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viernes, 20 de octubre de 2017

TECNOLOGÍA....CUESTIONES DE LIMPIEZA


Una vez, hace muchos años, instalé el CCleaner. Calculo que en un Windows XP. La cosa es que analizó la máquina y luego me propuso eliminar una enorme cantidad de cosas.
Soy de la vieja escuela, y en ella tenemos un dogma: "No dejes que un programa haga cambios en tu sistema sin verificar primero cuáles serán exactamente esos cambios."
Para cumplir con este mandamiento, aquella vez, tendría que haberme pasado 20 o 30 horas constatando que cada archivo que el CCleaner iba a borrar realmente era innecesario, que todas esas claves del Registro de verdad ya no hacían falta, y así.
Nadie tiene tanto tiempo. Por lo tanto, cancelé todo y lo desinstalé. De todos modos no tenía intención de usarlo; la máquina andaba fantásticamente bien. Sólo quería ver por qué tanta gente me contaba que "el técnico había pasado el CCleaner" con la esperanza de resolver cierto problema.
Hurgando un poco en la Red, descubrí que los debates sobre los optimizadores tenían proporciones cismáticas. Así que no voy a entrar en ese cuadrilátero. Sólo aportaré esto: usé todos los MS-DOS desde el 3.2 hasta el 6.0 (y varios DOS de otras compañías); soporté el infausto Windows 3.1; tuve OS/2 desde la versión 2.1 hasta la 4; usé Windows 95, 98, Me, NT, 2000, XP, Vista, 7, 8 y 10, y en 1996 me subí a Linux, que hoy es mi sistema principal. Tuve un iPhone (al que no extraño para nada) y vengo usando Android desde la versión 2.3. Nunca necesité un programa de optimización. De hecho, la regla de que los sistemas operativos de alguna manera se pongan pesados con el uso no sólo nunca se cumplió en mis equipos, sino que suena bastante delirante.


Cuando los optimizadores aparecieron en las tiendas de smartphones entendí lo que había estado ocurriendo todos esos años. Estos programas trataban de automatizar el mantenimiento que los veteranos veníamos haciendo a mano desde siempre. Llegado el caso, intentaban corregir los problemas causados por la falta de dicho mantenimiento.


A propósito, el hecho de que el la versión 5.3.4 de 32 bits para Windows del CCleaner haya sido usada para distribuir no ya un virus, sino dos , resulta cualquier cosa menos anecdótico. Todas estas aplicaciones tiene un halo medicamentoso. ¿Qué mejor lugar que un frasco de remedios para esconder un veneno? Ingeniería social, una vez más .
Una guía en varios capítulos breves
Para ser enteramente justo, la lógica detrás del CCleaner y otros optimizadores no está mal, pero usarlos correctamente requiere mucho más conocimiento que realizar el mantenimiento a mano; y este último método tiene la ventaja de que no vamos a romper nada por un error del software.
Por ejemplo, una de las cosas que más espacio de almacenamiento ocupa en un dispositivo móvil son las miniaturas de las fotos y los cachés. Para liberar espacio de almacenamiento, los borrás. Es lógico, ¿o no?
No tan rápido. Depende de un montón de factores. Por ejemplo, si las fotos siguen ahí, el sistema operativo va a volver crear las miniaturas. O sea que no ganaste nada. Si un programador se tomó el trabajo de escribir el código para crear un caché no es para robarte espacio de disco. Es para que Facebook o Twitter se muestren más rápido en la pantalla del celular.
Diré más. En un punto es mucho más fácil aprender los básicos del mantenimiento de tu PC, tu notebook, tu tablet y tu smartphone que dejar en manos de un software estas decisiones. Allá vamos.
Prólogo: límites operacionales


Toda maquinaria tiene límites operacionales. Pondré un ejemplo. Si te comprás una pickup y le cargás un contenedor de 30 toneladas, vas a tener un problemita. Te lo firmo.

