industria textil en el mes siguiente.

–Afirmación que en 1931, en medio de la Gran Depresión de la década de 1930, generó la sorpresa y la indignación de quienes la escucharon. Probablemente en aquel entonces no fuera cierta, pero hoy –en casos específicos– puede ayudar a entender.

–Usted afirma que en el plazo instantáneo de lo único que podemos hablar es de redistribución.

–Así es, la cantidad total es la que hay, de manera que la intensa puja distributiva se refiere a la asignación de una cantidad fija. Pero sigamos: no sabemos cuándo terminará el mundo, pero adoptamos decisiones sobre la base de que no será próximamente. Si creyéramos lo contrario, agotaríamos los stocks, no le prestaríamos ninguna atención al medio ambiente, etcétera. A raíz de esto, también hay que analizar la probable respuesta de la oferta, a corto y a largo plazo.

¿Con qué tiene que ver esta distinción?

–Con la velocidad con la cual el empresario que observa un aumento de la demanda de sus productos incorpora mayor cantidad de factores productivos a la elaboración de sus bienes. Tanto en la respuesta de corto como en la de largo plazo es esencial en la decisión empresaria diagnosticar si el aumento de la demanda es de naturaleza transitoria o permanente, y si el gobierno posibilitará que quien haga el esfuerzo y corra los riesgos, si triunfa, se pueda apropiar de los beneficios del emprendimiento.

–¿Qué quiere decir permanente, en este mundo tan complicado?

–Buen punto, pero no exageremos. Quien vende banderas en las fechas patrias sabe que el aumento de su demanda es muy transitorio, mientras que una reforma económica aprobada por amplia mayoría puede revertirse en el futuro, pero les da más idea de largo plazo a los empresarios.

–La otra contribución que usted hizo es importante en la Argentina 2022.

–Pensemos en un pizzero a quien de la noche a la mañana le aumenta la demanda y piensa que ese incremento llegó para quedarse. ¿Qué puede hacer en el corto plazo? Contratar los servicios laborales que le prestarán otros seres humanos, contra el pago de salarios. Dadas las incertidumbres que existen en su país, sobre todo en materia de riesgos laborales, muy probablemente ofrecerá a su personal trabajar horas extras, intentará que algunos parientes y amigos le den una mano pagándoles en negro, etcétera.

–Todo esto significa producir a costos crecientes.

–Pero como esto deriva de un aumento de la demanda, podrá reflejar los mayores costos en los precios. Si esto último no lo puede hacer, creará un “cepo pizzero”, equivalente al que existe en el segmento oficial del mercado de cambios.

–¿Cuál es la respuesta a largo plazo?

–Claro que, con más gente atendiendo el local, podrá atender a más clientes. Pero tanto la producción de pizza como la atención a los demandantes se hará de manera incómoda, se producirán demoras, confusión en los pedidos, etcétera. Aquí es donde entra a jugar el largo plazo.

–La escucho.

–Si el dueño de la pizzería piensa que el aumento de la demanda no es circunstancial y descuenta que el gobierno de turno no mirará “con cariño” el aumento de sus beneficios, entonces –además de haber contratado más servicios laborales– cambiará el horno, mudará el negocio a un lugar más grande y mejor ubicado, etcétera.

–Cuando esto ocurra, ¿no reducirá la demanda de parte de los servicios laborales que había contratado?

–Puede ser. Usted está trasladando al plano empresario la hipótesis de “sobreajuste” que Rudiger Wilhelm Dornbusch planteó para explicar por qué frente a un cambio en las circunstancias la modificación inicial del precio de las monedas exagera el cambio final. Insisto, puede ser; pero, en general, las empresas que progresan no echan a nadie, sino que reasignan a su personal para que cumplan nuevas funciones.

–Doña Mary, muchas gracias.

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jueves, 28 de julio de 2022

ECONOMÍA CON EL DR. JUAN CARLOS DE PABLO


La inflación del actual mes de julio y la trampa de los pequeños números

Juan Carlos de Pablo
El ritmo de la suba de los precios se aceleró tras la salida de Martín Guzmán del Gobierno
La tasa de inflación de junio pasado no suscitó mayor interés, porque fue noticia, pero no novedad. Y solo las novedades modifican las decisiones. En cambio, la del mes que está por finalizar generó todo tipo de comentarios, señales y pronósticos, por lo que ocurrió cuando, al frente del Ministerio de Economía de la Nación, Martín Maximiliano Guzmán fue reemplazado por Silvina Aída Batakis. ¿Cuánto terminará aumentando el nivel general de los precios entre junio y julio de 2022?
Al respecto conversé con el israelí Amos Tversky (1937-1996), quien estudió psicología en las universidades Hebrea de Jerusalén y de Michigan. 



Examinando de manera científica lo que ya sabían quienes diseñan avisos publicitarios o venden autos usados, se inmortalizó en 1979, cuando junto con Daniel Kahneman publicó su Teoría prospectiva. En Deshaciendo errores: Kahneman, Tversky y la amistad que nos enseñó cómo funciona la mente, Michael Lewis documentó la vinculación personal y profesional entre ellos.

De no haber fallecido, Tversky seguramente habría recibido el Premio Nobel en Economía, que en 2002 Kahneman compartió con Vernon Lomax Smith. La monografía ocupa un lugar importante dentro de la economía del comportamiento, un campo de estudio por el cual Herbert Alexander Simon, en 1978, y Richard H. Thaler, en 2017, recibieron el Nobel en Economía.

