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sábado, 27 de enero de 2018

EN 2 EL ESPACIO MENTE ABIERTA"; JOSÉ LUIS MACHINEA


José Luis Machinea suele tener una visión equilibrada de la economía. En esta entrevista  afirmó que el rumbo económico del Gobierno es el adecuado, pero que es necesario reducir el déficit de la cuenta corriente y la apreciación cambiaria. El economista de 71 años, que dirigió el Banco Central en el gobierno de Alfonsín y el Ministerio de Economía en el de De la Rúa, afirmó que con el actual nivel de inversión la economía no podrá crecer el 3 o 4% por año, como se pretende. Por otro lado, dijo que el Gobierno fue ingenuo en creer que podría bajar la inflación rápidamente, elogió el cambio en las metas y afirmó que sería "razonable" que las paritarias se negociaran con un aumento del 17% este año.
Entre su trabajo como docente universitario, consultor privado y referente económico del radicalismo, Machinea aprovecha su tiempo libre para jugar con sus nietos y para la lectura; sus últimos libros preferidos fueron Patria, de Fernando Aramburu; HHhH, de Laurent Binet, y Armas, gérmenes y acero, de Jared Diamond.

-¿Hay un modelo económico claro?
-Lo que existe es un rumbo más que un modelo. Y hay una secuencia y una velocidad. El rumbo en este caso significa una mayor inserción en el mundo, mayor apertura en la economía y un ajuste de precios relativo. El rumbo parece el adecuado; la secuencia también, aunque algunas tarifas, como las del gas, no hacía falta que aumentaran tanto ni transferirles directamente el aumento a las empresas. En cuanto a la apertura, sería mejor abrir primero la economía y después la cuenta capital, pero es difícil abrir la economía por el nivel de competitividad y, por otro lado, regular la cuenta capital es complejo, porque el Gobierno necesita mucho financiamiento. Respecto de la secuencia, estoy de acuerdo con el gradualismo porque no hay otra opción. Es cierto que el gradualismo tiene riesgos, pero son mayores los costos del shock. Eso se vio claramente en el cambio de la fórmula de movilidad jubilatoria.

-¿Se siente cómodo el radicalismo con este rumbo económico?
-En términos generales sí, aunque seguramente hay cosas que se harían diferente; creo que la UCR insistió mucho con el bono en la reforma de la fórmula de ajuste de las jubilaciones. Además debería tener una mayor participación en las decisiones, pero para eso se necesita que sea capaz de generar más propuestas en distintos frentes, y eso requiere cuadros jóvenes formados que ayuden en ese proceso. Por otro lado debería ser más relevante en la agenda de reparación institucional, un área en la que no parecería haber avances importantes.

-¿Cómo observa el nivel de inversión?
-Está en un promedio del 18% del PBI y con eso no se puede crecer al 3 o 4% por año. Los países de la región que crecieron bien tienen el 24% del PBI. Lo tranquilizador viene del lado de la política: la posible continuidad de Macri genera tranquilidad. Pero, además, se viene un peronismo con una visión más moderna de la sociedad, que va a ser competitivo. Eso me hace ser más optimista porque puede convencer a los inversores de que el país va a mantener, con matices, determinadas políticas básicas. Y además nos ahorramos discusiones inútiles. Esa idea de que Cristina Kirchner viva políticamente para siempre no le hace bien al país.

-¿Qué opina sobre el aumento de la tarifa del transporte?
-El aumento es necesario, pero es muy importante también que el Gobierno mantenga la tarifa social; no me queda claro que sea el 25 o 30% como dice el Gobierno. Debería ser un criterio de selección transparente. Es relevante para reducir la pobreza. A la vez, el sistema multimodal me parece muy buena iniciativa y tiene efectos redistributivos importantes.

-Usted fue presidente del Banco Central y ministro de Economía. ¿Son naturales los choques entre ambas figuras?
-Hay diferencias. Creo que la manera de presentar el cambio de las metas de inflación no fue la mejor, aunque estoy de acuerdo con haberlas cambiado. Creo que se ha exagerado el impacto negativo sobre la reputación del Central, aunque el papel secundario de Federico Sturzenegger en esa conferencia de prensa fue un error; él debería haber anunciado las nuevas metas y no el ministro de Hacienda. Entre otros motivos, había que cambiar las metas para discutir las paritarias con los gremios en base a una fórmula realista; sonaba ridícula la oferta del 9% del Gobierno a los bancarios. Ahora, con una meta del 15% se puede sentar a discutir mejor. Por otro lado, no me parece que la política monetaria pueda ser expansiva, porque creo que la meta sigue siendo ambiciosa e implica una posición del Banco Central con tasas no tan bajas como esperan muchos.


