martes, 1 de diciembre de 2020

RECOMENDADOS DE MÚSICA CLÁSICA


RECOMENDADOS DE MÚSICA CLÁSICA
Las mejores obras para conocer a Antonio Vivaldi en su amplia y notable dimensión
El gran Antonio Vivaldi
Al lado de los grandes compositores de todos los tiempos, están aquellos que no alcanzan esa estatura y que, sin embargo, tienen su lugar en el reconocimiento general (o la posteridad asegurada) por alguna única obra que se ha instalado firmemente en el repertorio. Ahí están Max Bruch y su bellísimo Concierto para violín y orquesta Nº 1, el Adagio de Tomaso Albinoni (que, en realidad, no es de su autoría, sino de Remo Giazotto) o El aprendiz de hechicero, de Paul Dukas, entre muchos otros compositores con historias parecidas. En realidad, si se escarba un poquito, se puede notar que al lado de esas obras célebres hay también otras creaciones destacadas pero que, por diferentes circunstancias, no alcanzan esa misma notoriedad. Pero si hay un compositor sobre el cual se puede, erróneamente, atribuirle celebridad por una única obra, ése es Antonio Vivaldi. Es cierto, Las cuatro estaciones es una obra sumamente conocida o, si se quiere, efectivamente popular. Sus sonidos se han instalado en infinitas películas, publicidades, programas radiales y sus registros discográficos, vendidos por millones. Pero es necesario decirlo sin ambigüedades: Antonio Vivaldi, un veneciano nacido en 1678, siete años antes que Bach, para ponerlo en contexto, es un compositor esencial en el establecimiento de nuevas pautas formales y discursivas que marcaron una huella profunda y fundacional en la música de su tiempo. Y no sólo eso. El hombre, un eximio violinista ungido sacerdote en 1703, dejó muchísimas obras bellas, bellísimas. Para conocerlo en su verdadera dimensión, iremos hacia algunas de ellas.
En 1711, Il prete rosso, como era conocido en Venecia este cura pelirrojo, publicó en Ámsterdam L’estro Armonico, una colección de doce conciertos para solista o solistas y orquesta de cuerdas que, en varias ediciones y reimpresiones, se constituyó en el álbum de música instrumental más vendido en la primera mitad del siglo XVIII y que así contribuyó a instalar a lo largo y ancho de toda Europa el molde del concierto en tres movimientos, el primero y el último rápidos, el central lento y cantable. El Concierto para dos violines en la menor, el octavo de esa colección, puede oficiar de ejemplo claro sobre ese formato que es denominado, precisamente, vivaldiano y que sería modélico en todo el continente. Los dos solistas, delante de la orquesta, también son parte de la orquesta. Y el discurso musical, insistente, sólido y atractivo con sus ecos, sus repeticiones y sus recurrencias es típicamente el de Antonio Vivaldi.

Disponible en el canal boris Kuschnir, De Youtube

Con todo, del Estro Armónico, el concierto que más celebridad habría de adquirir sería el décimo, escrito para cuatro violines y orquesta y que Bach habría de transcribir para cuatro claves y orquesta. Los cuatro solistas también acá son parte de la orquesta pero Vivaldi los hace competir en destrezas y habilidades y no hay ninguno que goce de alguna preferencia por parte del compositor. En esta muy lograda interpretación de Il Giardino Armónico, se puede disfrutar de esta obra sublime.
Disponible en el canal Felices cantus baroque, De Youtube.
En 1725 y también en Ámsterdam, se editó Il cimento dell’armonia e dell’inventione, una nueva colección de doce conciertos para diferentes solista y orquesta. Los cuatro primeros conciertos, para violín y orquesta de cuerdas, portan, sucesivamente, el nombre de cada una de las cuatro estaciones del año. En ellos, con sonetos que anteceden a la música impresa, Vivaldi describe situaciones y momentos de cada estación que son llevados adelante siempre en tres movimientos, el típico formato vivaldiano que aún en estos conciertos descriptivos es mantenido sin variantes. En el link que está a continuación está “El invierno” en la excelente interpretación de Voices of Music, un sobresaliente ensamble de San Francisco que, en este video, agrega algunos de los versos del soneto que promueven la composición de Vivaldi.
Disponible en el canal Voices of Music, De Youtube.

Cabe señalar que Las cuatro estaciones, con más de un centenar de registros discográficos a lo largo del siglo XX, no gozó de ninguna recepción especialmente favorable en su tiempo ni aún después de la muerte del compositor, en Viena, en 1741. La casi totalidad de la música instrumental de Vivaldi fue compuesta para ser interpretada por las pupilas del Ospedale de la Pietà, un asilo de niñas huérfanas y abandonadas a las cuales se les brindaba formación musical, en el cual Vivaldi trabajó desde 1703 y del que fue nombrado director en 1716. También es necesario recordar que al igual que lo que aconteció con la inmensa mayoría de los compositores del Barroco, Vivaldi y su música desaparecierondelpanoramasonoro europeo durante más de doscientos años. Las pruebas al canto: en no pocos diccionarios y libros de historia de la música escritos antes de 1950, Vivaldi ni siquiera es mencionado. Grave error y ya no por Las cuatro estaciones, cuya popularidad es posterior a 1950, sino porque Vivaldi, además de sus aproximadamente cuatrocientos cincuenta conciertos, fue el operista italiano más célebre de su tiempo y el autor de más de un centenar de obras eclesiásticas, ninguna de todas ellas editadas en su época.
En su música sacra hay grandes obras para solistas, coro y orquesta y exquisitas obras que prescinden del coro y que fueron escritas para voz solista y orquesta. Entre las primeras, hay musicalizaciones de los números de la misa, vísperas y salmos. Sólo como ejemplo de una de ellas y para admirar las licencias que se permite un gran cineasta, del siguiente enlace emerge una película con una logradísima versión del Gloria en Re mayor, R.589 a cargo de Concerto Italiano, dirigido por Rinaldo Alessandrini en la que alternan ensayos, comentarios y, por supuesto, todos los números que integran esta imponente obra de Vivaldi.
Disponible en el canal barítonog, De Youtube.

