martes, 1 de febrero de 2022

LA FIEBRE DEL BITCOIN


¿Es posible hacerse millonario con los bitcoins?
Invertir en dinero descentralizado suena a la vez como una ocasión imperdible y como un riesgo absurdo; aquí, lo que tenés que saber
Débora Slotnisky
La criptomoneda más famosa perdió el 50% de su valor en la última semana

Todos los días se difunden noticias sobre criptomonedas. Entre ellas, uno de los temas más abordados son las historias de personas que invirtieron un monto pequeño hace años, cuando Bitcoin estaba en sus albores, y, debido al crecimiento astronómico de su cotización, se hicieron millonarios. Dado su alto grado de volatilidad, es cierto que algunos de los primeros inversores han ganado mucho dinero, pero se trata de una inversión arriesgada.
“El foco de las criptomonedas no debería estar puesto en hacerse millonario, sino en ser parte de la evolución del dinero. Si bien la adopción de criptomonedas es creciente, se calcula que solo el 2% de la población tuvo acceso a ellas”, explica Santiago Di Paolo, líder de comunidad e investigación en Lemon, una startup cripto nacida en la Argentina cuyo principal producto es la billetera virtual Lemon Cash.
Di Paolo aclara que para hacer trading (operar con activos financieros, en la jerga tradicional) hay que tener conocimientos avanzados del mercado cripto. “Hay dos tipos de criptomonedas: las volátiles y las estables. Con las volátiles es posible ganar dinero rápido, pero también se lo puede perder. Por eso siempre insistimos en la importancia de entender qué hay detrás de cada proyecto, cuáles son sus fundamentos y cuál es su futuro”, explica.
Matías Bari, CEO y cofundador de SatoshiTango, pionera del ambiente cripto local coincide: “Hacerse millonario invirtiendo en criptomonedas es posible, tal como sucede con los bonos y acciones. A mayor riesgo, mayor ganancia. Pero aunque hay casos de gente que se hizo rica de la noche a la mañana gracias a las criptomonedas, no son los casos que predominan. El perfil más común de usuario cripto es el de personas que las utilizan como reserva de valor para resguardarse de la inflación y preservar su dinero”.
Bari les recomienda a los interesados estudiar e informarse. Suelen usarse jergas de la tecnología para explicar los escenarios. El experto aconseja no ingresar por FOMO (fear of missing out, miedo de quedarse afuera) a proyectos que no tienen sustento. “Si uno apuesta a las criptomonedas como inversión a largo plazo, no hay que desesperarse. Ahora, si se buscan resultados al instante, lo mejor es leer e investigar antes de invertir”.
Y llegaron las estafas
En el afán de obtener grandes ganancias en el corto plazo, hay inversores que se convierten en víctimas de fraude. En los últimos días cayó Zoe Cash, una criptomoneda denunciada como una estafa de tipo Ponzi. La ONG Bitcoin Argentina denunció a los principales responsables del holding empresarial Generación ZOE por los posibles delitos de estafa, captación de ahorro público no autorizado y manipulación del mercado. Entre octubre de 2020 y mayo de 2021, en Estados Unidos se perdieron cerca de 80 millones de dólares como consecuencia de las estafas con criptomonedas.
Entre las estafas más comunes, según la compañía de seguridad ESET, se encuentra el esquema Ponzi, en el que las víctimas son engañadas para que inviertan en un proyecto inexistente o en un esquema para hacerse ricas rápidamente. En los hechos, el método no hace más que llenar el bolsillo del estafador. “La criptomoneda es ideal para esto, ya que los estafadores siempre están creando tecnologías de vanguardia que en realidad no están bien especificadas, para atraer inversores y generar mayores ganancias virtuales. Falsificar los datos es fácil cuando, de todos modos, el dinero es virtual”, comentan desde la empresa.
Otra estafa habitual es el Pump and Dump, en la que los estafadores alientan a los inversores a comprar criptoactivos en proyectos de criptomonedas poco conocidas, basándose en información falsa. El precio de los activos aumenta como consecuencia y el estafador vende sus propias acciones, obteniendo una buena ganancia y dejando a la víctima con acciones sin valor alguno.
“El mundo puede haberse vuelto loco por las criptomonedas, pero no hace falta unirse de manera precipitada. Es importante mantener la cabeza fría y ver más allá de la tendencia. La mejor arma para combatir el fraude es la incredulidad”, sostiene Camilo Gutiérrez Amaya, jefe del laboratorio de investigación de ESET Latinoamérica.
Con los pies en la tierra, los especialistas recomiendan por ahora una regla de oro: destinar a las criptomonedas una pequeña cantidad de dinero que uno pueda darse el lujo de perder, pero que no podría permitirse no arriesgar.

