|
Mostrando las entradas con la etiqueta TEMA DE REFLEXIÓN. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta TEMA DE REFLEXIÓN. Mostrar todas las entradas
viernes, 10 de julio de 2020
TEMA DE REFLEXIÓN,
sábado, 1 de septiembre de 2018
TEMA DE REFLEXIÓN
La historia de la ciencia es profusa en grandes talentos que se fueron demasiado jóvenes. Los matemáticos Évariste Galois (francés), Abel (noruego) y Ramanujan (indio) murieron a los 20, 26 y 32 años, respectivamente; Ada Lovelace, considerada la primera programadora, a los 37; la cristalógrafa Rosalind Franklin, una de las descubridoras de la estructura del ADN, a los 37, y el filósofo y polímata Blaise Pascal, a los 39.

Pero afortunadamente (y más en estos tiempos), lo contrario también es cierto. Rita Levi-Montalcini, la neurobióloga italiana que recibió el premio Nobel por haber descubierto el factor de crecimiento nervioso, siguió yendo diariamente a su laboratorio y al Senado italiano, donde tenía una banca vitalicia, hasta casi los 103. Un año antes de morir, en 2012, fue investida con un doctorado honoris causa de la Universidad Mc Gill, de Canadá. Víctor Yohai, el matemático argentino que la semana próxima recibirá el Premio Bunge y Born, una de las más prestigiosas distinciones a la actividad científica que se otorgan en el país, mantiene a los 79 la pasión y el entusiasmo que lo atrajeron a esta disciplina cuando era adolescente.

En estos días uno no puede menos que maravillarse ante un caso para el asombro, la admiración y hasta la incredulidad. Es el de Mario Bunge, físico y filósofo argentino radicado desde hace muchos años en Canadá, que el mes próximo cumple ¡99!, y que sigue trabajando y produciendo con el ritmo de vértigo al que nos tiene acostumbrados. Acaba de finalizar un extenso ensayo y de sumar un nuevo libro, Doing Science. In the light of philosophy ( Haciendo ciencia. A la luz de la filosofía, World Scientific, 2017).

En una visita a Buenos Aires, después de la publicación de su extensa autobiografía (Memorias. Entre dos mundos, Eudeba y Gedisa, 2014), confirmó que es, sin duda, un prodigio. A los 19 ya había fundado la Universidad Obrera Argentina. Graduado de físico en la Universidad Nacional de La Plata, más tarde se dedicó a la filosofía y la epistemología, y escribió, entre otras obras, un tratado en ocho tomos ( Treatise on Basic Philosophy). Le concedieron veintiún doctorados honoris causa y, en 1982, el Premio Príncipe de Asturias de Humanidades. Se jubiló como profesor a los 90, solo porque ciertas dificultades auditivas hacían que sus clases ya no fueran tan dinámicas como le hubiera gustado.

Agudo y ameno al conversar, sorprende a quienes lo conocen por su memoria prodigiosa y las anécdotas de una precisión desconcertante (con fechas, nombres y todo tipo de detalles) con que salpica la charla.
Baste con mencionar que recordó su vida de casi un siglo sin la ayuda de libretas de notas ni correspondencia. "El pequeño archivo que tenía lo doné hace algunos años a la Facultad de Ciencias [de la universidad Mc Gill]. Nunca conservé cartas propias. No tenía tiempo", contó en esa oportunidad.
Proezas semejantes me hacen recordar una de mis historias favoritas, leída hace mucho en un librito diminuto. En el prólogo de la serie de grabados Cien vistas del Fuji, el artista japonés Hokusai escribió: "Desde los dieciséis años tomé la manía de dibujar la forma de las cosas. A los cincuenta años había publicado gran número de dibujos, pero todo lo producido antes de los setenta no debe tenerse en cuenta. A los setenta y tres creo haber adquirido algún conocimiento de la estructura verdadera de los seres naturales, animales, plantas, árboles, peces o insectos. Opino que cuando haya cumplido los ochenta habré progresado notablemente. A los noventa penetraré el misterio de las cosas; a los cien haré una obra asombrosa, y a los ciento diez, cuando dibuje, aunque solo sea un punto o una línea, poseerá el soplo de la vida". Y firmaba: "El viejo loco por el dibujo".

Ejemplos como estos hacen que uno no pueda menos que plantearse: "Cuando sea grande, yo también quiero ser así"
N. B.
lunes, 27 de agosto de 2018
TEMA DE REFLEXIÓN
Es el fulgor de las palabras lo que a veces mueve a escribir una historia, tan solo eso, la vaga evocación que producen en quien oye o lee, un hilo de oro que seguimos a tientas, encandilados por esa sonoridad y avanzando penosamente por esa penumbra un tanto ominosa. Es de mañana cuando tomo el volumen de cuentos de Antonio Tabucchi que en estos días ha llegado a mis manos. Recorro el índice con la alegría con que nos reencontramos con un amigo entrañable. No hace mucho tiempo he leído Sostiene Pereira, y la historia se ha quedado conmigo de un modo empecinado. El último de los cinco libros que conforman esta colección de formas breves lleva el título de El tiempo envejece deprisa. Leo las primeras líneas por simple curiosidad, solo les echo un vistazo antes de dedicarme a resolver algunas cuestiones domésticas. Anota Tabucchi: "Le pregunté sobre aquellos tiempos en que éramos aún tan jóvenes, ingenuos, entusiastas, tontos, inexpertos. Algo de eso ha quedado, excepto la juventud, respondió". Un fogonazo en medio de la noche cerrada, o el cuerpo cayendo desde un peñasco al mar embravecido.

El tiempo envejece deprisa, eso tenemos.
Me siento a escribir con esa frase titilando en mi interior. De pronto recuerdo lo que pudo haber sido el principio de una promisoria carrera en la dirección de cine: una película breve rodada de manera precaria cuando era estudiante de periodismo y había recién empezado a ver películas de cierta ambición artística, algunas de ellas con largas secuencias mudas que eran extenuantes para quienes no eran parte de la cofradía de espectadores cinéfilos. Recuerdo a puro capricho, con esa despreocupación (¿esa libertad?) que tanto suele reclamarnos el psicoanalista cuando pide que digamos lo primero que nos viene a la mente, no importa que parezca una tontería, casi es mejor que lo parezca porque en esos pensamientos en apariencia insignificantes hay algo precioso, pepitas de oro en el fondo de un mar viscoso.
La película era un modesto trabajo colectivo, cuatro ensayitos audiovisuales que tenían como asunto el tiempo, o quizás el paso del tiempo, lento y minucioso. No la guardo conmigo, y lo lamento: me gustaría mirarla, pero no porque tenga el menor valor, sino porque en ella quizá encontrase los rastros de ciertas preguntas que habrían de acompañarme el resto de mi vida.
Hasta ese momento yo no había manifestado ningún interés particular en la arquitectura. Quién sabe qué me decidió a recorrer la ciudad con una pequeña cámara al hombro. De modo impensado, sin haberlo meditado en exceso, tomé muestras de algunas fachadas de edificios muy viejos en los que el tiempo había dejado sus marcas. Tenía una fuerte predilección por las construcciones derruidas, los vestigios de una época que empezaba a ser remota, los restos de un naufragio. Pero sobre todo sentía fascinación por el detalles de los materiales.

Años después, en las salas de los museos, volví a sentir una atracción parecida cuando me aproximé a un cuadro para mirar minuciosamente la pincelada de un artista. En esa rara y nueva intimidad con la materia, me fascinó el descubrimiento del lenguaje secreto del trazo, que es más denso en los románticos y se vuelve más ligero en los maestros de la luz del impresionismo. Me asomé a la superposición de las capas de color, al movimiento secreto de la pincelada, a las distintas porosidades de la textura, al juego de luces y sombras. Es una extraña forma de la ceguera, porque el cuadro desaparece y, apenas retiramos el velo que encubre esos pequeños misterios, alumbra un mundo mínimo lleno de sentido y en el que se insinúa el trabajo físico del artista: en la pincelada vemos su mano, el movimiento del brazo y, si nos dejamos llevar por el encantamiento, sentimos casi su respiración.

Los edificios desaparecían de mi vista, del mismo modo en que se pierde el sentido de una novela cuando concentramos la mirada en la letra y en sus maravillosos enigmas o como se esfuma la persona a la que amamos cuando nos perdemos en el dibujo secreto de su piel. En cambio, como si se tratase del hechizo de un prestidigitador, aparecían en los muros antiguos infinidad de detalles, la imperfección de la materia, que es a la vez su belleza, toda una vida secreta que a mis ojos hasta entonces les había sido vedada.
Eran esas marcas del tiempo las que llevaban a mi espíritu una extraña alegría. Algunos lo llaman nostalgia.
V. H. G.
domingo, 26 de agosto de 2018
TEMA DE REFLEXIÓN,
Se duchó con desgano, se vistió y bajó a desayunar. La cocina estaba caldeada, el aroma del café recién hecho era embriagador, Raúl con una taza humeante en la mano, los anteojos de leer haciendo equilibrio en la punta de la nariz: estaba total y absolutamente sumergido en la lectura del diario. El domingo era el único día en que podía tomarse todo el tiempo para hacerlo.
Betty se servía una taza, buscaba su cartera, revisaba si tenía todo, acercaba el abrigo, la bufanda y el paraguas y mientras se preparaba se preguntaba: ¿me acompañará a ver a mamá?

