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miércoles, 11 de julio de 2018

"DALE A TU BOTÍN" ........FÚTBOL PARA CHICOS VULNERABLES


El fútbol como llave para educar en valores a chicos de contextos vulnerables
Dale a tu Botín equipa potreros en barrios humildes de Córdoba para enseñar a niños a compartir y ser responsables 
Dale a tu Botín equipa potreros en barrios humildes de Córdoba para enseñar a niños a compartir y ser responsables
CÓRDOBA. El fútbol como excusa. Esa es la idea que mueve a Dale a tu Botín, una ONG que nació hace unos cuatro años en la capital cordobesa y que surgió de la angustia de una familia al ver los desmanes y saqueos de diciembre de 2013, cuando una huelga policial dejó a Córdoba en un clima de guerra.
"Veíamos lo que pasaba, conocidos a los que les saquearon un negocio o les quemaron una pyme, y nos preguntábamos qué había detrás, por qué la sociedad se comportaba así", cuenta Walter Smidt, creador de la fundación. "Entonces agrega empezamos a recorrer con mi esposa las barriadas, a involucrarnos y ver cómo podíamos ayudar; había una fuerte ausencia del Estado".
Uno de los problemas que detectaron era que había muchos chicos de familias sin recursos en la calle, muchas veces solos. "Si no hay nada, a lo mejor el camino son los malos hábitos. El fútbol fue lo primero que tuvimos a mano y, con la ayuda de algunos empresarios chicos, arrancamos llevando arcos, pelotas y pecheras a una canchita".

La "canchita" es una en el barrio El Cerrito, en Argüello (a media hora de la capital cordobesa). A fines de 2014 ahí estaba el "profe" Christian Abranchi tratando de hacer su "aporte" a la sociedad. Director técnico nacional recibido, se inclinó por enseñar fútbol a los chicos. Coincidieron con Dale a tu Botín y el baldío se transformó en una cancha.
"Pensé que vendrían unos 15 chicos porque es una zona muy humilde donde no había disciplina deportiva", describe Abranchi, quien ahora tiene 100 alumnos que entrenan dos veces a la semana. "Las familias ayudan, trabajan; los papás acompañan así el crecimiento y el desarrollo integral de sus hijos; colaboramos para mejorar la conducta, para que sepan que hay que entrenar, que hacerlo es una responsabilidad". La "escuelita" es gratis y abierta para todos; para alquilar el predio donde hacen partidos en una liga el aporte es de $70.
Smidt; su esposa, Mariela Dequino, y sus tres hijos (20, 18 y 13 años) se entusiasmaron y fueron sumando más colaboradores y más lugares. "Vimos que el fútbol era una herramienta que podía ayudar a la movilidad social; que con pocos recursos se puede hacer mucho; sacar a los chicos de la calle, inculcarles valores, trabajar con los papás", explican.

Apenas empezaron a ayudar a los potreros detectaron el otro problema, el de la falta de calzado. "Provoca una gran frustración porque al disputar una pelota se caen porque el botín está liso", afirma Smidt. Como no tenían recursos para comprar nuevos, empezaron la tarea de "incentivar a gente a que done los botines que no usan".
Así surgió la campaña "Dale a tu botín la posibilidad de seguir haciendo goles". La fundación tiene un "botinómetro" que lleva a escuelas, a clubes de rugby y a las entidades donde se lo permiten para recibir las donaciones y, después, en las "escuelitas" los profesores las distribuyen a quienes necesitan.
Entre todos
El Fortín de Güemes es la "escuelita" de los barrios Maldonado y Müller, una zona roja cordobesa. La creó hace cinco años el matrimonio de Mabel Godoy y Miguel Ángel Juncos. Arrancaron con diez chicos y las pelotas y pecheras que habían conseguido. Hoy son 80 de entre 4 y 16 años. Dale a tu Botín se sumó al esfuerzo.

