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martes, 20 de diciembre de 2022

HISTORIAS DE VIDA


Los adultos mayores, los otros protagonistas activos de la Copa
Cocinan para la previa, salen a festejar por el barrio y miran los partidos desde su celular, lejos de los prejuicios; las redes sociales y los nietos los convirtieron en virales
Evangelina HimitianElsa  palpitó cada jugada del último partido en el Centro de Jubilados 
Resultaron ser los protagonistas menos pensados del Mundial. Ellos, los adultos mayores, sobre todo ellas, lejos de la imagen del abuelo o la abuela que mira la televisión con parsimonia y en silencio, en segunda fila, este año como nunca se llevaron todas las miradas. Tanto que la canción que le hicieron los vecinos de su barrio a Cristina, la mujer que salió a festejar cada partido, al ritmo de “¡Abuela lalala!”, se convirtió en uno de los himnos más cantados de este campeonato (ver aparte).
Como Rosa , de 71 años, que de tanta emoción que sentía se tuvo que ir al jardín de la casa de sus amigos en el partido contra Países Bajos, porque le parecía que el corazón le iba a estallar. O como Tita, una popular tiktoker de Orán, en Salta, que recuerda que desde la Copa del Mundo de 1978 y la de 1986 no sentía tanta pasión, pero que en aquellos años el que ponía el ambiente festivo era su marido y que ahora ella, que es viuda, lo mira y lo disfruta como quiere. Y si tiene ganas, lo ve desde el celular.
“El martes, después del partido salí a hacer unas compras e involuntariamente terminé en el medio de los festejos que había en mi ciudad. Fue hermoso ser parte de esa fiesta. Uno se siente tan vivo”, sintetiza Tita, de 76 años.
“Estamos en un momento en el que el envejecimiento saludable y el empoderamiento de las personas mayores nos permiten a todos ver que esa imagen que teníamos de las personas mayores viendo televisión de manera pasiva, sin prestar atención, cambió totalmente. Ahora, los vemos festejando en la calle, bailando, respondiendo entrevistas por la tele, volviéndose virales. Lo que nos demuestra que ellos son una parte muy importante de nuestra sociedad y que viven las cosas con la misma, pasión, la misma emoción y el mismo deseo que el resto de los argentinos”, explica Julián Bustín, jefe de Gerontopsiquiatría de Ineco.
“Las personas mayores no son extraterrestres. Ante eventos tan extraordinarios como la final de este domingo, les pasan las mismas cosas que a los sub-60: necesitan compartir y de algún modo ser protagonistas de este momento histórico”, argumenta Enrique Amadasi, investigador de la Fundación Navarro Viola y redactor del capítulo Adultos Mayores, de los informes del Observatorio Social de la Universidad Católica Argentina (UCA). “Por estos días se vive un ánimo festivo y las personas mayores quieren sentirse parte. Ser invitados a esa fiesta a la que sienten que van todos. E incluso a los que no los apasiona el fútbol lo viven como una forma de compartir una fiesta que hermana”, señala.
“Según nuestros estudios, en el país hay más de un millón de adultos mayores que tienen sentimiento de soledad. Muchos son personas que viven solas o con otros adultos, pero con el nido vacío. Para ellos, sentirse parte de los festejos, que los hijos y nietos los inviten a la picada previa del partido es muy importante. Están expectantes, como si fuera para la cena de Año Nuevo o Navidad”, dice Amadasi.
Envuelto en una bandera de la Argentina, Norberto de 69 años, que vive en el Hogar Alejandro Raimondi, que pertenece al gobierno porteño y se levanta en la ciudad de Necochea, vibra con cada uno de los partidos del Mundial. La mayor parte del tiempo se la pasa de pie. La emoción a flor de piel. Palpita cada pase, cada toque, cada llegada. Grita y sufre de emoción. Una emoción hermosa que lo convierte en testigo privilegiado de los mejores mundiales de la Argentina. Así se vivió en los hogares de residencia permanente de adultos mayores que tiene la ciudad, en los que se transmitieron todos los partidos de la selección.
Lo mismo que en algunos centros de día y de jubilados porteños. Por ejemplo, en el Centro de Jubilados Participar, donde Elsa Aguilar sufrió el partido palmo a palmo junto a sus amigas. En algunos de esos espacios, incluso pospartido, se organizaron fiestas con carnaval carioca con los colores albicelestes, porque la alegría no se apagaba. Algunos de los adultos mayores aprovecharon para ver los partidos con sus compañeros y otros recibieron la visita de nietos, hijos y familiares.
Rosa  dice que nunca fue futbolera, pero sí siempre tuvo mucha sensibilidad con el Mundial. “Me gusta lo que se genera, siento que es una forma sin grieta, donde todos queremos lo mismo. Me parece un gran logro que, por un rato, podamos sentir eso. Ganar un torneo tan importante me incluye, me hace sentir parte. Lo disfruto y lo sufro. Me encanta la Scaloneta. Me parece fantástico el grupo, la juventud de ellos, la pasión y como la luchan, por momentos me emociona con lágrimas. Por eso participo y los veo”, dice.
Martha  tiene 79 años y es exdocente de Física de la Universidad de Buenos Aires (UBA). En otra época, no se hubiera apasionado por la Copa del Mundo. “Este es un mundial particular. No me gusta dónde se desarrolla, por razones obvias. Pero, después de vivir dos años de pandemia, tener hijos y nietos que participan y alientan todos los partidos, me gusta porque es algo que puedo compartir con ellos”, afirma Martha.
“Esto es algo que las personas mayores redescubrieron. El vivir el hoy, disfrutar el presente, despojarse de prejuicios. Algunos dicen, tal vez este sea mi último Mundial. Probablemente no sea así. Pero, quién sabe. Hay que vivir cada instante intensamente. Disfrutar las alegrías sin tantos cuestionamientos. Abrazar, disfrutar. Eso es un legado muy positivo de la pandemia”, dice Amadasi.
Corazón dividido
Sara  tiene 82 años y poco antes de la pandemia se compró un motorhome con el que recorrió casi toda la Argentina y buena parte de los países vecinos. Ahora lo tiene en venta y busca nuevos horizontes. Y la pandemia le cambió la manera de pensar respecto del fútbol: “Nunca fui muy futbolera. En casa eran de River, y yo nunca entendí mucho. Pero este Mundial me atrapó. Realmente, me atrapó, desde el primer partido que lo estoy viendo con mi nieta, tirada o en la cama, gritando los goles y disfrutando de ese espectáculo tan maravilloso”.
Baki tiene 81 años y el último partido lo vivió con el corazón dividido. “¿Por quién vas a alentar, abuela?”, le decían los nietos. Su nombre completo es María Zivkovic y de ahí el dilema: es croata y cuando tenía 12 años vino al país. Ahora tiene siete hijos, 23 nietos y cinco bisnietos, todos argentinos. Hoy, promete que en su casa, en Panamericana y Márquez, la familia se va a juntar para hinchar por la Argentina. “Messi es el corazón del grupo y es el que marca el respeto. Y el otro chiquilín, Julián [Álvarez], me encanta. Me dan ganas de abrazarlo y darle un besito de abuela”, resume. Veintitrés nietos y todavía su corazón tiene lugar para uno más.

