miércoles, 2 de marzo de 2022

ECONOMÍA COTIDIANA


Las pida o no el FMI, ¿qué reformas necesita la Argentina?
Esté o no esté presente el organismo internacional en nuestra vida económica, al país le hace falta una corrección de sus desequilibrios para poder salir del estancamiento

Santiago Bulat
Mariano Enriquez

1. FMI.
Hay una idea errada y es que la Argentina tiene que hacer mejoras en su macroeconomía solo por la presencia del Fondo Monetario Internacional. O sea, es un error pensar que si no estuviera la deuda con el FMI no habría que hacer ningún tipo de reformas. Que eso es falso lo demuestran sus más de 10 años de estancamiento económico, con una inflación en alza. Lo que sí es cierto es que esas correcciones podrían tener otros tiempos, o que las discusiones podrían serían estrictamente internas, sin tener que compartirlas con un tercer actor. Pero hay temas que no pueden esperar si el objetivo es salir del estancamiento que trae mayor pobreza.

2. Facilidades extendidas.
Repasando los programas de facilidades extendidas firmados por el FMI desde 2015, hay varios puntos que se repiten. Como idea fundamental, está la de implementar una regla fiscal que permita expandir el gasto solo ante un crecimiento del PBI, como lo tuvo la Argentina hasta 2009, con el fin de que el gasto no tome una dimensión insostenible si la economía no crece. También, por el lado de los servicios públicos está la indexación de los precios de los combustibles y el aumento de las tarifas de gas para evitar ampliar los subsidios. En el caso de las empresas públicas, enviar una ley para mejorar su gobernanza y definir cuales quedarán en manos del Estado y cuales reducirán su participación. Por último, en el plano monetario y cambiario, está la idea de una nueva Carta Orgánica del Banco Central que limite el financiamiento monetario y, además, tender a eliminar los controles cambiarios y tipos de cambios múltiples.

3. Subsidios.
Hay dos temas fundamentales que trascendieron esta semana y que permiten ver diferentes posiciones dentro del Gobierno. El primero es el de los subsidios energéticos y el segundo, el del sistema jubilatorio. En cuanto al primer tema, hay preocupación porque entre 2019 y 2021 el servicio de electricidad se ha abaratado en términos relativos un 50% en el AMBA para un consumo tipo y un 40% en el resto del país. En comparación con el anterior proceso de fuerte atraso tarifario (2002-2015), el ritmo de la caída actual es significativamente mayor. La contracara es el incremento del gasto público destinado a los subsidios. El año 2021 concluyó con una factura para el Estado de US$11.000 millones en subsidios energéticos, un 150% más que los US$4400 millones de 2019. Incluso, las proyecciones frente al esquema tarifario que el Gobierno propone indican que el problema se profundizaría, llegando a cerca de US$14.000 millones en 2022.

4. Jubilaciones
. Los sistemas especiales traen desequilibrio e inequidad. Entre 2010 y 2020, el número de jubilaciones bajo el régimen general de Anses se mantuvo estable, pero la cantidad de personas beneficiarias bajo regímenes especiales aumentó más de 40%. Países como Polonia o Irlanda dedican 2,7% y 0,2% del PBI, respectivamente, a este tipo de regímenes. Para el caso argentino, los recursos para quienes se jubilan fuera del sistema general alcanzan, según el Cippec, el 7% del PBI. Hay mayores aportes de quienes se encuentran en esos regímenes, pero eso no llega a compensar el agujero fiscal que generan.

5. Desequilibrios
. Nos puede caer mejor o peor el FMI, pero volvió a estar en el país por la incapacidad interna de corregir desequilibrios. Si el Fondo desapareciera de nuestras vidas, no lo harían así las inconsistencias macroeconómicas que hay que resolver para poder crecer.

