jueves, 1 de julio de 2021

TODAS LAS PLATAFORMAS, DETALLES Y COSTOS


La canasta del streaming: las plataformas que tenés que tener (y cuánto te van a costar)
La creciente oferta de plataformas de contenidos en nuestro país, a la que se suma el 29 de junio HBO Max y el 31 de agosto, Star +, responde a la consolidación de una nueva forma de consumo audiovisual, acelerado por las restricciones de la pandemia
El arribo de HBO Max a la región, a partir del martes 29, y el debut de Star+, en agosto, se suman a la nutrida oferta de contenidos disponibles en nuestro país; precios, fortalezas y sus mejores propuestas
D. G. 

Si bien el panorama de los servicios de streaming se encaminaba a reproducir al que enfrentaba el usuario de la TV paga hace una década (aquella máxima de “quinientos canales y nada para ver”), la pandemia aceleró los tiempos, convertiendo a las suscripciones en un salvavidas familiar para enfrentar meses de cuarentena estricta y prolongados apagones de cines, teatros y conciertos que, al menos en la región, podrían llegar a funcionar de modo intermitente al menos hasta el año próximo. Convertidas las pantallas en casi el único acceso al entretenimiento, muchos hogares decidieron en este último año “cortar el cordón” que los unía al cable e invertir al menos parte de ese dinero en múltiples suscripciones on demand pensadas a la medida de los intereses de cada uno de los integrantes de la familia. Ya no es sólo Netflix, aunque la plataforma es sinónimo de una forma ya establecida de ver contenido audiovisual que, sin embargo, dista de ser la única opción disponible para los espectadores argentinos.
Dado que los intereses de cada uno de los integrantes de ese grupo familiar –propulsados por la segmentación infinita en nichos de fanáticos en redes sociales y el cada vez más difundido uso del celular como primera pantalla “individual”– suelen entrar en curso de colisión más pronto que tarde, la industria del entretenimiento se rearma y se transforma para para competir por su atención ¿Cómo? Con más contenidos: las proyecciones de la Consumer Technology Association aseguran que las plataformas invertirán este año 112.000 millones de dólares, un 11 por ciento más que en 2020 y un ¡31 por ciento! sobre lo gastado en 2019, el último año de business as usual en Hollywood antes de que el coronavirus detuviera la gran línea de ensamblaje de la ficción. Los “faltantes” de las estanterías interminables de las plataformas de streaming provocados por las restricciones sanitarias fueron cubiertos en parte en estos meses por producciones europeas y asiáticas, afectadas durante menos tiempo por un parate que duró casi un año. Pero solo en parte.
Si bien el resquebrajamiento de la monolítica oferta anglohablante es un regalo para las audiencias, que han tenido en estos meses la posibilidad de descubrir títulos de procedencia más diversa (incluyendo la argentina), la voracidad resultante de la rotación de estrenos y la lentitud con la que Estados Unidos e Inglaterra reanudan su producción mirando directamente a 2022 comienza a hacer sonar las alarmas a mediano plazo. La respuesta seguramente se verá en una nueva marea de fusiones y adquisiciones, tendiente a consolidar posiciones en el mercado, escalar producción y unificar en una misma compañía la realización y distribución de contenidos con alcance global. Solo en los seis primeros meses de este año se sucedieron la compra de los estudios MGM por parte de Amazon (que sin embargo deja afuera el catálogo de clásicos que hicieron a la major un símbolo del cine) y la unión de WarnerMedia con Discovery. No serán las últimas noticias que tendremos en este frente.


A continuación, un panorama de las ofertas centrales disponibles en nuestro país, que incluyen el debut de HBO Max este 29 de junio y el arribo, el 31 de agosto, de Star+, con series y películas para adultos (entre ellas Santa Evita, la adaptación de la novela de Tomás Eloy Martínez protagonizada por Natalia Oreiro) y la gran vedette de los deportes de Disney.
Regé Jean Page y Phoebe Dynevor en la primera temporada de Bridgerton, la serie de Shonda Rhimes que es un suceso global de NetflixNetflix
Netflix
Abono mensual: 279 pesos (básico: una pantalla, definición estándar); 459 pesos (estándar: dos pantallas, en HD) y 669 pesos (premium: cuatro pantallas, en HD/UHD). Una semana de prueba gratis.

El amo y señor del streaming nació en los Estados Unidos en 1997 como un videoclub gestionado por correo ante la disconformidad de su creador Reed Hastings, al ser penalizado por no devolver a tiempo un VHS a la difunta cadena Blockbuster. Eso explica que cada detalle en esta plataforma tenga un diseño orientado al consumidor, que suma innovaciones todos los años, de las más útiles a las más polémicas, como la posibilidad de ver títulos a distintas velocidades o que su famoso algoritmo nos elija, “al azar” qué ver a continuación.
Es testimonio del atractivo de su catálogo (5318 títulos al cierre de esta edición: 3479 películas y 1839 series en la Argentina, según el arqueo del sitio especializado Unogs, apenas 500 menos que en los Estados Unidos) que aún hoy con la proliferación de ofertas on demand para gran parte del público, la pregunta del público interesado es siempre “¿está en Netflix?”. La plataforma está orientada fuertemente a las series, aunque las producciones cinematográficas han crecido en presupuesto y ambición en los últimos años, siendo protagonista de las últimas tres entregas de los Oscar con films como Roma, El irlandés, El juicio de los 7 de Chicago y Mank. 
Las producciones propias en materia de TV –que comenzaron con House of Cards en 2013– incluyen la multipremiada The Crown así como Stranger Things, Bridgerton, Elite, Lupin y Cobra Kai, se combinan con las adquisiciones (con títulos de BBC, AMC y Sony, entre otros, así como un catálogo muy atractivo para seguidores del K-drama y el scandinoir). Tanto en documentales –con énfasis en el true crime–como en especiales de standup (con varios hits que expandieron los límites del género, de Nannette de Hannah Gadsby a Inside de Bo Burnham), el crecimiento de su librería ha sido notable incluso para el ritmo frenético que le impone la industria a su patrón oro. En julio se anuncia la segunda temporada de Sky Rojo, una de las crecientes producciones españolas en las que se ha apoyado la plataforma desde el éxito global de La casa de papel, con Lali Espósito; la reaparición de una ficción fundamental para la TV argentina como Okupas (2000), con Rodrigo de la Serna y la última temporada de Atypical. El punto flojo de la plataforma reside en los clásicos, tanto cinematográficos como televisivos.

Tom Hiddleston (aquí junto a Owen Wilson) recupera a su Loki, antagonista de Los Vengadores, en clave de comedia para la serie original de Disney+, una de las apuestas fuertes de Marvel para la temporadaDisney+
Disney+
Abono mensual: 385 pesos (el abono anual, con descuento, es de 3850 pesos)

Desde su debut en noviembre último, la plataforma ha probado que dos de sus armas más poderosas en el cine tienen también mucho para brindar en materia televisiva: si el fenómeno de 2020 fue la serie del universo Star Wars The Mandalorian, el segundo año de la pandemia parece pertenecerle a Marvel, que encadenó tres propuestas centradas en héroes y villanos de Los Vengadores con logrados resultados, WandaVision, con Elizabeth Olsen y Paul Bettany; Loki, con Tom Hiddleston, Falcon y el Soldado del Invierno, con Sebastian Stan y Anthony Mackie y cerca de quince proyectos más ambientados en la Fase 4 del Universo Cinematográfico de Marvel que comenzarán a llegar a partir del cuarto trimestre a la pantalla. A diferencia del resto de las plataformas (con la excepción de Apple TV+), sus estrenos televisivos se suben semanalmente, proponiendo un modelo de consumo más cercano a la TV tradicional, con apuestas que incluyen realities de canto y baile, ficciones familiares (como los estrenos Socios y sabuesos y La misteriosa sociedad Benedict) y una creciente cantidad de títulos producidos en la región.
En materia de cine, el nutrido catálogo de los estudios Disney, Lucasfilm y Marvel (al que se suman los Muppets y los documentales de National Geographic, otra de las marcas exclusivas de este VOD) tiene una excelente navegabilidad y provee la tranquilidad de que los más pequeños de la casa puedan surfearla sin sorpresas. En estos meses de cuarentena crecieron los estrenos en la plataforma, ya sea con la marca de los estudios del Ratón (Mulán) como la de Pixar (Luca y Soul). Con la imposibilidad de abrir los cines en muchas regiones del mundo, Disney+ ofrece estrenos simultáneos con las salas, como Cruella y la inminente Viuda Negra, pagando un monto adicional a la suscripción. Una novedad que, de probar ser rentable y si las restricciones sanitarias se prolongan, puede replicarse en otras plataformas locales.

