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sábado, 12 de septiembre de 2020

FERNANDO RODRÍGUEZ Y EL ESCENARIO,


Un precedente peligroso
Fernando Rodríguez (@frodriguez38) | Twitter
Fernando Rodríguez
El malestar se volvió protesta, que creció y quedó muy cerca de convertirse en una asonada. El levantamiento de la mayor fuerza de seguridad de la Argentina amenaza con convertirse en un peligroso precedente para el resto de las policías, en un contexto en el que la delicada paz social es acechada por la inseguridad y la pandemia.
Las manifestaciones de los uniformados bonaerenses, en especial, de aquellos de jerarquías inferiores, dejaron ayer de ser un mero reclamo de aumento y de mejores condiciones de trabajo en tiempos de coronavirus para convertirse en una fuerte interpelación a la conducción de la fuerza. Y detrás de ese indudable cuestionamiento a la jefatura operativa y política asoma, también, una vieja reivindicación: la sindicalización policial.
No es ocioso que el primero de los 14 puntos del petitorio que le acercaron los autoconvocados al jefe de la Bonaerense, Daniel Alberto García, haya sido, incluso antes del aumento salarial pretendido, que no haya represalias ni sanciones para quienes prácticamente paralizaron el servicio policial ordinario durante toda la jornada, lo que significó un duro golpe a la cadena de mando.
García intentó parlamentar con los portavoces de la protesta frente a la Jefatura de La Matanza, uno de los epicentros del conflicto. Allí se topó con una sonora desautorización cuando dijo que podía garantizar que no habría sanciones, pero que no tenía para ofrecerles una respuesta al pedido de aumento. Es evidente que los acontecimientos de estos días mellarán la autoridad del jefe de policía, que podría convertirse en el fusible que necesita el ministro Sergio Berni en el corto plazo.
Pero la continuidad de la protesta hasta el viernes–fecha que puso el propio gobierno para anunciar públicamente la cuantía de la recomposición salarial prometida– aumentará la presión sobre el ministro y sobre el gobernador, Axel Kicillof. Los mandos bajos y medios de la policía advierten el calibre del impacto de su reclamo en las aspiraciones de Berni. Saben que el ministro está construyendo su futuro político de mediano plazo a caballo del manejo marcial de la fuerza para restablecer la resquebrajada seguridad en la provincia. En pocas palabras: el estado deliberativo de la policía, que apunta a la conducción, le juega en contra.
Mientras, el Gobierno sigue de cerca la situación. El temor es que se repita lo que pasó en 2013, cuando estallaron prácticamente en todo el país fuertes protestas policiales. La más grave y extensa fue en Córdoba; la que tuvo la mayor cantidad de policías condenados por sedición fue Entre Ríos. Esa vez, la policía bonaerense también salió a las calles, pero no para hacer prevención, sino para reclamar.
El contexto actual es otro, claramente. Pero la semana pasada hubo una protesta amplia en Misiones, en el inicio de esta semana los policías de Río Negro dijeron haber llegado a un “punto límite” y, acto seguido, empezó a crecer la “marea azul” bonaerense.
Esa progresión volvió a poner sobre la mesa el mapa de las protestas de hace siete años, pero esta vez, en una situación que, tanto por la seguridad como por las restricciones impuestas para contener la pandemia de Covid-19, coloca a las policías en la primera línea de contención y prevención. Es una verdad de Perogrullo: quien controla la policía, controla la calle. Y para el Gobierno, hoy, eso es imprescindible.
Pero, en ese escenario, las marchas en patrulleros, las asambleas de hombres y mujeres de uniforme y con sus armas reglamentarias enfundadas en las pistoleras calzadas al cinto, y las ruidosas concentraciones frente a dependencias y unidades de comando no fueron otra cosa que una retención de tareas. En otras palabras, una forma de huelga, una medida gremial de acción directa que la policía bonaerense –y las demás en la Argentina– tiene prohibida.
En abril de 2017 la Corte Suprema de Justicia, con los votos de Ricardo Lorenzetti, Elena Highton de Nolasco y Carlos Rosenkrantz, obturó la posibilidad de que el autodenominado Sindicato de Policías Bonaerenses (Sipebo) obtuviera la personería gremial.
El fallo fue significativo por esa certeza, pero también porque las disidencias dejaron entreabierta una puerta para que los uniformados insistan con ser alcanzados por el derecho tutelado en el artículo 14 bis de la Constitución. Juan Carlos Maqueda y Horacio Rosatti consideraron que los pactos internacionales de derechos humanos y la propia Carta magna admitían la agremiación policial y que, por lo tanto, el Sipoba podía ser inscripto como cualquier sindicato.
Eso sí: los cinco jueces de la corte coincidieron en que los policías no tienen derecho a hacer huelga, dado que las medidas de acción gremial directa son incompatibles con el régimen jerárquico y disciplinario que caracteriza a cualquier fuerza de seguridad.
Entre las demandas de los policías están la “democratización de la fuerza” y “el derecho a la sindicalización”. Pretenden discutir de manera horizontal las condiciones en las que prestan el servicio, tener derecho a reclamar y a discutir salarios y régimen de carrera, como cualquier trabajador. Derechos, sí, pero también mucho poder. Un poder que, seguramente, ningún gobierno quiera compartir, al menos en la Argentina.