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ALIMENTACIÓN INFANTIL


Alimentación infantil ¿Cómo comen hoy los chicos?
El regreso a clases y las viandas escolares nos dan la oportunidad de pensar estrategias para cuidar el paladar de los niños e instalar buenos hábitos en sus comidas
Narda Lepes
Empezaron las clases y todo lo que viene con ellas. Solo escuchar la palabra “vianda” ya me da escalofríos. Trabajo mucho y pensar en la organización que requiere la idea de la vianda para la escuela por momentos me supera. Por un lado, porque armo propuestas balanceadas al milímetro que muchas veces vuelven a casa intactas. Y por el otro, porque si quiero simplificar solo veo paquetes de azúcar con harina, grasa y sal, envueltos en plástico individualmente. Y en el medio, uno hace malabares como puede. Lo que es seguro es que el regreso a clases vuelve a poner el foco en la comida fuera de las vacaciones, donde todo se descontrola un poco. Empecemos a despejar algunas cuestiones.
Primero: en qué recipiente mandamos la vianda es fundamental. A mí me gustan las telas con cera de abeja para envolver la comida, ya que no ocupan lugar, no son descartables y mantienen muy bien, pero a mi hija no le gustan en absoluto (creo que le dan vergüenza). Así que elegimos juntas qué recipiente sacaría de la mochila… y eso ayudó bastante. Lo que sea que usemos se acompaña siempre con una botella de agua con hielo que sirve de refrigerante durante el día.
Observá a tus hijos. Yo descubrí que si está entretenida o jugando o con sus amigos, mi hija come poco: quiere aprovechar el tiempo y enseguida sale corriendo. A las pocas horas, claro, saquea lo que encuentra. En cambio cuando se sienta tranquila, con hambre y atención, come mucho. ¿A qué voy con esto? A que la clave está en no mandar de más ni de menos. Pero no podemos focalizar en la vianda si no tenemos claro lo que pasa en casa.
Por otra parte, los niños no son tan quisquillosos, realmente. Es más la percepción general y el lugar que les damos para opinar sobre absolutamente todo. El mercado logró que los chicos crean que son clientes, que pueden elegir siempre y que las cosas se hacen a su gusto y pedido. De a poco es nuestro trabajo como padres (y no es una labor menor) deshacer ese camino. Volver a tomar las riendas de su alimentación, teniendo en cuenta que lo que les damos les tiene que gustar, que el placer es fundamental, que comer algo solo porque “hace bien” no alcanza si tiene gusto a cartón corrugado.
Otra cuestión que me preocupa: ¿por qué existe la “comida de niños”? Los más chicos deben comer lo mismo que comemos los adultos, simplemente que en otras proporciones o presentaciones. No se cocina aparte para los menores. No se compra algo diferente, no se los aparta del menú familiar. Un gusto que les den los abuelos o los tíos es otra cosa, pero comer, comemos todos lo mismo. Pensemos que toda una cultura del menosprecio al paladar infantil fue inyectada en la sociedad durante años, cuando en realidad los niños aprenden a comer por imitación, nos imitan a nosotros y a los buenos ejemplos que logremos poner cerca (también imitan a sus pares, claro, con malos hábitos).
Tampoco está bueno obligarlos a comer: incentivar a probar, siempre, pero no tiene que gustarles. Sí hay que dejar en claro que los gustos cambian y que más adelante le daremos otro intento a la remolacha, por ejemplo, que se lo merece con ese color increíble que tiñe todo. Los estímulos no son solo visuales, táctiles o auditivos, sino también olfativos y gustativos, por lo cual condimentar es fundamental, que la comida no sea siempre igual. Conozco niños que vienen a casa y creen que todas las milanesas son como las hacen en la suya, que todos los ravioles son de ricota y que solo se comen con crema. No pueden salir de ese encierro en su paladar porque no están acostumbrados al cambio, porque les resolvieron sus comidas por años con las mismas cinco herramientas.
Entonces: lo que queremos que coman es lo que más les ofrecemos. El desarrollo del paladar es paulatino y lleva tiempo, pero es una de las mejores herramientas para una salud a futuro más lógica. Intentemos que la comida real sea lo familiar, en el más amplio de los sentidos: lo que conocemos y lo que come nuestro círculo cercano.

