lunes, 1 de noviembre de 2021
RESERVÁ AUNQUE TE PAREZCA TEMPRANO...SON MUY BUENOS...
GASTRONOMÍA...EL CHAMPAGNE
Champagne. Los más caros y los que se consiguen en la Argentina
Sinónimo de lujo, es el espumante más renombrado que hoy alcanza los precios más altos por su escasez y por su entrada en nuevos mercados
Es indudable que el Champagne es sinónimo de lujo. Basta mencionar que el más caro del mundo –con un valor de US$2,07 millones la botella– tiene una etiqueta confeccionada en oro blanco y cristal de Swarovski que puede ser customizado con el nombre de su propietario. Pero aun dejando delirios del mercado de lujo como este a un lado, los vinos espumantes que se producen en la región de Champagne son caros: el precio promedio de una botella ronda los 40 dólares si lo que uno busca es una ganga.
Fuera del top ten( que se lista en el re cuadro ), si uno busca Champagnes regulares con el motor de búsqueda“más caros” el sitio especializado Wine Searcher ofrece en su podio: Moët & Chandon Esprit du Siècle Brut (US$6813), Louis Roederer Cristal Gold Medalion Orfevres Limited Edition Brut (US$3385) y Krug Clos d’Ambonnay Blanc de Noirs Brut (US$2643).
En la Argentina, la botella más cara se paga 142.000 pesos y no es otra que el aspiracional Cristal de la casa Louis Roederer, mientras que etiquetas clásicas y más “accesibles” como Veuve Clicquot Yellow Label se consiguen a 14.600 pesos. Pero ¿qué hay detrás de estas burbujas que el 22 de octubre celebraron el World Champagne Day?
“Una copa de Champagne es un experiencia insuperable –asegura Alejandro Iglesias, sommelier del club de vinos BonVivir–. Son vinos supercomplejos donde el tiempo y la paciencia define un carácter muy particular con más presencia de frutos secos, notas de levadura, pan tostado y especias que en los espumosos frescos donde dominan las frutas. Además, como consecuencia de una efervescencia (burbujas) refinada y una acidez marcada, el Champagne es un vino que puede tomar por sorpresa al que no esté listo para tal nivel de acidez”.
Champagne es una denominación de origen controlado (DOC o, en francés, AOC) que data de 1927 y que como tal está protegida por ley. La DOC establece que solo puede ser llamado Champagne el que se produce dentro de las 34.400 hectáreas que conforman esta fría región ubicada al este de París –de ahí que, de un tiempo a esta parte, las góndolas de los supermercados argentinos han tenido que reemplazar la palabra Champagne para publicitar a los espumantes de factura local por la menos glamorosa “champañas”–.
Importante es tener en cuenta que los más caros son los llamados “vintage”: los que llevan el año de su cosecha en la etiqueta y que las casas de Champagne solo producen los años en que la calidad de la uva ha sido superior.
“La demanda de los espumosos, en particular del Champagne, está en ascenso a nivel global y esto hace que los precios de las etiquetas más reconocidas de Francia hayan subido sus precios considerablemente como consecuencia de la escasez y la apertura de nuevos mercados -agrega Iglesias-. Además, la exclusividad y sofisticación que representa el Champagne va de la mano con su precio desde siempre”.
Consumidores locales
“En la Argentina, las burbujas importadas son una categoría de lujo con poca oferta y una demanda muy fiel, por esto mismo lo que llega al país dura poco en el mercado más allá de los precios”, comenta el sommelier Alejandro Iglesias. El Champagne más caro que se puede conseguir en la Argentina es Louis Roederer Cristal, cuyo precio ronda los $142.000, seguido por Dom Pérignon P2 Vintage 2002 ($109.000); no son muchas las marcas que llegan (Möet & Chandon, Perrier Jouet, Dom Pérignon, Krug, Ruinart, Veuve Clicquot, Louis Roederer, Barons de Rothschild, Pommery, entre no muchas otras) y es prácticamente imposible conseguir una botella por debajo de los $11.000.
“Los Champagne más baratos, sin añada, en general se compran para un regalo importante: a un médico, para un aniversario o un cumpleaños –dice por su parte Ezequiel Schneer, de Vinoteca Soil, donde un Champagne “barato” como el Taittinger Brut se vende a $12.500 y un Comtes de Champagne 2008 a $50.000–. Mientras que los cuvee prestige, como un Cristal o un Comtes de Champagne, va más que nada para regalos de CEO de empresas muy importantes”.