-¿Cree que seguirá la reducción de las tasas?
-En forma gradual. Las últimas dos semanas son una prueba de ello, y es probable que el gradualismo continúe, quizás algo más lentamente.

-¿O sea que el Gobierno no tiró la toalla con la inflación?
-No, pero la inflación será del 18 o 19% anual, más alto que lo que se pensaba hace 2 meses. Esta nueva meta fuerza menos la apreciación cambiaria.

-¿Pero la apreciación cambiaria no es consecuencia de una mayor confianza?; ¿no es lógica y positiva en un proceso de ingreso de capitales y apertura de la economía, como plantean algunos economistas?
-Positiva no la veo; de hecho el FMI aconsejó hace siete años colocar restricciones a la entrada de capital de corto plazo para ayudar al manejo del tipo de cambio y a la política monetaria. Entiendo la tendencia a la apreciación, pero si esta resulta excesiva se puede revertir en forma brusca. El Banco Central debe tener también un objetivo en el tipo de cambio, porque en un país como este es una política relevante. En este sentido son importantes las intervenciones en el mercado cambiario y las limitaciones a la entrada de capital.

-Una medida similar a lo que se hizo con los encajes en 2004-2005, cuando el tipo de cambio se apreciaba...
-Sí, totalmente. El problema es que el Gobierno no quiere perder el financiamiento que necesita.

-¿Le preocupa el nivel del déficit de cuenta corriente?
-Es el principal problema de la economía y está relacionado con el déficit fiscal, aunque esta no es la única causa. Hay experiencias de países con equilibrio fiscal y déficit de cuenta corriente en la región. El déficit de cuenta corriente será del 4,7% del PBI, las exportaciones no crecieron y las importaciones crecieron el 20%, aunque es verdad que hay muchos bienes de capital que ingresaron. Pero si el año próximo el déficit supera el 5% estamos cerca de una zona de turbulencia.

-¿Hay otra vía para acelerar la baja del déficit fiscal, más allá de bajar los subsidios a las tarifas de los servicios públicos?
-Es difícil, no veo otra manera. Sí creo que el gradualismo requiere mucha paciencia, con dos a cuatro años de disciplina fiscal; no es cuestión de ahorrar algo este año y listo. Espero que el Gobierno tenga esa paciencia.

-¿También hay que tener paciencia con la inversión? ¿El Gobierno fue ingenuo al esperar una lluvia de inversiones?
-Absolutamente. Fue ingenuo en ese sentido y al esperar bajar rápido la inflación; ingenuo y equivocado, aunque ahora hay una mirada más razonable. Las inversiones están llegando, gradualmente y posiblemente sigan así, si se mantiene el rumbo.

-¿Lo convence tener un ministro de Economía con poco poder?
-No me gusta. Creo que un ministro de Economía requiere más capacidad de decisión y de coordinación, que es uno de los principales problemas. Esta cuestión ha mejorado, pero hubiese preferido un economista que coordine a todo el equipo.

-¿Le preocupa el stock de las Lebac como un problema potencialmente explosivo?
-No, salvo que la tasa de interés real sea del 10% o del 15%; si baja, vamos a tener menos riesgo. Si el Gobierno toma más crédito en pesos también habrá menor riesgo, aunque es verdad que, a la vez, puede desplazar al sector privado en materia de crédito. Creo que la deuda es un problema, pero no es grave; sin las Lebac es del 28% del PBI. Y en esta cuestión hay que considerar la tasa de interés real, no la nominal.

-¿Las tasas altas frenaron la inversión productiva?
-No, pero creo que ayudaron a la apreciación cambiaria y sí complicaron las exportaciones y la inversión en esos sectores. No afecta tanto como en economías que tienen el 100% del crédito sobre el PBI.