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ECOLOGÍA


2022, el año del vidrio. ¿Es hora de abandonar el plástico?
La crisis ambiental se agudizó tanto que las Naciones Unidas instaron a los países a revalorizar este material que es retornable, fácil de reutilizar y genera menos residuos
M. T.
Quizás porque es transparente, no somos del todo conscientes de la omnipresencia del vidrio. Ya sea en la pantalla del celular o de la computadora, en el vaso del desayuno o en la ventana por la que entra la luz, el lector de esta columna encontrará vidrio a su alrededor.


Fabricado desde hace al menos 4500 años –hay hallazgos arqueológicos de vasijas y collares en el antiguo Egipto–, este material tan cotidiano vuelve a ser noticia en pleno siglo XXI: para alcanzar sus objetivos para un desarrollo sostenible, las Naciones Unidas decretó al 2022 como el Año Internacional del Vidrio. De acuerdo con la curiosa resolución, los países miembros, incluido la Argentina, se comprometen a celebrar durante este año diversas actividades “para resaltar la importancia tecnológica, económica, cultural y medioambiental de este material en nuestras sociedades”.
Que estemos comenzando a transitar el año del vidrio no hubiera sido posible sin la ayuda inestimable del plástico. O, mejor dicho, de la crisis de contaminación causada por su uso excesivo. Más resistentes, prácticos y económicos, los envases plásticos reemplazaron a los de vidrio en las últimas décadas, pero con un alto costo ambiental.
“La crisis ambiental que estamos viviendo por los llamados plásticos de un solo uso es muy grave. Se estima que se tiran 13 millones de toneladas de plástico al mar, lo que equivale a descargar un camión de basura por minuto”, ilustra Ornella Basilotta, diseñadora de Fracking Design, un emprendimiento que fabrica accesorios con los residuos plásticos que descartan las petroleras en Vaca Muerta y fundadora de @ laschicasdelplaneta.
En la misma línea, se expresa Tomás Kelly, responsable de operaciones de Agua Local, una startup sustentable de filtrado, purificación y remineralización de agua en botellas de vidrio reutilizables que gana terreno en restaurantes de Argentina y de la región. “Por donde mires, hay un plástico en el piso. No hace falta saber sobre las islas de basura en el Pacífico, o los números catastróficos de contaminación: está al lado nuestro y es responsabilidad de todos. Así que bienvenido el pensar nuevas modalidades de consumo”, sostiene el emprendedor en diálogo con la nacion. Y agrega: “El vidrio, en formato reutilizable, como parte de una economía circular, es un gran aliado”.
Hábitos conscientes
Según la propia ONU, el vidrio puede servir como alternativa a los plásticos y “tiene potencial para contribuir a la implantación de pautas de producción y consumo sostenibles”. Sin embargo, cambiar los hábitos de los consumidores no será precisamente soplar y hacer botellas. De hecho, los defensores del plástico y de sus comodidades señalan que el uso del vidrio también esconde una importante huella ambiental.
Entonces, ¿cuál es más amigable para el planeta? ¿La botella de vidrio o la de plástico? Si bien el vidrio tiene mejor prensa, al menos entre los consumidores zero waste, lo cierto es que la elección no es tan obvia en términos estrictamente ambientales. En primer lugar, para fabricar vidrio se requieren miles de toneladas de arena, un material no renovable que se extrae de canteras y del lecho marino, provocando un serio impacto en esos ecosistemas. En cuanto a su producción a altas temperaturas, demanda más energía que el plástico, lo que se traduce en más emisiones de CO2. Lo mismo sucede con el transporte: al ser más pesadas, la distribución de botellas de vidrio genera una huella de carbono superior.
Del lado de los beneficios, hay que resaltar una costumbre argentina pionera de la economía circular: la alta retornabilidad de los envases, que permite que una botella de cerveza, por ejemplo, se pueda reutilizar unas 30 veces antes de reciclarse en un 100% sin perder sus propiedades. Esta última característica lo distingue del plástico, que solo puede reciclarse unas pocas veces porque luego va reduciendo su calidad hasta terminar en la basura. Otra ventaja que marcan los amantes del vidrio es que al ser no poroso mantiene intacto el sabor de su contenido y no desprende partículas de mircoplásticos. En cuanto a las cifras de reciclaje, en la Argentina los datos oficiales brillan por su ausencia, pero si miramos lo que sucede en Estados Unidos, el 33% del vidrio se recicla, vs apenas el 9% del plástico.
“El vidrio es una mejor alternativa sobre todo para reemplazar los plásticos de un solo uso, como vasos o botellas descartables. Que sea retornable y reutilizable hace que a la larga se reduzca su huella ambiental”, explica Basilotta. Y en este año internacional del vidrio, concluye: “Lo importante es ser consumidores responsables y sumar hábitos conscientes, sin generar residuos más allá del material”. 
Una botella de cerveza se puede reutilizar 30 veces antes de reciclarse

