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jueves, 12 de octubre de 2017

ECONOMÍA; RICHARD THALER....PREMIO NOBEL


El miércoles 23 de noviembre del 2011, en la sala de prensa de la Casa Rosada, el entonces Jefe de Gabinete, Anibal Fernandez, anunciaba que el Ejecutivo a pleno había renunciado voluntariamente a los subsidios energéticos y que esperaba que el gesto fuera copiado masivamente por los funcionarios de menor rango y eventualmente por toda la población que no necesitara esa ayuda del Estado
Al poco tiempo de implementada la medida los resultados fueron desalentadores; solo 35.000 personas ingresaron a la página web diseñada al efecto.

Si el Gobierno le hubiera preguntado entonces al hoy flamante Premio Nobel de Economía, Richard Thaler (ver fundamentos de la Academia acá) el catedrático le habría sugerido hacer exactamente lo contrario; esto es: dar de baja el beneficio para toda la población y habilitar un sitio web para que aquellos que realmente creyeran que necesitaban la asistencia del Estado, solicitaran mantener el subsidio.
Para cualquier Economista entrenado en la tradición neoclásica esta propuesta carecería de sentido; después de todo, se supone que la gente no es estúpida y que cada uno hace una especie de análisis costo-beneficio antes de tomar una decisión, de modo que la cantidad de bajas en el subsidio a la luz y el gas debería ser exactamente la misma sin importar si el mecanismo se basa en la regla de “opt out” (hay que optar para salir) o de “opt in” (hay que optar para entrar).
Pero este profesor de la Universidad de Chicago no se quedó en los postulados de las teorías principales que poblaban los pizarrones de las principales facultades, sino que prefirió la metodología experimental de la Psicología Cognitiva y demostró que el diseño de la arquitectura de elección tiene un notable poder en el resultado final por el que terminan inclinándose consumidores e inversores. En particular, las opciones que se establecen como default operan con fuerza de statu quo y terminan siendo más elegidas por la gente.
La misma lógica corre para múltiples casos que Thaler detallo en uno de los mejores libros de la historia sobre Economía del Comportamiento; “Nudge”. La palabra, de difícil traducción literal, se puede interpretar como un pequeño empujón, como una ayuda para decidir mejor. Con pequeños cambios, se pueden lograr grandes resultados.
Un ejemplo, estructuralmente similar al de la opción en relación a los subsidios, es el del estudio de los profesores Erik Johnson y Daniel Goldstein de Columbia, en el que muestran que la regla del donante presunto eleva de manera espectacular las tasas de donación de órganos, salvando miles de vidas (ver estudio acá)
Lo que sugiere este trabajo es que si el gobierno hubiera dado de baja todos los subsidios en 2011, dejando abierta la puerta para que los que lo necesitaran pudieran mantener el beneficio, habría bajado dramáticamente el gasto público, con la tranquilidad de proteger a los que estaban peor y no podían pagar la tarifa completa.
Las aplicaciones de este principio son ilimitadas. Por ejemplo, en el terreno de la salud se podría bajar notablemente el sobrepeso y sus consecuencias no deseadas, como la diabetes o las enfermedades cardiacas, armando los combos de los menues de las casas de comidas, con gaseosas light o cero, siempre dejando la puerta abierta para que el cliente acceda a la bebida regular con el solo requisito de pedirla.
Cuentas mentales separadas