"No solo es estar en la cancha, sino escucharlos, ver sus problemas en el contexto en que viven; lograr que los chicos y los papás confíen y expresen lo que les pasa. Hemos conseguido cosas muy lindas; lo hacemos con amor", comenta Godoy. La pelota borró el límite entre los barrios -tradicionalmente con barras enfrentadas-, en la cancha se acabó la distinción. Y agrega: "Son un equipo con las mismas responsabilidades y derechos; si hay algo es para todos y si no una vez para uno y otra vez para otro".
La casa del matrimonio es de puertas abiertas; los chicos van a ver partidos del Mundial y a escuchar música. Juncos es el entrenador y encargado de la organización: "Les muestro que no solo se trata de ser habilidoso y patear; que los jugadores que ellos admiran tienen responsabilidades. El fútbol es un premio no un derecho. 'Si querés jugar, tenés que entrenar, tener buen promedio y buen comportamiento en la casa', sino de titular a suplente y de ahí a la hinchada, pero entrenando el doble".
A la fundación la apoyan exjugadores, entre los que destacan Juan Carlos "la Milonguita" Heredia (cordobés que fue una gloria del Barcelona en los 70), el ex Belgrano Luis Fabián Artime y Roberto "Pato" Gasparini, un ex Racing de Córdoba. "Para los chicos es lindo verlos y escuchar lo que cuentan, es un incentivo. Por eso invitamos a que otros se sumen", pide Smidt. La fabricante de pelotas cordobesa Dale Más también colabora para que puedan tener elementos.
Los Chañas, el equipo de Anisacate, que dirige Natalia Gilio, ya se organiza para tener su camiseta. En el pueblo de 1200 habitantes a 40 kilómetros de Córdoba los vecinos convirtieron un "campito de vacas y caballos" en una cancha. Veinticinco chicos se entrenan y sociabilizan. "Aprenden a respetarse, a ser más responsables, están contentos y las familias también se suman y ayudan", agrega Gilio, quien llegó al lugar hace dos años desde Buenos Aires y, como es profesora de educación física, armó el equipo.
En el campeonato de Dale a tu Botín el equipo que gana se lleva tres puntos y uno el que pierde, pero también se otorgan puntos por el comportamiento de los papás en la tribuna, de los chicos en la cancha y también del profesor.

G. O.

jueves, 17 de agosto de 2017

LA INFANCIA VULNERABLE Y LA SALUD

La mitad de los menores va al hospital
El mayor déficit se produce en la medicina preventiva y en la falta de control odontológico
La dimensión de la salud también fue estudiada por la UCA. "El 50% de los niños en la Argentina depende de la atención de su salud en el sector público", afirma Ianina Tuñón, responsable del nuevo informe de la UCA. La falta de controles es una de las variables que afecta a la población más vulnerable: "El ejercicio del derecho a la salud se ve vulnerado en el 21,7% que no realizó una consulta al médico en 2016 y 43,5% que no efectuó una consulta odontológica".
La medicina preventiva está ausente en este segmento. También, la falta de control odontológico genera graves consecuencias para personas que luego no tienen acceso a tratamientos que son costosos, como conductos e implantes.
El déficit en la medicina preventiva se nota especialmente en las dificultades para conseguir turnos en consultorios externos, tiempo de espera, falta de insumos y, de modo particular, en el caso de la atención a la salud bucal, según la UCA.


"Las recomendaciones internacionales coinciden en señalar que los niños/as en sus primeros días y meses de vida requieren de controles pediátricos preventivos periódicos mensuales hasta el primer año de vida, trimestrales durante el segundo año de vida, semestrales hasta los 4 años y anuales a partir de los 5 años, procurando mantener los mismos durante la pubertad y la adolescencia media y tardía. Y controles de periodicidad semestral en el caso de la atención de la salud bucal a partir de los 3 años. Si bien en esta edad todavía tienen dientes temporales, presentan más posibilidad de tener caries", dice el informe.


Según Tuñón, "estas carencias en la atención de la salud son claramente regresivas para los niños más pobres y segregados de la Argentina con quienes el Estado tiene una deuda y desafío superlativo en términos de cobertura".
"Por otro lado, entre 2015 y 2016 se advierten leves mejoras en la atención de la salud. Estas mejoras se registraron de modo particular en los adolescentes y en el Gran Buenos Aires", agrega. El Observatorio hace referencia a que es cierto que hay una cobertura a través de servicios de salud públicos, pero señala que también es necesario que sean de calidad.

