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jueves, 14 de marzo de 2024

IMPACTO EN EL BOLSILLO, CANASTA BÁSICA Y EL ESCENARIO


Facilitan la importación de alimentos para bajar los precios
Quienes lo hagan podrán acceder antes a los dólares para pagar esas compras
Alfredo Sainz
Los supermercados podrán importar con más facilidad
El Gobierno lanzó una ofensiva contra fabricantes de alimentos locales para que bajen los precios. En una muestra de heterodoxia económica, anunció que facilitará las importaciones de productos como atún, bananas, papas, café, cacao y carne de cerdo, mediante un más rápido acceso a los dólares para pagar esas compras.
Apenas unas horas antes de que se conociera la inflación de febrero, el Gobierno decidió lanzar una ofensiva contra los fabricantes de alimentos locales. En una nueva muestra de heterodoxia económica, el vocero oficial Manuel Adorni anunció la apertura de las importaciones para productos de la canasta básica, con el objetivo de contener los aumentos que aplican las empresas locales. Concretamente, el Banco Central anunció la reducción del plazo de pago de importaciones de alimentos, bebidas y productos de limpieza, cuidado e higiene personal: pasarán de un esquema de pago en 4 cuotas a los 30, 60, 90 y 120 días a un plazo de pago en una sola cuota a los 30 días.
Además, se determinó suspender, por el plazo de 120 días, el cobro de la percepción de IVA adicional e impuesto a las ganancias a las importaciones de estos productos y de los medicamentos. En este último caso, se trata de un rubro que ya no estaba alcanzado por el plazo de pago de 180 días.
“Esta medida alentará la importación de productos de la canasta básica cuyo precio en el mercado local sea superior al precio internacional, lo que contribuirá a una mayor competencia y, en consecuencia, a una caída en la inflación y en el nivel de precio de estos productos. Entre los principales productos beneficiados se encuentran banana, papas, carne de cerdo, café, atún, productos de cacao, insecticidas, champús, pañales, entre muchos otros productos”, precisaron fuentes oficiales.
El propio ministro de Economía, Luis Caputo, había acusado en las últimas horas a las empresas de haberse “sobregirado” con los aumentos de precios que disparó la devaluación de diciembre. Caputo precisó que hoy algunos productos están más caros en dólares en la Argentina que en Estados Unidos o Europa. “No puede ser que acá un pan lactal cueste cuatro dólares o que un dentífrico esté siete euros”, tiró Caputo en el encuentro que mantuvo anteayer con los número uno de las seis principales cadenas de supermercados: Carrefour, Coto, Cencosud (Jumbo, Disco), Changomás, La Anónima y Dia.
En las cadenas, el anuncio fue recibido con una mezcla de ilusión y cautela. “A Caputo le explicamos que la industria era la responsable de los aumentos desmedidos de los últimos meses y estamos de acuerdo con la imposibilidad de poder importar más productos en forma directa. Pero también le aclaramos que no se trata de algo que se pueda hacer de un día para el otro”, explicaron en una cadena.
Hoy los supermercados tienen una oferta muy limitada de productos importados: latas de atún, bananas, paltas y ananá. “Fuimos dejando de lado las importaciones por las trabas que nos fueron poniendo para traer productos de afuera. El problema no eran solo las SIRA y los plazos de pago, sino también la falta de continuidad”, explicaron en el sector.
Unas horas después de que se conociera el anuncio de las importaciones, el propio Caputo salió a defender la medida en su presentación en el summit anual de la AmCham. “Hay que dar un empujoncito para que las cadenas tengan un poder de negociación con los productores y les digan, si me traés precios de lista más alto, llévatelos, importo”.
Preocupación de la UIA
La UIA, en tanto, comunicó que considera la medida “un trato desigual” para la industria. “Mientras los productores nacionales deben pagar en 4 cuotas mensuales y con impuesto PAIS los insumos necesarios para la fabricación, los importadores de bienes terminados estarán exentos de impuestos y tendrán acceso total a las divisas necesarias en un solo pago a 30 días. El anuncio realizado hoy [por ayer] afecta seriamente la competitividad de las empresas que operan, producen y emplean en el país.

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La canasta básica total subió 15,8%
Carlos Manzoni

La canasta básica alimentaria (CBA) y la canasta básica total (CBT) mostraron una desaceleración en febrero, al crecer 13,1% y 15,8%, respectivamente, pero los límites para no ser indigente o pobre, que se derivan de ellas, siguen siendo altos para los golpeados ingresos de los hogares argentinos.
La CBA quedó en febrero apenas por debajo del 13,2% que arrojó la inflación en igual mes, mientras que la CBT sigue corriendo por encima del índice deprecios al consumidor(IPC ). Asimismo, en término sin ter anual es, la primera aumentó 301,1% y la segunda subió 290,2%, muy por en cima de los precios en igual período.
Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), una familia tipo, de cuatro integrantes, debió contar con ingresos por $322.851 para no ser considerada indigente, y por $690.902 para no ser pobre. En tanto, un adulto requirió $104.483 para no caer en la indigencia y $223.593 para no caer en la pobreza.
La evolución de ambas canastas preocupa por el impacto que tendrán en el aumento de la pobreza y la indigencia. Según el Observatorio de la Deuda Social, de la UCA, la primera alcanzó en enero pasado el 57,4%, mientras que la segunda llegó al 15%.
El economista Claudio Caprarulo, director de la consultora Analytica, indicó que la CBT quedó por encima de la suba del salario en sectores con trabajadores de bajos ingresos, como la construcción. “Al mismo tiempo, tenemos que considerar que la caída en el nivel de actividad ya impactó en bajas de puestos de trabajo. Por lo tanto, a la evolución del costo de la canasta hay que analizarla más que nunca con la del salario y con el contexto del nivel de empleo”, dijo el especialista.
En tanto, Eugenio Mari, economista de la fundación Libertad y Progreso analizó: “Un punto importante es que es el segundo mes consecutivo en que la canasta alimentaria sube menos que la total. La explicación está en que la estabilidad cambiaria ayuda a contener el precio de los transables, entre ellos alimentos. En cambio, los no transables, que incluyen regulados y otros que reaccionan con un mayor rezago, suben por encima y empujan a la canasta básica total”.

