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miércoles, 1 de marzo de 2023

FUTUROS CERCANOS


Los robots también sueñan con ser poetas, pero... ¿lo lograrán?
Entre las novedades que trajo el ChatGPT está la creación literaria; si la inteligencia artificial ya nos gana al ajedrez, ¿creará la poesía del mañana?
Seth Perlow
Mariano Enriquez
En 1950, el científico informático Alan Turing propuso su famoso test de inteligencia artificial hoy conocido como “Prueba de Turing”, según el cual una máquina podría estar “pensando” si puede hacerse pasar un humano en una conversación por escrito. Aunque todos conozcan la historia, tal vez no todos sepan que Turing imaginó que su prueba comenzaba con un pedido literario: “Por favor, escribí un soneto con la temática de Forth Bridge”. Turing predijo que la respuesta de las computadoras del futuro sería evasiva, pero muy humana: “De esta, yo paso. Nunca pude escribir poesía”. Lo mismo que habría dicho la gran mayoría de los humanos.
Pero la semana pasada le hice el mismo pedido a ChatGPT, el bot conversacional de inteligencia artificial de la empresa OpenAI. “Sobre el estuario de Forth / un puente se alza hasta hoy”, arrancó la respuesta, y en menos de un minuto el programa generó un soneto rimado y completo de estilo shakespeariano. Con excepción de temas controvertidos que son bloqueados por sus filtros de contenidos, ChatGPT compone poemas sobre cualquier tema: amores perdidos, llaves perdidas, empleos perdidos por la automatización… Las herramientas como ChatGPT están destinadas a cambiar el mundo de la poesía, y tantas cosas más, pero los poetas también tienen mucho para enseñarnos. Si los algoritmos son cada vez mejores en la escritura de poesía, se debe en parte a que la poesía siempre fue un asunto algorítmico.
Hasta los poetas más rebeldes siguen más reglas de las que les gusta admitir. Un buen poeta entiende las reglas gramaticales y sabe cuándo y cómo romperlas. Algunos poemas tienen rima consonante, otros rima asonante, y otros no riman para nada. Las sutiles reglas de la poesía parecen difíciles de programar, pero sin algunas normas básicas sobre lo que es poesía, no seríamos capaces de reconocer o de escribir un poema. En la escuela, cuando les enseñan a imitar la estructura de un haiku o del pentámetro yámbico, los chicos efectivamente están aprendiendo a ceñirse a restricciones algorítmicas. ¿Por qué sorprendernos, entonces, de que la computadora también pueda hacerlo?
Adivinanzas
Pero teniendo en cuenta cómo funciona ChatGPT, su capacidad para seguir las reglas de escritura de un soneto resulta bastante impresionante, porque son reglas que nadie le enseñó. Una tecnología anterior, llamada “IA simbólica”, programaba previamente las computadoras con axiomas para temas específicos, como la biología molecular o la arquitectura. Esos sistemas funcionaron bien en áreas acotadas, pero carecían de una capacidad de adaptación más general. ChatGPT se basa en un tipo más nuevo de IA conocido como “modelo de lenguaje de gran tamaño” (LLM, por su sigla en inglés). Simplificando al extremo, los LLM analizan ingentes cantidades de textos humanos y aprenden a predecir, según cada contexto, cuál debería ser la siguiente palabra en una cadena de texto. Este método de adivinación de palabras permite que la IA escriba ensayos y monografías universitarias, tratamientos preliminares de guiones cinematográficos, y hasta sonetos shakespearianos sobre los puentes en Escocia, temas no programados directamente.
Una crítica frecuente a los LLM es que no entienden lo que escriben: simplemente son excelentes para adivinar la siguiente palabra. Los resultados son verosímiles, pero no suelen dar en el blanco. Si le pedimos a ChatGPT, por ejemplo, que explique este chiste: “¿Qué es lo más positivo de Suiza? ¡Su bandera!”, responde que la “referencia a la bandera” es graciosa porque “contradice la expectativa de que la respuesta sea algo relacionado con las cualidades positivas del país”. Conclusión: se le escapa el juego de palabras con la cruz o signo “más” de la bandera helvética, que es el núcleo del chiste. Algunos académicos afirman que los LLM desarrollan conocimientos sobre el mundo, pero la mayoría de los expertos dicen lo contrario: si bien lo que escriben estas tecnologías es coherente, del otro lado sigue sin haber nadie.
