miércoles, 1 de febrero de 2017

HISTORIAS DE NUESTRA PATRIA


El fusilamiento de Severino Di Giovanni, por Roberto Arlt


El 1º de febrero de 1931 fue fusilado el anarquista expropiador de origen italiano Severino Di Giovanni, quien con asaltos y atentados, logró tener en jaque a la policía del país durante seis años. Di Giovanni había nacido el 17 de marzo de 1901 y vivió su adolescencia en los escenarios de posguerra, entre el hambre y la pobreza. Tipógrafo, maestro y autodidacta, se topó con las lecturas libertarias de Bakunin, Malatesta y Proudhon, entre otros teóricos del anarquismo.
Fallecidos sus padres, cuando tenía apenas 19 años, comenzó la militancia anarquista, al mismo tiempo que en Italia se producía el ascenso del fascismo de Benito Mussolini. Casado y con tres hijos que mantener, se exilió en Argentina, específicamente en Morón, donde se desempeñó como tipógrafo. Eran los años en que el anarquismo acusaba más que nunca los duros golpes recibidos desde 1910. Di Giovanni se alineó con los grupos más radicales del anarquismo en el país y participó en una serie de acciones violentas y atentados que entonces y hoy son motivo de polémica. El 31 de enero de 1931, fue capturado y condenado a muerte, luego de denunciar con dureza la represión y torturas producidas por el gobierno de facto de José Félix Uriburu, que había derrocado a Hipólito Yrigoyen en 1930.
Tras despedirse de su familia, fue ejecutado dos días después de haber sido apresado, en el patio de la penitenciaría de la calle Las Heras ante varios testigos, entre los que se encontraba el escritor Roberto Arlt, quien en un artículo –transcripto a continuación- narró los últimos momentos de vida del anarquista.


“El condenado camina como un pato. Los pies aherrojados con una barra de hierro a las esposas que amarran las manos. Atraviesa la franja de adoquinado rústico. Algunos espectadores se ríen. ¿Zoncera? ¿Nerviosidad? ¡Quién sabe! El reo se sienta reposadamente en el banquillo. Apoya la espalda y saca pecho. Mira arriba. Luego se inclina y parece, con las manos abandonadas entre las rodillas abiertas, un hombre que cuida el fuego mientras se calienta agua para tomar el mate. Permanece así cuatro segundos. Un suboficial le cruza una soga al pecho, para que cuando los proyectiles lo maten no ruede por tierra. Di Giovanni gira la cabeza de derecha a izquierda y se deja amarrar. Ha formado el blanco pelotón fusilero. El suboficial quiere vendar al condenado. Éste grita: “Venda no”.
”Mira tiesamente a los ejecutores. Emana voluntad. Si sufre o no, es un secreto. Pero permanece así, tieso, orgulloso. Di Giovanni permanece recto, apoyada la espalda en el respaldar. Sobre su cabeza, en una franja de muralla gris, se mueven piernas de soldados. Saca pecho. ¿Será para recibir las balas? 


— Pelotón, firme. Apunten.
La voz del reo estalla metálica, vibrante:
— ¡Viva la anarquía!
— ¡Fuego!
”Resplandor subitáneo. Un cuerpo recio se ha convertido en una doblada lámina de papel. Las balas rompen la soga. El cuerpo cae de cabeza y queda en el pasto verde con las manos tocando las rodillas. Fogonazo del tiro de gracia.
”Las balas han escrito la última palabra en el cuerpo del reo. El rostro permanece sereno. Pálido. Los ojos entreabiertos. Un herrero martillea a los pies del cadáver. Quita los remaches del grillete y de la barra de hierro. Un médico lo observa. Certifica que el condenado ha muerto. Un señor, que ha venido de frac y con zapatos de baile, se retira con la galera en la coronilla. Parece que saliera del cabaret. Otro dice una mala palabra.


”Veo cuatro muchachos pálidos como muertos y desfigurados que se muerden los labios; son: Gauna, de La Razón, Álvarez, de Última Hora, Enrique González Tuñón, de Crítica y Gómez de El Mundo. Yo estoy como borracho. Pienso en los que se reían. Pienso que a la entrada de la Penitenciaría debería ponerse un cartel que rezara:
— Está prohibido reírse.
— Está prohibido concurrir con zapatos de baile”.


Fuente: ARLT, Roberto, Obras completas, Buenos Aires, Omeba, 1981, en PIGNA, Felipe, Los Mitos de la Historia Argentina 3, Buenos Aires, Planeta, 2006.

TECNOLOGÍA; WHATS APP


10 consejos para ser administrador en WhatsApp
Dos décadas después de los salvajes canales del Internet Relay Chat, las cosas no han cambiado mucho. Ser admin de un grupo grande de WA demanda esfuerzo y bastante sentido común