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Que no se corte en marzo, la necesidad política de Milei
Francisco Olivera

Luis, es hora de poner un supermercado”. El mensaje, una broma, le llegó ayer por WhatsApp al dueño de una fabricante de alimentos líder. El Gobierno acababa de anunciar que facilitaría dólares para la importación de productos terminados de la canasta básica y, desde el sector industrial, principalmente el de las pymes, trascendía el malestar por la medida, que se leía en realidad como una extorsión a quienes producen en el país: si no están dispuestos a aflojar con los aumentos, deberán competir con lo que venga del extranjero. “¿Nosotros no tenemos dólares para maquinaria y ahora se los van a dar a los que traen alimentos de afuera?”, protestaron en un frigorífico.
Es un marzo movido y probablemente habrá más reproches. Llaman la atención la oportunidad de la discusión –justo mientras acaba de conocerse que el rubro alimentos dio en febrero 11,9%, por debajo del promedio general y casi la mitad que el de enero–, y algo del modo en que el Gobierno intenta últimamente apurar resultados: mediante reuniones con empresas o, como esta semana, con los supermercados, pedidos para que las promociones estén consignadas en las listas de precios que le entregan al Indec. No es lo mismo, dicen, un 50% de descuento en cualquier producto de la góndola –algo que queda detallado en la planilla– que un 2x1, que pasa inadvertido.
Tal como lo había hecho la semana pasada con los representantes de empresas de consumo masivo, el ministro de Economía, Luis Caputo, empezó el encuentro del lunes recordando que, a pesar de que el Gobierno había derogado las leyes de abastecimiento y de góndolas y terminado con los controles de precios, tres reclamos históricos de los empresarios, muchos estaban intentando últimamente recuperar por la vía de los precios la rentabilidad perdida en el volumen de ventas. Un clásico. Las empresas lo justifican en la incertidumbre sobre lo que viene. “Si es tan fácil el PxQ [precio y cantidad en la jerga económica], ¿por qué no bajan ellos los impuestos y, seguramente, van a recaudar más?”, contestaron con ironía ante este diario.
El ministro usó los mismos argumentos que la semana pasada. Volvió a prometer que no habría una nueva devaluación y agregó que, por lo tanto, ninguna compañía tendría la necesidad de cubrirse. Más que un pronóstico, era un pedido de colaboración a todas. ¿Otra vez la apuesta a la buena voluntad? ¿Al corazón, y no al bolsillo? ¿Volvieron Pugliese, Moreno, Paula Español, Feletti, Massa? ¿No debería un gobierno que redujo casi a cero la emisión monetaria confiar en que, tarde o temprano, como indica la teoría económica a la que adhiere el Presidente, la inflación quedará estructuralmente pulverizada?
No parece todo tan sencillo. Porque el desvelo del ministro de Economía no es solo el fondo de la cuestión, que puede resultar factible, sino el timing. El qué, desde luego, pero también el cuándo. Él necesita que marzo, un mes estacionalmente más propenso a los aumentos que febrero, vuelva a mostrar un IPC descendente, con todo lo que un resultado contrario implicaría desde la óptica psicológica para una sociedad angustiada por tanto ajuste. Como el alpinista que, al llegar al cabo de un gran esfuerzo a la cima, descubre que del otro lado no lo espera todavía una ladera descendente o un valle, sino otro cordón montañoso.
La licuación a los jubilados
Es una urgencia entendible si se repara en cuestiones periféricas al IPC. Por ejemplo, el contexto y la potencial conflictividad de la Argentina según el área geográfica: en la Capital Federal y el conurbano, por ejemplo, el aumento fue en febrero del 15%, arriba de la cifra nacional. Y en alimentos, del 13,4%. “Por primera vez, desde que el Indec volvió a medirla, una jubilación promedio no alcanza a comprar una canasta básica total”, publicó en Twitter el economista Matías Surt.
La inflación fue más alta en el conurbano y la Capital Federal que en el interior
Por primera vez, la jubilación promedio no cubre la canasta básica total
Según las cadenas, marzo empezó con alzas de hasta el 20% en alimentos
Y marzo tampoco empezó de la mejor manera. Ya en la primera semana las consultoras detectaron un repunte significativo en los precios, principalmente en alimentos: el lunes, durante la reunión con el ministro, las cadenas de supermercados se quejaron de estar recibiendo aumentos de hasta el 20% de parte de los proveedores. Se habló en voz alta de cada caso.
Será un proceso largo de reacomodamiento. Un exministro de Economía recordó esta semana a los inicios del gobierno de Carlos Menem. “Estamos todavía en la etapa de Erman González, no en la de Cavallo”, dijo. Traducido: con dudas aún sobre la solidez política del Gobierno o el futuro parlamentario de las reformas que propone, y considerando además un programa monetario recién en sus inicios, la inflación podrá estar en camino descendente, pero todavía bastante lejos de erradicarse.
Durante el primer año de la década del 90, y hasta que asumió Cavallo, la inflación cayó de manera paulatina, pero se mantuvo siempre en niveles altos, en general de dos dígitos, y tuvo en el transcurso de ese lapso seis retrocesos mensuales. Milei no tiene ni tanto tiempo ni al peronismo detrás.

