miércoles, 28 de diciembre de 2016

LO ÚLTIMO, LO NOVEDOSO, PARA CONOCER, CHARLAR Y COMPRAR


La librería Punc se especializa en cómics y fanzines.
Afuera, un día de verano. Nada ocurre en la esquina de Beláustegui y Valentín Virasoro. Nada, salvo el rumor de los árboles, algunos tan grandes que cubren las fachadas pálidas de las casas. Apenas un par de autos cruzan, con afán. Más allá, sobre la avenida Warnes, los talleres mecánicos y de ventas de repuestos exhiben llantas, timones, baterías. Hay clientes y sonidos metálicos. En Beláustegui y Valentín Virasoro, en cambio, hay poco. Sólo un banquito azul.
El banquito, de azul vivaz, está en la vereda, junto a la puerta de la librería Punc, en Villa Crespo. Así se lee en la ventana: Punc, en temblorosas mayúsculas rojas, la ce final es una boca de dientes afilados que gruñe solitaria en la esquina vacía. Punc: historietas, libros y fanzines.
Adentro, el pequeño local -tres estantes, una mesa y un mostrador- tiene algo del cuarto de un chico. Un chico al que le gustan los cómics y la ciencia ficción. Que en lo alto de la pared ha pegado un afiche en blanco y negro del Hombre Lobo y, a su lado, otro de Confesiones de un psiquiatra, una de las novelas pulp fiction de los años 50.
Donde quiera que se mire aparecen papeles, sobres, separadores de libros y cuadernos con dibujos hechos por una mano frágil y algo excéntrica. Todo es colorido, el púrpura se mezcla con el rojo y el amarillo con el rosa. Sobre un estante, el muñeco de El Increíble Hulk, una máscara y remeras. En el mostrador, decenas de calcomanías; de la revista Mad, de los Ramones. Y están las historietas, los libros y los fanzines.


La librería Punc inauguró en abril de 2015. Sus socias, Juana y Mariela, ambas apasionadas por los cómics, fueron adquiriendo libros según sus gustos. Aprovechaban algún viaje para traer dos o tres ejemplares de las grandes editoriales españolas de historietas, Astiberri y La Cúpula, y de las independientes latinoamericanas; aún lo hacen.
De las argentinas lo tienen todo. Juana las nombra como si se tratara de un listado de amigos: Hotel de las ideas, Loco Rabia, Iván Rosado, Maten al mensajero, Historieteca, Burlesque, Musaraña.
Entonces llaman a la puerta. Joaquín, un chico de nueve años y ojos grandes, entra al taller de historieta que la librería dicta. Poco después, dirá que le gusta hacer viñetas sin diálogos y que planea dibujar una espinaca saltando de un trampolín. "Podés hacerle ojos", comenta Juana.
Atrás de la mesa donde el taller se realiza -una mesa con lápices de colores, marcadores, hojas de papel y galletitas- están los libros. Y en los libros, los dibujos atormentados de Art Spiegelman, las historias crueles de Joe Sacco, los personajes desencantados de Harvey Peaker y los honestos de Marjane Satrapi, los trazos pulcros y macabros de Daniel Clowes.
El tercer estante es para fanzines, publicaciones independientes hechas en casa y distribuidas por sus propios autores. Algunos parecen cuadernos, otros son una hoja de papel doblada en cuatro partes. Tienen títulos como No seré feliz pero voy por buen camino y El horóscopo chino con Chang el verdulero. Hay fanzines de chicos de Córdoba, del Chaco, de Corrientes.
El nombre Punc fue aleatorio. A Juana no le gusta del todo la música punk, aunque parte de su espíritu está en la librería.
Llega una clienta de unos veinte años, enteramente vestida de rosa. Saluda a Juana con un beso. Compra un libro. Lo mira poco. Ya lo conoce, está en la página de Facebook de Punc. "Los dibujos son buenísimos", dice. Y sale a la calle, que continúa en su mudez.

DE UN PAPÁ AGNÓSTICO


Leí muchos libros y diarios, entrevisté gente sabia y conocí lugares que me dejaron muchas enseñanzas. Pero debo confesar que mientras más aumento mis saberes, menos certezas tengo.
Una de las pocas certezas que me atrevo a defender es que nuestros hijos son lo mejor que tenemos. Que es lo que más felicidad nos produce.
Verlos nacer. Verlos crecer. Y ni me quiero imaginar lo que debe ser verlos multiplicarse y hacernos abuelos. De eso saben algo mis viejos que esta semana cumplieron 63 años de casados.