-¿La tasa es el mejor canal para bajar la inflación?
-La baja de la inflación requiere coordinación de diferentes fuentes, no solo de la política monetaria. En la Argentina tiene un efecto menor que en otros países.

-¿Prevé una negociación paritaria razonable este año?
-El cambio de la meta le da al Gobierno margen para negociar un aumento en torno del 15 al 17%; eso sería razonable. De todos modos, la inflación esperada de enero y febrero no ayuda.



-¿Cómo analiza el contexto internacional?
-Todo hace pensar que las tasas de interés van a subir, especialmente en los Estados Unidos, aunque en forma gradual. Sobre todo hay incertidumbre; nos hemos acostumbrado a que líderes mundiales digan que van a tocar un botón [en referencia a las amenazas nucleares entre Estados Unidos y Corea del Norte]. Creo que los mercados se han convencido de que tienen tan poca credibilidad que no pasa nada: la disociación es increíble.

-¿Hay fundamentos para tanta suba de los mercados?
-La baja tasa de interés ha hecho que los mercados se pongan excesivamente optimistas. Siempre hay alguna oportunidad de inversión en algún lado. Pero eso puede cambiar, de un día para otro. Por otro lado, hay una tensión muy grande en Medio Oriente y tensiones crecientes por el hackeo de Rusia y China a procesos electorales de países occidentales. Es verdad que hasta ahora se esperaba que la economía internacional se cerrara por Trump y eso no ocurrió, pero no hay que descartarlo.

-¿Cuál es la mejor forma de integrarse en el mundo?
-La mejor manera sería a través del sistema multilateral, pero no funciona. Así que lo mejor es a través de los acuerdos. El mundo está lleno de acuerdos comerciales y la Argentina no tiene casi ninguno; competir así cada vez es más difícil en el sector industrial. Hay que avanzar con el Pacífico y con Europa. Quedarse afuera dejará al país afuera del comercio mundial.

M. K.

sábado, 18 de marzo de 2017

ECONOMÍA...OPINAN REMES LENICOV, JOSÉ LUIS MACHINEA Y ROQUE FERNANDEZ


Jorge Remes Lenicov
Ministro en 2002
Edad: 68 años
Actividad: docente y consultor; da charlas en locales del peronismo
Qué lee hoy: Sapiens (Harari) y 1493 (Mann)


Jorge Remes Lenicov, que estuvo al frente de Economía en la gestión presidencial de Eduardo Duhalde, cree que entre los principales errores de la política económica del gobierno de Mauricio Macri están "la no descripción cruda de la herencia, pero no sólo de las cuestiones macro, sino de las más estructurales como la destrucción del Estado, el deterioro de la infraestructura y la obsolescencia del parque industrial. Además no haber descripto el programa integral, con objetivos, metas e instrumentos".
En términos más generales, el ex funcionario cree que el Gobierno debería haber planteado "una utopía, un gran sueño y un deseo para la Argentina". El economista justicialista sostuvo que la estrategia de gradualismo elegida desde diciembre de 2015 "tiene sus inconvenientes porque exige una negociación permanente, pero no tenían alternativa dado que son minoría en el Congreso y la sociedad consideraba que la situación no era tan mala como para un shock. Convengamos que en nuestra Argentina no es fácil gobernar en minoría".
De inmediato consideró que "con gradualismo y en minoría es crucial hablar permanentemente con los dirigentes: legisladores, gobernadores, intendentes, gremios, cámaras; hay que crear instancias de diálogo permanente".
Por otra parte, afirmó: "Desde el inicio se cometieron errores inexplicables por falta de coordinación, oportunidad y secuencia, comunicación, análisis técnicos... Entiendo que en este contexto no es fácil. Pero se podría ir preparando el terreno para el futuro. Para algunos, la política es el arte de lo posible; para otros, y me incluyo, es el arte de hacer posible mañana lo que no se puede hacer hoy; esto en temas centrales como la reorganización del Estado, un cambio de la política tributaria u otras cuestiones".
Una de estas fallas, destacó, "fue no haber tenido el Ministerio de Economía unificado". Dijo no encontrarle sentido a la estrategia de dividir tareas, "porque el Presidente es el jefe y como tal siempre define a quién pone y saca y también determina los lineamientos de la política".
Remes dijo entender que el Gobierno fue ingenuo al creer que las inversiones iban a llegar en forma rápida, porque eso requiere de "previsibilidad". Para este año, estimó que habrá un crecimiento del PBI "chato, de 2 o 3%". Y, con una mirada más amplia, afirma que en estos "33 años de democracia el país ha ido decayendo porque no se planea para el mediano plazo"