Héroes y villanos intercambian lugares en The Boys, una de las ficciones más exitosas de Amazon Prime Video
Amazon Prime Video
Abono mensual: 319 pesos más impuestos (ofrece una semana de prueba gratis)

Amazon es un relativo recién llegado a la pelea global del streaming. Disponible desde diciembre de 2016 en 200 países, Amazon Prime Video no pretende ganar premios de diseño por su interfase, aunque es útil su herramienta X-Ray, que cruza información con la base de datos de IMDB –también propiedad de la compañía de Jeff Bezos– para conocer más sobre los actores y autores del título elegido al ser activado.
Es en materia de series donde Amazon se ha hecho fuerte, sumando a grandes autores de la pantalla chica como Amy Sherman Palladino (The Marvelous Mrs. Maisel) y Phoebe Waller Bridge (Fleabag) y Barry Jenkins (The Underground Railroad). En 2014, Transparent, la serie centrada en una matriarca transgénero y su familia, la puso en el mapa de la TV. La serie distópica de superhéroes The Boys parece encaminada a consolidarse como su gran éxito actual, al menos hasta el demorado estreno de la serie sobre El señor de los anillos. La fantasía y la ciencia ficción son dos especialidades de su catálogo: a Good Omens, The Expanse y Carnival Row, tres producciones originales, se suman un gran número de títulos de animación y de series japonesas (su apartado Bollywood es también muy atendible para los fanáticos). Las enormes diferencias de catálogo cinematográfico con su contraparte en los Estados Unidos son el punto más flaco de la plataforma, que parece estar compensando con sustanciales adquisiciones de películas y series argentinas y latinoamericanas, en línea con sus producciones originales como El presidente.
Amazon Prime Video también es hogar de series clásicas como Los expedientes X; Buffy, la cazavampiros, How I Met Your Mother, The Big Bang Theory, Dr. House, Modern Family y Downton Abbey y el ubicuo This is Us. Otra de las apuestas fuerte de Amazon Prime Video es al deporte, especialmente el automovilismo y el fútbol. En la oferta se destacan realities dedicados a la Fórmula 1, el exitoso ciclo fierrero The Grand Tour y su franquicia Todo o nada, que retrató el día a día de equipos como Manchester City, Tottenham Hotspur y la selección brasileña. La bioserie Maradona: sueño bendito es a priori la más grande apuesta para el mercado argentino y regional, que llegaría a la plataforma en algún momento de este año.
Su catálogo cinematográfico, sin llegar a la altura del disponible en los Estados Unidos, depara interesantes sorpresas sobre todo en materia de producciones originales como el thriller Sin remordimientos, con Michael B. Jordan; La asistente, centrada en el caso Weinstein, con Julia Garner; el drama romántico El refugio, con Carrie Coon y Jude Law, y Estados Unidos vs. Billie Holiday, por el que Andra Day recibió una nominación al Oscar 2021. La reciente adquisición de los estudios MGM apunta a reforzar sus franquicias reconocibles con la saga Rocky y especialmente, la de James Bond.

Friends: The Reunion es uno de los contenidos más esperados de HBO Max, cuyo desembarco en el país el martes 29 traerá también dentro de su catálogo las diez temporadas de la popular serieCaptura de pantalla
HBOMax
Abono mensual: 529 pesos (plan estándar, con acceso para tres usuarios en simultáneo, cinco perfiles personalizados y algunos títulos en 4K), 359 pesos (plan móvil, optimizado para esos dipositivos y para un usuario individual). Las suscripciones por tres o doce meses ofrecen descuentos de hasta el 30 por ciento. Tiene un período de prueba gratuita de siete días y una “zona de degustación” con contenidos sin cargo. Los abonados a HBO a través de sistemas de cable o satélite y a la plataforma HBO Go (que será discontinuada) accederán a este nuevo servicio sin costo adicional.


Aún sinónimo de “programación de prestigio” en todo el mundo, HBO es el centro de esta plataforma que está disponible a partir del 29 de este mes en nuestro país y el resto de América latina. En su biblioteca se encuentran clásicos que sentaron las bases de la nueva era dorada de la televisión, como Los Soprano, Six Feet Under, The Wire y Sex and the City (que ofrecerá una miniserie regreso con tres de sus protagonistas originales, And Just Like That...) junto con la que es –más allá de su vilipendiado final– la “serie más grande del mundo”, Game of Thrones, que volverá con un spinoff, House of the Dragon, en 2022. La “librería” de clásicos televisivos que estará disponible para los abonados se extiende a las joyas de Warner TV, como Friends (cuyas diez temporadas y el especial de reunión están disponibles desde el minuto cero), y una serie fundamental que hace años no puede verse en el país de forma legal: ER. Exitosos títulos del pasado cercano como The Big Bang Theory, así como el reboot de Gossip Girl y producciones originales pensadas para el servicio, como The Flight Attendant, una comedia de suspenso protagonizada por Kaley Cuoco; Raised by Wolves, ciencia ficción con la firma de Ridley Scott y 30 monedas, el proyecto que marca el regreso al terror religioso de Alex de la Iglesia –también se destaca desde España la biografía pop Veneno, sobre Cristina Ortiz–, además de un nutrido grupo de ficciones y realities regionales se suman para darle peso específico a la propuesta.
Por el lado cinematográfico, HBO Max cuenta con el peso específico de los films de WB, que llegarán a los suscriptores 35 días después de su estreno en salas de cine, ventana reducida a su mínima expresión cuyo lapso ya comenzó a correr en el caso de En el barrio, la adaptación del musical de Lin-Manuel Miranda. Para el futuro cercano se espera la adaptación de Denis Villeneuve del clásico de ciencia ficción Duna, de Frank Herbert, con Timotheé Chalamet, Rebecca Ferguson y Jason Momoa; Mortal Kombat, actualmente en cartel, y la reinvención de El escuadrón suicida de James Gunn y Judas y el Mesías negro, película nominada al Oscar este año que no llegó a pasar por cines. El poderío de DC tendrá su espacio en la plataforma, ya sea con sus series (Batwoman, Doom Patrol, Superman & Lois, Supergirl y el resto del Arrowverse) como con sus películas, como Mujer Maravilla: 1984 y el ya célebre SnyderCut de La liga de la justicia.
Los clásicos y modernos de su librería también son un argumento significativo en favor de la suscripción: además del catálogo de los clásicos de MGM adquirido en épocas de Ted Turner, como Cantando bajo la lluvia, El mago de Oz y Lo que el viento se llevó, se suman los de los propios estudios Warner, en los que brilla, siempre intocable, Casablanca, pero también una gran cantidad de dramas y policiales, así como las sagas de El señor de los anillos, Matrix y Harry Potter. Para toda la familia, HBO Max ofrece los contenidos de Cartoon Network, los programas inolvidables de Hanna-Barbera y Looney Tunes.