Lo mismo ocurre con los dispositivos digitales. Lo que quieras hacer con un teléfono depende de los límites de ese teléfono, no de tus deseos ni de las pretensiones del departamento de márketing del fabricante.

La misma app que en mi nuevo smartphone arranca en dos segundos y anda a la perfección, tarda en iniciarse 45 veces más en una vieja tablet y tartamudea en cuanto se la exige un poco. En esa misma tablet, varias apps excelentes para hacer músicadirectamente no se instalan. Son incompatibles con esa versión de Android. El sistema operativo puede verse también como un límite operacional.
En suma: no le pidas peras al olmo. Si compraste un teléfono con poca RAM y poco espacio de almacenamiento vas a poder usarlo para un número limitado de cosas; elegí las que más necesitás, y ya. Ningún software de optimización va a expandir los límites operacionales de un equipo.
Mantenimiento - Primera parte (almacenamiento)
Está bueno sacar fotos con el teléfono, ¿no? Y grabar videos. Recibir PDF, DOC, JPG, GIF y, por supuesto, más videos en WhatsApp. Y mensajes de voz. Cientos de mensajes de voz. También está bueno instalar montones y montones de apps. Pero excepto que medie algún fenómeno sobrenatural, al final el equipo va a agotar su capacidad de almacenamiento. Se llama "espacio de disco" en las notebooks y PC y "Almacenamiento" en teléfonos y tablets.
Sin ejercer cierto control, agotar el espacio de disco es inevitable, y realmente malo. Sin almacenamiento un dispositivo digital encallará, y puede hacerlo de una manera catastrófica. Eso requerirá restaurarlo al estado de fábrica; la versión moderna de formatear e instalar. No es el fin del mundo, pero se pierde tiempo y energía.
Así que, de forma regular, hay que pasar fotos y videos a una computadora (o a la nube) y despejar el dichoso WhatsApp. Como mínimo. El equipo no debería pasar del 75 u 80% de espacio de almacenamiento ocupado.

La clave en este párrafo está en la palabra regular. Cuando borramos cosas porque no queda espacio ya no es mantenimiento; es reparación. Regular quiere decir entre una vez a la semana y una vez al mes, de acuerdo a cuán intenso sea nuestro uso del equipo. Lleva media hora, máximo. Y ahorra una montaña de dolores de cabeza.
Podés hacer este mantenimiento conectando el teléfono a una PC, usando un administrador de archivos o, en ciertas versiones de Android, directamente desde los Ajustes.
Mantenimiento - Segunda parte (apps)
Nos encanta instalar docenas de apps. Pero no sólo ocupan espacio, no sólo es muy probable que además creen archivos de almacenamiento intermedio (llamados caché), sino que algunas van a poner a correr uno o más servicios en segundo plano, y eso requiere memoria RAM. Consejo que sigue siendo tan útil hoy como hace tres décadas: instalá solamente aquellos programas y apps que realmente necesites. No es ninguna mala idea revisar regularmente la lista de software instalado y quitar todo eso que sobra, que hace mil años que no usás. Los recursos informáticos fueron, son y posiblemente sigan siendo limitados durante todavía bastante tiempo.
Mantenimiento - Tercera parte (baterías)
El exceso de temperatura las daña. Tenerlas cargadas al máximo todo el tiempo las daña; y viceversa, lo mismo. ¿Cómo tratar correctamente un componente tan quisquilloso como las baterías?
Es bastante simple, en realidad. Usá el equipo y dejá que se descargue hasta que el sistema operativo te avise (en general, cuando quede 15%). Idealmente, evitá exigirle mucho al dispositivo mientras lo volvés a cargar (digamos, mientras no recaliente, está todo OK). Y desenchufá el cable cuando haya llegado al 100% o incluso un poco menos.
Las baterías de iones de litio detestan los extremos (mucho frío, mucho calor, sobrecarga, descarga extrema) y se conservan más saludables cuanto más trabajan. No tienen memoria de carga (eso es bueno), pero son perecederas. Así que sacales el jugo, es lo mejor que podés hacer para que mantengan su autonomía mucho tiempo (digamos, 2 a 3 años, y no 2 a 3 meses).
Verdad, cada tanto vamos a tener que manejar usando el GPS en un día de mucho calor y justo cuando nos quedamos con poca carga. Así que lo vamos a enchufar al USB del coche. Al cargarse, las baterías se calientan. El GPS aporta mucha temperatura. Y, además, para tener el teléfono a la vista y con buena señal de los satélites, lo pusimos en un soporte sujeto al parabrisas, donde pega el sol sin anestesia. A no asustarse. Sí, las baterías van a pasarla mal y quizá sufran un poco de daño, pero peor sería extraviarse y se supone que el teléfono está a nuestro servicio, no al revés.
Lo realmente malo es utilizar las baterías de la forma incorrecta todos los días.
Mantenimiento - Epílogo

