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viernes, 1 de noviembre de 2024

ESCENARIOS


Un paro que oculta la discusión sobre subsidios y tarifas
Diego Cabot
Desde hace más de 20 años, las discusiones en el mundo del transporte tienen un actor fundamental sentado en la mesa: el Estado. Sucede que desde que las tarifas se congelaron después de la crisis de 2002 y mientras los gastos se ajustaban, fue necesaria la compensación como para equilibrar la cuenta de ingresos y gastos. El fenómeno se puede simplificar en una sola y conocida palabra: subsidios.
La llegada masiva de los fondos públicos a trenes, colectivos, aviones, subtes y hasta las lanchas que llevan y traen gente en el Delta del Tigre generó distintas distorsiones. Nada nuevo ya que empezó con fuerza allá por 2002, cuando el gobierno de Eduardo Duhalde decretó la emergencia. Pero, después, fueron 20 años progresivos en los que aquella ayuda extraordinaria se convirtió en un combustible vital.
Entre las distorsiones más claras se dio en la mesa paritaria. Los empleadores se retiraron de la discusión de fondo y solo quedaron para la firma final. De hecho, todas las negociaciones terminaron durante estas últimas dos décadas con la autorización de más partidas o, lo que es lo mismo, más gasto.
Esa no es la única distorsión. Sin otra política más que los subsidios, jamás hubo un avance hacia un sistema más moderno, que, incluso, incorpore los cambios de época.
Un ejemplo para entender la parálisis. Desde la pandemia, el microcentro no tiene la misma densidad de gente. Todo cambió con el teletrabajo y la masiva mudanza de empresas a zonas más periféricas de la ciudad. Sin embargo, el mundo de los colectivos no cambió un solo recorrido y todo sigue igual a lo que ocurría en 1969, cuando se adoptaron las líneas actuales con sus numeraciones.
En esa mesa donde reinó la distorsión ahora sobra una silla: la del Estado. El presidente Javier Milei y sus funcionarios dicen no querer meterse en ese escenario que es propio de empleadores y empleados.
Los representantes del Gobierno, puntualmente los de la Secretaría de Trabajo, forman parte de algunas reuniones al solo efecto de la formalidad. Pero sin capacidad de arrimar soluciones definitivas al conflicto.
Solo es necesario mirar las paritarias que, entre marzo y abril, se llevaron adelante cuando el conflicto con Aerolíneas Argentinas estaba en su punto más álgido. Ningún representante del Gobierno se arrimó a los encuentros de entonces.
Los funcionarios consideran que no tienen nada que ver ni con unos ni con otros. Eso, claro, en lo formal. En realidad, la llave que abre o cierra la paz en una empresa pública tiene que ver con la apertura de la billetera de fondos públicos: mientras más billetes, menos conflictos.
La duda, entonces, es cómo resolver el asunto. El mercado, gran remedio para muchos males según el credo libertario, está lejos de poder solucionarlo por sí mismo, básicamente porque no hay tal mercado en el sector del transporte.
Las internas gremiales, las que corren dentro del peronismo y la visión sectorial de los gremios llevaron a que se separen unos y otros para hacer una medida de fuerza. Camioneros, navieros, trenes y aviones, por un lado; colectiveros, por el otro.