Jason Sudeikis como Ted Lasso, el entrenador optimista de un equipo de la Premier League en la serie original de Apple TV+, uno de los éxitos de la pandemiaApple Tv
Apple TV+
Abono mensual: 4,99 dólares (al adquirir un dispositivo Apple se obtiene un año bonificado de suscripción)
La gran apuesta del gigante tecnológico con sede en Cupertino, California, no es desarrollar un gigantesco catálogo como el de Netflix sino adueñarse de “los fierros”: la arquitectura tecnológica a través de la cual vemos y abonamos todos nuestros contenidos por suscripción. Así, Apple TV+ permite suscribirse a distintas plataformas individualmente (StarzPlay, Paramount+, MGM, Acorn y el infantil Noggin, con una semana de prueba gratis), alquilar o comprar películas de estreno reciente y también acceder a las series y películas originales de la plataforma.
Entre estas últimas se destacan la “ganadora de la pandemia”, la entrañable Ted Lasso, sobre un entrenador de fútbol americano que aterriza en un equipo de la Premier League británica y procede a encantar a todos con su optimismo y dulzura, con Jason Sudeikis; la excelente Dickinson, con Hailee Steinfeld como la poetisa norteamericana; La historia de Lisey, con Julianne Moore encabezando una adaptación del propio Stephen King de su novela, y The Morning Show, comedia dramática con toques de #MeToo centrada en un magazine matutino, con un elenco multiestelar encabezada por Reese Witherspoon, Jennifer Aniston y Steve Carell que en septiembre llegará con su segunda temporada.
Masculino-Femenino, de Jean Luc Godard, uno de los nuevos títulos disponibles en el catálogo de Qubit.tv
Qubit.tv
Abono mensual: 499 pesos


La plataforma creada por el argentino Mariano Primavera en 2012 busca ofrecer un catálogo cinematográfico de “autor”, con énfasis en la reconstrucción en cinematografías poco transitadas por el resto de las plataformas, sobre todo la francesa, alemana, rusa y japonesa, reconstruyendo una suerte de cánon a partir del arribo del cine sonoro, sin descuidar algunas superproducciones hollywoodenses o joyas indie recientes, clásicos familiares como La historia sin fin (devuelto a la memoria por Stranger Things) y El globo rojo, de Albert Lamorisse, y por supuesto, los grandes autores, el eje de su plataforma. Entre las recientes adiciones al catálogo están cuatro clásicos de Jean-Pierre Melville (Un joven honorable, El último suspiro, El ejército de las sombras y El círculo rojo), otros tres de Jean-Luc Godard (Masculino-femenino, Week-end, Dos o tres cosas que sé de ella) y el arribo de la muy añorada filmografía de John Cassavetes, con Faces, Minnie y Moskowitz, Shadows, Una mujer bajo influencia y The Killing of a Chinese Bookie. Además: Buster Keaton, Alfred Hitchcock, Martin Scorsese, Ernst Lubitsch, Fritz Lang, Claude Chabrol: una verdadera maratón con infinitas posibilidades para quienes quieran descubrir a los artistas que definieron el primer siglo del cine. A prueba de ese lamento eterno de que “ya no se hacen películas como las de antes” y ante la desaparición de aquellos polos de formación de espectadores como el circuito de cineclubes y con la sala Lugones, el Rojas y el Cultural San Martín sin actividad por la pandemia, Qubit se abre paso por “prepotencia de talento” en su oferta.
La oferta –exclusivamente de películas, debe reiterarse– está dividida por géneros, similares a los que servían para buscar títulos en las estanterías en el videoclub (western, bélico, romance, o suspenso) pero también en categorías de actualidad que parten del calendario cinéfilo local, como “ganadoras del Oscar” o “festival de cine ruso”. También puede buscarse por novedades, tendencias y recomendaciones, así como por actor, director y temática. Como la interfase gráfica es muy básica, es necesario atender a las recomendaciones de la plataforma o, en caso contrario, saber certeramente qué (o a quién) se está buscando (ofrece la posibilidad de crear una lista de films para ver después). Es muy útil para ello la selección realizada junto con la Universidad del Cine (FUC), una suerte de kit básico para el cinéfilo en construcción, que incluye películas imprescindibles como Los 400 golpes, El ángel exterminador, El gabinete del doctor Caligari, Rashomon y El hombre de la cámara, entre otros. También tienen segmentos en video donde distintos críticos locales hacen sus recomendaciones.

La tía Lydia (Ann Dowd) y June (Elisabeth Moss) en The Handmaid's Tale, la distopía basada en la novela de Margaret Atwood que lleva cuatro temporadas en el aire, uno de los platos fuertes de la programación de Paramount+Sophie Giraud - Hulu
Paramount +
Abono mensual: 299 pesos


Uno de los recién llegados al mundo del streaming, esta plataforma reúne varias marcas reconocibles para el espectador local (Showtime, Paramount, MTV, Comedy Central, Nickelodeon), aunque lo exiguo de los títulos ofrecidos hasta el momento, entre adquisiciones y originales hace pensar que la plataforma solo con el tiempo terminará por cumplir su promesa de reunir a los contenidos estrella del estudio de la montaña dentro de su suscripción. Uno de ellos es sin dudas es Star Trek, cuyo universo creado por Gene Roddenberry está repartido hasta el momento entre Netflix (Discovery) y Amazon Prime Video (Picard). Sin embargo, las otras series restantes en producción, la animada Lower Decks y Strange New Worlds, llegarán a Paramount en septiembre. Otro de los tanques de la plataforma es The Handmaid’s Tale, que tiene por delante un spinoff confirmado en Los testamentos y más temporadas de la distopía feminista protagonizada por Elisabeth Moss; un clásico como las dos temporadas originales de Twin Peaks, de David Lynch y las de The Good Wife, así como Killing Eve, la comedia negra creada por Phoebe Waller-Bridge; el regreso de iCarly, el notable drama familiar Yellowstone, encabezado por Kevin Costner y una nutrida programación regional, que incluye la serie Los enviados, de Juan José Campanella y los nuevos programas de Susana Giménez y la dupla Marley-Mirko (Paramount, como Telefe, son parte de la familia ViacomCBS, que también incluye el streaming gratuito Pluto TV). Hacia el futuro se anuncia una nueva temporada de la exitosa sitcom Frasier (con el regreso de Kelsey Grammer) y en la adaptación a formato serie de algunos de los films más exitosos de los estudios, como Atracción fatal, Love Story, Asesinos S.A. y Faena a la italiana. Forman parte también de la plataforma varios éxitos de taquilla recientes del estudio, como La guerra de los mundos de Steven Spielberg; La caída del halcón negro, de Ridley Scott; Un lugar en silencio, La llegada y Blade Runner 2046, ambas de Denis Villeneuve.
Normal People, la aclamada miniserie británica sobre el romance de dos jóvenes irlandeses, es parte del catálogo de StarzPlay, que tiene su fuerte en las ficciones adultasStarzPlay
StarzPlay
Abono mensual: 2,49 dólares


En esta plataforma, que tiene una incipiente producción original pero notables adquisiciones que suelen apelar al paladar negro de los seriéfilos (sobre todo en materia británica y producción norteamericana para adultos, como P-Valley, The Girlfriend Experience y Mr. Mercedes), se destacan las varias ficciones adaptadas de las novelas históricas de Philippa Gregory como The Spanish Princess; las múltiples encarnaciones de Power Book, la flamante Blindspotting, y las multipremiadas Normal People, Castle Rock, Vida, High Fidelity y The Great. Hay también un buen catálogo de series ya concluidas para descubrir, como Mad Men, The Night Manager, Luther y Penny Dreadful. Entre los proyectos anunciados para los próximos meses están una versión de la novela epistolar Relaciones peligrosas, con foco en la juventud de Valmont y la marquesa de Merteuil, con Alice Englert, Leslie Manville y Carice van Houten, y Heels, un drama ambientado en el mundo de la lucha libre protagonizado por Stephen Amell (Arrow) y Alexander Ludwig (Vikings). Si bien su fuerte es la TV, también tiene un sólido catálogo hollywoodense de éxitos de taquilla.