Prometí que la guía iba a ser sencilla. Estamos cerca del final. Cuidar el espacio de disco, no pedirle peras al olmo, darle a las baterías un trato razonable y evitar instalar millones de apps. Eso alcanza. Con el paso del tiempo, claro, las apps irán pidiendo más recursos y en 2 o 3 años habrá que ir pensando en cambiar el teléfono. Eso es algo que tampoco un optimizador va a poder corregir.
Un par de observaciones más, sin embargo. Una cosa que nos enseñaron los primeros años de la informática es que la austeridad siempre es buen negocio. No le pongas 40.000 extensiones al navegador. No aceptes cualquier regalo que viene con ciertas aplicaciones (barras de búsqueda, reproductores de video, códecs, y sigue la lista). No sirven para nada y eventualmente pueden constituir un riesgo de seguridad. Es decir: mantené tu teléfono y tu notebook tan despojados como se pueda. Se pierde más rendimiento por adornos y accesorios que por funciones de verdad útiles.
Y una cosa más. Un equipo comprometido tarde o temprano exhibe problemas de rendimiento. Mirá bien de dónde viene esa app que estás por instalar. Leé los permisos. Ante la duda, buscá otra. No uses software pirateado en tu notebook; hay programas de software libre que pueden hacer lo mismo, incluso mejor. Un equipo infectado no puede corregirse con el CCleaner, no importa lo que te diga el técnico. Y está claro que la compañía Piriform, creadora del CCleaner y adquirida en julio por Avast!, no fue capaz de proteger ni sus propios servidores.

A. T.

martes, 26 de julio de 2016

¡¡UN MILAGRO!!...LIMPIARÁN, POR FIN LA CUENCA MATANZA-RIACUELO


Un grupo de científicos argentinos creó un sistema para sanear las aguas del Riachuelo. Con una combinación específica de enzimas y bacterias, lograron limpiar parte de uno de los afluentes más contaminados, el arroyo del Rey, en Lomas de Zamora. Fue una prueba piloto convocada y aprobada por la Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo (Acumar), el ente estatal tripartito que debe sanear el curso de agua, pero su avance está trabado dentro del organismo.