Entre las obras para voz solista y orquesta, podemos recordar el Stabat mater, R.621, una obra temprana, de 1712, originalmente escrita para castrado y orquesta de cuerdas. En esta obra tienen lugar las características melodías de Vivaldi que discurren onduladas, bellas y fluyentes y perfectamente integradas al acompañamiento instrumental. Quien acá las expone es el contratenor inglés
Tim Mead junto a Les Accents, dirigido por Thibault Noally en la Saint-chapelle de París.
Pero por sobre todo, Vivaldi fue célebre por su medio centenar de óperas, casi todas sobre libretos mayormente insostenibles y que sólo eran una excusa para poder ofrecer arias y más arias siempre atrayentes y de mil caracteres y perfiles diferentes. Con todas las libertades que un artista se permite, Alejo Carpentier, con esa prosa única, barroca y prodigiosa, escribió su novela Concierto barroco sobre la preparación y el estreno de su ópera Motezuma, ante la mirada atónita de un criollo mejicano que observaba cómo la historia del gran emperador azteca era totalmente alterada. Habida cuenta de la insustancialidad de sus libretos y sus extensiones desmesuradas, las óperas de Vivaldi hoy se representan casi únicamente a través de sus arias. Vayamos hacia algunas de ellas.

En 1724, en Roma, Vivaldi estrenó Il Giustino. En ella, el emperador Anastasio I, de Bizancio, añora a Arianna y canta sobre la alegría de su alma cuando se recuerda junto a ella y sobre sus tormentoscuandodebepermanecer lejos. “Vedrò con mio diletto” es una hermosísima aria da capo que así suena en la voz de Philippe Jaroussky, posiblemente, el contratenor más destacado de la actualidad. Junto al sobresaliente cantante francés está La Grande Ecurie et la Chambre du Roy que dirige Jean-claude Malgoire. No es ocioso recordar que, en Italia, en el mundo de la ópera, los castrati, con sus voces tan peculiares, protagonizaban a personajes masculinos.

Disponible en el canal Musicapictura, De Youtube.
Estrenada en 1735, se estrenó Griselda y, dentro de esta ópera, está “Agitata da due venti”, un aria de bravura con coloraturas imposibles y sólo apta para cantantes de virtuosismo consumado. En este registro, Cecilia Bartoli, como sólo ella puede hacerlo, canta las dudas de Costanza atrapada entre el amor y el deber como lo está un marinero entre dos vientos.
Disponible en el canal Giulio Gladsaxe, De Youtube.

Y una última aria, ésta en una sola estrofa y no da capo. Dentro de La fida ninfa, de 1732, Morasto canta su desesperanza por la desatención de Licori y acá se pueden apreciar todas las virtudes melódicas de Vivaldi, sin lugar a dudas, un compositor superior. Bartoli y el laudista Luca Pianca se encargan de enaltecerlo.
Disponible en el canal Jules bonnot, De Youtube.

A comienzos de 1741, por circunstancias que nunca pudieron esclarecerse con certezas, el músico veneciano aceptó una invitación de Carlos VI de Habsburgo para organizar una temporada operística en Viena. El emperador murió apenas Vivaldi arribó a la capital imperial y su hija, María Teresa, quien lo heredó en el trono, estaba mucho más interesada en afirmarse en su cargo y en pertrechar a su ejército para recuperar Silesia y combatir al ejército prusiano que en montar óperas. Empobrecido y sin sustento, Vivaldi, el músico italiano más importante de su tiempo, un faro que iluminó diferentes caminos a lo largo y ancho de Europa, falleció en julio de 1741 y fue enterrado en una tumba anónima en un hospital público de la ciudad. Lo sobrevivieron un silencio y un olvido ominosos de los cuales fue rescatado por Las cuatro estaciones, un ciclo de conciertos bello y cautivante pero que, en realidad, no es sino una (bella) obra más dentro de un corpus inmenso, notable y trascendente.

P. K. 
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EL ECONOMISTA.....NOTICIAS

 