Otro habitual lugar de consumo del Champagne en la Argentina son los restaurantes de muy alta gama, donde obviamente los precios son más altos que en las vinotecas. En Crizia, por ejemplo, la botella de Cristal ronda los 190.000 pesos, cuenta Gabriel Oggero, su chef y propietario. ¿Quién los bebe? “El turista, que ahora está volviendo a verse de nuevo en la ciudad, está acostumbrado a tomar Champagne –afirma–. Los argentinos toman también Champagne en situaciones diversas, como un aniversario”.
LOS 10 MÁS CAROS DEL MUNDO
◗ Taste of Diamonds 2013. US$2,07 millones
◗ Armand de Brignac Rose Midas 2013. US$275.000
◗ Armand de Brignac 2011. US$90.000
◗ Dom Pérignon Rose Gold Methuselah 1996. US$49.000
◗ Juglar Cuvée 1820. US$43.500
◗ Dom Pérignon 1959. US$42.350
◗ Veuve Clicquot 1841. US$34.000
◗ Krug 1928. US$21.200
◗ Louis Roederer Cristal Brut 1990 Millennium Cuvee Methuselah. US$18.800
◗ Champagne de naufragio de 1840. US$14,181.81
TECNOLOGÍA....LOS ALGORITMOS EN LA VIDA COTIDIANA
Algoritmos humanos: la inteligencia artificial se equivoca, ¿pero por casa cómo andamos?
Eso que llamamos realidad es tan solo una interpretación. Que las máquinas a su vez interpretan y reinterpretan. Al final, es imposible saber quién está al mando
Podríamos llenar resmas de papel con todos los conceptos asociados a esta imagen, sus ecos y los ecos de sus ecos. Nosotros también pensamos con "tags"Los algoritmos tienen algo de cómico, como todo automatismo o como todo títere. Pasó el otro día algo muy gracioso. Me escribió por Instagram un amigo con el que hacía cien años que no hablaba, chateamos un rato y después conversamos por WhatsApp. Hasta ahí, normal. Pero a partir de ese momento, los títeres algorítmicos creyeron que debía mostrarme todas sus Historias y todas sus novedades de Facebook. Quise creer –no, no quise, pero hice el intento– que este amigo de pronto se había puesto a publicar cosas como loco. Pero no. Revisando sus perfiles advertí que lo que ocurría en realidad es que la inteligencia artificial (llamémosla así) había resuelto que, si nos habíamos mensajeado y, mucho peor, hablado por WhatsApp, entonces tenían que mostrarme todas sus publicaciones. Si me lo preguntan, podría tener un poco de sentido. Pero hay algo que está definitivamente torcido en este razonamiento, y para verlo hay que dar vuelta el tablero.
Es decir, tendemos a creer que lo que aparece en Instagram, Twitter, Facebook y demás es lo que efectivamente está pasando en el mundo. De hecho, esa es la pretensión de las redes sociales, en especial Twitter. Pero no. No es lo que está pasando. Es lo que lo que un conjunto de algoritmos interpreta que podría atraer nuestra atención para que pasemos la mayor cantidad de tiempo posible en esa plataforma. Y esto, como saben, no es nuevo. Pero siempre se puede dar un pasito más hacia la distopía, y eso es lo que ocurrió hace poco con Google Maps.
Como les habrá ocurrido en más de una ocasión, Maps te pregunta cómo estuvo cierto restaurante, un supermercado, un hotel, una feria artesanal, y así. Eso se puede desactivar, desde Ajustes> Notificaciones> Tus opiniones> Sugerencias para escribir opiniones. Pero, obviamente, no puedo andar desactivando todo lo que me importuna. La única forma de enterarme de que una plataforma, un sistema operativo o un programa hacen algo mal es dejarlos hacer todo lo que quieren hacer. Así, en plena la pandemia, durante una breve visita a la farmacia, Maps me preguntó cómo había estado el barrio donde vivo. O sea, se le cruzaron todos los cables y pensó que estaba de visita ahí donde vivo.
Tiene sentido. Es solo inteligencia artificial (IA, para abreviar). Y para los algoritmos el teléfono estuvo quieto en un mismo lugar durante varios meses. De pronto, se movió. La IA advirtió que había salido de un lugar etiquetado y quiso conocer mi opinión. Supuso que estaba de visita. O algo así. Es lo de menos. Se confundió mucho.