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jueves, 16 de marzo de 2023

IMPACTO EN EL BOLSILLO


Pesos que se derriten, sueños que se esfuman: la odisea de sobrevivir en un país con una inflación de más de 100%
Cuando el alza generalizada de precios llega a los tres dígitos, las relaciones económicas agudizan sus distorsiones y dificultan la planificación de individuos y empresas; sin tener en cuenta los períodos de convertibilidad e hiperinflación, la Argentina tiene una inflación promedio anual de 43% desde 1945
Francisco Jueguen
Eduardo Q. vivió dos hiperinflaciones, la convertibilidad, y convive hace 15 años con aumentos de precios de dos dígitos. Su escolaridad, sus estudios de Derecho, cada voto depositado en la urna y, ahora a los 50, su vida profesional y su paternidad son una síntesis de la historia argentina de la inflación. Sin reflexionarlo mucho, es la vivencia que le transmite a sus tres hijos. “A lo largo de los años, les explicamos las consecuencias de la inflación, la disminución de capacidad de compra y el deterioro del salario, aunque nunca fue puntualmente un tema de conversación”, cuenta. “¿Ahorran?”, se le preguntó. “Los tres me piden que les cambie al blue”, asegura el abogado. Él les cumple.
No todos tienen esa suerte. Nicolás D. también es abogado y tiene tres hijos. Pero, según cuenta, después de varios años de expansión de los precios sin que los sueldos siguieran esa misma marcha, no hay mucho para ahorrar. Peso que le queda a sus hijos, peso que se gasta. La plata se “derrite” también en las alcancías semivacías de los más chicos.
Comprar y vender con elevada inflación se normalizó en la Argentina, tanto que es parte de la experiencia transferida entre generaciones que siguen teniendo sueños de estabilidad cada vez más lejanos. Pero, a las puertas de un nuevo período de alza de precios de tres dígitos, las relaciones económicas agudizan sus distorsiones, crujen, se tensan y mutan con el objetivo más racional: proteger lo que se generó con el trabajo, algo que hoy puede alcanzar únicamente para sobrevivir.
La hiperinflación de 1989 significó el fin del proyecto político de Raúl Alfonsín