EL HAIR DE LOS 90....RENT VUELVE EN MARZO


Vuelve el de los 90, pero por una función y por streaming
Con dirección de Juan Álvarez Prado, se realizará el 25 de marzo; el lunes se conocerá al elenco
Estrenada en Broadway en 1996 y en cartel durante doce años, Rent, icónico musical de Jonathan Larson volverá a realizarse en la Argentina. Fue en 2008, en la Ciudad Cultural Kónex, que se montó la puesta en escena de Valeria Ambrosio, con dirección musical de Gaby Goldman y adaptación de Marcelo Kotliar, que lanzó a muchas figuras del género como Florencia Otero, Germán Tripel, Déborah Turza, Laura Conforte, Pablo Sultani, Melania Lenoir y Eliseo Barrionuevo. Ayer terminaron las audiciones para decidir a los 15 artistas que el 25 de marzo se subirán a escena por única vez para filmar la versión por streaming.
Varios son los sostenes de este proyecto: el director y docente Juan Álvarez Prado, la productora Valentina Berger de Go Broadway, el empresario de cine y teatro Carlos Mentasti, la actriz Viviana Puerta y, el productor y ex conductor de la tevé boliviana Leonel Fransezze. Publicada en la plataforma Backstage, el lunes 9 comenzaron las audiciones vía streaming a las que se presentaron mil interesados de todo el país. Hoy los 50 preseleccionados harán la prueba “en vivo”. El lunes se anunciará el elenco que comenzará el 15 de febrero a ensayar.
“‘Tu vida es hoy’ es el lema de la obra. A fines de los ochenta, tener VIH significaba eso. Y por eso creo que Rent está más vigente que nunca, este año nos dimos cuenta de eso, el Covid produjo y todavía produce miedo, se perdieron muchas posibilidades, tuvimos conciencia de que las pequeñas cosas valen mucho. El Sida ya no mata pero los prejuicios y la marginalidad sí. Y Rent habla de la comunidad cercana, de los afectos que te contienen y pueden salvarte de los infiernos más oscuros”, dice Álvarez Prado, además de productor, el director de la obra.
Inspirado en la ópera La bohème, de Giacomo Puccini, cuenta las dificultades de un grupo de amigos artistas neoyorquinos, sus relaciones afectivas, la discriminación, la droga y la enfermedad en el momento en que era fatal.
Cuatro de los ocho protagonistas padecen Sida. El autor murió pocos días antes de cumplir 36 años y del estreno.
La idea de refrescar este musical en el actual contexto 2020 surgió después de la función de Los últimos cinco años, el vivo para streaming realizado en septiembre. El director, Álvarez Prado, y la productora argentina radicada en Nueva York, Valentina Berger propusieron otra nueva apuesta. La impronta 2021 que quiere darle el director, con respecto a las anteriores, es de un mayor realismo: “La puesta de 1996 influyó en todas las siguientes, era más difícil mostrar con crudeza algunos temas, estaba muy cerca. Vamos a aportar más realismo a lo dramático sin dejar de lado la alegría de estos bohemios que a pesar de todo siguen adelante, como nos pasó a los artistas este año”.
Con la adaptación de Daniel Anglès y Marc Gómez, el equipo se completa con Damián Mahler en la dirección musical, Matías Ibarra en la dirección vocal y Maia Roldán en coreografía. Leni González

L. G.
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LAS VERDADES DE ALEJANDRO BORENSZTEIN


Alejandro Borensztein
Editorial de Élite
"La Patria es el velorio"