Por caso, trenes, aviones y colectiveros hace años que no negocian con el empleador. Llegan, se sientan en la mesa, medialunas, café, agua y a llamar al ministerio respectivo (en su momento Planificación; luego, Transporte; y, ahora, Economía) y a ver si está todo aprobado como para modificar gastos fiscales. La cuenta siempre estuvo endosada a ese renglón de las cuentas públicas.
Doble discurso
Los colectiveros no pueden disimular su doble discurso. Saben perfectamente que el paro al que convocaron es contra la política de ajuste del Gobierno que los afecta. Sucede que la partida de “subsidios al transporte”, con la que se lubrica el mundo de 20 asientos, es uno de los sectores alcanzados por la motosierra.
Ellos dejaron hacer durante décadas. Ricardo Jaime, Juan Pablo Schiavi, Alejandro Ramos, Florencio Randazzo, Guillermo Dietrich y Sergio Massa, número uno del sector en el gobierno de Alberto Fernández, fueron los verdaderos interlocutores de la poderosa Unión Tranviarios Automotor (UTA) en los últimos 22 años. Los empresarios llegaban a firmar y al otro día les llegaba el documento en el que se les decía cuál era el nuevo sueldo.
Por más que ahora declaren que la medida va contra los empresarios, el argumento se torna poco menos que difícil de entender. Conocen mejor que nadie que se trata de subsidios o tarifa.
Roberto Fernández, el líder del gremio, perdió el músculo paritario. Actualmente, la mano de obra de los colectivos importa alrededor de 50% del costo de sistema.
Con los ingresos por boletos regulados y pisados durante todos estos años, si se intenta una suba salarial de alrededor de 25% para este segundo semestre del año, lo único que queda por discutir son con qué otros ingresos se cubrirán los gastos. Es decir, hablar de las transferencias del Estado, o lo que es lo mismo, los subsidios.
Fernández fue un negociador de gasto público y no un negociador de paritarias.
Lo mismo sucedía con los aviones de Aerolíneas Argentinas y, ni hablar, con los trenes. De hecho, los ferroviarios tienen un empleador estatal que, además, necesita 9 de cada 10 pesos, ya que la tarifa que cobra le cubre apenas uno.
Pablo Biró, el líder de los pilotos y principal impulsor de la medida de fuerza de ayer, siempre negoció con los jefes de La Cámpora apoyo político a cambio de transferencias a la empresa. Luego sí negociaba subsidios con los ejecutivos de la línea aérea.
El Estado, gran árbitro del tema, no está dispuesto a discutir gasto público. Pero negociar salarios del transporte es eso. Hay dos alternativas: subir los subsidios o subir las tarifas. Más déficit o más inflación, además de otro impacto al golpeado bolsillo del pasajero. A esa disputa por la billetera estatal se sumó Pablo Moyano y su poderoso gremio de camioneros. Y entonces sí, si algo faltaba era el condimento político que se opone a cualquier iniciativa de la administración Milei.
Más allá de la paralización y la demostración de fuerzas, la posibilidad de arreglar las cosas parece lejana. Demasiado para un país que no puede quedarse quieto frente al continuo avance de la pobreza en las últimas dos décadas.