Esther y Mayor ya son siete veces bisabuelos con Eliana, Ezequiel, Uriel, Yael, Yoav, Yonatán, Sofia y uno más que viene en camino.
Eso yo todavía no lo experimenté porque mi hijo Diego recién tiene 27 años y está tan enamorado como yo de la aventura de ser periodista.
De utilizar este maravilloso oficio para conocer, para curiosear, para investigar y para acomodar a los incómodos e incomodar a los cómodos.
Que Diego haya pasado de ser estudiante de periodismo a periodista respetado, me produjo una de las mayores felicidades de mi vida.
Un yacimiento de alegría que ni sabía que tenía. Su nacimiento como hijo y su nacimiento como periodista es por lejos, lo mejor que me pasó en la vida.
Casi todo lo demás son anécdotas. Van y vienen. Te dan energía o te quitan. Pero no son fundacionales como la relación entre los padres y los hijos. Ese vínculo es de acero.


Es una fábrica de esperanza inagotable. ¿Se puede explicar racionalmente esa felicidad? Es muy difícil pero para empezar creo que procrear, generar vida, aportar a la cavidad del amor de una pareja y prolongar la descendencia por los tiempos de los tiempos es en sí mismo el mayor de los milagros. No descubro nada ni pretendo descubrirlo.
Digo que ese amor que se revela cuando ellos nacen es un manantial que desconocíamos hasta ese momento. El amor por lo hijos tiene una potencia inigualable. Uno es capaz de hacer cualquier cosa por ellos.
Es lo único en la vida que se ama más que a nuestros padres o a nuestra pareja. Es lo único que se ama más que a uno mismo. Es uno mismo en el mañana. Sangre de nuestra sangre, vida cotidiana, gestos, genes. Verlos crecer es una felicidad cotidiana.
Aprender a ser padre es una experiencia de una riqueza extraordinaria. Ensayo y error. Poner todo el amor pero sin asfixiar. Ayudarlo a cruzar todos los puentes pero sin cruzar por él. Empujarlo pero no reemplazarlo.
Transmitirle valores con el ejemplo pero sin bajarle línea ni apelar a la moralina del dedito levantado. Yo siempre le digo a mi hijo lo mismo que mi viejo me dice a mí: “Cuidate, por favor, que si no te cuidas vos, quien te va a cuidar”.
Es un ruego, casi un rezo. Un padre nuestro que estás en la tierra. Cuida a mi hijo, protegelo. Permitile crecer y permitime estar en la tribuna para alentarlo desde cualquier lugar. Permitime ver su crecimiento y ver su luz que me ilumina.
En el libro “Cuidate changuito”, contamos que mi fantasía es convertirme en una suerte de Guillermo Barros Schelotto y levantar los mejores centros para que él, convertido en su ídolo, Martín Palermo, los cabecee a la red.
Y después darnos un abrazo de gol, que es lo más lindo de las tardes de Bombonera. A veces creo que ir a la cancha es una excusa para darnos abrazos profundos, emocionados. El desafío es ayudarlos a ser mejor que nosotros.
Con más cabeza y más corazón. Con más ética y más sonrisas. Que sean valientes, generosos, divertidos, creativos y que aprendan a disfrutar intensamente los momentos de felicidad. Que sepa que se gana y se pierde.
Que mucho, no todo, pero que mucho depende de nuestro esfuerzo. De los huevos que pongamos. De nuestro sacrificio. Son tiempos difíciles para ayudar a crecer a nuestros hijos.
Son tiempos llenos de acechanzas y temores. Con muchos miedos. Miedo a que les roben, a que tengan un accidente, a que se droguen, a que se aburran y no encuentren su camino. Y el miedo más terrible: a que no sea feliz.


Está absolutamente probado que las cosas materiales que les podamos regalar los van a poner contentos y van a estar muy agradecidos. Una pelota reluciente, una play aunque sea usada, una bicicleta medio pelo, lo que sea, va a ser bienvenido por ellos. Los llenará de alegría. Pero la felicidad máxima es cuando nos entregamos nosotros.
Cuando ponemos el cuerpo y toda nuestra piel. Cuando somos padres presentes. Y vamos al acto en la escuela donde hace de San Martín. Y nos disfrazamos de lo que sea en la fiestita del jardín.
O cuando lo llevamos a los entrenamientos de fútbol o básquet o a aprender natación. Ese tiempo compartido vale oro. No tiene precio. Porque jugamos con ellos a juegos que inventamos juntos.
Confieso que me gustaba leerle en voz alta y sobreactuando un cuento una y mil veces y solía dormirme antes que él, igual que cuando hacíamos luchitas arriba de la cama y yo me derrumbaba de cansancio.
Siempre digo que una mesa de ping pong en el medio del living me permitió medir el crecimiento de Diego. Al principio, mientras él aprendía yo me dejaba ganar para que no se desmoralizara.
Después los partidos eran parejos, de hacha y tiza. Yo ganaba y daba la vuelta olímpica alrededor de la mesa y cantaba la marcha del deporte que la aprendió por eso. Y cuándo él ganaba, relataba el triunfo imitando el estilo de Alejandro Fantino.
Pero jamás olvidaré cuando me dí cuenta que en determinado momento era Diego el que se dejaba ganar al ping pong para no humillarme. Me miré al espejo. Lo miré y dije: “O yo me estoy poniendo viejo o el changuito creció. O ambas situaciones”.
La navidad es muchas cosas según el cristal religioso, histórico y cultural con que se mire. Yo ya le dije que no soy muy creyente. Que soy más bien agnóstico como buen periodista pero que admiro y hasta envidio a los creyentes.