La inflación galopante genera un cambio existencial. Reformula permanentemente el para qué tanto de individuos como de organizaciones. Cambia la naturaleza de vínculos y objetivos generales en grandes y pequeñas empresas, consumidores y trabajadores, profesionales independientes que prestan servicios, e incluso en el propio Estado.
Las consecuencias son enormes y variadas, pero una se destaca: el precio deja de ser una señal para comprar, vender, producir, invertir, e incluso determinar políticas públicas efectivas desde la gestión de un país. “Los precios no dan información y los actores económicos no pueden tomar decisiones óptimas y conscientes”, sentencia Federico Moll, economista jefe de Ecolatina. “La inflación es un virus que afecta nocivamente todo de manera sistemática”, afirma.
El consumidor que se pasea por las góndolas deja realmente de saber si algo es barato o caro. Pero la plata no le alcanza. Entonces cambia sus hábitos: un supermercado por un mayorista; primeras marcas por segundas o terceras; compra de “a puchitos”, si no tiene plata, o stockea mercadería, si la tiene. Convertido en ahorrista o inversor, dependiendo de su astucia, “vuela a la calidad” de una moneda dura (el dólar, en cualquier de sus versiones, incluso en el clásico color ladrillo), acepta el carry trade que proponen los gobiernos, o simplemente consume para sacarse los pesos que queman en su bolsillo. Los más sofisticados, los menos, son los únicos que finalmente le ganan a la inflación.
El productor o empresario sufre la misma confusión. No tiene precio de sus proveedores y no sabe dónde fijar el suyo. Por las dudas, muchos se cubren. Funciona así hasta que las ventas se frenan. Dentro de esa organización, todo es a corto plazo para no descapitalizarse, con suerte, o para sobrevivir sin ella. Se dejan de lado la productividad, la competitividad, la asignación óptima de recursos y la inversión, el motor del crecimiento. Las grandes compañías y multinacionales se sientan hoy en una montaña de “papelitos de colores” a los que llaman pesos y, por el cepo y las trabas a las importaciones, apuntan a activos dolarizables a futuro para no perder valor. Explicar que los costos –por ejemplo, los salariales– se duplican cada 12 meses a las casas matrices de empresas multinacionales es como traducir un jeroglífico. Para sobrevivir a este fenómeno, más el cambio de reglas recurrente en el país, casi todas optan por un ejecutivo argentino. Sin dudas, luego de años de trajinar los precios, no sólo son los mejores traductores posible, sino soldados ya curtidos.
Con alta inflación, lo transaccional le gana a la planificación de largo plazo. Hay que mantener viva a la actividad. Cuidar la caja, su flujo. Cuando los precios crujen como hoy, en la pyme desaparece no solo el crédito bancario sino también el comercial, sobre todo entre pares. Esto resquebraja las relaciones con clientes y proveedores; todo pasa a ser contado, anticipado y contra entrega. La firma, que necesita cash para cerrar operaciones, empieza a volcarse a la informalidad, que se dispara, como la presión para cobrar. Ese circuito se acelera al punto de afectar la salud de cualquier pequeño empresario argentino, ya golpeada por otra comorbilidad de base: la creciente voracidad fiscal.
Durante los primeros meses del gobierno de Carlos Menem la inflación se mantuvo en niveles muy altos
La velocidad al 100% de inflación es otra cosa. Se trata de un nuevo escalón. En los últimos meses, la economía se indexa, ya no anualmente, sino cada mes (si fuera semanal o diaria, se estaría hablando de hiperinflación), crece la frecuencia de remarcaciones de listas de precios, las paritarias pactan aumentos cuatrimestrales, comenzaron a aparecer etiquetas de ropa, servicios o alquileres en dólares y la pregunta principal de las empresas a los consultores privados no es si la inflación va a bajar, sino “¿Cuándo se acelera todo?”. La resignación y el pesimismo se esparcen.
Quizás lo más cínico de la alta inflación es la relación entre el trabajador y el gobernante. Es posible encontrar aún líderes políticos que mencionen la inclusión social y la protección de los más vulnerables en su relato en un régimen de alta inflación. En los últimos cinco años, según el Indec, los ingresos promedio de los ocupados cayeron 25%, corroídos por la suba de precios. Los estratos más bajos se derrumbaron 28,8%; mientras que los más elevados, 21,7%. Todos pierden, pero nadie más que los pobres. Sin mencionar que el Estado, pese a la realidad-ficción de los discursos políticos, usa la inflación para licuar los derechos que supuestamente amplia: ingresos, jubilaciones, pensiones y planes. Tal situación, complementada por un mercado laboral cada vez más precario y una economía estancada hace años, profundizó la pobreza estructural, aquella entre los niños e hizo nacer la figura del trabajador pobre.
La vuelta de la inflación
Una novedad asaltó el mundo en 2022. Tras 40 años, la inflación volvió a la presencialidad. Por la emisión desmedida de muchos países durante la pandemia, los problemas logísticos y de oferta de producción generados particularmente en medio oriente o por la crisis energética y alimentaria de la guerra en el este europeo, la suba de precios retornó luego de una erradicación absoluta en las últimas décadas. Si bien ese contexto existe, no es la base de la inflación argentina.
“Aunque detrás de la explosión de los precios hay siempre inconsistencia fiscal, lo que explica los fenómenos de aceleración inflacionaria - devaluatoria no es un cambio sustancial en el déficit fiscal, sino una combinación de factores, como el cortoplacismo en la operatoria financiera, el déficit cuasifiscal, la huida del dinero y el vacío de poder a nivel político”, explica Jorge Vasconcelos, economista jefe de Ieral, que encuentra en la persistencia prolongada de la brecha cambiaria al 100% -con un duro cepo mediante- una peculiaridad de la actual crisis inflacionaria que vive la Argentina.
No hay en la historia un momento calcado al actual, según los economistas, pese que a varios los hace viajar a mediados de los 70 u 80. Sin embargo, las condiciones políticas, sociales y económicas no son nunca del todo homologables. Lo cierto es que actualmente la Argentina tiene la mayor inflación interanual desde 1991, con una diferencia cualitativa frente a ese entonces: en aquel tiempo era un proceso de desaceleración, a diferencia de lo que ocurre hoy.