Todavía recuerdo el verano de 1995. Con mi hermano Tito fuimos al casino de Valeria del Mar, sobre la ruta interbalnearia que une Villa Gesell con Pinamar. La suerte era esquiva y cuando los 100 pesos que había llevado estaban llegando a su fin pegué un pleno en el 32, aposté toda la ganancia al 23 y con dos aciertos al hilo dimos rienda suelta al festejo en caravana nocturna por los principales bares de esa zona de la costa atlántica.
En primer lugar, ni loco me hubiera jugado 150 pesos de entonces (unos 150 dólares) al 23, pero la verdad es que no sentía que fuera plata mía, sino que me estaba jugando la del casino, la que le había ganado al 32. La misma irracionalidad gobernó el festejo. Era mucho dinero y en una noche me gasté una suma veinte veces superior a lo que habitualmente destinaba a un fin de semana.
Richard Thaler, acuñó el término “cuentas mentales” para referirse al caprichoso comportamiento de tratar diferente al dinero según el origen del mismo, en abierta violación a los principios de la economía neoclásica (ver artículo acá) . Enseñamos en la Facultad que el dinero es fungible y que la utilidad que puede proporcionar un billete de 500 pesos que percibimos por nuestro trabajo es exactamente igual que la que se puede conseguir con otros 500 pesos que nos encontramos tirados en la calle. Y sin embargo, ahí está el resultado; la gente sí hace la diferencia y separa el dinero en cajones distintos según el origen, o de acuerdo al destino. Por lo tanto, el modo de pagar los salarios, por ejemplo, tiene un notable impacto en el destino que la gente le da al dinero y entonces, aunque teóricamente no debería importar, si se separa una parte de lo que se iba a pagar a los trabajadores y se les abona con esa suma un sueldo anual complementario a fin de año, pues tratarán de manera muy diferente ese dinero y es probable que acaben comprando cosas en las que no gastarían si no existiera la práctica del aguinaldo.
La solución para incrementar el ahorro y mejorar las jubilaciones
Finalmente, Thaler hizo buena parte de sus investigaciones con foco en los mercados financieros y en particular en el problema del ahorro. Estados Unidos comparte con Argentina la escasa tendencia a postergar el consumo y por lo tanto enfrenta problemas recurrentes para financiar su inversión. En el caso del país del norte, lo resuelven en parte usando el ahorro externo, toda vez que el mundo está dispuesto a almacenar dólares, prestándoles dinero sin cobrarles siquiera un interés. Pero en Argentina, que prácticamente no tienen moneda, esa posibilidad no existe y entonces cada vez que asistimos a una etapa de crecimiento con mayor inversión, acumulamos una deuda externa que eventualmente hay que pagar.
Una de las consecuencias prácticas de la baja tasa de ahorro es que nos cuesta mucho financiar los sistemas de retiro, lo que ocasiona bajas jubilaciones y/o problemas de cobertura de seguridad social.
En momentos en que los esquemas de pensiones tradicionales están en crisis, los trabajos del Premio Nobel 2017 permiten contribuir a resolver el problema evitando los costos políticos que sobrevienen como consecuencia de las impopulares medidas que limitan beneficios, o aumentan la edad jubilatoria
Concretamente Thaler propone (ver el estudio acá) que los empleadores anoten de manera automática a sus trabajadores en planes de complementación de pensiones, que detraigan una parte del salario y lo destinen a una cuenta de capitalización.
Supongamos que además del 11% que rige por Ley en Argentina, en el recibo de sueldo figurara un descuento adicional de 2% para destinar a un fondo de suplemento de retiro, con el que se podrían aumentar las jubilaciones prácticamente un 20%. Por supuesto, el truco es que no se trataría de una medida compulsiva, sino que Thaler propone dejar abierta la puerta para que el trabajador que lo desee pueda solicitar que en su caso particular no se efectué ese descuento adicional y seguir cobrando en cambio ese 2% dentro del salario. Más aún, el Economista sugiere que ese descuento adicional comience a efectuarse en el momento en que el trabajador recibe un incremento de sueldo, para que psicológicamente no perciba la consecuencia de un salario menor. Supongamos, por ejemplo, que en junio entra la primera cuota de una paritaria del 15%, pues bien, podría materializarse en un aumento salarial del 13% y separarse un 2% para el fondo de complemento de jubilaciones.