ChatGPT puedo hacer poesía sobre cualquier tema.. pero ¿qué tan bueno es el resultado?
Pero lo mismo ocurre con el lenguaje mismo. Como decía el poeta modernista norteamericano William Carlos Williams: “Un poema es una pequeña (o enorme) máquina hecha de palabras”. Cuando un apasionado verso de Keats o Emily Dickinson nos hace sentir que el poeta nos habla directamente, estamos experimentando los efectos de una tecnología llamada lenguaje. Los poemas están hechos de tinta y papel, o actualmente de electricidad y de luz. Pero no nos equivoquemos, así como “dentro” de un poema de ChatGPT no hay nadie, dentro de un poema de Dickinson tampoco…
Por supuesto que cada poema de Dickinson refleja su intención de crear significado. ChatGPT junta palabras una detrás de la otra, sin intención de nada. Algunos argumentan que los textos de LLM, por lo tanto, no tienen significado: solo aparentan tenerlo. Si en el cielo veo una nube que parece una jirafa, lo reconozco como un parecido accidental. Según ese razonamiento, la escritura producida por ChatGPT debe ser considerada simplemente como una apariencia de lenguaje real, textos aleatorios y sin sentido como las formas de las nubes.
La famosa prueba de Turing comenzaba con un pedido literario: “por favor, escribí un soneto con la temática de Forth Bridge”
Bolsa de palabras
Los escritores experimentales vienen dando razones para dudar de esta teoría desde principios del siglo pasado, cuando Tristan Tzara y otros poetas intentaron eliminar de su trabajo las decisiones conscientes. Hoy sus técnicas parecen versiones rudimentarias de los principios detrás de los LLM: para componer un poema, Tzara sacaba palabras de un sombrero. En la década de 1950, William S. Burroughs popularizó el “método de corte”, que consiste en recortar palabras de las páginas de los diarios y reordenarlas en forma de texto literario. Casi al mismo tiempo, los lingüistas desarrollaron un abordaje conocido como “bolsa de palabras”, que modela el texto contando cuántas veces aparece cada palabra.
Entre los investigadores de IA existe un viejo chiste: “inteligencia artificial” es todo eso que las computadoras todavía no pueden hacer. El ejemplo clásico es el ajedrez. El sueño de automatizar el ajedrez se remonta a 1770, cuando un jugador robótico llamado Mechanical Turk deslumbró a las cortes de Europa… gracias a un jugador humano escondido debajo de la mesa. En 1948, Turing escribió un programa de ajedrez, pero era demasiado complejo para ejecutarlo con el hardware disponible en la década de 1940. Finalmente, en 1997, al campeón mundial de ajedrez Garry Kasparov fue derrotado por una supercomputadora. Actualmente, las computadoras son tanto mejores que los humanos; el actual campeón mundial de ajedrez, Magnus Carlsen, considera que enfrentarlas es inútil y hasta deprimente. Tal vez hoy en día nos resulte menos mágico que antes que una computadora nos gane al ajedrez, pero ahora que la IA escribe cada vez mejor poesía, vale la pena recordar que el ajedrez sigue siendo un juego disfrutable para millones de humanos.
Los LLM representan una nueva fase en la escritura asistida por computadora, pero los próximos pasos de la poesía escrita por la IA no son claros. Al igual que Turing, el experto de internet Gwern Branwen usa la poesía como una prueba y le pide a la IA que imite a Shelley, Yeats y otros. Este sería, por ejemplo, el sucedáneo de Whitman: “¡Oh tierras! ¡Oh tierras! ¡navegar en un crucero, desembarcar en el mar! / ¡Luego seguir hasta el Niágara, y más allá y más allá!” A medida que mejora la IA, también lo hacen estas imitaciones.
Cuando les mostré a mis amigos el soneto sobre Forth Bridge escrito por ChatGPT, lo calificaron de “desalmado y estéril”. A pesar de seguir todas las reglas de la forma soneto, el poema es un predecible cliché. Pero atención, ¿acaso el soneto de un humano promedio es mejor? Turing imaginaba pedirle poesía a una computadora para ver si podía pensar como un humano. Si ahora esperamos que las computadoras no solo escriban poemas, sino buenos poemas, quiere decir que tuvimos que correr la vara y colocarla mucho más alto.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