José Luis Machinea
Ministro de 1999 a 2001
Edad: 70 años
Actividad: docente y consultor
Qué lee hoy: "De animales a Dioses: Sapiens" (Harari) y Stoner (Williams)

El primer ministro de Economía del gobierno de la Alianza, José Luis Machinea, consideró que "la herencia que recibió Macri es pesada porque nunca hubo tanto atraso cambiario, es casi igual a la convertibilidad, y porque también hay atraso en las tarifas". Según el ex funcionario, con tanto atraso "la tarea del Gobierno consiste en adoptar medidas impopulares y eso limita a cualquier gobierno".
El macrismo, afirmó, "tuvo aciertos, como la salida del cepo y el pago a los holdouts, pero no en lo referido a la suba de las tarifas del gas ni en el subsidio al petróleo en un contexto de baja del tipo de cambio". Machinea dijo que la prioridad debe ser la reactivación económica. "Hay que bajar el déficit fiscal pero en forma gradual, porque si al mismo tiempo hay una exigencia de reducir fuerte la inflación, la consecuencia será financiamiento externo y atraso cambiario", explicó.
Así, consideró que llegar este año a una inflación del 22 o 24%, después del ajuste que hubo en los precios relativos "es muy bueno, así que no hace falta llegar al 17 o 18%" pautado por el Gobierno.
De todos modos afirmó que "este año ayudará el hecho de que habrá menor inflación y posiblemente un leve aumento del salario real". Por lo tanto, "la alternativa es bajar gradualmente la inflación, porque hay que priorizar la reactivación aunque cueste cinco puntos de la inflación".
Este año, estimó, "habrá un crecimiento económico del 3%, muy basado en la obra pública, la suba a los jubilados y la leve suba del salario real. Eso hará que la economía se mueva y aumente la inversión privada".
En este escenario se "abren las puertas para las reformas de fondo: impuestos, coparticipación y la calidad de la educación, pero todo eso va a llevar mucho tiempo". Buenos ejemplos de esos cambios, detalló, "son la transformación de las condiciones para Vaca Muerta y la baja del precio de los aranceles para las computadoras". En cambio, consideró que "hay una demanda de la sociedad para discutir las condiciones de trabajo de los docentes y no sólo sus salarios; lo importante sería discutir en un contexto de reformas referidas a cambios en ciertas reglas que rigen la vida de los docentes, incluyendo su estatuto". Como sus pares, opinó que la división del Ministerio de Economía "fue un error, sobre todo cuando hay que hacer un trabajo de orfebrería" Y agregó: "Si ese trabajo lo va a hacer alguien más arriba en el Gobierno, sería mejor que fuera un macroeconomista".


Roque Fernández
Ministro de 1996 a 1999
Edad: 69 años
Actividad: profesor en Ucema, consultor y empresario
Qué lee hoy: Cambiamos, de Hernán Iglesias Illia