En la misma sintonía, el gobierno podría aumentar la edad jubilatoria a los 70 años, pero en vez de hacerlo por la fuerza de una ley que no deje alternativas a los trabajadores, permitirles optar por la jubilación a los 65 si es que prefieren mantener las condiciones originales de retiro. La teoría nos hace pensar que eso no tiene ningún sentido, pero Thaler ya demostró que la teoría estaba equivocada.
Bonus track; Thaler explica la falacia de la racha y los derivados financieros con una metáfora espectacular.
El Profesor Thaler, además de Economista es un excelente docente y en este segmento de la película “La Gran Apuesta”, explica cómo funcionan los derivados financieros
M. T.

jueves, 10 de noviembre de 2016

¿PREMIO NOBEL?.......


La literatura después de Bob Dylan
El Nobel al poeta y cantautor cuestiona las fronteras de la escritura, su legitimidad y sus vínculos con la cultura popular
No fue polémico por una cuestión de preferencias. La efervescencia que creció en las redes sociales a segundos de conocerse el nombre de Bob Dylan como nuevo ganador del Premio Nobel de Literatura fue por diferencias ontológicas. Lo que cuestionaron quienes se manifestaron en contra de la decisión de la Academia Sueca no fue que ganara alguien que no satisficiera a la mayoría (aunque Dylan figuraba en la lista de favoritos que publica la casa de apuestas Ladbrokes, donde este año estaban primeros el poeta sirio Adonis, seguido de Ngugi Wa Thiong'o y Haruki Murakami). Lo que verdaderamente molestó es que el premio reconociera la obra de un cantautor, que en palabras del jurado fue premiado "por haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición norteamericana de la canción". En definitiva, ¿lo de Robert Allen Zimmerman podía ser considerado literatura?