A la gente de fe. Pero creo que la Navidad en su primer y último contenido transmite el mismo valor y concepto del nacimiento. Del génesis, del comienzo. Por eso la navidad es tan fuerte, por eso conmueve tanto.
No es un momento más en la vida de las personas. Es el comienzo de la vida, el nacimiento, el origen, no importa cuál sea la religión que profesemos si es que alguna vez profesamos alguna.
Navidad es nacimiento y como le dije al principio no hay palabra superior ni mayor milagro. Ese gigantesco océano de amor interminable se resume en nuestros hijos.Que todos nuestros hijos, los de nuestra familia y los de nuestro país sean muy felices y que nazcan tantas veces como sea necesario hasta que sean felices. Ese es mi deseo para todos nosotros y para todos ustedes. Por eso brindo. Feliz Navidad, feliz nacimiento

A. L.

LA BELLA MÚSICA EN PARQUE CENTENARIO



CONCIERTO LIRICO ESTE VIERNES A LAS 20.30
PARQUE CENTENARIO!!!!!!!!!
La Banda Sinfónica de la Ciudad en Parque Centenario
El 29 de diciembre a las 20.30 hs, continuando con el ciclo "Buenos Aires en concierto", la Banda Sinfónica de la Ciudad, dará una función especial a modo de cierre del año en el Parque Centenario,interpretando un repertorio de Óperas famosas. La formación, dirigida por los Mtros. Mario Perusso y Lito Valle, junto a los cantantes Paula Almerares, Enrique Folger, Rubén Martínez y Leonardo López Linares, interpretarán las Arias, Dúos y Tríos más conocidos del repertorio lírico. Gratis en Leopoldo Marechal y Lillo.

HISTORIAS DE VIDA Y LECTURAS RECOMENDADAS


Charlie FeilingCharlie Feiling.
Me encantaba comenzar cuadernos, me ilusionaba. Dueña de una letra desprolija y anárquica, escribir en la página virgen de un cuaderno recién estrenado era entonces la posibilidad de redimirme de esa falla de origen, falta severa que en los tiempos en que yo era chica tenía un costo alto: no me entendían, me salía brutalmente de los renglones pautados y las reconvenciones de las maestras por mi falta de pericia no cesaban. Es más: año tras año se acentuaban porque se suponía que más grave era mi falta; un descontrol inexcusable.
A cierta altura de la escuela primaria, ya no hubo manera de pensar que todo iba a mejorar cuando creciera, las cartas estaban echadas y tuve que admitir que no había sido iluminada por el dios de los signos gráficos. Mi letra hoy sigue siendo un incordio, aunque ahora todo lo escribo parejito en el teclado y esos jeroglíficos pretenciosos de letra redonda que llenaban páginas y páginas de diarios íntimos con candado sólo encuentran lugar en mis listas de pendientes o en mensajes familiares (dale de comer al perro, no olvides dejar la luz de la entrada encendida, ya le pagué al sodero).Tal vez sea el amor: quienes viven conmigo me entienden.
Black out, el libro de María Moreno
Black out, el libro de María Moreno.
Termino el año leyendo a María Moreno y su Black Out, extraordinarias y apabullantes memorias del alcohol y la amistad. En un mes de muertes que castigan el hueso de la literatura argentina (Josefina Ludmer, Alberto Laiseca, Andrés Rivera), leo a María haciendo historia de sus escritores/compañeros/aliados de botella y se dificulta no apagarse un poco. La leo y pienso también que quienes ensayamos hacer crónica deberíamos retirarnos a leerla. Sólo a eso. De todos sus monstruos literarios (Libertella, Briante, Di Paola, Claudio Uriarte) hay uno que duele cerca. Se llamaba Charlie Feiling y fue un escritor exquisito, un caballero y una persona adorable. Carlitos fue, sobre todo, un amigo; un par, en virtud de su voluntad amistosa, que lo llevaba a ignorar las diferencias entre cualquier persona modestamente ilustrada y su notable competencia en materia de cultura, teoría política y filosofía. Una frase dibuja su brillantez y su ironía: "¿Por qué, si no tuvimos apogeo, tenemos decadencia?".
Reproducción del muchacho del chaleco rojo de Cézanne
Reproducción del muchacho del chaleco rojo de Cézanne.
María describe el modo en que Charlie hablaba inglés como "un off de la BBC en un disco ralentado" y dice que su figura le recuerda la de un palafrenero de Dickens. Para mí siempre habrá en él un resto apagado del muchacho del chaleco rojo de Cézanne. Aunque murió a los 36 y la enfermedad merodeaba desde sus 20, se las ingenió para dejar una obra poderosa compuesta por un libro de poemas (Amor a Roma) y tres novelas que integran una singular colección de abordaje a los géneros: El agua electrizada (policial), Un poeta nacional (aventuras) y El mal menor (terror). Tomar nota: el año nuevo como grado cero de la lectura; avanzar sobre las deudas literarias, pero también releer lo que aún refulge en el recuerdo.
Cada fin de año la ilusión se asemeja a la que sentía con el cuaderno nuevo; el sueño es arrancar de nuevo, pero en versión mejorada. Enderezar la letra, digamos. Volver a buscar el equilibrio entre obligaciones y placer, recomponer vínculos, rodearnos de aquello que mejor nos hace y dejar atrás lo que daña y hostiga. Como deseo colectivo, impulsa la cabalgata de buenos propósitos. Las reuniones familiares de las Fiestas, ese espacio en el que elegimos suspender litigios para favorecer el encuentro. Las llamadas, los mensajes con fervorosos deseos para lo que viene. Esto sucede en cualquier caso, aun cuando estamos transitando las primeras Fiestas sin un ser querido; ausencias que se sentirán ese año y, a partir de ahí, siempre, cada vez que volvamos a repetir el ritual de pasaje. Consigna vital o adorable loop del día de la marmota, el costado más ardiente de diciembre toma siempre la forma de una amorosa agonía esperanzada entre burbujas y pan dulce: el año que viene será mejor.
H.P.