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HELADOS NADA COMUNES



Sabor a Pico Dulce y Palito de la Selva. Logró reconvertir las golosinas más icónicas en un producto artesanal y refrescante
El local de Arkyn en Palermo Soho
Dejó la arquitectura para innovar en en sector en el que parecía que ya estaba todo hecho; su local en Palermo tiene una estética muy particular donde los superhéroes cobran vida y las mascotas son bienvenidas
L. R. 
Hace rato que los gustos de helado cruzaron la frontera segura del chocolate, el dulce de leche, la frutilla y la crema. Pero una heladería de Palermo decidió correr aun más esos límites y ofrece para su fiel clientela sabores tan curiosos como osados: Palito de la Selva, chicle Bazooka, Pico Dulce o Rhodesia. Sí, las golosinas más icónicas de la infancia de generaciones enteras ahora pueden degustarse en forma de helado, y son el gran diferencial de la heladería Arkyn que tiene, además, una estética muy particular. Al cruzar la puerta, los súper héroes cobran vida en las pintorescas paletas y en la ambientación que, por momentos, transmite la sensación de estar dentro de un cómic.
Alex  es la persona detrás de la disruptiva heladería. Hasta 2014 este arquitecto se dedicaba a levantar hoteles por todo el mundo, hasta que un pico de estrés lo depositó en la cama de una clínica y decidió parar la pelota. Pero lo hizo parcialmente, porque durante ese año sabático empezó a desarrollar la idea de lo que sería su nuevo proyecto. Así, en 2015, Alex viajó a Italia a capacitarse: allí logró empaparse del negocio y hasta hizo cursos de maestro heladero para saber en qué se estaba metiendo. Unos meses después, volvió al país dispuesto a llevar a cabo su proyecto, que finalmente se materializó en 2017.
Pico Dulce, de paleta a helado
“La idea era que fuese bien diferente, queríamos algo disruptivo en cuanto a sabores y estética para diferenciarnos de las demás propuestas porque todas las heladerías son bastante parecidas. Y ahí surgió lo de los gustos de edición limitada como el chicle Bazooka, el Pico Dulce, el Palito de la Selva y también la Rhodesia, el Ferrero Rocher y el Sniker o la Bananita Dolca”, cuenta Tavano, que comparte el negocio con su hermano.
El emprendedor también dice que cada uno de esos gustos exóticos demanda entre cuatro y seis meses de desarrollo, pero eso sí, asegura, saben igual a la golosina original. “No es crema con un poquito de colorante y listo. Alcanzamos altos estándares de textura, sabor y color –sostiene–. Realmente llevamos el gusto de la golosina al helado, por eso tardamos tanto tiempo en desarrollar estos sabores. El de Rhodesia y Pico Dulce fueron los que más nos costaron”.
Contrariamente a lo que suele creerse, los gustos de golosinas los consumen sobre todo los adultos. “Con las paletas pasa lo mismo. Se suele creer que las piden más los chicos y en realidad son los adultos quienes más las eligen”, asegura Alex.
Superhéroes y perros
Hace unos años la heladería también desarrolló el helado de yerba mate (hay cuatro variedades) que le demandó casi un año de ensayo porque a pasar de una bebida que se toma a más de 80 grados a un producto que se consume a menos de 20 fue un desafío enorme. Pero aún entre los sabores tradicionales Tavano explica que siempre buscan innovar y desarrollar sus propias recetas. ¿Algunos ejemplos? Hay un chocolate picante con chili, y también, en breve, saldrá uno con sal marina y aceite de oliva para los que están aburridos del chocolate clásico.
Los sabores clásicos también son innovadores: hay un chocolate picante y otro con aceite de oliva y sal marina
Más allá de que la heladería es conocida por sus gustos fuera de lo común, las paletas con la cara del villano de Star Wars Darth Vader (que aparece en forma de bombón también en el gusto chocolate amargo) o Yoda son un sello del lugar, así como las que llevan el logo de Superman, Spiderman, Batman y la Mujer Maravilla. “Tenemos la licencia oficial de DC Comics Y Warner en helados para toda la Argentina. Y en breve para Brasil y Chile. El próximo paso será hacer la paleta en forma de cabeza, como si fuera una impresión 3D. Serán 120 gramos de puro helado con la cabeza del superhéroe favorito. La idea es lanzarla este año”, detalla Tavano.
Por si fuera poco, en este 2022 también llegará el turno de ocuparse de los perros. Siendo una heladería pet friendly, se ofrecerán sabores de helados para ellos. “Tengo dos y sé que todo perro ama el helado. Desde el principio del proyecto pensamos en esto. Lo que pasa es que estamos esperando los permisos y con la pandemia se fue dilatando todo. Confío que entre agosto y septiembre ya estén listos”, anticipa Tavano, dispuesto a correr una vez más los límites. Los gustos ya están definidos: serán carne, pollo y tira de asado. Aunque todavía no salieron a la venta, sus perros ya les dieron el visto bueno.
Clientes osados
Aunque el argentino suele ser clásico respecto de los gustos de helado, Alex asegura que su público le va marcando el camino. Las redes sociales de Arkyn cuentan con miles de fanáticos: en su Instagram tiene más de 27 mil seguidores que deliran cada vez que sacan un gusto “raro”. De hecho, antes de la pandemia Tavano solía organizar focus group con algunos clientes y ellos mismos le sugerían sabores, algunos incluso más arriesgados que los que él propone. Otros los tomó y los materializó en un gusto concreto, como el de Bananita Dolca. “Cuando rompés una barrera, marcás la diferencia. Todo lo que sea innovación me gusta. Lo apliqué en la arquitectura y ahora lo aplico acá”, concluye 