martes, 15 de agosto de 2017

INSEGURIDAD ALIMENTARIA; NIÑOS POBRES


Hay 1.200.000 chicos con problemas graves para alimentarse en la Argentina
Según la UCA, 2,8 millones tienen severos déficits de comida; la pobreza estructural tuvo poca variación desde 2010


Tras la difusión por parte del Observatorio de la Deuda Social Argentina, de la Universidad Católica Argentina (UCA), de que seis de cada 10 chicos son pobres en la Argentina (7,6 millones), Se tuvo acceso  a una de las dimensiones que más los afecta: la inseguridad alimentaria.
Según se desprende del capítulo Alimentación del nuevo informe, que será presentado mañana, en materia de inseguridad alimentaria, dos de cada 10 chicos hoy viven en hogares que se encuentran en situación de vulnerabilidad en el acceso de alimentos. Uno de cada 10 experimentó situaciones de inseguridad alimentaria grave, es decir, hambre, durante el último año. "Esta tendencia se profundizó levemente entre 2015 y 2016", dice el informe de la UCA, "y de manera particular en el estrato trabajador marginal, el estrato bajo y en espacios de villas o asentamientos urbanos".
En 2015 había 2.704.000 chicos en situación de inseguridad alimentaria y entre ellos 1,1 millones con problemas graves en este sentido. En 2016, la inseguridad alimentaria en chicos de 0 a 17 años llega a 2.821.000 y de ellos hay 1,2 con graves problemas para alimentarse.


El Barómetro de la Deuda Social de la Infancia, elaborado por el Observatorio, analiza la situación de privación de alimentos entre 2010 y 2016. La encuesta se realiza en 20 aglomerados urbanos de 80.000 habitantes y más. En este período no se registran grandes cambios. "En 2010, se estima que el 22% de los niños/as de entre 0 y 17 años vivían en hogares que habían disminuido el consumo de alimentos en cantidad y calidad por sus problemas económicos. Se trata de 2,8 millones de chicos y se llega a 2016 con un 21,7% en igual situación. Las diferencias porcentuales no son estadísticamente significativas", dice Ianina Tuñón, investigadora responsable del Barómetro de la Deuda Social Argentina de la UCA.


Por otro lado, "la inseguridad alimentaria severa que afecta de modo directo a los niños (se trata de chicos que tuvieron hambre en los últimos 12 meses) en 2010 tenía una prevalencia de 10,7% y en 2016, de 9,3%. Es decir que salieron de la situación de riesgo alimentario aproximadamente 182.000 niños/as de entre 0 y 17 años". Las transferencias de ingresos, que fueron en ascenso desde 2011, más la ayuda alimentaria directa, ayudaron y ayudan a las personas que padecen inseguridad alimentaria severa. "Sin estas políticas estos valores serían muy superiores", agrega Tuñón, y aclara que, de todas maneras, son insuficientes para erradicar el problema, ya que no todas las transferencias de ingresos pueden destinarse a la alimentación.
Como sostiene la UCA en sus informes, es la pobreza estructural la que no se mueve desde hace por lo menos 30 años y afecta a entre el 20 y el 25% de la población.



Consecuencias
El doctor Abel Albino, director de la fundación Conin, trabaja a través de centros sociales distribuidos en el país para mitigar la desnutrición infantil. Con amplia experiencia en este drama, dice que "la gente que sufre la pobreza y la indigencia no come bien. Cuando una familia no tiene los ingresos suficientes para alimentarse correctamente, prioriza la cantidad sobre la calidad. Fideos, arroz, harinas, polenta. Ésa es toda su alimentación, que no es suficiente. Tenemos así chicos «inflados» y es una maldad no reconocerlo, porque se trata de criaturas que están formando sus huesos, su músculos". Aclara que cuando una familia gasta más del 30% de sus ingresos en comida está en problemas. "En los Estados Unidos se gasta el 16% del ingreso en comida, pero en América latina este porcentaje trepa al 64%."
Se produce entonces, según Albino, un déficit proteico. "El chico cesa su proceso de crecimiento y se ensancha. Ésa es la obesidad en la pobreza extrema."
Agrega que "el niño no muere de desnutrición, sino de enfermedades asociadas a ella". En Conin atienden en sus 102 centros a más de 7000 chicos con desnutrición leve, moderada y grave. "Por favor, necesito que más gente se sume a Conin", ruega.
La crisis, en números
2,8
Millones de chicos no se alimentan bien
Son las cifras de 2016, según la UCA. Se trata de personas hasta 17 años con inseguridad alimentaria
1,2
Millones sufren hambre
A partir de 2011 aumentaron las transferencias de ingresos y también la ayuda alimentaria directa. De otra manera la cifra sería mucho mayor
35%
Pobreza estructural
No varía en la Argentina desde hace 30 años, aproximadamente, según la UCA
7,6
Millones son los chicos en la pobreza
Se trata de 6 de cada 10 chicos en la Argentina. Pero dos de cada 10 están en una situación de inseguridad alimentaria, y uno de cada 10 padece hambre