Celebrado en su país por medios prestigiosos como la revista The New Yorker -que le dedicó una hermosa portada-, el premio indignó a otros que se preguntaron: ¿qué es (o no) literatura? Y más preguntas: ¿es menos poeta Bob Dylan porque sus poemas tienen el soporte de la música? ¿Es más literatura la que está impresa en libros que la que no lo está? ¿De qué manera lo material (el libro) legitima al autor?
El escritor y profesor Daniel Link, titular de la cátedra de Literatura del Siglo XX de la Universidad de Buenos Aires, responde, categórico: "Que Bob Dylan haya ganado el Premio Nobel de Literatura es un índice de la decadencia demagógica de las instituciones de cultura en un capitalismo avanzado, cada vez más cínico y más dominado por las corporaciones de la comunicación". Lo suyo: letal.
También criticaron al jurado algunos profesionales de la industria del libro, que consideraron la designación como un cross a la mandíbula de su mercado. Sin embargo, el día de la apertura de la 68° Feria de Fráncfort -que comenzó el miércoles pasado- la editorial española Malpaso se hizo de todos los derechos de la obra del reciente Nobel para España y América Latina. Hablamos de negocios. Y es un signo de fronteras borrosas que en esta edición de la feria del libro más grande del mundo se inaugurara un nuevo sector llamado "The Arts+", en el que en el que la literatura se expresa en otras ramas del arte y las nuevas tecnologías.
"Que canciones o poesía oral sean elevadas por la Academia Sueca, cuya divisa es ?talento y gusto' -Dylan los posee a rango máximo- no es para suscitar rabietas de secta literaria. Siempre hubo -sigue habiendo- composiciones sobre todo anónimas que no necesariamente llegan al estadio de impresión en papel. A veces se pierden en el tiempo -caso de las viejas coplas o canciones de cuna-, por no hablar de los pueblos que nunca conocieron la escritura, de modo que las técnicas de la memoria y de la escucha les eran imprescindibles como en la Antigua Grecia. Tampoco cumplían con los requisitos necesarios muchos cuentos de antaño para niños, o bien los mitos de origen, a veces desarreglados o devastados por sacerdotes y otra gente letrada. La dignidad de un arte siempre es asunto controvertido y la historia ofrece muchos casos ejemplares", dice el sociólogo y ensayista Christian Ferrer.
Para el escritor, crítico literario y editor Luis Chitarroni, un premio a Bob Dylan era algo necesario. "Cantante singular y desafinado, acompañante de unas pocas notas, no acaudalaba gran cosa por el sendero musical (que, además, no adjudica Premio Nobel). El de literatura, entonces, viene a atenuar ese déficit. Dylan se especializó en singularidad, hizo del cambio abrupto y la línea serpentina un destino propio. Nunca fue ni aparentó ser simpático (McCartney) ni pudo abusar de su sex appeal (Jagger, Bowie). Con sus letras, que no son típicamente letras de canciones ni poemas, inventó efectos intelectuales y dramáticos únicos y acorraló a la cultura de masas y a la de élite con versos -líneas- que alborotaban en una torre a Ezra Pound y T. S. Eliot", dice.
En la voz del poeta y periodista Jorge Aulicino, el problema -la polémica- no es que sea cancionista. Se explica: "Ha publicado poemas también, por si hiciera falta. Aquí se conoció Tarántula en los años 60 o comienzos de los 70. Ahora bien, yo creo lo contrario de lo que dice la Academia: Dylan no influyó en la poesía ?norteamericana' sino al revés. Todo el movimiento beat le cayó encima. Y sus letras recogieron lo que queda en la rejilla. Dylan no es buen poeta, pero no porque sea letrista. Si se quisiese premiar a esa generación, aún vive Lawrence Ferlinghetti, que realmente influyó en la tradición de la poesía y la canción norteamericanas. Por otra parte, le vendría mejor el millón de dólares para publicar y vender libros de poesía, que es lo que hizo toda la vida, además de escribir algunos de los mejores versos de la tradición de Estados Unidos. Así que no, el que haya escrito letras no hace menos poeta a Dylan. Es menos poeta porque es menos poeta".
El triunfo de la cultura popular
Si bien Dylan sigue escribiendo canciones, es sobre todo su producción del siglo XX la que se marca como influencia en otros escritores y músicos, según el veredicto de la Academia. Una nueva pregunta sobrevuela la noticia: ¿es acaso Bob Dylan el Nobel cuya obra más personas conocen? ¿Cuántos millones de fans cantan la letra de "Blowin' in the Wind", "Like a Rolling Stone", "Knockin' on Heaven's Door", "Mr. Tambourine Man"?
Sobre el poder de la lengua inglesa en el mapa de la circulación de letras y de ideas, dice Ferrer: "Este premio pone blanco sobre negro la potencia de la cultura popular estadounidense, su prestancia sobre el planeta. Dylan debe ser uno de los primeros Nobel de literatura que ha sido escuchado -leído- por muchos millones de personas en todo el mundo y no solamente por clanes ?enterados' de lo que sucede en escenas literarias, no siendo las de lengua inglesa las menos importantes: es la literatura más premiada. Veintisiete Premios Nobel, es decir, la mayoría, lejos".