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CHUSMERÍO Y REYERTAS INTESTINAS...KKKK


El sincero afán del oficialismo por los negocios

Damián Nabot

Un sincero afán por los negocios avanza vigoroso entre los operadores del oficialismo....Alfredo Sábat

Cuando estaba en campaña electoral, Alberto Fernández prometió que si alcanzaba la Presidencia se iba a “a poner al frente de la lucha contra el hambre”. Más de dos años después, en la pendiente de su segunda mitad de mandato, el gobierno de Fernández renunció a la promesa de revertir la pobreza, que alcanza a más de la mitad de los niños que nacen en la Argentina, desistió de cualquier transformación profunda y tomó como impronta de su gestión cabalgar la emergencia con el único objetivo de perdurar. Ahora negocia contrarreloj por cerrar un acuerdo con el FMI que podría haber definido hace dos años.
Pero a diferencia de las dificultades para tomar decisiones gubernamentales, un sincero afán por los negocios y espacios avanza vigoroso y resolutivo entre los operadores del oficialismo en el cuarto gobierno kirchnerista.
En ese reverdecer de ambiciones, las empresas de transmisión de los partidos de fútbol quedaron en medio de una guerra abierta entre facciones del oficialismo. El gerente de Relaciones Institucionales y Asuntos Públicos de YPF, el camporista Santiago Carreras, viene librando una batalla contra los derechos de transmisión de Disney en el interior del Gobierno, que muchos observan con desconfianza. A Carreras se lo solía ver en el pasado con Alejandro Burzaco, el mandamás de la televisación del fútbol argentino, a quien una investigación del FBI lo llevó a la cárcel por sobornar para quedarse con los derechos de la Copa América. El camporista, en cambio, se convirtió en senador provincial del Frente de Todos y luego ocupó una poltrona en la petrolera. Pero nunca descuidó los negocios futbolísticos.
"Todo se confunde en los círculos concéntricos del poder oficialista al momento de definir negocios"
Carreras, quien asegura responder a Máximo Kirchner, se siente parte de un enfrentamiento con Adrián Kochen, operador del jefe de Gabinete, Juan Manzur, y amigo de Alberto Fernández, que nace en la convicción de que su adversario defiende a Disney. El mercado ubica a Carreras del lado del Grupo Werthein, que el año pasado llegó a un acuerdo con la empresa estadounidense AT&T para la compra de Vrio Group, la poseedora de Directv Latin America. Werthein tiene interés en el fútbol y ahora, a través de Directv, es poseedora de Torneos y Competencias. Carreras, como reconstruyen en el kirchnerismo, se salió de sus cabales cuando se enteró de una reunión en el ministerio de Matías Kulfas sobre la televisación de los partidos. Desde otros sectores del Gobierno le restan importancia al personaje. “¿Quién es Carreras para discutir la decisión de un ministro?”, se preguntan cerca de Manzur. La realidad es que, tras la irrupción de Carreras, las negociaciones para llegar a un acuerdo con las empresas antes de caer en la vía judicial, quedaron en la nada.
Sobre el nivel de explosión emocional de Carreras al enterarse de la reunión hay versiones diferentes. También sobre sus reclamos. ¿Dónde terminaban las exigencias políticas y dónde las búsquedas personales? Todo se confunde en los círculos concéntricos del poder oficialista al momento de definir negocios. Mientras tanto, en el Instituto Patria observan con desconfianza cómo germinan al calor del gobierno de Fernández los operadores que se ofrecen como intermediarios. Incluso aquellos que aseguran responder al hijo vicepresidencial.