sábado, 15 de julio de 2017

LOS NIÑOS QUE NO VEMOS....¿NOS IMPORTA?


"Dale, tomá, llevate el pan. Y acá tenés una platita para vos y otra para tu hermano", dice la doctora
Ana Lía Otaño, médica pediatra, en plena siesta chaqueña. En un hotel elegante del centro de Resistencia, donde la entrevisto, la escena es veloz: dos nenes esmirriados llegan a la confitería, la doctora los llama y antes de que puedan decirle nada, ella ya les deja en las manos el contenido entero de la panera. Cuando se van, me explica: "¿Sabés por qué hago esto? Porque muchos de mis pacientitos en el hospital pediátrico comían así: de lo que les daba la gente. Ojo, yo sé que hay gente que no les da porque dice que los explotan. Pero a mí me consta que muchas de estas criaturas dependen de eso poquito que uno pueda darles. Entonces, ¿cómo no les voy a dar?"
La doctora Otaño tiene una de esas caras limpias y sonrientes que son como un oasis en el desierto emocional del hospital público. Hace ocho años, como representante del Ministerio de Salud en su provincia, Chaco, encabezó una comisión multidisciplinaria que investigó los contaminantes del agua y, en particular, el posible impacto de estos sobre la salud de los más pequeños. Los resultados de ese estudio (elaborado en base a cifras oficiales) todavía espantan. "Descubrimos que en sólo diez años las malformaciones congénitas se habían multiplicado por cuatro y el cáncer pediátrico, por tres", revela.
Sin embargo, ella (ahora jubilada y nombrada en 2015 Mujer del Año en su provincia) admite que ni siquiera tres décadas mirando la miseria a los ojos han logrado acostumbrarla a las bandadas de chicos silvestres buscando qué comer. Y no son pocos, ni son el triste privilegio de su provincia. De hecho, según datos recientes del Centro para la Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), si en el último trimestre del año pasado la pobreza golpeaba a tres de cada diez argentinos, el porcentaje subía si se ponía el foco en los chicos. En efecto, en la franja de chicos de hasta 4 años, casi la mitad (43,8%) era pobre. Pero si la mirada se extendía hasta los 14 años, el espanto también se disparaba: 47,9% de ellos vivía -vive- en la pobreza.
Hay 5,6 millones de chicos pobres en la Argentina.
Aunque tal vez, dicho así, no se comprenda cabalmente de qué estamos hablando. Porque escondidos detrás de una palabra tan sobria, están estos nenes con el pelo descolorido de la comida salteada y la mirada de ése al que viven echándolo hasta de la calle. De esto, precisamente, se habla cuando se dice "infantilización de la pobreza": de pobres cada vez más chicos. O, si se prefiere, de chicos cada vez más pobres.
Según datos aportados por Infancia en Deuda (un colectivo integrado por 25 organizaciones de la sociedad civil preocupados por estos temas, entre los cuales se cuentan Unicef, Aldeas Infantiles, Haciendo camino, ACIJ y varias entidades más), a la pobreza hay que sumarle el hacinamiento en el que vive el 42,4% de los menores de nuestro país. Una cifra que -en provincias como Formosa- trepa al 58,8 por ciento.
De hecho, el colectivo Infancia en deuda surge cuando un grupo de entidades vinculadas a temas de infancia verifica que, por ejemplo, a once años de sancionada la ley, la figura de defensor de la niñez seguía sin ocuparse. Que en la Argentina, cada diez minutos, una adolescente se convierte en madre. Que uno de cada cuatro chicos que comienza la secundaria no aprueba el año. Que uno de cada cuatro nenes en edad de ir al jardín no lo hace. Que casi la mitad de los chicos son castigados físicamente por sus padres. Que, sin importar de qué sector social estemos hablando, ser chico en la Argentina es algo peligroso. Y que a nadie, a través de las décadas y de las sucesivas gestiones, ha entendido que en esto se nos juega no sólo el futuro, sino también el presente.