Akelarre, nuevo film de Pablo Agüero, reciente ganador de cinco premios Goya, está disponible en Cine.Ardavid herranz
Y si queda tiempo y ganas para descubrir...
En la infinita virtualidad, también hay otras posibilidades que no son de nicho sino de procedencia. El más amplio de ellos es Cine.ar Play, que ofrece un catálogo de películas y series nacionales de las últimas décadas. Respaldado por el Incaa, el catálogo incluye todos los géneros y temáticas imaginables, desde los grandes autores hasta títulos infantiles. La inmensa mayoría de los contenidos son gratuitos; sólo se abona 90 pesos para alquilar los títulos más recientes de la solapa Estrenos, como Akelarre, Inmortal o La noche más larga.


Para el cinéfilo empedernido que busca actualidad cinematográfica también está MUBI, que se ofrece como “una cuidada selección de las mejores películas”, ofrece “cine de culto, clásico, independiente y galardonado” con copias remasterizadas, estrenos del circuito de arte (este mes apuesta a la galardonada First Cow, de Kelly Reichard, de la que también se verán sus tres películas previas, así como a sendas retrospectivas de Kiarostami y el Festival de Cannes) y una cuidada presentación de cada obra seleccionada, que incluye ensayos y reseñas de sus artistas. Ofrece una semana de prueba gratuita –la plataforma renueva su catálogo cada mes– y luego la suscripción cuesta 999 pesos por tres meses o 2699 pesos por año.

También hay opciones aún más específicas: Crunchyroll Premium para los fanáticos del animé (99 pesos por mes); AcornTV, para los devotos del misterio y la TV británica, australiana, canadiense y neozelandesa (199 pesos mensuales y 1990 pesos anuales); Europa +, con programación del Viejo Continente en todas las temáticas (249 pesos por mes) y Viki Rakuten, dedicado al universo siempre en expansión de las ficciones coreanas en particular y asiáticas en general.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

EL ECONOMISTA....NOTICIAS

 

FAMILIAS....LA DIMENSIÓN EMOCIONAL


La familia contra las cuerdas, después de un año encerrados

Recién ahora empieza a verse en los hogares la magnitud que tienen las secuelas del encierro, la pérdida de escolaridad y la reconfiguración de los vínculos en el marco de la crisis sanitaria

Luciano Román


Después de un año y medio en el que la vida se desacomodó por completo, las familias se enfrentan a traumas y desafíos desconocidos. Han tenido que lidiar con desajustes de todo tipo, y recién ahora empieza a hacerse el “recuento de daños”: millones de chicos con problemas de adaptación, trastornos alimentarios y alteraciones del sueño, cuadros de ansiedad y depresión, pérdida de concentración y desinterés por la escuela. La problemática adolescente se ha exacerbado y las energías de los padres están al límite. Pero los efectos son mucho más amplios, y no solo afectan a las familias con hijos chicos o adolescentes. Los abuelos también sufren las consecuencias del aislamiento y la alteración de sus rutinas sociales; las parejas solas lidian con las consecuencias de una convivencia sin válvulas de escape; los jóvenes se encuentran con las secuelas de la incertidumbre y la imposibilidad de hacer proyectos. Todo esto pone a las familias en una suerte de olla a presión, cuyos efectos y dimensiones son difíciles de medir. “Lo que empezamos a ver ahora -coinciden varios especialistas- es la punta de un iceberg” que emerge como un gigantesco daño social.

La estructura familiar sufre una suerte de estrés postraumático como consecuencia de la pandemia. En la casa repercuten -por supuesto- el miedo a enfermarse y el desasosiego de convivir con el virus, pero también la ansiedad que provocan la pérdida de ingresos, la falta de escolaridad, la desaparición de los pilares que ordenaban y equilibraban la rutina familiar y las dificultades para hacer planes y proyectar el futuro. Es un cóctel complejo que ya registra consecuencias: el año pasado, por primera vez, en la Ciudad de Buenos Aires hubo más divorcios que casamientos. Se acentúa, además, la conflictividad en la relación de padres e hijos, crecen las adicciones y las consultas a psicólogos y psiquiatras, así como el consumo de ansiolíticos y antidepresivos. Algunos especialistas ya hablan de una suerte de “bancarrota emocional” en millones de hogares de clase media. Es un fenómeno que pasa por debajo del radar de la política, pero que empiezan a registrar los estudios de opinión pública, donde se detectan altos índices de “cansancio psicológico”.

Como ocurre en otros hogares, en la casa de Carolina del Barco y Emiliano Monteagudo se trabaja, juega y estudia en el mismo espacio

La estructura familiar sufre una suerte de estrés postraumático como consecuencia de la pandemia. En la casa repercuten -por supuesto- el miedo a enfermarse y el desasosiego de convivir con el virus, pero también la ansiedad que provocan la pérdida de ingresos, la falta de escolaridad, la desaparición de los pilares que ordenaban y equilibraban la rutina familiar y las dificultades para hacer planes y proyectar el futuro
“La verdad es que, después de un año y medio, sentimos que se nos ha venido el mundo abajo. Los chicos están desanimados y nosotros también. Sentís que la rutina familiar es como remar en dulce de leche”, dice Dolores Cassina (46), madre de dos adolescentes, de 17 y de 14, y de una nena de 8. “Yo tuve que cerrar el negocio (tenía con una socia una casa de fiestas infantiles); mi marido estuvo un año trabajando desde casa y tuvimos que convertir el comedor en su oficina. Mi suegra, que participaba mucho del día a día con los chicos, se tuvo que recluir y tuvo un bajón. La chica que me ayudaba en casa dejó de venir. Al principio nos pareció que podía ser una oportunidad para bajar un cambio, pero ahora vemos que todo se ha hecho muy pesado. Hay días que no doy más: hago de mamá, de maestra, de ama de casa, de psicóloga; de administradora de un negocio que no genera ingresos pero sí complicaciones. Siento que es agotador”.
Matías Muñoz: la importancia de no confinar los sentimientos
“A nosotros -cuenta Carolina del Barco- se nos rompió la organización y la estructura que teníamos armada”. Es abogada y madre de dos varones de 6 y 12 años. Casada con Emiliano Monteagudo, que trabaja como productor de seguros, cuenta que antes de la pandemia “teníamos una rutina que nos ordenaba; de repente nos encontramos todos en casa, sin horarios; todo se desajustó, desde las comidas hasta la hora de irnos a dormir. Además, vivimos en un departamento que, si bien es cómodo, no tiene espacios separados para trabajar, estudiar y jugar. Todo eso nos provocó mucho estrés”.
Las realidades de Dolores y Carolina describen la de millones de familias que, con particularidades y matices, se enfrentan a las consecuencias de haber estado un año encerrados, con un horizonte todavía incierto y con el peso de una segunda ola que ha tenido efectos devastadores en el plano sanitario. El cierre de escuelas durante todo el 2020 y parte de este primer semestre ha tenido un enorme impacto en los hogares: con el colegio, desapareció un eje central de la organización cotidiana. “La escuela es educación, pero también es rutina, es sistema, es un engranaje crucial en la vida de los chicos y en la convivencia familiar”, explican los especialistas. Al desaparecer ese eje vertebral, se desarma la organización hogareña. Los chicos se quedan sin horarios, sin un marco de referencia, sin una mirada y una evaluación externa. No se trata de algo abstracto: esos desajustes se pueden traducir en problemas de conducta, en sedentarismo, sobrepeso o desórdenes alimentarios, falta de motivación o desgano crónico.