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domingo, 6 de noviembre de 2022

HISTORIAS DE VIDA




Parejas con depresión. ¿Cómo ayudar al otro sin descuidarse a uno mismo?
Sean síntomas estacionales o crónicos, es posible ofrecer amor y comprensión sin resignar la propia salud mental en el proceso
Catherine PearsonHay estudios que sugieren que los síntomas depresivos pueden ser contagiosos
NUEVA YORK.– Jeff Zuckerman y su esposa llevaban casados 30 años cuando ella comenzó a luchar contra el trastorno bipolar y la depresión. Tuvo su primer episodio maníaco de un mes en 2015. Inmediatamente después, cayó en una depresión severa. Las crisis de salud sacudieron al matrimonio.
“Tienes que entender que para ella, la depresión no es tanto tristeza como vacío”, explicó Zuckerman, de 68 años, quien es escritor y editor independiente en Minneapolis. Cuando la depresión de su esposa estaba en su peor momento, permaneció en la cama, con las persianas bajas, durante meses. Dejó de ducharse y apenas hablaba.
“Es una mujer que había sido muy activa y había dirigido nuestra familia. Era madre, trabajaba, y luego cayó en una depresión tan profunda”, dijo Zuckerman, quien escribió el libro Unglued: A Bipolar Love Story sobre amar a un cónyuge en las garras de la enfermedad mental.
Se estima que 21 millones de adultos en los Estados Unidos han experimentado al menos un episodio depresivo mayor, mientras que en algunas partes del país hasta el 10 por ciento de las personas tienen trastorno afectivo estacional, o SAD, un síndrome que tiende a aparecer durante el otoño y el invierno a medida que las horas del día se hacen más cortas.
Cuando uno ayuda a su pareja a sobrellevar una batalla contra la depresión, los expertos dicen que hay formas de brindarle apoyo y al mismo tiempo cuidarse a sí mismo.
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Familiarizarse con algunos de los marcadores físicos y emocionales de la depresión puede ayudarte a identificar si tu pareja simplemente está de mal humor ,“quemada” o viviendo con depresión. Los signos comunes incluyen pérdida de interés en las actividades regulares, cambios en el apetito o el sueño o síntomas físicos inexplicables, como dolores de cabeza o dolor de espalda que tienden a durar al menos dos semanas, según el Instituto Nacional de Salud Mental. Aprender más sobre la depresión y cómo afecta a las personas también puede ayudar a protegerse emocionalmente, responder con empatía y evitar tomar el comportamiento de tu pareja como algo personal. “Si una persona no entiende que su pareja sufre de depresión, puede confundir cosas como la pérdida de interés en el romance o el sexo como un rechazo personal”, explicó Xavier Amador, psicólogo clínico.
Cultivá la curiosidad sobre la experiencia de tu pareja
Cuando la pareja siente dolor, es posible que sientas la necesidad de sumergirte y decir lo que creés que está sucediendo. Pero tratá de liderar haciendo preguntas. Una buena alternativa es hacerle saber que te gustaría entender acerca de lo que está pasando.
Si tu pareja está a la defensiva, el doctor Amador recomienda una estrategia conocida como “escucha reflexiva”. Por ejemplo, si se pregunta al ser querido cómo se siente y dice que está bien y que no pasa nada, conviene responder algo como: “Lo que me estás diciendo es que no pasa nada. ¿Puedo decirte lo que he notado?”
Si uno se esfuerza por liderar con preguntas en lugar de apresurarse a compartir su opinión, es más probable que la pareja se sienta escuchada, no juzgada.
Reconocé tus propias limitaciones
Para ayudar a un ser querido a obtener un diagnóstico y tratamiento, se puede llamar a proveedores potenciales y programar citas, o compilar una lista de médicos. Pero los expertos dicen que también es importante recordar que no se puede obligar a nadie a buscar ayuda, y que presionar demasiado puede resultar contraproducente. “Es un acto de equilibrio”, dijo Lily Brown, directora del Centro para el Tratamiento y Estudio de la Ansiedad de la Facultad de Medicina Perelman. “Por supuesto, uno quiere estar disponible para hablar y sugerir cómo pueden obtener ayuda, pero si estás haciendo demasiado para conducir el bote, la persona que está luchando contra la depresión puede comenzar a sentirse impotente y desesperada”.
Así, uno no debería tener que ser el único apoyo de su pareja, sobre todo en situaciones en las que puede estar en peligro.
Los signos comunes incluyen pérdida de interés en Las actividades regulares, cambios en el apetito o el sueño, o síntomas físicos inexplicables
Priorizá tu salud mental
El doctor Amador señaló que hay algunas investigaciones que sugieren que los síntomas depresivos pueden ser, en cierto modo, contagiosos. “Si vivís con alguien que está deprimido y se siente impotente, y muchas veces no quiere recibir ayuda, entonces podés comenzar a sentirte vos deprimido e impotente”, explicó.
Es imperativo que apoyes tu propia salud mental. Puede que sea útil ver a un terapeuta o unirte a un grupo de apoyo.
Encontrá tiempo para hacer las cosas que disfrutás
También es importante encontrar otras formas de priorizar el cuidado personal. No tiene que llevar mucho tiempo ni ser complicado. Simplemente salir un rato de la casa y hacer tiempo para las actividades de disfrute puede ayudar a proteger el propio bienestar emocional cuando una pareja tiene dificultades.
Pasar tiempo al aire libre en la naturaleza, participar en algún tipo de actividad o mover el cuerpo. Las investigaciones han demostrado, por ejemplo, que trotar durante 15 minutos al día o hacer ejercicio menos extenuante, como caminar o trabajar en el jardín durante una hora, puede tener un efecto protector contra la depresión.
Y “socializar el tiempo que sea necesario”, recomendó el doctor Amador. “Es importante obtener ese apoyo social y liberador”. Se puede animar a la pareja a unirse a uno en los esfuerzos por salir y hacer ejercicio o conectarse con otros, pero se debe tener en cuenta que la pérdida de interés en las actividades es un síntoma de depresión.
La esposa del señor Zuckerman se ha mantenido estable durante tres años y dijo que las cosas en la pareja andan “muy bien”. Van juntos al cine, a conciertos y espectáculos de danza. Cocinan y pasan tiempo con sus nietos. Pero el señor Zuckerman continúa recordándose que no es egoísta para él priorizar el cuidado personal. “Amamos a nuestras parejas y sabemos que es una enfermedad. No se puede culpar a alguien por estar enfermo”, dijo. “Sin embargo, lo que atravesamos como resultado puede ser abrumador”