¿Arañas o abejas?
De momento, tenemos, por un lado, datos masivos (big data, en inglés) y, por el otro, algoritmos, y esta combinación da origen a un fenómeno que, entre los humanos, se denominaría interpretación.
Las interpretaciones no son ninguna tontería. No solo han dado origen a cismas religiosos, sino que están detrás de toda nuestra percepción de la realidad. Nunca es la realidad. Es nuestra interpretación de la realidad. No seré el primero en decirlo, y leía sobre esto cuando tenía veintipocos y estudiaba filosofía en la universidad, pero viene al caso: somos incapaces de tener contacto directo con la realidad. Ni siquiera podemos establecer una buena definición de qué es la realidad.
Nuestros propios algoritmos –de una complejidad incalculable, comparados con los de las máquinas– tejen sobre la realidad (cualquier cosa que sea, pero antes de pasar por la consciencia humana) una red de símbolos cuyos hilos son los prejuicios, los sesgos, los recuerdos, las experiencias tempranas y también las recientes, los lenguajes que conocemos, las asociaciones perceptivas, lo que sabemos y lo que ignoramos, y podría seguir la lista hasta llenar todas las páginas del diario durante un año. O sea, también nosotros pensamos con etiquetas.
Ejemplo: las arañas, que se cuentan entre los bichos más beneficiosos del planeta, despiertan odio, repugnancia o ambos entre personas de toda extracción. Las abejitas, en cambio, no; son buenas. Ahora, resulta que las arañas matan a 7 personas por año, mientras que las abejas causan la muerte de 58 personas en el mismo período. Así que de realidad, cero. Vivimos dentro de nuestra burbuja. (Por si acaso, esto no significa que no haya que proteger a las abejas y demás, sino que también hay que proteger a las arañas, las hormigas, las libélulas, los mantis, y así.)
El hecho preocupante es que si una persona no es un buen juez, porque no puede o le costaría un trabajo inmenso el romper su propia burbuja simbólica, ¿qué tan desastroso puede ser un algoritmo? Bastante, a decir verdad, y mi mejor consejo es nunca tomar decisiones basándonos solo en el juicio de la inteligencia artificial. Es cierto, hay criterios humanos que son todavía más catastróficos, pero eso es harina de otro costal.
Con un adicional. Los algoritmos no nacen de un repollo, sino que son creados por humanos, que los escriben desde su propia telaraña simbólica, para seguir con los bichitos. Hasta acá estamos más o menos dentro de terreno muy nuevo, pero visitado. No demasiado visitado, es verdad. La mística de la inteligencia artificial sube en uno de los cohetes de Elon Musk, mientras que los hechos intentan subir por una conexión de 3 Mbps, como las que que abundan lejos de los centros urbanos. Pero hay todavía otra cosa, y es que esos algoritmos sesgados creados por personas atrapadas en su campo de distorsión simbólico son capaces de escribir a su vez nuevos algoritmos. Ups.
Así que acá va una nota al futuro: estamos en la tercera década del silgo XXI y la cuestión ya no es si las decisiones las toman las personas o las máquinas. La cuestión es que ya no podemos saber quién las toma.
PSICOLOGÍA Y SORBETES COMESTIBLES
Desbarrancarse (o ser testigo de la caída)
LIC. MIGUEL ESPECHE
En ocasiones la ley de gravedad nos juega una mala pasada y desbarrancamos. Nos salimos del camino y todo empieza a irse de eje para que rodemos más y más, hacia un abajo que nunca llega porque siempre está más allá. Físicamente, alguna vez nos pasó vía bicicleta o excursión aventurera, y ni qué decir de cuando ese “desbarrancar” no refiere a barrancas literales sino psicológicas. El término, ahora metafórico, apunta a las veces en las que, impulsos desencadenados mediante, nos fuimos al fondo del barranco de la vida, y todo fue de mal en peor.
En este mundo nuestro en el que suele creerse que largar los impulsos sin más es sinónimo de autenticidad y valor, tenemos nuestro propio Coliseo a través del cual vemos (a veces en clave de Instagram) cómo otros desbarrancan, y nos regodeamos al percibir que son “ellos” y no nosotros los que sucumben a la ley gravitatoria que los lleva más y más abajo.
