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lunes, 27 de noviembre de 2023

OTRO ESCENARIO


Otra sorpresa en Economía
El desembarco de Caputo en Hacienda entró en zona de dudas y eso puso en suspenso, otra vez, la hoja de ruta; el presidente electo hizo un giro pragmático, pero prevaleció la desorganización
Jorge Liotti
Javier Milei, al salir anoche del Hotel libertador

El nuevo escenario político que se abrió a partir del triunfo de Javier Milei del domingo pasado empezó a gestarse hace dos años. Discurría el 2021 y se descorría con lentitud el velo de la pandemia. Y la Argentina que emergía entre tanto dolor y sufrimiento era el retrato de un país económicamente estancado, socialmente transformado y políticamente bloqueado. Un país en crisis estructural y sistémica.
A partir de entonces, todos los estudios cualitativos de opinión pública reportaron a lo largo de todos los meses un nivel inédito de pesimismo, desencanto e impugnación a la dirigencia, especialmente la política. Germinó en silencio la idea de que se acercaba un fin de ciclo, un concepto impreciso pero generalizado que se expandía desde los sectores más marginados hasta los intelectuales ilustrados.
En ese contexto Milei plantó su semilla, con su estilo extravagante, su mensaje provocador, sus peligrosos excesos verbales. Después de su primera experiencia como candidato legislativo en 2021 nacionalizó su figura en tiempo récord. Apenas cinco meses después de esos comicios, tenía una intención de voto en todo el país de entre 15 y 20 puntos. A otros políticos llegar a esos indicadores les había demandado años y montañas de dinero en propaganda. Se trata de un fenómeno excepcional, que se corresponde a una situación también excepcional del país. Una anomalía del sistema. No había margen para una elección ordinaria.
Si bien la vocación de cambio quedó refrendada en las urnas, las implicancias del voto requieren de un análisis discriminado. El resultado electoral indica el sentido de la voluntad popular, pero no qué hay detrás de cada boleta, cuál es la razón o la emoción que moviliza esa opción. Está más claro qué buscaron expresar quienes eligieron a Milei en las generales de octubre. Ese 30% compró el discurso de la motosierra, la casta y la dolarización. Adoptó la versión original más rupturista del libertario loco dispuesto a arrasar con todo. Es más difuso qué piensa el 26% restante que se sumó en octubre, y que antes había elegido a Patricia Bullrich o a Juan Schiaretti. Probablemente apostaba a un cambio más previsible y menos agitado, con algunos tonos de moderación en ese carrusel de emociones.
La interpretación de la naturaleza del triunfo de Milei es crucial para entender el mandato de su gobierno y los apoyos que puede llegar a reunir. Su electorado quedó conformado por algo más de la mitad extremadamente reformista, y una porción apenas inferior que también piensa en términos de previsibilidad. ¿Cuánto de rupturista y cuánto de moderación debe tener la futura gestión? La sociedad que proclamaba un fin de ciclo, ¿qué nivel de tolerancia exhibirá a la hora de las medidas reales? Milei va a quedar atrapado en la tensión entre reformismo y gobernabilidad, en la ecuación incierta sobre cuánto cambio resiste el sistema sin poner en riesgo la estabilidad de su gestión. Esa tensión pareció ser el telón de fondo conceptual de todos los zigzagueos que se vieron en su primera semana como presidente electo. Naturalmente condimentados con una alta dosis de desprolijidad y desconcierto.
Milei pareció interpretar la naturaleza más profunda de su triunfo, e inició una rápida metamorfosis de un dogmatismo juvenil a un pragmatismo clásico. Deberá retractarse in memorian ante Raúl Baglini, cuyo teorema objetó, para ahora rendir tributo. La transfiguración del plan económico fue la evidencia más nítida. En público y en privado, siempre se había identificado con el programa dolarizador de Emilio ocampo, al punto de que lo había transformado en la variable independiente de su proyecto. Así había marginado a Carlos Rodríguez, a Roque Fernández y a Darío Epstein, sus primeros interlocutores con el FMI. El futuro ministro debía sintonizar con las ideas del presidente del Banco Central, no al revés. De pronto todo cambió bajo la doctrina “opciones abiertas” que tanto repite Milei, en una versión más sofisticada del popular “vamos viendo” de Alberto Fernández.