En 1991, con el lanzamiento del plan de Convertibilidad, se logró contener la inflación
La relación de la Argentina con la inflación data de mucho tiempo atrás. “Si uno saca los períodos de convertibilidad e hiperinflación, la Argentina tiene una inflación promedio anual de 43% históricamente desde 1945. Así que estamos en un período de alta inflación para lo que es la Argentina”, afirma Guido Lorenzo, director de la consultora LCG. “De 1944 a la fecha, hubo 186 meses de 949 con inflación interanual de tres dígitos. Menos del 20% con inflación interanual de tres dígitos”, completa Lorenzo Sigaut Gravina, de Equilibra.
En el mundo, el país está en el top five de países con mayor inflación. Aparece cuarto detrás de Venezuela, Zimbabue y el Líbano. En la región, es el peor alumno detrás de la nación que dirige Nicolás Maduro, pese a que lentamente, y por una dolarización forzosa, un ajuste y la vuelta al mundo energético, los precios en el país caribeño desaceleran.
El cambio en los hábitos del consumo por el avance de la inflación está muy estudiado por los analistas y por los propios argentinos. “Miro ofertas; cambié algunas marcas; compraba en un supermercado y ahora lo hago en otro; compro carne en la carnicería, que es más barato y compro menos cantidad”, cuenta Nicolás D. sobre el impacto de la inflación en su bolsillo. La adaptación es permanente. Desde la compra masiva en los mayoristas a comienzos de mes, hasta la compra de a puchos y en menores cantidades. También el stockeo de mercadería en tiempos de elevada volatilidad.
Según la consultora Scentia, en 2021 y 2022, si bien las grandes marcas mantuvieron una situación relativamente estable en las ventas, las segundas y terceras marcas consolidaron sus productos. “Pindonga y cuchuflito” sobreviven.
Guillermo Oliveto cuenta que el movimiento estructural más importante que se dio en el consumo en los últimos años es la violenta caída del consumo de largo plazo y el “mini boom” 2022 de consumo de corto plazo.
“Esto se produjo por una combinación de factores. El primero es la caída del poder adquisitivo en dólares blue. El salario promedio al tipo de cambio paralelo en 2017 era US$1700; en 2022, de US$520. Por otro lado, la gente necesita sanar del dolor de la pandemia, y en la salida, usó el consumo de corto plazo como un gran paliativo. Bajo el mantra de ‘ahora quiero vivir’ se volcaron masivamente a recitales, restaurantes, bares, escapadas turísticas en el país, vacaciones de verano, teatros, y la cancha, entre otros. La concientización masiva de la finitud humana, combinada con una inflación del 100%, inédita para todos aquellos que tengan menos de 40 años [en 1991 o no habían nacido o tenían menos de diez años] incrementó fuertemente la propensión a consumir. El ahorro quedó para otro momento, porque no se podía ahorrar o porque no se quería ahorrar”, explica el especialista en consumo de la Consultora W.
“Este movimiento estructural que combina un patrón de conducta global con otro local que lo potenció, generó otro cambio estructural como consecuencia: hoy tenemos un consumo sin proyecto ni ilusión, porque es un consumo de corto plazo, pero falta el de largo plazo que para muchos luce imposible, como la vivienda, auto o viaje al exterior. Este consumo no mejora el humor social”, completa el especialista.
Las grandes empresas sufren la inflación. “Muchas empresas trabajan a full. Pero no están contentos. Cobran en una moneda que no existe y pagan sueldos en una moneda que no existe a trabajadores que no llegan a fin de mes”, confiesa el director de una importante firma exportadora del agro. “Vendés algo y hay que darse vuelta rápido para comprar suministros, pero no hay. Tampoco acceso al dólar. No existe cobertura. Entonces, las empresas compran un campo, construyen un depósito o se adquieren acciones de lo que sea con tal de tener algún vínculo con moneda dura a futuro. Son todas acciones de coyuntura para no descapitalizarse”, explica el hombre de negocios.
“Si vos podés trasladar los costos a precios, no hay tanto problema”, cuenta otro directivo de una multinacional automotriz sin Precios Justos. Pese a que no hay oferta, la gente sigue buscando autos, aunque aumentaron un 83,4% con una inflación del 94,8% el año pasado. Es el precio de lista. En concesionarios, los precios finales terminaron siendo mayores porque por la falta de dólares hay menos importaciones. Con suerte, un auto se entrega a 90 días. Al cierre del año pasado, se requerían unos 25 salarios promedio brutos para comprar un auto de gama media, según Abeceb.
Durante el gobierno de Fernando de la Rúa hubo una crisis económica que incluyó saqueos y significó el final de la Convertibilidad
Para el directivo argentino de la firma multinacional, sin embargo, lo más preocupante son el cepo y las restricciones en medio de la aceleración inflacionaria y las crecientes expectativas de devaluación. “Te quedás con una pelota de pesos sin poder sacar la plata ni stockearte en insumos. El Gobierno les pide a las casas matrices que te financien la operación con sus dólares. Así sumás deuda en dólares afuera y aumentás tu exposición”, aclara el directivo.
Ignacio C. trabaja dentro de una empresa de consumo masivo monitoreando datos de precios y aconsejando estrategias al departamento comercial. “Al 100%, 80% o 60% lo que va pasando es que aumenta la frecuencia de aumentos de precios y te la pasás mirando los márgenes. Relevamos precios semanalmente y, a veces, diariamente”, dice. “Hay una situación compleja en general. Inflación, altos costos financieros, costos logísiticos, comisiones, y los impuestos. El margen neto termina siendo de 10%. Es un escenario en el que es muy difícil competir”, explica. A la inflación (variación de precios) se suma otro gran problema de la economía: el costo argentino (nivel de precios).
Sin espalda, las pymes sufren aún más. “Revisamos decisiones permanentemente. Nada dura”, dice Alejandro B., dueño de una empresa de alimentos. “No existe el sistema financiero y tenemos que seguir facturando sin parar para bancar los gastos de la estructura. Afinamos los precios y los stocks, intentando anticipar compras, y trabajando sin ningún colchón financiero. Existe una presión extra para que los plazos sean muy cortos. No se puede vender en cadenas que pagan a largo. Todo esto pasa en medio de una presión fiscal como nunca antes”, describe.