Obviamente las noticias de un escándalo mediatizado que involucró a tres personas muy conocidas inspira estas líneas, si bien ese tipo de situaciones se viven a diario en cualquier barrio del mundo, cuando la rabia y el despecho hacen carne en personas que alguna vez se quisieron o creyeron quererse, y ahora se han transformado en enemigos que combaten entre sí a puro posteo o a pura violencia simbólica o explícita.
En lo que a parejas respecta, los hijos suelen ser un ancla para no desbarrancar tan fácil. Criarlos requiere altura, no caída. Sin embargo, lamentablemente, cuando el ego gana los hijos pierden, y es entonces cuando los chicos son el campo sobre el cual padres impulsivos batallan, desbarrancándose respecto al camino de razonabilidad que merece la función de cuidar a la prole.
Un párrafo merece el rol de los famosos en lo que hace al “rodar cuesta abajo” en forma de espectáculo. Todas las culturas han ofrecido algún tipo de sacrificio ritual para exorcizar sus demonios. La nuestra tiene a los famosos para esos menesteres ya que se los considera en lo más alto de la escala del “buen vivir” y, justamente por eso, su caída es vista no sin cierto morbo ya que, a mayor altura, mayor espectacularidad en la caída. El tema es cuando esas mismas personas hacen un espectáculo de su rodada, tan aferrados están a la dieta de mirada ajena con la que se alimentan psicológicamente.
Todo parece una novela entretenida hasta que vemos las heridas de verdad. El problema es que a veces esas heridas quedan ocultas dentro del alma de los más chicos, mientras el circo sigue y sigue. Cuando nos damos cuenta de que no todo es espectáculo dejamos de divertirnos con el espectáculo de la caída ajena.
Es que no porque algunas personas hagan industria de su propio desbarranque estamos obligados a jugar ese juego que nos hace caer junto a ellos, hasta que el dolor diga basta.
No lo tires, comelo
La gastronomía es una de las grandes generadoras de desechos plásticos de un solo uso y reducir su impacto ambiental es foco, desde hace tiempo, de movimientos como el de la coctelería consciente y sustentable. Uno de sus más recientes desarrollos son los sorbetes comestibles. Saborizados en seis gustos diferentes (neutro, limón, lima, chocolate, frutilla y jengibre), pueden ser ingeridos una vez finalizada la bebida. Pero no solo eso: si no tenés hambre y preferís tirarlo a la basura, el sorbete se biodegrada. Este interesante invento español llamado Sorbos tiene incluso un beneficio más: no se ablanda al estar inmerso en la bebida
LECTURA SINGULAR
K-Punk 3, de Mark Fisher
Crítica cultural y materialismo psicodélico
G. S.
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Como el prisma de The Dark Side of The Moon, de Pink Floyd, el ensayista y crítico cultural Mark Fisher (Leicester, 1968-2017) fue capaz de potenciar los flujos de intensidades que lo atravesaban amplificándolos, concentrándolos o dispersándolos según la ocasión, pero logrando siempre efectos contundentes. Fisher no escribía sobre música, cine, política o literatura, sino con ellos. Hacía de cada elemento de la cultura un conductor de energía que alimentaba su propia maquinaria textual.
K-Punk Volumen 3 reúne –tras otros dos tomos previos– textos publicados originalmente en el blog del autor, una introducción inconclusa –a causa de su muerte temprana– al proyectado libro Comunismo ácido, y una serie de entrevistas breves en los que quedan exhibidos cabalmente los temas que inquietaron a Fisher hasta el final de su vida. Uno de ellos es la reducción neoliberal a una perspectiva privada de problemas que en realidad considera sociales y políticos. Un ejemplo de esto es cierto tipo de depresión, efecto de marca de clase que hace creer, a los individuos que no pertenecen a la élite, que solo son “buenos para nada” al mismo tiempo que se les señala que viven en una sociedad en la que si se esfuerzan podrán realizar cualquier cosa que se propongan. Ese “voluntarismo mágico”, sostiene Fisher, “es la contracara de la depresión, cuya convicción subyacente es que somos los únicos responsables de nuestra propia miseria y que, por lo tanto, la merecemos”.
A ese desaliento, Fisher responde con un materialismo psicodélico. Si Pink Floyd y otras bandas lograron “alterar los fundamentos más básicos de nuestra experiencia”, como nuestra percepción del espacio y el tiempo, ¿acaso no significa que las categorías según las cuales vivimos son plásticas, mutables?