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Caputo y Adorni impulsaron la campaña contra los gremios por canales oficiales
Se difundieron mensajes contra Moyano y Biró en las estaciones de trenes y la aplicación Mi Argentina
Jaime RosembergEl mensaje que recibieron los usuarios de Mi Argentina
“Queremos que la gente se grabe los nombres de la casta sindical”. De ese modo explicaron, sin medias tintas y muy cerca del Presidente, los mensajes contra sindicalistas que anteayer escucharon, a través de altavoces, miles de usuarios de trenes y subterráneos, en la previa del paro de transporte de ayer.
“Los sindicalistas no te dejan trabajar. Por medida de fuerza de los gremialistas [Pablo] Moyano y [Pablo] Biró para cuidar sus privilegios, este miércoles no habrá servicios de transporte”, fue el mensaje, que también llegó a los usuarios de la aplicación Mi Argentina, y que culminaba con otra exhortación: “Si te obligan a parar, llamá al 134”.
En extrema reserva, altas fuentes oficiales adjudicaron la autoría de la iniciativa contra los sindicalistas al asesor todoterreno Santiago Caputo y al portavoz presidencial, Manuel Adorni. “Cada vez están más a gusto haciendo maldades juntos”, comentó divertido un funcionario que conoce el funcionamiento del tándem. Una vez surgida la idea, la logística quedó a cargo, por un lado, de la Secretaría de Transporte, a cargo de Franco Mogetta, y por el otro, de la Secretaría de Comunicación de Presidencia.
La idea de culpar por la medida de fuerza al número dos de los camioneros y el secretario general de los pilotos, y de asociarlos con el kirchnerismo, está en el centro de la estrategia oficial. “Mientras el país avanza, ellos retroceden”, tuiteó Adorni pasadas las 9, poco antes de subirse al avión en el que Javier Milei partió rumbo a Córdoba para participar del aniversario de la Fundación Mediterránea.
“Esto es parte de la estrategia comunicacional para combatir a esta gente. Recordarle a la gente quiénes son, su historia, y que joden a quienes no pueden ir a trabajar, a un turno médico, a hacer un trámite”, ampliaron desde la Casa Rosada. Rescataban, eso sí, al titular de la UTA, Roberto Fernández, que no adhirió a la medida de fuerza de hoy y aún negocia con el Gobierno de cara al paro de colectivos anunciado para mañana.
Más allá de los autoelogios por el “éxito” y la “originalidad” de la iniciativa, los mismos libertarios y sus actuales socios habían criticado una iniciativa similar, en 2023, cuando Sergio Massa y los gremios del transporte difundieron en las estaciones de trenes, subtes y colectivos una advertencia por el aumento de los boletos que se produciría si Milei llegaba a la presidencia.
En rigor, el gobierno libertario ya había utilizado canales oficiales para difundir mensajes políticos el 18 de diciembre de 2023, cuando a través de Mi Argentina alertó contra las presiones para participar de la primera marcha piquetera. Antes, en 2021, Alberto Fernández usó la aplicación oficial para difundir un discurso, político, tras la derrota en las PASO de las elecciones legislativas.

