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viernes, 9 de junio de 2023

LA INTERNA KK


Los gobernadores del PJ exigen fórmula de “unidad” del Frente de Todos y esperan reunirse con Cristina Kirchner
Advirtieron sobre los riesgos de ir separados y pidieron que se imponga una postura común; participaron 13 mandatarios; “De acá al viernes habrá muchas reuniones”, dijo Capitanich
Maia Jastreblansky
Los gobernadores del PJ se reunieron para exigir la "unidad" del frente para las elecciones de 2023
“Exigimos la construcción de una lista de unidad con integración federal”. Trece gobernadores oficialistas se reunieron hoy en el Consejo Federal de Inversiones (CFI), su “sala de reuniones” porteña, para hacer valer su peso territorial y hacer oír su voz de cara a las definiciones electorales del Frente de Todos. Los mandatarios del interior resolvieron exigir una fórmula presidencial de consenso, que eche por tierra a la estrategia de PASO, que es la que, hasta acá, viene decantando por peso propio. Lo manifestaron con carácter “imperativo”, según manifestó el gobernador de Chaco, Jorge Capitanich, que ofició de portavoz del encuentro.
Cuando falta una semana para el cierre de alianzas, y sin que el Frente de Todos resuelva aún su oferta de candidatos, los mandatarios provinciales deliberaron hoy durante casi tres horas y llegaron a una postura común para tallar en el armado nacional. Además de reclamar un candidato presidencial de consenso, también dieron a entender que esperan tener representación en la fórmula.
El chaqueño detalló que los gobernadores conformarán una “comisión de acción política” para transmitir su postura a los distintos actores del oficialismo. En particular, manifestaron su intención de dialogar con Cristina Kirchner, Alberto Fernández y Sergio Massa. “Van a haber muchas reuniones entre hoy y el viernes”, deslizó el chaqueño.
En esa “comisión” estarían Sergio Ziliotto (La Pampa), Ricardo Quintela (La Rioja) y Gustavo Melella (Tierra del Fuego) -que ya pasaron por sus elecciones provinciales- además de Gildo Insfrán (Formosa), que es el presidente del Congreso Nacional del Partido Justicialista y que tiene formalmente la lapicera para inscribir la alianza del Frente de Todos la semana próxima.
El documento conjunto lleva la firma, además, de Gerardo Zamora (Santiago del Estero), Oscar Herrera Ahuad (Misiones) Sergio Uñac (San Juan), Raúl Jalil (Catamarca), Gustavo Bordet (Entre Ríos), Mariano Arcioni (Chubut), Alicia Kirchner (Santa Cruz) y Axel Kicillof (Buenos Aires).
La participación de estos últimos dos mandatarios es significativa, porque difícilmente tomen una definición de este tipo a espaldas de Cristina Kirchner. Nadie duda de que la vice siempre estuvo muy al tanto de lo que ocurría en el séptimo piso de la sede del CFI, en San Martín al 800.
El pronunciamiento de los gobernadores es una buena noticia para Massa -que comenzó a jugar a fondo por una candidatura única- y un revés para el Presidente, principal promotor de las PASO. También para Daniel Scioli, que viene asegurando que nadie lo va a bajar de la contienda presidencial.
“No hemos hecho referencia a ningún nombre propio, o sea que el juego está abierto”, dijo Capitanich.
Los mandatarios llegaron pasado el mediodía y deliberaron por casi tres horas. Tres gobernadores oficialistas, en tanto, no viajaron al cónclave: el salteño Gustavo Sáenz (cercano a Massa), el santafecino Omar Perotti (se excusó porque el evento de AgroActiva en su provincia) y el tucumano Juan Manzur (el domingo finalmente se vota en su provincia).
Según pudo reconstruir en la previa, todos los gobernadores coincidían en la necesidad de pedir un ordenamiento del espacio oficialista que sintonice con la coyuntura de crisis económica y no sume complicaciones a los comicios en las provincias. Pero varios de ellos querían hacer un pronunciamiento más a fondo y reclamar que el peronismo lleve una fórmula de unidad, la postura que finalmente se impuso.