Después se multiplicaron las explicaciones. La primera que ofrecieron en La Libertad Avanza fue que “ocampo no consiguió los fondos que había prometido para dolarizar”. Después lo complementaron al decir que “a Javier le pareció más consistente la propuesta de (Luis) Caputo”, que supuestamente implica una renegociación no compulsiva para licuar el peso de las Leliq, pero que aleja la idea de la dolarización. De paso recordaron que ocampo es una figura muy resistida en los mercados y que tiene un vínculo muy áspero con el resto del equipo. De todos modos, nadie dejó de admitir que fue un bombazo hacia el frente interno porque les resultaba inimaginable su apartamiento. La influencia de Mauricio Macri en la llegada de Caputo es incierta, porque si bien siempre lo reivindicó, en el Hotel Libertador atribuyen su desembarco en el campamento libertario a otros dos factores. Uno, su parentesco con Santiago Caputo, su sobrino segundo, un hombre que se ganó como pocos la confianza de Milei. Dos, el trabajo que venía desarrollando con Nicolás Posse desde hace mucho tiempo, en carácter de asesor.
Sin embargo, la semana terminó con lo que podría ser otra sorpresa de impacto: que Caputo no vaya al Ministerio de Economía, como se suponía, sino al Banco Central. “Se está evaluando si en esta primera etapa no es mejor que vaya al BCRA por su manejo del mundo financiero y de los mercados”, explicaron cerca de Milei, en un giro de las últimas horas. Una señal ayer fue la decisión de correrse de escena de Demian Reien del, quien estaba destinado a ese cargo. ¿Se reflotaría la idea de Federico Sturzenegger a Economía? “No, va a estar en el gobierno, pero en un área de desregulación”, respondieron. ¿Y entonces quién? Solo hay pistas vacías: “Si se concreta el cambio, sería alguien reconocido, que va a caer bien en el mercado”. otra vez el misterio. Lo cierto es que desde el viernes a la noche y hasta ayer, el Ministerio de Economía volvió a entrar en zona de dudas. El Banco Central también. Es decir, la hoja de ruta económica sigue en blanco.
En este ecosistema, Posse es una figura central porque es quien tiene el mismo patrón intelectual que Milei, y por eso es tan influyente. Es igual de disruptivo, pero sin excentricidades. integra junto con Guillermo Francos los pilares fundamentales del equipo de confianza, más allá del rol de Karina Milei. Uno aporta carácter técnico y orden; el otro, acción política. Francos había mantenido diálogo con varios gobernadores peronistas y les ofreció participar en la reunión que preparan para el martes. Si bien los mandatarios provinciales están inquietos por los efectos en la coparticipación del recorte de Ganancias, también admiten que el triunfo de Milei en sus provincias fue inapelable y que el peronismo fracasó en la gestión, por lo cual no están tan revolucionarios por ahora. Se avecina una negociación dura con ellos: fondos contra apoyos en el Congreso.
Pero la prueba de fuego de Francos fue el encuentro del viernes con Axel Kicillof, alguien que en la terminología de Milei es “un comunista”. El gobernador le mostró los números de su gestión; el futuro ministro, que trabajó en el Bapro con Daniel Scioli, entendió rápido sus temores: la provincia es inviable sin asistencia nacional. Francos también se reunió con Fernando “Chino” Navarro y con Emilio Pérsico, en una charla con otra lógica: paz social a cambio de prudencia en los recortes. “Vamos a tener manifestaciones, pero queremos evitar el desorden”, resumieron.
forma paralela florecieron problemas importantes con Victoria Villarruel, en una nueva versión del clásico “la vicepresidenta y el presidente están peleados”. Milei se enojó cuando fue a reunirse con sectores militares para transmitirles la idea de que ella iba a ser algo así como la jefa de las fuerzas. “Hubo gestos de autonomía de Victoria que no cayeron bien”, comentaron los libertarios más cercanos. Así se esfumó la idea de que la vicepresidenta electa manejara Seguridad y Defensa. Primero se habló de que le quedaría Defensa para Guillermo Montenegro y que Seguridad pasaría a Pro, pero como secretaría debajo de interior. Después se cristalizó el nombre de Patricia Bullrich para Seguridad (conservando su rango de ministerio) y se meneó el nombre de Luis Petri para Defensa. Ante la derrota en todos los frentes (para usar terminología castrense) Villarruel hizo el viernes una extraña ronda por los despachos de las fuerzas de seguridad y dijo muy suelta que no había hablado aún con Bullrich.