El 2 de enero de 2002 Eduardo Duhalde fue electo presidente por la Asamblea Legislativa y comenzó la devaluación del peso
“El primer desorden que genera una inflación de 100% es que desaparece el crédito comercial. Se rompen relaciones comerciales, porque ahora querés que un cliente te pague ya y el tipo no la tiene. Con alta inflación, si lo esperás 15 días es una pérdida de 3% con márgenes de utilidad de 10%. Significa que con eso pagabas Ganancias. Todo se termina haciendo rápido y lesiona relaciones que se establecen a largo plazo”, explica Gustavo Lazzari, empresario del mundo de los chacinados. Todo ese cambio de velocidad, la falta de crédito y el alargamiento de los plazos de pago genera más informalidad: las pymes buscan ese “cash negro” para hacer un colchón financiero que les permita operar.
“La inflación rompe el sistema de precios”, dice Lazzari. “Pero inflación, más cepo, más restricciones a las importaciones directamente los hace desaparecer. No es raro que un mismo producto tenga tres precios en diferentes proveedores tres veces por semana. Hoy ya no importa más el precio sino conseguir el producto”, afirma.
Qué pasa en los sectores
No sólo el mundo productivo es afectado por los precios. Cuando la inflación es elevada, el mundo financiero estalla. “No existen los fundamentals”, dice el asesor financiero Tomás W sobre el mundo productivo. “De lo único que me ocupo es de asesorar a mis clientes en temas transaccionales. Hay tantos desarbitrajes por los cepos que hecha la ley, hecha la trampa. La idea es ganar con los desarbitrajes sin mirar el flujo futuro de una acción”, comenta. Su colega Agustín B. coincide y dice que la inflación desvirtúa completamente el análisis de los balances de las empresas argentinas y el mercado de opciones. “Los balances ya no se pueden analizar. Con una inflación tan alta uno se concentra en las ventas, pero aun así el análisis exige estar haciendo cálculos de ajustes para ver si realmente hubo una mejoría respecto al trimestre anterior, como mucho. Eso trae incertidumbre y afecta directamente la toma de decisiones de inversión, al mismo tiempo que nos vemos obligados a invertir para escapar del problema”, dice.
2019, el último año de Macri en el gobierno, registró una inflación del 53,8%
“Si sos conservador, la lechuga [el dólar]. Si tomás riesgo y es a largo plazo, un portfolio de equity, en Oil&Gas, utilities y algo de bancos. Si es gestionar el corto plazo: ir jugando haciendo tasa”, suele recomendar un banquero ante las consultas de personas. “En el caso de empresas, me preguntan cómo cubrir la caja. Y mi respuesta es que cubrir es difícil si no tomás riesgo. Lo que podés hacer es minimizar impacto con un FCI (fondo común de inversión) o armar algún portfolio de bonos indexados CER (inflación) o DLK (dólar)”, explica. Hace tres meses que se intensifican estas consultas vinculadas a evitar la descapitalización de los ahorros de una persona o empresa frente al avance de los precios. Los préstamos al sector privado para inversiones están en mínimos. Todos piensan en zafar no en crecer.
El planeta de la asesoría legal y tributaria está repleto de ejemplos del impacto que genera la inflación. Por el aumento de la presión impositiva a personas y empresas debido a la falta de actualización de gravámenes (y balances) en el tiempo, los asesores se han vuelto expertos en atajos. Un ejemplo. Un truco de los últimos tiempos fue la recomendación a empresas de pagar en dólares –pasa en las tecnológicas- no tanto para retener talento como para reducir la carga impositiva que se contabiliza a dólar oficial. Es una manera de aplacar distorsiones -usando la brecha cambiaria a favor- que otros impuestos generan al subir la carga impositiva por el incesante aumento de los precios.
Hace un año Alberto Fernández dijo que comenzaba “la guerra contra la inflación”
El ajuste es también para el real state y la construcción. Para un inquilino, sostener un alquiler es una misión imposible. Reporte Inmobiliario estimó en febrero un alza interanual promedio –en base a las ofertas- de 76,6% en el valor de un departamento dos ambientes en capital. El propietario pierde también renta al actualizar el valor, con la actual tasa inflación, sólo una vez por año. “Con respecto a la construcción, genera una enorme incertidumbre, ya que los costos cambian todos los días y de hecho corren por encima de las fuertes devaluaciones que tuvimos últimamente. Ya ni a los tenedores de dólar billete [blue] se benefician”, dice Germán Gómez Picasso, de Reporte Inmobiliario, y cierra: “Además, tenemos a los compradores de desarrollos al costo, que tienen que afrontar incrementos constantes en sus cuotas, ya que se actualizan por índices de la construcción, que en muchos casos van hasta por encima de la inflación”. El crédito hipotecario, el único acceso inclusivo a la vivienda, no existe con esta inflación.
El impacto de la suba de precios afecta a todas las relaciones económicas. Pero, también a las de la política. La vicepresidenta Cristina Kirchner cuestiona públicamente al presidente Alberto Fernández por el brutal cercenamiento que la inflación tiene en los ingresos de la población y, por derivación, en su cosecha de votos. Curiosamente, Cristina Kirchner –el kirchnerismo– empuja muchas de las políticas que los economistas profesionales definen como centrales a la hora de explicar la aceleración de la inflación en la Argentina. La principal: distorsionar –pisar– precios relativos (dólar y tarifas). Detrás de eso, un gasto extra de un Estado quebrado, desfinanciado y siempre acechado por el default y la desconfianza.
Hace sólo un año, Alberto Fernández declaraba una “guerra contra la inflación”. Anunció entonces solamente la creación de un fideicomiso para contener el precio del pan. De marzo de 2022 a enero, ese valor subió 64%. En febrero de ese año, la inflación interanual corría al 52,3% interanual. Hoy cruza el 100%. Son crónicas del fracaso de la política para enfrentar un problema que afecta hasta a las relaciones más elementales, las que unen a padres e hijos.