Sumar a los hijos al propio entrenamiento fue el recurso que encontró este padre que practica triatlón
Muchos padres encuentran en sus hijos síntomas de esas problemáticas, al mismo tiempo que sufren preocupaciones vinculadas a su situación laboral, a su propia salud y a la relación de pareja. Todo su entorno está teñido de angustia e incertidumbre. “Nos hemos quedado sin socialización y nos sentimos solos; tenemos menos libertad y más miedo”, dice la socióloga Lucrecia Arceguet.
“A todos hoy nos atraviesa la incertidumbre. Los chicos buscan certezas en nosotros, y no se las podemos dar”, dice Agueda Figueroa, una médica neonatóloga que es madre de tres adolescentes. En las conversaciones entre matrimonios de clase media, de entre los 40 y los 50 años, domina la angustia frente al futuro. “Los chicos han dejado de ver el horizonte; solo viven el presente, con objetivos muy cortos; nos miran a los padres, y se encuentran con la falta de confianza frente al porvenir. El país no ayuda a construir certezas y la pandemia profundizó esa sensación de precariedad”, dice Agueda. “En los hogares se están produciendo implosiones silenciosas cuyas consecuencias dejarán cicatrices queloides”, escribió en La Nación Guillermo Olivetto, especialista en consumo y sociedad. “La salud emocional está prácticamente quebrada. El conflicto, la tensión, el deterioro y la degradación son vectores que cruzan desde los vínculos afectivos hasta la capacidad de dormir una noche de corrido”, dice Olivetto.
“Mis hijos han perdido el entusiasmo. Estamos preocupados, porque viven encerrados en su cuarto. Antes se quejaban de que no podían salir, pero ahora parecen habituados al aislamiento. Se les alteró el ritmo del sueño; aunque están todo el día en casa, hablamos y nos vemos cada vez menos”. Amalia lo cuenta con inquietud y tristeza; también con una carga de impotencia. Sus hijos tienen 13 y 16. Por primera vez ha buscado ayuda psicológica, “porque ya no sé cómo ayudarlos. Siento, además, que yo tampoco tengo muchas fuerzas: el año pasado me separé; mi madre murió por Covid en enero y acabo de empezar un pequeño emprendimiento porque la empresa en la que trabajo se tuvo que achicar mucho en medio de la cuarentena”. La de Amalia no es una historia excepcional. Esa combinación de pérdidas, desafíos, angustias y preocupaciones traza el mapa emocional de muchas familias. Para las mujeres que son jefas de hogar, la sobrecarga acentúa la desigualdad de género. Pero aún en estructuras con roles más balanceados, la mujer lleva muchas veces la carga más pesada de la logística hogareña.
“Todo esto ha implicado un desgaste; uno está más cansado y la paciencia ya hace tiempo no es la misma. Y este desgaste se da en todas las relaciones: lo ves en la calle y en tu casa también. Estamos todo el tiempo amontonados: uno con zoom, el otro hace ruido, otro grita y uno necesita hablar por teléfono. Muchas veces es caótico. Todos estamos menos tolerantes y los chicos más sensibles”, dice Carolina del Barco.
En el caso de parejas separadas, se tuvieron que revisar a la fuerza los esquemas preestablecidos de los días con cada uno. Eso también ha potenciado desafíos y tensiones.
Cada familia es un mundo. Por supuesto que no se puede generalizar, y las situaciones son muy distintas según el contexto socio-económico, la escuela a la que vayan los chicos, las edades y personalidades que tengan, las características de la organización doméstica y la situación en la que cada uno se haya encontrado con la pandemia.
Una inmensa diferencia también tiene que ver con la mayor o menor proximidad que haya tenido cada familia con la tragedia sanitaria. Sin embargo, hay indicadores -tanto locales como internacionales- de que la familia, como estructura y organización, se enfrenta a un estrés y una presión de dimensiones desconocidas para varias generaciones. Hay que remontarse a periodos de guerra para encontrar otro tiempo en el que la vulnerabilidad y la muerte hayan estado tan cerca de los jóvenes. “Nunca nos habíamos sentido tan frágiles y vulnerables. Si lo miramos con optimismo, creo que nos ayudó a tomar conciencia de lo esencial: la importancia de los afectos, de la solidaridad, de la empatía. Creo que si hiciéramos una encuesta, confirmaríamos que lo que más extrañamos son los abrazos y los besos”, dice Irene Bianchi, actriz y profesora de inglés. De ese modo pone el acento en otro ingrediente de la angustia familiar: se limitaron los encuentros, las celebraciones, las reuniones. “Es el segundo cumpleaños que paso sola”, dice Teresa Augustoni, una docente jubilada a la que siempre le gustó festejarlo con su familia. La soledad y el distanciamiento también forman parte de la angustia colectiva que repercute en los hogares. “Pasé más de un año sin ver a mi hijo y a mis nietos”, cuenta Viviana. Ella vive en Neuquén y su único hijo en La Plata: “Nunca pensé que eso me iba a afectar tanto. Pero hoy siento que ese año me pesa como si fueran diez. Es una pérdida que siento en el alma y en el cuerpo; además sé que, a mi edad, es un tiempo que ya no podré recuperar”.

Desde que se autorizaron las salidas, los bosques de Palermo fueron la gran opción de muchas familias

En muchos hogares se sufre, además, un deterioro de la salud y de la calidad de vida que excede a la pandemia. “Dejé de ir a los médicos; no pude operarme las cataratas ni renovar la licencia de conducir. Las limitaciones físicas se acentuaron. Mi marido, que hace unos años sufrió un ACV, tuvo que interrumpir la rehabilitación. Se acentuó la dependencia de nuestros hijos, hasta para sacar plata del cajero”, cuenta con franqueza María Marta Paunero (72). De ese modo describe otro fenómeno que ha sumado desafíos en los núcleos familiares. En muchos casos, se profundizó y se aceleró la falta de autonomía de las personas mayores. Los abuelos no solo tuvieron que dejar de ayudar con sus nietos sino que, ellos mismos, empezaron a necesitar, en forma prematura, una ayuda que antes no necesitaban. Muchas parejas de edad intermedia vieron cómo, al mismo tiempo, se desarticulaba la organización de su propio hogar y también el de sus padres, que perdían autonomía y espacios fundamentales de su vida. “Dejé de ir a yoga; suspendimos el encuentro de los jueves con mis amigas; mis nietos tuvieron que dejar de venir a comer y a dormir a casa y, durante meses, ni siquiera pude hacer mi caminata diaria. La verdad es que mi vida se desarmó”, cuenta Teresa Barrios (74). En la otra punta de la ansiedad y la depresión adolescente, están los cuadros de angustia y soledad de sus abuelos. En el medio hay una generación que trata de hacer equilibrio y que, al mismo tiempo, lidia con sus propias pérdidas.
La educación virtual cambió la rutinas; aquí, Tomás y Matías Aranayo estudian en su casa de Purmamarca