Luego de más de un año de administrar un par de grupos de WhatsApp he coleccionado una serie de axiomas que cualquier ser humano (destaco lo de humano) que se atreva a ocuparse de uno de estos grupos debería conocer. Me imagino que, dada la casi inconcebible complejidad del asunto, habrá otros principios que aún no he descubierto. Así pues, si han hallado alguno de estos arcanos, los invito a que los compartan en los comentarios.
Les habrá ocurrido salir del dentista -un facultativo que en general no ve con buenos ojos que uno espíe el teléfono mientras nos pasa el torno- y encontrarse con 435 mensajes nuevos. Cuatrocientos treinta y cinco. En un circulito con fondo rojo. No sé a ustedes, pero a mí esas notificaciones me trastornan. Hasta que no desaparecen no puedo hacer ninguna otra cosa. ¿Solución? Simple, abrís el grupo, y listo, los numeritos enajenantes se esfuman. Por 30 segundos, pero bueno, algo es algo.
Ahora, si sos administrador, no podés darte ese lujo. Tenés que leer todo y estar atento a lo que los otros miembros necesitan. Para empezar, añadir nuevos participantes.
Los veteranos sabemos esto desde, digamos 1996 o 1997, cuando chateábamos y, eventualmente, éramos administradores de canales de IRC. Eran tiempos salvajes en un territorio no cartografiado. Veinte años más tarde, WhatsApp puede parecer más civilizado, pero el papel del administrador sigue siendo complejo y demandante. Sumando aquellas lejanas experiencias y las del último año y pico, éstas son algunas de las cosas que he aprendido.
Mejor en la Web
Si tenés alguna remota posibilidad de usar una PC, notebook, estación de trabajo o cualquier otra cosa con teclado y acceso a Internet, usá WhatsApp en la Web. Exacto, esa sensación extática que estás experimentando es la de responder un mensaje mediante un dispositivo que fue diseñado -precisamente- para tipear, no mediante un pedazo de vidrio. Esas imágenes claras y distintas son las mismas que en el teléfono parecen estampillas y te hacen bizquear cuando tratás de determinar si es una mochila, un calefón solar o una tortuga de agua. La Web preserva incluso el cifrado asimétrico implementado por Facebook en abril. Pero ojo: el que sigue comunicándose es el teléfono, de modo que, aunque uses la Web, si no hay Wi-Fi, vas a consumir tu plan de datos. En general, sin embargo, no es grave.
Lo pasado, pisado
Si alguien dijo algo en el grupo una hora atrás, olvidate, es exactamente lo mismo que no lo hubiera dicho nunca. Ya no existe, fue, es historia. Esa mamá de una compañera de colegio de tu hija no tiene problemas de comprensión de texto cuando pregunta si la reunión de padres es el lunes o el martes. Cierto, vos y otras 36 personas ya informaron que dicha reunión se suspendió, tres horas atrás. Pero no hay que enojarse, a todos nos pasa lo mismo: es más fácil volver a preguntar que ir hacia atrás en el historial de mensajes; simplemente, porque son millones. Tampoco hay que irritarse con los que pasan el mismo video sobre los alacranes o el dengue que ya fue compartido 26 veces ese día. Lo hacen con la mejor intención, lo puedo asegurar. En WhatsApp se vive un presente perpetuo, sin memoria, sin recuerdos, y, si sos administrador, ésta es la primera lección que tenés que aprender, y posiblemente la más importante.
Truco al paso: entre las opciones que se despliegan en el menú de un chat (privado o de grupo) está la de Buscar. Funciona sólo en el teléfono, pero es una solución para encontrar algo que se dijo varios días atrás sin sacarte una ampolla en el índice.
¿Quién se bajó?
La segunda lección clave es que todo el mundo tiene todos los grupos silenciados. Casi nadie, excepto algunas personas entrenadas en profesiones de altísimo riesgo (pilotos de combate, por ejemplo), podría tolerar el estrés de tantas notificaciones. He visto muchas personas bajarse de un grupo después de uno de esos debates que derivan en 260 notificaciones por minuto. No te amargues, seguramente esas personas no tenían el grupo silenciado, y su reacción es perfectamente lógica. Se suponía que era un grupo de WhatsApp, no el centro de operaciones del SAME. Lo que me lleva a otro asunto.
En privado
Hay asuntos que tiene sentido conversar en el grupo. Pero cuando el tema se vuelve muy específico, cuando llegamos a esa parte en la que estamos pasando la receta de una bechamel en un grupo de expertos en fitotoxinas, ése es el instante para continuar por privado. E incluso si estamos hablando sólo sobre fitotoxinas, pero uno de los participantes se enfoca, digamos que con persistencia excesiva, en el papel de la acetil coenzima A en la síntesis de los terpenos, es hora de pasar a privado.
On demand
En mi experiencia, y esto también es natural, sólo un pequeño porcentaje de los miembros de un grupo participan activamente. La mayoría sólo se suma al diálogo cuando el asunto les compete o les preocupa. De modo que sí, un grupo de WhatsApp es en gran medida un servicio para los demás, y así hay que tomarlo. No es tu grupo. No sos dueño de nada. Sos una suerte de servidor público virtual. Si no lo ves así, no tenés lo que hace falta para ser administrador. ¿Es un trabajo sacrificado? Sí. ¿Es de lunes a lunes? Sí. ¿Querés tomarte vacaciones? Buena pregunta, que me lleva al siguiente punto.
Nunca solo
Ser administrador de un grupo grande de WhatsApp no es (repito, no es) algo que puedas hacer solo. Escalar el Everest en ojotas sería más razonable. Así que en el momento de crear un grupo, tu primera misión es nombrar otro administrador, como mínimo. Pero, por favor, no lo hagas sin antes preguntarle. Un administrador tiene que tener el tiempo y las ganas de cumplir ese rol. Y otra cosa: nunca nombres administrador a alguien que insiste en que quiere ser administrador, porque o trama algo o no tiene idea de en dónde se está metiendo. Muchos recordarán esa pesadilla de los aspirantes a admin en los canales de IRC. Es lo mismo.
No te pases
Así como hay personas que rara vez participan en el diálogo (y repito, esto está bien, pasa en cualquier agrupación humana), hay otros que son felices colaborando. De modo que no abuses con tu presencia. Ser administrador no significa protagonismo. El 80% de tu trabajo va a ser silencioso y, en buena medida, invisible. Así que nunca impongas tu voz. De ese modo se va a instalar la idea de que el grupo es de todos, lo que es por otro lado muy cierto. Al principio, durante los primeros meses, dependiendo de un número de factores, quizás haga falta que intervengas más, pero después es mejor ir dando un paso al costado. Excepto, por supuesto, en un caso.
Incendiemos todo
Puede ser un grupo de escritores, payasos, vecinos, padres del colegio, astronautas retirados, físicos relativistas o choferes de Uber, siempre habrá dos o tres que tienen el hábito de soliviantar al resto. No todos lo hacen con mala intención. Algunos sólo quieren ser escuchados. Otros tal vez tuvieron una infancia difícil. Cualquiera sea el caso, tu función como administrador es la de prestar oídos a todos, incluso aquellos que tienen un modo agresivo de comunicarse. Pongámoslo así: que el modo no te impida ver si esa persona tiene razón en lo que dice. Si pretendés vivir en un mundo donde todos son corteses y amables, bueno, te equivocaste de mundo. Y un grupo grande de WhatsApp es una fracción de este mundo.
Grafito en el reactor