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miércoles, 23 de agosto de 2023

ESCENARIOS


Los musicales Escuela de rock y Legalmente rubia llegarán al país
El productor Carlos Rottemberg lo confirmó; la importancia del éxito de Matilda
Pablo MascareñoCarlos Rottemberg
Para Carlos Rottemberg el 2024 es mañana. Ya con las temporadas de verano de Buenos Aires y Mar del Plata prácticamente confirmadas en todas sus salas y en el Gran Rex -espacio al que regresará Matilda en enero- el productor, que lleva 48 años de actividad ininterrumpida ya puso primera, junto a sus socios, con vistas al invierno del próximo año y con más de una sorpresa.
Fue el propio Rottemberg quien confirmó que, en pocos meses, Buenos Aires podrá gozar de los estrenos de los musicales internacionales Escuela de rock y Legalmente rubia, dos mega producciones que buscarán repetir el éxito de Matilda, uno de los fenómenos de las últimas semanas y que, dada la demanda de público, ya anunció nuevas funciones -desde el 12 de enero al 13 de febrero- en el Gran Rex, la sala con mayor aforo de la ciudad que durante esta temporada vendió 335.000 entradas con dos propuestas teatrales (Casados con hijos y Matilda).
“Fiel a la mejor receta teatral, el suceso económico de Matilda se multiplica y deriva en esto: más trabajo, más contratos, más teatro”, reconoce el emblemático productor, propietario en Buenos Aires del Multitabarís, Multiteatro, Liceo y Metropolitan (este último gestionado por el Grupo La Plaza) y en Mar del Plata al frente de los icónicos Atlas, América, Neptuno, Bristol y Lido.
El viernes se cerró la compra de los derechos que permitirá que el público argentino pueda disfrutar de Escuela de rock y Legalmente rubia, dos propuestas internacionales que apuntan a públicos distintos.
Rottemberg confirmó que Ariel Del Mastro será el director general de ambas obras y que la dirección de actores estará a cargo de Marcelo Caballero, mientras que la producción ejecutiva estará a cargo de Maga Altman y Laura Casadiego, quienes cumplieron mismo rol en Matilda.
Si la presentación en Buenos Aires de la historia de la jovencita de apellido Wormwood, que debe lidiar con una familia algo así como disfuncional, ha sido impulsada por la llegada al mundo de la hija menor de Carlos Rottemberg y su esposa Karina Pérez Moretto, llamada Matilda en homenaje al personaje, Escuela de rock tiene a Nicolás, primer hijo del matrimonio, como motor de la nueva propuesta.
El niño, de 7 años, tiene el alma puesta en las marquesinas. No podría ser de otra manera, Nicolás no sólo encuentra en su padre a un modelo a seguir, sino también a Tomás, su hermano mayor -hijo de la actriz Linda Peretz y Rottemberg- quien ya lleva años en el oficio con grandes éxitos en su haber.
Del cine al teatro
Mientras Carlos Rottemberg conversa con Nicolás no duda en decir: “Ya sé quién quiero que sea el protagonista”. Su padre, conocedor como nadie de las dinámicas de las preproducciones, se ríe y le pide que no diga nada. Ahora es tiempo de comenzar a barajar nombres en un mercado con grandes talentos.
School of Rock, tal su nombre original, nació en formato fílmico en el 2003. La película, todo un suceso de taquilla, fue protagonizada por Jack Black, preámbulo para la versión teatral y musical que nació en Broadway en 2015 y que, un año después, pisó Londres. La propuesta también se vio en Brasil, Australia, China, Hungría e Israel. Cuenta con libros de Julian Fellowes, música de Andrew Lloyd Webber y letras de Glenn Slater.
La historia gira en torno a un joven músico echado de su propia banda de rock, quien comienza a dar clases en una prestigiosa escuela transmitiendo la pasión por esta música, pero con una identidad alterada, con todas las confusiones que ello implica. Se estrenará en el invierno de 2024 en el Gran Rex y junto a Carlos Rottemberg formarán parte de la producción Tomás Rottemberg, Mariano Pagani, Ozono y Preludio.
Si el regreso de Matilda durante el próximo verano y el estreno de Escuela de rock en el invierno se imponen como platos fuertes y de costosa producción, Carlos Rottemberg fue por más y ya selló el acuerdo para la puesta en Buenos Aires de Legalmente rubia, material que se verá por primera vez en nuestro país, aún sin sala confirmada.
Para la llegada de este musical , el productor trabajará junto a su hijo Tomás, Valentina Berger (Go Broadway) y Mariano Pagani.
Legally Blonde, tal el nombre original de esta producción norteamericana, nació como película en 2001 y su repercusión llevó a la creación de la versión musical de teatro estrenada en 2007. Basada en la novela homónima de Amanda Brown, el relato se centra en la historia de una joven que decide ingresar a una alta casa de estudios para demostrarle al chico que le gusta que posee capacidades para ser tenida en cuenta, aunque luego descubrirá que debe salir adelante como motivación propia y no para satisfacer el deseo de los demás.

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viernes, 18 de agosto de 2023