Más allá de lo atroz de las cifras, lo que no deja sin embargo de sorprender es que sean organizaciones de la sociedad civil y no el Estado quienes provean datos e instalen la discusión de temas que, como éste, parecen no despeinar a nadie. "Los que estamos trabajando en terreno y en contacto directo con niños y niñas cuyos derechos han sido vulnerados sabemos que no hay tiempo que perder. Para nosotros, como sociedad, la situación de los chicos tendría que ser algo no negociable, sobre todo porque los tiempos de los chicos claramente no son los del Estado", marca Alejandra Perinetti, directora de la ONG Aldeas Infantiles, hasta donde los chicos llegan escapando de la violencia o del abuso sexual en sus hogares.
Justamente por eso, el principal objetivo de Infancia en deuda "es asegurar el cumplimiento de la ley 26.061 -promulgada en 2005- que, además de crear el cargo del defensor del niño, incluye entre otros puntos la realización de una encuesta nacional nutricional que informe sobre la situación actual de la niñez; la implementación de una política coordinada e integral para cumplir con los derechos de la primera infancia, y la asignación del presupuesto necesario para garantizar las necesidades de todas las niñas y los niños de nuestro país", se lee en un documento de la organización.
Según Florence Bauer, directora de Unicef Argentina, "el defensor de la niñez es una figura fundamental, prevista por la ley desde hace diez años y aún sin concretar. Debe monitorear las políticas públicas para la infancia, alertar al gobierno y al país sobre problemas que estén dándose en relación a la niñez e impulsar acciones sobre esos temas y, por último, representar a los niños, niñas y adolescentes. Debe cumplir esos tres roles y por eso es tan importante que el proceso de elección que lo designe sea totalmente transparente. Esperamos que sea nombrado este año".
Especialmente porque aún en 2017 el país sigue sin tener datos nacionales y actualizados de salud y nutrición en la niñez; la última encuesta de este tipo se realizó en 2005. Y si bien estaba estipulado que ese relevamiento volviese a ser realizado cada diez años, esto no sucedió y se siguen tomando decisiones en base a datos que tienen un atraso de doce años. Pero, ¿qué eficacia puede esperarse de una política pública diseñada en base a lo que refleja el espejo retrovisor?
De lo que no importa
Los chicos, dice el lugar común, son la inocencia, la verdad y hasta el futuro. Para seis millones de menores en nuestro país, sin embargo, las tres cosas brillan por su ausencia. Al mismo tiempo, resulta también alarmante ver cómo conviven chicos y adolescentes desnutridos con otros amenazados por la obesidad infantil y toda una gama de patologías asociadas al sedentarismo y al consumo frenético de comestibles llenos de sabores y colores, pero vacíos de cualquier otra cosa. La semana pasada, de hecho, y organizada por la Organización Panamericana de la Salud (OPDS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), se llevó a cabo en Buenos Aires un encuentro de dos días sobre obesidad infantil.
"La Argentina tiene la segunda tasa más alta de sobrepeso en menores de 5 años de América latina y el Caribe, con un 9,9%", según el Panorama de Seguridad Alimentaria y Nutricional elaborado por OPS, OMS y la FAO. El mismo estudio refiere a un análisis hecho sobre la publicidad de alimentos en televisión dirigidos a niños y niñas en ocho países de América latina, que detectó que en la Argentina el 48% de los alimentos publicitados tenía un bajo valor nutricional, y que el 69% de los encuestados consumió estos productos posteriormente", precisa el informe de Unicef Argentina sobre esas jornadas.
Evidentemente, el problema de la niñez olvidada por el Estado no es privativo de determinado sector social ni se limita a chicos que pasan hambre. En este aspecto también la designación de un defensor de la niñez se hace urgente, ya que esa figura es la que puede accionar denunciando no sólo el avance del hambre y la pobreza sino también la creciente artificialización de eso que comen millones de chicos y adolescentes sin distinción de clase social. Y también, en el caso de la violencia, que tiene entre los chicos a sus principales víctimas y en más de un sentido.
"Según el Ministerio de Justicia, el 57% de las víctimas de violencia tiene menos de 18 años. La línea 102 de la Ciudad de Buenos Aires recibe cuatro llamados por día con denuncias de violencia contra la niñez", resume al respecto un documento del colectivo Infancia en deuda.