Si estás pensando en la palabra "moderar", acertaste. Buena parte de tu trabajo va a ser la de un moderador. Grabate esto a fuego antes de meterte a administrar un grupo de WhatsApp: en todo debate todas las partes tienen una fracción de la verdad. El desafío es evitar simultáneamente dos males: el fanatismo y la parcialidad. Y antes que nada, evitarlos vos mismo.
Cadenas y demás
Un rasgo característico de los grupos de WhatsApp son las cadenas, los chistes (malos, buenos, subidos de tono, ininteligibles, repetidos ad nauseam, etcétera) y la compraventa de toda clase de productos y servicios. Excepto en casos muy específicos -por ejemplo, un grupo dedicado a emitir emergencias médicas o alertas meteorológicas-, mi postura es que está todo bien, aunque con ciertos límites relacionados con el hecho de que los chiquitos suelen sacarle el teléfono a papá o a mamá, y ciertamente no queremos que vean esas imágenes que algunas personas parecen tan entusiasmadas en compartir. Supongo que me entienden. Todo lo demás, está OK. Chistes, cadenas, videos, GIF, compraventa, no le veo nada de malo. Sí creo que el insulto y la descalificación no sólo no suman, sino que contribuyen a crear una grieta, y de eso ya tuvimos bastante. En todo caso, las reglas deberían ser claras y establecerse desde el principio.

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TEMA DE REFLEXIÓN


Sólo sé que no sé nada: cuáles son los nuevos contornos de la ignorancia
A pesar de que el agua ocupa más de un 70% de la superficie del planeta, sabemos mucho menos del fondo de los océanos que de la superficie de Marte. Hay miles de montañas y accidentes geográficos submarinos de los que se ignora prácticamente todo. La fosa de las Marianas, en el Pacífico, con una profundidad de más de 11.000 metros -una extensión más grande que la del monte Everest- es, de hecho, uno de los lugares más enigmáticos del planeta.



La vastedad de nuestra ignorancia sobre el fondo del mar es una metáfora generalizable a un fenómeno epistemológico que cobra un mayor protagonismo en la era de las redes sociales y de las tecnologías exponenciales: es mucho lo que no sabemos y, lo que es más peligroso, somos poco conscientes sobre este nivel de ignorancia. Se trata de un sesgo que puede tener consecuencias catastróficas a la hora de planificar o pensar en escenarios futuros.
"No saber algo no es tan grave; lo que resulta más riesgoso es creer que sabemos algo que no sabemos¨, explica Emiliano Chamorro, emprendedor, fundador del Instituto Baikal y uno de los organizadores de TedXRioDeLaPlata.
"Nassim Taleb (filósofo, experto en estadística, autor de El Cisne Negro y Antifrágil, entre otros libros) cuenta una anécdota de Umberto Eco en la que alguien, viendo su legendaria biblioteca, le pregunta si «leyó todos esos libros» sin darse cuenta de que los libros cumplen una función sólo estando, para recordarnos todo lo que no sabemos", dice Chamorro.
Taleb también narra otra anécdota en la que su abuelo era ministro de guerra del Líbano y en una situación de mucha confusión se puso a hablar con su chofer, con Taleb como testigo. Recuerda que ninguno de los dos entendía nada de lo que estaba pasando, sólo que su abuelo no sabía que no sabía.
Para Chamorro, lo más útil es "reconocer el papel del azar en los resultados, en lo que vemos. Entender que somos mucho mejor explicando lo que pasó que prediciendo lo que va a pasar y que el gran peligro es creer que entendemos (muchas veces creerle a los sentidos) cuando en verdad nuestra pseudocomprensión está teñida de sesgos y falacias."
La ciencia del no saber
¿Qué hacer entonces? Chamorro recomienda "ser muy poppereanos: sólo tratar de ver qué es falso en lugar de obsesionarnos con probar lo verdadero. Ir por el inverso. Ver qué es lo que impide que algo funcione en vez de cómo hacer que funcione."
Hace tres décadas, un profesor de Historia de la Ciencia de la Universidad de Stanford, Robert Proctor, comenzó a estudiar un campo por entonces virgen. Tan virgen que ni tenía nombre: Proctor lo bautizó "agnotology" (agnostología, o ciencia de la ignorancia).
El profesor de Stanford comenzó trabajando en base a documentos secretos del negocio del tabaco, filtrados en 1979, en los cuales las grandes compañías revelaban sus estrategias por las que, deliberadamente, promovían la ignorancia y la confusión entre los consumidores.