La velocidad con que ocurren los cambios para darle sustentabilidad fiscal a la economía es uno de los puntos que pone en tela de debate el último ministro de Economía de la era menemista Roque Fernández. "Uno tiende a ser un poco crítico" respecto de ese punto, dijo. Respecto de la discusión sobre si hay que postergar las malas noticias, expresó: "En eso tiendo a ser más complaciente, porque creo que se vive otro clima respecto del que se vivía en la Argentina hasta fines de 2015; la gente puede hacer manifestaciones y protestar. El país ganó en institucionalidad y libertad; prefiero pagar un precio económico alto por la República, porque estuvo a punto de perderse. Si el costo económico fue alto, lo prefiero así".
En materia estrictamente económica, "sacando la demora en el avance de lo fiscal, creo que toda la política económica es mucho más transparente; de hecho hasta podemos criticar a partir de datos oficiales que son considerados fidedignos". En cuanto a la política monetaria, admitió su preocupación por el hecho de que "se haga tanto hincapié en el endeudamiento: sostener con deuda pública mecanismos muy largos de esterilización agravan la sustentabilidad fiscal que ya viene de hace bastante tiempo".
Fernández también calificó como "muy buena la contención a los grupos de presión, fundamentalmente en lo que se refiere a los reclamos gremiales, porque desde la CGT se presiona por aumentos de salarios que repercutirán en una mayor inflación". En particular, consideró que "también están aquellos que reclaman mayor gasto público como los docentes, al querer involucrar al Estado nacional cuando la solución depende en realidad originalmente de las provincias y el Gobierno tiene sensatez en ese sentido".
Cuando Fernández refleja más dudas es al hablar de la reactivación. "Está vinculada al panorama fiscal que estamos viendo. Si tenemos un sistema que grava fuertemente el ahorro porque se interpreta que el capital es maligno, hay una señal confusa, no tanto del Gobierno como del Congreso. Y la otra cuestión es que hay que revisar integralmente el costo argentino, porque la fuerte tributación de las empresas es una gran distorsión que juega en contra de la recuperación económica. Y no hay un panorama claro para revertirlo." En sintonía con los otros ex ministros entrevistados, Fernández consideró que el esquema de poder ministerial no es eficiente, aunque afirmó que la figura fuerte en materia económica podría ejercerla el jefe de Gabinete.

viernes, 3 de febrero de 2017

EN EL "ESPACIO MENTE ABIERTA"; JOSÉ LUIS MACHINEA


¿Herencias o hipotecas?

Por José Luis Machinea


.Una comparación de distintas variables económicas, permite analizar con precisión cuál fue el punto de partida de cada uno de los Presidentes desde 1983