No dijo nada. Esperó. Parecía que Raúl no tenía ninguna intención de ir con ella a pasar el día entero en la clínica al lado de su mamá inconsciente. Sin poder controlarlo, se empezó a enojar, tanto que no pudo ni siquiera sentarse. Iba y venía por la cocina acomodando cosas que no precisaban ser acomodadas como para darle tiempo a Raúl a que reaccionara y le preguntara: "¿A qué hora salimos?".
Pero no. Seguía inmerso en el diario, como flotando sobre un lago manso, saboreando su café de la mañana en una actitud tan relajada que decía a las claras que no pensaba moverse de ahí.
Betty sintió que le subía la rabia como una burbuja estranguladora. ¿Me dejará todo el día sola? ¿No le importa que esté pasando un momento tan duro en ese lugar horrible? ¿En qué mundo vive? ¿No se acuerda de que con su mamá estuve todo el tiempo a su lado? Y la burbuja fue creciendo y creciendo y haciéndose más y más pegajosa, asfixiante y envenenada.
En un arrebato tomó las llaves del coche y las agitó para que Raúl oyera. Pero nada. Él ni se mosqueó. Seguía tras sus anteojitos equilibristas nadando en el diario, con su café ya terminado y sin siquiera levantar la mirada. Ni pestañear. Ni nada.
Furiosa, Betty tomó la cartera, el abrigo, el echarpe y el paraguas y salió mordiendo un "chau" con un portazo estruendoso. Abrió el coche, se acomodó, puso las llaves en el contacto pero un gemido animal y un acceso de llanto le impidió ponerlo en marcha.
Reclinada sobre el volante, lloró y gritó hasta quedar agotada. Se bajó del coche, volvió sobre sus pasos, abrió la puerta de la cocina con violencia y desesperación y gritó: "¡¿Es que me vas a dejar ir sola?!". Y Raúl levantó la mirada, sorprendido ante el llanto y la angustia, apoyó el diario sobre la mesa, se quitó los anteojos y le preguntó: "¿Querías que te acompañe?". "¡Sí, claro, claro que quería!"
Suavemente, con ternura, Raúl tomó su abrigo, juntó los diarios y se los puso bajo el brazo, se acercó a Betty, la abrazó y le dijo al oído: "Creí que preferías ir sola. ¿Por qué no me lo pediste?".
D. W.
sábado, 18 de agosto de 2018
TEMA DE REFLEXIÓN
De la desolación al gozo, hay muchas maneras de estar solo

Santiago Kovadloff
No estamos en un páramo cuando nadie nos acompaña, ni acompañados, forzosamente, cuando hay alguien a nuestro lado
La idea de la soledad suele verse teñida por la descalificación cuando no por el rechazo. Sin embargo, vivenciarla puede ser placentero y, como tal, rotunda contracara de esa impugnación. Soledades convendría decir entonces, y ya no soledad. A veces, solo a veces, un íntimo vacío. Y, nada más que a veces, un no tener con quién. No siempre un sentimiento de abandono ni únicamente ineptitud para generar buenos vínculos. Sin duda y también, inmersión en el sinsentido, pobreza o el hielo del aislamiento involuntario. Porque hay, es cierto, horas en las cuales las pérdidas, el pesar que ellas deparan o la tristeza, nos arrinconan lejos de todos. En horas así ni siquiera pareciéramos estar entroncados en nuestro cuerpo; el alma vaga sin fijar residencia en nada que le brinde amparo. Y estar solos resulta abrumador.
Pero puesto que ninguna acepción de la soledad es única ni forzosamente la última, ella bien puede, asimismo, remitir a una forma posible de la alegría, del gozo, del buen trato con uno mismo y ser otra modalidad de un encuentro propicio, una emoción fecunda, una oportunidad en suma para desconocerse o reconocerse de manera inusual y grata.
No diría de mí que soy un solitario, si por tal cosa se entiende un hombre sin amigos o, menos hondamente, un hombre sin vida social. Lo soy en cambio y eso sí lo afirmo, porque tanto como estar bien acompañado me deleita estar solo. Y no en desmedro de nadie sino por afición a esos momentos venturosos y muy míos en que leo, escribo o dejo que la música se adueñe de mí y de todo lo que me atañe al convertirme en oyente absoluto.
Disfruto también de la soledad al caminar sin rumbo y sin compañía, anónimo y contento, sin ideas ni preguntas, sumido en un puro ver, en un puro andar, en un ir y venir que nada se propone, a no ser dejarse ganar por la emoción de esa errancia.
Hay que decir, por eso, que no necesariamente estamos en un yermo cuando nadie nos acompaña; ni acompañados, forzosamente, cuando hay alguien a nuestro lado.
Suele ser así: los que saben habitar su soledad son los que mejor disciernen qué significa estar en buena o mala compañía. De modo que, insisto, no hay soledad sino soledades.
Otro de los rostros de la soledad, no menos real que el de su expresión afortunada aunque amargo como pocos, es el que viene a decirnos qué lejos estamos a veces de significar para otros lo que nos agradaría. Es la soledad afincada, como una herida incurable, en aquel a quien lo desvela el recuerdo de alguien amado que lo dejó.
Y hay otras formas del abandono real o imaginario que se rozan con ésta. Nunca pude olvidar, por ejemplo, aquel episodio en el que la soledad fue, para mí, devastación. Tendría siete años. Salíamos de un cine céntrico mis padres, mi hermano y yo. Nos rodeaba una muchedumbre. De pronto, sin saber cómo, me encontré solo, envuelto en una marea de gente extraña, en mitad del gran vestíbulo que llevaba a la calle. Empezaba a anochecer. Miré hacia un lado, hacia otro, extendí los brazos, me volví hacia atrás con desesperación. Me ahogó la angustia, empecé a llorar. No veía a mis padres, a mi hermano; no me veían. Esa soledad era mi propia ausencia. Yo era ese que no estaba. Un gemido, un abandono, ese miedo, ese no ser.
¿Y cuántos no son los solos que en estos tiempos de conexión hiperbólica deambulan como espectros en las redes? ¿O los solos de todos los tiempos, sedientos de un instante de contacto que les permita ahogar su pena donde fuere? En un vínculo efímero en torno a un tema trivial, en cuerpos a su servicio que nunca llegan a ser suyos porque no los ilumina el encanto del encuentro. ¿O esos viajeros solitarios, no por elección sino a fuerza de no tener con quién? Conocí a una mujer que se desprendió de todos sus bienes y adquirió un suntuoso camarote en un transatlántico. Vivía a bordo y jamás bajaba a tierra.
Y como en todo, en ese caleidoscopio de contrastes cabe el amor que puede reunir dos soledades sin debilitar lo que cada una tiene de mejor, de más personal y provechoso, incluso para el vínculo cuando ese vínculo sabe nutrirse en la conciencia de que llegar a ser uno es lo peor que puede ocurrirle a dos que de veras se quieren.
Hay soledad en el secreto personal férreamente guardado y en el dolor inconfesable. La hay en el silencio que impone el miedo a decir lo que se piensa o el temor de ser incomprendido. Hay soledad en la necesidad de simular para no dar a conocer lo que se siente y se cree.
¿Y cómo llamar sino soledad al sentimiento tan difícil de compartir que se adueña de quien advierte, por el motivo que fuere -vejez, enfermedad o un peligro extremo-, que ya no anda lejos suyo la hora de la muerte? Ese desasosiego, esa intensidad, esa extrañeza, esa melancolía sin remedio -salvo para el creyente-, que se adueña del alma al sentir que, como dice el poema, "es llegada la hora del adiós".
Pero nadie está más solo que aquel que se ve como un ajeno absoluto al que nada sino la desesperación lo une. Es la soledad que aterroriza, la de ese desconsuelo sin atenuantes que lleva a preferir la muerte al dolor de seguir siendo ese que se es.
En tajante contraste con ella, se alza la soledad del que intuye emocionado el maravilloso enigma que encierra su singularidad, el de ser una presencia, una criatura; uno por una única vez. Es ésta la soledad del instante en que nos gana el estremecimiento de sabernos vivos y que tan bien pintó Fernando Aramburu: "Lo raro es vivir, figurarse la eternidad, estrenar una camisa".
La soledad puede ser también un resplandor que proyectan las cosas en ciertas horas del día. Cuartos, floreros, sillas, vasos a medio llenar que descansan de los ojos que usualmente los buscan y del uso que suele dárseles. Y advertirlo es acceder a ese repliegue de las cosas que es su modo de estar solas.
Yo disfruto de las calles solitarias de la ciudad en las horas matinales del domingo. O del paisaje al que dan forma esas figuras aisladas que se dejan ver en las plazas con un libro entre las manos. Y están los que desconsuelan y abruman, los solitarios que duermen arrinconados en una vereda, o despiertan al vacío de sus vidas sin pan y sin abrigo, cubiertos por la mugre y el abandono, a merced del olvido y la locura.
¿Y los buenos recuerdos que hemos perdido en la marea de los años, no nos dejan acaso un poco más solos? Nombres, sitios, un abrazo. ¿Y los otros, los malos recuerdos que no ceden y atormentan, no prueban que somos también seres expuestos, inermes, a merced de un íntimo tajo, seres muchas veces desolados? ¿Y cómo no advertir que hay entre las palabras desolado y solo un parentesco evidente; la referencia a un padecimiento común que las homologa?

Se ha dicho que las masas son multitudes integradas por solitarios que compensan su inconsistencia personal mediante el fervor de lo colectivo, disolviéndose en el vértigo de lo multitudinario. Es cierto, pero no solo es así. Hay también auténticas comuniones de almas bien perfiladas en esas manifestaciones de incontables que se agrupan en una avenida, en un estadio, en una marcha o en una procesión; encuentros que potencian mediante la confluencia en un gran conjunto, la propia presencia, la singularidad de cada uno, alentando la percepción del otro como un prójimo complementario, generando fraternidad. Cuando esto ocurre, es la soledad del individualismo, del egoísmo, del aislamiento, lo que se quiebra en el entusiasmo del encuentro, de la emoción compartida; en el alivio y la alegría de lo social. Y dígase de paso y para terminar que buena falta le hace, a un país como la Argentina, valorar esa convergencia y llevar a cabo ese triunfo del encuentro colectivo sobre la soledad del fragmento.
lunes, 30 de julio de 2018
TEMA DE REFLEXIÓN
Multitasking: haciendo todo y nada

Acompañar el ritmo vertiginoso que le imprimen a la vida internet y las redes sociales es un desafío para todos. Pero el reto es mucho mayor aún para los que enfrentamos el mundo del siglo XXI con cerebros "cableados" en el siglo XX. La mayoría de quienes leen esto, yo incluido, crecimos en un mundo muy diferente al actual. Tal vez no fuéramos esencialmente diferentes a los niños de hoy en nuestra capacidad de resistir los estímulos distractivos. Simplemente, ¡es que casi no los había! Igual que sucede hoy, ir al colegio podía parecernos aburrido. Pero, ¿cuál era la opción? Cuando yo faltaba a clase no había televisión hasta las 10. Y recién a las 11 estaba el único programa infantil con dibujos animados de la mañana. Pero la "panacea" apenas duraba una hora. Después volvía con toda su fuerza la necesidad de inventar algo que hacer para no aburrirse.
El acostumbramiento a la abundancia de estímulos hace que ahora concentrarnos en una sola cosa se nos vuelva insuficiente. Tan pronto pasamos un cierto rato enfocados en alguna actividad, nuestra mente empieza a pedirnos más. En palabras del economista Herbert Simon, "lo que la información consume es obvio: consume la atención de quien la recibe. Por eso la riqueza de información crea pobreza de atención". Ted Selker, profesor del MIT y autor de una interesante conferencia TED, estima que nuestro tiempo de concentración cuando estamos navegando en internet es de apenas nueve segundos, el mismo tiempo que tiene un pececito dorado de los que tenemos como mascotas.
Uno de los mayores expertos mundiales en multitasking, el profesor de psicología de la Universidad de Michigan David Meyer, coincide y sostiene que nuestra dificultad de enfocarnos en una tarea determinada está adquiriendo ya ribetes de epidemia: "Una plaga cognitiva capaz de anular la capacidad de concentración y pensamiento productivo".
No queda claro si hacemos esto porque creemos que podemos realizar más de una cosa a la vez o si, peor aún, lo hacemos porque ya no somos capaces de enfocar nuestra atención en algo acotado por un período suficientemente largo. Pero la realidad es que cada vez más sucumbimos a la tentación de hacer varias tareas en paralelo. Y esto tiene una gran contra. Tanto por avanzar más lento en cada una como por las pérdidas de tiempo que implica cada cambio de actividad, las interrupciones desploman hasta un 40% nuestra productividad, aumentan significativamente nuestra tasa de error y reducen el placer potencial obtenido de realizar esas labores.