Proctor notó que la "viralización de la ignorancia" suele darse cuando se cumplen dos condiciones: que el objeto de estudio sea bastante oscuro y el común de la población no tenga elementos para poseer una opinión propia muy definida; y en segundo término, que haya un grupo económico fuerte muy interesado en promover esa confusión.
En 2006, un neurocientífico de Columbia, Stuart Firestein, comenzó a dar un curso de ignorancia científica luego de comprobar, para su horror, que la mayor parte de sus alumnos suponían que sabemos casi todo sobre lo que ocurre en el cerebro humano. En 2012 escribió el libro: Ignorance: How It Drives Science (Ignorancia: cómo conduce la ciencia), donde describió muchos de los mitos que rodean a este campo. Uno de ellos es que se suele suponer que el conocimiento es un juego de suma cero: hoy sabemos un x por ciento de cosas y falta saber el Y por ciento restante. "La gente suele suponer que la ignorancia es la ausencia de conocimiento. Pero no lo es: las nuevas respuestas provocan nuevas preguntas, y replantean todo el conocimiento anterior que se tenía como sólido".


Uno podría argüir que no hay nada demasiado nuevo en este asunto, y que lo básico ya fue propuesto por Thomas Kuhn en su ensayo clásico de 1962, "La estructura de las revoluciones científicas". Sin embargo, vivimos en una época que potencia muchos de los mitos y sesgos que conciernen al campo de la ignorancia, y esto los vuelve más peligrosos. En las redes sociales somos todos expertos y futurólogos, y como dijo en una reciente entrevista el psicólogo social David Dunning, "la atmósfera de Internet es un increíble «Salvaje Oeste» de la desinformación".
En 1999, Dunning y uno de sus alumnos, Justin Kruger, publicaron en el Journal Of personality and Social Psychology un estudio clásico, realizado a partir de centenares de entrevistas, en el cual se concluía que "cuanto menos capacitada está una persona, más tiende a sobreestimar sus conocimientos y habilidades". Al fenómeno se lo conoce como "efecto Dunning-Kruger".
En el último mes, el teléfono de Dunning no dejó de sonar porque su hallazgo de 18 años atrás está viviendo un momento sin precedentes: muchos creen que Donald Trump es la mejor personificación de este fenómeno. El presidente de los Estados Unidos combina frases de autovaloración extrema ("Mi coeficiente intelectual es uno de los más altos del país", llegó a decir) con ignorancia manifiesta en temas cruciales para la agenda pública, como la relaciones internacionales o el cambio climático.
(Nota al pie: Trump se tranformó en algo así como "El Aleph" que contiene todos los insights de la literatura de smart-thinking de los últimos años: cisnes negros, sesgos cognitivos, etc. Casi como que cada novedad de su administración puede leerse como una predicción de un best seller de no ficción de la última década).


Hace dos años, a principios de 2015, se editó una publicación académica con ensayos sobre ignorancia desde distintos ángulos: psicología, medicina, literatura, ciencia en general, políticas públicas y economía. El Routeledge International Handbook of Ignorance Studies (Manual de Estudios de Ignorancia de Routeledge International) fue editado por los sociólogos Matthias Gross y Linsey McGoey. En el área de la economía del comportamiento (la rama que toma descubrimientos de la psicología) se analizó por caso el sesgo de "ignorancia estratégica", por el cual en algunas situaciones los agentes económicos "eligen racionalmente no saber".
Como se ve, se trata de un territorio de superficie infinita. Como ocurre con estos temas, las conversaciones suelen transcurrir por una delgada cornisa que las separa del absurdo y el ridículo. Cuando se lo contactó para opinar en esta nota, Chamorro recibió un mail que decía: "Mandame alguna reflexión sobre «lo que no sabemos», no más de cuatro o cinco párrafos, lo primero que se te ocurra".
La vastedad de este terreno puede describirse con la metáfora de una isla: cuanto más grande es la isla del conocimiento (de lo que sabemos), más son los kilómetros de costa (donde el conocimiento y la ignorancia se tocan) por recorrer.
Pocos años atrás se descubrió que en el fondo del mar, a varios miles de metros de profundidad, la vida es mucho más efervescente y sorprendente de lo que los oceanógrafos se imaginaban previamente. Como dice el director de cine David Lynch, las ideas más originales y potentes, como los peces, están en el fondo del mar.
S. C.