"El caso de la justicia penal juvenil también es un buen ejemplo de desprotección. En la Argentina, los adultos tienen mejor acceso a la Justicia que los menores. Aquí hay condenados a cadena perpetua siendo menores de edad", grafica Juan Facundo Hernández, abogado y socio fundador del colectivo Derechos de la Infancia y de la Adolescencia. "Por supuesto que cuando un menor viola la ley el Estado debe actuar, pero el encierro de por vida no puede ser la única respuesta. Y de hecho, por eso el Estado argentino fue cuestionado internacionalmente", precisa.
La Argentina fue también denunciada por no cumplir con la Convención de los Derechos del Niño ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), a raíz de la situación de los millones de chicos que viven en pueblos agrícolas y expuestos a fumigaciones sistemáticas. Estas, como verificó el grupo de investigación Genética y Mutagénesis Ambiental (GeMA), conducido por la doctora Delia Aiassa, de la Universidad Nacional de Río Cuarto, exhibían daño en su material genético, con todo lo que eso podría implicar para su salud futura.
Infelices los niños
Cuidados en la primera infancia. Hogares-refugio. Contención. Los discursos sobre la niñez se dan, cada tanto, un baño de novedades y de un tiempo a esta parte la novedad parecería ser el "cuidado", entendiendo por eso el estímulo, la protección y la vigilancia amorosa de los niños en sus primeros años. Como no se cansa de recordar el doctor Abel Albino, de la ONG Cooperativa para la Nutricion Infantil (Conin), el cerebro crece a una velocidad asombrosa y el "cableado" cerebral se expande y se complejiza. O no. Si el chico no cuenta con una alimentación y un entorno adecuados para sacar el máximo provecho de esa ventana de oportunidad, la respuesta será "no". Pero, además, el doctor Albino distingue desde siempre hambre de desnutrición. "Combatir el hambre es muy sencillo, se arregla con un sándwich; combatir la desnutrición es mucho más arduo, porque hay que hacer un abordaje integral de la problemática social que da origen a la extrema pobreza", precisaba en una entrevista concedida a Border Periodismo.
En este contexto de olvido, no sólo sistemático sino también histórico, tal vez uno de los indicadores que mejor rinde cuenta de la desidia estatal frente al tema sea la subejecución del presupuesto asignado para resolver las cuestiones más urgentes. En este sentido, los datos de la Secretaría Nacional de la Niñez, Adolescencia y Familia son por demás reveladores: si en 2016 un tercio del presupuesto asignado quedó sin ejecutarse, en los cinco primeros meses de este año sólo se ha ejecutado 13,4%. ¿Y por qué importa esto? Porque, como precisa otro documento del colectivo, "dentro de las acciones que implementa dicha Secretaría, la mayor demora en la ejecución presupuestaria se observa en las acciones tendientes a la «Promoción y asistencia a los centros de desarrollo infantil comunitarios», cuya ejecución a la fecha de cierre del presente informe, es de un 2,92%". En otras palabras, allí en donde todos insisten en que hay que poner el foco y la acción es justamente un área en donde la indolencia es mayor.
Pero, para quien mire con un poco más de detenimiento, el abandono de la infancia y de la adolescencia argentinas saltan a la vista en cada paso. En la verdadera carrera de obstáculos que debe enfrentar todo ciudadano que quiera hacer una denuncia por violencia contra menores. En el desdén de las autoridades de turno por hacer de la Educación Sexual Integral una práctica escolar más. En el profundo desconocimiento del grueso de las autoridades sanitarias sobre los determinantes ambientales de la salud en niños y adolescentes. Porque si efectivamente -como anota la doctora Aiassa en un artículo en la revista Archivos de Pediatría-, "el estatus sanitario de una sociedad puede ser juzgado en base a la salud de sus niños", el de la Argentina está en serios problemas. Y, mientras el tiempo vuela, las autoridades siguen llegando tarde a la única cita para la que no hay excusas.
F. S. 