Con las restricciones para el esparcimiento, la recreación y el deporte, también se han roto equilibrios de la organización familiar: “Para mí, el fútbol de los sábados era un cable a tierra. Me despejaba, me motivaba para el resto de la semana, me desconectaba… Ahora hace un año que no juego, y me doy cuenta de que eso afecta el ánimo en mi casa”, cuenta Pablo (41). Parecen datos secundarios, pero esos espacios de socialización y distracción son ingredientes esenciales de la vida familiar. “Con mi mujer teníamos, desde hace años, el hábito de ir los sábados al cine y a comer. Dejábamos a los chicos con los abuelos, y era un programa para todos. Al no poder hacerlo, perdimos un espacio fundamental para la pareja. Ahora intentamos retomarlo, pero nos pesa todo lo que ha pasado; ha sido un año muy duro, y no tenemos la misma energía”, confiesa Agustín (43), padre de León y Camila. Los chicos tienen 7 y 9 años. “Se perdieron un año clave de la escuela. Nosotros tratamos de ayudarlos con la lectura y las cuentas, pero la psicopedagoga nos explicó que a esa edad es fundamental que los chicos distingan el espacio de la escuela del de la casa. No es bueno que duerman, jueguen y aprendan en el mismo lugar. Este año se les mezcló todo, y ahora el más chico tiene una especie de fobia al colegio”. Esas fobias y regresiones también deben computarse en la problemática que desafía a las familias.
Distinguir espacios para cada cosa, no es solo una necesidad de los chicos. Para los adultos, las fronteras entre lo público y lo privado, entre lo laboral y lo familiar, lo social y lo íntimo, también son fundamentales. “Al principio, trabajar en casa me parecía ideal. Hoy extraño la oficina, el encuentro con mis compañeros, la charla personal. El teletrabajo te termina aislando. Además, a la larga invade el espacio familiar”, opina Rafael Guidi desde su experiencia personal. Es sabido: la transformación de la casa en oficina, aula y gimnasio ha multiplicado las demandas y exigencias en la logística hogareña.
“Al principio, trabajar en casa me parecía ideal. Hoy extraño la oficina, el encuentro con mis compañeros, la charla personal. El teletrabajo te termina aislando. Además, a la larga invade el espacio familiar”, opina Rafael Guidi
La vida de pareja también se ha visto afectada. Se debilitaron los espacios de intimidad y la rutina se volvió más plana, más monótona. Sin viajes, sin salidas de fines de semana ni reuniones sociales, muchas parejas descubren, por ejemplo, que hace un año y medio que no se visten para una salida nocturna. Frente al deterioro en la salud y en la economía, ese parece un aspecto insignificante si se lo toma de manera aislada. Pero forma parte de ese entramado que ha incorporado una suerte de presión multidimensional sobre la esfera familiar.

El espacio físico, la posibilidad de acceder a un jardín, diferencian los modos de sobrellevar la pandemia

“Muchas parejas se sienten asfixiadas; se ha estrechado el espacio de aire y respiración que necesitan todos los vínculos”, precisa el psicólogo Miguel Espeche. “Depende mucho del capital anímico y de los recursos simbólicos de cada uno, pero todos hemos tenido que enfrentar un combo difícil. No es inexorable una debacle, pero son situaciones muy desafiantes para las familias”, dice Espeche.
La tensión en los hogares ha disparado también los índices de violencia intrafamiliar en distintas escalas. Sin llegar a casos extremos, muchos especialistas advierten un aumento de la conflictividad en los vínculos de pareja y en el de padres e hijos. “Se acentúan la irritación, la impaciencia y la violencia explícita”, apunta Espeche. Destaca, además, que “el estado de ánimo de los chicos es un espejo del de sus padres. Con padres ansiosos y alterados, se arma un espiral complejo”.
Cuesta dimensionar los efectos a largo plazo. Tenemos cuantificada la tragedia sanitaria, pero es difícil medir el impacto emocional y psicológico de algo que ha alterado nuestras vidas. A diferencia de otras crisis, esta parece combinar ingredientes desconocidos. Sin embargo, en los mismos testimonios que describen un mapa de angustias, preocupaciones y pérdidas, aparece la esperanza. Dolores Cassina lo dice de este modo: “Creo que, a pesar de todo, quizá salgamos fortalecidos. Hemos sufrido mucho, pero también hemos sobrevivido. Y hemos comprobado que el amor de la familia, siempre te ayuda a sobreponerte”.


Con la colaboración de Silvina Vitale

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PROBLEMAS DE ALIMENTACIÓN EN PANDEMIA


Encierro y redes: los nuevos disparadores de trastornos alimentarios en los chicos
Los especialistas advierten que hubo una suba de consultas por este tipo de desórdenes e incluso, de internaciones; la desorganización de la rutina familiar, la mayor exposición a las pantallas y la suspensión de la presencialidad impulsaron la tendencia
E. H.
Las redes tienen un rol fuerte en la construcción de la identidad de los chicos