En todo este episodio primó cierta informalidad en el accionar de Milei, que es un rasgo a tener en cuenta. Hizo trascender el nombre de la líder de Pro, sin haber hablado con ella oficialmente. Durante un día desde el entorno de Bullrich siguieron diciendo que nadie les había confirmado nada. El episodio generó ruidos con ella, con Villarruel, y también con Macri, porque entendió que Bullrich se había “cortado sola”. En varios pasajes Pro contribuyó al desorden, porque abrió tres líneas divergentes de negociación: la de Macri (algo más prescindente desde que despejó de su horizonte a Sergio Massa, dando señales de que toma distancia pero al mismo tiempo buscando incidir en áreas sensibles como Justicia y AFI), la de Bullrich (que empujó por la gente que la acompañó en su aventura presidencial) y la de los gobernadores de JXC (que se reunieron en la semana para hacer un gesto de poder). Una fuente cercana al expresidente admitió esta semana que “Mauricio está dejando obrar, pero sabe que si el experimento Milei no resulta, se va a tener que involucrar de lleno”.
Una turbulencia similar a la de Villarruel ocurrió con Carolina Píparo, otra orgánica. Milei le ofreció espontáneamente estar al frente de la Anses y ella empezó a actuar en consecuencia. La que será su ministra de Capital Humano, Sandra Petovello, amenazó con pegar un portazo por eso y por las presiones de Pro para ocupar segundas líneas. El presidente electo dio marcha atrás ante el consejo de sus asesores, que le habían explicado la inconveniencia de tener alguien inexperto como Píparo en una caja tan sensible. Es un cocktail intenso el que propone Milei, que mezcla media tasa de improvisación, un toque de pragmatismo y un chorrito de temeridad para nefregarse en los costos políticos de esas movidas. El sabor de un estilo.
La otra discusión importante se está dando en la presidencia de la Cámara de Diputados. La disputa entre Florencio Randazzo y Cristian Ritondo no es solo cuestión de nombres, sino de los contornos que tendrá el nuevo oficialismo. Al exministro nacional lo auspician los libertarios; al exministro provincial, el macrismo. Si prima uno, se reafirmará la idea de una construcción más heterogénea, con un rol clave para el peronismo no K. Si se confirma el otro, se consolidará la alianza con el ala dura de Pro. Si es Randazzo el elegido traería una novedad, porque él no piensa pasarse a las filas de LLA y ejercería una suerte de oficialismo transversal. Confirmaría que se trata de una experiencia absolutamente novedosa como esquema de gobierno y el ingreso a una fase poscoalicional. Se trataría de un esquema híbrido, sin alianzas partidarias rígidas y confluencia de actores de distinta extracción. Milei tiene en mente un rediseño del tablero político que reúna, por un lado, a LLA, al sector duro de Pro y al peronismo cartesiano; y por el otro, al peronismo kirchnerista, la izquierda y, eventualmente, a los sectores refractarios de JXC.
Al final de la semana en el búnker libertario había satisfacción. Entendían que pese a todas las desprolijidades demostraron que están armando un equipo propio. En todos estos días primó la preocupación por demostrar que no estaban construyendo un Cambiemos bis, sino un proyecto nuevo. Por eso transmitieron todas las veces que pudieron que Macri no estaba interviniendo y que Milei estaba tomando las decisiones por su cuenta. Los mercados acompañaron el entusiasmo. operadores financieros en Estados Unidos no hacían más que elogiar los primeros pasos, mientras los activos de las empresas argentinas se revalorizaban. Pero frente a la euforia bursátil hubo un tema que no pareció estar tan presente en la primera semana: la inflación. El foco económico giró en torno del recorte fiscal y el orden financiero, pero no hubo menciones gráficas sobre los precios. Las empresas de consumo masivo, las de servicios públicos y las de combustibles esperan una señal que hasta ahora no recibieron para sincerar sus valores el 10 de diciembre. Hay un resorte contenido que puede ser peligroso si se despliega sin control. Prevalece cierta aceptación silenciosa de que la inflación entre diciembre y febrero podría duplicarse. Sería una prueba de fuego traumática para un gobierno con tantas fragilidades. La calle también cuenta. Como mencionó un operador financiero: “Milei se juega sus cuatro años en los primeros dos meses. Es una apuesta a todo o nada”

