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jueves, 5 de abril de 2018

HOMENAJE A UN GENIO; CESAR MILSTEIN

ARGENTINO Y JUDÍO
Prof.César Milstein, Premio Nobel
El argentino que revolucionó el tratamiento contra el cáncer.
La terapia contra el cáncer no sería hoy la misma sin la importante labor científica de César Milstein, un argentino que se exilió a Reino Unido, donde desarrollaría casi toda su carrera. ¿Por qué fueron y son tan importantes los anticuerpos monoclonales, el trabajo principal de Milstein?
El uso de estos anticuerpos monoclonales en la lucha contra el cáncer ha sido uno de los mayores éxitos en medicina. Esto es debido a que reconocen específicamente moléculas de la superficie de las células tumorales, de forma que el tratamiento no es generalizado, como ocurre por ejemplo con la quimioterapia o la radioterapia, sino que solo atacamos a las células malignas. Esto permite que los pacientes sufran menos efectos secundarios durante la terapia oncológica.
Si hay un argentino que debería pasar a la Historia, no debería ser Maradona ni Leo Messi. Que me perdonen los aficionados al fútbol, pero millones de mujeres en el mundo deben hoy su vida a un genial científico argentino: César Milstein. El mismo que revolucionó el tratamiento contra el cáncer mediante su trabajo con los anticuerpos monoclonales.
¿Quién era César Milstein? ¿Por qué se fue de Argentina? ¿Cuáles fueron las razones que le llevaron a permanecer en Reino Unido durante su carrera profesional? Y por último, ¿por qué su trabajo científico fue y sigue siendo tan importante en el campo de la medicina?

Cuando se habla de la biografía de alguna persona importante, se suele comenzar narrando sus inicios: la infancia, su juventud y su entrada en la etapa adulta. En el caso de César Milstein, lo haremos al revés. Y es que un fragmento del cuento de Un mar de fueguitos del genial Eduardo Galeano, fue el elegido por su sobrina nieta, Ana Fraile, para describir la personalidad de este genial científico durante su funeral:
"Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al cielo. A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.- El mundo es eso - reveló-. un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con la luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay gente de fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas; algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman, pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende."
 
 
 
Precisamente sería su sobrina nieta la que grabaría la película que narra la historia de César Milstein, titulada Un fueguito, la que mejor reflejaría la personalidad del científico argentino. Un investigador que comenzó su carrera en la Universidad de Buenos Aires, donde se licenciaría en Ciencias Químicas y donde completaría su tesis doctoral, premiada por la Sociedad Bioquímica Argentina.
Su marcha a Cambridge (Reino Unido) vino motivada por las "ganas de seguir estudiando" del propio Milstein. Allí, becado por la prestigiosa Universidad de Cambridge, realizaría su segunda tesis doctoral bajo la dirección de uno de los científicos más importantes de la época, Frederick Sanger.
Un año después de completar su doctorado, regresaría a Argentina. Por desgracia, su contribución científica allí no duró demasiado. A pesar de dirigir con éxito la división de Biología Molecular del Instituto Nacional de Microbiología, el golpe de estado de 1962 le llevó a abandonar definitivamente su país natal.
Él mismo lo explica en la película de Ana Fraile, "en Argentina me dijeron que no tenía futuro, por ser una persona con demasiado nivel científico":
Al volver a Inglaterra, regresa a Cambridge, ciudad donde realizaría su contribución más pionera, junto a G. Köhler: los anticuerpos monoclonales. Conocidos en inglés por las siglas mAB, estas proteínas son usados hoy de manera rutinaria en el tratamiento del cáncer de manera personalizada. Uno de los medicamentos que más éxito ha tenido, el Herceptin, no es más que el anticuerpo monoclonal trastuzumab, que se usa principalmente en pacientes con cáncer de mama.
La importancia de los anticuerpos monoclonales es clave. Al tratarse de proteínas idénticas, ya que son originadas por un único tipo de célula inmune, todos los clones de ese anticuerpo vendrán de la misma célula de origen. Y debido a ello, y a las características generales de los anticuerpos, son capaces de reconocer y unirse específicamente a una molécula específica que presente carácter antigénico.

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El uso de estos anticuerpos monoclonales en la lucha contra el cáncer ha sido uno de los mayores éxitos en medicina. Esto es debido a que reconocen específicamente moléculas de la superficie de las células tumorales, de forma que el tratamiento no es generalizado, como ocurre por ejemplo con la quimioterapia o la radioterapia, sino que solo atacamos a las células malignas. Esto permite que los pacientes sufran menos efectos secundarios durante la terapia oncológica.
El trabajo de Milstein supuso, sin lugar a dudas, un antes y un después en la historia de la medicina. De hecho, recibió el Premio Nobel de Medicina o Fisiología de 1984 por sus contribuciones científicas. Un argentino que revolucionó el tratamiento contra el cáncer, y que pasará a la historia por ello. Un fueguito, por último, que ardió la vida con tantas ganas que no se puede mirar su biografía sin parpadear.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

UNO DE LOS PREMIO NÓBEL DE ECONOMÍA; ANÉCDOTAS


POR PABLO KURLAT 


Bengt Holmström: Premio Nobel de Economía 2016


Hoy les conté a mis amigos que uno de los dos ganadores del premio Nobel de Economía (Bengt Holmström) había sido profesor mío, y me preguntaron de qué se trataba el trabajo por el que lo premiaron. “Perfecto” pensé, “les cuento un poco sobre teoría económica y no me pueden acusar de ser un bodrio porque ellos me lo pidieron”.
Entonces empecé con el problema clásico de un principal y un agente, tal cual me lo enseñó Bengt.