sábado, 25 de julio de 2020

FERNANDO RODRÍGUEZ Y EL ESCENARIO


El crimen abre una nueva fase de la cuarentena
Los jefes comunales de todos los partidos coinciden en la necesidad de contar con patrullajes coordinados de policías bonaerenses y fuerzas federales
Fernando Rodríguez (@frodriguez38) | Twitter
Fernando Rodríguez
Jefes municipales plantearon quejas al ministro Sergio Berni
La crisis de la seguridad y el aumento de los delitos violentos pusieron en estado de alerta a los intendentes del conurbano, que exigen a las autoridades nacionales y provinciales una mayor coordinación en las tareas de prevención y más presencia de fuerzas federales en los distritos. La tranquilidad que se había alcanzado durante el primer mes del aislamiento social preventivo y obligatorio (ASPO) como medida para luchar contra el Covid-19 se terminó. Los ejemplos ocurridos en Quilmes, donde un jubilado mató a uno de los ladrones que ingresaron a robar en su casa, y el brutal homicidio de un gerente de ventas de una reconocida empresa en Ingeniero Maschwitz, en Escobar, exhibieron repetidos problemas.
La cuarentena ayudó a que en los primeros seis meses de este año, en comparación con el primer semestre de 2019, la tasa de delitos se redujera entre 20 y 30 por ciento, según cada distrito, pero ahora la inseguridad creció nuevamente.
“Estamos preocupados por los problemas de la seguridad. La tasa de delitos volvió a los niveles anteriores a los que había antes de que se dispusiera la cuarentena y la violencia está en aumento. Queremos que el gobernador Axel Kicillof nos comunique cuál es el proyecto de seguridad; ya pasaron siete meses desde que asumió en el cargo”, sostuvo a la nacion el intendente de Tres de Febrero, Diego Valenzuela.
Su par de Escobar, Ariel Sujarchuk, coincidió: “Estamos preocupados y ocupados. La ola de delitos no es tan grande como la que había en diciembre del año pasado, pero tampoco es tan baja como la que había en marzo pasado, cuando comenzó el ASPO, y la virulencia del delito es mayor”.
Juan Zabaleta, intendente de Hurlingham, en una entrevista con el programa Ahora dicen, en Futurock.fm, sostuvo: “El Gran Buenos Aires está complicado. Es necesaria la presencia de fuerzas federales en el conurbano y es importante que podamos articular el trabajo, porque en definitiva tenemos la responsabilidad de cuidar a la gente”.
En Lanús la situación es similar a los distritos gobernados por Zabaleta, Sujarchuk y Valenzuela. El jefe de Gabinete y funcionario a cargo del aérea de Seguridad, Diego Kravetz, afirmó a la nacion: “Hubo un crecimiento importante de la tasa de delitos y las modalidades más violentas están subiendo. Además, tomamos conocimiento de que muchos delincuentes que habíamos logrado meter en prisión están nuevamente en las calles y no por la pandemia de Covid-19, sino por decisiones anteriores de la Justicia”.
Otro aspecto que preocupa a los jefes comunales son los cruces entre Sabina Frederic y Sergio Berni. Así lo expresó a la nacion el intendente de Vicente López, Jorge Macri: “A todos nos preocupa ver que mientras el problema de la inseguridad crece, los ministros de Seguridad de Nación y provincia discuten, pelean y no se ponen de acuerdo en cómo cuidar la vida de los vecinos. La inseguridad no hace cuarentena ni va a esperar a que se pongan de acuerdo”.
Fuentes del municipio de San Isidro afirmaron que hay más hechos de inseguridad sobre todo en la vía pública (35% de tentativas de robos, 10% de arrebatos o motochorros y 20% de hurtos), con poca presencia de la policía bonaerense. “Estamos variando estrategias y modalidades para prevenir estos hechos, por suerte de baja peligrosidad, pero de alto impacto”, afirmó Federico Suñer, secretario de Cuidado Comunitario del distrito gobernado por Gustavo Posse.
Según pudo saber la nacion de fuentes oficiales, desde Tres de Febrero le hicieron llegar a Berni la necesidad imperiosa de un trabajo coordinado entre la policía bonaerense y las fuerzas federales para frenar el delito y le elevaron una queja porque se retiraron diez nuevos móviles policiales que la gestión de Cristian Ritondo había entregado a ese distrito.
“A Tres de Febrero le sacaron diez patrulleros y se los mandaron a la intendenta de Moreno, Mariel Fernández, que es del Frente de Todos. El municipio tuvo que salir a comprar repuestos y poner a punto móviles que estaban en desuso”, dijeron fuentes oficiales.
Una fuente de la Municipalidad de San Miguel sostuvo: “Hay dos análisis sobre la inseguridad. Con una mirada simplista se puede decir que nominalmente el delito bajó el primer semestre contra los primeros seis meses de 2019, pero obviamente fue consecuencia del ASPO. Aunque observamos con cierta preocupación el nivel de violencia, que cada vez es mayor, y el protagonismo del crimen organizado”.
Fuentes de la Municipalidad de Vicente López calificaron la situación como compleja, pero resaltaron el trabajo en conjunto y coordinado con las autoridades del gobierno bonaerense en la prevención del delito.
En Quilmes, fuentes del municipio informaron que la semana pasada la intendenta Mayra Mendoza se reunió con Berni para manifestarle su disconformidad con las autoridades locales de la policía bonaerense y que en los últimos días hubo cambios en la conducción de diferentes áreas.
Sujarchuk, por su parte, se reunió con Berni y autoridades judiciales para hablar sobre los hechos de inseguridad en el distrito. Además, el jefe comunal decidió contratar a 100 personas para trabajos de “prevención comunitaria” y aumentó un 50 por ciento la cantidad de horas adicionales que se le pagan a la policía bonaerense.