Es increíble que, con todos los recursos, Tío Alberto y su ballet hayan hecho este papelón.
Posiblemente la razón por la que los argentinos amamos tanto a Diego es porque logró el milagro de hacernos felices a todos juntos. Nos dio demasiado, tal vez lo que nunca nadie. Por eso, y antes que nada, el dolor y el agradecimiento eterno.
Ahora, hablemos del velorio.
En principio, solicitamos a la barra de Gimnasia y Esgrima de La Plata que tengan a bien devolver a la brevedad al Granadero Zapiola, ahora que los funcionarios del Gobierno nacional acaban de dejar el bolsito con el rescate solicitado en el andén de la estación City Bell del Ferrocarril Roca.
Asimismo informamos que el decreto presidencial Nº 4289/20 publicado sorpresivamente el jueves a la tarde, y en el cual se ordena la destitución inmediata de los jueces Bruglia, Bertuzzi y Castelli, no es válido porque está firmado por el Rafa Di Zeo, Jefe de la Barrabrava de Boca.
Lo mismo cabe para el decreto 7768/20 según el cual se autorizó una transferencia de 10 millones de pesos de los fondos reservados de Presidencia de la Nación a la Peña de amigos del Club Almirante Brown. Los peritos detectaron que la firma del jefe de Gabinete estampada en el decreto, en realidad, fue falsificada por uno de los capos de la barra de Almirante Brown.
Dicho todo esto, lo que ocurrió este jueves no hizo más que confirmar algo que siempre supimos, pero que el velorio del Diego expuso como nunca: el peronismo ya no es lo que era.
Se podrán decir muchas cosas sobre el Movimiento Nacional Justicialista, a favor y en contra. Lo que nadie puede discutir es que el peronismo supo organizar unos velorios de la gran puta. Los mejores de la historia.
Empezando por el de Evita en 1952. Glorioso. Inolvidable. Arrancó el 27 de julio a las 11:00 de la mañana en el Ministerio de Trabajo (había fallecido el día anterior) y terminó en el Congreso Nacional el 11 de Agosto. O sea que duró… ¡¡16 días!! Hasta los gorilas tuvieron la posibilidad de despedirla. Y encima Dios acompañó en la tristeza: llovió casi todos los días. Un velorio impecable organizado por el number one: el General Juan Domingo Perón y su ballet.
Un poco más breve, pero igualmente impactante, fue el velorio del mismísimo General Perón que empezó el martes 2 de julio de 1974 en el Congreso Nacional y terminó el jueves 4 cuando Ricardo Balbín nos aflojó hasta las muelas con su frase inolvidable: “Este viejo adversario despide a un amigo”. También llovió sin parar los tres días. Nobleza obliga, gran trabajo de Isabelita y su ballet.
Hay que destacar que ambos eventos se pudieron organizar a la perfección en una época en la que no había ni celulares ni computadoras ni cámaras de seguridad ni drones ni nada. Solo gente eficiente.
Es increíble que, con toda la tecnología y los recursos de hoy en día, Tío Alberto y su ballet hayan hecho el papelón que hicieron el jueves. No se lo merecían ni Diego ni su familia ni el pueblo. Pero bueno, es lo que hay.
Evidentemente, aquel peronismo que supo organizar los mejores velorios de la historia argentina, hoy está dirigido por una simpática batucada de inútiles. El recambio generacional se está haciendo esperar demasiado.
Es importante aclarar que Su Majestad Cristina no tuvo nada que ver. Ella sólo aprobó la idea, la mandó motorizar, imaginó que el velorio en la Rosada tapaba la crisis y reconstruía el relato y se ocupó de producir cuidadosamente su propia foto junto al féretro. Nada más. El resto fue todo mérito de Alberto y su inefable trío Cafiero/Wado de Pedro/Frederic. Los demás nombres mejor ni averiguarlos.
Es fácil imaginar cómo empezó todo este asunto, en plena conmoción mundial, con Maradona en las tapas de todos los medios del planeta y la comunidad futbolera internacional despejando toda duda sobre quién fue el más grande.
En ese mismo instante, habrá entrado corriendo al despacho presidencial un boludo (siempre hay un boludo) y dijo: “¡Tengo una idea genial, hagamos el velorio de Diego en la Casa Rosada!”. Plano corto de la cara de Tío Alberto: “dejame que consulte y ya te digo” (cuando uno dice plano corto de Tío Alberto todos pensamos inmediatamente en Rolo Puente, así se entiende mejor el espíritu y el tono de lo que estamos viviendo en la Argentina).
Seguramente el jefe de Gabinete Cafiero habrá dudado, pero como él sospecha que está en la lista de los famosos “funcionarios que no funcionan”, no se debe haber animado a contradecirlos. A Ginés ya no le preguntan nada, de Trotta olvidate y Solá está demasiado ocupado tratando de explicarle al mundo que no somos chavistas y que pueden confiar en nosotros. Así los hechos, todos se entusiasmaron con la idea, nadie los frenó y allá fueron.
En síntesis, el gobierno de Alberto Fernández decidió organizar el velorio popular y masivo de Diego Armando Maradona en el corazón de la Casa Rosada al que asistirían un millón de personas, incluidos todos los barrabravas del país, bajo 30 grados de temperatura y en el medio de una pandemia mortal que, en pocos meses, ya se llevó a 38.000 almas argentinas. Hasta mi tía Jieshke sabía que no había ninguna posibilidad de que les saliera bien. Igual se mandaron.
El día que se descubra el nombre del funcionario al que se le ocurrió esta idea tendremos finalmente el tan esperado ganador del concurso del Pelotudo del Año.
Yo sabía que había que esperar que el año avance un poquito más antes de entregarle el premio a alguno de los candidatos favoritos. Es verdad que todavía falta diciembre y siempre puede aparecer un pelotudo imbatible, pero intentar manipular políticamente la muerte del Diego y terminar con los barrabravas subidos a las rejas de la Rosada, el Presidente de la Nación evacuado y el coronavirus haciéndose una panzada, es algo difícil de superar.
Pensándolo bien, tal vez hay otro personaje que podría competir por el trofeo y cuyo nombre deberíamos averiguar. Es el pelotudo que dijo: “Quedate tranquilo, yo me ocupo”.
Horas después, cientos de barrabravas corrían por los pasillos de la Rosada mientras en las calles daban otro capítulo de nuestra exitosa serie “La guerra civil argentina”.
Cuando la desesperación y el caos ocupó todo, alguien habrá llamado a la Reina para preguntar qué debían hacer. “Echale la culpa a Macri…y si no da, echásela a Larreta”, fue lo primero que se les ocurrió. Dicho y hecho.
Para ser sinceros, es posible que cualquier gobierno de los que tuvimos en los últimos 100 años hubiera intentado utilizar políticamente el episodio de un modo parecido. Desde la fabulosa manipulación del entierro de Gardel (algún día contaremos esta historia) hasta hoy, ninguno se privó de hacerlo cuando algún evento cultural o deportivo lo permitía. Salvo un presidente que, cuando tuvo la oportunidad, y de hecho fue la mejor oportunidad de la historia con el Mundial del 86, resistió la tentación: Alfonsín. Cuándo no.
Se ha dicho muchas veces pero nunca está de más repetirlo: Don Raúl le cedió el balcón a Maradona y a sus compañeros para que ofrendaran al pueblo, reunido en Plaza de Mayo, la Copa del Mundo que trajeron de México. Alfonsín se quedó adentro. No fue la fiesta del alfonsinismo ni del radicalismo. Fue la fiesta de todos.
Ya sabemos que estadista, lo que verdaderamente se llama un estadista, nos toca uno cada medio siglo. No nos angustiemos tanto, matemáticamente faltan sólo 13 añitos para que aparezca otro como él.
Distinto es lo del Diego. Dios pone un Maradona sobre la Tierra cada mil años. Después de lo que vimos, sería un milagro que lo vuelva a poner en la Argentina.

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BARRANCA ABAJO EN LA RODADA...