Liderados por el investigador y auditor ambiental Sergio Raúl Ferrari, los profesionales que trabajaron en el hallazgo habían comenzado la tarea mucho antes de la convocatoria de la Acumar. "Para todos los que trabajamos con el agua, el Riachuelo es el máximo objetivo", confesó FerrariEl equipo -también integrado por los ingenieros Alberto Gauna, Andrés Aymonino, Ángel Alberto García y María Soledad Ali- se había concentrado en crear una planta de biorremediación, hasta entonces instalada en un laboratorio, para encontrar cómo revertir la contaminación de esas aguas. Ferrari explicó: "Íbamos todos los lunes a sacar agua del Riachuelo. Es un agua muy difícil porque hay más de 1000 industrias que vuelcan desechos indiscriminadamente. Cuando hay un solo efluente, es tratable. Cuando mezclás dos, se empieza a complicar. Cuando tenés 3000, es casi imposible". Pero para ellos no lo fue: consiguieron armar un sistema que limpia el agua y la separa de los vertidos contaminantes.
A mediados de 2011, cuando la Acumar estaba a cargo del entonces secretario de Ambiente Juan José Mussi (hoy procesado por el uso de fondos en el ente tripartito), hubo una convocatoria a diferentes propuestas, para lograr la tan anunciada depuración del Riachuelo y que su agua consiguiera ser "de uso 4", es decir, que permitiera la actividad recreativa pasiva y el desarrollo de vida acuática. El equipo se presentó con su empresa MDT y ganó la licitación para la prueba piloto de validación de tecnología.
El sistema constaba de seis etapas: la elevación del agua a la planta mediante bombas sumergibles; el tratamiento biológico con un complejo enzimático que acelera el proceso, filtros que ayudan a separar las partículas del agua y la inoculación de bacterias que sacan los restos de suciedad; un proceso de ozonización, y, por último, el control de las aguas tratadas (una instancia química y otra biológica).
La planta en el arroyo del Rey era para tratar 10.000 litros de agua por hora; se montó a mediados de 2012 y funcionó hasta fines de ese año. El resultado fue mejor de lo esperado. Los estudios de la Acumar no sólo mostraron mejoras notables en los índices de carbono orgánico, hidrocarburos y coliformes, sino que además se habían generado bancos de peces. y los vecinos -contentos de haber dejado de sentir olor a podrido- se ocuparon de cuidar los espacios verdes que bordeaban el arroyo.
La investigación del grupo de ingenieros químicos, agrónomos y sanitaristas -cuya lista se completa con Daniel Adamantino, Luis Eduardo Pérez Farras, Jorgelina Gossio, Miguel Ángel Zuccaro y Luciano Silva Vizzi- indica que el problema del Riachuelo se concentra en nueve arroyos que llevan la contaminación industrial desde el interior de la cuenca hacia el cauce central: Cildáñez, Morales, Chacón, Don Mario, Ortega, Santa Catalina, Del Rey, Cañuelas y Cebey.
Por eso, proponen colocar una planta en la desembocadura de cada arroyo, para que el agua llegue limpia. Los especialistas sostienen que la tarea podría llevar dos o tres años en todos los arroyos a la vez, con un costo de 300 millones de dólares, o sanear de a uno en un plazo mayor.
"No están pudiendo controlar a las industrias -argumentó Ferrari-. Proponemos que, hasta que las industrias se reconviertan y vuelquen como corresponde, paguen un canon para sostener la planta. Si no se reconvierten, la planta va a seguir funcionando y el agua va a estar limpia. Pero a la larga, a la industria le va a salir más barato reconvertirse que pagar el canon por contaminar."
La licitación para la prueba piloto preveía que, si resultaba exitosa, podía replicarse en el resto de las áreas de la cuenca. Eso no ocurrió y, hasta hace unos meses, la gestión kirchnerista no había dado una respuesta. Tras el cambio de gobierno, y con los papeles en la mano de las mejoras que la propia Acumar había reconocido, los científicos volvieron a intentar desplegar su descubrimiento, pero no lo lograron.
Daniel Guevara, director general ambiental de la Acumar, aseguró que, por el momento, lo que sugieren "no es una solución alternativa" porque "se trata de una inversión enorme, cuando hay que concentrar esfuerzos en evitar la fuente de contaminación, que son los vertidos industriales". Según el funcionario, "se está aumentando la exigencia a las empresas", aunque todavía no pueden verse los resultados porque "el mejoramiento es gradual".