Nada queda fuera de los enfrentamientos por espacios de poder. Hasta el conductor Marcelo Tinelli confesó en televisión renunciar a cualquier “expectativa” con el Gobierno, mientras descubría como Carreras y Máximo Kirchner confabulan con Claudio “Chiqui” Tapia para desplazarlo de la Liga Profesional, pese a las promesas de amistad que le transmitía Alberto Fernández. Hace bien en dejar atrás las ilusiones, a la luz del valor de ciertos juramentos oficialistas.
En medio de ese tironeo, Juan Manzur se pregunta, mientras tanto, cuando es el mejor momento de regresar a Tucumán, en el centro de un gobierno que está cada vez más lejos de servirle para su proyección política. Tiene decidido que, si no hay acuerdo con el FMI, su permanencia en la Casa Rosada deja de tener sentido. “No va a ser el único que se va a ir si no hay acuerdo”, acota un funcionario. Manzur es quien acerca a la Casa Rosada a los gobernadores peronistas y empuja un entendimiento con el Fondo. Pero ahora enfrenta además el acoso interno de la portavoz, Gabriela Cerruti, a quien en la Jefatura de Gabinete le atribuyen echar a correr las versiones de un reemplazo inminente del tucumano. La vocera pulsea sin tregua con Valeria Zapesochny, secretaria de Medios y Comunicación Pública, que responde a Manzur. Cerruti está recelosa porque la secretaria mantiene la firma de áreas que ella quiere acaparar y que definen el destino de recursos públicos. A la portavoz la designó Alberto Fernández, como también a Manzur. El Presidente arma internas entre sus propios colaboradores en la era de la explosión de las ambiciones personales. Todo germina a su alrededor, menos la toma de decisiones.
La onda expansiva del festival de apetencias salpica con precisión difusa. El negocio de la compra accionaria de Edenor por parte de los empresarios José Luis Manzano, Daniel Vila y Mauricio Filiberti siempre se vinculó en la política con su amistad con Sergio Massa, titular de la Cámara de Diputados. Pero en La Cámpora reconocen que la atribución es un tanto injusta: “En realidad, el negocio lo armó Martín Sierra, que responde a “Wado” De Pedro”. Sierra era prácticamente desconocido para el público hasta su aparición en las noticias del corazón. Una vez más, aparece el fútbol, generador de pasiones. El operador de De Pedro se desempeña como responsable de las relaciones institucionales del Grupo América y sus propios compañeros políticos le atribuyen un papel central en las negociaciones por la distribuidora eléctrica. Confesión de parte.
La crisis económica no hace retroceder la avidez. Otros temas menores quedan para más adelante, como explicar por qué Chile y Uruguay gastan comparativamente menos en asistencia social, pero tienen índices de pobreza que representan un tercio de los niveles de Argentina, como advirtió el politólogo Andrés Schipani. Puede ser una pregunta para Emilio Pérsico, el secretario de Economía Social y referente del Movimiento Evita, que se autodefine como “el rey de los pobres”. Efectivamente, en estos tiempos no hay áreas que queden inmaculadas frente al tsunami de las apetencias, ni siquiera aquellas que afectan a los más desposeídos.