Soberanía de papel pintado
No puede ser “artífice de su destino” una nación sin moneda, que ahuyenta a los inversores y cuyas empresas energéticas están al borde del colapso
Como Isabel Perón en 1974, al declarar Día de la Soberanía Nacional el 20 de noviembre, el presidente Alberto Fernández recordó la gesta de 1845, cuando Juan Manuel de Rosas, gobernador de la provincia de Buenos Aires, dispuso bloquear, con cadenas y brulotes, el paso de la flota anglofrancesa por el río Paraná.
El combate de Vuelta de Obligado, que terminó en derrota, se convirtió en un mito, tan útil para la derecha como para la izquierda peronistas. En 1974, la Triple A de Isabel y José López Rega, asesinó, entre otros, a Rodolfo Ortega Peña y a Silvio Frondizi. En 2010, Cristina Kirchner duplicó la apuesta de su antecesora al convertir aquella fecha en feriado nacional, mientras indemnizaba a familiares de asesinados por la Triple A.
Aquellas cadenas y brulotes de 1845 poco hicieron para convertir a la Argentina en una nación soberana de verdad. Si se alambra un campo para que nadie ingrese, pero luego no se lo atiende y cultiva, de nada valdrá tanto esfuerzo defensivo. La soberanía territorial no es suficiente para alimentar, educar y curar a quienes la autarquía dice proteger.
Ni antes ni después de esa epopeya de la nacionalidad el gobierno del cintillo punzó propuso una organización constitucional, ni libertades públicas. No se ocupó de la educación, ni de la ciencia, ni de la cultura. Ni le importó el agua corriente, ni las cloacas, ni los puertos, ni los ferrocarriles. Para ello, hubo que esperar hasta 1862.
Como en todo autoritarismo, el Restaurador de las Leyes utilizó la “soberanía” para reforzar su poder absoluto, avasallando derechos individuales ante el oportuno enemigo común, llámese flota anglofrancesa o Covid-19.
Bien dijo Alberto Fernández que la soberanía territorial no es suficiente, pues lo importante es “ser dueños y artífices de nuestro destino”, a través de la soberanía “económica, cultural, tecnológica, científica y alimenticia”.
Ciertamente, no será soberana una nación acosada por la pobreza, el hambre y la ignorancia por el solo hecho de pretender impedir la circulación de sus ríos. La soberanía supone una dimensión institucional, social y material que la coloque naturalmente en una posición de fortaleza, merecedora del respeto y la admiración de los demás. Sin necesidad de cadenas ni de brulotes.
Es soberana una nación con moneda valiosa y demandada, dentro y fuera de su territorio. Que cuente con sólido crédito internacional y nulo riesgo país. Que brinde justicia independiente, de modo que sus tribunales sean una opción preferida, en lugar de los jueces de Nueva York. Una nación cuyos estudiantes sean modelo de formación integral, para desarrollar sus potencialidades con plenitud. Que respete la libertad de prensa y cuyos medios sean referencia en foros mundiales. Y que sea reconocida por el buen juicio y honestidad de sus gobernantes.
Es soberana una nación que atrae inversiones privadas para dar empleos de calidad y que ofrece un sistema jubilatorio digno para quienes terminen sus ciclos laborales. Es soberana una nación cuya estructura productiva es diversa y competitiva, y no se limita a su cadena agroindustrial. Cuando no existen privilegios sectoriales o sindicales que obstaculicen a los demás y se yergan como factores de poder para impedir cambios y enriqucer a unos pocos. Cuando la competencia y el mérito generan riqueza abundante para hacer posible la igualdad de oportunidades y la movilidad social.
A contramano del discurso presidencial, la Argentina actual carece de moneda, símbolo por excelencia de la soberanía económica. Al igual que Venezuela, Zimbabue y Sudán, integra el selecto grupo de naciones con los mayores niveles de inflación mundial. En materia educativa, entre diez sistemas de América Latina (programa PISA 2019), la Argentina está séptima en lectura y ciencias, y octava en matemáticas, cuando hace un siglo nuestro país ocupaba un indiscutido primer puesto.
En materia de viviendas, después de 30 años de gobiernos peronistas en la provincia de Buenos Aires y 25 años en la Nación, cinco millones de personas se hacinan en 4400 villas y asentamientos en todo el país, sin acceso a servicios básicos ni titularidad del suelo. La mayor parte, en el conurbano bonaerense. En cuanto al agua potable, un 15% de la población no tiene acceso a una red pública y la mitad carece de cloacas.
Lejos de poder erigirse en “dueños y artífices de nuestro destino”, el Gobierno retorna con disimulo al Fondo Monetario para solicitarle ayuda, como las 26 veces que lo hizo desde 1958, por ser incapaz de adoptar políticas sustentables. Difícilmente pueda ser “dueño de su destino” un país cuyos bonos externos, recién reestructurados, cotizan casi a los mismos precios que en default.
Mientras el Presidente evoca con grandilocuencia la soberanía “económica, cultural, tecnológica, científica y alimenticia”, su gestión se encuentra asfixiada bajo el peso de las 21 millones de personas que reciben pagos del Estado, más el costo de los subsidios económicos y el sobreempleo público. Pocos recursos quedan para la cultura, la tecnología y las ciencias cuando el déficit primario asciende al 7% del PBI y desborda en inflación, brecha cambiaria, endeudamiento y presión fiscal insoportables.
No parece soberano un país que siempre pide ayuda para financiar esos desajustes. Fue con la “embajada paralela” en Venezuela, con las bases y represas de China, pactando con Irán, seduciendo a Trump (FMI) y ahora, con las vacunas rusas.
En la soberanía de papel pintado, el Banco Central se ha quedado sin reservas, las empresas distribuidoras de energía están al borde del colapso, las alimentarias reflejan pérdidas históricas y grandes multinacionales buscan otros horizontes.
Los principales actores de la pujante industria del conocimiento sufren maltrato legislativo, mientras el Gobierno otorga privilegios a la industria del juego y a las armadurías de Tierra del Fuego, para cumplir con sus aportantes de campaña.
La soberanía no consiste en cerrarse primero para mendigar después. Consiste en insertarse de manera inteligente en el mundo y lograr sus objetivos estratégicos, haciendo valer su gravitación en materia “económica, cultural, tecnológica, científica y alimenticia”, como dijo el Presidente.
Esa fortaleza debe basarse en la educación de la población, la seriedad de la palabra, el crédito público, el dinamismo de la economía, la independencia de su Justicia y la estabilidad de sus instituciones. Todo eso le falta a la Argentina para ser realmente soberana.
Soberana será una nación que cuente con sólido crédito internacional y ofrezca nulo riesgo país
Pocos recursos quedan para la cultura, la tecnología y las ciencias con un déficit primario del 7% del PBI y un desborde inflacionario
Los principales actores de la pujante industria del conocimiento sufren maltrato legislativo, mientras el Gobierno concede privilegios a la industria del juego y a las armadurías de Tierra del Fuego para cumplir con sus aportantes de campaña