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lunes, 3 de octubre de 2022

HISTORIAS DE VIDA


Crearon una de las marcas más memorables del país
Los hermanos Adolfo y Roberto les dieron vida a las piletas Pelopincho, en los 60
Matías AvramowAdolfo y Roberto Benvenutti, en San Carlos Centro, donde crearon Pelopincho
“Hacíamos piletas con lona de camión o nos tirábamos agua con la manguera; improvisábamos todo el tiempo”, recuerda Liliana Arias (61), sobrina de los hermanos Roberto y Adolfo Benvenutti, inventores de la Pelopincho. “Lo que hicieron mis tíos es convertir una improvisación en un producto de diseño, con materiales durables y diseños”.
Tiene sentido que la Pelopincho haya surgido de dos tapiceros de autos que vieron en el calor un negocio seguro. Aunque nadie, ni siquiera ellos, concibió en sus inicios el impacto que generaría.
Adolfo y Roberto son parte de una familia de inmigrantes toscanos que se había instalado en Santa Fe capital a fines del siglo XIX. Crecieron con poco, junto a tres hermanos más, y desde muy jóvenes tuvieron que buscar trabajo. A los 14 años, Adolfo consiguió que lo tomaran en una tapicería en Moisés Ville, un pueblo a 177 km de Santa Fe capital. “Aprendió a hacer sillones, alfombrados, tapizar autos e incluso capitoné”, lista Leonardo Benvenutti (40), hijo de Roberto. “La mayoría de las personas en esa época querían trabajar en fábricas y ellos tenían su mente enfocada en crear una”, agrega.
Estaban empecinados con poner un local para tapizar autos. “Adolfo en los tiempos libres se dedicaba a recorrer todas las localidades camino a casa”, recuerda su hijo Fabrizio Benvenutti (54). A mediados de los 60, encontraron un galpón en San Carlos Centro, un pueblo industrial a 50 km de la capital provincial. En ese lugar arrancaron su primera marca de tapicería: “Sufunda”.
Se las ingeniaron para hacerse amigos del dueño de una concesionaria cercana. “Cuando salían los autos nuevos de la concesionaria, los cruzaban y les ofrecían la funda para que no se les arruine el tapizado, era todo un éxito”, recuerda Leonardo.
El primer negocio comenzó a rendir frutos al poco tiempo. Todos los meses desarrollaban ideas nuevas: tapices de diferentes materiales y colores, cubrevolantes y cobertores, todo con la marca Benvenutti SAIC. Tenían catálogos enteros que distribuían por toda la provincia. Después de unos años, se hicieron muy conocidos en la región. “Las concesionarias más importantes de Santa Fe mandaban a retapizar sus autos a San Carlos porque les ponían telas y revestimientos de mejor calidad. Tenían una gran creatividad, que lograron desarrollar a nivel industrial”, recuerda Liliana.
Los hermanos Benvenutti formaron un dúo fantástico. Roberto se convirtió en un as del diseño, mientras que Adolfo desarrolló una capacidad increíble de vender. “Era impresionante cómo Adolfo encontraba vetas de negocio donde mirara. Mi viejo decía que un día se sentaron a pensar en cómo podían aumentar las ventas. Los veranos eran bastante pesados y húmedos... Habrá sido ahí que se dieron cuenta de que esto sería una revolución”, recuerda Leonardo.
En 1965, los Benvenutti mandaron a hacer mallas de pavillion (una tela compuesta de varias capas de fibras plásticas) a Plavinil Argentina y diseñaron una estructura de tubería de aluminio. “Era muy resistente, la tela no se rasgaba y además tenía el revestimiento de colores y diseños diferentes”, agrega Leonardo.
Los primeros dos años fueron de “ensayo y error” hasta que dieron en la tecla. Finalmente, en el verano de 1967 salió el primer modelo al mercado. “Era una pileta en la que entraban cuatro personas, de color azulado. Fui la primera niña en Buenos Aires en tener esa Pelopincho”, presume Liliana.
El éxito fue inmediato. Los hermanos idearon nuevos modelos y diferentes estampados. “Recuerdo ver, desde mi departamento en Caballito, que había Pelopincho en varias terrazas. Incluso muchos las armaban en los balcones”, cuenta Liliana.
Para 1970, los Benvenutti distribuían Pelopincho por toda la Argentina y, unos años después, exportaban. “Eran buenas, bonitas y baratas... justo lo que la gente necesitaba”, agrega Liliana. Cada año las ventas crecían de manera exponencial.
El nombre de las piletas armables fue inspirado en la tira cómica “Pelopincho y Cachirula”, creación del historietista uruguayo que firmaba bajo el seudónimo Fola. Pelopincho era ingenioso y algo torpe, mientras que Cachirula se mostraba irascible. “La tira cómica era tan famosa cuando mis tíos eran chicos que seguramente fue un nombre muy presente en sus infancias”, agrega Liliana.
Fabrizio presume de haber tenido la Pelopincho más grande que hubo en el mercado: “Era la de cuatro metros de largo por dos de ancho, por noventa centímetros de alto... ¡6000 litros de agua!”, describe.
Su padre hablaba poco de otras cosas que no fueran las piletas, pero había tanta euforia en su voz que contagiaba a quien tuviera cerca. “Recuerdo que cuando era chico y pasábamos con el auto por la fábrica, mi viejo tocaba la bocina y empezaba a gritar: “Pe-lo-pincho, Pe-lo-pincho”. Terminábamos todos cantando. Era emocionante”, agrega Fabrizio.
Un emporio que se derrumbó
Para 1972, los hermanos Benvenutti eran dueños de tres naves industriales gigantescas donde trabajaban 300 personas. “Tenían un colectivo exclusivo para empleados de la empresa, iba y volvía todos los días desde Santa Fe”, cuenta Fabrizio.
Tenían máquinas que en esa época solo se encontraban en Europa. Armaron un “laboratorio de productos”, donde un equipo se dedicaba exclusivamente a pensar en nuevas ideas. Vanguardistas, compraron computadoras IBM para hacer más eficiente el análisis de producción y ventas.
Exportaban piletas a Estados Unidos, Chile, Uruguay, España y Brasil. Llegaron a producir 40.000 piletas en una temporada.
A principios de los 80, los Benvenutti encontraron más utilidad en el pavillion: comenzaron a hacer carpas, cocinas rodantes... hasta hospitales móviles que fueron utilizados en misiones humanitarias en África. Antes de llegar a 1990, la empresa Benvenutti SAIC era dueña de 13 marcas y varias patentes.
La Pelopincho era un producto de verano y solo se producía durante algunos meses. Para cubrir los salarios anuales comenzaron a pensar en nuevas opciones. Fabricaron reposeras, sombrillas, cunas e incluso una línea de sillones.
El proyecto de los hospitales móviles fue fruto de la asociación de varias empresas: Ford daba la carrocería sobre la que se montaban los quirófanos, las camillas y las salas de urgencia elaboradas por los Benvenutti. Unos años antes, los hermanos se habían dedicado a crear una línea de carpas para camping llamada Solsticio. Habían ganado una licitación del Ejército nacional para hacer carpas militares, y a partir de eso consiguieron el convenio para hacer los hospitales. “Era un programa del Banco Mundial para asistencia a refugiados que promovía a las industrias de naciones en desarrollo”, explica Fabrizio. Comenzaron a enviar hospitales en 1984, pero no pasaron muchos años antes de que el imperio Benvenutti comenzara a caer en picada.
“La última entrega de hospitales fue en el 88, pero nunca recibimos esa plata”, denuncia Liliana. Según explica, la empresa confeccionaba los hospitales y los embarcaba. Luego enviaba por fax la acreditación al Banco Mundial, que a su vez reenviaba el dinero al Banco Central de la República Argentina. Finalmente, el BCRA enviaba los fondos al Banco Provincia de Santa Fe. “Ese último pago nunca llegó”.
Fue el punto de inflexión para los Benvenutti. Comenzaron a acumular deudas hasta que a la empresa le pidieron la quiebra en 1990. La caída fue tan brutal que Roberto y Adolfo jamás se recuperaron.
Los Benvenutti estaban convencidos de que era una injusticia y desde el 88 tomaron medidas para defender lo que consideraban su patrimonio. Aun así, la compañía fue vendida al empresario Héctor Goette, que en su momento era dueño de Tiburoncito.
“Nos habíamos quedado sin nada. Tuvimos que pedir una casa para vivir porque tampoco teníamos plata para el alquiler. Era un desastre”, denuncia Leonardo.
“Desde el día de la venta comenzamos a litigar para llegar a una revocación de la quiebra”, cuenta Liliana, abogada defensora del caso.
Todavía reclaman el pago al Banco de la Provincia de Santa Fe. Después de 16 años de trajín jurídico, la Corte Suprema provincial dio lugar a los reclamos y trajo un alivio familiar. El juicio aún sigue en curso.
Roberto falleció en 2013, y Adolfo, en 2019. “La última vez que vi a mi tío Adolfo, me repitió una y otra vez: “Nunca aflojes, nunca aflojes”, repasa Liliana.•

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miércoles, 27 de abril de 2022

HISTORIAS DE VIDA


Huyeron de la guerra y volvieron a empezar en la Argentina
Mery Alosh y Haneen Nasser, dos sirias que llegaron hace seis años, reviven el drama de los que buscan un nuevo hogar
Andrea Ventura
Mery Alosh, de 19 años, completó el secundario en el país, estudia en la facultad y se siente segura en Salta, donde vive con su familia
Su vida ya no era más su vida. Estaba en una larga pausa. No tenía presente, y mucho menos futuro. Vivía en medio del terror de la guerra civil siria que comenzó en 2011 después de una manifestación contra el gobierno y que todavía no terminó. Las bombas caían frente a las ventanas del edificio en el que habitaba con su familia en Homs.
Era habitual ver un mar de sangre en la puerta de su casa. La tercera ciudad siria después de Damasco y Alepo se había convertido en uno de los campos de batalla entre las fuerzas armadas y los grupos rebeldes. No podía prácticamente ni asomar la nariz a la calle. Fueron seis meses de encierro obligado, de que les traigan la comida y algún que otro medicamento hasta la puerta. Los negocios cerrados, las calles tomadas por los hombres de ISIS. Con permanentes cortes de luz, sin agua, sin poder ir a la escuela, con lo justo.
Era habitual ver un mar de sangre en la puerta de su casa. La tercera ciudad siria después de Damasco y Alepo se había convertido en uno de los campos de batalla entre las fuerzas armadas y los grupos rebeldes. No podía prácticamente ni asomar la nariz a la calle.