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sábado, 24 de diciembre de 2022

OTRO ESCENARIO


Otra derrota para el Presidente y Zannini
Diego Cabot
Corría la pandemia y todavía se podía ver en Olivos una mesa coloreada por gobernadores. El presidente Alberto Fernández; el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, y el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, eran parte del elenco estable. Pero el 9 de septiembre de 2020, en pleno romance, la Casa Rosada se despachó con una decisión mediante la cual le sacó una porción de la coparticipación a la ciudad.
Rodríguez Larreta se enteró cinco minutos antes –literalmente, cinco minutos– con un mensaje de texto del ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro. Pasaron poco más de dos años y la Corte falló a favor de la ciudad. Y si bien por ahora no se definió si la Nación le tendrá que devolver el retroactivo al gobierno porteño, de ahora en más deberá acatar el fallo y prácticamente duplicar la coparticipación porteña.
La historia se remonta a 2016, cuando la Rosada, en ese entonces comandada por Mauricio Macri, y la Ciudad firmaron un acuerdo para pasar la policía a la órbita local. Entonces, cuando la función seguridad pasó de jurisdicción, tal como lo establece la Constitución, llevó consigo los recursos. Fue cuando la coparticipación subió a 3,75% para quedar al final en 3,50% del total.
El asunto tiene aristas que van desde las implicancias financieras, políticas y, sobre todo, institucionales.
La primera, claro está, es financiera. La Ciudad dejó de percibir, a valores de hoy, unos $250.000 millones. De acuerdo con la disposición de la Corte, automáticamente volverá a recuperar una parte importante de la cuota mensual que cobran diariamente las provincias. Según el fallo, pasará ahora a percibir el 2,95% del total coparticipable, frente al 1,40% al que había sido reducida su porción por decisión del Presidente, que, luego, fue refrendada por una ley del Congreso.
Mientras se aplicó este régimen, el gobierno porteño dejó de percibir $248.500 millones, de acuerdo con datos actualizados del equipo de Rodríguez Larreta.
Como se trata de una medida cautelar, la cuestión de fondo aún no se resolvió. Quedará pendiente para cuando el juicio ordinario, que corre paralelo, tenga sentencia definitiva. Lo que sí sucederá es que la Ciudad verá fortalecida su caja con un goteo diario que se duplicará desde que tenga ejecutoriedad la resolución del alto tribunal.
Justamente esta recomposición de las arcas porteñas empieza a generar algunos interrogantes. El primero es qué pasará con los gastos presupuestarios de 2023. Rodríguez Larreta optó, en 2020, por podar los fondos a la obra pública y al mantenimiento de la vía pública y espacios verdes. En su entorno dicen que hubo un ajuste de 10% del gasto que se había proyectado entonces. Justo ahora, dirá el gobierno nacional, la Ciudad volverá a tener los fondos que le permitan acelerar su plan de obras. ¿Por qué justo ahora?, podría preguntar el lector. Pues porque al ritmo de la billetera abultada se lanza la campaña electoral donde el dirigente de Pro es precandidato presidencial.
La otra gran duda es qué pasará con dos impuestos con los que se financió la quita. Primero se eliminó la exención de pagar Ingresos Brutos a algunos instrumentos financieros. Eso fue, y es, un costo al Banco Central que tiene que calcular la retención cuando emite, por ejemplo, Leliq. Además, se aplicó el impuesto a los sellos del 1,2% a las tarjetas de crédito.
Con esa batería de medidas se intentó compensar el dinero que ya no venía. Claro que ninguno de estos dos tributos figuraba en el presupuesto que la Ciudad estaba por presentar ante la Legislatura en septiembre de 2020. Si ahora se recupera parte de las transferencias bien podría esperarse que aquella medida se revierta.
La segunda consecuencia es institucional. Una vez más la Corte le entregó a la Ciudad una entidad similar a las provincias. “La tutela que ejercía la Nación sobre la Capital en materia fiscal cesó con la reforma de 1994, que reconoció a la ciudad de Buenos Aires un régimen de gobierno autónomo. A partir de ese momento, adquirió un nuevo estatus constitucional que se expresó en el artículo 129 de la Constitución Nacional reformada, en cuanto establece que la ciudad de Buenos Aires tendrá un régimen de gobierno autónomo, con facultades propias de legislación y jurisdicción…”. De ese modo, se le reconoció el estatus de ciudad constitucional federada”, dice parte de la sentencia.
La Constitución estableció en 1994 que el distrito porteño participa de la distribución de los impuestos comprendidos en la nueva ley de coparticipación cuya sanción debió producirse antes de que finalizara 1996. Pero eso nunca sucedió. Al no ser parte del régimen similar al que tienen las provincias, se optó por una solución “transitoria”.
La tercera consecuencia es política. Primero, el peso simbólico que tiene otra sentencia en contra de los intereses del kirchnerismo puro. Al igual que otras derrotas judiciales que ha tenido el Gobierno, como la nulidad de los contratos de Autopista del Sol y del Oeste, en la contestación de demanda del Estado firma Carlos Zannini en su carácter de procurador general del Tesoro.
El jefe del cuerpo de abogados estatales, que firma solo las cuestiones que tienen el sello indeleble del kirchnerismo puro, ha conocido la derrota en varias oportunidades. Parece hermanado en la derrota con varios de los abogados de funcionarios procesados.
Otra consecuencia es el destino que la Casa Rosada dio a aquellos fondos. En septiembre de 2020, Fernández auxilió económicamente al gobernador Axel Kicillof para que resolviera un conflicto con la policía bonaerense, que entonces estaba realizando fuertes protestas.
Pasó el tiempo y la Corte deshizo aquel manotazo. Ahora el Presidente no solo deberá confeccionar un cheque para la policía bonaerense, sino que, además, tendrá que firmar otro para la sede del gobierno de la calle Uspallata.
En ese rincón de Parque Patricios, Larreta y los suyos sonríen y preparan la esponja con agua para mojar los dedos y contar billetes frescos en un año electoral.

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