Y otros peligros son aún más tangibles: el número de accidentes por el uso de dispositivos, tanto al conducir como al caminar o cruzar las calles, va aumentando de manera casi exponencial. La distracción producida por usar un aparato está ya presente en uno de cada cuatro accidentes callejeros.
Cuando hoy les cuento a mis hijos que cuando yo era niño solo había cinco canales de TV y una hora de dibujos animados por día ellos me miran con incredulidad, casi sorna. Cierro los ojos y puedo imaginar a mis nietos mirándome de la misma manera y diciendo: ¡¡¿¿En serio vos hacías una sola cosa todo el tiempo durante más de cinco minutos??!!

¿Deberemos, como camino de salida de este embrollo, aprender a controlar mejor nuestro impulso de usar las herramientas disponibles hoy en día? ¿Descubriremos una nueva manera de enfocar nuestro pensamiento sin repudiar la tecnología? ¿O habrá que acomodarse a este nuevo modo y aprender a vivir pensando de una nueva manera desenfocada, con la concentración como curiosa reliquia del pasado?
S. B.
martes, 17 de julio de 2018
TEMA DE REFLEXIÓN
En su célebre discurso para la promoción 2005 de la Universidad de Stanford, Steve Jobs pone sobre el atril una idea fundamental. La llama unir los puntos. Es decir, el concepto de que casi todas las cosas que hacemos y que nos pasan solo cobran sentido mucho más adelante en la vida.
En su disertación narra tres historias personales. La primera versa sobre su decisión de abandonar la universidad, porque sentía que estaba desperdiciando el dinero que sus padres habían pasado ahorrando durante toda una vida. No obstante, permaneció en el campus varios meses más, durante los que resolvió renunciar a las disciplinas que no le interesaban y concurrir a las que le gustaban. La Universidad de Reed ofrecía por entonces uno de los mejores cursos de caligrafía de Estados Unidos, y allí fue el Jobs adolescente a sumergirse en algo que ni él ni nadie podría haber anticipado que llegaría a servirle, pero que lo apasionaba.
Una década después, el destino lo encontraría diseñando la Mac, y gracias a que había decidido abandonar la universidad, seguido su instinto y asistido como oyente al curso del maestro calígrafo Robert Palladino, la Mac nació con múltiples familias tipográficas y fuentes con espaciado proporcional. "Solo mirando hacia atrás podés unir los puntos", sostenía Jobs.

Pero todos tenemos la fantasía del control. Mi mejor consejo es desconfiar de ese espejismo. Si seguís tus pasiones, más tarde o más temprano, los puntos se unen y todas las piezas caen en su lugar.
Cuando era pequeño, tal vez porque me habían expatriado de mi mundo rural y silvestre, descubrí que había muchas disciplinas que estudiaban la vida, y que cada ser vivo tenía su propio nombre científico. Por ejemplo, Tanichthys albonubes, Quercus robur o Lycosa pampeana. El primero es el de un precioso pececito de acuario; el segundo, el del roble común; el tercero, el de la araña lobo de pastizal (que aquí llaman tarántula, pero nada que ver).

Hasta los gatos, por los que ya tenía una marcada debilidad, poseían su propia y única identificación: Felis catus. Todavía más, nosotros, a pesar de esa pedante pretensión de ser algo más que hijos de la naturaleza, teníamos género y especie: Homo sapiens. Así que, sin que nadie me obligara, fascinado, me puse a aprender todos esos nombres latinos y griegos; decenas al principio; luego, cientos.
Desde hierbas insignificantes hasta los gigantes del bosque o del mar, había descubierto que mis amigos salvajes tenían mucho más que una denominación común y mutable. Tenían nombre y apellido, como las personas; y todos formábamos parte del vasto árbol filogenético. Éramos parientes.

Si trataba de unir los puntos mirando hacia adelante, podía verme convertido en biólogo. Sin embargo, el sentido de este aprendizaje aparecería por el lado más imprevisible. La memoria se puede ejercitar. Eso de que memorizar no sirve para nada es un cuento. Hay asuntos en los que realmente es indispensable. Por ejemplo, las lenguas clásicas.
El latín, en el colegio, y luego el griego, en la universidad, mostraron ser verdaderos tiranos de la memoria. Porque la etimología, como la vida, siempre se entiende mirando atrás. Al revés no funciona.

Así, cuando había que aprenderse diccionarios enteros de latín o el exorbitante paradigma verbal griego, aquella destreza insólita para un chico -la de saberse los nombres de los árboles, los peces, las flores del jardín, los pájaros, los insectos y hasta el humilde mosquito de los muros sombríos- vino en mi auxilio.
En una deliciosa vuelta de tuerca, el latín y el griego me ayudaron a comprender todos esos nombres raros que había aprendido en mi infancia sin entenderlos, como un loro (Amazona amazonica). Jobs estaba en lo cierto. Ante la innumerable variedad de posibilidades de la existencia, la única guía segura es la que parece menos confiable. Tu corazonada punzante, tu pasión.
A.T.
martes, 3 de julio de 2018
martes, 19 de junio de 2018
TEMA DE REFLEXIÓN
¿Cómo reconciliarse después de una pelea de pareja?
La tecnología, que es como una tercera en discordia que se cuela en la cama; la educación de los hijos, desde la crianza con apego que prefiere uno hasta el apego a estructuras autoritarias que pregona el otro; el uso (y también abuso) del tiempo personal. Las parejas están atravesadas por nuevos (y no tan nuevos) conflictos. Basta que se acumulen un par de ellos en la bandeja de salida y se desate una pelea que puede durar horas, días o incluso semanas.

Pero después de una pelea, casi siempre llega la reconciliación. Una reconciliación que cuesta empezar a plantear porque suele ser difícil dar ese famoso primer paso. ¿Quién debe iniciar la charla reconciliatoria? ¿Después de cuánto tiempo? ¿Qué pasa cuando hay hijos en la casa? Estos son solo algunos interrogantes de los muchos que suelen aflorar cuando se busca recomponer la armonía en la pareja. Los psicólogos Sebastián Girona, autor del libro ¡No te aguanto más!: claves para desarticular los conflictos de pareja, y Mauricio Strugo, autor de ¿Padres o pareja?, aportan sus conocimientos y expertise para que el "operativo reconciliación" sea exitoso.
1. ¿Cuáles son los motivos más habituales de pelea de las parejas modernas?
Según Girona, las peleas más habituales dependen de la etapa evolutiva de la pareja. "Pero hay algunas que se repiten: el manejo del dinero, la educación de los hijos, la frecuencia en las relaciones sexuales, la relación con las familias de origen y las tareas de la casa", enumera, y agrega que en los últimos tiempos se ha sumado a esta lista el manejo de las redes sociales y la tecnología.
En cambio, Strugo profundiza en motivos más estructurales: "Hoy nos cuesta mucho lidiar con las frustraciones que arrastramos desde niños, seguimos reclamando 'fidelidad', pero esta no tiene que ver con otras personas, lo hacemos pidiendo al otro 'apego', un apego que arrastra carencias en nuestros vínculos primarios. Somos 'niños heridos' que en lugar de mostrar nuestro dolor llenamos al otro de reclamos".
2. Suele decirse que los vínculos amorosos son más "líquidos" . ¿Las peleas también lo son?
En este punto, Girona sostiene que "en las peleas lo que se puede encontrar hoy muy fácilmente es un narcisismo excesivo que puede dificultar la reconciliación. El narcisismo suele ser la otra cara de la moneda de la falta de compromiso", plantea. Para Strugo, las peleas hoy son más cortas pero más intensas. "Muchas veces desde la intolerancia salen todas las cosas como ráfagas, destruyéndolo todo. Nos ponemos tan impulsivos que a la hora de un conflicto no medimos las consecuencias".