“En 2016 por fin pudimos escapar de la guerra y venir a la Argentina, donde ya habían llegado otros familiares. Ahora vivimos en paz. Extraño, quisiera volver, pero cuando recuerdo el horror por el que pasamos, enseguida se me van las ganas de ir”, recuerda Mery Alosh en perfecto español desde Salta, donde rearmó su vida con su mamá Linda, su papá Maruan y su hermano mayor Fadi. En ese entonces tenía 13 años, no hablaba una palabra de castellano y fue una de los refugiados sirios que vinieron al país.
Escapar de una guerra, volver a empezar en otro país, con apenas unas pocas pertenencias que entran en una valija. En muchos casos sin hablar el idioma del destino al que se llega, sin compartir la cultura y hasta sin conocer a nadie. Un viaje a lo desconocido, pero esperanzador.
El mismo horror que vivió Mery lo están padeciendo los miles de ucranianos que se están repartiendo por Europa occidental y quizás, algunos puedan desembarcar en la Argentina. El empresario y cineasta Enrique Piñeyro, que ya hizo varios vuelos humanitarios con refugiados ucranianos con su ONG Solidaire, tiene la intención de poder traerlos también al país.
Hasta el momento no hay un programa especial que los reciba, aunque desde la Dirección Nacional de Migraciones se autorizó mediante la disposición 417/2022 el ingreso y la permanencia por razones humanitarias a la Argentina a ciudadanos ucranianos y sus familiares.
Según datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), en la Argentina hay 4075 refugiados contabilizados hasta diciembre último. Además, registran 11.082 solicitantes de asilo y más de 160.000 venezolanos desplazados de su país. Entre los refugiados, los sirios representan la tercera nacionalidad con el 11 %. También hay colombianos, peruanos, ucranianos, bolivianos, cubanos y armenios, entre otros.
En 2014 se desarrolló en el país el Programa Siria, un visado humanitario para personas afectadas por el conflicto bélico en la República Árabe Siria que obligó a que 5,6 millones de sirios dejen su país (casi la mitad de la población que había antes de la guerra) y están registrados como refugiados en el extranjero. Así ingresaron sirios que se unieron a la gran comunidad sirio-libanesa que desde hace décadas reside en la Argentina. Muchos se asentaron en el interior del país, donde echaron raíces. En ese entonces, era necesario demostrar un vínculo de sangre entre un llamante argentino y un refugiado sirio, que se comprometía a brindarle alojamiento y manutención por un año, o un plazo menor si podía sustentarse por sus propios medios. A partir de 2016 se actualizó el programa y ya no fue necesario tener un vínculo familiar, pero sí darle contención y acompañamiento. De Siria hay actualmente 433 personas refugiadas en el país.
Mery (así, con e, aunque cuando le hicieron el documento argentino lo escribieron con a) llegó como parte de ese programa. Es una de los tantos jóvenes sirios que hicieron de la resiliencia su nueva bandera, que con valentía se sobrepusieron a un pasado aterrador y avizoran un futuro prometedor en estas tierras, muy alejadas de su antiguo hogar.
"Extraño, quisiera volver, pero cuando recuerdo el horror por el que pasamos, enseguida se me van las ganas de ir", recuerda Mery, que nació en siria y ahora vive en Salta
“No esperábamos que pase todo eso, cada día era peor. Había muchos secuestros, las bombas se caían frente de mi casa. Menos mal que nos salvamos”, rememora Mery. Vendieron todos los muebles y electrodomésticos que tenían para comprar los pasajes. Viajaron por tierra hasta el Líbano, y desde allí con escalas en Dubái y San Pablo llegaron a Buenos Aires. Nunca antes había viajado al exterior. Y su único vínculo con la Argentina era el mate, una costumbre arraigada en el país de medio oriente, primer importador de yerba mate nacional.
“Fue un alivio dejar Siria, estaba contenta, pensando que iba a tener un futuro más lindo. Aunque tuviera un título allá no podría trabajar, porque es muy difícil. Sentía que no tenía más futuro, no sabía para qué estudiaba”.
Fueron a Salta, porque ya había otros familiares, tíos maternos y abuelos, que habían llegado por la misma situación un poco antes y los ayudaron a tramitar los papeles. Al principio vivieron con ellos hasta que pudieron establecerse, alquilar en otro lado y conseguir trabajo.
"El primer año fue terrible, me costó mucho, pero estoy muy agradecida con la gente de Salta y con el Colegio María Auxiliadora, porque no hablaba una palabra de español ni de inglés y me ayudaron mucho. Al principio no me podía acostumbrar ni con el idioma ni con las costumbres."
Mery Alosh
“El primer año fue terrible, me costó mucho, pero estoy muy agradecida con la gente de Salta y con el Colegio María Auxiliadora, porque no hablaba una palabra de español ni de inglés y me ayudaron mucho. Al principio no me podía acostumbrar ni con el idioma ni con las costumbres. Me acuerdo que me decían que haga los exámenes en árabe, que escriba por ejemplo sobre un tema que sepa, que me esfuerce, que no pierda el ritmo. La profesora de lengua me ayudaba a conjugar los verbos, pero yo no entendía ni siquiera qué significaban”, cuenta, ahora entre risas. Durante el segundo año el español comenzó a fluir, se hizo amigos con los que podía hablar sin el traductor del teléfono y empezó a avanzar en el colegio, hasta terminar en 2020. Ahora cursa el segundo año de la carrera de Turismo y se siente completamente integrada a la sociedad. Sueña con ser tripulante de cabina.
Todavía añora muchas cosas de su vida en Siria, pero cree que nunca más vivirá allá, aunque no pierde la esperanza de volver algún día de visita. “Acá me se siento libre. Al margen de la guerra, allá por ejemplo no podía usar short o vestido para ir a la calle. Tampoco remera de manga corta. Me hacía enojar mucho esa situación.” Mery es de familia católica, una minoría en un país de tradición musulmana. “Mis compañeras me hacían bullying por no ser musulmana, decían que era pecadora”.
A sus padres no les resulta tan sencillo como a Mery y a su hermano, que trabaja en una librería: “Para ellos fue muy difícil, hasta hoy les cuesta el idioma. Mamá empezó a cocinar para vender comida árabe y papá trabaja en un comercio de venta de alimentos. Están buscando algo mejor. De todas maneras, mientras no haya guerra para mí está todo bien”.
Sola, de Siria a La Pampa
Haneen Naseer también llegó a la Argentina en 2016 huyendo de la guerra, pero en su caso lo hizo sola, con apenas 24 años, sin conocer a nadie, sin hablar español y con una única valija como pertenencia. En Latakia, una pequeña ciudad siria sobre el Mediterráneo, que todavía añora, quedaron sus padres y sus dos hermanos (uno años después su hermana logró radicarse en Rumania).
Haneen Nasser llegó sola a Santa Rosa, allí conoció a Besim y se casaron; juntos crearon Arabian, un emprendimiento gastronómico
"“Es muy feo dejar tu casa, tus cosas, yo por suerte no tenía que dejarlo sí o sí. A mí no se me cayó la casa encima, como veo que les pasa ahora a muchos ucranianos. Yo elegí salir porque no tenía futuro. No se podía vivir así, con miedo, bombas que explotaban en autos, no teníamos luz, nos cortaban todos los días varias horas, mis amigos se iban afuera”"
Haneen Nasser
Su destino era La Pampa, sitio que nunca había escuchado nombrar antes, pero que ahora asegura que es su lugar en el mundo, aunque todavía no se acostumbre al calor del verano. Por medio de Facebook entabló amistad con una chica pampeana que ofició de llamante y la ayudó a establecerse en la provincia. Luego de vivir unos meses en Parera se instaló en Santa Rosa, donde vive actualmente.
“Es muy feo dejar tu casa, tus cosas, yo por suerte no tenía que dejarlo sí o sí. A mí no se me cayó la casa encima, como veo que les pasa ahora a muchos ucranianos. Yo elegí salir porque no tenía futuro. No se podía vivir así, con miedo, bombas que explotaban en autos, no teníamos luz, nos cortaban todos los días varias horas, mis amigos se iban afuera”, cuenta.
Nunca había pensado irse de su país, no estaba para nada en sus planes, pero cuando la situación era irreversible, cuando veía que muchos se iban, se empezó a preguntar cómo sería vivir afuera.
En Siria había estudiado fotografía (vendió su cámara para comprar el pasaje a la Argentina) y literatura inglesa, lo que le permite comunicarse en inglés con facilidad.
“El primer año fue duro, con muchas lágrimas, extrañaba, me sentía insegura, pero desde que empecé a hablar mejor español me fui adaptando mejor.”
Al poco tiempo de llegar conoció a Besim, de la comunidad sirio-libanesa, que habla perfecto inglés y hacía de traductor. Con el tiempo se enamoraron y el año pasado se casaron. Aquí descubrió una nueva pasión: la gastronomía. Junto con su marido llevan adelante el emprendimiento Arabian. Preparan platos típicos sirios y libaneses, recetas aprendidas de su mamá y de su abuela y los venden con la modalidad delivery. Están planeando crecer y abrir un restaurante para ofrecer una experiencia completa, no solo gastronomía; de alguna manera traer su tierra a Santa Rosa, con una ambientación especial.
“Me siento muy argentina, estoy tramitando la ciudadanía. Volver a Siria ya no, va a ser difícil, me acostumbre acá, ya tengo familia. Me gustaría ir de visita, que conozcan a mi marido, pero mi lugar es acá”.
¿Por qué a Mery y a Haneen se las considera refugiadas y no migrantes? “Para nuestra legislación se considera refugiado a toda persona que tiene fundados temores de ser perseguido por diferentes motivos, que pueden ser basados en la raza, religión, nacionalidad, opiniones políticas. También se considera refugiado al que ha tenido que salir de su país porque el lugar que habitaba está en situación de conflicto generalizado que pone en riesgo su seguridad, su libertad, sus derechos”, explica Gabriela Liguori, directora de Caref, comisión argentina para refugiados y migrantes. Esta organización ecuménica, conformada por iglesias protestantes históricas de argentina, de larga trayectoria, asiste de manera interdisciplinaria y gratuita a refugiados y migrantes en condiciones de vulnerabilidad, para garantizar sus derechos. Ante la consulta de si podrían venir refugiados ucranianos Liguori asegura que acá hay mucha capacidad instalada, institucional y de personas interesadas en acompañar de manera solidaria pero que “no puede ser algo que se libre al azar, sino que requiere regulación desde el estado. La recepción debe ser acompañada, porque hace más de 20 años hubo un programa para migrantes de Europa del Este, donde se les facilitaron los papeles pero tuvo muchas falencias, no recibieron el acompañamiento que necesitaban y no habría que repetir los mismos errores”, finaliza.