DÍA DE LOS SANTOS INOCENTES


Por qué se celebra el Día de los Santos Inocentes?
El 28 de Diciembre es el día esperado para hacer las mejores bromas y chistes de toda índole. La "celebración" se realiza con mayor frecuencia en los países de Latinoamérica y España. 


La "celebración" recuerda un episodio histórico de la fe cristiana: la matanza de todos los niños menores de dos años nacidos en Belén (Judea), ordenada por el rey Herodes con el fin de deshacerse del recién nacido Jesús de Nazaret.
Sin embargo, en los países de Latinoamérica y en España es costumbre realizar en esta fecha bromas de toda índole. El día de los inocentes se vive en todo el mundo hispanohablante. En Estados Unidos, la fecha es reemplazada por 1° de Abril.


La historia
De acuerdo a lo relatado en el Evangelio de San Mateo, la historia comienza cuando unos magos llegan a Jerusalén en busca del futuro Rey de Israel que según ellos acababa de nacer. Explicaron que habían visto aparecer su estrella en el oriente y recordaron la profecía del Antiguo Testamento que decía: "Cuando aparezca una nueva estrella en Israel, es que ha nacido un nuevo rey que reinará sobre todas las naciones.
Según San Mateo, Herodes el Grande, obsesionado con el poder y por el temor a perderlo, al enterarse que había nacido un nuevo rey ordenó que le dieran muerte inmediatamente.
El mismo relato detalla que Herodes se reunió con los magos fingiendo un interés por el niño y los despidió con un "vayan y se informan bien acerca de ese niño, y cuando lo encuentren vienen y me informan, para ir yo también a adorarlo".
Los magos se fueron a Belén guiados por la estrella que se les apareció otra vez, al salir de Jerusalén, y llenos de alegría encontraron al Niño Jesús junto a la Virgen María y San José; lo adoraron y le ofrecieron sus regalos de oro, incienso y mirra.
Pero a través de sus sueños recibieron un aviso de Dios de que no volvieran a Jerusalén y regresaron a sus países por otros caminos, mientras Herodes se quedó furioso y sin poder saber dónde estaba el recién nacido.
Entonces rodeó con su ejército la ciudad de Belén y ordenó a sus soldados a que mataran a todos los niños menores de dos años en la ciudad y sus alrededores. Un ángel avisó a San José para que saliera huyendo hacia Egipto, y así, cuando llegaron los soldados de Herodes, el niño Jesús ya había abandonado Belén. Sin embargo, el ejército asesinó a todos los pequeños "Santos Inocentes" niños que habitaban la ciudad.

LOS CAMBIOS EN EL IDIOMA


Cuánto de lo que decimos podría entender una persona que fuera enviada desde 1960 al presente? Muy poco, pero no por los motivos que creemos
Aunque hablamos más o menos el mismo idioma, una parte sustancial de nuestro discurso está construido con frases que, medio siglo atrás, habrían resultado incomprensibles. Si trajéramos a un adulto de 1960 y lo sentáramos en un café, el pobre sujeto se sentiría por completo perdido. Pero no porque la jerga fuese para él ininteligible. Eso, descontado. Pero no es lo más importante. Oigan hablar a un arquitecto y un constructor o a dos médicos expertos en diagnóstico por imágenes y sentirán que han pasado del español al proto-germánico.