3. ¿Las discusiones pueden estimular la vida en pareja?
"Existe el mito de que una dosis de pelea le puede aportar a la pareja cierta 'pimienta' y que lo mejor de pelearse suele ser la reconciliación. Lo cierto es que los conflictos son más complejos que eso -sostiene Girona-. Las parejas deben aprender a gestionar las diferencias para saber cómo evitar las escaladas emocionales y evitar entrar en crisis. Es tan malo pelear todos los días como no pelear nunca". Por su parte, Strugo sostiene: "Las discusiones pueden ser nutritivas o tóxicas, constructivas o destructivas. No hay otra manera de crecer en una pareja y madurar juntos que no sea mediante discusiones. Una pareja consigue el 'nosotros' cuando llegan a encontrar una manera intermedia entre lo que a cada uno le parece o aprendió en el transcurso de la vida; allí la discusión es nutritiva. Discutir es positivo, si discutimos es porque nos importa".
4. Luego de la discusión, ¿quién debe dar el primer paso hacia la reconciliación?
Este suele ser un punto clave. "No importa quién", dice Strugo. Según el especialista, hay que dejar de lado el orgullo. "Algo que me canso de repetir en las consultas es 'cuando en un vínculo uno de los miembros gana, la que pierde es la pareja'". Girona coincide: "No existe el deber de uno o de otro. También puede ocurrir que durante una pelea uno de los dos intente frenar el conflicto con un intento de desagravio que suele ser una acción concreta para frenar la pelea".
5. ¿Cuánto tiempo es conveniente dejar pasar para volver a hablar?
Ese tiempo dependerá de los integrantes de cada relación y también de saber qué necesita cada uno para arreglarse -dice Girona-. Hay personalidades que gestionan los conflictos de forma diferente, sobre todo en relación con el tiempo. Es muy habitual que a uno se le pase más rápido y a otro le dure más tiempo el enojo. En ese sentido, no está mal que al que le dura menos se acerque para tratar de arreglarse. A veces uno quiere hablar al otro día y el otro se quiere arreglar a la media hora de la pelea. La búsqueda del equilibrio entre las dos necesidades será la mejor forma de resolver los conflictos para esa pareja".
Strugo, en cambio, es más propenso a la idea de dejar pasar un tiempo: "Leí alguna vez a Irving Yalom, terapeuta humanista y escritor, la expresión: 'No hay que golpear el hierro caliente porque se quiebra', y me parece muy aplicable aquí. Imbuidos por la impulsividad producto de la baja tolerancia a la frustración que poseen las relaciones actuales queremos que todo se resuelva en el momento y no podemos esperar a que el hierro se enfríe, golpeamos y golpeamos sin darnos cuenta de que podemos quebrar el hierro si está caliente y que es mejor esperar a que se enfríe para retomar la discusión".
6. ¿Cuál es el escenario más conveniente para hacerlo?
Según el autor de ¡No te aguanto más!, el escenario es lo de menos. "Puede ser cualquier lugar, es más importante saber si ambos llegan a esa charla con la intención sincera de arreglar el conflicto". Strugo, por su parte, asegura que es mejor un ambiente íntimo. "El hogar o en algún lugar donde nos encontremos solos, debemos cuidarnos de no abrir nuestros problemas frente a terceros, sean conocidos o desconocidos, porque van a interceder tomando partido por una de las partes".
7. ¿Qué cosas se deben evitar en esa charla conciliadora?
Otro de los puntos claves: "Lo que se debe evitar -recomienda Girona- es la crítica sobre el otro. Sobre todo porque está comprobado que cuando nos critican nos defendemos. El mejor consejo para esa charla es hablar de lo que sintió cada uno y no hablar del otro, eso evitará que se reavive el problema".
Strugo aconseja: "Se debe entender que si el fin es conciliador ambas partes tienen que medir sus palabras. También es recomendable hablar contando cómo cada uno se siente más de lo que se piensa. Y excitar el reclamo, porque ante un reclamo que será tomado la mayoría de las veces como un ataque la respuesta será un contraataque convirtiéndose en una guerra interminable".
8. Si uno de los dos no quiere ceder, ¿sirve involucrar a un tercero o mediador?
En este punto, Girona es categórico: "Soy partidario de que las parejas solucionen solas sus conflictos porque necesitan aprender a solucionarlos. El único tercero que me parece válido involucrar es un psicólogo en el marco de una terapia de pareja". El autor de ¿Padres o pareja? coincide: "Involucrar a terceros es muy riesgoso; en el caso de precisar ayuda conviene recurrir a un profesional, un terapeuta que pueda mirar el vínculo sin juzgar ni actuar de árbitro para ninguna de las partes".
9. Si tengo hijos, ¿conviene "blanquear" que hubo una pelea en la pareja ?
"Hay que blanquear con los hijos que los conflictos son inherentes a los vínculos entre seres humanos y que las parejas se pelean también. Se trata de desdramatizar las peleas y entender que es natural que sucedan", dice Girona. "Siempre es mejor preservar a los hijos de las peleas, no involucrarlos, pero nunca es conveniente hacer de cuenta que no pasó nada, mejor poder blanquear el desentendimiento pero explicándoles que ellos no tienen nada que ver", amplía Strugo.
10. Los regalos ¿sirven?
Depende. "Un regalo es válido para solucionar un problema si viene acompañado de un cambio de actitud", plantea Girona. Y Strugo concede: "Si está pensando desde el lugar de reconocer un error o como introductor de una charla o un pedido de disculpas auténtico puede ser un recurso, el tema es cuando es una manipulación o una distracción".
L. R.
jueves, 31 de mayo de 2018
TEMA DE REFLEXIÓN
Literatura y Justicia. Relatos sobre una sociedad en conflicto con la ley
Frente al sistema de justicia argentino la primera reacción es la desconfianza. Se habla de formalismos absurdos, de casos que nunca se cierran, de corrupción, de manipulación política o de tráfico de influencias. Al mismo tiempo, y esto comprende al conjunto de la sociedad, parece haber siempre una excusa individual a medida para no cumplir con la ley. Sin embargo, persiste en el fondo la esperanza de que las decisiones de los jueces construyan, al fin, la equidad y la paz social anheladas. Frente a esa contradicción irresuelta, desde el Martín Fierro la literatura nacional ha intentado captar las formas que toman los bordes escurridizos de ese poder del Estado. Dicho más simple, a veces los escritores logran mostrar la suma de perspectivas que conforman el presente mejor que la esquiva realidad.
Basta recordar Operación Masacre, la crónica de los fusilamientos de José León Suárez que escribió Rodolfo Walsh en 1957, para reconocer una versión más contemporánea de una tendencia que viene de lejos y se mantiene hasta nuestros días: para contar la ineficacia de los mecanismos legales o la impunidad con que se cometen ciertos crímenes se apela a las herramientas literarias, ya sea en textos de ficción o no ficción; los datos puros se quedan cortos a la hora de iluminar todos los matices de lo real.

La mirada desconfiada hacia los tribunales, en verdad, ya forma parte de una tradición nacional: esa costumbre de confrontar la ley en base a la moral individual que tan bien plantea la obra gauchesca de José Hernández.
El escritor Carlos Gamerro, autor de los ensayos de Facundo o Martín Fierro y de novelas como El sueño del señor Juez, que imagina el extremo de la arbitrariedad cuando un juez de paz juzga a los pobladores por sus sueños, señala que el Martín Fierro es la obra más representativa de este problema. "De una manera llamativa se presenta a la sociedad argentina del campo, que puede funcionar como metonimia de la sociedad toda, como un lugar sin conflictos donde trabajan en armonía los gauchos con el patrón. Es llamativo que en otras literaturas latinoamericanas, como la mexicana, el conflicto clave es siempre entre el hacendado y los campesinos. En la nuestra no, hay una armonía absoluta hasta que llega la ley y ahí se pudre todo. De ahí que el gaucho que plantea Hernández no es malo por naturaleza, sino que es la Justicia la que lo hace malo. Así inicia una tradición de valorizar el enfrentamiento a la ley basada en la desconfianza".
Hoy la mirada literaria puede volverse un recurso valioso para generar una nueva conciencia en quienes trabajan con la ley. Al menos eso piensa un grupo interdisciplinario de la Facultad de Derecho que, desde 2010, trabaja en el proyecto Lectores para la Justicia. Ellos están convencidos de que vale la pena explorar el efecto de la literatura de ficción en el desarrollo de sujetos críticos, como herramienta transformadora. Para lograrlo incluyen textos literarios en la enseñanza de materias duras y desarrollan una serie de recursos, como la Biblioteca digital, que aborda obras de la literatura universal desde la perspectiva del derecho.

Su directora, Sandra Wierzba, abogada y profesora titular de Derecho Civil y Obligaciones, está convencida de la capacidad de cambio de las palabras. "La literatura tiene un tiempo, una intensidad y una dosis de libertad que no son propias de la Justicia como institución. En sus textos muchas veces hallamos descripciones de figuras como 'el juez', 'el proceso' y 'el castigo' que resultan representativas de la concepción que el hombre común tiene sobre el Poder Judicial, y que habilitan una interesante reflexión de los operadores de Justicia sobre sí mismos y sobre su función", dice.
Más allá de cierto aire de esperanza que da el proyecto, las variantes en la literatura sobre el tema confluyen, paradójicamente, en la idea de injusticia que supone el sistema. De algún modo, el protagonista de las historias es por antonomasia un ser en estado de desamparo frente a la ausencia o los males de la institución en la cual busca refugio.
"Corrupta, así imaginan los escritores a la Justicia", dice Norma Silvestre, la codirectora de Lectores para la Justicia. "Así es, por ejemplo, en El beso de la mujer araña, de Manuel Puig, novela en la que la autoridad pretende obtener información de un preso político a través de una persona colocada en la misma celda, a quien le ofrece retribuir sus servicios con la libertad condicional. También la miran con desconfianza. Por ejemplo, así la reflejan cuando se opta por la justicia por mano propia en La noche de la Usina, de Eduardo Sacheri y en 'Emma Zunz', de Jorge Luis Borges".
Tal vez en ese cuento, Borges pone en evidencia una cuestión central: el deseo individual parece estar siempre por encima de cualquier autoridad. Emma cree que su padre fue injustamente acusado de un delito y que por eso se suicidó. Nunca aparecen causas justificadas para afirmar ese hecho como cierto. A partir de esa premisa, idea un plan que luego ejecuta para valerse de la Justicia como herramienta de su venganza personal.
Inacción judicial
En ese sentido, resulta inolvidable otra escena, la del anciano que alimenta, sin dirigirle la palabra, al violador y asesino de su esposa, a quien tiene encerrado en una jaula desde hace años. La imagen retrata mejor que cualquier reflexión la sensación de absoluta incapacidad del sistema judicial de dar respuesta a los conflictos sociales y pertenece, claro, a la novela El secreto de sus ojos, de Eduardo Sacheri, que Juan José Campanella llevó al cine.

Escena de El secreto de sus ojos, adaptación cinematográfica de la novela de Eduardo Sacheri Fuente: AP - Crédito: Maria Antolini
La historia muestra dos elementos que el escritor experimentó en su paso como empleado de un juzgado penal. "Trabajé con gente muy valiosa pero conocí también todas las trabas, las ineficiencias, los peros del sistema judicial -dice Sacheri-. Creo que en la novela hay un reflejo de las dos cosas: un par de empleados judiciales que intentan hacer su laburo y, al mismo tiempo, un sistema incapaz de impartir justicia por sus propias limitaciones o por decisiones políticas que están por encima de lo que se pueda decidir en el ámbito judicial".
En estos días ese ámbito reaparece narrado en Magnetizado (Anagrama), una crónica en la que Carlos Busqued consigue crear un personaje de novela a partir de un caso real, el del asesino serial Ricardo Melogno, que en la década del 80 mató a cuatro taxistas de manera idéntica sin explicación aparente. La sensación de extrañeza que recorre la entrevista, los informes y los documentos que el libro expone reflejan que la igualdad ante la ley es muchas veces solo retórica.
Busqued es de los que piensan que las enseñanzas del Viejo Vizcacha perduran hasta nuestros días, en especial el consejo de hacerse amigo del juez. "En el paso del protagonista de Magnetizado por el sistema judicial queda claro que si hubiera tenido parientes o dinero ese tránsito muy probablemente habría sido más corto o más confortable. La Justicia argentina no me convoca para nada, y en el libro aparece descripta como un sistema que favorece la violencia que se dirige socialmente de arriba hacia abajo y castiga al pobre o al indefenso, independientemente de si es inocente o no. Con delinquir en contra de alguien más pobre o débil que vos, te asegurás la protección de la Justicia. Al menos no te va a castigar", dice Busqued.
En Chicas muertas, de la escritora Selva Almada, sucede algo similar. El punto de partida son los asesinatos de tres mujeres jóvenes que quedan sin resolver. Aquí la escritura desapegada, casi objetiva, seca, da cuenta del dolor mejor que cualquier sentimentalismo. A la escritora también la convoca el vacío que muchas veces deja la inoperancia de la Justicia. "Creo que es más movilizante para la literatura la falta de justicia o la injusticia, si querés, que el sistema de justicia. Si pienso en la literatura argentina y en textos fundamentales, desde El Matadero y el Martín Fierro hasta Operación Masacre, 'Emma Zunz' y Enero, de Sara Gallardo, no existe la justicia y ese es el disparador, me parece. Si vamos a Chicas muertas, ya que lo mencionás, no creo que hubiera existido ese libro si hubiera habido justicia para esas mujeres. A la hora de escribir, el combustible es siempre la injusticia", dice Almada.