"La gente que no tiene agua de un río o un arroyo tiene que hacer un pozo. De ese pozo sale agua contaminada con arsénico, algo que está en la estructura del suelo. Nosotros desarrollamos una tecnología, única en su tipo, por la cual eliminamos el arsénico, metales pesados y todo tipo de microorganismos", detalló Sergio Ferrari, líder del equipo de investigadores que hace años estudia la limpieza de las aguas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que "la exposición prolongada al arsénico a través del consumo de agua y alimentos contaminados puede causar cáncer y lesiones cutáneas. También se ha asociado a problemas de desarrollo, enfermedades cardiovasculares, neurotoxicidad y diabetes". El hidroarsenicismo crónico regional endémico (Hacre) es una patología que afecta en especial a habitantes del norte argentino, incluidas las provincias de Santiago del Estero y Chaco, como consecuencia de la ingestión de agua de pozo con contenidos de arsénico superiores a las máximas compatibles con el criterio de potabilidad que determina la OMS (hasta 0,05 mg por litro).
Además de analizar cómo sanear el Riachuelo, Ferrari y su equipo se ocuparon de elaborar un filtro que, con una serie de fórmulas con minerales reacondicionados, remueve el arsénico pero mantiene los elementos beneficiosos para el organismo, como las sales. Es un proceso combinado de filtración y absorción, que saca el arsénico en un 99% y remueve bacterias, turbidez y hasta el 80% de productos nocivos.
Ese sistema fue instalado en 2012 en cinco localidades del Chaco, todas cerca del Impenetrable: ocho plantas comunitarias, cada una para 1000 personas. Se trató del proyecto Agua Segura, con financiamiento del Estado nacional. Cada planta costaba cerca de un millón de pesos, por única vez, y después había que renovar una parte, cada dos años.
"El problema era que la gente tenía que ir a las plantas con sus bidones y llevarlos a la casa. Eso les resultaba trabajoso, entonces cada vez lo usaban menos", describió Ferrari. Por eso trabajaron en algo más chico, consiguieron miniaturizarla y armaron plantas domiciliarias. "La gente trae agua de pozo, de un arroyo, de lluvia, de donde sea, la pasa por este sistema y la puede tomar sin problemas. Es una especie de dispenser", detalló el líder del grupo.Se lo llamó "Planta abatidora de arsénico unifamiliar" y fue pensada para poblaciones dispersas, donde no se justificaba una planta comunitaria. Son equipos preparados para producir hasta seis litros de agua segura por hora

¿Descontaminar o dejar de contaminar? ¿O ambos? El dilema rodea el saneamiento del Riachuelo desde hace, por lo menos, 20 años. Mientras una mitad de la biblioteca recomienda limpiar las aguas, la otra mitad lo descarta como posible solución. En 2012 un grupo de científicos de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, que desde 1998 analiza de manera sistemática el río, indicó que si se pudiera cambiar todo el líquido contaminado por uno absolutamente puro, en el lapso de una semana la contaminación volvería a ser la misma.
Aquel estudio detectó altos niveles de metales pesados y de materia orgánica en el lecho. Y una concentración de oxígeno igual a cero. Eso no ha cambiado desde que, hace ocho años, la Corte ordenó a los estados nacional, bonaerense y porteño sanear el río más contaminado de la Argentina.
El problema no sólo es el agua. Los 200 años de contaminación hicieron que los sedimentos sean una muestra de barros con metales pesados, como cromo, arsénico, zinc, plomo y cadmio, que son una amenaza a la salud de la población. Los planes oficiales por el momento descartan el dragado de esos sedimentos y también las cascadas que iban a dar oxígeno al lecho.
Sin embargo, la decisión sobre la política a seguir si realmente se quiere limpiar el Riachuelo no puede demorar. Dejar de contaminar debería ser el primer paso, aunque se les dé un tiempo a las empresas; y podría complementarse con el filtrado de las aguas. Para que funcione es necesario un aceitado sistema de monitoreo de las aguas que detecte a los responsables de violar los límites de los contaminantes que se vuelcan. Cualquiera de las soluciones que se adopte sólo necesita un elemento: decisión política.