Ricardo Quintela y Jorge CapitanichTwitter
Muy plantado en la idea de pedir una fórmula de unidad estaba, en la previa, Gerardo Zamora. Quienes hablaron con él en las últimas horas lo escucharon decir que “ir una interna en el Gobierno sería una locura”. Pero no era el único que pensaba así. “La mayoría quiere un candidato de consenso”, se sinceró el colaborador de un mandatario patagónico cuando estaban llegando los gobernadores.
Hay otros gobernadores, no obstante, que tenían posturas más blandas. Si bien nadie clamaba por una PASO, estaban más permeables a que hubiera varios candidatos en la categoría presidente y descontaban que un escenario de interna era inevitable. Sí creían que, de haber una PASO, tiene que ser ordenada y sin un nivel de belicosidad que impacte en la gestión económica.
Cerca de Kicillof, en tanto, ayer deslizaban: “Siempre es mejor un candidato de consenso, pero si hay que ir a las PASO porque no hubo instancia de acuerdo, no hay inconveniente”. Eso cambió en estas horas, porque hoy el bonaerense firmó el documento que pide, sin matices, una fórmula única en el peronismo. Kicillof sigue siendo una opción en danza como salida de último minuto para la vice, si observa que la alternativa de Eduardo “Wado” De Pedro no llega a repuntar en las encuestas.
Capitanich señaló: “Somos respetuosos con todas las posiciones, pero creemos que el impacto de múltiples candidaturas perjudican la representación legislativa”. Además, dijo que los mandatarios coinciden en que la fórmula tiene que tener representación de las provincias del interior.
También pidió “ampliar” el frente oficialista. “El sistema no excluye a nadie”, deslizó, cuando le preguntaron por figuras como Alberto Rodríguez Saá (San Luis) o el salteño Juan Manuel Urtubey, que acaba de romper con Juan Schiaretti por el coqueteo del cordobés con Juntos por el Cambio.

LAS POStuRAS IntERnAS
A favor de las PASO
Alberto Fernández
PRESIDEntE
Desde que terminó la elección de 2021 viene sosteniendo que todos los cargos deben definirse en internas. Busca así quitarle poder de decisión a Cristina Kirchner y “horizontalizar ”el Frente de todos.

Daniel Scioli
EMB. En BRASIL y PRECAnDIDAtO
En público es el principal defensor de las PASO porque es la única vía por la cual podría llegar contra el candidato que defina el kirchnerismo y el massismo. viene resistiendo fuertes presiones para que se baje. En la misma situación se encuentra Agustín Rossi.

Victoria Tolosa Paz
MIn. DES. SOCIAL y PRECAnDIDAtA En tándem con Scioli, busca ser candidata a gobernadora en la provincia de Buenos Aires para enfrentar a Axel Kicillof. Forma parte del armado de Alberto Fernández para desafiar al kirchnerismo.

En contra de las PASO
Cristina Kirchner
vICEPRESIDEntA
Es la promotora de la estrategia kirchnerista de que haya un candidato único. Es la forma de mantener centralidad. Parte de la idea de que el Frente de todos debe evitar dividir los votos para no quedar en tercer lugar.

Sergio Massa
MInIStRO DE ECOnOMíA viene presionando con fuerza para que haya un solo candidato. Aunque no hable de su postulación, muchos imaginan que es una precondición para postularse. En su fuerza, el Frente Renovador, preparan para este sábado un pronunciamiento que apuntará al Presidente y a Scioli.
Los gobernadores del PJ
Ayer hicieron una expresión conjunta en línea con Cristina y con Massa. En el fondo también buscan que no les dividan apoyos en sus provincias con listas separadas, en el caso de que vayan Scioli o Rossi.

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sábado, 18 de febrero de 2023

LA INTERNA KK


EL ROMPECABEZAS DEL FRENTE DE TODOS
Albertistas

◗ La mesa chica de la Rosada escoltó a Alberto Fernández. Estuvieron Agustín Rossi, Juan Manuel Olmos y Julio Vitobello. También el canciller Santiago Cafiero y la ministra Victoria Tolosa Paz. Se sumó Fernando Navarro (Movimiento Evita).

Massistas


◗ La delegación del Frente Renovador estuvo encabezada por Sergio Massa. Junto al ministro de Economía estuvieron Cecilia Moreau, Malena Galmarini, Rubén Eslaiman y Juan Andreotti. El único no bonaerense fue Diego Giuliano.

Sindicalistas

◗ La CGT estuvo representada por los triunviros Héctor Daer (cercano al Presidente) y Pablo Moyano, Hugo Yasky de la CTA, Abel Furlán de la UOM y Sergio Palazzo de los bancarios. Hubo una mayoría de aliados de la vicepresidenta.