ESCENARIOS


Tootsie sigue al frente de la taquilla teatral y Votemos logró un inesperado ascenso
Además, el domingo, día de elecciones, la asistencia a las salas aumentó un 14 por ciento; Bossi Live Comedy, en segundo lugar y Moldavsky, lo mejor de mí, en el tercer puesto
Alejandro CruzTootsie sigue liderando la taquilla
Domingo de elecciones. La participación fue la más baja para una primaria presidencial desde que se establecieron las PASO en 2011. Según datos oficiales de la Cámara Nacional Electoral, solamente acudieron a las urnas el 69 por ciento de los ciudadanos habilitados a votar en todo el país cuando, en las anteriores primarias de 2019, lo hizo el 76 por ciento.
En la ciudad de Buenos Aires, la participación ciudadana del último domingo descendió al 62 por ciento. Pero hay otra postal que dejó ese día de elecciones cuyos resultados conmueven al país. La señaló Carlos Rottemberg, dueño de la mayor cantidad de salas teatrales en el país, en su cuenta del viejo Twitter: “Creció un 14 por ciento, comparativamente contra otros tibios domingos de elecciones, la cantidad de público que eligió ir al teatro. El dato resulta negativo como reflejo de un menor interés de la sociedad en participar de la jornada electoral”.
Una de las que reaccionó ante este dato de la realidad fue Moria Casán, una de las históricas de Brujas que está haciendo funciones en una de las tantas salas de Rottemberg: “Pasan los gobiernos, siguen los artistas. Lo dijo el genio de Pinti. Ayer (escribió el lunes), domingo, gran función de Brujas”.
En diálogo  la Rottemberg amplía los datos. En agosto de 2019, cuando se realizaron las PASO anteriores, fueron al circuito del eje central del teatro comercial unos 32.748 espectadores. La semana pasada, ante igual escenario de elecciones, ese número total se incrementó a 40.394. Durante los primeros días de la semana, el porcentaje de aumento de audiencia entre una fecha y otro superó el 23 por ciento. El domingo de cuarto oscuro quedó en 14 por ciento. “Lo que saco en limpio es que una vez más los estado de ánimo como los factores económicos tienen un correlato con lo que pasa en la boletería. Por otro lado, el horario de las funciones no interfiere con el momento de dar a conocer los resultados. De hecho, cuando las actrices de Brujas volvieron a sus casas no había datos”, explica apoyándose siempre en números y en información del circuito que conoce a la perfección.
Por fuera de las elecciones del domingo, según el ranking que todas las semanas elabora Aadet (la cámara que reúne a productores y dueños de salas comerciales), la lista de las obras con mayor cantidad de público estuvo liderada por Tootsie, el tanque que produce y protagoniza Nicolás Vázquez. El mismo montaje que, salvo durante las semanas que estuvo en cartel Matilda, siempre estuvo ocupado el primer lugar entre las obras más vistas desde su estreno durante el verano.
Le siguieron otras obras que suelen aparecer, con ligeras modificaciones en su orden, en los registros estadísticos. El segundo lugar lo ocupó Bossi Live Comedy, de Martín Bossi, que está haciendo sus últimas funciones antes de iniciar su gira por Montevideo, Miami, Dublín, Londres y diversas ciudades españolas; le siguió Moldavsky, lo mejor de mí, con Roberto Moldavsky y AVEN, un lugar sin piso, de Fuerza Bruta, que se ofrece en un sitio, el Club GEBA de Palermo, muy alejado del parámetro de la avenida Corrientes con sus grandes marquesinas.
Cierra el top five un título muy en sincronía con una semana que terminó con un domingo con largas colas de gente esperando ingresar al cuarto oscuro. Se trata de Votemos, la comedia dramática que protagonizan Agustina Cherri, Muriel Santa Ana, Gustavo Garzón, Juan Gil Navarro, Virginia Lago, Tomás Kirzner, Carlos Portaluppi y Alan Daicz.
En la ficción, los habitantes de un edificio se reúnen en la casa de uno de ellos para votar en el marco de una reunión de consorcio el presupuesto para cambiar el ascensor. Pero, como suele suceder en esas reuniones (o con las elecciones), a partir del dato de un nuevo vecino los prejuicios y las estigmatizaciones terminan dominando la reunión y del ascensor ya nadie se acuerda.
Por los motivos que sean, la semana pasada, días dominados por las elecciones nacionales, Votemos tuvo unas de las mejores performances desde su estreno en el ranking que da cuenta de la cantidad de espectadores del circuito comercial.
El listado de los espectáculos con mayor cantidad de audiencia se completa con Los Bonobos, con Peto Menahem, Oski Guzmán, Lizy Tagliani y Campi; Lo que el río hace, trabajo de las hermanas Marull que no para de acumular nominaciones y premios; la comedia Tom, Dick y Harry, con Bicho Gómez, Yayo Guridi, Mariano Martínez y María Valenzuela; Parque Lezama, con Eduardo Blanco y Luis Brandoni, quien el domingo no solamente contó con el aplauso de la sala sino que fue elegido como candidato por la lista de Patricia Bullrich para el Parlasur, y cierra el top ten el espectáculo Querido Evan, la propuesta musical con Julia Zenko, Laura Conforte y Fabio Aste, entre otros.