No, la colisión semántica se produciría con aquellas palabras que sí conocemos. O que creemos conocer.
Por ejemplo, la frase ¿Dónde está mi teléfono? no habría tenido ni el menor sentido cuando yo era chico. Uno no lo dejaba por ahí, en esa época. Ni lo llevaba encima. Equivaldría a preguntar ¿Dónde está la heladera?
Otra: Me olvidé de cargar el celular. Salvo que fueras comisario de policía, esto era por completo delirante. Una frase como la que hoy se ve en los gimnasios, Prohibido el uso de celulares en máquinas, habría resultado, simplemente, un galimatías.
Es que la palabra celular no es un sustantivo, como la usamos ahora, sino un adjetivo. El que es celular es el dispositivo, porque su sistema de telecomunicaciones emplea una red de celdas. Pero hasta que aparecieron los dichosos telefonitos, celular se refería a las células de los organismos vivos (o, con menos frecuencia, a las celdas de las unidades carcelarias, incluidos los transportes). Por eso, si en aquellos tiempos pronunciabas algo como Tengo un problema con el celular, la mitad iba a pensar que estabas diciendo insensateces, mientras que la otra creería que estás enfermo. ¿Te paso mi celular?, habría sonado como una invitación equívoca, si no acaso incómoda. Ni hablemos de Se me rompió la pantalla del celular. Derecho a terapia.
Las anfibologías abundarían, si ambos mundos, el de hoy y el de entonces, se cruzaran en alguna fractura espacio-temporal. Reiniciar, navegar, explorar, todo esto hoy resuena de formas nuevas. Medio siglo atrás Explorar el Amazonas no tenía nada que ver con Navegar por Amazon.
Habrías quedado un poco insolente, desubicado y chismoso, si le largabas a alguien ¿Me podrás dar tu correo? Tu correo era, en esa época, el conjunto de cartas que recibías, no tu dirección de mail. En cambio, la frase Te lo mando por correo no ha alterado su significado, excepto por el hecho de que medio siglo atrás te habrías pasado semanas comprobando el zaguán en lugar de la pantalla del teléfono (otra frase sin sentido).


Las palabras conexión y conectado son de las más ricas en malentendidos. Basta imaginar una persona en 1960, tomando aire en el balcón y oyendo este diálogo, en boca de sus vecinos:
-Creo que no estoy conectada.
-Esperá, que reinicio el Wi-Fi.
-Dejá, mejor activo datos, que acá tengo 4G.
Mínimo, se mudaba.
En una pareja, no estar conectados era algo serio. Ahora es que se cortó Internet. Un tipo conectado era un sujeto con múltiples relaciones con otros sujetos influyentes o poderosos (y conectados, claro). Ahora podés estar súper conectado, pero si no te llegan los WhatsApp, fuiste.
¿Vos tenés conexión? habría sido una pregunta un poco difícil de responder, cuando yo era chico. ¿Conexión en qué sentido? Por ahí tendría algún significado en el ámbito espiritista o en el de la ufología. A lo sumo, uno se sentía conectado con algo. La naturaleza, digamos.
Hace 50 años vos podías tener mucho, pero mucho dinero, y por supuesto los coches más costosos del planeta. Pero si sostenías que tu auto tenía un navegador satelital, eras un mentiroso o una fabulador. O pariente de los Supersónicos (la serie se estrenó en septiembre de 1962).
Los discos duros y otros medios de almacenamiento modernos no habrían representado un gran obstáculo. De una forma u otra, venimos almacenando información desde Sumeria y Egipto para acá. Ahora, si proponías algo como Guardalo en la nube, posiblemente te iban a mirar raro.
La digitalización de la información también invita a confusiones. Pisar un archivo no era lo mismo que ahora. Y los ficheros no pesaban. En el mejor de los casos, tenían más o menos páginas o una cierta etiqueta. Pero a nadie se le ocurría pesar archivos, aunque entonces sí pesaban, al revés que ahora.