martes, 26 de noviembre de 2019

FUTUROS CERCANOS


Los hologramas extienden sin pausa los límites de la realidad

En un lugar incierto y en un futuro próximo, Aoi despierta solo y angustiado. Se refriega los ojos y distingue un brillo que le hace sonreír. Es el holograma de su madre. El alivio es fugaz; la angustia vuelve como un rayo. Aunque lo vigila en el desayuno, el doble se desvanece cuando Aoi quiere abrazarlo. Es la premisa de uno de los cuentos de
Los hologramas no hacen compañía (China Editora), donde el periodista Gonzalo Gossweiler imagina la evolución de las pantallas: un celular que proyecta información en 3D, un espejo que nos observa desde todos los ángulos, publicidades demasiado inmersivas. "El holograma es un engaño, pero tiene efectos concretos en la percepción -plantea-. Si provoca el mismo efecto que su modelo, ¿es menos real?"

El fantasma de la ópera
Entre la audacia y el lucro, la industria cultural avanza sin definir una respuesta. A fines de agosto, la Feria del Libro de China sorpren dió con lanzamientos de hologramas de distintos autores y una entrevista en el mismo formato a la primera mujer astronauta del país, Wang Yaping. Escenas solo posibles gracias a la tecnología 5G, la nueva joya tecnológica del tablero geopolítico. "Las mejoras en la velocidad, cantidad y calidad de las transmisiones traen oportunidades únicas", celebró Liying Lin, directora de una feria atravesada por la retracción de las librerías físicas y la expansión de sus variantes online.

Aunque a Gossweiler le daría vergüenza convertirse en avatar, le encantaría tener en sus manos un hololibro donde Stephen King leyera su última novela. No parece una fantasía lejana. También en China, el motor de búsqueda Sogou anunció que usará técnicas de inteligencia artificial para replicar no solo la voz del autor, sino también su aspecto. Si funciona, podría producir hologramas de autores fallecidos partiendo del archivo disponible, para después -a la espera de otro salto tecnológico- aumentar su margen de maniobra.

Al permitir la inscripción de información en la luz o el sonido, la fotografía y el cine desestabilizaron la hegemonía de la escritura, recuerda Maximiliano Brina, programador y magister en Estudios Literarios por la UBA. Ahora que lo digital permite trascender el soporte, los hologramas también podrían alterar la praxis literaria. A falta de un Spotify o un Netflix del sector, la innovación se circunscribe a los márgenes, como las instalaciones de Margarita Paksa y los holopoemas de Eduardo Kac, que cambian de significado a medida que se proyectan. Atento a fenómenos como la impresión 3D, los memes y los mashups, Brina cifra las expectativas en el concepto del prosumidor: aquel que además de consumir contenidos, los produce.

Mientras intenta avanzar en el mainstream editorial, la tecnología holográfica gana terreno en la música, gracias al siempre apetecible mercado de la nostalgia y a la necesidad de renovar ganancias en la era del streaming. Su poder de impacto escaló en el festival Coachella de 2012, cuando el rapero Snoop Dogg cantó junto al espectro de Tupac Shakur, el rapero y activista asesinado en 1996. Con comentarios que oscilaban entre el miedo y el asombro, el productor Martin Tudor empezó a proyectar shows completos. Seis años después, anunció el lanzamiento de Base Hologram, que se aseguró los derechos de figuras como Roy Orbison, Buddy Holly y Maria Callas.

Fue posible gracias a una técnica que tiene 150 años de existencia. En sentido estricto, un holograma es una imagen tridimensional obtenida con iluminación por láser. Lo que solemos ver -y entender- como tecnología holográfica es la relectura del "Fantasma de Pepper", el truco victoriano que consistía en un escenario dividido en dos espacios, uno a la vista e iluminado, y otro oculto y a oscuras. Entre estos dos espacios se colocaba una superficie reflectante, de modo que lo que hubiera en la habitación oculta se reflejara en la visible. Cuando la representación así lo requería, se reducía la iluminación del espacio central y se incrementaba la luz en el espacio contiguo, cuyo contenido "aparecía" ante los espectadores como una presencia fantasmal. Los actuales proyecciones holográficas, se basan, además, en la filmación de un imitador del artista a recrear, con el rostro original reconstruido digitalmente.

Un vivo de otro mundo
Los hologramas musicales explotaron entre 2014 y 2017, cuando distintas empresas anunciaron shows de leyendas como Elvis Presley, Billie Holiday, Michael Jackson y Frank Zappa. En 2020 se sumará el espectro de Whitney Houston. "Ya no está con nosotros -lamentó su cuñada y exmanager, Pat Houston-. Pero su música vivirá para siempre". Como la de Callas, que este año llegó al Gran Rex entre gritos extasiados del público ("¡Diosa!", "¡Bella!") y lágrimas de emoción. "La masterización era muy buena y la experiencia inmersiva fue formidable", recuerda Estela Domínguez Halpern, amante de la ópera y profesora adjunta del Taller de introducción a la información, telemática y procesamiento de datos de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA. "El espectáculo de entretenimiento y el proceso de construcción de temporalidad eran impecables -elogia-. Callas jugaba siempre con una rosa que le regalaban".