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martes, 16 de mayo de 2023

ESCENARIOS


La moneda en el aire: elegir entre cuatro modelos de país
Solo una visión democrática de pueblo es compatible con el progreso, las instituciones republicanas, el debate público, la disidencia
Marcelo Gioffré
Había un incómodo chiste que circulaba durante la época de la Unión Soviética, antes de la Perestroika y la Glasnost de Gorbachov, para mostrar la impronta estereotipada de los sucesivos líderes frente a la realidad. Lenin, Stalin, Kruschev y Brézhnev viajan en un tren, como si fueran contemporáneos. De pronto el tren se detiene sin resultar claro cuál es el motivo. Entonces Vladimir Ilyn Lenin hace un gran discurso intentando que el tren vuelva a funcionar. Ante eso Joseph Stalin se enfurece y propone una solución radical: “Aquí hay que hacer una gran purga, eliminando al maquinista, sus cómplices y todos los sospechosos”. Nikita Kruschev replica que nada se logra con discursos ni con purgas y sugiere hacer una reforma insertando en el camino que aún falta los rieles que ya transitaron. Le llega por fin el turno de opinar a Leonid Brézhnev, quien sostiene que los discursos, las purgas y las reformas serían completamente inútiles, porque la situación en realidad no tiene arreglo, por lo cual su enfática sugerencia es la siguiente: “Bajemos las persianas y hagamos como que avanzamos”.
Con matices, el escenario argentino podría organizarse bajo una metáfora parecida, que permitiría disipar, o al menos atenuar, la noción equivocada según la cual toda la clase dirigente en paquete “es lo mismo”, de lo que se deriva el “que se vayan todos”. Imaginemos un tren que avanza hacia un lugar adonde hay una muchedumbre amarrada a los rieles. Si sigue, atropellará a todas esas personas y descarrilará: no solo va a matar a los que atropelle, sino también a muchos de los que van a bordo. El maquinista no toma ninguna decisión moral, simplemente se deja llevar por la inercia. Este escenario está representado por el kirchnerismo.
La segunda posibilidad –transversal a sectores del peronismo y a una parte de Juntos por el Cambio– apunta a seguir adelante con el tren por el mismo camino, pero haciendo cambios cosméticos. Placebos. Organiza la decadencia, limpiando y desinfectando los vagones, mientras saluda –optimista y sonriente– por la ventanilla. En esta opción la falta de incentivos para el progreso se agravará: el capitalismo de amigos y los subsidios se mantendrán, los planes sociales seguirán intactos, la inflación no cederá, las mafias sindicales nutrirán su poder, la corrupción estará de fiesta, el espacio público seguirá infectado de trabas e inseguridad y el derecho de propiedad permanecerá amenazado y en suspenso. Caramelos envenenados: atenuar los síntomas y mantener la enfermedad. El tren se encaminará igualmente a la catástrofe; eso sí: con cuidados paliativos. Estos grupos se autoperciben desarrollistas o socialdemócratas, pero son, en realidad, tibios gatopardistas: se asimilan al ineficaz Kruschev. Cambios aparentes para que nada cambie.
En un tercer escenario, el más disruptivo, aparece un líder malhumorado que capitaliza el enojo: considera que el problema no es la dirección del tren, ni el maquinista, ni los rieles, sino el tren mismo, por lo cual propone hacerlo descarrilar inmediatamente, con los pasajeros adentro y sin tomar ninguna precaución, para evitar reflexiones críticas o vueltas atrás. Que mueran los que tengan que morir, sean niños o viejos, y que los sobrevivientes se bajen de ese transporte maldito, en el que están hipostasiadas todas las culpas universales, y comiencen a caminar por su cuenta. Soluciones simples para problemas complejos. Los líderes populistas de derecha suelen ser figuras misteriosas, con un atractivo poco ortodoxo, y se los vota justamente por eso: porque son distintos. Pero no faltan ejemplos de lo difícil que les ha resultado gobernar a estos personajes cuando son desafiados a poner sus palabras en acción.