–¿Qué dijeron ustedes en 1979?

–No afirmamos que la gente es loca, sino que hay que tomar con pinzas los pronósticos basados en la hipótesis de que el ser humano adopta decisiones, en situaciones de riesgo e incertidumbre, maximizando una función basada en la utilidad esperada. La paradoja que Maurice Félix Charles Allais planteó en 1953 fue pionera en este sentido: nosotros agregamos cuestiones como la paradoja de los pequeños números, el efecto encuadre, la asimetría con la cual se valúan las pérdidas y las ganancias desde la posición actual, etcétera.

–Julio de 2022 es un mes muy turbulento, aun para los estándares argentinos. Lo cual complica la toma de decisiones y los pronósticos inflacionarios. En este sentido, resulta relevante alertar contra quienes, sin saberlo, caen en la trampa de la ley de los pequeños números.

–Cuando con Daniel hablamos de la ley de los pequeños números fue parodiando las leyes de los grandes números, por lo cual conviene comenzar por explicar estas últimas. En pocos días más, el Fondo Monetario Internacional actualizará los pronósticos macroeconómicos de los países miembros de la institución. Muy probablemente, en algunos países el pronóstico fallará por defecto y en otros, por exceso, por lo cual el error de pronóstico referido al mundo en su conjunto será menor que el error promedio de los países individuales. Permítame hacer una aclaración.

–¿Cuál?

–Las leyes se refieren a los grandes números, no a los números grandes. Es decir, no aluden a las magnitudes que se están estimando, sino a la compensación de los desvíos, a medida que aumenta el número de observaciones. Lo mismo, pero a la inversa, ocurre con la ley de los pequeños números.

Miguel Ángel Almada, en la UCA, ilustraba el punto con el siguiente ejemplo: en la Capital Federal un extranjero sale a la calle y ve pasar un chino. Entonces dice: “100% de la gente que vive en CABA es china”. Camina unas cuadras, se cruza con un egipcio, y entonces corrige: “50% de la gente es china, 50% egipcia”. Una muestra de 1 es mejor que una muestra de 0, pero no mucho mejor.

–Buen punto. Si todos los precios se movieran a la misma velocidad, no sería necesario hacer ninguna encuesta para estimar la tasa de inflación, porque bastaría con prestarle atención a la evolución del precio de cualquier producto. Pero esto nunca es así, y menos en períodos de fuerte turbulencia. Por eso, no es fácil pronosticar lo que está ocurriendo con “la tasa de inflación” observando el comportamiento de algunos precios.

–Al respecto, mi experiencia personal es muy limitada, porque compro dos productos: helados y libros. Y créase o no, al menos durante la primera mitad del mes no habían aumentado los precios. No voy a ser tan tonto de decir que entre junio y julio pasados la tasa de inflación fue 0%.

–De la misma manera que, cuando en televisión veo que el precio de determinado producto aumentó 20%, no espero que dentro de un mes ese sea el número que publicarán el Indec y las consultoras privadas.

–¿Por qué tanta discrepancia, en la respuesta empresaria, frente al ruido que generó el cambio de ministro?

–Porque los seres humanos procesamos de manera diferente los riesgos y las incertidumbres, y porque los cambios que se produjeron y los que se piensa que pueden llegar a producirse no afectan con la misma intensidad a las diferentes empresas. Hoy, en las firmas, la prioridad está relacionada con la disponibilidad de dólares en el segmento oficial del mercado de cambios, para continuar comprando insumos importados.

–¿Piensa usted que “los periodistas” están en una cruzada destituyente?

–Los periodistas, como los economistas, los futbolistas y las monjas, son una categoría heterogénea. No soy afecto a las explicaciones conspirativas, porque inducen la fiaca intelectual: quienes se acostumbran a explicar todo de manera conspirativa no trabajan más en buscar los hechos; simplemente los asumen y los echan a rodar. Pero existe la lógica periodística.

–¿Qué es eso?

–La tarea periodística pasa por la inmediatez; las imágenes son cualitativas. En un país donde un empresario aumentó los precios 20% y otro no los modificó, ¿con qué información inicio el programa? Lo mismo pasa con el desabastecimiento: ¿qué proporción de los productos falta sobre el total? No digo que mienten, digo que hay que aprender a ver y escuchar, para que cada uno forme su propio diagnóstico.

–Por último, flor de desafío se le plantea al Indec, para estimar la tasa de inflación en las actuales circunstancias.

–Efectivamente. No es una cuestión de “dibujar” las estimaciones, como pasó entre 2007 y 2015, sino de enfrentar fenomenales desafíos metodológicos. La estimación de índices de precios tiene, por lo menos, un siglo de experiencia, por lo cual las oficinas de estadística saben qué hacer con los comercios que se abren y se cierran, los productos que aparecen y desaparecen, las ofertas, etcétera.

–Pero todo esto se magnifica durante el mes en curso.

–Lo cual implica tomar con pinzas las estimaciones, tanto las privadas como la oficial. FIEL calcula la tasa de inflación con frecuencia semanal. En la primera semana de julio les dio 2,9%, por encima de las primeras semanas de los meses anteriores, pero apenas por encima. Cuanto menor es el período, menor es la calidad de la estimación; pero esta no sufre la falacia de los pequeños números.

–Don Amos, muchas gracias.

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