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UNA VISIÓN MUY INTERESANTE


Elizabeth Strout se asoma a los misterios de la condición humana
En su nueva novela, una escritora sexagenaria se convierte en confidente de su exmarido; concluye así la trilogía iniciada por la obra más exitosa de la autora,
 Mi nombre es Lucy Barton
Strout presentó la novela en una rueda de prensa
En una rueda de prensa online con medios hispanoamericanos, la escritora estadounidense Elizabeth Strout (Portland, 1956) presentó su novela Ay, William (Alfaguara), nueva entrega de la serie protagonizada por Lucy Barton. La autora, que en 2009 ganó el Premio Pulitzer por su novela Olive Kitteridge, dialogó con la directora editorial de Alfaguara, la escritora argentina María Fasce, y la editora y traductora catalana Laura Baena, de Edicions de 1984. La obra de Strout ha sido comparada con las de John Cheever y James Salter, y con las de Anne Tyler y Alice Munro, por su capacidad de indagar en las relaciones humanas a través del retrato de personajes contradictorios, pocas veces ejemplares y con los que los lectores sin embargo pueden identificarse. Con humor discreto, compasión sin sentimentalismos y conciencia de que es imposible conocer a fondo a los otros (y aun así amarlos o respetarlos), Strout desarrolla una obra narrativa que elogiaron escritores como las británicas Maggie O’farrell y Zadie Smith, Rodrigo Fresán y la española Elvira Lindo.
“Hay misterios de la condición humana que nunca serán resueltos”, le dijo la escritora a Fasce, que ofició como entusiasta anfitriona del encuentro telemático. Según trascendió, la nueva novela de Strout cierra la trilogía iniciada por Mi nombre es Lucy Barton y Todo es posible. “Mi literatura intenta que los lectores se sientan menos solos y que se den cuenta de que estamos todos en el mismo barco”, agregó.
En Ay, William, Lucy Barton tiene 65 años y ya es una escritora de éxito. Su segundo marido, David, ha muerto, y sus dos hijas, Becka y Chrissy, están casadas. Se ha vuelto confidente de William, su primer marido, casado con una mujer varios años más joven que él. William atraviesa una crisis: además de creer que su pareja lo engaña, acaba de descubrir un gran secreto de su madre. Catherine, la exsuegra de Lucy, se convierte en un personaje central de la nueva novela de Strout.
ALFAGUARA
216 PÁG.
“Yo no soy Lucy”, dijo la autora este miércoles al ser consultada si sus novelas podían ser leídas en clave autobiográfica. “Es parecida a mí en la misma forma en la que todos mis personajes lo son, puesto que tengo que empezar desde el principio con ellos, tengo que comprender algo de ellos, pero no soy Lucy”. A diferencia del personaje, Strout no es viuda ni está separada: es pareja del exfiscal general de Maine, James Tierney, profesor en la Facultad de Derecho de Harvard.
Strout comenzó a publicar a los 42 años y sus personajes se caracterizan por cierto desasosiego que, a lo largo de la trama, encuentra salida. “Desde que era joven me interesó la vida de la gente común y el universo que la rodea –dijo–. Siempre me he preguntado cómo será la vida de estas personas, cómo vivirán, y en especial cómo es su vida interior, porque creo que todos tenemos una vida interior”. Y agregó: “Cuando trabajo con mis personajes, si no logro conocerlos o conectar con ellos, los dejo libres, pero si consigo conocerlos bien sigo con ellos”.
La autora destacó que el legado literario de Virginia Woolf era “muy importante” para ella. “Hace poco vi la película La señora Dalloway; durante mucho tiempo fue una obra que releía cada cinco años y me interesaba tanto la forma que cada vez era para mí un libro diferente. Su obra entera ha sido muy importante, es una especie de presencia que siempre ha estado en mi vida”, reveló. Dos novelas de Strout fueron adaptadas al formato audiovisual: Amy e Isabelle (con Hanna Hall y Elisabeth Shue en los papeles protagónicos) y Olive Kitteridge, protagonizada por Frances Mcdormand, Richard Jenkins y Bill Murray. En 2019, la actriz Laura Linney encabezó en Broadway una versión teatral de Mi nombre es Lucy Barton.
Algo incómoda con algunos términos del léxico feminista y las preguntas de rigor sobre la paridad de género en la industria cultural, Strout se expresó de manera concisa al respecto. “Siempre fui feminista, pero mi energía se centra en mi trabajo –dijo–. No me preocupa si a los escritores varones los publican más o no”.

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EMBUSTERO SIN MORAL


El ajuste a los jubilados ya hecho por el Gobierno de Alberto Fernández
El Presidente dijo que en 2020 “se recuperaron los derechos” de los pasivos; los números demuestran que ese año el Gobierno suspendió la fórmula de movilidad para dar un aumento muy inferior al que marcaba ese cálculo, y eso tiene sus efectos hoy; además, se pudieron jubilar menos personas

Silvia Stang

El presidente Alberto Fernández dijo que en 2020, un año en el que hubo un fuerte ajuste para el bolsillo de los jubilados, fue el de "la recuperación" de sus derechos