Cierro con unos tips simples para recordar:
◗ Los adultos controlamos qué se compra y qué no. Si compramos y dejamos a mano lo que no queremos que coman nuestros hijos… no nos podemos quejar. Dejemos de comprar porquerías por reflejo.
◗ Los chicos no eligen el menú, eligen del menú que nosotros presentamos. Pueden elegir, por ejemplo, qué fruta comer.
◗ No es necesario dejar el plato vacío. El objetivo es que prueben, no que les guste enseguida. Y que coman lo que quieran, al igual que nosotros: un día repetimos, otro no terminamos nuestro plato.
◗ No subestimar su paladar, siempre en algún momento nos sorprenden. Que prueben todo, un mordisco, un bocado, no una porción. Por diversión.
◗ Los niños toman agua.
◗ El postre no es diario ni es premio. Es ocasional. El azúcar no es amor. La atención sí.
◗ Los chicos aprenden a comer imitando. O sea, comé bien vos. Si te salteás comidas, si picás cualquier cosa, si te atracás… te van a imitar.

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DISEÑO ANACRÓNICO


Dividir Buenos Aires y acordar un nuevo pacto de unión nacional
Esteban Bullrich, Enrique Morad, Jorge Colina


Hoy Buenos Aires es ingobernable y presenta indicadores sociales inadmisibles. Las recientes y visibles dificultades para organizar los cuidados contra el Covid y la vacunación, o las desprolijidades y la inoperancia en la lucha contra las drogas y el narcotráfico nos eximen de comentarios. La provincia tiene el tamaño y las distancias de un país como Italia, pero mantiene un diseño político anacrónico, donde todo se superpone como capas de cebolla, como con acierto lo describe Andrés Malamud: 8 secciones electorales, 12 regiones sanitarias, 19 departamentos judiciales, 32 jefaturas departamentales de seguridad, 25 regiones educativas y 135 municipios. Incluso todo superpuesto con organismos nacionales con objetivos declamados semejantes y aun a veces con respuestas municipales –que suelen ser mucho más eficientes– para las mismas materias.
Un enorme derroche de recursos y una dramática pobreza de resultados. En Buenos Aires se gasta cada día más, pero la gente está cada día más restringida en sus opciones personales y recibe cada vez menos y peores prestaciones públicas. Estamos conduciendo a niños y jóvenes por un sendero de crónica y creciente decadencia.
En el libro que presentamos a fines del año pasado propusimos analizar, junto a estudiosos y líderes políticos, datos históricos que recuerdan cómo la organización política de Buenos Aires se fue adecuando para enfrentar distintas realidades, sea en tiempos coloniales o cuando el Estado de Buenos Aires estuvo separado y en guerra con la Confederación Argentina, hasta la formación de la reciente CABA y la configuración del informal AMBA. También explicitamos el remedio que propone la Constitución nacional en su artículo 13 y, en concordancia, la Constitución provincial.
Debemos rediseñar Buenos Aires y estructurar un proyecto arquitectónico y ordenador, para que los esfuerzos estén distribuidos con justicia y los beneficios lleguen a todos cambiando estructuras anacrónicas por modelos de gobernanza ágiles, transparentes, simples y dinámicos.
Por ello, estamos seguros de que es necesario reformular la provincia de Buenos Aires política y administrativamente para interrumpir su decadencia, liberar su energía, recuperar la senda del crecimiento y así garantizar a sus dieciocho millones de habitantes plenitud de oportunidades y su desarrollo personal.
Proponemos dividir Buenos Aires en cinco provincias, con población comparable al resto de las provincias:
Buenos Aires del Norte, con capital en San Nicolás, tendrá 2,2 millones de habitantes en los 40 municipios que la integran.
Buenos Aires del Sur, con Bahía Blanca de capital, 1,4 millones de habitantes en sus 33 municipios;
Buenos Aires Atlántica, con Mar del Plata como ciudad capital, tendría 1,2 millones, repartidos en 28 municipios.
Estas tres provincias reunidas en la “Región Buenos Aires”, con las competencias que la Constitución propone en su artículo 124.