 Tengo un local de ropa y quiero que el vendedor (“vendedora”, me corrigió mi amigo Tomás, que es medio degenerado) se esfuerce por vender. Por cada prenda que vende yo gano 10 pesos. ¿Qué tal si le ofrezco una comisión de 10 pesos por cada venta? Así va a laburar como si el negocio fuera suyo. ¿Cómo gano plata yo? Le cobro un monto fijo por el privilegio de atender el local. En el fondo, con tal de lograr que labure, le vendí mi negocio. En la práctica, no solemos observar contratos así (“excepto en lugares de strip-tease,” me aclara mi amigo[1]). ¿Por qué? Porque con ese tipo de arreglo la vendedora queda expuesta a mucho riesgo, y lo ideal sería asegurarla, o al menos compartir ese riesgo con ella. El contrato óptimo tiene que balancear los incentivos al esfuerzo con la asignación de riesgos.
A esta altura me sentía contento. Les estaba contando a mis amigos una idea económica importante, relativamente abstracta, y todavía no me estaban puteando. Hasta que mi amigo Alejandro me dice “¿Y si le pagás fijo y variable como en cualquier lugar del mundo? ¿Y por qué le dieron el Nobel?” Alejandro es bastante educado. Lo que en realidad me quiso decir es “¿Por semejante huevada le dieron el premio Nobel a este tipo?”
Eso me hizo pensar un poco. Muchas veces en teoría económica aplicada empezamos con una idea relativamente simple (quiero que la vendedora labure), la describimos con ecuaciones y después de resolver las ecuaciones llegamos a otra idea relativamente simple (salario fijo más variable). ¿Vale la pena tanto esfuerzo? ¿No podríamos haber llegado a la misma conclusión sin escribir ninguna ecuación?
A veces sí y a veces no. Algunos resultados de teoría aplicada son obvios, pero los más interesantes no lo son. Por ejemplo, uno de los trabajos de Bengt que citaron al darle el premio Nobel (Holmström, 1979) muestra que no es cierto en general que “salario fijo más variable” sea la manera óptima de remunerar a un agente. El problema fundamental de la relación es que yo quiero que la vendedora se esfuerce, pero no puedo observar ni medir directamente si se está esforzando o no. Lo mejor que puedo hacer es remunerarla por todo lo que me indique que realmente se esforzó, por más que no tenga una relación perfecta con las ventas.
Por ejemplo, supongamos que hay tres niveles de ventas:

Ya en la manera de plantear el ejemplo hay una idea importante: el esfuerzo de la vendedora lo que hace esseleccionar una distribución de probabilidades: 30-60-10 en un caso, 60-30-10 en el otro. Si la vendedora se esfuerza, hace más probable que la semana sea buena y menos probable que la semana sea mala. Pero en este ejemplo la probabilidad de tener una semana buenísima no depende del esfuerzo (por ejemplo, las semanas buenísimas ocurren cuando vienen turistas, y la vendedora no influye en eso).
¿Cómo le tengo que pagar a la vendedora en este ejemplo? El resultado teórico no-obvio es que le tengo que pagar más por una semana buena que por una buenísima. ¿Por qué? Porque lo que yo quiero es que ella perciba que va a ganar más plata con esfuerzo que sin esfuerzo. Para eso, tengo que recompensarla cuando ocurren eventos (una semana buena) que son más probables con esfuerzo que sin esfuerzo, aun si no son las ocasiones en las que yo gano más plata.
Incluso en este ejemplo simple, algo no-obvio sale de haber escrito un modelo formal. Y sobre esta base Bengt y otros investigaron un montón de variantes, que son aún menos obvias y los modelos matemáticos nos ayudan mucho a entenderlas. Por ejemplo, ¿cómo hay que remunerar a un agente que tiene que hacer un esfuerzo sostenido en el tiempo y mientras tanto puede ver si le está yendo bien o mal? Mi amigo Luciano me dice que en su empresa tienen el problema de que cuando los vendedores llegan a su meta de ventas dejan de laburar. Holmström y Milgrom (1987) mostraron que si uno quiere esfuerzo sostenido entonces la remuneración variable tiene que ser lineal: la comisión por cada venta adicional no tiene que depender de cuántas ventas ya hizo el agente. Otro ejemplo: ¿cómo hay que remunerar a un agente que hace más de una tarea, y algunas tareas son más medibles que otras? Holmström y Milgrom (1991) mostraron que hay que disminuir los incentivos a hacer las tareas medibles para evitar que el agente abandone las tareas más difíciles de medir.
En clase, Bengt siempre insistía en que es importante escuchar a los modelos. Para eso sirven. Nos ayudan a llegar un poco más lejos de lo que nos llevaría la intuición pura, y nos ayudan a extenderla y a veces corregirla. El trabajo de Bengt, justamente premiado con el Nobel, es ejemplo de ello.

Holmström, B. (1979): Moral Hazard and Observability, Bell Journal of Economics 10, 74-91.

Holmström, B., and P. Milgrom (1987): Aggregation and Linearity in the Provision of Intertemporal Incentives, Econometrica 55, 303-328.

Holmström, B., and P. Milgrom (1991): Multi-Task Principal Agent Analysis, Journal of Law, Economics and Organization 7, 24-52.

[1] Mentira. Esta aclaración la hice yo. Basada en lo que me contaron, por supuesto.