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INJUSTOS Y POBRES...CADA DÍA MÁS...


No seremos más justos si no somos más prósperos

Fabio J. Quetglas

Nuestro debate económico "real" no circula entre "liberalismo" y "socialismo", a pesar de hacer uso abusivo de esos términos. Y no es por ser vanguardistas. No discutimos qué aspectos de la economía deberíamos liberar a la competencia y cuáles regular (y por qué), o si conviene generar agencias de intervención económica, o cómo el sistema fiscal mejora o empeora la distribución del ingreso, etc. Esos son los debates recurrentes en las sociedades con buen desempeño económico. Sobre todo, no estamos dispuestos a constatar datos y elementos de contexto que nutran la conversación. Tentados por vencer, no asumimos el desafío de ser pragmáticos.
Alguien definió la economía como "la ciencia de la escasez" y se supone que la gestión del conocimiento económico debe contribuir a generar riqueza y a pensar cómo ésta satisface necesidades humanas. Tenemos muchos prejuicios para hablar seriamente de la riqueza: sostenemos posiciones hipócritas, reduccionistas, pendulares u oportunistas
Alguien definió la economía como "la ciencia de la escasez" y se supone que la gestión del conocimiento económico debe contribuir a generar riqueza y a pensar cómo ésta satisface necesidades humanas. Tenemos muchos prejuicios para hablar seriamente de la riqueza: sostenemos posiciones hipócritas, reduccionistas, pendulares u oportunistas. Es raro conversar de economía sin valorar en toda su dimensión la riqueza. Es más fácil hablar de "luchar contra la pobreza" soslayando que, para hacerlo, debemos ampliar nuestra base de recursos y capacidades disponibles.


En un extremo, asociamos la riqueza al lujo, a la obscenidad, a la injusticia, al descuido por el entorno. En el otro extremo la exaltamos, no le reclamamos ninguna responsabilidad y la liberamos de toda carga social. Nuestro "rollo" con la riqueza es un límite sutil a la solución de nuestros problemas. Sin resolverlo, todo plan económico tendrá un hándicap negativo. Así como la libertad es la madre de todas las virtudes morales, es la riqueza material (y no la pobreza) la que nos pone ante el dilema de la austeridad, la responsabilidad y el cuidado. Circulan por la Argentina tres pensamientos económicos dominantes, que enmarcan el debate realmente existente:

1. El "buenismo", que supone que se puede hacer economía sin costos. Para el buenismo se puede bajar el gasto público sin reacción social, se pueden subir gravámenes sin que se incremente la informalidad, etc. El buenismo, más liberal o más estatista, confía en la voluntad política de manera acrítica. Supone que los deseos expresados en un listado Excel nunca enfrentarán la dura resistencia de los intereses y las restricciones. Vive persistentemente en el deseo de obtener resultados sin esfuerzos.

2. Tenemos un extremismo antiestatista convencido que se puede hacer economía sin bienes públicos, que la economía puede funcionar sin soporte público. Van más allá del liberalismo clásico, reniegan de cualquier rol económico estatal, denominan "robo" a los impuestos y ladrones a los representantes públicos. En un rasgo de antipluralismo, consideran sus ideas moralmente superiores.


3. Por último, otra corriente con fuente en las encíclicas papales (o en sus interpretaciones deformadas), que llamaremos "vaticanismo". Una idea de economía austera, igualitaria, ajena a las revoluciones tecnológicas contemporáneas o incluso antitecnológica. También con un evidente sesgo moralizante; con énfasis en actividades, transacciones y procesos que se consideran buenos o malos de conformidad a criterios extraeconómicos.