sábado, 24 de junio de 2017

NIÑOS POBRES....


Según Unicef, hay 5,6 millones de niños pobres en la Argentina
De ellos, 1,3 millones pasan hambre; es peor en hogares con desempleo o baja educación
Casi la mitad de los chicos argentinos son pobres. De acuerdo con la proyección a todo el país que realizó Unicef para el último trimestre del año pasado, sobre la base de datos del Indec, hay 5,6 millones de chicos en la pobreza, de los que 1,3 millones sufren directamente hambre.
Un tercio (29,7%) de la población general argentina está en la pobreza. Pero si se busca saber qué pasa con los más chicos, este número -estimó Unicef- llega al 47,7%. En cuanto a niños y adolescentes que no tienen para comer -pobreza extrema o indigencia-, esa proporción es del 10,8%, según el informe "La pobreza monetaria en la niñez y adolescencia en Argentina", de Sebastián Waisgrais, especialista en monitoreo y evaluación de programas de Unicef, y Jorge Paz, investigador del Instituto de Estudios Laborales y del Desarrollo Económico (Ielde).
Pero los expertos no pusieron sólo el foco en el número de pobres por ingresos, sino que buscaron ir más profundo para saber tres cuestiones fundamentales: cuáles son las desigualdades existentes dentro de la misma pobreza, cómo impactan las transferencias monetarias (por ejemplo, la Asignación Universal por Hijo) y cuán sensibles son los indicadores monetarios de pobreza a los vaivenes de la economía, léase a los movimientos de los ingresos y la inflación.
"Si se segmenta la población de niños en tres grandes grupos de edad se observa que la incidencia mayor de la pobreza se verifica para el grupo de 13 a 17 años (51%), seguido por el grupo de 5 a 12 años (48%) y de 0 a 4 años (45%)", explica el estudio. Las disparidades entre sexos, en tanto, son menores, señalaron los especialistas. No obstante, los varones tienen tasas de pobreza más elevadas, excepto en el grupo de 0 a 4 años, en el que hay una "clara desventaja" para las niñas.
Peor con desempleo
La pobreza en los hogares es más o menos profunda, según las características del jefe o de la jefa de hogar, según el estudio de Waisgrais y Paz. "Si bien la pobreza afecta al 47,7% de los niños, la tasa aumenta al 85% cuando el niño reside en un hogar cuyo jefe o jefa está desocupado, al 64% cuando es inactivo o al 65% cuando es asalariado informal", concluye el documento. "La pobreza infantil también es mayor en hogares donde la jefa es mujer (55,3%), el jefe o la jefa tiene un bajo nivel educativo (72,5%) o es menor de 25 años (51,6%)", agrega.
Con relación a la pobreza extrema o indigencia (un 10,8% de los chicos), la tasa aumenta al 41% cuando viven en un hogar con jefe o jefa desocupado y al 17% cuando es una mujer la jefa. 
"Las diferencias más significativas las padecen los niños que residen en hogares cuyo jefe está desocupado, donde hay 12 veces más incidencia de la pobreza extrema que cuando es un asalariado formal y cuando el jefe sólo completó hasta seis años de educación. "Ahí hay 10 veces más incidencia que cuando completó al menos 12 años de educación", estima.
"La AUH reduce la pobreza en todos los casos, pero mucho más la pobreza extrema que la pobreza en general", afirmó Paz. "Se puede decir que saca mucha más gente de la indigencia que de la pobreza", agrega. Según el informe de Unicef, las transferencias monetarias a los hogares reducen en un 30,8% la pobreza extrema y en un 5,6% la pobreza general. Con esta tendencia coinciden también los datos de la Universidad Católica Argentina, que, sin embargo, usa su propia muestra para su encuesta, su metodología y sus canastas de precios.
Según la oficina de las Naciones Unidas para la infancia, la pobreza se reduce casi a la mitad -gracias a estas transferencias- entre los niños que viven en hogares cuyos jefes y jefas son trabajadores informales. No obstante, prácticamente no cambia en los hogares donde el jefe tiene un trabajo formal. "También genera reducciones significativas en hogares con jefaturas femeninas y bajo nivel educativo", estima el documento de Unicef. "La AUH es un gran aporte. Pero si se mira la heterogeneidad dentro de la pobreza, se puede focalizar aún mucho mejor", dijo Waisgrais.
Unicef hizo además lo que denominaron un "análisis de sensibilidad", ya que la medición de la pobreza en los niños -explicó Waisgrais- muestra "mucha volatilidad" sin relación con temas estacionales o muestrales. Por ejemplo, entre el segundo y el cuarto trimestre de 2016 pasó de 50,9 a 47,7 por ciento.
"El ingreso promedio del 20% más pobre de la población es de $ 7800 y por debajo de ese ingreso familiar se encuentra el 96% de los niños en la pobreza extrema. Esto conduce a predecir que cualquier modificación positiva respecto de la línea de pobreza extrema, por aumento de ingresos o por reducción del valor de la canasta, provocaría una gran reducción" de esa pobreza, indicó Unicef.
F. J. 