Hay una cuarta posibilidad, que consiste en hacer un cambio de vía. Es una maniobra riesgosa en un tren sin mantenimiento y lleno de pasajeros fatigados, pero si el maquinista tiene la suficiente destreza puede ejecutar la maniobra evitando la tragedia. Lo más probable es que a raíz del cimbronazo muchos se golpeen y lastimen, pero es el precio inevitable para no asumir costos aún más altos. Pedirle sudor y lágrimas a una ciudadanía exhausta requerirá un horizonte de sentido plausible, que sea fácilmente asimilable. Como sostuvo Fernando Henrique Cardoso: gobernar es explicar. En nuestro paralelismo, este escenario se asimilaría a las difíciles torsiones de Mijaíl Gorbachov en Rusia o Václav Havel en Checoslovaquia. Pero esta postura debe lidiar con dos embates simétricamente opuestos: los libertarios la acusan de quedarse corta; los populistas, de ser demasiado cruenta.
Filosóficamente, estas cuatro posiciones encarnan visiones distintas sobre el concepto de pueblo. La postura del kirchnerismo tiene anclaje en el prerromántico Herder y su idea de una conciencia colectiva condensada en una totalidad, que es más que la suma de las partes. En esta idea los individuos deben ser instrumentos del “pueblo”, siempre sus acciones quedan subordinadas a las necesidades del conjunto. No por nada hablan de “comunidad organizada”. Simulan ignorar que la comunidad se desgrana en un espeso delta de componentes heterogéneos, olvidan que cada individuo vive en la comunidad con sus propios gustos y su original versión de la existencia.
La conciencia colectiva no existe, pero los populistas, en su afán por encontrar algo, la asimilan a los tumultos callejeros, al estallido social y a las plazas llenas. De ahí las piedras cuando son oposición. No faltan tampoco los que, en su desesperación por darle espesor a la idea vaporosa de “pueblo”, la radican en un semidiós al que veneran: el líder mesiánico. Por eso los populistas son los auspiciantes del totalitarismo contemporáneo, buscando la obediencia mediante el consenso de las masas encantadas. El “pueblo”, bajo estos regímenes, es una excusa para la perpetuación en el poder de una elite explotadora. La propaganda y la división de la sociedad son los dos recursos con los que alimentan ese ideario. De un lado están ellos y del otro lado el enemigo, una parte de la sociedad es colocada así en la marginalidad: para descalificarla, suelen llamarla “la derecha”.
El segundo escenario, el gatopardista, es una variante descremada del populismo a secas, al que suele apelarse cuando el populismo muestra agotamiento. Muletto, su núcleo escondido consiste en asegurar la continuidad de la red de negocios que enlaza al Estado con empresarios prebendarios y sindicalistas corruptos. No es raro, por ende, que se reivindiquen acuerdistas y antigrieta. La tercera alternativa, la libertaria, niega el hecho de que el individuo forma parte de una sociedad y que su comportamiento resulta influido por contagios e imitaciones. Parece negar que existen grupos estables –de iglesias y clubes a partidos políticos y amistades– y que en esa coagulación se viaja de lo individual a lo colectivo. Parece desconocer asimismo que existen cosas intangibles tales como el lenguaje o las modas, que trascienden al individuo. Si la humanidad no puede limitarse a entidades como el “pueblo mítico”, menos puede aferrarse al individuo anónimo y desacoplado.
Lo que existe son individuos que interactúan y se influyen mutuamente. Ni unidos monolíticamente en entidades utópicas ni dispersos robinsonianamente. De Stuart Mill a Dworkin, se acepta que la realidad humana es contradictoria, que se revela en una variedad polifacética de individuos y grupos: la combustión es lo único que garantiza la obtención de síntesis provechosas. Solo esta visión democrática de pueblo, que parecería asomar en el cuarto modelo –un liberalismo amigable y con rostro humano–, es compatible con el progreso, las instituciones republicanas, el debate público, la disidencia y el respeto a las minorías.
Grupos que se autoperciben desarrollistas o socialdemócratas son, en realidad, tibios gatopardistas: se asimilan al ineficaz Kruschev

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