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miércoles, 14 de julio de 2021

HISTORIAS DE VIDA


Cambio de vida. Visitó un campo de refugiados en Grecia y encontró su vocación
Belen (derecha) junto a su amiga Sahar, refugiada de Afganistán
En aquel campamento de Atenas, Belén Monje conoció de cerca el desamparo y, conmovida especialmente por la situación de las mujeres, creó Blooming Project para acompañarlas, contenerlas y generar trabajo
Alejandro Gorenstein

Cuando Belén Monje (33 años) supo que un grupo de argentinos viajaría a Grecia para asistir a refugiados de guerra, no lo dudó. Acompañante terapéutica y operadora socio-comunitaria, siempre definió el interés por otras culturas y la vocación de servicio que le dio su fe cristiana como los dos grandes ejes de su vida. No había mucho más que pensar. Así fue como a comienzos de 2016 se unió al equipo de la ONG Remar, que trabaja en más de 70 países brindando ayuda humanitaria y asistencia a personas que se encuentran en emergencia social, y en junio de ese mismo año subió a un avión con la esperanza de poner su granito de arena.
Una vez en Atenas, pisó por primera vez un campamento de solicitantes de asilo provenientes de Afganistán y se quedó impactada. “Me encontré con un crisol de necesidades de todo tipo. Las personas vivían en carpa, no tenían baño privado, les faltaba comida, ropa. Pero, sobre todo, precisaban atención en su salud mental–recuerda–. Venían huyendo de la guerra y de otros peligros para llegar a Europa. Lo que más me llamó la atención fue la actitud de la mayoría de ellos: eran resilientes, amables con nosotros, nos compartían de su escasez”, describe Belén 
Aquel primer viaje duró apenas dos semanas. Sin embargo, esos días calaron hondo en ella y se prometió volver en cuanto pudiera para poder acercarse especialmente a las mujeres, que se mostraban un tanto distantes. Claramente, había barreras idiomáticas y culturales.
Meses más tarde regresó a Atenas con un plan definido: se instaló en un departamento de la ONG junto a otros voluntarios y su rutina se circunscribió al campamento: apenas salía el sol, ella llegaba al lugar. “Ahí me dedicaba a desarrollar actividades recreativas con los chiquitos. Luego almorzábamos y retomábamos las tareas con ellos o distribuíamos las donaciones. A la tarde volvíamos a la casa. En medio de la rutina en el campo, charlábamos con las personas, conocíamos sus historias, compartíamos un té con ellos, fuimos creando vínculos sobre todo con las mujeres, que han atravesado situaciones muy fuertes, no solo en sus países de origen, sino en su condición como solicitantes de asilo en Grecia”.
Sin embargo, una de sus mayores preocupaciones era la falta de planificación estratégica a largo plazo para resolver la situación de los solicitantes de asilo. “Ellos necesitan desarrollar proyectos de vida y pasar por un proceso de sanidad emocional. Me conmovía especialmente la mirada apagada en los hombres y la situación de la tercera edad”.
¿Qué es Blooming Project?
La sensación de angustia y la impotencia siguieron cuando regresó a la Argentina un año después. “¿Listo? ¿Eso fue todo?”, se preguntaba. Entonces, de a poco, comenzó a gestar la idea de armar un proyecto para mejorar y multiplicar la experiencia con las mujeres refugiadas, a través de la estética.
Se especializó en cosmetología y también realizó las formaciones de manicura profesional, esmaltado semipermanente y maquillaje social. Solo faltaba dar el último paso: la puesta en marcha de Blooming Project, un proyecto cuyo principal objetivo sería generar espacios estéticos y terapéuticos que aportaran a la salud mental, brindar cursos de formación para que estas mujeres pudieran tener un oficio y una salida laboral y realizar un servicio integral respetando su cultura. Con el apoyo de una amiga dispuesta a viajar con ella, Belén comenzó un periplo por diferentes lugares de Argentina promocionando su idea y recolectando cosméticos donados por empresas y particulares. Finalmente, tras contactarse con Love and Serve without Boundaries, una ONG que asiste a refugiados y migrantes, consiguió las instalaciones que precisaba para poner en funcionamiento un verdadero trabajo en red.

A través del cuidado estético, las mujeres refugiadas fueron creando fuertes lazos de amistad

“Desde el año 2018 estamos trabajando en esta iniciativa y hemos comprobado que la estética, como proyecto social, facilita el empoderamiento de las mujeres. Las actividades que desarrollamos con ellas generan espacios amistosos y de contención emocional, lazos que nos permiten compartir un amor sin fronteras. Tenemos más de 30 egresadas, la mayoría afganas. Dictamos capacitaciones, entregamos certificados y materiales para que, las que quieran, puedan empezar a trabajar como manicuras”, cuenta Belén. Y agrega: “También ofrecemos sesiones de tratamientos faciales, henna y manicura como si fuera un salón de estética abierto. Lo más relevante de nuestro proyecto es que quienes fueron nuestras alumnas son ahora las profesoras y enseñan a sus compatriotas en su lengua materna, que es persa”.