Así se crea un amplio espacio de articulación federal regional en el interior de la provincia, espacio hoy inexistente debido a que toda la agenda de política pública provincial está subsumida en las urgencias del conurbano.
A su turno, el conurbano se divide en dos provincias: provincia de Luján, con capital en esa ciudad y que reúne a 18 municipios con 6,2 millones de habitantes e incluye la mitad del municipio de La Matanza, y provincia del Río de la Plata, con capital en La Plata, 17 municipios incluyendo la mitad de La Matanza más próxima a la CABA y 6,5 millones de habitantes.
Las dos serían las provincias más pobladas de la Argentina. Junto a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, proponemos organizar las tres en una Región Urbana Federal, para integrar las infraestructuras de manera más eficiente y homogénea para sus habitantes. Este es el punto más difícil de toda la propuesta, pero responde al problema más complejo de la Argentina que los autores consideramos que necesitamos resolver con prioridad y urgencia extrema para permitir el desarrollo del resto del país.
También proponemos una renovación de los espacios públicos enfocada en los objetivos del Desarrollo Sustentable (oDS) en 50 ciudades, donde radica la mayor capacidad de educación, trabajo y oportunidades para generar desarrollo territorial colaborativo.
Desde el punto de vista del federalismo fiscal, esta reorganización de la provincia de Buenos Aires mejorará la representación
La propuesta reduce sustancialmente la desmesura de la actual provincia de Buenos Aires, lo que facilita que el país vaya transitando de la tensión actual a una situación de armonía que facilite e integre las diferencias política de las regiones más productivas del país. El producto bruto geográfico per cápita de las tres nuevas provincias, que hoy conforman el interior provincial, es similar al de Córdoba o al Santa Fe. Vale decir que esta región que conforma el grupo tractor de la economía nacional, enfocada en la industria agroalimentaria, metalmecánica y TIC, con alta competitividad internacional, tendría una representación política que hoy tiene diluida.
La propuesta no implica aumentar el gasto político. Las nuevas legislaturas, contando con sus actuales legisladores provinciales, tendrían un número de entre 25 y 30, lo que las constituiría en las legislaturas más pequeñas del país. Además, sería la oportunidad de convertirlas en unicamerales, eliminando el Senado provincial. La conformación de las regiones permitiría administrar servicios comunes –como los de seguridad y justicia provincial– a nivel de las regiones.
Los legisladores nacionales deberán pensar nuevamente el federalismo fiscal, hoy desaparecido en la maraña de la coparticipación que hace décadas ahoga a Buenos Aires. Se deben recuperar las herramientas tributarias que la Constitución nacional otorga a las provincias y recuperar los incentivos que el gobierno central ha distorsionado en su beneficio. Especialmente el IVA debería dejar de ser coparticipable para ser percibido íntegramente en cada provincia y absorber el impuesto a los ingresos brutos, un impuesto altamente distorsivo y regresivo.
En nuestro trabajo proponemos cambiar los incentivos y enfocar –con urgencia– las energías legislativas en resolver estos problemas estructurales.
Entendemos que este año 2022, sin urgencias electorales, con la tensión de una pandemia que nos iguala a todos en dificultades y la experiencia democrática que ya es la más larga de la historia, es el momento para encarar esta indispensable renovación política nacional, que se inicia en la provincia que representa en casi todos los indicadores al 40 % de los argentinos y debe continuar con varios otros asuntos de progreso y justicia que no debemos postergar.
Quiera Dios que sin pérdida de tiempo los políticos hagamos factible un nuevo pacto de unión nacional y nos aboquemos a resolver el que tal vez sea el asunto más relevante del escenario nacional.
La propuesta reduce sustancialmente la desmesura de la actual provincia de Buenos Aires, lo que facilita que el país vaya transitando de la tensión actual a una situación de armonía que facilite e integre las diferencias