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miércoles, 15 de febrero de 2023

IMPACTO EN EL BOLSILLO


El Gobierno admitió que la inflación de enero se aceleró y anunciará más medidas
PRECIOS. Hoy se conocerá el dato oficial, que estaría cerca del 6%; otro acuerdo para la carne
Francisco Jueguen
El Gobierno admitió que la inflación de enero reflejará hoy –cuando se conozca el dato del Indec, a las 16– una aceleración. Según analistas privados, rondaría el 6%. El ministro de Economía, Sergio Massa, anunció ayer un acuerdo por el precio de la carne (congela el valor de siete cortes y habilita descuentos en las carnicerías) y adelantó que habrá más medidas. Una sería un préstamo en dólares de un grupo de bancos (repo) que serviría para apuntalar las reservas.
Economistas consultados estimaron que la inflación de enero estuvo impactada por los aumentos en los precios de la carne, la escasez de dólares –que debilitó el cumplimiento de los acuerdos de precios–, las subas de las cotizaciones de la divisa desde mediados de mes y aumentos en los precios regulados, como las tarifas.
“Sí, lamentablemente vemos que la cifra [de enero] está por arriba de la del mes anterior, eso nos preocupa”, afirmó el secretario de Industria, José Ignacio de Mendiguren.
La preocupación crece en el Gobierno. En un año crucial de elecciones presidenciales, la inflación –el principal drama de los argentinos, según las encuestas– no cede. El ministro de Economía, Sergio Massa, uno de los posibles candidatos del oficialismo, no logra aún establecer una trayectoria a la baja clara para los precios –de hecho, se aceleraron en enero– que genere expectativas entre los agentes económicos de que una ralentización es posible en el mediano plazo.
La Casa Rosada y el equipo económico ya admiten que el número que el Indec dará a conocer hoy, a las 16, será mayor que el 5,1% de diciembre y que la inflación interanual puede seguir cerca de las tres cifras. Economistas creen que el número de enero rondará el 6%.
“Sí, lamentablemente vemos que la cifra [la inflación de enero] está por arriba de la del mes anterior, eso nos preocupa”, afirmó el secretario de Industria, José Ignacio de Mendiguren, en una entrevista radial. El asesor presidencial Antonio Aracre, en un diálogo con la nacion, recalcó que enero y febrero jugaron “una mala pasada” por el impacto de la sequía en el precio de la carne, y dijo que marzo será un mes difícil por el inicio de clases. “En el segundo trimestre del año, tenemos toda la posibilidad de alcanzar ese 4% mensual”, agregó.
El ministro de Economía había prometido semanas atrás que el IPC comenzaría con un tres en abril. Justamente, Massa cuestionó ayer en un anuncio sobre la carne el “mal uso” [politizado] de esa frase y criticó a quienes afirman que “el rebote es un problema”. El ministro dijo que, más allá de la bronca, sigue siendo un desafío bajar la inflación y prometió que en las próximas horas el Gobierno tomaría más medidas para “estabilizar” la macro y la microeconomía con el objetivo de apuntalar el orden fiscal, la acumulación de reservas internacionales y la “defensa del valor de la deuda”.
Según contaron a la nacion, el Palacio de Hacienda anunciaría un repo (mecanismo por el que se emiten bonos y se dan en garantía a un préstamo). Fuentes oficiales contaron que sería con una tasa de un dígito y que iría a las cuentas del Tesoro. “Es más de lo que dicen”, precisaron sobre el monto, sin ofrecer, no obstante, una cifra final. Agregaron además que el prestamista será un banco.
El dato de enero
De Mendiguren culpó de la aceleración de la inflación de enero a cuestiones estacionales. Habló particularmente del turismo, que hace –denunció– que los comerciantes “se abusen de los precios”.
Lo cierto es que habría otras cuestiones más estructurales que empujaron los incrementos en las góndolas el mes pasado. Un duro informe de la consultora Eco Go estableció cuatro factores que impulsaron la aceleración. Según la consultora que conduce Marina Dal Poggetto, un primer punto fue que los acuerdos de precios que funcionaron en el fin de año empezaron a “resquebrajarse” a pesar de que Massa acaba de relanzar una segunda versión con un nuevo sendero de aumentos de 3,2% mensual y una nueva canasta congelada.
La directora de Eco Go afirmó que la escasez de dólares produjo que las SIRA (los permisos de importación, que funcionaron como quid pro quo con las empresas que firmaron los acuerdos de precios) no se entregaban de manera “fluida”. Esto complicó el cumplimiento de los acuerdos de precios por parte de los formadores. La situación de las reservas es, de hecho, una luz de alerta importante en 2023, ya que la sequía promete desinflar lo que fue la liquidación de dólares récord del año pasado.
En segundo lugar, se registró una disparada en el precio mayorista de la carne de entre el 20% y 30% desde mediados de enero. Este ya se filtra a la inflación. “Vale recordar que todo el rubro carne pesa casi 9% en el índice, mientras que el índice carne vacuna pesa 6,5%. Es decir, por cada 10% de aumento en mostrador, el impacto en el índice alcanzaría a 0,65 puntos”, estimaron los analistas de Eco Go. Justamente ayer Massa presentó un acuerdo de precios y otras medidas para la carne (ver aparte).
En tercer lugar, Dal Poggetto indicó que en el primer mes del año se dieron aumentos en precios regulados acordados con el Fondo Monetario Internacional (FMI). “Aun con ponderaciones bajas en el índice, inciden”, estimaron. Los precios regulados habrían mostrado un alza de casi 8%. Subieron las facturas de luz, gas, agua, colectivos, prepagas y combustibles.
Por último, las cotizaciones de los dólares –el termómetro de la economía argentina– comenzaron a mostrar volatilidades a mediados de enero. Por diferentes razones, subieron el blue, el CCL y el MEP.
Para Eco Go, según su relevamiento, la inflación de enero sería de 5,9%, lo que implicaría un anualizado de casi 100%. Se trata de un ritmo inferior al anualizado de 135% de julio tras la intempestiva renuncia de Martín Guzmán y el interinato de 24 días de Silvina Batakis en Economía, pero es superior al 80% de la desaceleración del IPC de noviembre y diciembre.
La semana pasada, el índice de precios de la ciudad de Buenos Aires marcó un 7,3%, según el relevamiento del gobierno porteño. Fue la peor cifra desde julio de 2022.
Para C&T Asesores Económicos, la inflación de enero fue de 6,3%, la misma variación que prevé la Fundación Libertad y Progreso. La consultora Analytica, en tanto, pronosticó un 5,8%. La semana pasada, la Umet afirmó que “la inflación de los trabajadores” subió a 5,5% y la interanual alcanzó el 98% en el primer mes del año.

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domingo, 15 de enero de 2023