El marginal como héroe
Frente a la desesperanza radical, allí donde la Justicia se vuelve un acertijo absurdo, los personajes de ficción muchas veces asumen la tarea como desafío individual. De ahí que el héroe suele tomar en sus manos el conflicto y actúa por fuera del sistema, muchas veces apartándose o contra la ley.
No es casualidad que el escritor Federico Jeanmaire sea especialista en el Quijote: los protagonistas de sus novelas suelen tomar del manchego la vocación extrema por realizar la idea de justicia individual por encima de cualquier autoridad. Solo que esa opción no resulta necesariamente la mejor. En Tacos altos, por ejemplo, una adolescente china sufre el asesinato de su padre durante los saqueos de diciembre de 2013 y, ante la impunidad de ese crimen, encuentra de casualidad la posibilidad de hacer justicia por mano propia. Jeanmaire no tiene dudas respecto del vacío que deja esa ineficiencia. "Me ha tocado vivir una Argentina en que la justicia es un grito que se escucha en las calles. Se la pide. Se la implora. Y ese grito colectivo y sin respuesta ha funcionado como disparador en varias de mis novelas. Los personajes sufren un intento de robo o la pérdida de un ser querido o lo que sea y hacen lo que está a su alcance para reparar ese daño que han sufrido. Lo que está a su alcance, claro, nunca es lo correcto. No podría serlo: la falta de justicia en la literatura suele terminar peor que en las calles".

Sin embargo, hay quienes se arriesgan a ir más allá de la mirada estructural y bucean en las raíces del asunto. "Más allá del problema de la Justicia, siento que los argentinos tenemos una dificultad gigantesca con la idea de la ley -afirma Sacheri-. Es decir, creo que no hay modo de que el sistema judicial funcione correctamente en una sociedad cuyo individualismo y cuya tendencia casi caótica a complacer el deseo de cada uno se da de bruces con la idea de los efectos de la ley. Sé que tengo una mirada pesimista al respecto. En América Latina en general, y en la Argentina en particular, es muy difícil construir un policial clásico. No tenés al héroe que representa la ley y somete al malvado a partir de su cumplimiento. Esta dificultad de encuadramiento de nuestra novela en el género policial tiene que ver con una sociedad que no se banca la ley. Las personas no toleran la noción de que la ley está por encima del deseo, de la pulsión personal. Y si eso es así, además de todos los problemas específicos, es muy difícil tener un sistema judicial confiable".
Un reflejo de ese pensamiento parece guiar la novela La muerte lenta de Luciana B., de Guillermo Martínez. Luciana vive sitiada por una amenaza no muy explícita, ve morir a sus sucesivos novios y a sus seres queridos con la sospecha de que esa cadena de desgracias no puede ser fruto de la casualidad. Pero no hay modo de que recurra a algún tipo de Justicia para protegerse.
De alguna manera, en el viaje que va de la justicia real a su representación literaria se esconde el vértigo que implica reconocer el pozo de una ausencia. Queda una ilusión: si la literatura no basta como herramienta de transformación inmediata de la realidad, quizá se vuelva el instrumento eficaz de una conciencia nueva.
V. B.
miércoles, 30 de mayo de 2018
TEMA DE REFLEXIÓN.....POR LA VIDA
Multitudinaria marcha contra la despenalización del aborto
Una imponente columna de manifestantes recorrió la Avenida de Mayo hasta el Congreso
Cientos de miles de personas se movilizaron en la Capital en rechazo del proyecto que analiza el Congreso; en defensa del niño y la mujer, la protesta se replicó en otras ciudades
Como ocurrió dos meses atrás, otra vez decenas de miles de personas se congregaron en distintos puntos del país para reforzar su postura en contra de la despenalización del aborto. El corazón del reclamo estuvo en los alrededores del Congreso de la Nación y a lo largo de la Avenida de Mayo. "Salvemos las dos vidas" fue la frase que repitieron los presentes.
Diagramada por las organizaciones Marcha por la Vida y +VIDA, la convocatoria se hizo a través de las redes sociales "en defensa de la vida de la madre y del hijo prenacido". Faltaba más de media hora para que empezara la caminata hacia el Palacio Legislativo y Florencia, de 24 años, esperaba cerca de la Catedral Metropolitana. En su espalda colgaba una pancarta con la imagen de un feto: "Quiero nacer. Tengo ocho semanas. Mi vida está en tus manos".

Acto en Congreso en oposición a la despenalización del aborto
Desde allí, un grupo de personas partió con una bandera argentina de unos 100 metros de largo. En el cruce de Avenida de Mayo y Chacabuco se encontraron con más niños, jóvenes y adultos que llevaban pañuelos celestes (la insignia de quienes están en contra de la despenalización, por oposición al pañuelo verde de quienes la promueven) y se prepararon para iniciar la marcha. Elena Nolte mostraba la imagen de un bebé: "Estoy acá porque lucho por las dos vidas, del niño y de la mamá".
Un cántico que retumbaba entre los viejos edificios de la avenida, que le decía "sí a la vida, no al aborto", se dispersó entre la multitud para dar el puntapié del recorrido. A medida que la columna avanzaba, más personas se sumaban de todos lados. Susana Velázquez y sus cuatro hijos llegaron desde San Miguel y, dos cuadras después de la 9 de Julio, ya estaban caminando, guiados por un cartel escrito a mano en el que se leía que "adoptar es la mejor opción".
Famosos se manifestaron en oposición a la despenalización del aborto
"Somos una familia a favor de la vida", fue lo primero que dijo el padre de otra familia, los Martínez. "Queremos que los diputados nos escuchen y vean que hay una gran mayoría que no quiere la despenalización del aborto", agregó el hombre, que viajó especialmente desde General Madariaga junto a sus hijos y su mujer.
Los pañuelos celestes y las banderas argentinas predominaron en la movilización, a la que concurrieron familias y diversas organizaciones católicas. Según indicaron los organizadores la marcha congregó a 350.000 personas en Buenos Aires y a 3,6 millones en todo el país. En la movilización anterior habían estimado en 50.000 a los manifestantes que recorrieron la Avenida del Libertador.
El acto
Poco después de las 16, el grueso de los manifestantes llegó al Congreso. A la cabeza estaba "Alma", la maqueta a escala de un bebé de unas 12 semanas de gestación que se convirtió en algo así como el ícono de la Marcha de la Vida. Un rato antes, desde un escenario que se había montado de espaldas a la avenida Entre Ríos sonaban grupos musicales.
Una médica, vestida con su pulcro delantal blanco, resumió, cartel en mano: "No otorgaré una pócima letal a ningún bebé". Cuando Lautaro, de 19 años, leyó la pancarta, dejó a un lado su pañuelo celeste y tomó el celular para sacar una foto. "No pude venir en marzo, pero quería estar acá para defender la vida del niño y de la mujer. Legalizar el aborto significa avalar un crimen", dijo
Con pañuelos celestes, marcharon muchas familias y también organizaciones católicas
Entre los locutores de la marcha estuvo Sara Winter, una mujer brasileña que contó su experiencia cuando tuvo que abortar y que la replicará mañana cuando atestigüe en comisión en el Congreso. Como la anterior vez, una decena de médicos se refirió a su posición en contra de la despenalización y un grupo de docentes, de escuelas públicas y privadas, se comprometió "a defender la vida desde la concepción". La intervención de los expositores finalizó con cerrados aplausos.
Luego de cantar el himno nacional, la periodista y excandidata a diputada por Santa Fe Amalia Granata leyó un petitorio para exigir la defensa de la vida desde la concepción y pedir la derogación del permiso de aborto en situaciones extremas o excepcionales que rige en nueve provincias. La mujer estuvo rodeada de profesionales de la medicina, docentes, integrantes de credos religiosos y acompañada por la cocinera Maru Botana, y los periodistas Gastón Recondo y Rolando Hanglin, entre otros.

Seis adolescentes miraban con atención hacia el escenario. Tenían entre 13 y 15 años. "Vinimos porque estamos en desacuerdo con que se legalice el aborto", enfatizó uno de los varones. Milena, su amiga, aclaró: "Creemos que hay que ayudar a las mujeres que están pasando una situación complicada para que no lleguen a interrumpir la vida de su hijo. Hay otras soluciones".
La marcha se efectuó cuando faltan dos semanas para que concluyan las audiencias sobre la despenalización del aborto en la Cámara de Diputados y se avance con la votación en el recinto. Por ahora, el resultado es incierto.
Al finalizar la movilización, Alejandro Geyer, de la organización Marcha por la Vida Argentina, opinó: "Que haya habido más de tres millones de personas en contra del proyecto de ley va a pesar entre los legisladores".
V. M.