miércoles, 30 de noviembre de 2016

NIÑOS VULNERABLES ¡¡¡BASTA YA !!!


Pobreza: la particular vulnerabilidadde la mitad de los chicos argentinos
El 20 del actual se conmemoró el Día Universal del Niño, y siempre es una ocasión para interpelar a los Estados y también al conjunto de la sociedad sobre los derechos que todavía no son efectivos.
Las últimas cifras publicadas por el Indec señalan que en la Argentina el 47% de los niños/as menores de 15 años son pobres en términos de sus ingresos. Según las estimaciones del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia de la UCA, el 56,2% de los niños, niñas y adolescentes tiene carencias sociales en al menos una de siete dimensiones de derechos (alimentación, salud, vivienda, saneamiento, estimulación/educación, información).
No es menor que el 19,2% de estos niños/as experimente privaciones en umbrales que comprometen el sostenimiento de la vida (carecer de agua de red e inodoro con descarga, y/o vivir en una vivienda precaria con cinco o más personas por cuarto, y/o experimentar situaciones de hambre y no acceder a asistencia directa, y/o no ir a la escuela, y/o no tener las vacunas del calendario, entre otros).
Se estima que el 30,6% de la infancia tiene al menos una privación social en el ejercicio de derechos y además es pobre en términos económicos; el 25,5% experimenta carencias sociales, pero no pobreza económica, y el 9,8% es pobre económico, pero no registra privaciones. Estas cifras dan cuenta de la magnitud de las vulnerabilidades sociales a las que se ven expuestos millones de niños/as en la Argentina.



Y es claro que el problema de la pobreza no es solamente económico. Lo cierto es que el ejercicio de derechos y el desarrollo humano y social de los niños/as y adolescentes dependen del acceso a recursos (derechos) y estructuras de oportunidades en el campo del hábitat de la vida, la educación, la salud y la recreación, entre otros.

La construcción de más y mejores estructuras de oportunidades para las infancias es un reto que demanda compromisos y acciones de parte de los Estados, pero también de las familias y las comunidades.
Trabajo infantil
Otra cara del fenómeno sin duda es el trabajo infantil. Según las estimaciones de 2015 del Barómetro, en la Argentina urbana trabaja el 12% de los chicos/as de entre 5 y 17 años (9,5% en actividades económicas y 4,3% en actividades domésticas). Si bien la evolución en el período 2010-2015 es positiva en términos de una merma del fenómeno, lo cierto es que una parte importante de la infancia y en particular de la adolescencia participa de las estrategias de sobrevivencia de sus hogares.
El trabajo en la infancia y la adolescencia es un fenómeno que se relaciona de modo directo con la precariedad laboral de los adultos, que se calcula alcanza al 47% de la población ocupada.



Es notorio que millones de niños, niñas y adolescentes en la Argentina experimenten privaciones sociales injustas y profundas desigualdades en el acceso a estructuras de oportunidades para el desarrollo de su máximo potencial.
En este país, en 2005 se sancionó la ley 26.061 de protección integral de derechos de niños, niñas y adolescentes, que establece en su capítulo III la creación de la figura del defensor del niño; sin embargo, pasados once años su designación sigue estando pendiente.
El actual estado de situación de las infancias parece ameritar su urgente nombramiento.

I. T.