Es notable. Algunas cosas que siguen sonando muy del futuro, como el láser, nacieron hace más de medio siglo. El 16 de mayo de 1960, para ser preciso, Theodore Maiman puso en marcha el primero de estos dispositivos de luz coherente, basado en rubí y con una longitud de onda de 694 nanómetros. Un par de décadas más tarde, cuando los métodos de fabricación estuvieron a la altura, tuvimos discos compactos y, luego, sus herederos, el CD, el DVD y el Blue ray. Ahora bien, si hace sólo dos décadas decías que, para ahorrar energía, habías instalado en tu casa Diodos Emisores de Luz Azul Brillante, es altamente probable que te aconsejaran cambiar la medicación. Y eso que en 2014 sus creadores se ganaron el Nóbel de Física. Lo mismo que los que sentaron las bases del láser, en la entrega de 1964. O tempora, o mori.
Ni siquiera la ciencia ficción nos ayudó. Aunque hubo pronósticos agudos (Clarke, Silverberg, Heinlein, Dick), una cosa es acertar con la profecía y otra muy diferente con las palabras. Imaginamos autos voladores y coches autónomos. Pero quién iba a entenderte si lanzabas un Yo me tomo un Uber, y listo. Suena a antiácido.
¿Y la realidad aumentada? Cierto que todo aumenta en la Argentina, ¡pero no la realidad!
En menos de medio siglo pasamos de la caja boba al televisor inteligente. Andá a procesar eso. Pasamos del móvil de exteriores a transmitir en vivo usando el celular. Hola, mundo.
Varios términos sufrieron insólitas mutaciones. Ese libro con el listado de sus alumnos que publican algunas universidades estadounidenses se transformó en la mayor red social del mundo; encontré que, importada del francés, el Face Book estadounidense podría llamarse, en español, Trombinoscopio. Con un nombre así no conseguís inversores ni en 10 vidas.
Los altavoces poseen desde hace mucho un tweeter, para reproducir los sonidos más agudos, y ahora también tenemos Twitter, y en ambos casos el nombre proviene de la palabra tweet, que significa pío, y en la que se origina el nombre del célebre canarito de nuestra infancia. Tweety, fuiste un precursor. ¡Nació 64 años antes que el pajarito azul!


Hace medio siglo, la palabra programa podía significar un show de televisión o de radio, o el plan para una salida. Si alguien te preguntaba a qué te dedicabas y respondías "Soy programador", seguro que iban a tomarte por un juerguista. O quizá pensaran que trabajabas en la tele.
Hay palabras, sin embargo, que resisten valerosamente, pese a que hace mucho que perdieron todo vínculo con la realidad. Rebobinar. Discar. Escritorio.
Otras tienen un origen inusitado. La omnipresente arroba fue una medida de peso que se usó mucho en España y Portugal, y por lo tanto en las colonias, en el siglo 16; por eso, pasó a las máquinas de escribir a fines del siglo 19 y de allí, a los teclados de las terminales informáticas de la década del '70, de donde la tomó Ray Tomlinson para el email. El intrincado simbolito tiene, como corresponde a su fisonomía, una historia bien enrevesada.
En fin, unas cuantas frases, por fortuna, no han cambiado en absoluto de significado. Por ejemplo:¡Felices Fiestas!!

A. T.

martes, 27 de diciembre de 2016

LA HUMILLACIÓN DE NAPOLEÓN

INVESTIGADOR; DR. RICARDO "EL MORDAZ"

NAPOLEÓN EN MOSCÚ
La Grand Armée
A mediados de junio de 1812, las estepas y los poblados de Europa son testigos del paso de un ejército gigantesco como nunca se había visto en la historia de la humanidad. Se trata de la Grand Armée bajo el mando de Napoleón Bonaparte. En ese momento el Emperador se encuentra en el apogeo de su poder: Italia, España, Portugal, Alemania y Austria han caído bajo el dominio de Francia gracias a las exitosas batallas ganadas por el corso. Por lo tanto, esa enorme masa humana está compuesta por 400.000 franceses y el resto son fuerzas reclutadas de los demás países subyugados por Bonaparte. En total suman 700.000 hombres constituidos por soldados regulares, más el personal de apoyo de combate, ya que mantener esa multitud exige esfuerzos logísticos titánicos.
Si bien la mayoría de las divisiones ya estaban concentradas en Alemania, las que provienen de Francia deben recorrer una enrome distancia a marchas forzadas desde París hasta Moscú. Cerca de 2500 kilómetros que a un promedio de 30 kilómetros diarios les llevará alrededor de 80 días. El objetivo es enfrentar a las fuerzas del zar Alejandro I, derrotarlas e incluir a Rusia en el vasto territorio que ya engloba a la mayoría de los países de Europa. De lograrlo, Napoleón podrá jactase de haber superado en extensión al Imperio Romano. ¿Cuál es la razón para este emprendimiento, esta aventura rayana en lo descabellado?