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LECTURAS RECOMENDADAS


La literatura argentina y el río: una relación que no se escribe en el agua
En la estela que dejaron Juan L. Ortiz, Saer y Haroldo Conti, nuevos autores se deciden a narrar desde las orillas; el desafío de contar historias con la tentación de la deriva
Ortiz le dedicó un poema inolvidable al Gualeguay.
"Mirar el río, anotar, contar, volver a tomar apuntes, narrar esa sensación extraordinaria de navegar sobre el inmenso caudal de agua del Paraná", escribe Cristina Iglesia en el prólogo de El país del río. Aguafuertes y crónicas (Eduner), que reúne crónicas de Roberto Arlt para el diario El Mundo y de Rodolfo Walsh para las revistas Panorama y Adán. Iglesia prepara al lector para el encuentro con dos modos de relatar las experiencias de ambos por el nordeste argentino. En una de sus "aguafuertes fluviales", Arlt reflexiona: "Y mientras escribo y miro el terraplén con declive de guijarros en la sombra, me pregunto en dónde radicará el motivo original de que los ríos de las novelas, de la literatura; los ríos de los cuentos y de los relatos escritos son tan distintos a los ríos reales..." Las crónicas corales de Walsh, escritas entre 1966 y 1967, prefiguran sus trabajos híbridos y conservan todavía un resto onírico: "Sé que soñé y que un nuevo paisaje, laberíntico, arrasador, angélico en la ternura de sus flores y el cristal de sus aguas [...] había entrado para siempre en la materia de mi sueño". Los dos "pasajeros intuitivos del río", como los denomina Iglesia, volverán de sus viajes transformados, y con ellos, sus métodos para escribir.
Otro gran escritor, Juan José Saer, en El río sin orillas se había servido de las aguas dulces del Litoral que desembocan en el Río de la Plata para establecer una genealogía que se remontaba a Ulrico Schmidl y llegaba hasta un poema de Juan L. Ortiz dedicado al río Gualeguay, pasando por textos de Baldomero Fernández Moreno y Jorge Luis Borges. En novelas como El limonero real, Glosa o El entenado, la superficie cambiante de los ríos refleja en los personajes sus propias tramas vitales.
Francisco Bitar es autor de Acá había un río (Nudista), relatos que transcurren en la ciudad y los alrededores de Santa Fe. "La historia condiciona lo que tengo a la vista, cualquier cosa que digamos respecto de la escena estará allí para decirnos algo acerca de los personajes o la acción -dice Bitar-. De donde vengo, el paisaje tiene una tradición más ornamental, la zona en que los escritores demuestran su idoneidad, algo que no me interesa demasiado. Prefiero, en el relato, hablar de escena y dejarles el paisaje a los poetas."
En 2016, tres escritoras argentinas coincidieron en devolver protagonismo a un escenario que había sido ennoblecido por Haroldo Conti en Sudeste (Emecé). El delta del Paraná adquirió en sus ficciones una morfología mitológica. En El río (Corregidor), de Débora Mundani, se narraba en dos tiempos una historia de amor trunca por la explotación del hombre por el hombre en las plantaciones misioneras. Era también una historia de amor filial, en el que un hijo desafiaba la corriente del Paraná y encontraba la solución a un enigma. Claudia Aboaf publicó El Rey del Agua (Alfaguara), una fantasía ambientada en un municipio de Tigre convertido en un reino por poseer un bien demandado por varias naciones del mundo: agua potable. Dos hermanas surcaban las aguas de la novela en una disputa íntima y a la vez política. "Sarmiento y Marcos Sastre, esos dos cronistas fantásticos, me dieron permiso para alucinar un delta de Tigre y escribir mi propia novela de este territorio anfibio en el que vivo", dice Aboaf. Fedra Spinelli, en Delta (La Mariposa y la Iguana), superpuso el viaje de una mujer vencida a otro interior, en el que podría dar un vuelco a su vida. "Leer es viajar a la deriva. Estar a merced del río. Es convertirse en objeto de arrastre", se lee en este etéreo primer libro de la autora.
Juan Bautista Duzeide, autor de Kanaka (Alfaguara), vive en el delta de Tigre. Su literatura está impregnada por las vivencias en la cercanía del agua. "Más allá de la presencia de muchos ríos en la literatura y la poesía argentina, el río por antonomasia es el Plata. Si se dispone sobre un mapa del río etiquetas con autores y textos de obras de la literatura argentina, pronto se cubre el mapa entero. Y no son autores marginales del sistema literario. Allí hay algunos temas que se repiten, de Sarmiento a hoy. De tal modo que podría escribirse una historia de la Argentina, de sus ideas, de sus estéticas, de buena parte de sus discusiones políticas, a partir de esos textos vinculados con el río."
Narradores de ciudades a orillas del río, como Santa Fe, Rosario y Buenos Aires, han escrito relatos en los que el río funda un territorio inestable, inquietante o conciliador. En su libro Señora Planta (Blatt & Ríos), Cecilia Ferreiroa suma un cuento a la vasta literatura del río: "La vuelta mala". Allí narra el regreso de una mujer a la isla donde había sido feliz de niña y de la que fue expulsada injustamente. En Cotidiano (Baltasara), de Mariana Travacio, el cuento "Rapsodia silenciosa" relata las desventuras de un hombre que viaja en lancha y queda varado en la confluencia del Paraná Guazú y el Río Paraná. Y en la novela Wachi book (Baltasara), de Algún Molina (seudónimo de Cristian Molina), el río y el puente Rosario-Victoria facilitan la transformación de la protagonista, una paloma, en superhéroe.
En esa extraordinaria novela que es La ribera, Enrique Wernicke escribió que el río invitaba a todas las ansias. "Tenemos el río allí no más, a cincuenta metros. Y sobre el río el cielo amplio, dueño del tiempo. Y decimos algunas cosas simples como quien tira piedras al espacio inmenso." Ese espacio inmenso, que es también el de la literatura argentina, rinde tributo al río y a la vez contiene un emblema de su propio devenir.