Ferrer refiere a los galardonados en literatura hasta el momento: de un total de 112 premiados, 82 fueron europeos y, salvando un caso, hubo que esperar hasta 1966 para que se lo otorgaran a un escritor de otro continente (un israelí, premio compartido con una alemana). "Dicho de otra manera: ¿existe algo llamado literatura mundial? ¿Desde cuándo existe? ¿Cuál sería su unidad de propósitos? Y en ese caso, ¿cuál es la vara de medida y quien la tiene? Pero un gesto populista por parte de la Academia Sueca habla más de su puesta al día que del destino de la cultura popular. Después de todo, Las mil y una noches había sido, antes de su recopilación, un conjunto de relatos tradicionales cuyos autores quedaron en el anonimato, y eso por no hablar de las historias de los dioses. Entiendo que muchos de los blues que canta Dylan no son suyos sino reminiscencias orgánicas de los lamentos de los esclavos, los marginales y los desfavorecidos por la suerte o el amor, lamentos que van pasando de época en época a la espera de una voz capaz de sentir una gran piedad por aquellos a los que nadie quiso escuchar", reflexiona.
Chitarroni se centra en el análisis de algunas de sus letras y en el uso de su armónica como subrayado: "Cantó a la decadencia y caída de un boxeador, Hurricane, con lo que a veces cargó sobre sus hombros el trabajo adicional del narrador de largo aliento, del novelista. Hizo de la mención, la alusión y la referencia directa instrumentos de ambigüedad e imprecisión artística extraordinarios, que ahondan una especie de escenográfico dramatismo. Creó una forma solícita del aforismo al borde del refrán o la sentencia: 'Cuando no tenés nada,/no tenés nada que perder', 'El que no está ocupado naciendo está ocupado muriendo', 'Mi amor habla como el silencio,/ sin ideales ni violencia'. Christopher Ricks, intelectual universitario de valía, le dedicó un libro no exento de hallazgos, Dylan and Sin. Es además innovador en el uso de un instrumento complementario como amenaza: la temible armónica de Dylan como colofón o subrayado [sobrearmónico]".
Al día siguiente del anuncio, Mick Jagger dijo: "Bob es nuestro Walt Whitman". Dylan reconoció en Chronicles, Volume One -su libro autobiográfico- que había estado influido por el poeta Dylan Thomas cuando decidió cambiar su nombre artístico: "Había visto algunos poemas de Dylan Thomas. La pronunciación de Dylan y Allyn era similar. Robert Dylan. Robert Allyn. La letra D tenía más fuerza. Sin embargo, el nombre Robert Dylan no era tan atractivo como Robert Allyn", dice.
Poeta, cantautor; Ferrer le da entidad de bardo: "Bob Dylan es buena opción para el Nobel de Literatura, dado que los tiempos están cambiando y él decía eso con guitarra eléctrica. Quizás este galardón pueda ser tomado como uno de los últimos destellos importantes de la década de 1960, nicho de formación sentimental e ideológica de las élites dominantes y de los muchos que no necesariamente las desdicen. De modo que este Nobel es homenaje pero también partida de defunción: a las respuestas de aquel entonces se las llevó, soplando, el viento. Quedan los ecos, eléctricos, y Dylan, el bardo más significativo y valioso de todos".
Opinión
La llegada de los bárbaros
Por María Moreno
No lo ganaron ni Proust, ni Nabokov, ni Borges, ni Green, ni Joyce hasta poner el genio por fuera del Nobel, un premio que en el rubro literatura se administra casi por turnos a través de una suerte de justicia democrática que se aplica a estéticas medidas y de causas políticas más nominales que activas.
Pero la indignación o el descrédito desatados por el premio a un autor de canciones ya un poco retro, ícono de la protesta beat y nómade rutero, objetor a la guerra de Vietnam, y de voz imposible, en nombre de una pureza, valor y control universales de cultura alta y selecta, tiene algo de "gorilismo extendido" -como las burlas al "con migo y sin migo" de Herminio Iglesias, el Sócrates que Menem dijo haber leído y las correcciones a los discursos de Cristina-, un soterrado horror a la venida de los bárbaros.
Lo que es claro es que, exhaustos sus criterios de elección, el Nobel de Literatura va inclinándose del lado de los plebeyos; comenzó con el destinado a una periodista, Svetlana Alexiévich. Bobby no contesta el teléfono al Nobel y no es para menos, ya que el hecho de que se lo hayan otorgado es como un cross en la mandíbula, no en el sentido que le daba Roberto Arlt como metáfora de la fuerza en literatura, sino como un feroz golpe a su proyecto de antisistema.
Ojalá Bob esté pidiendo perdón en la tumba de Alan Ginsberg y no haciendo consultas acerca de cómo tiene que ir vestido a la ceremonia. Ojalá la enigmática frase de Leonard Cohen de que el premio es como otorgarle una medalla al Everest signifique que Dylan lo recibiría con la sensibilidad de una piedra y no mera envidia de su parte.
N. P