El Zar Alejandro I
El motivo de la invasión a Rusia
Después de la batalla de Trafalgar donde la flota del almirante Nelson destruyó totalmente a la coalición de naves de Francia y España, el sueño de Napoleón de invadir Inglaterra, su eterno enemigo, quedó trunco. La alternativa adoptada es bloquearle al comercio inglés todos los puertos europeos y de esta manera desplomar la economía inglesa que, en plena efervescencia de la Revolución Industrial, necesita instalar sus manufacturas en el resto del mundo.
La medida viene perjudicando enormemente a Inglaterra, pero también afecta a los países que con ella comercian. En un principio, Portugal se resistió y Napoleón lo doblegó con su ejército, pero Rusia no aceptó interrumpir sus relaciones con Gran Bretaña que le resultan vitales. Alejandro no desea la derrota inglesa porque considera que es la última garantía contra el dominio del continente en manos de un solo individuo. Entonces Bonaparte decide invadir el país de las enormes estepas y derrotar a las fuerzas del zar. La campaña empieza el 24 de junio de 1812.
La táctica de tierra arrasada
Después de atravesar Polonia, la Grand Armée llega al río Niemen y al atravesarlo pisa territorio ruso. La otra orilla está desierta, se supone que el río es una excelente barrera para que las fuerzas del zar detengan el avance invasor, pero no hay un solo soldado ruso esperándolos. La tropa se alegra salvo el Emperador, que gusta de los grandes choques entre dos fuerzas. Esta ausencia de enemigos es algo atípico y no le agrada, ¿presiente que se encuentra ante una campaña que vaticina un final aciago?
Las columnas avanzan siempre hacia el este, encuentran pueblos vacíos, en el camino no ha quedado nada, ni siquiera forraje para los caballos que empiezan a morir y el ejército se alimenta de ellos. El hambre acosa y la moral comienza a decaer. La desazón se adueña de la tropa, aquello no es la guerra con la que siempre se enfrentaron. No hay hombres contra quienes luchar, solo pueblos fantasmas y estepas desoladas, es un fenómeno nuevo, desconocido y aterrador.
El tifus y la disentería comienzan a cobrarse las primeras víctimas, el calor es insoportable, pero en cuestión de semanas sufrirán un frío cien veces peor. A los calores siguen grandes lluvias que empantanan los caminos dificultando el movimiento de los carruajes. El clima parece estar del lado del enemigo. Comienzan las deserciones, especialmente dentro de las filas de las fuerzas que no son francesas.
El 27 de julio a la noche, Napoleón y su estado mayor enfilan los catalejos hacia numerosos fuegos lejanos que indican la presencia del ejército ruso. Se alegran, al fin una batalla que repita la gloria de Austerlitz y obligue al zar a firmar la paz. Sin embargo, al día siguiente se renueva la pesadilla, el adversario ha desaparecido, solo algunos cuervos sobrevuelan los restos que quedaron del campamento.
La Grand Armée se pone en marcha nuevamente, persiguiendo a un fantasma escurridizo. ¡Son unos cobardes! repite Napoleón y lo mismo piensan del zar varios de sus generales, pero se equivocan, la estrategia de Alejandro es brillante, consiste en desgastar al ejército francés, destruir su logística y desmoralizarlo totalmente. No piensa enfrentarse con un ejército muy superior en número al suyo y dirigido por uno de los más grandes genios militares de la historia. Pero el corso no entiende este tipo de enfrentamientos, sin combates regulares. En las escuelas militares nunca le enseñaron que podría enfrentarse con emboscadas producidas por guerrillas, como le sucedió a su ejército en España y ahora esta otra táctica siniestra, escurridiza que no figura en los tratados de guerra.
Primeros combates
Finalmente, el 17 de agosto el ejército llega a Smolensko, donde se produce el primer enfrentamiento con fuerzas rusas, pero se trata de una división de solo 20.000 hombres y detrás la ciudad es presa de las llamas. No es la gran batalla que esperaba Bonaparte y en Smolensko, después del incendio provocado por los rusos, no quedan víveres ni forrajes para reponer las necesidades de hombres y caballos.
Por fin el 5 de septiembre llegan a Borodino y esta vez sí está el ejército ruso al mando del general Kutusov, listo para dar batalla. Napoleón recordará que nunca ambos bandos lucharon con tal encarnizamiento, los franceses por dar término a esta guerra que se ha vuelto una pesadilla y los rusos por su tierra, por la madrecita Rusia.
Por primera vez Napoleón no está en el frente, se encuentra en un reducto en retaguardia donde no puede divisar la lucha en sus detalles. El hombre que desconocía la duda, se demora en dar las órdenes y el enemigo logra retirarse en forma ordenada, mientras que en el terreno quedan del lado ruso 40.000 bajas y 28.000 del lado francés que cuenta con un médico cada 600 combatientes. Los cirujanos están exhaustos y con los brazos doloridos de realizar decenas de amputaciones.
Moscú
El ejército napoleónico continúa su avance y el 14 de septiembre desde una colina avistan las cúpulas de Moscú. El alborozo se propaga en la tropa y vuelan por el aire los morriones, por fin se acaba la expedición que ya tiene contornos de pesadilla. En el ocaso, las divisiones ingresan en correcta formación por las calles de Moscú. El asombro es seguido por la desazón y la desesperanza, porque están marchando por una ciudad desierta, un pueblo fantasma.
Esa misma noche, un incendio ordenado por el general Kutusov arrasa con gran parte de la ciudad. Napoleón y su Estado Mayor contemplan incrédulos desde los ventanales del Kremlin, con ojos hipnotizados el cielo enrojecido por las llamas, un espectáculo dantesco que los sume en el abatimiento.