Si el gobierno del presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Kirchner no hubiera promovido ningún cambio en la política previsional, hoy la jubilación mínima del sistema que gestiona la Anses sería de $29.722, y el ingreso máximo, de $217.748. En la vida real, fuera de esa hipótesis, los ingresos son de $29.062 y $195.557, respectivamente. Es decir, de $660 y $22.191 mensuales menos, en cada caso. Con los ingresos de nivel intermedio se dio el mismo efecto; cuanto más elevado el haber mensual, mayor la diferencia. MENOS PARA LA KK QUE PUEDE COBRAR VARIOS MILLONES
La explicación a esas brechas está en las decisiones que siguieron a la suspensión de la fórmula de movilidad que había sido votada por el Congreso, en medio de fuertes protestas sociales, en diciembre de 2017. Dos años después, una ley dejó fuera de juego ese mecanismo de reajustes periódicos (en principio se dispuso la suspensión por un semestre y luego se prorrogó por decreto para todo 2020, mientras que en 2021 comenzó a regir otra fórmula), le otorgó al Presidente facultades para establecer subas por decreto y de manera discrecional, es decir, sin utilizar criterios predeterminados.
¿El resultado? Por las medidas que tomó el Poder Ejecutivo hubo subas que, en todo 2020, acumularon entre un 24,3% (haber máximo) y un 35,3% (haber mínimo). Con la fórmula que se había suspendido, todos los jubilados y pensionados hubieran recibido un incremento de 42,1%. El 2020 fue, así, un año de fuerte ajuste para los bolsillos, no solo porque las recomposiciones quedaron por debajo de la inflación, sino también porque se les negó a los jubilados la aplicación de una fórmula basada en la inflación pasada, que había provocado caídas del poder adquisitivo en 2018 y 2019, y que justo en 2020 iba a permitir una recuperación.
Ese ajuste, que tiene sus consecuencias en los haberes actuales, se concretó en 2020, el año que el presidente Fernández mencionó insólitamente, en su discurso para anunciar el entendimiento con el FMI, como el de “la recuperación de los derechos” de los jubilados. Cuando menos, una muy extraña apreciación, porque los números están a la vista y desmienten cualquier valoración positiva de lo ocurrido ese año que, además, quedó marcado por otra característica: pandemia y cuarentena mediante, se les otorgó el alta jubilatoria a muchas menos personas en comparación con los períodos previos. Concretamente, se habilitaron alrededor de 120.000 nuevos beneficios contributivos, cuando el promedio de los tres años previos había sido de algo más de 248.000.
Tanto en 2020 como en 2021 hubo cantidades decrecientes de beneficios puestos al pago en el sistema contributivo de la Anses, según se desprende de los datos oficiales publicados por la Secretaría de Seguridad Social. Esa es otra de las caras del ajuste al gasto previsional.
Solo en 2020, año para el cual el Ieral estimó un ahorro fiscal en materia previsional de $100.000 millones, un jubilado de la mínima dejó de cobrar, por la suspensión de la fórmula, $7583; alguien que percibía al inicio de 2020 un ingreso de $50.000 dejó de ver en su bolsillo una suma de $81.844, y quien cobraba la máxima tuvo una disminución de $191.514, siempre comparando lo cobrado por los doce haberes mensuales y el aguinaldo con lo que se hubiera percibido según la fórmula anterior.
Es cierto que muchos recibieron bonos que, cada tanta cantidad de meses, fueron completando los ingresos habituales. Pero esos pagos implican sumas que no se incorporan a los haberes (si bien mejoran, claro, la capacidad de compra cuando se los recibe), no alcanzan a todos los jubilados, y están basados en decisiones discrecionales, que pueden tomarse independientemente de cuál sea la política de movilidad.
El año de “la recuperación de los derechos”, 2020, cerró con una jubilación mínima de $19.035 y una máxima de $128.089, mientras que las cifras hubieran sido de $19.980 y $146.386, respectivamente, sin la suspensión de la fórmula. La diferencia en los porcentajes de aumentos que hubo en función del nivel de ingresos responde a que en el reajuste de marzo de 2020 se apeló a una proclamada meta de achatar la pirámide, otorgando un porcentaje mayor cuanto menor fuera el haber mensual. Eso se logró dando una suba que combinó un porcentaje con un monto fijo. La estrategia fue abandonada rápidamente tras no pocos cuestionamientos. Se entiende que quienes cobran más, aportaron más, y la Constitución Nacional incluye para todos los jubilados una garantía de movilidad que, según los expertos en la materia, debería procurar que lo percibido no pierda su valor real con el paso del tiempo.
El efecto del ajuste no queda congelado en el tiempo, sino que tiene su correlato en los haberes pagados posteriormente, porque las subas definidas por la nueva fórmula de movilidad comenzaron a aplicarse tomando como punto de partida esos ingresos más bajos. Es un tema que está en discusión en la Justicia, y ya hay fallos del interior del país que declararon que, si bien la suspensión de la fórmula resulta aceptable, no lo son sus consecuencias a futuro (en función de ese criterio, hubo sentencias que ordenaron recalcular las alzas de 2021 luego de una corrección de la base inicial).
En cuanto al gasto total dedicado por el Estado nacional al rubro previsional, en 2021 hubo una caída de 5,3% en términos reales (descontada la inflación) y, medida como porcentaje del PBI, la suma fue la menor desde 2015, según un análisis elaborado por la consultora EconViews. El efecto más pronunciado de esa caída de las erogaciones, que tiene que ver con pérdidas de poder adquisitivo durante el año y con el número de jubilados, se dio durante el primer semestre del año pasado.
Sobre el final de 2020 el Congreso aprobó la ley 27.609, que establece una fórmula de movilidad con ajustes trimestrales, basada en la evolución de la recaudación impositiva y en la variación de los salarios. En 2021, primer año de vigencia, el cálculo arrojó, de punta a punta, 52,67%, un índice algo superior a la inflación, de 50,9%. Como muestran los números del primer párrafo, eso no alcanzó para compensar, en los haberes mensuales y más allá de las pérdidas ya ocurridas, los efectos de las decisiones de 2020; es decir, del ajuste que muestran los números y que el Gobierno niega hasta el día de hoy.