K-Punk Volumen 3
Por Mark Fisher
Caja Negra. Trad.: P. Orellana
256 páginas, $ 1400
DECLARATE JUBILADA...VOS Y LOS OTROS KK A CUBA, VENEZUELA O NICARAGUA..SE TE TERMINÓ
El declive de Cristina amenaza con alterar todo el sistema político
Tras la derrota en las PASO, la figura de la vicepresidenta profundizó el deterioro en su electorado núcleo; el peronismo tradicional busca un replanteo del FDT
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Jorge Liotti
Discretos y silenciosos, un grupo de obispos pidieron reunirse con algunos intendentes del conurbano. Como hombres cercanos al Papa cultivan la habilidad de preguntar sin develar su propósito. Pero esta vez no fue así: plantearon de frente su preocupación por el escenario social hacia fin de año y consultaron sobre hipótesis institucionales preocupantes porque habían empezado a recibir pedidos de apoyo de sectores cercanos al Gobierno. Indagaron qué pasaría si Alberto Fernández no pudiera seguir gobernando. También qué haría Cristina Kirchner en ese caso y si habría riesgos de que el poder recayera en Sergio Massa, de quien desconfían.
Pocos días antes, el papa Francisco había hecho llegar al corazón del Gobierno una señal muy nítida. No solo hizo transmitir que no recibiría en Roma a Alberto Fernández, con quien ya no comparte la sintonía porteña de otros tiempos, sino que dejó traslucir un fuerte descontento con Cristina Kirchner. “Siente que él ayudó en el tema de la deuda con los holdouts y con el FMI y que ahora ella con sus tironeos pone en riesgo todo, incluso la integridad de un gobierno que él buscó acompañar”, reproduce un ministro que fue receptor del mensaje pontificio.
El presidente Alberto Fernández al arribar a la cumbre del G-20 en Roma.Dos semanas antes de las elecciones, en el Gobierno hay más preocupación por el escenario posterior que por el escrutinio del 14 de noviembre. Quizás porque la mayoría de las mediciones está marcando que las preferencias respecto de las PASO no han cambiado sustancialmente, aunque el oficialismo pueda recortar levemente su desventaja en la provincia de Buenos Aires.
En la Casa Rosada comparten la percepción generalizada de que la Argentina se aproxima indefectiblemente al punto de choque con la realidad más absoluta, que hoy el Gobierno intenta disimular para mantener viva su expectativa electoral. Sería el fin de la política de ficción que instaló en materia económica con medidas coyunturales (cepo cambiario, control de precios, subsidios crecientes a la energía), que dentro del propio oficialismo reconocen insostenible más allá de este mes. Al Gobierno se le está por terminar el tiempo para administrar el proceso de deterioro; después de las elecciones pasará a la fase en la que la dinámica la impondrán el mercado y la sociedad, y no le quedará más alternativa que correr detrás. Como dice un sofisticado economista que no rehúye del lenguaje barrial, “hay una sola duda: si es con piña o sin piña”. Desde hace muchos años, los gobiernos argentinos tienen una enorme incapacidad para anticiparse a los puntos de inflexión. Les pasó a Menem con la convertibilidad y a De la Rúa y a Macri con el crédito externo; le ocurrió a Kirchner con los superávits gemelos, y a Cristina con las reservas. Alberto se aferró a la la unidad del Frente de Todos como consigna excluyente, y no visualiza que ya dejó de ser un atributo y que hoy tiene paralizada su gestión.
Si la reacción oficial ante la derrota en las primarias fue la crisis de las renuncias y el recambio de gabinete, en esta ocasión esa receta luce agotada. Cambiar más ministros es una opción que maneja Fernández, pero sería apenas un indicador de movimientos más profundos que debería activar para evitar que la crisis escale. Por eso uno de los ministros cercanos al Presidente plantea sin ambigüedades: “Alberto debe recuperar la centralidad, aunque no veo señales. Si no se reacomoda el frente, no hay futuro. No se puede seguir gobernando con este esquema”.
La cuestión cambiaria es la que más urge no solo porque el dólar empuja hacia arriba desde hace semanas, sino porque cada vez hay más dudas sobre la capacidad del Banco Central de sostener la situación. “Entre 2011 y 2015 tenían reservas y los fondos de la Anses; con Macri, crédito externo; ahora llegó el momento de la verdad porque lo único que les quedaría es tocar los encajes en dólares, que sería el principio del fin”, contrasta uno de los principales especialistas en materia monetaria. Daniel Artana comparte que “el Gobierno no cuenta con margen para radicalizarse porque no tiene dólares, no se puede hacer populismo sin plata”, y recuerda que tras la derrota de 2013 Cristina adoptó un camino más ortodoxo, arregló con el Ciadi, acordó con Repsol y devaluó. “Ella siempre se jacta de que los Kirchner siempre pagaron todas las deudas. No la veo haciendo otra cosa ahora”, aporta un economista que recuperó la confianza de la vice.