Moscú en llamas
Napoleón envía mensajeros al zar diciéndole “Quiero la paz, necesito la paz, la quiero absolutamente. Salvad únicamente el honor”. Alejandro no responde: la paz no se hará. En este compás de espera, el corso pierde 5 días preciosos mientras se avecina el temible invierno ruso. El 19 de septiembre, la menguada Grand Armée abandona Moscú.
Muchos soldados llevan alhajas y objetos de valor, producto del saqueo a los edificios que permanecieron en pie. Casi todo este botín quedará sepultado en la nieve junto con sus dueños. Otros más previsores se llevan tapados y abrigos y tendrán más chances de regresar a sus hogares, porque la logística no había contemplado una campaña de invierno, tan seguros estaban de una victoriosa guerra relámpago.
Ahora la marcha es hacia el oeste, sin haber enfrentado a ningún enemigo y sin haber perdido batallas, el ejército tiene todo el aspecto de una fuerza derrotada que se desplaza penosamente, bajo un sol esquivo que marca el final del otoño y el inicio del terrible invierno ruso.
Nieve, frío y desolación
El 6 de noviembre, aún en territorio ruso, cae sobre los franceses una tormenta de nieve, el termómetro no sube de menos de 20 grados bajo cero y a los soldados les ciega la nieve, se les congelan las extremidades, tropiezan y de los que caen, muchos ya no se levantan. Al salir de Moscú la Grand Armée, que había ingresado a Rusia con setecientos mil hombre, ahora cuenta con solo cien mil y tres semanas más tarde no llega a cuarenta mil y aún esos son cadáveres vivientes. Espantajos grotescos, devorados por los piojos, vestidos con harapos, donde es imposible distinguir un coronel de un soldado.

El ejército de Napoleon bajo la tormenta de nieve. Óleo de Vasiliy Vereshchagin. Museo de Moscú
El cruce del río Berézina
El 25 de noviembre el ejército llega al río Berézina en la actual Bielorrusia, el puente ha sido destruido por los cosacos y la única forma de cruzarlo es construyendo uno nuevo. Zapadores y pontoneros se ponen a trabajar sin descanso, se sumergen hasta la cintura en las aguas heladas, eludiendo los témpanos que la fuerte correntada arroja contra ellos. Los que no pueden esquivarlos, perecen ahogados. Gracias a esos héroes que realizaron esfuerzos sobrehumanos, se pudo salvar lo que queda del ejército francés de una masacre total.
Mientras se arman los puentes, en otra parte del campamente tiene lugar una ceremonia lúgubre. El Emperador ordena juntar todas las águilas y estandartes de los distintos cuerpos y los hace quemar para que no caigan en poder del enemigo. Los hombres contemplan desolados aquellos emblemas que sostuvieron airosos en tantas batallas.
El día 26 se termina la construcción de los dos puentes, mientras tanto, Napoleón manda a uno de sus mariscales con un pelotón seis leguas más abajo para hacer creer a los rusos que el ejército atravesará el río por allí.
El cruce del Berézina
Afortunadamente, Kutuzov cae en el engaño lo que permite que gran parte de las fuerzas francesas logren atravesar los puentes, pero al día siguiente una de las estructuras se desmorona con el peso de la artillería y los que no cayeron al río y murieron congelados, se precipitan al segundo puente. El día 28 Kutuzov recuperado del engaño, se lanza sobre la retaguardia y produce una verdadera masacre, pero su fuerza no cruza el río, comprende que en la otra orilla solo quedan restos de un ejército derrotado.
Es el 14 de diciembre de 1812, han pasado 5 meses y medio desde que partió hacia Rusia la orgullosa Grand Armee y que ahora es un conjunto de pequeños pelotones que como girones de una antigua tela se desplazan penosamente hacia Francia.
Ciento treinta años más tarde un dictador mesiánico que no supo sacar lección de la historia, repetirá la misma campaña en una escala infinitamente mayor invadiendo la Unión Soviética con un ejército de casi cuatro millones de hombres, miles de tanques y cuarenta mil piezas de artillería, más la aviación. Los alemanes ni siquiera llegaron a Moscú, la derrota fue total y significó el principio del fin del nazismo.
Dimitri Merejkovsky. Vida de Napoleón. Colección Austral, Buenos Aires 1940.
Napoleón. Encyclopaedia Britannica. Tomo 24, pag 748-755, Chicago 1995. Batalla del Berézyna, Wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_del_Ber%C3%A9zina