El buenismo es un fraude, prescinde de la complejidad, cree que los nudos gordianos de nuestra trama económica pueden resolverse dialogando. 
El diálogo contribuiría a generar reformas, pero lo cierto es que si no nos animamos a decir sobre qué y cómo, las propuestas se parecen más a un mercado de favores y ventajas, que a la imprescindible visión acerca de qué esfuerzos son necesarios para desenvolvernos mejor.
El extremismo de derecha denuncia un Estado agotado y cooptado tanto por modos corruptos de vinculación con el tejido empresarial, como por quienes le imponen restricciones desde una corrección política declamativa e ineficaz. Sacralizan la acumulación de riqueza como fuente inequívoca de resolución de toda la agenda económica, aun cuando hay evidencia en contrario de esa perspectiva lineal.
El vaticanismo, al tiempo que hace reflexiones sobre la equidad, prescinde del rol de la acumulación en la búsqueda de ser una sociedad más productiva y con mayores posibilidades de justicia.
Las tres corrientes tienen un problema con la riqueza: unos porque creen que emerge de las buenas intenciones, otros porque creen que su acumulación no es nunca conflictual, y los terceros porque le atribuyen una carga moral negativa. Si como sociedad no cambiamos nuestro modo de ver la riqueza y la pobreza, nuestras opciones económicas siempre serán problemáticas.
El enriquecimiento como fenómeno de ampliación de horizontes excede e incluye a la riqueza material. Una sociedad que construye legítimamente riqueza se enfoca en su organización, en la calidad de sus relaciones, en la construcción de capacidades sociales, en la previsión frente a eventualidades, en el cuidado de sus recursos, en la calificación de sus integrantes. No es casual que la Argentina de nuestros abuelos, deslumbrante de logros culturales, se corresponda con un país generador de riqueza.
No seremos más justos si no somos más prósperos. Si queremos vivir mejor, tenemos que generar más riqueza del mejor modo y alentar a las personas a luchar por sus proyectos. El desafío de enriquecernos tiene el costo de pensar y construir las instituciones económicas que nos permitan desenvolvernos mejor. Para que cada uno pueda hacer mejor lo que hace, y atreverse a hacer cosas nuevas. Para que a todos nos vaya bien, a muchos les tiene que ir muy bien.
Al final del camino, la economía es: recursos + esfuerzo + talento + organización. El sistema institucional debe generar un marco para que se cuiden y amplíen los recursos, para que valga la pena el esfuerzo, para retener y atraer talento y para que el resultado del esfuerzo sea apropiable. Desde que perdimos un patrón de crecimiento consistente, el país se desenvuelve en el marco del coyunturalismo. Nuestra deriva económica erosiona la democracia y la convivencia, el país se ha vuelto no solo más pobre, sino dual y prejuicioso.
Sin visión, todos los instrumentos parecen inútiles. Los recursos que se detraen al sector privado parecen alimentar una voracidad insaciable. Por eso, y por su pésima confección técnica, me opuse a la sanción del "Aporte Solidario Extraordinario". La capacidad de imposición del Estado no es infinita y está signada por un vínculo de legitimidad que, en la Argentina, está deteriorado. Hay tensión fiscal en el país, la cual se expresa en el auge de la informalidad y en la migración de contribuyentes.
Al paso de evitar las reformas, celebrar todo expansionismo público en nombre de la lucha contra la pobreza y de creer que la capacidad contributiva es infinita, nos transformamos en un verdadero infierno fiscal. La Argentina está viviendo un proceso larguísimo de descapitalización. La descapitalización no es otra cosa que la destrucción de riqueza. No se invierte lo que se tiene que invertir, ni siquiera para mantener el stock de riqueza. Necesitamos esa riqueza que no generamos para recuperar la esperanza y la justicia.
Corresponde abandonar las visiones simplificadoras para asumir la tarea consistente de recuperar nuestra economía, tomando en consideración nuestras particularidades socioculturales, nuestras tareas incumplidas y nuestras debilidades. Pero igualmente conscientes de que con esfuerzo, organización y tenacidad podremos construir un modelo consistente; siempre y cuando nos animemos -con decisión y responsabilidad- a ser más ricos, a multiplicar las oportunidades y a celebrar la creatividad y los logros bien habidos como frutos del talento humano que merecen ser alentados y valorados.

Diputado Nacional (UCR/ Cambiemos. Pcia. de Bs. As.)

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AUTORES Y LECTURAS RECOMENDADAS


Viaje al pasado Guía de lecturas entre novedades y clásicos
La ficción que recrea épocas más o menos distantes posee un atractivo que no solo se confirma año tras año, sino que también se actualiza en un tiempo que, como el actual, promete ser materia de múltiples relatos por venir
Como dijo el historiador y lingüista francés Michel de Certeau, la sociedad se narra a sí misma a través de la historia. Y también a través de la literatura, se podría agregar. Por medio del ascendente género de la novela histórica, los lectores “viajan” al pasado remoto o cercano para conocer con mejor detalle vidas de personajes célebres, ahondar en procesos sociales o revisar las versiones oficiales de distintos hechos. A diferencia de la disciplina creada por Heródoto, la literatura (cuyos inicios se atribuyen a otro griego: Homero) se toma libertades con la historia. Como su nombre lo indica, la novela histórica es una obra de ficción que no solo está ambientada en un periodo histórico, sino que en ella, además, los acontecimientos probados cumplen un papel destacado en el desarrollo narrativo. En ocasiones, los protagonistas o personajes secundarios de esos episodios resultan también protagonistas de las aventuras de ficción, como sucedió con Juan Manuel de Rosas, uno de los hombres que más ha nutrido la imaginación literaria nacional, de José Mármol a Andrés Rivera, pasando por Federico Andahazi y Florencia Canale.
Por definición, las novelas históricas son realistas, y exigen a los autores un gran trabajo de documentación, en parte para no caer en anacronismos (una reina europea del siglo XVII no puede tener perfil de Facebook ni un caudillo federal una fortuna en un paraíso fiscal). Juan José Saer, que abominaba de esta categoría narrativa, consideraba imposible reconstituir un momento del pasado porque, señaló, “el punto de partida de toda novela es el presente de la escritura”. A su manera, él mismo probó suerte con la historia (como tema, no como objeto de representación) en la novela El entenado, que transcurre en el siglo XVI. “Hablar hoy de novela histórica, como hablar de todo lo que involucre géneros, nos obliga a hacernos preguntas –dice la escritora y periodista Gabriela Saidon–. ¿Seguimos hablando de literatura de géneros (con la consabida adjetivación de ‘menor’ que suele venir adosada) versus literatura a secas? ¿Novela histórica es la que se refiere a tiempos remotos o también la que cuenta hechos de, por ejemplo, el siglo XX? En mi imaginario, el género novela histórica argentina se ubicaba siempre en el siglo XIX, cuando los géneros literarios se institucionalizaron. En mi caso, jamás hubiese pensado que mis libros anclados en la década de 1970 eran históricos, y me costó categorizar así a mi novela Cautivas, situada durante la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay. En cambio, mi última novela, La reina. El gran sueño de Manuel Belgrano es histórica y romántica y a mucha honra”.
Muchos escritores argentinos versionaron la historia, a veces acercándola a la orilla de la ficción y, otras, a la de la “verdad” del relato de los hechos. Antonio Di Benedetto, Andrés Rivera, Leopoldo Brizuela, Cristina Bajo, Tomás Eloy Martínez, María Rosa Lojo, Sylvia Iparraguirre, Ricardo Piglia y Elsa Drucaroff son solo algunos de ellos.