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CON LA LENGUA AFUERA Y NO CONOCEMOS LA LETRA CHICA


Acuerdo con el Fondo: el daño de frenar justo en el borde del precipicio
Al entendimiento se llegó con reservas en niveles alarmantes, brecha cambiaria por encima del 110% e inflación y riesgo país en alza

Néstor O. Scibona



El alivio que provocó en el ambiente empresarial -y especialmente en los mercados- el anuncio del principio de acuerdo con el FMI, no oculta los daños autoinflingidos en la economía por el oficialismo y su contradictorio despliegue discursivo desde antes de las PASO de 2021 hasta el primer vencimiento de intereses de 2022.
A esta fecha límite se llegó con las reservas netas del Banco Central en niveles alarmantes; brecha cambiaria por encima de 110%; inflación en alza, al igual que el riesgo país y creciente deterioro de las expectativas debido a la incertidumbre en el futuro inmediato. Un cuadro similar al que había dejado Cristina Kirchner al final de su segundo mandato en 2015, también caracterizado por acumular los desequilibrios macroeconómicos en el borde del precipicio.
Todo esto complica el punto de partida del programa económico esbozado hoy a grandes rasgos, que no incluye reformas y deberá rendir exámenes trimestrales durante dos años y medio para mantener con vida la reestructuración de la deuda con el Fondo por US$44.500 millones que contrajo Mauricio Macri. Es, además, una implícita forma de admitir que las metas podrán ser renegociadas por el próximo gobierno para llegar al plazo máximo de 10 años (con cuatro de gracia para el pago de capital) de los acuerdos de facilidades extendidas, que sí prevén reformas estructurales.
En su breve mensaje televisivo, Alberto Fernández recurrió al folklórico manual de otros presidentes argentinos que debieron anunciar acuerdos con el FMI y podría resumirse en cuatro palabras: “Esta vez será distinto”.
Por eso rescató la consigna de “crecer para pagar”, aunque se ocupó de su frente interno con la mención de lo que “no” exige el organismo (déficit cero, baja real del gasto público, salto devaluatorio, reforma laboral, afectación de derechos jubilatorios). O sea, ningún costo político a la vista, como sí lo exige CFK y más aún después de su radicalizado discurso en Honduras.
Lo mismo vale para el pedido de apoyo de la oposición en el Congreso y su frase de que la historia juzgará quién creó un problema y quién lo resolvió. Con el mismo criterio, Macri podría afirmar que en 2018 no tuvo otra opción que recurrir al FMI como ahora el Gobierno y que la deuda es hija del crónico déficit fiscal que heredó de CFK, sin lograr reducirlo hasta que tuvo la soga al cuello, por usar las mismas palabras del Presidente.
Aunque el acuerdo preliminar con el Fondo es una noticia positiva, principalmente porque se contrapone a las irresponsables consignas de cesación de pagos agitadas desde el kirchnerismo, los números aportados por el ministro Martín Guzmán no despejan todas las incógnitas.
Por un lado, lucen razonables el sendero de reducción gradual del déficit fiscal primario (de 2,5% del PBI en 2022 a 1,9% en 2023 y 0,9% en 2024), la recomposición de reservas brutas con el reintegro (en DEG) de los pagos que se realicen al Fondo (al menos este año) y la posibilidad de sumar financiamiento de otros países como Rusia y China, que le resta tensión a la próxima visita presidencial. A esto se suma que la inversión pública apuntaría a obras de infraestructura para el desarrollo de exportaciones y tecnología, en vez de aviones para gobernadores.
Por otro, genera dudas que las metas de menor emisión de pesos se limiten a la financiación del déficit del Tesoro y no a la deuda del BCRA, sobre todo con tasas positivas frente a la inflación, que además encarecerán el crédito al sector privado. También que no haya cambios más allá del ajuste ya anunciado de las tarifas de electricidad y gas (17% y 20%), que mantendrán un alto componente de subsidios, a diferencia de la reducción progresiva que figura en el comunicado del FMI.
Otra incógnita es la política para bajar la inflación desde su actual piso de 51%. En este caso, con la actual política de acordar precios cuidados (limitada a 1300 productos con ajustes trimestrales de 6% promedio), cuando la realidad indica que el resto aumenta muy por encima, y paritarias en torno de 50% fraccionadas en tramos, frente a una previsible aceleración de las minidevaluaciones diarias del tipo de cambio oficial para reducir la brecha cambiaria.
Mientras tanto, más por necesidad que por virtud, el anuncio de esta mañana minimiza el riesgo de una crisis cambiaria e inflacionaria, como la que los mercados venían descontando desde el arranque de este año.

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