En tanto, Unidad Provida -la red de más de 100 organizaciones que promueven el derecho a vivir de la mujer y del niño por nacer- calcula 101 votos a favor del aborto legal, 126 en contra y 26 que permanecerían dubitativos o que todavía no se pronunciaron.
Por último, las integrantes de la organización Economía Feminista también vislumbran más rechazos que apoyos, aunque con una diferencia menor: 112 diputados en contra, 106 a favor y 37 que se mantienen indecisos o prefirieron no adelantar su postura.
Frente a este "final incierto", según se pudo saber varios legisladores avanzan en negociaciones para pulir la "letra chica" del proyecto presentado por las organizaciones que se agrupan bajo el símbolo del pañuelo verde, que podría "ceder terreno" con algunos cambios para llegar al recinto con más respaldo.
La iniciativa tiene una suerte de "núcleo duro innegociable". Por un lado, que "toda mujer tenga el derecho a decidir voluntariamente la interrupción de su embarazo durante las primeras 14 semanas" sin necesidad de autorización judicial previa y solo prestando su consentimiento.
Por el otro, que las obras sociales y las empresas de medicina prepaga "incorporen la práctica como prestación médica básica obligatoria a brindar a sus afiliadas o beneficiarias". Es decir, que brinden una cobertura integral.
El punto más sensible, y tal vez el señalado para ceder, es la edad. El proyecto otorga el derecho a abortar a una mujer adolescente de entre 13 y 16 años sin la necesidad de que sus progenitores o representantes legales deban dar autorización.
Más movilizaciones
Mientras Unidad Provida ayer cerró la jornada con una marcha masiva en contra del aborto, las agrupaciones que integran la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito van a transitar días intensos.
El lunes próximo empezarán con un "pañuelazo federal" con miras al Día Internacional de Acción por la Salud Sexual de las Mujeres. Luego, el martes 29, se entregarán a los diputados las cartas firmadas por los distintos colectivos de mujeres que se pronunciaron a favor de la legalización.
Por último, el jueves 31 habrá una jornada de movilización por el final del debate en comisión del proyecto, y el lunes 4 de junio, en la tercera movilización de Ni Una Menos, se insistirá en el pedido por la legalización del aborto.
Federico Veliz: "Los pobres abrazamos la vida; no nos usen"
Federico Veliz, de 22 años, vive en Ciudad Oculta y ayer se acercó a la Marcha por la Vida. "Queremos defender lo que ocurre en nuestros barrios. Los pobres valoramos la familia y abrazamos la vida. Queremos que nos dejen de usar para promover el aborto".

El joven, que llevaba su pañuelo celeste, contó que hace alrededor de un mes un grupo de habitantes de distintas villas de la ciudad conformó una agrupación para dar a conocer la realidad de los asentamientos.
Su mamá, Nora Gallo, contó su experiencia ante los miles de presentes. Pese a la pobreza que rodeaba a su familia en el sur de Santiago del Estero, su lugar de origen, a su madre "jamás se le cruzó por la cabeza abortar", relató la mujer.
Desde hace tres décadas, ella vive en Ciudad Oculta, donde Federico pasó toda su vida. "No está en la cultura del pobre el querer abortar. Nuestro único tesoro es la vida y por eso la defendemos de esta manera", dijo el joven.
Raúl Magnasco: "Educación sexual para lograr el aborto cero"
"Hay mucha gente en desacuerdo con el proyecto. Nos pedían que organizáramos otra marcha para decírselo a los diputados en una demostración como esta", dijo Raúl Magnasco, presidente de la organización +VIDA.
Los integrantes de ese grupo consideran que "el problema de la despenalización del aborto aumenta indefectiblemente la cantidad de ese tipo de hechos", según las cifras que obtuvieron de España y Uruguay, por ejemplo.
En contraposición, explicó Magnasco, "planteamos que existe una manera de llevar adelante un proyecto de aborto cero como el que se logró en Polonia, sobre la base de la concientización y la educación sexual y reproductiva, que les cuente a los adolescentes sobre los riesgos del aborto y cuándo comienza la vida".
El militante pro vida enfatizó que la práctica del aborto "le provoca a la mujer daños psicológicos y físicos irreversibles, por eso hay que explicárselo desde muy joven".
Una imponente columna de manifestantes recorrió la Avenida de Mayo hasta el Congreso
Cientos de miles de personas se movilizaron en la Capital en rechazo del proyecto que analiza el Congreso; en defensa del niño y la mujer, la protesta se replicó en otras ciudades
Como ocurrió dos meses atrás, otra vez decenas de miles de personas se congregaron en distintos puntos del país para reforzar su postura en contra de la despenalización del aborto. El corazón del reclamo estuvo en los alrededores del Congreso de la Nación y a lo largo de la Avenida de Mayo. "Salvemos las dos vidas" fue la frase que repitieron los presentes.
Diagramada por las organizaciones Marcha por la Vida y +VIDA, la convocatoria se hizo a través de las redes sociales "en defensa de la vida de la madre y del hijo prenacido". Faltaba más de media hora para que empezara la caminata hacia el Palacio Legislativo y Florencia, de 24 años, esperaba cerca de la Catedral Metropolitana. En su espalda colgaba una pancarta con la imagen de un feto: "Quiero nacer. Tengo ocho semanas. Mi vida está en tus manos".

Acto en Congreso en oposición a la despenalización del aborto
Desde allí, un grupo de personas partió con una bandera argentina de unos 100 metros de largo. En el cruce de Avenida de Mayo y Chacabuco se encontraron con más niños, jóvenes y adultos que llevaban pañuelos celestes (la insignia de quienes están en contra de la despenalización, por oposición al pañuelo verde de quienes la promueven) y se prepararon para iniciar la marcha. Elena Nolte mostraba la imagen de un bebé: "Estoy acá porque lucho por las dos vidas, del niño y de la mamá".
Un cántico que retumbaba entre los viejos edificios de la avenida, que le decía "sí a la vida, no al aborto", se dispersó entre la multitud para dar el puntapié del recorrido. A medida que la columna avanzaba, más personas se sumaban de todos lados. Susana Velázquez y sus cuatro hijos llegaron desde San Miguel y, dos cuadras después de la 9 de Julio, ya estaban caminando, guiados por un cartel escrito a mano en el que se leía que "adoptar es la mejor opción".
Famosos se manifestaron en oposición a la despenalización del aborto
"Somos una familia a favor de la vida", fue lo primero que dijo el padre de otra familia, los Martínez. "Queremos que los diputados nos escuchen y vean que hay una gran mayoría que no quiere la despenalización del aborto", agregó el hombre, que viajó especialmente desde General Madariaga junto a sus hijos y su mujer.
Los pañuelos celestes y las banderas argentinas predominaron en la movilización, a la que concurrieron familias y diversas organizaciones católicas. Según indicaron los organizadores la marcha congregó a 350.000 personas en Buenos Aires y a 3,6 millones en todo el país. En la movilización anterior habían estimado en 50.000 a los manifestantes que recorrieron la Avenida del Libertador.
El acto
Poco después de las 16, el grueso de los manifestantes llegó al Congreso. A la cabeza estaba "Alma", la maqueta a escala de un bebé de unas 12 semanas de gestación que se convirtió en algo así como el ícono de la Marcha de la Vida. Un rato antes, desde un escenario que se había montado de espaldas a la avenida Entre Ríos sonaban grupos musicales.
Una médica, vestida con su pulcro delantal blanco, resumió, cartel en mano: "No otorgaré una pócima letal a ningún bebé". Cuando Lautaro, de 19 años, leyó la pancarta, dejó a un lado su pañuelo celeste y tomó el celular para sacar una foto. "No pude venir en marzo, pero quería estar acá para defender la vida del niño y de la mujer. Legalizar el aborto significa avalar un crimen", dijo
Con pañuelos celestes, marcharon muchas familias y también organizaciones católicas
Entre los locutores de la marcha estuvo Sara Winter, una mujer brasileña que contó su experiencia cuando tuvo que abortar y que la replicará mañana cuando atestigüe en comisión en el Congreso. Como la anterior vez, una decena de médicos se refirió a su posición en contra de la despenalización y un grupo de docentes, de escuelas públicas y privadas, se comprometió "a defender la vida desde la concepción". La intervención de los expositores finalizó con cerrados aplausos.
Luego de cantar el himno nacional, la periodista y excandidata a diputada por Santa Fe Amalia Granata leyó un petitorio para exigir la defensa de la vida desde la concepción y pedir la derogación del permiso de aborto en situaciones extremas o excepcionales que rige en nueve provincias. La mujer estuvo rodeada de profesionales de la medicina, docentes, integrantes de credos religiosos y acompañada por la cocinera Maru Botana, y los periodistas Gastón Recondo y Rolando Hanglin, entre otros.

Seis adolescentes miraban con atención hacia el escenario. Tenían entre 13 y 15 años. "Vinimos porque estamos en desacuerdo con que se legalice el aborto", enfatizó uno de los varones. Milena, su amiga, aclaró: "Creemos que hay que ayudar a las mujeres que están pasando una situación complicada para que no lleguen a interrumpir la vida de su hijo. Hay otras soluciones".
La marcha se efectuó cuando faltan dos semanas para que concluyan las audiencias sobre la despenalización del aborto en la Cámara de Diputados y se avance con la votación en el recinto. Por ahora, el resultado es incierto.
Al finalizar la movilización, Alejandro Geyer, de la organización Marcha por la Vida Argentina, opinó: "Que haya habido más de tres millones de personas en contra del proyecto de ley va a pesar entre los legisladores".
V. M.