Kirchneristas


◗ La sorpresiva presencia de Máximo Kirchner opacó el liderazgo de Wado de Pedro en la delegación kirchnerista, integrada también por Andrés Larroque, Mayra Mendoza y Anabel Fernández Sagasti. Hegemonía de La Cámpora.

Gobernadores


◗ La presencia de las provincias fue encarnada por Axel Kicillof y Jorge Capitanich, ambos cercanos a Cristina Kirchner. También estuvieron el radical K Gerardo Zamora, el massista Mariano Arcioni y el peronista Gustavo Bordet.

Intendentes

◗ La presencia de Mario Secco (Ensenada), Fernando Espinoza (La Matanza), Lucas Ghi (Morón) y Mariel Fernández (Moreno) cristalizó una delegación de sesgo kirchnerista. El único “albertista” fue Alberto Descalzo (Ituzaingó).


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Debilidades en busca de fortaleza
Claudio Jacquelin
El peronismo dio el primer paso para tratar de hacer, otra vez, lo que más le gusta y mejor hace: juntarse para no perder el poder y ganar elecciones. La reunión inaugural de la demorada y nacida con fórceps mesa político-electoral del oficialismo dejó en claro que ese es el objetivo y la aspiración. Posibles y deseables. Aunque no sencillos de alcanzar sin ruidos.
Ninguno de los principales dirigentes del abollado Frente de Todos espera, promete ni se propone saldar ninguna de las diferencias de fondo que anidan en su seno. La escenografía que rodeó al acto lo puso en evidencia.
El entorno no era muy amigable, precisamente, para con Alberto Fernández, a pesar de sus cargos de presidente de la Nación y del PJ. Y como para marcarles los límites desde el arranque a sus pretensiones reeleccionistas, abundaron los carteles de Cristina 2023 . Luego, de sorpresa, se apareció el hijo Máximo.
Pero es un hecho que la composición del FDT es en la actualidad una suma de debilidades. A sus integrantes solo les queda el camino de encontrar una fortaleza: estar unidos y encontrar un candidato competitivo (o no piantavotos, al menos) para afrontar el proceso electoral con alguna chance de salir airosos.
La laboriosa convocatoria para la foto de ayer fue el resultado de un proceso de renunciamientos y acercamientos. Sobre todo, resultó la consecuencia de una realidad irrefutable: nadie está en condiciones de imponer su voluntad a la totalidad de los sectores, como lo constatan a diario.
Cristina Kirchner y Fernández hoy valen mucho menos que hace cuatro años. A ellos también les llegó la devaluación. Al igual que a la esperanza de La Cámpora.
En tanto, la apreciación que tuvo el capital político de Sergio Massa no termina de consolidarse. El último índice de inflación recién conocido (dos puntos por encima de lo que había prometido) frenó en seco el ímpetu triunfal que traía.
Eso puso a los embajadores massistas en posición de reclamar orden y silencio (el progreso puede esperar) antes que en condiciones de exhibirse como los representantes de El Elegido. Aunque su jefe sea el único activo que mejoró sensiblemente su cotización en estos tres años y medio de gobierno frentetodista. Y lo hace valer.
Todos saben, aun a costa de tener que saborear bilis, que cualquier fractura en este contexto solo pondría en riesgo la gobernabilidad y traería, como consecuencia más que probable, la derrota electoral.
El partido del poder no debería permitírselo. Las divisiones electorales de 2013, 2015 y 2017, con la pérdida del poder incluida, son experiencias que están demasiado frescas. Y la derrota bonaerense de 2021, aun en unidad, es una alarma que sigue sonando en los oídos de todo el perokirchnerismo.
Paradójicamente, esas debilidades son los puntos fuertes circunstanciales que Fernández hace pesar. También los de Massa. “Primero hay que saber sufrir, después aguantar y al fin llegar (sin pensamiento)”, podría decir el remix frentetodista de “Naranjo en flor”. Amor no hay. Ni habrá.
El piso electoral por encima del 30 por ciento que las encuestas le siguen asignando unánimemente al oficialismo como conjunto les permite a sus dirigentes mantener una razonable ilusión que los lleva a sostener la forzada y forzosa unidad. Prefieren creer en lo poco que tienen a disposición.