Nada nuevo para los miles de fans que se reunieron en marzo en Shanghai para atestiguar el cruce entre la popstar virtual Luo Tianyi -una creación de Yamaha- y el pianista Lang Lang. Mientras agitaban palitos luminosos y coreaban el nombre de su ídola, una doble de voz y una actriz permitían la interacción sincronizada desde el backstage. "Es perfecta", dijo un asistente al South China Morning Post. "Como no es una persona real, puede ser lo que vos quieras". Luo es la réplica de un terremoto con epicentro en Japón, donde las invenciones pop generan un mercado de millones de dólares. La estrella holográfica de la isla es Hatsune Miku. Siempre tendrá 16 años, una ventaja decisiva en una industria caracterizada por el descarte y la renovación compulsivos.

La pregunta sobre la autenticidad es inevitable. ¿Pero cuán importante? Domínguez Halpern sugiere que no tanto: "La voz, la textura y la cadencia interpelan y generan impacto. Es real en tanto transcurre". Brina, que recuerda la necesidad de suspender la incredulidad para disfrutar estos eventos, busca pistas en la esencia del artista: "Es probable que quien se haya formado viendo bandas de rock asocie al "vivo" con el vértigo o el riesgo. No creo que haya mucha diferencia entre haber visto a Michael Jackson o a Whitney Houston sobre el escenario y verlos en un show holográfico. El asunto cambia con artistas como Frank Zappa: ¿el holograma va a improvisar?"

"Una actuación es por definición "en vivo", se plantó en The Guardian el periodista especializado Simon Reynolds. Los tours holográficos involucran una no-presencia, "una esclavitud fantasma", asegura. Rentabilizar el vivo de los muertos genera problemas éticos. Obtenidos el permiso de los herederos -que lucrarán con la tecnología espectral- y los derechos de la discográfica, queda una verdad incómoda: el protagonista tiene voz, pero no voto.
Ante los "desafíos y sensibilidades singulares" que suponía la reaparición, Base Hologram anunció en febrero la cancelación del tour holográfico de Amy Winehouse, fallecida en 2011 por culpa de sus adicciones. "Tuvo una vida difícil y una muerte trágica -reconoció la compañía-. Es demasiado pronto para hacer lo que queríamos". ¿Cuánto hay que esperar para convertirla en holograma? ¿Cuándo dejará de doler? Quizá sea cierto, finalmente, que los artistas nunca mueren.

Voces e imágenes para preservar la memoria
En abril de 2018 murió Aaron Elster, vicepresidente del Museo del Holocausto de Illinois. Unos días más tarde volvió a aparecer sobre el escenario del auditorio, sentado en su habitual silla roja. Lúcido y relajado, hablaba con estudiantes de 13 años sobre los dos años que pasó en el campo polaco huyendo de los nazis. Les contó sobre el frío, el miedo, la desnutrición y lo increíble de la supervivencia allí. Su holograma enmudeció a la sala.
Durante los dos años previos, él y otros 14 sobrevivientes habían viajado a Los Ángeles para sumar su testimonio al Archivo de Historia Visual de la USC Shoah Foundation, cuyo portal permite explorar 55 mil testimonios sobre distintos genocidios. Pasaron una semana sentados sobre un fondo verde, respondiendo 1500 preguntas frente a 50 cámaras. Cuando terminaron, la fundación habilitó pantallas para que el público pudiera interactuar con esas grabaciones. "El proyecto es impresionante", celebra Estela Domínguez Halpern, que conoció a sobrevivientes en museos y marchas por la vida. "Hay una inteligencia artificial detrás, que va escuchando y aprendiendo el estilo de las preguntas, por lo que busca en su base y compone la respuesta en milisegundos".

Elster y sus compañeros estaban convencidos de que volver a atravesar el dolor, y dejarlo allí para la posteridad, valía la pena. Muchos exprisioneros creen que el Holocausto nunca habría sucedido si sus vecinos hubieran hablado. "La imagen holográfica del sobreviviente testimonia en tanto hay alguien que formula preguntas -recuerda Domínguez Halpern-. En ese diálogo se produce un proceso de actualización, donde el mundo digital forma parte y atraviesa la realidad". La interacción con los hologramas de la Shoá nos integra al dispositivo. "La memoria irrumpe y se hace presente, trastocando espacio-tiempo", insiste la docente. "Su singularidad se manifiesta en el movimiento que genera en los sujetos, en tanto moviliza el pasado y crea nuevos enunciados en el presente".

P. C.