Raúl Magnasco: "Educación sexual para lograr el aborto cero"
"Hay mucha gente en desacuerdo con el proyecto. Nos pedían que organizáramos otra marcha para decírselo a los diputados en una demostración como esta", dijo Raúl Magnasco, presidente de la organización +VIDA.
Los integrantes de ese grupo consideran que "el problema de la despenalización del aborto aumenta indefectiblemente la cantidad de ese tipo de hechos", según las cifras que obtuvieron de España y Uruguay, por ejemplo.
En contraposición, explicó Magnasco, "planteamos que existe una manera de llevar adelante un proyecto de aborto cero como el que se logró en Polonia, sobre la base de la concientización y la educación sexual y reproductiva, que les cuente a los adolescentes sobre los riesgos del aborto y cuándo comienza la vida".
El militante pro vida enfatizó que la práctica del aborto "le provoca a la mujer daños psicológicos y físicos irreversibles, por eso hay que explicárselo desde muy joven".
Cuenta regresiva: los diputados votarán el proyecto el 13 de junio
Ese día, la Cámara baja respaldará o no la iniciativa; los indecisos toman protagonismo
La votación del proyecto para legalizar el aborto ya tiene fecha en la Cámara de Diputados: el próximo 13 de junio. Solo quedan por delante cuatro jornadas de reuniones informativas, por lo que cada colectivo, a favor y en contra de la interrupción voluntaria del embarazo, se prepara para cerrar el "cronograma de lucha" y así dejar en manos de los representantes del Congreso el destino de la iniciativa de las 72 firmas.
Casi finalizadas las exposiciones en comisión, que incluyeron el relato de más de 300 especialistas, militantes y personalidades, quienes empezaron a tomar protagonismo con el correr de las horas son las decenas de diputados indecisos -aproximadamente unos 40- que tienen en su poder el "factor sorpresa", dado que, según relevamientos internos, ni los legisladores a favor ni aquellos que ya se declararon en contra logran un número diferencial de votos.
De acuerdo con un sondeo que manejan diputados que promueven el proyecto principal de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, hasta el momento los legisladores que respaldan la despenalización son alrededor de 110, mientras que los que la rechazan alcanzarían 108, y cerca de 40 siguen aún indecisos.
"Hay mucha gente en desacuerdo con el proyecto. Nos pedían que organizáramos otra marcha para decírselo a los diputados en una demostración como esta", dijo Raúl Magnasco, presidente de la organización +VIDA.
Los integrantes de ese grupo consideran que "el problema de la despenalización del aborto aumenta indefectiblemente la cantidad de ese tipo de hechos", según las cifras que obtuvieron de España y Uruguay, por ejemplo.
En contraposición, explicó Magnasco, "planteamos que existe una manera de llevar adelante un proyecto de aborto cero como el que se logró en Polonia, sobre la base de la concientización y la educación sexual y reproductiva, que les cuente a los adolescentes sobre los riesgos del aborto y cuándo comienza la vida".
El militante pro vida enfatizó que la práctica del aborto "le provoca a la mujer daños psicológicos y físicos irreversibles, por eso hay que explicárselo desde muy joven".
Cuenta regresiva: los diputados votarán el proyecto el 13 de junio
Ese día, la Cámara baja respaldará o no la iniciativa; los indecisos toman protagonismo
La votación del proyecto para legalizar el aborto ya tiene fecha en la Cámara de Diputados: el próximo 13 de junio. Solo quedan por delante cuatro jornadas de reuniones informativas, por lo que cada colectivo, a favor y en contra de la interrupción voluntaria del embarazo, se prepara para cerrar el "cronograma de lucha" y así dejar en manos de los representantes del Congreso el destino de la iniciativa de las 72 firmas.
Casi finalizadas las exposiciones en comisión, que incluyeron el relato de más de 300 especialistas, militantes y personalidades, quienes empezaron a tomar protagonismo con el correr de las horas son las decenas de diputados indecisos -aproximadamente unos 40- que tienen en su poder el "factor sorpresa", dado que, según relevamientos internos, ni los legisladores a favor ni aquellos que ya se declararon en contra logran un número diferencial de votos.
De acuerdo con un sondeo que manejan diputados que promueven el proyecto principal de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, hasta el momento los legisladores que respaldan la despenalización son alrededor de 110, mientras que los que la rechazan alcanzarían 108, y cerca de 40 siguen aún indecisos.
En tanto, Unidad Provida -la red de más de 100 organizaciones que promueven el derecho a vivir de la mujer y del niño por nacer- calcula 101 votos a favor del aborto legal, 126 en contra y 26 que permanecerían dubitativos o que todavía no se pronunciaron.
Por último, las integrantes de la organización Economía Feminista también vislumbran más rechazos que apoyos, aunque con una diferencia menor: 112 diputados en contra, 106 a favor y 37 que se mantienen indecisos o prefirieron no adelantar su postura.
Frente a este "final incierto", según se pudo saber varios legisladores avanzan en negociaciones para pulir la "letra chica" del proyecto presentado por las organizaciones que se agrupan bajo el símbolo del pañuelo verde, que podría "ceder terreno" con algunos cambios para llegar al recinto con más respaldo.
La iniciativa tiene una suerte de "núcleo duro innegociable". Por un lado, que "toda mujer tenga el derecho a decidir voluntariamente la interrupción de su embarazo durante las primeras 14 semanas" sin necesidad de autorización judicial previa y solo prestando su consentimiento.
Por el otro, que las obras sociales y las empresas de medicina prepaga "incorporen la práctica como prestación médica básica obligatoria a brindar a sus afiliadas o beneficiarias". Es decir, que brinden una cobertura integral.
El punto más sensible, y tal vez el señalado para ceder, es la edad. El proyecto otorga el derecho a abortar a una mujer adolescente de entre 13 y 16 años sin la necesidad de que sus progenitores o representantes legales deban dar autorización.
Más movilizaciones
Mientras Unidad Provida ayer cerró la jornada con una marcha masiva en contra del aborto, las agrupaciones que integran la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito van a transitar días intensos.
El lunes próximo empezarán con un "pañuelazo federal" con miras al Día Internacional de Acción por la Salud Sexual de las Mujeres. Luego, el martes 29, se entregarán a los diputados las cartas firmadas por los distintos colectivos de mujeres que se pronunciaron a favor de la legalización.
Por último, el jueves 31 habrá una jornada de movilización por el final del debate en comisión del proyecto, y el lunes 4 de junio, en la tercera movilización de Ni Una Menos, se insistirá en el pedido por la legalización del aborto.
Federico Veliz: "Los pobres abrazamos la vida; no nos usen"
Federico Veliz, de 22 años, vive en Ciudad Oculta y ayer se acercó a la Marcha por la Vida. "Queremos defender lo que ocurre en nuestros barrios. Los pobres valoramos la familia y abrazamos la vida. Queremos que nos dejen de usar para promover el aborto".
El joven, que llevaba su pañuelo celeste, contó que hace alrededor de un mes un grupo de habitantes de distintas villas de la ciudad conformó una agrupación para dar a conocer la realidad de los asentamientos.
Su mamá, Nora Gallo, contó su experiencia ante los miles de presentes. Pese a la pobreza que rodeaba a su familia en el sur de Santiago del Estero, su lugar de origen, a su madre "jamás se le cruzó por la cabeza abortar", relató la mujer.
Desde hace tres décadas, ella vive en Ciudad Oculta, donde Federico pasó toda su vida. "No está en la cultura del pobre el querer abortar. Nuestro único tesoro es la vida y por eso la defendemos de esta manera", dijo el joven.
Raúl Magnasco: "Educación sexual para lograr el aborto cero"
"Hay mucha gente en desacuerdo con el proyecto. Nos pedían que organizáramos otra marcha para decírselo a los diputados en una demostración como esta", dijo Raúl Magnasco, presidente de la organización +VIDA.
Los integrantes de ese grupo consideran que "el problema de la despenalización del aborto aumenta indefectiblemente la cantidad de ese tipo de hechos", según las cifras que obtuvieron de España y Uruguay, por ejemplo.
En contraposición, explicó Magnasco, "planteamos que existe una manera de llevar adelante un proyecto de aborto cero como el que se logró en Polonia, sobre la base de la concientización y la educación sexual y reproductiva, que les cuente a los adolescentes sobre los riesgos del aborto y cuándo comienza la vida".
El militante pro vida enfatizó que la práctica del aborto "le provoca a la mujer daños psicológicos y físicos irreversibles, por eso hay que explicárselo desde muy joven".
M. B. A. E.
TEMA DE ANÁLISIS, DISCUSIÓN Y REFLEXIÓN
Cambiar la política tributaria permitiría salir del endeudamiento o la emisión como únicas vías para lograr fondos
JOSÉ NUN
Hablemos de Arthur Laffer, economista estadounidense neoliberal que, desde los años 70, promueve la denominada "economía de la oferta" ( supply side economics) sosteniendo que se deben estimular las inversiones y no la demanda, como hicieron los Estados de Bienestar. Habitualmente, esto implica rebajar los impuestos directos y restringir los programas sociales. De ahí, entre otras cosas, la llamada "curva de Laffer", que no solo carece de soporte empírico, sino que, para John Kenneth Galbraith (y una amplia mayoría de los economistas), constituye además "una invención" que "nadie en su sano juicio se puede tomar en serio".
Según esta curva, si se aumentan los impuestos, los recursos públicos crecen hasta alcanzar un punto óptimo a partir del cual comienzan a descender. Curiosamente, siempre que le tocó asesorar a gobiernos, Laffer opinó que este punto óptimo ya se había superado y que era necesario bajarles rápidamente las cargas fiscales a los contribuyentes más adinerados para que pudieran invertir. Es lo que ocurrió cuando fue asesor de Ronald Reagan, quien en 1981 redujo drásticamente el impuesto a las ganancias de las empresas y de las personas físicas, que de este modo invertirían más, crearían nuevos empleos y acabarían generando mayores ingresos fiscales. Los resultados inmediatos de la medida fueron la grave recesión de 1982; el déficit fiscal más alto de la historia del país; un fuerte recorte en los gastos en educación, salud y políticas sociales, y una notable profundización de la desigualdad. Tanto es así que durante su primera presidencia Reagan revisó en parte esas rebajas y el ulterior crecimiento no se debió a ellas, sino a una recuperación cíclica de la economía, acompañada por déficits fiscales y un auge de la especulación financiera.
Pero volvamos a Laffer. En 2012 pasó a ser consultor económico del gobernador de Kansas y, previsiblemente, lo indujo a reducir sin demoras los impuestos que pagaban los 330.000 contribuyentes más ricos de ese estado. Con la misma rapidez, las arcas fiscales pasaron del superávit al déficit y hubo que achicar los fondos destinados a educación y obras de infraestructura, rubricando el fracaso del que fue considerado "el experimento más agresivo en materia de política económica conservadora". ¿Por dónde anda ahora el profesor Laffer? Es asesor de Donald Trump, quien ha disminuido del 35 al 21% el impuesto que grava a las empresas, aunque solo quitó 2 puntos al que pagan las personas físicas. ¿Por qué cuento esta historia? Porque nos concierne y me allana el camino para ocuparme de algo de lo que aquí no se habla. Ni siquiera ahora que terminamos pidiéndole ayuda al Fondo Monetario Internacional. Me refiero a la cuestión impositiva. Y me apresuro a pedirle al lector que no se asuste por la supuesta complejidad del tema y siga leyendo porque mis argumentos serán bastante sencillos.