Como ocurrió en muchos hogares, los hábitos de la familia de Roma, de 14 años, quedaron alterados por la pandemia. La hora del almuerzo, antes no existía, porque nadie comía en casa. Por los horarios cruzados y por los Zoom, la madre optó por dejar un buffet de opciones en la mesada para que cada uno coma en su horario y lave su plato. Por eso, pasaron varios meses hasta que la familia descubrió por lo que estaba pasando Roma. A veces, su almuerzo era un tomate cherry, dos rodajas de pepino y un vaso de agua. Y eso era todo lo que comía al día, frente a la computadora, en su cuarto. Otros días, sucedían los atracones. Podían ser diez alfajores o una docena de empanadas. Y después la culpa, y la compulsión por salir a entrenar. Los buzos enormes le sirvieron por un tiempo para disimular. Un día, su madre entró a su habitación y la vio en corpiño. Los brazos eran palitos y las costillas, pentagramas. Cerró la puerta y al día siguiente la llevó al pediatra. Había bajado siete kilos. Y lo peor: se veía gorda. El medico dijo “anorexia severa”. Estuvo internada por dos semanas en una clínica y ahora sigue un tratamiento ambulatorio, en un centro de día. Tantos meses de encierro, lejos del colegio y de sus amigos, viéndose casi exclusivamente por las pantallas habían dejado su huella.
Pero no es la única. La pandemia desató un aluvión de consultas por trastornos alimentarios en adolescentes: anorexia, bulimia, vigorexia, ortorexia, entre otros. Y a edades más tempranas. Incluso, en niños. “Negarse a comer es una manera de recuperar en algo el control, en un momento en el que no pueden decidir casi nada”, señala la psiquiatra Liliana Matto, miembro de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA), y presidenta honoraria del Capítulo Anorexia y Bulimia de esa entidad. Es una manera de poner en evidencia que su capacidad adaptativa a la nueva normalidad alcanzó un límite, explican los especialistas. Un informe de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) revela que estamos ante un aumento preocupante de los casos de anorexia que requieren internación y que llegan a los hospitales de forma tardía, con cuadros que ponen a los pacientes entre la vida y la muerte a causa de la severa desnutrición. En Estados Unidos, los diarios The New York Times y The Wall Street Journal, también consignaron que en ese país habían crecido los casos de desórdenes alimentarios como consecuencia de la pandemia.
Omar Tabacco, presidente de la SAP, establece una vinculación directa entre la suspensión de clases presenciales con la explosión de trastornos alimentarios. “Hizo al aumento. Cuando analizamos los casos vemos un factor recurrente: la falta de contención social. La escuela no solo alfabetiza. Es el espacio social del adolescente que trata de construir su identidad. Necesita del contacto entre pares. Estos trastornos se desarrollan con mayor frecuencia en chicos con personalidades depresivas, obsesivas o perfeccionistas. Pero cuando ellos pueden compartir esas emociones con pares, los afecta menos. Cuando las emociones no se comparten, explotan”, describe. Y agrega: “Nunca hubo tantas pacientes con anorexia internadas en las terapias”.
“Dejar de comer es un síntoma de ‘a esto no me puedo adaptar’. Los chicos cruzaron ese límite”, dice Mabel Bello, directora médica de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia. Si antes de la pandemia recibían tres casos nuevos por semana, ahora son todos los días. De hecho, debieron adaptar su hospital de día para hacerlo presencial. Y allí cientos de adolescentes desayunan, almuerzan y meriendan y se conectan a clases virtuales de sus colegios desde allí. Otros centros optan por diferentes modalidades, que involucran a las familias y trabajan de forma virtual, pero todos enfatizan en la necesidad de trabajar interdisciplinariamente, en equipos que incluyen pediatras, psicólogos, psiquiatras y nutricionistas. Justamente porque la causa de estos trastornos nunca es una. E involucra a la familia y a los amigos en la recuperación.
Predisposición
“No cualquier chico puede desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria. Tiene que haber dificultad en las herramientas psíquicas, tiene que haber un factor familiar y social que producen una distorsión de la imagen. Y durante la pandemia lo que ocurrió fue que la familia se desestructuró y la vida social se desarticuló”, explica la pediatra Alejandra Ariovich, una de las autoras del informe de la SAP, especialista en adolescencia y responsable de las internaciones por trastornos alimentarios en el Hospital Ricardo Gutiérrez. Allí también los casos se multiplicaron. La anorexia tiene una mayor incidencia en chicas de entre 10 y 14 años, durante la transformación corporal y la bulimia, entre los 29 y los 24 años. La vigorexia, que es el trastorno vinculado a una figura musculosa es más frecuente en varones, en función de los estereotipos sociales. Pero hay otros factores predisponentes, como crecer en un entorno donde se sobrevalore la imagen, y los padres sean demasiado exigentes o perfeccionistas.
“Sólo el 10% de las personas tienen una predisposición a desarrollar estos trastornos. La pandemia incrementó la angustia y la incertidumbre en una edad en la que se construye la identidad. Los casos que se activaron están relacionados con la angustia del encierro, al miedo al virus y al aumento de los conflictos intrafamiliares. Les faltó un grupo para poder manejar la angustia”, explica Bello.
“La pandemia ofreció un caldo de cultivo perfecto para que se desarrollaran los trastornos de la alimentación”, explica la pediatra Rut Vanesa Mariñas, médica del hospital de niños de La Plata Sor María Ludovica. “Incluso en las guardias empezamos a recibir muchas consultas. Y lamentablemente muchos llegaban de forma tardía, cuando la única opción es una internación”, explica la médica que también participó del reporte de la SAP. “Las redes sociales tuvieron un impacto muy grande en una edad en la que la construcción de la identidad se define en la relación con los pares. Al estar limitados en su vida social y escolar, se convirtieron en lo que mostraban en las redes. Y la obsesión por la imagen y la distorsión de la propia imagen se incrementó”, apunta.
Alteración
“Se alteró mucho el ritmo de la dinámica familiar por la virtualidad. Dentro de casa, cada uno tenía que tener un espacio para trabajar y estudiar y si no coincidían había que evitar interrumpirse. Y este ritmo facilitó el evitar las comidas comunes. Por otro lado, el hecho de estar el mediodía en casa hizo para algunos padres evidente algo que antes no veían. Se juntaron muchas cuestiones. Los chicos estuvieron conectados muchas horas a redes como Instagram o TikTok. Lo que ven ahí es exposición de figuras perfectas. Más que nunca se convirtieron en su avatar. Su imagen digital distorsionó su imagen corporal”, dice Marina Manzione, psicóloga especialista en adolescencia, que formó parte de Equipo Pionero, un grupo interdisciplinario que realizó un diagnóstico de la situación emocional de los adolescentes en cuarentena. “Hoy el 80% de mis pacientes llegan por trastornos de la alimentación. Antes eran el 30%”, completa.
Siempre tuvo muchos pacientes, pero nunca había tenido lista de espera, cuenta la psicóloga Alicia Alemán, especializada en trastornos de la alimentación, que forma parte del equipo del Centro de Atención y Prevención La Casita, en Belgrano. Su agenda de pacientes no se cierra hasta los sábados a las 20. “El tema de lo vincular impactó mucho en los adolescentes. Con la imposibilidad de salir, fueron condenados a cambiar su estilo de vida. Y eso se sostuvo en el tiempo y se transformó en desmotivación, aun los que tienen jornadas largas de educación virtual”, dice.

“La construcción de la vida social y escolar desde las pantallas implicó cambios. Por ejemplo, una exposición permanente a la propia imagen, durante las clases por Zoom. “Los papás deberíamos revisar nuestros estereotipos. Si criticamos los cuerpos de otros. Si tenemos una vara muy alta de exigencia. Todo eso condiciona la mirada de nuestros hijos sobre otros y sobre ellos mismos”, recomienda Alemán.

Detrás de la explosión de casos, indica la especialista, hay familias agotadas y debordadas por la nueva normalidad. “Ante este aumento de casos, es importante que lleguemos antes, tanto pediatras como padres. Que estemos atentos a los síntomas que pueden alertar sobre el comienzo de un trastorno y que no se demore la consulta”, apunta Tabacco.

Señales


Algunos de los síntomas de alerta son más conocidos:
Que los chicos eviten comidas u ocasiones donde haya comida
Que su alimentación sea a base de snacks.
Que coman únicamente cuando están solos
Que se pesen con demasiada frecuencia
Que eviten los espejos. O por el contrario, que se miren todo el tiempo.


Otros, menos conocidos, por ejemplo:

“Hay que estar atentos al entusiasmo del adolescente. Cuán motivados están para hacer lo que les gusta”, dice Matto.
También hay que acompañarlos en su vida digital, propone Manzione. Ver con ellos lo que siguen y ayudarlos a hacer una lectura crítica de los estereotipos de belleza que aparecen.
En ocasiones, cuestiones como contar las calorías o adoptar conductas de restricción alimentaria, que en sí pueden parecer sanas, como evitar aceites o frituras, incorporadas de forma obsesiva pueden ser un indicativo.
También hay que evaluar las pautas alimentarias de la familia, y el nivel de exigencia y demanda de perfección al que son sometidos los hijos.
“Prestemos atención a cómo construyen su propia imagen en redes. Quizás suben fotos, pero para encontrar una que les gusta se sacaron 100. Eso habla de una disconformidad”, apunta Alemán.

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AMIA CULTURA


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Un concierto memorable junto a su banda y artistas invitados, en un recorrido por los clásicos de toda su carrera.
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CADA VEZ MÁS DUDAS


Una medida que suma desconfianza



Diego Cabot



El avance arrollador del Estado como gran actor y gestor, ya no solo de la economía, sino del mundo de los negocios y hasta de la salud y la libertad de los argentinos, está a punto de dar otro paso más. Se trata de la estatización de los tres ramales ferroviarios de cargas. O mejor, de lo que quedó en manos privadas después de la rescisión contractual de los trenes que corrían por el Litoral y de las fallidas privatizaciones del Belgrano Cargas.

La medida estaba escrita desde hace tiempo, desde 2015. Entonces se aprobó una ley que le devolvía al Estado el manejo de las vías –antes estaban concesionadas a las operadoras– y la posibilidad de que cualquiera se suba y corra sus ferrocarriles a cambio de un peaje. El esquema conformó a todos, a tal punto que fue aprobado con acuerdo de los bloques opositores. Tanto que hasta los privados se guiñaron un ojo entre ellos: no era para menos, se sacaban de encima la inversión en infraestructura.