Una clase manicuría dictada en persa por las mismas mujeres que antes fueron alumnas

Más allá de las actividades de estética, Belén y el resto de los voluntarios compartieron la cotidianidad con estas mujeres, la vida misma. Fueron parte de sus cumpleaños, mudanzas, enfermedades o duelos. “Y ellas fueron parte de nuestras realidades también, como cuando nos quedamos varadas allá por el Covid. La amistad es lo más valioso que toda esta experiencia me dejó. A muchas las siento realmente como hermanas”, se emociona.
Zibā
Belén tiene guardadas un montón de historias con nombres propios de mujeres que conoció en sus viajes. Muchas de estas experiencias las cuenta en su libro Amando sin fronteras. La vida en los campamentos de refugiados. Una de las que más la marcó fue Zibā, quien no sabía su edad real porque su fecha de nacimiento nunca había sido registrada. Por lo tanto, nunca había tenido un festejo por su cumpleaños. “Nunca había tenido una torta, nos pareció una situación muy triste e injusta. Le dijimos que eligiera un día para que de ahora en más fuera un recordatorio de su llegada al mundo. Ella eligió una fecha y entonces le preparamos una gran fiesta. Jamás voy a olvidar su cara cuando vio la decoración, la comida, la torta y los regalos. A veces, el amar al otro se expresa en cosas simples”.
A raíz de la pandemia todavía no pudo retornar a Grecia y actualmente los protocolos complican la posibilidad de retomar las clases. Sin embargo, ella es optimista y cree que en poco tiempo se retomarán las actividades. Mientras tanto, desde la Argentina, sigue en comunicación con las mujeres, por medio de WhatsApp y las redes sociales. Además, aprovecha para promocionar el proyecto en busca de fondos destinados a los nuevos cursos.

Participantes de Blooming Project

Hoy, Belén utiliza este tiempo en Punta Alta, su ciudad natal, para aprender persa con un profesor argentino del Instituto Salman Farsi y así poder tener una mejor comunicación el día que regrese a Atenas. “No hablo persa aún, estoy aprendiendo. Pero ya el poder intercambiar algunas frases en su idioma nos conecta de otra manera, para ellas es muy importante. La idea es en un futuro ya no comunicarme en inglés como idioma puente, sino directamente en persa. Sé que va a llevarme tiempo, pero es necesario”, se ilusiona.
Su máximo anhelo es poder viajar antes de fin de año ya que extraña mucho a sus amigas afganas y espera poder compartir con ellas muchos meses por delante. “Lo que más quiero es que puedan disfrutar de una vida plena en completa libertad”, asegura.
Sin dudas, su vida se divide entre un antes y un después desde aquella vez, en 2016, en que conoció el campo de refugiados en Atenas. Ese intercambio amoroso, ese ida y vuelta sin asimetrías y las vivencias que guarda son, en definitiva, lo que le otorga sentido a su vida. “Esta experiencia me enseñó a valorar el día a día y la libertad que tengo. También me llevó a renovar mi servicio a otros, a través de mi fe”, concluye.


Más info del proyecto: @blooming.projectar
Si querés contar tu historia, podés escribirle a alejandrogorenstein@gmail.com

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viernes, 2 de julio de 2021

HISTORIAS DE VIDA


Pilotas: cómo se abren paso en un ámbito dominado por hombres
Las mujeres aviadoras en las líneas áreas del país no llegan al 2%, pero sienten que ya quedaron atrás los tiempos de discriminación y rechazo
A. V
Mariela fue una de las primeras capitanas de la Fuerza Aérea, luego siguió su carrera en la aviación civil y ahora vuela en Flybondi
Todavía es muy infrecuente. Apenas hay unas pocas posibilidades de que la comandante o la copiloto de un avión sea una mujer. Y más improbable aún en una ruta por la Argentina. Pero esta profesión prácticamente reservada a los hombres suma, a paso lento, cada vez más mujeres que se sientan en la cabina, derriban prejuicios que todavía siguen imperando y levantan vuelo.
Solo el 5,1% de los pilotos en el mundo es mujer, y solo 1,42 capitana, según datos actualizados al 2020 de la Asociación International de Mujeres Pilotos de Avión (ISA21), una agrupación que desde 1978 busca la camaradería y el apoyo a mujeres que emprenden la actividad. El crecimiento de las pilotas, palabra aceptada recientemente por la Real Academia Española como femenino de piloto (aunque también se puede seguir usando la expresión “la piloto”), es lento, pero constante. Para visibilizar este crecimiento en los últimos años se volvieron habituales para ciertas fechas los vuelos integrados sólo por tripulantes mujeres, tanto en las aerolíneas internacionales como en las nacionales. Hace apenas unos meses, el 1° de abril, Air France realizó un vuelo piloteado exclusivamente por mujeres entre París y Buenos Aires (y su continuación a Santiago de Chile) para homenajear a Adrienne Bolland, que cien años atrás fue la primera aviadora en cruzar los Andes.
Las tres aerolíneas comerciales que operan en el mercado argentino cuentan con mujeres en su staff de pilotos, pero todavía en porcentajes bajos. En Aerolíneas Argentinas, tienen 11 pilotas sobre una plantilla total de 1168. En Flybondi se desempeñan dos mujeres y 50 varones y en Jetsmart, solo una entre 48 hombres. El porcentaje de mujeres en las líneas aéreas del país no llega al 2% y está por debajo de la media mundial. El país con más porcentaje de mujeres pilotos es la India, donde representan el 12,4%.
Mariela  integra ese pequeño grupo de mujeres pilotas argentinas. Actualmente, con 37 años, es primera oficial en la aerolínea low cost Flybondi y logró abrirse paso en un mundo de hombres para cumplir sus sueños. “¿Por qué hay tan pocas mujeres pilotos? Realmente no lo sé y me lo pregunto, quizás sea algo de miedo; lo quieren, lo piensan, pero no saben si van a poder y también influye un poco el tabú de entrar en un mundo de hombres, pero se puede”, reflexiona 
Se sienten siempre observadas y hasta todavía son blanco de chistes y bromas cuando los pasajeros descubren que es una mujer la que está al mando de la nave, aunque cada vez más reciben felicitaciones y las reacciones son positivas. Santamaría trae una anécdota: “Solo recuerdo una vez que una pasajera, que era una señora mayor, no quería subir. Pero la convencí, le expliqué que por algo estaba en esa función y enseguida se embarcó”.
La carrera  comenzó en el ámbito militar: integró la segunda camada de mujeres en la Fuerza Aérea, llegó al grado de capitana y fue la primera argentina en volar en la Antártida y en pilotear un Hércules. “De chica siempre decía que quería ser piloto, que quería volar, pero mis padres no me podían pagar la carrera, las horas de vuelo, que son muy caras, así que averiguando vi la oportunidad en la Fuerza Aérea, donde empezaban a entrar mujeres para la carrera de oficiales en la Escuela de Aviación Militar. Sólo egresamos cinco chicas en esa promoción”, cuenta.