Voy al grano. En los Estados Unidos la recaudación del impuesto a las ganancias equivale aproximadamente a un 14% del producto bruto interno (PBI). En Europa, esta proporción suele ser mayor, sobre todo en algunos de los países nórdicos. ¿Qué sucede entre nosotros? Ese porcentaje nunca superó el 6% y hoy gira en torno a un magro 5%, muy inferior a lo que se obtiene por un gravamen tan regresivo como el IVA. ¿Por qué? En parte, porque un 45% de la economía opera en negro. Pero, a la vez, porque existen altísimos niveles de evasión. Según el Tax Justice Network, en 2016 las grandes empresas evadieron nada menos que el equivalente a un 4,4% del PBI. Esto representa más de 21.400 millones de dólares, es decir, un 71% de los 30.000 millones de dólares de ese déficit fiscal anual que tanto desvela al Gobierno. ¿Cómo se explica, entonces, que no se haya lanzado una intensa campaña nacional contra la evasión y, peor aun, que nadie la reclame? Nótese que no hablo de llegar al 14%, sino al 9 o 10%. Me importa añadir que, en contraste, el costo de todas las políticas sociales que se destinan a paliar la pobreza excede apenas el 1% del PBI.
Es innegable que el Gobierno recibió una herencia desastrosa en materia económica, social e institucional. Por eso hubiera sido más que oportuno adoptar algunas otras medidas que ni siquiera están en la agenda. Por ejemplo, restablecer el impuesto a la herencia que abolió Martínez de Hoz y crear un impuesto a los bienes suntuarios. Pero, muy especialmente y más aun dada la emergencia, instituir un impuesto a los patrimonios netos de las personas cuando superen, digamos, los dos millones de dólares. Según vienen de sostener Thomas Piketty y sus colaboradores en el World Inequality Report 2018, en un mundo cada vez más desigual es tiempo de dejar de hablar del ingreso para referirse a la riqueza. Como muestra, en Estados Unidos el 1% superior se queda con el 20% del ingreso nacional, pero se adueña del 42% de la riqueza. De ahí la lógica del gravamen a los patrimonios que propongo. No es justo que la crisis argentina la paguen quienes menos tienen mientras aumenta la desigualdad. Alcanza con lo expuesto para advertir que, sumado a lo ya dicho, si se hubiese aplicado una política tributaria distinta de la actual nuestro país no precisaría endeudarse. Me apresuro a agregar que esto no significa en absoluto que no sea indispensable reestructurar el Estado para que el gasto público resulte cada día más eficiente.
Descuento una respuesta de sesgo lafferiano: mi planteo sería incompatible con el crecimiento económico porque, en esas condiciones, se retraerían las inversiones productivas. Pregunto: ¿acaso abundan hoy, a pesar de que a las empresas se les bajaron tanto la alícuota del impuesto a las ganancias como el monto de las contribuciones patronales? Está sobradamente probado que no existe una relación lineal entre los impuestos y las inversiones productivas, sin perjuicio de lo que puedan alegar quienes están siempre interesados en ganar más y tributar menos. Las inversiones dependen básicamente de las posibilidades de obtener buenos rendimientos en un clima de seguridad jurídica, de previsibilidad económica y política, de costos laborales razonables y de confianza social. Lo sorprendente es que se haya generalizado la idea de que no había ni hay alternativas al camino emprendido en esta materia en 2015 y que nos ha traído a donde estamos. Pareciera que los fondos que requiere el Gobierno únicamente pueden provenir del endeudamiento o de la emisión monetaria.
Desmontar esta creencia exige advertir antes su carácter ideológico. No es más que el corolario de uno de los postulados del neoliberalismo a nivel mundial que Philip Mirowski ha resumido con acierto: "El estado natural de las economías de mercado es la desigualdad y esta constituye uno de los motores más potentes del progreso. Los ricos no son parásitos, sino una bendición para la sociedad. Se debe estimular a la gente para que los envidie y trate de emularlos". Por eso, cualquier reclamo de mayor igualdad es juzgado simplemente como una demanda de los perdedores. Se me dirá que el neoliberalismo como tal no domina en nuestro país. Pero esto no impide que algunos de sus principios hayan penetrado el sentido común de los más variados sectores, según lo evidencian los límites estrechos dentro de los cuales se mueve el actual debate acerca de las finanzas públicas. Me permito recordarle al lector el Monsieur Jourdain de Molière que se pasó cuarenta años de su vida hablando en prosa sin saberlo.
Politólogo, exsecretario de Cultura de la Nación
Hablemos de Arthur Laffer, economista estadounidense neoliberal que, desde los años 70, promueve la denominada "economía de la oferta" ( supply side economics) sosteniendo que se deben estimular las inversiones y no la demanda, como hicieron los Estados de Bienestar. Habitualmente, esto implica rebajar los impuestos directos y restringir los programas sociales. De ahí, entre otras cosas, la llamada "curva de Laffer", que no solo carece de soporte empírico, sino que, para John Kenneth Galbraith (y una amplia mayoría de los economistas), constituye además "una invención" que "nadie en su sano juicio se puede tomar en serio".
Según esta curva, si se aumentan los impuestos, los recursos públicos crecen hasta alcanzar un punto óptimo a partir del cual comienzan a descender. Curiosamente, siempre que le tocó asesorar a gobiernos, Laffer opinó que este punto óptimo ya se había superado y que era necesario bajarles rápidamente las cargas fiscales a los contribuyentes más adinerados para que pudieran invertir. Es lo que ocurrió cuando fue asesor de Ronald Reagan, quien en 1981 redujo drásticamente el impuesto a las ganancias de las empresas y de las personas físicas, que de este modo invertirían más, crearían nuevos empleos y acabarían generando mayores ingresos fiscales. Los resultados inmediatos de la medida fueron la grave recesión de 1982; el déficit fiscal más alto de la historia del país; un fuerte recorte en los gastos en educación, salud y políticas sociales, y una notable profundización de la desigualdad. Tanto es así que durante su primera presidencia Reagan revisó en parte esas rebajas y el ulterior crecimiento no se debió a ellas, sino a una recuperación cíclica de la economía, acompañada por déficits fiscales y un auge de la especulación financiera.
Pero volvamos a Laffer. En 2012 pasó a ser consultor económico del gobernador de Kansas y, previsiblemente, lo indujo a reducir sin demoras los impuestos que pagaban los 330.000 contribuyentes más ricos de ese estado. Con la misma rapidez, las arcas fiscales pasaron del superávit al déficit y hubo que achicar los fondos destinados a educación y obras de infraestructura, rubricando el fracaso del que fue considerado "el experimento más agresivo en materia de política económica conservadora". ¿Por dónde anda ahora el profesor Laffer? Es asesor de Donald Trump, quien ha disminuido del 35 al 21% el impuesto que grava a las empresas, aunque solo quitó 2 puntos al que pagan las personas físicas. ¿Por qué cuento esta historia? Porque nos concierne y me allana el camino para ocuparme de algo de lo que aquí no se habla. Ni siquiera ahora que terminamos pidiéndole ayuda al Fondo Monetario Internacional. Me refiero a la cuestión impositiva. Y me apresuro a pedirle al lector que no se asuste por la supuesta complejidad del tema y siga leyendo porque mis argumentos serán bastante sencillos.
Voy al grano. En los Estados Unidos la recaudación del impuesto a las ganancias equivale aproximadamente a un 14% del producto bruto interno (PBI). En Europa, esta proporción suele ser mayor, sobre todo en algunos de los países nórdicos. ¿Qué sucede entre nosotros? Ese porcentaje nunca superó el 6% y hoy gira en torno a un magro 5%, muy inferior a lo que se obtiene por un gravamen tan regresivo como el IVA. ¿Por qué? En parte, porque un 45% de la economía opera en negro. Pero, a la vez, porque existen altísimos niveles de evasión. Según el Tax Justice Network, en 2016 las grandes empresas evadieron nada menos que el equivalente a un 4,4% del PBI. Esto representa más de 21.400 millones de dólares, es decir, un 71% de los 30.000 millones de dólares de ese déficit fiscal anual que tanto desvela al Gobierno. ¿Cómo se explica, entonces, que no se haya lanzado una intensa campaña nacional contra la evasión y, peor aun, que nadie la reclame? Nótese que no hablo de llegar al 14%, sino al 9 o 10%. Me importa añadir que, en contraste, el costo de todas las políticas sociales que se destinan a paliar la pobreza excede apenas el 1% del PBI.
Es innegable que el Gobierno recibió una herencia desastrosa en materia económica, social e institucional. Por eso hubiera sido más que oportuno adoptar algunas otras medidas que ni siquiera están en la agenda. Por ejemplo, restablecer el impuesto a la herencia que abolió Martínez de Hoz y crear un impuesto a los bienes suntuarios. Pero, muy especialmente y más aun dada la emergencia, instituir un impuesto a los patrimonios netos de las personas cuando superen, digamos, los dos millones de dólares. Según vienen de sostener Thomas Piketty y sus colaboradores en el World Inequality Report 2018, en un mundo cada vez más desigual es tiempo de dejar de hablar del ingreso para referirse a la riqueza. Como muestra, en Estados Unidos el 1% superior se queda con el 20% del ingreso nacional, pero se adueña del 42% de la riqueza. De ahí la lógica del gravamen a los patrimonios que propongo. No es justo que la crisis argentina la paguen quienes menos tienen mientras aumenta la desigualdad. Alcanza con lo expuesto para advertir que, sumado a lo ya dicho, si se hubiese aplicado una política tributaria distinta de la actual nuestro país no precisaría endeudarse. Me apresuro a agregar que esto no significa en absoluto que no sea indispensable reestructurar el Estado para que el gasto público resulte cada día más eficiente.
Descuento una respuesta de sesgo lafferiano: mi planteo sería incompatible con el crecimiento económico porque, en esas condiciones, se retraerían las inversiones productivas. Pregunto: ¿acaso abundan hoy, a pesar de que a las empresas se les bajaron tanto la alícuota del impuesto a las ganancias como el monto de las contribuciones patronales? Está sobradamente probado que no existe una relación lineal entre los impuestos y las inversiones productivas, sin perjuicio de lo que puedan alegar quienes están siempre interesados en ganar más y tributar menos. Las inversiones dependen básicamente de las posibilidades de obtener buenos rendimientos en un clima de seguridad jurídica, de previsibilidad económica y política, de costos laborales razonables y de confianza social. Lo sorprendente es que se haya generalizado la idea de que no había ni hay alternativas al camino emprendido en esta materia en 2015 y que nos ha traído a donde estamos. Pareciera que los fondos que requiere el Gobierno únicamente pueden provenir del endeudamiento o de la emisión monetaria.
Desmontar esta creencia exige advertir antes su carácter ideológico. No es más que el corolario de uno de los postulados del neoliberalismo a nivel mundial que Philip Mirowski ha resumido con acierto: "El estado natural de las economías de mercado es la desigualdad y esta constituye uno de los motores más potentes del progreso. Los ricos no son parásitos, sino una bendición para la sociedad. Se debe estimular a la gente para que los envidie y trate de emularlos". Por eso, cualquier reclamo de mayor igualdad es juzgado simplemente como una demanda de los perdedores. Se me dirá que el neoliberalismo como tal no domina en nuestro país. Pero esto no impide que algunos de sus principios hayan penetrado el sentido común de los más variados sectores, según lo evidencian los límites estrechos dentro de los cuales se mueve el actual debate acerca de las finanzas públicas. Me permito recordarle al lector el Monsieur Jourdain de Molière que se pasó cuarenta años de su vida hablando en prosa sin saberlo.
Politólogo, exsecretario de Cultura de la Nación
Suscribirse a:
Entradas (Atom)