D. G. 

AGENDA DE VERANO EN EL PALAIS




 

El Palais de los chicos presenta
Verano en el Palais - Temporada 2017
El Palais de Glace presenta dos propuestas para los chicos y sus familias durante el verano
Entrada libre y gratuita
Hasta el 23 de febrero
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IMAGINACIÓN ACCIÓN
Juego libre con materiales
Pinturas, esculturas y dibujos de artistas argentinos nos dan pistas para jugar y crear. Pelotitas, mapas, clips, todo puede ser material para dar vía libre a la imaginación y experimentación.
Jueves 2, 9, 16 y 23 de febrero a las 16 hs
Edad sugerida: 4 a 12 años (acompañados por un adulto)
Capacidad: 30 chicos
Duración: 60 minutos
Los cupos son limitados y se asignan por orden de llegada (sin inscripción previa)
Entradas disponibles a partir de las 15:30 hs del mismo día de la actividad
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VIAJES CON PAISAJES
Visita + Taller
Un recorrido a través de obras de artistas internacionales que nos invitan a viajar por mareas de colores, una cueva en el medio del mar o un bosque de tótems realizados con desechos. Después del paseo, nos instalamos en el taller para fabricar paisajes de plastilina.
Fechas:
Martes 7, 14 y 21 de febrero a las 16 hs
Edad sugerida: 4 a 12 años (acompañados por un adulto)
Capacidad: 30 chicos
Duración: 90 minutos
Los cupos son limitados y se asignan por orden de llegada (sin inscripción previa)
Entradas disponibles a partir de las 15.30 hs del mismo día de la actividad
Patrimonio XXI
Dibujo, Escultura y Pintura (2000-2016)
Hasta el 26 de febrero
La muestra se puede visitar de martes a viernes de 12 a 20 hs y los sábados, domingos y feriados de 10 a 20 hs
Visitas guiadas: sábados a las 17 y a las 18 hs
Entrada libre y gratuita
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Desde hace 105 años, el patrimonio del Palais de Glace se conforma con obras adquiridas por medio del concurso Salón Nacional de Artes Visuales.
Esta selección de dibujos, esculturas y pinturas que reúne disímiles estéticas y lenguajes artísticos de producción reciente, da cuenta del programa de puesta en valor de las obras del patrimonio que el Palais de Glace desarrolla mancomunadamente entre sus distintas áreas.
Viajes evolutivos
Transformación y Permanencia
Hasta el 26 de febrero
La muestra se puede visitar los sábados, domingos y feriados de 10 a 20 hs y de martes a viernes de 12 a 20 hs
Visitas guiadas: sábados a las 17 y a las 18 hs
Entrada libre y gratuita
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Viajes evolutivos
Transformación y Permanencia
Curadora: Flavia Frigeri
De la mano de Flavia Frigeri (curadora de la Tate Modern de Londres) se exhibe Viajes evolutivos, una muestra de arte contemporáneo internacional presentada por la Fundación Arte.
Obras de doce artistas de Europa y América integran esta exposición de instalaciones, arte digital y pintura mural, entre otros lenguajes artísticos.
Artistas participantes:
Hito Steyerl (Alemania), Salvatore Arancio (Italia), Kenzi Shiokava (Brasil), Shannon Ebner (Estados Unidos), Ulises Carrión (México), Klara Lidén (Suecia), Matías Duville (Argentina), Federico Herrero (Costa Rica), José Vera Matos (Perú), Hernán Soriano (Argentina), Lucas Arruda (Brasil) y José Luis Landet (Argentina).
KINO PALAIS
Espacio de Artes Audiovisuales
Palais de Glace - Palacio Nacional de las ArtesLos inspiradores de laouvelle Vague
Hasta el 26 de febrero
Entrada gratuita y libre hasta colmar la capacidad de la sala (90 butacas)
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La Nouvelle Vague y sus realizadores marcaron para siempre al cine, de manera insoslayable. Surgidos en su mayoría de la revista Cahiers du Cinéma como críticos, en su formación hay un cúmulo de autores que discutieron, aplaudieron o criticaron ferozmente. Kino Palais se complace en recibir el nuevo año con una selección de películas francesas, cuyos realizadores han sido esos inspiradores de los por entonces jóvenes Godard, Truffaut, Rohmer, Chabrol o Rivette, por citar a algunos. Algunos de estos films han sido alabados, otros despreciados completamente. Lo que es innegable es que su influencia calaría muy hondo en la generación de los “Cahiers”. Presentado con el apoyo del Institut Français.
PROGRAMA I - Domingo 5 de febrero a las 19 hs
“Cero en conducta” (Zéro de conduite, 1933, Francia, Dir. Jean Vigo, 44 minutos)
Película autobiográfica en la que el prematuramente muerto Jean Vigo rememora su propia experiencia estudiantil. Cuenta cómo se desarrolla la vida dentro de un internado francés para niños con unas normas de disciplina muy estrictas y maestros tiránicos. Los estudiantes siempre están dispuestos a rebelarse contra la monotonía de la rutina diaria de clases, estudio y aburrimiento. Una de las mayores influencias de François Truffaut para su ópera prima “Los cuatrocientos golpes”.