Resignaciones presidenciales
Así se llegó a la mesa, así transcurrió la reunión y así salió el documento que ya estaba acordado previamente con las cabezas de los tres fragmentos principales del oficialismo. El tránsito muestra cuánto debió resignar cada uno. Es decir, cuánto tuvieron que reconocer todos sus debilidades.
El Presidente demoró todo lo que pudo la convocatoria a esa mesa que el cristinismo le demandaba a gritos desde hacía meses, hasta que se rindió a la presión.
Tampoco pudo sostener íntegro su objetivo de que solo fuera un ámbito para acordar reglas de juego electorales, lo que expresa o tácitamente implicara un apoyo irrestricto a su administración. Un “no toquen nada”.
En las horas previas, el objetivo de que todo se redujera a reproducir “la mesa que siempre se arma en los años electorales”, como anunciaban sin darle demasiada relevancia en el entorno albertista, dio paso al final a la admisión de que sería “una mesa política para discutir todos los temas”. Nadie imagina tanto para cuando haya que avanzar sobre aspectos más concretos después de la primera foto.
“Fue un buen primer paso, pero habrá que ver cómo sigue”, advirtió uno de los enviados de la vicepresidenta. Antes del encuentro, la misma fuente había advertido con cierto pesimismo: “La reunión no es ni puede ser para el poroteo. Debería ser para dar una discusión de fondo. Pero habrá que ver si hay plafón para llegar a tanto”. Por las dudas, el cristicamporismo, con la ayuda del massismo, le armó el cerco al Presidente para que no tuLa viera mucha escapatoria ni arrestos de independencia. La apertura al debate de cómo transcurrirá la gestión en los próximos meses fue una concesión, aunque se la quiera disimular con la retórica de que se trata de ordenar la interna para que no afecte la marcha del Gobierno.
Es la forma que tiene el albertismo de emparejar la cancha y remarcar que no solo hay que culpar de los errores a él y a los funcionarios que no han funcionado, sino también (y muy especialmente) a las piedras que le tiraron desde adentro, como dijo recientemente.
En esa relación transaccional de escasos afectos que impera en el FDT, Fernández cuenta con un aliado clave en Massa para acotar veleidades y dogmatismos. A pesar de la sociedad por conveniencia y ambición que el jefe de Economía mantiene y privilegia con la vicepresidenta y su hijo, como se vio ayer en su también sorpresiva aparición en la sede del PJ. Massa se ha convertido por decantación en un termorregulador de la alianza oficialista.
Las posiciones disruptivas y distribucionistas del kirchnerismo extremo, expresadas en las semanas previas por el propio Máximo Kirchner, encuentran en el Presidente, en el ministro y, también, en el pragmatismo de mamá Cristina un dique de contención. Maximalismo con sordina. Y jueguitos para los fanáticos.
La premisa es llegar a las elecciones con el menor ruido posible. Como suele decir un exministro de Fernández, “lo lindo de todo esto es lo feo que se puede llegar a poner”. Una máxima muy convincente.
Fernández compensó las concesiones con otro triunfo de su resistencia pasiva. Las candidaturas siguen en suspenso y las PASO no se tocan, como él quería.
Aunque eso no implica que, al final, vaya a ser el actual Presidente el beneficiario de esa solución. No hay otros que sostengan el poster de su candidatura al margen de él mismo y los pocos que le quedan a su lado, más por necesidad que por confianza en esa empresa.
Fernández, tanto como Massa, necesitan ganar tiempo, aunque al final de la cuenta regresiva sus deseos no sean concurrentes.
Cristina, la ausencia presente
Tal vez sea Cristina Kirchner a la que la foto le devuelva la imagen más deteriorada por el paso del tiempo y las disfunciones de la gestión Fernández. Le sobran motivos para enfurecerse con las pretensiones reeleccionistas de su fallida criatura. Su ausencia y la preservación de su condición de esfinge no impiden ver que lo que le queda intacto es poder de daño y capacidad de extorsión, más que potencia decisiva para imponer algo. El dedo indoblegable de 2019 muestra síntomas de artrosis.