Un importante exfuncionario que habló hace poco con Julie Kosack cuenta que la subdirectora del FMI para el Hemisferio Occidental fue muy taxativa en que el organismo no va a admitir una brecha cambiaria superior al 80%. “Mirá los programas del Fondo con otros países”, invitó a comparar la funcionaria, quien también se sumó al reclamo de que la Argentina presente un plan realista. Debe sospechar de los vicios de las administraciones argentinas para disimular sus desajustes. Como el que relataban hace días desde un ministerio importante en materia de ejecución de obras, que cuando fueron a plantear su preocupación por la baja asignación que consta en el presupuesto de Martín Guzmán para el próximo año, recibieron un mensaje apaciguador: “Ustedes no se preocupen, van a poder gastar porque la plata va a estar. Si ahí figuran 10, calculá que podrán gastar 50″. Un poco de sarasa tranquilizante.
La amenaza de emancipación
Es probable que después de las elecciones los movimientos no queden acotados al gobierno nacional, sino que haya un efecto en toda la estructura del Frente de Todos a partir del dato más importante que podría arrojar la elección: que Cristina deje de ser la figura excluyente del universo peronista por la pérdida de su caudal de votos. En las últimas mediciones emergió con claridad el costo que le significaron la derrota de septiembre y sus actitudes posteriores.
Según la consultora Fixer, entre los votantes del Frente de Todos solo el 47% tiene una imagen positiva de ella, contra un 37% de negativa. Pero si solo se toman en cuenta los adherentes blandos del oficialismo, la imagen positiva es del 20% y la negativa del 62%. Es decir, hay un angostamiento visible de su atractivo, con un agravante muy importante: entre los millennials y centennials la negativa asciende al 66%, y entre los sectores sin secundario completo al 61%. La histórica base de sustentación cristinista está diluida, y esto se percibe incluso en el conurbano fiel. Un intendente oficialista del Gran Buenos Aires, muy caminador de las calles, ilustra: “Cristina quedó muy golpeada porque la gente la ve ausente y la hace culpable de lo que pasa. A mí me dicen: ‘¿Por qué no está gobernando ella?’. En este momento tenés que estar muy presente porque la gente está muy sensible”. Shila Vilker, de la consultora Trespuntozero, completa el planteo: “La imagen de la vicepresidenta está en franco deterioro. Hoy ya no cuenta con un 35% de adhesiones firmes como hasta 2019; ese número hoy es más cercano al 25%. Pesa mucho su ausencia en situaciones críticas, esa sensación de que no es parte del Gobierno”.
En las últimas semanas se ha encerrado bastante y decidió no hablar, tal como recomendó el asesor Antoni Gutiérrez-Rubí. Pero aun así no deja de transmitir su profundo pesimismo sobre el resultado electoral. Se lo comentó Wado de Pedro a un gobernador del norte con el que se reunió recientemente, a quien también le planteó que están viendo cómo termina el resultado en la provincia y para el Senado para ver qué hace el kirchnerismo. Alberto (a quien también el catalán le sugirió dejar de dar entrevistas y hablar en actos a diario) es un poco más optimista, aunque solo por voluntarismo. Entre el Presidente y su vice solo rigen los códigos de las formalidades; la confianza está definitivamente quebrada. Lo admiten en la Casa Rosada.
El declive de Cristina arrastra también a su hijo Máximo y a Axel Kicillof, quienes tienen similares índices de aceptación. El líder de La Cámpora exhibió en los últimos días un repliegue sobre la militancia para consolidar el capital simbólico. Prueba de ello fueron los dos actos que organizó en una semana, en Lanús el sábado pasado y en Morón por el aniversario de la muerte de su padre. Percibe que su agrupación se diluye cuando solo se trata de gestionar y por eso busca recuperar la mística perdida con un discurso militante. Kicillof se transformó en un errante. Cristina lo degradó con planillas presupuestarias de la provincia que marcaban datos como que había un 30% de ejecución en obras para fin de septiembre y un 22% en los proyectos hídricos. Fue un golpe para su imagen de gestor eficaz. Por eso se fue el ministro de Infraestructura Agustín Simone, reemplazado por Leonardo Nardini.