IMPACTO EN EL BOLSILLO


La inflación de diciembre de 2022 fue de 5,1% y cerró el año con un aumento de 94,8%
Se trata de la mayor suba de precios anual desde 1991; los alimentos tuvieron un alza de 4,7%; en tanto, la medida núcleo avanzó 5,3% en el mes
Francisco Jueguen
Sergio Massa junto a Martín Guzmán en el Congreso..Frente de Todos
La Argentina terminó 2022 con una inflación anual de 94,8%, la mayor en 32 años y superó así el umbral fijado en 1991 tras el lanzamiento de la convertibilidad (84%), que buscaba dejar atrás dos hiperinflaciones. El dato anual del gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner eclipsó por más de 40 puntos la suba de precios de 20
Pero frente al avance de precios de 2021 (50,9%), la inflación avanzó incluso más: 44 puntos. Fue un salto similar al que se registró entre 2001 y 2002, sin el freno de la actividad económica registrado aquel año. Hubo dos fuertes motores del avance de los precios durante el año pasado. El primero, con impacto global, fue la invasión de Rusia a Ucrania, que recalentó los precios internacionales de los alimentos y de la energía; el segundo, bien local, fue la crisis cambiaria que se desató tras la salida de Martín Guzmán, y la deriva política y económica en el Frente de Todos que logró cauterizar la llegada de Sergio Massa al Ministerio de Economía.
La Argentina se consolida así como el segundo entre los países con más alta inflación en la región, detrás de Venezuela, que cerró el año pasado con un alza de 305,7%. Pero la variación en el régimen de Nicolás Maduro fue la mitad de la registrada en 2021. El gobierno de Fernández recorrió, en cambio, la senda contraria.
El índice de precios (IPC) nacional de diciembre subió 5,1% y estuvo por debajo de lo esperado por el mercado, que proyectaba 5,7% en promedio para el último mes del año. No obstante, se aceleró unas décimas frente al 4,9% de noviembre y desmintió el anticipo que había esbozado Massa el domingo pasado, cuando le dijo al diario Perfil que el número de diciembre empezaría con un 4. La leve desaceleración de los últimos meses -con relación a julio- permitió un triunfo simbólico, pero pírrico, dada la magnitud del desborde de precios: el dato anual no llegó al 100% (los tres dígitos hubieran requerido un alza de 8%).
El mayor incremento mensual fue para el rubro de Restaurantes y hoteles, que marcó 7,2%. Le siguieron: Bebidas alcohólicas y tabaco (7,1%), Equipamiento y mantenimiento del hogar (5,9%) y Transporte (5,8%). Los Alimentos y bebidas subieron 4,7%. La inflación núcleo -sin valores estacionales ni regulados- avanzó 5,3%. Este último es un dato que preocupa a los analistas privados, ya que subió medio punto con relación al mes pasado.
Para 2023, el Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) que compila todos los meses el Banco Central pronosticó un 98,4%, una variación mayor a la de este año, pero algunos puntos por debajo de lo que indicaban previsiones anteriores. Sin embargo, la mirada del mercado es desoladora a largo plazo: según el último REM, el país recién tendría una inflación parecida a la de la “tierra arrasada” descripta por el kirchnerismo en 2019 a fines de 2025 (ven entonces un 51,1%).
El presupuesto 2023 elaborado por el equipo del ministro de Economía estableció, en cambio, una inflación de 60% para este año. La brecha con los privados es de casi 40 puntos.
La inflación es, en todas las encuestas de opinión, la principal preocupación de los argentinos. Es un dato que tienen en cuenta oficialismo y oposición camino a las elecciones presidenciales de octubre.
Góndolas con carteles de Precios Justos
Dudas de los economistas
Los economistas privados creen que, ante la persistencia de las subas y sobre todo la de la medida núcleo-, sigue siendo un desafío la desaceleración en tiempos de una gran distorsión de precios relativos. Es por eso, señalan, que habrá que confirmarla en un año electoral con probables actualizaciones de ingresos, aumentos tarifarios previstos y una dificultad para atrasar el tipo de cambio por la necesidad de acumular reservas. Esto, en un contexto en el que se mantienen las dudas vinculadas al estrés que puede seguir sufriendo el financiamiento del déficit fiscal mediante deuda en pesos.
Pese a que el nivel general de inflación no alcanzó los tres dígitos, varios capítulos sí vieron duplicados sus valores en doce meses. Es el caso, por ejemplo, de los precios de la indumentaria y el calzado (120,8%) y de los restaurantes y hoteles (108,8%). Los alimentos (95%) estuvieron por encima del promedio, mientras que las tarifas de los servicios públicos (80,4%) se mantuvieron atrasadas.
“Podrá tomarse como exitoso el hecho de reducir la inflación desde registros del 7% en julio a agosto a niveles del 5% hacia fin de año, lo que implica un 80% en términos anualizados, pero entendemos que esta dinámica de desaceleración todavía habrá que confirmarla”, afirmó Melisa Sala, de la consultora LCG. “La baja de la nominalidad no depende únicamente de un programa de control de precios, que habrá que corregir en dos meses, y todavía hay muchas amenazas en el frente para asegurar que se inició un sendero de desaceleración de la inflación”, agregó.
“En 2023, la incidencia del ajuste de tarifas será mayor que en 2022; el manejo de la deuda en pesos y las necesidades de financiamiento del déficit fiscal pueden acarrear momentos de estrés que se reflejen en una mayor brecha cambiaria, y hasta la dinámica de atraso cambiario de este año podría tener que moderarse en la medida que el BCRA siga sin poder acumular divisas de manera genuina en el mercado de cambios”, dijo la economista, y completó: “A su vez, habrá que ver la posibilidad que tiene el Gobierno de condicionar paritarias que contemplen expectativas de una inflación en descenso. Todos estos factores hacen pensar que el piso de inflación para 2023 estará bien cerca de los niveles de cierre del año pasado”.
“En 1991, se había entrado en una política de shock y de cambios en la coordinación macroeconómica para reducir la inflación. En la actualidad, estamos en un proceso que lleva 20 años y que se fue dando de forma lenta, pero continua, y que implica una adaptación de los agentes que hace muy difícil reducir la inflación rápido”, estimó Federico Moll, director de Ecolatina. “Volvemos a 2016, a la disyuntiva de gradualismo o shock, pero con cuatro veces más inflación. En este año nada cambiará demasiado. Pero seguramente se comenzarán a plantear los graves problemas que habrá que enfrentar en 2024 para desarmar este contexto”, concluyó.

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