La defensa que en el encuentro se hizo de ella la ubica en el lugar que más la desfavorece y en el que menos quiere verse. La narrativa de la proscripción y la conscripción a todo oficialista a dar batalla para que el primer fallo por corrupción que recibió no tenga efectos judiciales ni políticos solo subraya su debilidad.
La continuidad de la coalición oficialista muestra así entre sus premisas expresas evitar que la condena se cumpla algún día y hacer que los magistrados que la condenaron y los que podrían condenarla (a ella y a sus hijos) en otras causas abiertas sientan el rigor de la presión política de todo el oficialismo encolumnado detrás suyo. Lo que hasta ahora no ha logrado, salvo en el plano discursivo, que implica jugar casi gratis.
Por eso mismo es que Massa, a pesar de (o, también, por) sus tropiezos, necesita ser cuidado por los demás. “Desde donde partimos, que estábamos al borde de la Asamblea Legislativa y con pronósticos de hiperinflación, podemos decir que logramos estabilizar la economía. Bueno, es cierto que estabilizamos la inflación en el 6%, pero la estabilizamos. Eso hace que todos estén jugados a que a Sergio le vaya bien”, admiten y pregonan los allegados al ministro.
Con ese razonamiento, los massistas llevaron a la mesa el argumento de que “no es momento de hablar de candidaturas, sino de generar condiciones de coordinación para aplicar políticas en función de las demandas de la gente, sin poner en riesgo nada”. Cada uno fue a llevarse algo, además de dejar bastante.
La unidad como siempre llegó por la alteridad. Mauricio Macri, su gobierno y Juntos por el Cambio volvieron a ser el punto de convergencia absoluto, donde unir todas las fuerzas.
El pasado de la gestión cambiemita, pero también el presente atravesado por disputas internas de tono electoral fueron el blanco. “La división de la oposición nos da una oportunidad”, fue la optimista idea fuerza que hizo coincidir a las tribus frentetodistas.
En el massismo fueron más lejos al decir que “la halconización de Horacio Rodríguez Larreta terminará favoreciendo a Massa. Como ya lo hicieron pegándole con el documento de la semana pasada de Juntos por el Cambio”, en el que alertaban sobre el alto riesgo que implicaba el aumento del endeudamiento.
“Si tanto le pegan es porque advierten que a Sergio no le va mal y es una amenaza para ellos”, agregan. Todo suma.
No obstante, lo que no puede disimular ninguna de las facciones es que las diferencias propias, al margen de la mesa paliativa, son demasiado profundas y que solo pueden sostenerse a fuerza de analgésicos y maquillajes, destinados a preservar el poder hasta el final e intentar no perder las elecciones de antemano.
Si después de esta reunión y las que sigan la suma de debilidades internas logra construir la fortaleza para llegar a las elecciones en unidad, quedará por delante afrontar el mayor desafío, como admiten los más racionales del FDT.
El reto decisivo consistirá en convencer (o hacer creer) al electorado de que no se repetirá la disfuncionalidad que mostró a la hora de gobernar el artefacto ideado hace cuatro años por Cristina Kirchner para recuperar el poder. No basta con los propios.
Ya se demostró que la unidad a la que es capaz de arribar el peronismo a la hora de las elecciones no asegura (ni mucho menos) la cohesión necesaria para gestionar y solucionar problemas.
La distancia que hay entre una coalición electoral y una coalición de gobierno es enorme. Los antecedentes cuentan y los resultados están a la vista. No solo los de los últimos cuatro años.
También, los de una ya larga lista de ejemplos históricos.
Todos debieron ceder: Cristina y Alberto también están devaluados
Desde la escenografía, le marcaron la cancha a Fernández
El objetivo es juntarse para retener el poder, pero no para saldar diferencias de fondo