Hace algunos meses hice una presentación en una reunión conjunta de las academias de historia y de economía de Argentina sobre los gobiernos que se sucedieron desde el regreso de la democracia. Un aspecto de la presentación estaba relacionado con las herencias (o hipotecas) que habían recibido esos gobiernos y el contexto internacional en el que debieron desempeñarse. Prometí escribir un artículo al respecto pero el tiempo fue pasando sin que lo hiciera. Hace unos días, en una conversación con un gran amigo de toda la vida -con el que no hablamos mucho de política para seguir siendo buenos amigos- me sorprendí cuando, aún antes de comenzar a almorzar, me dijo: “Lo que no te voy a perdonar es que no hayas dicho que la herencia que recibió este gobierno fue mucho mejor que la que recibieron otros gobiernos y, en especial, mejor de lo que recibieron ustedes en 1999”. Me convencí de que debía escribir el artículo, aunque sea breve, que llevaba demorado varios meses.
¿Cómo definir las herencias políticas? Mi amigo me hablaba de un país que en 2015 tenía menos desempleo y menos desigualdad que en 1999 y, desde esa óptica, tenía razón dado que en ambos casos la situación de 2015 era mejor. Pero ese hecho no es muy relevante desde el punto de vista del costo político asociado con las medidas que un gobierno debe adoptar para corregir los desequilibrios y las distorsiones heredadas si quiere evitar una crisis macroeconómica. En la reunión mencionada presenté un cuadro que trataba de resumir de forma simplificada esos eventuales costos políticos. El cuadro 1 muestra siete variables: inflación, cuenta corriente, reservas internacionales, deuda pública, resultado fiscal, tipo de cambio real -respecto de una canasta de monedas ponderadas de acuerdo con el comercio de la Argentina- y tarifas de los servicios públicos. Esas variables son básicamente macroeconómicas y dejan de lado las herencias de cuestiones estructurales tan importantes como el nivel de gasto público, la estructura impositiva y las características del sistema de salud y del de pensiones.
¿Por qué esas variables? Porque inflaciones elevadas requieren de un programa antiinflacionario; déficits elevados en cuenta corriente y en las cuentas fiscales requieren medidas de corrección, que pueden ser de “shock” o graduales dependiendo de la capacidad de financiamiento. Esa capacidad depende, entre otras cosas, del nivel de endeudamiento, variable que además es relevante porque altos niveles de deuda suelen estar asociadas con crisis financieras. Un bajo nivel del tipo de cambio real y de las tarifas de los servicios públicos suelen requerir de una devaluación y un aumento de esas tarifas. En otras palabras, la mayoría de los problemas mencionados requieren de medidas que en el corto plazo no son populares y, por ende, implican un elevado costo político para quienes deban adoptarlas.
Desde ya que el nivel de cada una de esas variables puede tener distintas connotaciones dependiendo de las circunstancias. Por ejemplo, el nivel de endeudamiento puede no resultar tan elevado al comienzo del gobierno de Alfonsín si se lo estima a un tipo de cambio promedio. Pero era muy alto si se toma en cuenta el tipo de cambio de ese momento, que es el que habría de acompañar a Alfonsín y a toda América Latina en la década de 1980, dado que la crisis de la deuda había eliminado la posibilidad de endeudarse en el exterior. Además, debido al aumento de la tasa de interés internacional, el costo de una determinada deuda era mucho más alto que en cualquiera de los últimos 25 años.
La hiperinflación final del gobierno de Alfonsín puede considerarse una herencia pesada para el gobierno de Menem y, en cierta medida, así lo fue. Pero téngase en cuenta que decimos “en cierta medida” ya que Menem y un grupo de sus colaboradores hizo todo lo posible para agravar la situación y “facilitar” la hiperinflación. La razón residía en que creían que cuanto más profunda fuera la crisis, más margen tenían para hacer algo muy distinto de las promesas de campaña, es decir, provocar la caída del salario real, promover las desregulaciones y realizar las privatizaciones. O sea, la herencia era pesada pero funcional a los cambios que planeaba el nuevo gobierno.
Comparando la situación que recibió el Presidente Macri con la de 1999, se observa que varios indicadores dan peor a fines de 2015 que en ese entonces (déficit fiscal, nivel de reservas, inflación y, en especial, atraso de las tarifas de los servicios públicos). El tipo de cambio tenía un nivel similar al de finales de la convertibilidad. O sea, era evidente que algo había que corregir y que ello tendría un impacto negativo en términos del salario real y del empleo en el corto plazo. A pesar de ello, hay razones para pensar que la situación de 1999 era peor que la de comienzos de 2015, o sea la hipoteca era más alta. La primera razón estriba en que el nivel de deuda recibido por Macri es inferior al de ese entonces. Entre otras cuestiones, eso implica que los vencimientos anuales de pagos de deuda eran muy superiores en 2000. Además, la tasa de interés de corto plazo de la Reserva Federal (banco central de los Estados Unidos) a comienzos de 2000 era 6,50% comparada con el 0,25% de fines de 2015. Ello le ha permitido a este gobierno hacer una corrección gradual del déficit fiscal. La segunda razón radica en que el déficit en cuenta corriente era menor que el de 1999, aunque gran parte de la explicación era el cepo cambiario. La otra razón -el principal argumento que mi amigo podría usar y con el que yo estaría de acuerdo- es que devaluar en el año 2000 implicaba la ruptura de todos los contratos de la economía, internos y externos. O sea implicaba una crisis económica y política de grandes proporciones, como la que finalmente hubo. Esos factores, junto con el contexto internacional, hacían que la situación de 1999 fuera más complicada que la de 2015.
Por último, en el cuadro 1 se puede ver que la situación económica que heredó Néstor Kirchner era en casi todos los indicadores mejor que la que recibieron todos los presidentes democráticos desde 1983. No había que reducir el déficit fiscal ni el déficit en cuenta corriente, puesto que ya había superávit en ambos; el nivel de tarifas públicas era elevado y lo mismo se puede decir respecto del tipo de cambio (alguien había devaluado y el salario ya había caído 25%). El nivel de reservas internacionales se estaba recuperando. Es cierto que el nivel de deuda era muy alto pero Argentina ya había dejado de pagar a comienzos de 2002. La negociación posterior generó una gran reducción de esa deuda que despejó ese problema…. al menos por un tiempo. Y como si todo eso fuera poco, en 2003-2015 tuvimos los mejores términos de intercambio de la historia y muy bajas tasas de interés internacionales, por momentos las más bajas del último siglo.
En síntesis, mi amigo puede llegar a tener razón con la idea de que la herencia que dejo Menem en 1999 era peor que la de 2015. De lo que no hay duda es que desde la óptica política -como la definimos al comienzo de este artículo- la herencia que recibió Néstor Kirchner fue la mejor desde el inicio de la democracia, aunque los gobiernos de Cristina la fueron empeorando.