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LECTURA JAPONESA REFLEXIVA


La maternidad, en una reflexiva y potente novela japonesa
Eduardo Lamarche
En una entrevista de hace unos años, la japonesa Mieko Kawakami (Osaka, 1976) apuntó sus dardos contra Haruki Murakami. Le criticaba el trato de sus personajes femeninos,no exentos de depresiones de un romanticismo ambiguo, y el tono despectivo con que los tratan algunos de sus narradores. Así lo entiende la autora, que también debe saber que el solo hecho de criticar al escritor japonés más exitoso de las últimas décadas seguramente captará la atención.
Pechos y huevos (2019), en todo caso, está a la altura como para sostener esas críticas contra el escritor que alguna vez la apadrinó. En un país, Japón, que no se destaca por su feminismo, Kawakami toma a las mujeres como eje, sin sentimentalismo ni concesiones. El libro tiene como disparador la novela breve homónima que la escritora había publicado en 2008 y funciona aquí como primera sección del libro.
La narradora es, de cabo a rabo, Natsuko (su nombre recién aparece pasadas las cien páginas), una treintañera con ambiciones de escritora que vive en un barrio modesto de Tokio. En la primera parte (“Verano de 2008”) recibe la visita de su hermana Makiko. Llega de Osaka, acompañada por su hija Midoriko. La mirada reflexiva de Natsuko –que tiene conflictos con los papeles de madre y de hija– lidia con las obsesiones de su hermana mayor, que solo piensa en una cirugía de pechos que compense los cambios corporales derivados de la maternidad. Suena a drama de personajes burgueses, pero las dos hermanas se criaron en la pobreza y fueron curtidas por la vida. Midoriko, por su parte, a punto de ingresar en la adolescencia, es uno de esos personajes que nunca faltan en la literatura japonesa: solo se puede expresar por medio de lo que anota.
En la segunda sección (“Verano de 2016-verano de 2019), el doble de extensa, ha pasado el tiempo. Makiko y Midoriko aparecen en un lugar secundario. Natsuko ya se encuentra trabajando en su segunda novela. Las discusiones sobre el arte de la escritura con colegas y editores le dan otra tonalidad a la trama, la vuelven más morosa y reflexiva. La narradora quiere ahora tener un hijo, pero no tolera el sexo. La opción de la inseminación artificial es complicada porque está prohibida para madres solteras. La búsqueda de donantes ilegales de esperma es una posibilidad. En sus inquisiciones, se encuentra con las historias de dos jóvenes que son fruto de la donación anónima y tienen experiencias diametralmente opuestas. El pausado decurso de Pechos y huevos (los “huevos” son los “óvulos”) nunca se convierte, sin embargo, en tesis. Por el contrario. El final, que contempla un alumbramiento, es la mejor prueba. Kawakami es una escritora feminista porque, más allá de los conflictos de sus personajes, narra de manera física, orgánica, corporal.

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" Bastardo, Cruzado, Heterogéneo, Mestizo, Mezclado, Mixto "


Un gobierno “híbrido” ante el drama de Ucrania
Las ideas y venidas de la Cancillería, la debilidad de CFK por Putin y la genuflexión del Presidente en el Kremlin, un cóctel imposible

Pablo Sirvén
Conferencia de prensa de Alberto Fernández y Vladimir Putin en Moscú...Presidencia de la Nación
Si hubiese que catalogar en un solo concepto el tipo de gestión que la Argentina se dio a sí misma a partir del 10 de diciembre de 2019, la palabra más adecuada sería “hibridez” (“producto de elementos de distinta naturaleza”, según el Diccionario de la Real Academia Española).