“La vuelta a clases” (Rentrée des classes, 1955, Francia, Dir. Jacques Rozier, 24 minutos)
En un pequeño pueblo de Provenza, un nuevo curso escolar comienza. René no ha hecho los deberes durante las vacaciones y, de camino al colegio, lanza su bolso al río y se dirige al bosque. Rodeado de naturaleza, se distrae por un rato, en un típico gesto de los personajes de la Nouvelle Vague, para los que las motivaciones convencionales son obsoletas. René recorre la orilla del río, en este cortometraje impresionista, precursor directo del movimiento posterior y también influenciado por la obra de Jean Vigo.
PROGRAMA II - Viernes 3 de febrero a las 19 hs
“Pépé le Moko” (1936, Francia, Dir. Julien Duvivier, 93 minutos)
Pépé le Moko encabeza una banda de gángsters de París. Ante la presión de la policía, que intenta atrapar a los maleantes, Pépé se refugia junto a su banda en La Casbah, en Argel. Sin embargo, el inspector Slimaneno no está dispuesto a cesar en su trabajo.
La vida de Pépé cambia cuando se enamora de Gaby, una joven y sofisticada turista parisina que decide quedarse con él en el nuevo lugar, provocando los celos de Inés, la amante del criminal. Este triángulo amoroso pondrá en peligro la libertad del jefe de la mafia, seguido de cerca por el inspector Slimane. Con una puesta en escena maravillosa de Duvivier y la actuación consagratoria de Jean Gabin, este film es uno de los mayores exponentes del “realismo poético”, muchas veces muy criticado por los críticos de Cahiers du Cinéma.
PROGRAMA III - Sábado 4 de febrero a las 19 hs
“La gran ilusión” (La grande illusion, 1937, Francia, Dir. Jean Renoir, 117 minutos)
Durante la Primera Guerra Mundial, el capitán Boeldieu y el teniente Maréchal son encarcelados en el campo de prisioneros de Hallbach, Alemania. Conocen a sus nuevos "compañeros de habitación", presos como ellos: Rosenthal, un parisino burgués; Cartier, un actor; y dos otros oficiales. Juntos, deciden intentarlo todo para escaparse y se ponen a cavar un túnel subterráneo. Obra maestra de Jean Renoir, sin dudas uno de los mayores exponentes de la generación de los “padres de la Nouvelle Vague”. En “La gran ilusión”, Renoir parece decirnos que en la guerra y la política las clases altas pueden hablar por encima de los conflictos políticos, al marcar el claro entendimiento entre los oficiales de estirpe de ejércitos opuestos, visión que fue objetada por muchos por ingenua y por otros aplaudida.
PROGRAMA IV - Sábado 11 de febrero a las 19 hs
“Los niños del Paraíso. Primera época: Boulevard del Crimen” (Les enfants du paradis: Première époque: Boulevard du crime, 1943, Francia, Dir. Marcel Carné, 95 minutos)
París, 1828. Durante el reinado de Luis Felipe, dos jóvenes artistas, Baptiste Debureau y Frédérick Lemâitre, debutan en el teatro de los Funámbulos y entablan una amistad. Un día, Garance, una misteriosa y atractiva mujer, irrumpe en sus vidas. Mientras que el tímido Baptiste no se atreve a declararle su amor, Frédéric la convierte en su amante. Entre ellos jugarán un triángulo de amor en paralelo con sus primeros pasos en el mundo del teatro y el éxito. Filmada en Francia durante la ocupación (con no pocos problemas durante el rodaje), fue finalmente cortada en dos partes por el régimen de Vichy. Carné, criticado por Cahiers du Cinéma en un principio por considerar su cine como “rancio y anticuado”, fue rescatado por Francçois Truffaut muchos años después, cuando dijo que cambiaría todo por haber filmado esta película.
PROGRAMA V - Domingo 12 de febrero a las 19 hs
“Los niños del Paraíso. Segunda época: El hombre blanco” (Les enfants du paradis: Deuxième époque: L’homme blanc, 1943, Francia, Dir. Marcel Carné, 84 minutos)
Corre el año 1840 en París, aún bajo el reinado de Luis Felipe. Luego del casamiento de Garance con el Conde de Montray, Frédérick Lemâitre se convierte en uno de los reyes del Boulevard. Por su parte, Baptiste Debureau está casado con Nathalie y tienen un niño. Una noche, el Conde se pelea con Frédérick y Baptiste se vuelve a encontrar con Garance. Segunda parte de este film, publicitado en su momento como la “Lo que el viento se llevó” (Fleming, 1939) a la francesa, y considerado hoy por muchos como el mejor film galo de la historia.
PROGRAMA VI - Viernes 10 de febrero a las 19 hs
“Día de fiesta” (Jour de fête, 1949, Francia, Dir. Jacques Tati, 77 minutos)
El pueblo de Saint Sévère se dispone a celebrar una gran fiesta. Las calles se adornan con guirnaldas y banderas; la terraza del café está preparada para el gran baile popular. Los feriantes traen en sus carromatos los caballitos de madera, el palo enjabonado, un cine ambulante... Mientras reparte el correo, François, el cartero del pueblo, descubre un documental que proyectan en la carpa del cine, donde se muestra un nuevo sistema importado de Estados Unidos para repartir el correo y decide probarlo. A la mañana siguiente, cuando el pueblo despierta tras la fiesta, el cartero reparte su correo “a la americana”. Tati, uno de los mayores exponentes de la comedia francesa de todos los tiempos, ha sido profundamente venerado por los realizadores de la Nouvelle Vague.