Pero no le fue tan sencillo: la mamá la apoyaba, pero el papá al principio le dio un no rotundo e intentó disuadirla con otras profesiones cercanas, como azafata o ingeniera, porque le decía que nunca la iban a dejar volar. Pero la decisión estaba tomada. Con 17 años se fue a Córdoba a hacer la carrera militar, un ámbito con el que su familia no tenía ningún vínculo: “Las mujeres nos tuvimos que abrir el camino, siempre nos sentimos muy observadas, siempre teníamos que demostrar que estábamos capacitadas. Era una institución de tradición masculina, ellos no sabían cómo tratarnos, no teníamos mujeres superiores, fue un cambio muy grande para todos, tuvimos que romper muchos paradigmas, pero valió la pena”. De esos años de trabajo en la Fuerza Aérea recuerda especialmente los vuelos de ayuda humanitaria a diferentes países y ciudades del interior. Esos vuelos la llevaron a la Antártida, para abastecer a las bases y convertirse en la primera argentina en anevizar, como se les dice a los aterrizajes sobre la nieve, en el Continente Blanco. “Volar en la Antártida es una de las mejores experiencias que tuve, aunque la parte operativa es muy complicada con pistas cortas, vientos, hielo, pendientes”.
En 2018, con 17 años de carrera en la Fuerza Aérea, dejó la aviación militar para pasar al ámbito civil, un nuevo desafío. “Fue una decisión difícil, pero quería por un lado más tiempo para mí, porque la carrera militar es muy sacrificada, y por otro me entusiasmaba volar aviones más grandes, con pasajeros, como el Boeing, que es espectacular. Antes volaba aviones a turbohélice, nunca había piloteado reactores”. Así comenzó un nuevo capítulo como piloto y desde hace tres años cubre rutas en el mercado doméstico con un promedio de entre 60 y 70 horas de vuelo mensuales.
"Creo que las mujeres nos autoexigirnos más, tenemos que estar demostrando todo el tiempo que podemos, que estamos capacitadas. Tenemos que ser siempre un 10 en capacidad, conocimiento, en todo. No nos podemos permitir el error"
Actualmente se siente a la par con los hombres y ya no tiene que demostrar que sabe más, que está capacitada, pero le costó llegar a eso: “Creo que las mujeres nos autoexigirnos más, tenemos que estar demostrando todo el tiempo que podemos, que estamos capacitadas. Tenemos que ser siempre un 10 en capacidad, conocimiento, en todo. No nos podemos permitir el error. Queremos demostrar que sabemos porque siempre hay alguien atrás diciendo que la pusieron ahí porque tiene linda cara.”
Pasión por volar
Lucía  a pesar de sus 26 años tiene una larga experiencia en volar aviones, porque su primer vuelo de bautismo lo hizo a los 16 años. Ella también considera que hay que romper estereotipos sociales, que hay pocas mujeres en la actividad porque de chicas nadie las incentiva a seguir esta carrera. “Muchas incluso hoy no saben que pueden hacerlo, se siguen preguntando si se puede, hay una puerta cerrada que hay que abrir” reflexiona.
Lucía  tiene 26 años y es pilota de Airbus 320 en Jetsmart
Su vocación la heredó del padre, que fue comandante de Aerolíneas Argentinas (ahora está retirado) y siempre fue un apoyo incondicional. Lucía ahora es piloto de Airbus 320 en Jetsmart Airlines, otra de las low cost que vuelan en la Argentina, donde se desempeña como primera oficial.
Desde chica tuvo la oportunidad de viajar mucho y siempre soñó con ser piloto: “Volar es mi pasión. En la adolescencia, cuando viajaba como pasajera, ya veía que había pocas mujeres pilotos y me surgió la curiosidad. Le empecé a preguntar a mi papá qué posibilidades tenía, cómo tenía que hacer para iniciar la carrera. Me dijo que era un ambiente machista, pero nada me desalentó”, cuenta.
Lucía comenzó a hacer las primeras instrucciones a los 17 años, ni bien terminó el secundario, en el Aeroclub Matanza, y al año se recibió de piloto privado.
“Recuerdo que cuando hice mi primer vuelo de bautismo me di cuenta que me apasionaba y que quería hacer esta carrera. Ahí arranqué y no paré más hasta lograr ser piloto de línea aérea. Éramos muy pocas mujeres, algunas había, pero siempre me sentí muy cómoda: el Aeroclub Matanza es como un club y se genera compañerismo. Con los años cada vez empecé a ver más mujeres en la actividad”.
A pesar de tener un padre comandante, del cual recibió innumerables consejos, el camino para ser piloto profesional es largo y costoso y demanda mucha constancia y sacrificio.
Mientras hacía el curso de piloto, también hizo el curso de tripulante de cabina y comenzó a trabajar para poder seguir costeando la carrera. Tiempo, dinero y perseverancia, los pilares, según define Lucía, para seguir en esta profesión.
Para poder sumar horas de vuelo, algo imprescindible para avanzar, junto con un amigo compraron un avión biplaza pequeño, un Aero Boero 95 H3 y empezó a volar y volar cada vez que tenía un día libre y a invertir cada peso que ganaba en el mantenimiento del avión.
“Me tomaba el colectivo desde Caballito y me iba hasta el aeropuerto de Morón, donde dejábamos el avión. Tenía licencia de piloto privado, pero todavía no para conducir autos. También en Morón hice el curso de piloto comercial, de instructor y de piloto comercial de primera”.
"Siempre va a estar la mirada de la mente antigua, pero ya son minoría. Hoy la gente que me ve en la cabina se sorprende pero para bien, por ver algo distinto, no hay rechazo"
La particularidad de la carrera de piloto es que, además de los cursos necesarios, se necesita sumar horas de vuelo. Para ser piloto de línea aérea se requieren al menos 1500 horas de vuelo.
Cuando Jetsmart inició las operaciones en la Argentina, Lucía fue la única mujer que se presentó a la convocatoria, la tomaron y se alegraron de tener una pilota en el staff. Siente que muy de a poco se va camino a una igualdad y está orgullosa de que se puedan ir rompiendo con esas barreras machistas que quedaban: “Con esfuerzo y dedicación se puede. No me siento diferente, sino un piloto más”.
También reconoce que la carrera de piloto es muy competitiva, que son muy autoexigentes y que los desafíos que se presentan son de la profesión, más allá del género. “Siempre va a estar la mirada de la mente antigua, pero ya son minoría. Hoy la gente que me ve en la cabina se sorprende pero para bien, por ver algo distinto, no hay rechazo. Aunque siempre se desliza algún comentario machista. Hace poco en una escala, cuando estábamos haciendo carga de combustible, un hombre desde abajo me preguntó si las mujeres estacionan los aviones como estacionan los autos. Hice como que no lo escuché, no me llegó ese mensaje”.