Esa dualidad en el mando produce incapacidad para definir un rumbo concreto, coherente y firme en los campos de acción más cruciales. Ser híbrido condena a sucesivas enmiendas y rectificaciones que buscan, sin lograrlo, conformar a aquellos “elementos de distinta naturaleza”, de los que habla la RAE, y que en el plano de la política local son aplicables a las contradictorias corrientes internas del Frente de Todos. Y también al carácter muy voluble de la palabra presidencial, que así como dice una cosa puede decir otra.
Ser “híbrido” en materia gubernamental presenta muchas contras porque resulta imposible avanzar y casi todo tiende a trabarse. Pero tiene una gran ventaja: le es imposible tomar decisiones drásticas que empeoren las cosas de manera abrupta. La tendencia al deterioro es paulatina. Este desgastante fenómeno se observa bien en los dos años de demora que lleva el acuerdo, aún en ciernes, con el Fondo Monetario Internacional. Diferir –o la tendencia a “procrastinar”, palabra que Alberto Fernández puso de moda con sus constantes idas y venidas– suele producir desmejoras.
Y, por cierto, se nota mucho cada vez que la Argentina tiene que fijar una posición precisa respecto de temas internacionales acuciantes, como ahora ante la invasión de Ucrania por parte de Rusia.
La actitud pendular termina no conformando a nadie y deja flotando sensaciones ambivalentes y enojosas.
La grieta, con sus posiciones tan extremas y estentóreas –en este caso puntual, por un lado, a favor de los Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea; por el otro, las razones que le asistirían a Rusia para invadir–, produce desasosiego en el oficialismo (en el que conviven ambos bandos) y ahonda la hibridez gubernamental, que termina irritando hasta a los ámbitos diplomáticos más templados por las exasperantes aclaraciones pendulares para un lado y para el otro.
Ser parte de una determinada conformación territorial no da derechos para siempre ni, mucho menos, el más poderoso puede arrogarse títulos de propiedad vitalicios sobre el que tiene menos fuerza.
Ejemplo: en las Provincias Unidas del Río de la Plata, las actuales repúblicas del Uruguay y de la Argentina conformaban un mismo territorio. Y no es que Uruguay “se independizó” de la Argentina, como si esta fuera su dueña. Aplicando ese mismo criterio, los uruguayos podrían alegar que los que se independizaron de ellos fuimos los argentinos. Excede el espacio de esta columna explicar los procesos que desembocaron en que ambos países vecinos sean independientes por más que compartamos idéntico idioma y un mismo tronco cultural. Algo similar sucede con Rusia y Ucrania.
“La guerra es de Putin, pero EE.UU. y la OTAN prendieron la mecha”, repitió C5N insistentemente en su videograph en las últimas horas. Luis Bruschtein, ayer en Página 12, escribía que “tras la caída de la URSS, Estados Unidos provocó la reacción rusa al avanzar con la OTAN sobre los países que rodean a Moscú” y que “era obvio que [Rusia] reaccionaría cuando fuera acorralada”.
Por la AM750, Víctor Hugo Morales dijo que “bastante desgracia fue para el mundo en 1990 cuando se termina el comunismo. No por el comunismo en sí, sino porque dejó al neoliberalismo como ganador”.
La posición “no alineada” –o, como decía Perón, “tan lejos de uno como de otro de los imperialismos dominantes”, en referencia a los Estados Unidos y a la entonces Unión Soviética– no parece entusiasmar ya a los sectores autopercibidos progresistas que, con razón, habrían bramado si EE.UU. hubiese avanzado sobre México de la misma forma que Rusia avasalla ahora a Ucrania. En este caso se muestran más contemplativos, en consonancia con la debilidad explícita de Cristina Kirchner hacia el autócrata del Kremlin. Hace apenas 24 días, Alberto Fernández le ofreció a Putin utilizar a la Argentina como “puerta de entrada” a América Latina.
Complica, además, cierta propensión al delay presidencial inoportuno, como fue la visita de Alberto Fernández al polideportivo de Santa Clara del Mar y prometer allí la construcción de una pileta climatizada, en el peor momento de los incendios en Corrientes, o, finalmente, decidirse a recorrer esa provincia el viernes, pero tras las lluvias que aliviaron un tanto la situación, justo cuando debía estar más atento a pronunciarse de manera contundente sobre el “incendio” provocado por su admirado Vladimir Putin.
Estar en el lugar equivocado, y pronunciar inconveniencias, parece ser su marca registrada.