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sábado, 4 de febrero de 2023

LA INTERNA KK




El Presidente pide frenar las críticas kirchneristas
La portavoz reclamó que terminen “los agravios” y “las operaciones”; ambos sectores intentan sostener una tregua, pero se acusan mutuamente; Fernández y Kirchner retomaron el diálogo
Cecilia DevannaLa portavoz Gabriela Cerruti envió mensajes hacia el interior del PJ
Tras las hostilidades de los últimos días, el presidente Alberto Fernández transmitió ayer un mensaje al kirchnerismo: reclamó que frenen los ataques en su contra a cambio de abrir el juego para debatir la estrategia electoral.
La encargada de transmitir el mensaje fue la portavoz presidencial, Gabriela Cerruti: “Si eso no incluye agravios personales y operaciones de prensa, que deberían estar fuera de la estrategia del debate, bienvenido sea”, respondió sobre la mesa electoral que pide el kirchnerismo.
Después de un diálogo interrumpido durante semanas, Fernández y Cristina Kirchner retomaron un intercambio de mensajes vía Telegram. Así lo confirmaron fuentes cercanas al mandatario.
A días de que la interna oficialista tocara un nuevo pico, en el Frente de Todos empezaron a hablar de una tregua. “Se están bajando decibeles, se van a ver gestos”, deslizan en el kirchnerismo. Otras fuentes se animan a postular que esos “gestos importantes” se conocerán “en las próximas horas”, aunque evitan precisiones. Sin embargo, detrás de las primeras frases cargadas de buenas intenciones, afloran rápidamente viejos y renovados rencores.
Todo después de que exactamente una semana atrás, desde las filas del ministro del Interior y hombre fuerte de La Cámpora, Eduardo “Wado” de Pedro, hicieran trascender su fuerte malestar con el presidente Alberto Fernández por no haberlo invitado a un acto junto al brasileño Luiz Inacio Lula da Silva y organismos de derechos humanos. “Mezquindad” y “falta de códigos” fueron algunas de las acusaciones contra el Presidente, que tuvo a los ministros Victoria Tolosa Paz y Aníbal Fernández como escuderos para señalarle la puerta de salida a De Pedro.
“De un cuento hicieron Cien años de soledad”, acusó un kirchnerista a los albertistas, al tiempo que buscó dejar atrás lo sucedido.
En línea con la intención de llegar a una tregua, cerca de De Pedro proponen como punto final a la crisis el hilo de tuits que el ministro publicó el lunes por la noche, donde abogó por “aportar sensatez” ante el “revuelo mediático” en torno a la interna del Gobierno. Se trata de un mensaje con el que buscó pararse a distancia de la onda expansiva que lo había tenido en el centro, pocas horas antes.
Aunque Alberto Fernández fue la ausencia más notoria del asado que el martes compartieron Máximo Kirchner, Sergio Massa y Axel Kicillof con intendentes del conurbano, en Interior leen también como una “buena señal” la presencia del ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, un albertista de excelente relación con las tres terminales del Frente de Todos.
También creen que es positiva la posibilidad de que finalmente Alberto Fernández concrete el llamado a una mesa nacional, aunque nadie es demasiado optimista respecto de cómo podría funcionar y los alcances reales que tendría.
En el kirchnerismo pareció contribuir a la distensión que en las últimas horas, en declaraciones a Radio Perfil, la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, se haya adjudicado la responsabilidad por la falta de invitación a De Pedro para la reunión con Lula. Un detalle: De Pedro se muestra con Carlotto en la foto de su perfil de WhatsApp. Todo un gesto en medio de sacudidas varias que incluyeron la posibilidad de que Fernández evaluara echar a De Pedro.
“No le dio la nafta para eso”, advirtieron desde los sectores más duros del kirchnerismo.
“Si no lo hizo fue para no agigantar las cosas y mantener la unidad que tanto le ha costado”, completan cerca del mandatario. Desde donde agregan que “lo de Estela dejó al descubierto la mentira en la que montaron la operación de que Alberto era el culpable por la no invitación”, deslizan.
Cerca de Fernández, por su parte, se muestran satisfechos con el devenir de la crisis. Creen que el Presidente se mantuvo en su posición “sin tener que ir al barro a responder” y que está “más fuerte que nunca”, a lo que suman que la avanzada del sector más duro es “más de lo mismo”. Están también quienes creen que la conducta “repetitiva” de ataques desde el camporismo y el kirchnerismo “no hace más que demostrar una desconexión total con la realidad”. Y consideran que “deja en evidencia” la “falta de entender la política”, donde, insisten, las diferencias se “salvan de otra manera”.
Pero de fondo lo que más los ilusiona es que creen que Fernández salió “fortalecido” y que el episodio “terminó sirviendo” para que todos vean que “la unidad es la única forma de llegar a octubre”. Respecto de la tregua sostienen que ellos no utilizan ese término “porque no estamos ni estuvimos en guerra”.
Sobre la delimitación de su posición también apuntan desde las filas de De Pedro, donde creen que todo lo sucedido sirvió para fijar lugar. “Quedó claro que hay cosas con las que no se joroba, se mostró cuál es su lugar”, expresó un hombre cercano al kirchnerismo. “A nadie le conviene esta pelea. Lo entendieron todos los actores. Vino el aviso de que Wado no se va a comer ni media y la convivencia va a seguir siendo fría, pero va a seguir habiendo. La lección es que no vale trastabillar”, evaluó un kirchnerista a modo de conclusión.
Frialdad y tregua son dos de los conceptos que más se repiten por estas horas, donde no son pocos los que creen que sin solución de fondo posible es difícil continuar, pero muchísimo más sin unidad. 