PROGRAMA VII - Domingo 19 de febrero a las 19 hs
“El salario del miedo” (Le salaire de la peur, 1951, Francia, Dir. Henri-Georges Clouzot, 131 minutos)
Una compañía estadounidense, propietaria de instalaciones de extracción de petróleo en un país latinoamericano, contrata a cuatro europeos para trasladar la nitroglicerina que se necesita para apagar un pozo que se ha incendiado. Una misión suicida a través de caminos riesgosos en las montañas. Película ganadora del Oso de Oro en el festival de Berlín y de la Palma de Oro en Cannes. Clouzot fue otro de los cineastas que tuvo resistencias entre los críticos de Cahiers du Cinéma. Para muchos, su cine representaba lo viejo y perimido, aunque otros lo rescatan como un pionero del suspense en Francia.
PROGRAMA VIII - Viernes 17 de febrero a las 19 hs
“Casco de oro” (Casque d’or, 1951, Francia, Dir. Jacques Becker, 96 minutos)
París, año 1900. Marie es una prostituta que mantiene relaciones amorosas con Roland, miembro de la banda del gángster Félix Leca. Un buen día, Marie descubre al verdadero amor de su vida: un hombre sencillo, carpintero en un barrio parisino, Georges Manda. Este suceso desencadena un ataque de celos y locura en Roland, provocándose así un conflicto sentimental que terminará de manera trágica. Para los jóvenes críticos de Cahiers du Cinéma el eclecticismo de Becker y su “falta de respeto” a ciertos academicismos y a sus reglas sería de vital importancia en su formación cinéfila.
PROGRAMA IX - Sábado 18 de febrero a las 19 hs
“French Cancan” (1954, Francia, Dir. Jean Renoir, 97 minutos)
Henri Danglard es un hombre exitoso de la vida nocturna de París, propietario de una sala de espectáculos en la que actúa Lola de Castro. Como el negocio no es rentable, Henri decide probar con un baile pasado de moda, el Cancán, inaugurando un nuevo establecimiento, el Moulin Rouge. Mientras recluta a un grupo de bailarinas, Danglard se enamora de Nini, una chica que trabaja en una lavandería. La rivalidad estalla entre Nini y Lola y una serie de eventos se desencadenan en los días previos a la inauguración del famoso cabaret. Para André Bazin, fundador de Cahiers du Cinéma y reconocido teórico, en este film Jean Renoir consigue, con su puesta en escena, un sentido homenaje a la pintura de su padre, el mítico Auguste Renoir.
PROGRAMA X - Domingo 26 de febrero a las 19 hs
“Ascensor para el cadalso” (Ascenseur pour l’échafaud, 1957, Francia, Dir. Louis Malle, 90 minutos)
Julien Tavernier, héroe de la guerra de Indochina, trabaja para el empresario Simon Carala y es el amante de su esposa, Florence. Para poder vivir juntos, los amantes deciden matar al marido de modo que parezca un suicidio, pero ocurre algo que no estaba previsto. Basada en la novela de Noël Calef y musicalizada por Miles Davis, esta película anticipa en algunas cuestiones a la Nouvelle Vague y la preanuncia en su modo de producción y en su estética.
PROGRAMA XI - Viernes 24 de febrero a las 19 hs
“Los ojos sin rostro” (Les yeux sans visage, 1959, Francia, Dir. Georges Franju, 88 minutos)
En las afueras de París se erige la mansión del Dr. Génessier. Allí, con la ayuda de Louise, Génessier practica cirugías faciales a chicas a las que engañan y raptan con el objetivo de realizar un trasplante de cara al rostro de su hija Christiane, desfigurada a causa de un accidente de coche en el que el doctor conducía. Las repetidas tentativas, sin embargo, parecen no funcionar y poco a poco Christiane pierde la esperanza de recuperar su rostro. Película del realizador Georges Franju, fundamental en la vida de los críticos de Cahiers du Cinéma al haber fundado, junto a Henri Langlois, la famosa Cinemateca Francesa que sirvió de escuela a los jóvenes críticos y realizadores.
PROGRAMA XII - Sábado 25 de febrero a las 19 hs
“Pickpocket” (1959, Francia, Dir. Robert Bresson, 75 minutos)
Michel es un joven que vive en una sórdida habitación. Su madre, enferma y a la que Michel no visita desde un turbio incidente en el que a la anciana le faltara una cantidad importante de dinero, vive cuidada por Jeanne. Poco a poco, Michel se va adentrando en el mundo de la delincuencia y así se va convirtiendo en un hábil carterista. Pero no consigue salir del pozo de angustia y soledad que lo va rodeando. Robert Bresson es una figura fundamental en la generación inmediatamente anterior a la de los autores de la Nouvelle Vague. Su estilo ascético, su magistral puesta en escena y su búsqueda espiritual son elementos que impactaron fuertemente en sus continuadores.