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LOS KKK ACERCARON LA AMISTAD ENTRE LA KK Y EL RUSO


Un vínculo sin conflictos que se ideologizó con Cristina
Los lazos entre el Kremlin y la Casa Rosada atravesaron las últimas décadas sin sobresaltos, pero la vicepresidenta lo intensificó en su segundo gobierno; el desafío de Fernández entre las tensiones internas y externas

Celichini Delfina
Con pocos altibajos y con una agenda en común que se intensificó por cuestiones ideológicas, la Argentina y Rusia no registran durante las últimas décadas distanciamientos o conflictos. Analistas internacionales en diálogo con la nacion coinciden en identificar al gobierno de Cristina Kirchner como el que profundizó los lazos, en un intento de mostrar un posicionamiento geopolítico alternativo a Occidente. El presidente Alberto Fernández, finalmente, mostró una postura oscilante, que penduló entre la tensión internacional y los tironeos internos de su propia coalición.

Con la llegada de Néstor Kirchner a la Casa Rosada, a la par del ascenso de otras presidencias de izquierda en la región, el interés de Rusia en el Cono Sur se incrementó. “El gobierno argentino leyó la situación como una oportunidad”, definió Sebastián Vigliero, profesor de Ciencia Política y miembro del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales, y señaló que, a partir de la llegada del patagónico al poder, comenzó un relacionamiento con Rusia con “un condimento ideológico importante”.
El encuentro inicial entre el primer mandatario argentino y el presidente ruso, Vladimir Putin, se dio en una cumbre de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en Nueva York. Allí, se barajaron oportunidades de inversión y comercio que delinearon un camino, pero que se evaporaron con el retorno de los líderes a sus países.
Para Julio Burdman, profesor de geopolítica de la Universidad de Buenos Aires, “Néstor Kirchner no concebía que pudiera materializarse la idea de un polo alternativo a occidente en los Brics –una asociación comercial de las economías emergentes de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica–. Esa idea formó parte de Cristina Kirchner como presidenta”. La vicepresidenta le agregó a la relación con Rusia una carga ideológica adicional.