El punto es que ahora los tiempos cambiaron y la medida se encuadra entre otras arremetidas contra el sector privado y, puntualmente, en una nueva disputa contra el campo. A nadie escapa que cuando el esquema esté completo toda la carga del país, en este caso de cereales, estará sobre las ruedas que mueva Hugo Moyano con sus camiones o en manos de la Casa Rosada. Y algo más, los cereales que lleguen al Puerto de Rosario deberán salir a navegar por la Hidrovía del Paraná, ahora también manejada por un comité de gobernadores y el Estado nacional.
La pregunta es: ¿qué hay de malo en ese protagonismo público? Nada, en principio, salvo los antecedentes de corto y largo plazo donde las huestes de la burocracia estatal no se han mostrado eficientes, aunque sí ideológicas y corruptas.
Las concesiones tenían 30 años de plazo y aquel contrato original, al que las sucesivas crisis y los cambios del dólar convirtieron en poco más que un papiro, establecía 10 años más. Pero el Gobierno decidió no otorgar ese plazo y avanzar en una estatización.
“Hace tiempo que se hablaba del tema”, coincidieron tres fuentes consultadas, dos de ellas de las empresas concesionarias y un exfuncionario del área. La duda de varios es si los acuerdos con las áreas técnicas de los ministerios no terminarán por entregar formidables herramientas a los políticos. Solo el tiempo y el correr de los trenes darán una respuesta.
Estos interrogantes se inscriben en la oportunidad en que se produce la novedad y en los actores que tendrán que poner en práctica el guion.
 Desde ahora, o por lo menos desde que se haga operativo el cambio, los hilos de un enorme porcentaje de la carga los tendrán los mismos que avanzaron contra Vicentin o los que amenazan con estatizar el sistema privado de salud. Serán quienes ya estatizaron todos los corredores viales o los que declararon servicio esencial a las telecomunicaciones para poner un pie encima de un sector que necesita inversiones como agua.
La ecuación no incomoda a nadie. Las empresas están fuera del financiamiento internacional como para poder mejorar la infraestructura ferroviaria; ¿qué mejor que desprenderse de semejante rubro en momentos en que no vendrán dólares prestados? Mientras, confían en el ala técnica del Gobierno e imploran que no se impongan los más ideologizados. Sacan cuentas y parten de un común denominador: a nadie le conviene que la cosecha no llegue a puerto.
Finalmente, por estas tierras, la ideología se rinde ante los dólares.

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CIENCIA FICCIÓN....MUY INTERESANTE


Ciencia ficción feminista. Desembarco en el mercado editorial
La adaptación a novela gráfica de El cuento de la criada y la reedición de La mano izquierda de la oscuridad de Ursula Le Guin, entre otras, son parte del fenómeno
N. S.
El cuento de la criada, en novela gráfica
La reedición de dos libros esenciales para el desarrollo del pensamiento feminista La mano izquierda de la oscuridad, de Ursula Le Guin y El cuento de la criada, de Margaret Atwood, invita a revisar una vez más la productividad de la ciencia ficción para pensar ciertos aspectos del funcionamiento de la sociedad y, particularmente, de las cuestiones de género.
En los últimos años, muchas discusiones propiciadas por los movimientos feministas lograron instalarse en el centro de la agenda política y periodística, llamando la atención sobre el crecimiento de los femicidios, la violencia obstétrica o el uso del lenguaje inclusivo. Sin embargo, para que estos temas pudieran adquirir visibilidad pública, fueron necesarios años de trabajo académico y lucha política y que, sobre todo desde los años ’70, recibieron el acompañamiento de las ficciones como un aliado ideal.
La aparición de un libro como La mano izquierda de la oscuridad –que este mes vuelve a ser publicado por Minotauro– produjo una fuerte conmoción en el ámbito literario por los interrogantes que abría con respecto a las identidades de género. El planeta Gueden que imagina Le Guin se encuentra habitado por personas que carecen de sexo definido y pasan por fases de dominancia masculina o femenina según decidan en cada momento. El carácter profético de esta propuesta -que hoy en día se encuentra plasmada en lo que conocemos como género fluido- resultó tan pregnante que llegó incluso a eclipsar las virtudes narrativas de una novela plagada de escenas memorables y de un virtuosismo poco común para las descripciones.
Algo similar sucedió con la publicación de la novela de Margaret Atwood, El cuento de la criada, que a mediados de los años ’80 volvió a poner la maternidad en el centro de la discusión. Esta temática que durante un tiempo había sido relegada por los feminismos antimaternalistas, vuelve con fuerza a través de un universo distópico donde las mujeres son forzadas a tener hijos para entregárselos a familias de clase alta que no pueden procrear. La potencia visual de esta historia impulsó la creación de una serie televisiva que ya va por la cuarta temporada y la novela gráfica que Salamandra Graphic publicó hace unos meses. Adaptada e ilustrada por la dibujante canadiense Renée Nault, la historia original se potencia con planos que refuerzan la idea de encierro y control social y una paleta cromática que genera climas y sensaciones diversas.
El carácter visual constituye una búsqueda creciente en el mundo de la ciencia ficción feminista. En este punto son interesantes los casos de las editoriales independientes, Hotel de las Ideas y Feminismo Gráfico, que desde hace unos años vienen trabajando en este campo. Con la publicación de Intensa, de Sol Otero y Alienígena, de Femimutancia, se abre un camino en el ámbito local para la investigación sobre las identidades sexuales y de género haciendo uso de los recursos específicos de la historieta. “La novela gráfica tiene la posibilidad de apropiarse y combinar distintos lenguajes y códigos, por ejemplo, los ángulos y planos cinematográficos, las tradiciones de las artes o el ritmo del videoclip y el zapping televisivo. Todo esto hace que el lenguaje de la historieta permita construir un relato identitario multidimensional. Tiene mucho potencial para narrar algo tan complejo como la identidad en la que el yo, además de ser una construcción de un sujeto individual, está condicionado por la clase, el género, la orientación sexual, la etnia y el color de piel. Y todo eso también en juego con la mirada de la alteridad”, afirma Mariela Acevedo, una de las responsables de la editorial Feminismo Gráfico.
Por ese camino transita Banzai, el tercer libro de Julia Inés Mamone (Femimutancia).
En esta novela gráfica publicada por Feminismo Gráfico, Jules vuelca las experiencias personales que vivió en el proceso de transición hacia el género no binario pero filtrándolas con una estética visual extrañada que bordea el surrealismo. De ahí que los sueños extravagantes que tiene la protagonista o los vitrales de un café antiguo puedan decir más sobre sus procesos identitarios que el guión propiamente dicho.
Otra prueba de la vitalidad del género la encontramos en las últimas publicaciones de la editorial Ayarmanot, dirigida por la escritora de Laura Ponce. Con El fin de la era farmocopornográfica, de Paula Irupé Salmoiraghi y Siamesas, de María Belén Aguirre –ganador del premio del Fondo Nacional de las Artes 2020–, la autora de Cosmografía profunda apuesta a la poesía como modo privilegiado de ponerse en contacto con historias y sensaciones que se corren de la realidad de todos los días. “Creo en la necesidad de textos mutantes e híbridos, en recuperar la potencia metafórica del lenguaje para pensar de nuevo la realidad, en formas emancipadoras del decir para otro modo de habitar el mundo y de construir el futuro -explica Ponce-. El libro de poemas de Salmoiraghi es ciencia ficción clásica en su vertiente utópica, es decir, la que piensa modos deseables del futuro. Además, como es una utopía feminista, piensa un futuro no patriarcal, libre de capitalismo, la posibilidad para toda la humanidad de volver a empezar. La utopía es un no-lugar, pero nos habita bajo la forma del deseo. Este libro habla de ese deseo”, concluye.

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