La pelea de los hermanos Rodríguez Saá enciende la interna del PJ puntano
El senador anunció que se postulará a gobernador; está peleado con Alberto, que no puede ser candidato
Javier Fuego Simondet
La pelea de los hermanos Rodríguez Saá en San Luis tiene un nuevo foco de tensión. El senador Adolfo Rodríguez Saá volvió a desafiar a su hermano Alberto y se lanzó como candidato a gobernador en las elecciones provinciales programadas para el 11 de junio, en las que se aplicará la ley de lemas. Si bien no enfrentará directamente al actual mandatario, que no puede aspirar a una nueva reelección, anunció que “dará la batalla” con el objetivo de disputar la interna del oficialismo contra Jorge “Gato” Fernández, un exjuez del Superior Tribunal de Justicia puntano que su hermano eligió como candidato.
“Si somos una auténtica expresión del justicialismo, ¿por qué no permiten que el movimiento justicialista se reúna y resuelva quiénes son los candidatos? ¿Será el Gato
Fernández o elegirán al Adolfo? O tal vez eligen al Gato Fernández y al Adolfo. Pero una cosa es ser parte de una elección y otra cosa es lo que los tramposos dirigidos por el gobernador quieren hacer”, resaltó el senador el martes, en una asamblea de su partido Todos Unidos, sello electoral que utiliza desde que su hermano y gobernador impulsó su expulsión del PJ local, en 2019.
En la asamblea en la que Rodríguez Saá se volvió a postular a la gobernación se pasó a un cuarto intermedio hasta el 15 de febrero. Fuentes del peronismo puntano consultadas por la nacion especularon con que en ese período de pausa pueda generarse algún acercamiento entre los hermanos que permita al expresidente competir dentro del oficialismo, “con condiciones de unidad, con garantías y sin trampas”. No obstante, por el momento no hay avances en ese sentido y el senador podría apelar a presentarse con un frente propio, fuera del Partido Justicialista.
“Vamos a dar la batalla, y si no nos dejan, que el Alberto entiende perfectamente bien lo que le estoy diciendo, vamos a dar la batalla en la forma más contundente. Basta de atropellos”, señaló el senador.
“Si no comprenden la unidad, daremos la batalla en la forma más contundente. El daño que le ocasionan al pueblo de San Luis es muy grande. No son los dueños, el pueblo de San Luis merece otra cosa. Basta”, subrayó el exgobernador, que destacó sus mandatos y criticó a su hermano. “Tomamos una provincia muy pobre y la llenamos de fábricas. ¿Qué hicieron los que me sucedieron, dónde están las fábricas?”, se preguntó.
En un documento que Todos Unidos difundió, se acusa al gobernador de impedir la unidad del peronismo. “Aspiramos y queremos la unidad, pero el único responsable de imposibilitarla es Alberto Rodríguez Saá”. Los hermanos compitieron por la gobernación en 2019, ganó Alberto y Adolfo quedó tercero, a 20 puntos.
El actual gobernador finalizará este año su cuarto mandato. Tras los cinco gobiernos consecutivos de Adolfo (entre 1983 y 2001, cuando accedió a la presidencia, que ejerció por siete días), Alberto anudó dos períodos (entre 2003 y 2011), Claudio Poggi –actual líder opositor y candidato a gobernador– lo sucedió durante un mandato (2011-2015), y en 2015 regresó para gobernar por otros dos mandatos, hasta la actualidad. En San Luis, desde 2007 se estableció que los gobernadores solo pueden ser reelegidos en una oportunidad, por lo que Alberto Rodríguez Saá está impedido de postularse.
En noviembre de 2022, el gobierno de Rodríguez Saá derogó las primarias y estableció la ley de lemas, que permite que el candidato más votado de un partido sume a su cosecha los votos de los competidores con los que compartió lema. Dentro del peronismo, Adolfo Rodríguez Saá, de 75 años, se sumó esta semana a la oferta. Su hermano, que tiene 73 años, ya había designado candidato a Fernández, que renunció a su cargo de juez del Tribunal Superior para postularse y sería reemplazado por el fiscal de Estado, Eduardo Segundo Allende, propuesto por el gobierno para tomar el puesto.

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