Waverley
WALTER SCOTT


Es la primera novela que escribió Walter Scott luego de dejar la poesía. Si bien retoma la rebelión jacobita de 1745, su propósito no era escribir una novela histórica sino exponer costumbres y ambientes de Escocia con información de primera mano, basado en su propia experiencia. Edward Waverley es un joven de tendencias románticas tironeado por dos lealtades, a su padre, defensor de los Hannover, y a su tío, que apoya a los Estuardo. En la novela, el protagonista se enamora de dos jóvenes, va a prisión y participa de una batalla crucial, donde brilla como héroe. Hector Berlioz compuso la obertura Waverley.


Finisterre
MARÍA ROSA LOJO

Forma parte de un ciclo de novelas de la autora, en el que se incluyen La pasión de los nómades yLa princesa federal. Está protagonizada por una inmigrante, Rosalind Kildare Neira, que emigra con su esposo debido a la falta de horizontes en Irlanda y Galicia, tierras de los ancestros. Cautiva de los ranqueles, conoce a un personaje histórico de relieve, el coronel Manuel Baigorria, unitario que buscó refugio en las tolderías. “Fue tiempo de matanzas para los ranqueles de Manuel Baigorria: de ataques y de emboscadas, de fusilamiento de prisioneros en los cuarteles de los huincas”, cuenta la narradora.

La amante del Restaurador
MARÍA ESTHER DE MIGUEL

La autora entrerriana fue una de las renovadoras del género de la novela histórica en el país y este título, que narra el conflictivo vínculo entre Juanita Sosa, “la endecanita”, y Juan Manuel de Rosas, se convirtió en un best seller instantáneo. La novela refiere en simultáneo los abusos de poder públicos y privados de Rosas, que quiso llevarse a Southampton a la joven (que estaba enamorada de un unitario). Tres años después de la publicación de esta novela, en 1996, De Miguel ganaría el Premio Planeta con El general, el pintor y la dama, donde los protagonistas son Justo José de Urquiza y Juan Manuel Blanes.


La reina. El gran sueño de Manuel Belgrano
GABRIELA SAIDON

La nueva novela de Saidon narra una historia “que no ha sido escrita”, el romance entre Manuel Belgrano y Nuna, una joven destinada a ser la monarca inca en América Latina luego de la propuesta del prócer de establecer una monarquía incaica en la región (iniciativa que fue apoyada por José de San Martín y Martín Miguel de Güemes). Entre la ucronía y la novela histórica,La reina presenta a un personaje de ficción inolvidable, Nuna, una adolescente dúctil que decide enfrentar el deseo de un hombre maduro a la manera de una Scherezade cuzqueña.


Línea de fuego
ARTURO PÉREZ-REVERTE

“No se oye ni una voz, ni un susurro. Solo el sonido de los pasos, cientos de ellos, en la tierra mojada por el relente nocturno; y a veces, el leve entrechocar metálico de fusiles, bayonetas, cascos de acero y cantimploras”, se lee en las primeras páginas de esta novela que narra los diez días de la sangrienta batalla del Ebro, durante la Guerra Civil Española. Aunque no son reales las unidades militares ni los personajes que aparecen (se desataca un grupo de mujeres en combate), el rigor documental del autor y su pulso para retratar la aventura bélica como una tragedia convierten la novela en testimonio de una época.


Invierno sueco. El último viaje de René Descartes
MATÍAS WISZNIEVER

El padre del racionalismo era además un místico y un poeta, sugiere esta erudita novela que lo tiene como protagonista. A lo largo de 1649, un año clave en la vida de Descartes, que es además el año previo a su muerte, el autor de Las pasionesdel alma testimonia sobre diferentes hechos históricos, en particular los avatares de la Guerra de los Treinta Años librada por las principales potencias de Europa. En un viaje hacia Estocolmo, adonde ha sido convocado por la reina Cristina, el filósofo, “retoño de la baja nobleza francesa”, realiza también una mirada retrospectiva.
D. G.
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