La percepción de que el 14 de noviembre se puede confirmar la cuarta derrota del kirchnerismo en la provincia en los últimos ocho años mantiene alterados al resto de los actores del Frente de Todos. El más activo ha sido la CGT, donde visualizan la próxima unificación con el moyanismo como el inicio de un proceso de recuperación del espacio perdido. “En 2023 no nos va a pasar lo de 2019 y 2021, que no tuvimos ni representación en las listas. Vamos a salir marcar la cancha y tras las elecciones vamos a trabajar para que haya un equilibrio dentro de la mirada del Gobierno. Ya no puede primar solo el kirchnerismo”. Quien hace la advertencia es uno de los principales referentes de la conducción, que también admite una ríspida relación con Máximo Kirchner.
Los gobernadores peronistas, una legión de valientes prometedores, también agilizaron los contactos entre ellos, especialmente a partir de que Manzur desembarcó en el Gobierno. Hubo un punto de inflexión que fue la reunión a solas en La Rioja con Alberto tras las PASO. Allí se planteó con crudeza el arrastre negativo que les estaba generando el kirchnerismo en sus provincias. Hubo reproches porque la Casa Rosada siempre los convoca para compartir costos (fue notable el desgano con el que acompañaron el control de precios y el acto camporista de Morón). Los caudillos instaron al Presidente a asumir un mayor liderazgo para evitar un declive irreversible. Muchos de ellos habían perdido, otros apenas salvaron la ropa. Está muy activo el sanjuanino Sergio Uñac en esos contactos subterráneos, de los que también participa el santafesino Omar Perotti, y reapareció el líder reticente: Juan Schiaretti. El cordobés que hace dos años pudo haber cambiado el curso de la historia ahora está decidido a impulsar un peronismo federal sin el kirchnerismo. No le va a resultar fácil hacer la revolución sin que esté claro quién es el jefe. Los gobernadores arrastran un instinto de preservación territorial que conspira contra sus arriesgadas proyecciones nacionales.
La ilusión de un entendimiento entre gremios, gobernadores e intendentes para reconfigurar el FDT tiene dos problemas de base. Uno, que Alberto Fernández no da señales de querer protagonizar ese proceso. Dos, que el kirchnerismo no explicita cómo piensa continuar en el espacio. Es mucho más probable una atomización desordenada que una reestructuración orgánica.
El presidente Fernández participa de la reunión con los gobernadores que se suman al control de preciosEl sistema, en crisis
El politólogo Pablo Touzón es más desafiante aún porque plantea que lo que cruje no es solo el Frente de Todos, sino la estructura de todo el sistema político que surgió después de la crisis de 2001. En primer lugar porque la dilución del poder de Cristina erosiona el esquema bicoalicionista, ya que como efecto espejo también diluye el atractivo de la oposición más férrea. Las dos principales fuerzas surgidas a principios del milenio pueden entrar en crisis tal como funcionaron hasta ahora. Pero en un segundo nivel más profundo, porque lo que está en discusión es el modelo de Estado dominante que surgió hace 20 años para hacer frente a la crisis. “El Estado como asignador de recursos, como único actor legitimado para actuar, como el que multiplica la asistencia social. Ese modelo de un Estado sobreexpandido está en crisis, especialmente después de la pandemia, que exigió todo del Estado”, explica Touzón.
Una encuesta que realizó con la consultora Escenarios revela lo que implica el Estado para la sociedad argentina. Un 66% rechaza que deba ser dueña de empresas e industrias y cerca del 55% está algo o totalmente en desacuerdo con que sea la principal responsable de crear empleos. En contraposición, el 60% dice que el Estado debe focalizarse en proveer servicios de calidad en salud, seguridad y educación. Pero en la pregunta clave, sobre si el Estado debería tener menor intervención en la economía, los resultados están divididos, con un 38% muy de acuerdo, un 32% muy en desacuerdo, y el resto en opciones intermedias.
El declive kirchnerista puede representar después del 14 de noviembre el inicio de un cambio sistémico.
PROGRAMA.... AMIGOS DE LA UNIVERSIDAD DE TEL AVIV EN ARGENTINA ...EL 2 DEL 11 GRAN CONCIERTO
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