Después de la crisis financiera de 2008 como el último traspié del capitalismo occidental, y con el ascenso de China como potencia, Cristina promovió una profundización del vínculo con Rusia.
Durante un encuentro bilateral en el año 2012, Cristina Kirchner se reunió con Putin en una cumbre del G-20 en México. A partir de ese primer encuentro, y según comunicó el entonces canciller argentino Héctor Timerman, resolvieron que los titulares de las empresas petroleras de ambos países, YPF y Gazprom, se pusieran en contacto para “trabajar conjuntamente” y “favorecer el diálogo”.
Durante julio de 2014, el primer mandatario ruso concretó su primera visita oficial a la Argentina en el marco de una gira diplomática por América Latina. Con un vínculo que crecía por los gestos discursivos de la entonces presidenta a favor de Rusia en el conflicto con Crimea –territorio ucraniano ocupado por Rusia en marzo de 2014–, la relación diplomática se selló con la firma de un “acuerdo de asociación estratégica integral” entre ambos países.
Si bien el entendimiento estipulaba inversiones rusas en materia energética –la represa Chihuido I y la sexta central nuclear–, nunca llegaron a materializarse. “Si miramos los números de intercambio, vemos que no hubo aumentos significativos de participación comercial e inversiones rusas en Argentina”, remarcó Burdman a la nacion, y explicó: “La presencia de Rusia en Argentina no es tan importante, no somos países tan complementarios”.
Mauricio Macri continuó con esta relación, privilegiando el pragmatismo comercial y desestimando los lazos político-ideológicos que el kirchnerismo había profundizado. “La Argentina es un país en desarrollo que necesita comerciar, recibir inversiones y promover el multilateralismo. Debe mantener buenas relaciones con la mayor cantidad de países con los que sea posible y Rusia es un actor importante debido a su poder diplomático y militar”, explicó Francisco de Santibañes, presidente del CARI.
El actual presidente Alberto Fernández tuvo el primer encuentro con su par ruso durante una gira internacional en la que visitó, además, China y Barbados. Con el objetivo de viajar a Pekín para la apertura de los Juegos Olímpicos, Fernández hizo una escala en Moscú para reunirse con Putin, en la que habló de profundizar los vínculos y dijo que “la Argentina tiene que ser la puerta de entrada de Rusia a América Latina”.
La pandemia de coronavirus ya había acercado a los presidentes ante la necesidad de inmunizar a la población. La Argentina no solo compró vacunas al Kremlin, sino que, además, anunció la producción local a través de la empresa farmacéutica Laboratorios Richmond Sacif, con el Centro Gamaleya como garante de calidad. “Con las vacunas, Fernández jugó todo a la carta rusa. Pensaban que Rusia se iba a plegar más a la Argentina y eso no pasó”, subrayó Vigliero.
“Hasta hace pocas horas, Fernández trataba de no enojar a Cristina Kirchner y a los grupos prorrusos de la coalición, mostrando relaciones estrechas con Rusia”, señaló Fabián Calle, politólogo y especialista en relaciones internacionales. Sin embargo, “Rusia no nos puede ayudar con el FMI ni es la capital financiera internacional, y esa es la prioridad de Argentina en los próximos años”, agregó.
Y señaló una contradicción: “Putin tirándole con lanzallamas a Lenin por haber perdido Ucrania, su alineamiento carnal con la iglesia ortodoxa rusa, su veneración a los zares y su posición homofóbica, no coinciden con el relato del kirchnerismo duro”. Hasta el momento, Cristina Kirchner, Axel Kicillof, y Máximo Kirchner no se pronunciaron sobre la escalada bélica.
Marcado por una política exterior oscilante, y ante la avanzada rusa sobre territorio ucraniano, la cancillería Argentina lanzó un primer comunicado en el que evitó pronunciarse expresamente sobre el conflicto y solo hizo referencia a “razones de público conocimiento” para sugerir a los ciudadanos argentinos en Ucrania abandonar dicho territorio.
Unas horas después, y con la noticia del aumento de muertos y heridos por los ataques del Kremlin, Fernández utilizó su cuenta de Twitter para pedir a Rusia “que ponga fin a las acciones emprendidas y que todas las partes involucradas vuelvan a la mesa del diálogo”.
“Los países de América Latina hacen equilibrio. Tienen las mejores relaciones con Estados Unidos y también con Rusia, para potenciar nuevos negocios o posibilidades económicas”, explicó Burdman, y anticipó: “Hay que ver si una mayor tensión geopolítica vuelve posible ese juego bifronte”.

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martes, 1 de marzo de 2022

UNA ALEGRE PRECIOSIDAD


Copenhague es la ciudad más grande de Dinamarca y además catalogada como una de las mas felices del mundo. Y es que los daneses son expertos en disfrutar de los pequeños placeres de la vida ¿Y tú, te unes a la filosofía Hygge?
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