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martes, 11 de mayo de 2021

HISTORIAS DE VIDA


Ligeros de equipaje, encontraron en Europa paraíso y refugio
Junto a su hijo y con dos valijas cada uno, Ana y Aldorecalaron en Palma de Mallorca, dispuestos a iniciar una nueva vida
C M. R.R.


Ana y Aldo, de cara al encanto de la costa de Palma de Mallorca: en la isla española encontraron su nuevo lugar en el mundo
La ida de su hijo a vivir a Alemania y el triunfo del Frente de Todos en las PASO de agosto de 2019 terminaron de convencer a Ana  y a su marido, Aldo , de algo que ya venían barruntando: irse del país. “Otra vez el kirchnerismo, no”, se dijeron.
Por estos tiempos, muchos argentinos quieren, o sueñan, o fantasean con radicarse en el exterior, lejos de estas tormentosas playas. Ellos lo hicieron. Ambos jubilados, desde enero del año pasado viven en Palma de Mallorca, España. “Enseguida de llegar comprobamos que habíamos tomado la decisión correcta. No nos equivocamos”, dice Ana, periodista, 67 años, que fue prosecretaria general de Redacción directora de Para Ti y subdirectora de Gente. Aldo, de 79 años, tiene una extensa trayectoria como reportero gráfico en Canal 9, Atlántida, Perfil y Clarín.
“Veníamos siempre para las fiestas de fin de año porque Aldo tiene a casi toda su familia acá –cuenta Ana–. En 2018, Franco [su hijo, jinete federado de salto, de 19 años] fue a hacer una clínica de equitación a Hamburgo. Le encantó, y cuando volvió nos dijo que se quería ir a vivir a Alemania. Eso nos hizo pensar… En realidad, ya durante el gobierno de Macri veníamos diciendo: si gana el kirchnerismo, nos vamos. Después de las PASO me agarró una depresión terrible y se aceleró la decisión”.
Empezaron entonces un proceso que duró cinco meses y resultó ser muy doloroso: desprenderse de todo, casi literalmente. Vivían en una casona de San Telmo, frente al Parque Lezama, atiborrada de libros, cuadros, archivos, fotos, cartas, recuerdos… Entre lo que regalaron, vendieron o tiraron, incluida ropa, no les quedó prácticamente nada.
Empezaron entonces un proceso que duró cinco meses y resultó ser muy doloroso: desprenderse de todo, casi literalmente. Vivían en una casona de San Telmo, frente al Parque Lezama, atiborrada de libros, cuadros, archivos, fotos, cartas, recuerdos… Entre lo que regalaron, vendieron o tiraron, incluida ropa, no les quedó prácticamente nada. “Nos vinimos con dos valijas y un carry on cada uno, y el perro. Fue muy fuerte ese desapego al estilo Marie Kondo, un impacto psicológico que todavía siento. Quemamos las naves”.
La familia completa en Palma: viajaron en enero de 2020; Ana y Aldo viven en un departamento céntrico y disfrutan a diario del aire del Mediterráneo; Franco se radicó en Alemania
Debacle argentina
Llegaron el 23 de enero de 2020 a la isla de playas de ensueño y sol eterno, la que eligieron, como escribió Ana, “Robert Graves para morir y Chopin y Sand para amarse”. Se instalaron en un departamento amplio y luminoso en el barrio antiguo, a dos cuadras de la Plaza Mayor y a cinco del Paseo Marítimo; pleno centro de la ciudad. Disfrutaban aún las mieles de ese paraíso sobre el Mediterráneo, atracción de turistas de todo el mundo, cuando irrumpió la pandemia, que tuvo a España como una de sus principales víctimas en Europa.
Pero el mes que pasaron sin encierro y aun lo que vino después, allá y acá, les confirmó que la decisión de emigrar había sido acertada. Nada de lo que trajo el retorno del kirchnerismo al poder, dice, los sorprendió. “No hay día que no lea los diarios de Buenos Aires, porque como argentina y como periodista sigo muy pendiente de todo, y al ver las cosas que están pasando sé que si estuviese allá emocionalmente me haría muy mal. Los gobiernos de Néstor y de Cristina me afectaron muchísimo. No queríamos volver a vivir eso”.
La pandemia es terrible para cualquier país, sostiene, pero más para la Argentina. “Hay una debacle institucional que agrava todo. Los tejes y manejes que han hecho con las vacunas directamente es criminal”. Repite dos veces esa calificación: “Criminal, criminal”. Está convencida de que más temprano o más tarde sobrevendrá una crisis política que “será terrible”.
Sigue con especial preocupación lo que está ocurriendo con el Poder Judicial. “Si te metés con la Justicia como se está metiendo el Gobierno, es una señal inequívoca de que las cosas van mal, muy mal. La verdad, no veo la salida, no veo una luz al final del túnel”.
España, advierte, no es una panacea. También ahí encuentra grieta, discursos de excesiva agresividad y, como en muchos países, peligrosos brotes de populismo. “Pero hay anticuerpos, hay reaseguros. La Unión Europea está muy encima de lo que es el funcionamiento de las instituciones, y entonces podés estar tranquilo”.
En brutal contraste con las recurrentes crisis económicas argentinas y sus crónicos procesos inflacionarios, a poco de vivir allá les llamaron la atención dos cosas: que las monedas se usan, tienen valor, y que los precios no suben.
Como buena periodista, Ana sigue las noticias, tanto de la Argentina como de España
“Es increíble eso”, dice. Salvo contadas excepciones, por todo lo que compran hoy pagan exactamente lo mismo que pagaban cuando llegaron, hace 15 meses. Como que no terminan de acostumbrarse a esa rareza de no tener que hacer cálculos o especulaciones sobre si conviene apurarse a comprar algo “antes de que suba”.
Choque cultural
Otro choque cultural fue comprobar en las calles que la prioridad de los peatones no es algo que se declame en los carteles, sino una estricta realidad; que las velocidades máximas son respetadas, y que la inseguridad directamente no es un tema. “Lo mismo con las mascarillas [tapabocas]. Todo el mundo las usa”.
Aun en tiempos de Covid, Ana y Aldo no dejan de deslumbrarse con las prestaciones del sistema de salud pública. “Es excelente. Yo no tengo prepaga o medicina privada ni obra social: como residente estoy cubierta por una tarjeta de salud que me da acceso a todo en forma gratuita. La atención, las instalaciones –en su mayoría, hospitales universitarios– y los médicos son de primer nivel. Hay centros de salud distribuidos por la ciudad, y si estás enfermo o querés consultar algo, llamás al que te corresponde por tu zona y hablás con tu médico de cabecera. Y si es urgente, enseguida te mandan una ambulancia. Son los beneficios del estado de bienestar”.
Cuando el médico de cabecera receta algún medicamento, los precios son bajísimos, a veces unos pocos centavos, porque están fuertemente subvencionados por el Estado.

Es cierto, admite, que en los peores momentos de la pandemia hubo fallas y el sistema se vio superado y hasta colapsado, lo que generó muchísimas críticas; pero ya se han puesto en marcha planes y reformas para que eso no vuelva a ocurrir.
También hubo importantes retrasos en la llegada de las vacunas, algo que solo ahora se está regularizando. “En las últimas semanas llegaron muchos millones, especialmente de Pfizer y Janssen”. Aldo ya recibió las dos dosis, y Ana, la primera la semana pasada. Mientras, avanza el desarrollo de cuatro vacunas totalmente españolas, que podrían estar disponibles el año próximo o en 2023.
Antes del viaje la familia se despojó de todo: solo llevaron dos valijas y un carry on cada uno, y el perro
De la Argentina extrañan las reuniones con amigos y las comidas en torno de una buena mesa; Ana es una eximia cocinera, y llegó a tener un blog y publicó un libro de recetas. Hoy, solo Aldo disfruta de sus platos. “Acá se come muy bien, por supuesto. Y a mí, cocinar me relaja. Pero, claro, nosotros nos tomamos muy en serio la cuarentena, incluso más allá de las normas y protocolos, y hace más de un año que salimos poco y que no nos reunimos prácticamente con nadie. Hace unos días sí vinieron a comer familiares de Aldo. Yo salgo a hacer compras, a pasear el perro y a caminar por el Paseo Marítimo, y los domingos vamos a misa”.
Sufrir de lejos
En todos lados –supermercados, shoppings, estadios, cines, teatros, iglesias…– los aforos son muy estrictos “y se cumplen a rajatabla porque hay muchos controles”. La semana pasada hubo una ampliación del horario de atención de bares y restaurantes, solo en terrazas y veredas, hasta las 10 de la noche (antes cerraban a las 8); ahí empieza el toque de queda, hasta las 6. “Cada tanto la policía descubre alguna reunión clandestina”.
Disfrutar de su nueva calidad de vida: tal la fórmula de Ana en Palma de Mallorca, paraíso pero también refugio
Echarse a andar por la costa del Mediterráneo, retozar en la playa, leer muchísimo, ver solo noticieros y programas políticos en la televisión, disfrutar de su nueva calidad de vida: tal la fórmula de Ana y Aldo en Palma de Mallorca, paraíso pero también refugio.
Ella iba a venir al país en abril para visitar amigos y, sobre todo, a dos hermanos en San Luis, que atraviesan problemas de salud (“Somos muy unidos y no veo la hora de abrazarlos”), pero tuvo que retrasar el viaje por una fuerte angina; lo reprogramó para septiembre.
A Franco, que vive en Renania, donde salta y prepara caballos, lo extrañan de cerca. A la Argentina la sufren de lejos.

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domingo, 20 de septiembre de 2020

HISTORIAS DE VIDA,


La vida novelesca del científico que nos acercó a las estrellas
Pese a padecer una terrible enfermedad, expandió el conocimiento del cosmos y lo acercó a las multitudes que leían sus libros o seguían sus apariciones públicas

Es septiembre de 2012.milesde personas colman la sala del Flint Center de San José, California, con la mirada fija en el gran escenario. Súbitamente, estallan los aplausos y todos se ponen de pie. Los focos iluminan la figura desgarbada, con la cabeza inclinada hacia un costado, las manos entrelazadas y las piernas flexionadas sobre la silla de ruedas, del científico más famoso del mundo,
Stephen Hawking. La cámara toma un primer plano de sus anteojos, sobre los que está montado el sensor de alta velocidad que le permite elegir letras o palabras en una pantalla conectada con un sintetizador de voz, con solo realizar un imperceptible movimiento de la mejilla, el último músculo que puede controlar.
STEPHEN HAWKING - Antes De Que Fallecieran - BIOGRAFIA - YouTube
“Mi nombre es Stephen Hawking –se escucha, en el tono monocorde que emite el sistema electrónico–. Durante los últimos cincuenta años he viajado por el mundo dando conferencias acerca del espacio y del tiempo, y de las leyes que gobiernan el universo. Este film es un viaje personal a través de mi vida.” Así se inicia Hawking, the Remarkable Story of a Beautiful Mind, film presentado en 2013 que pasa revista a su vida y su obra. Junto a la autobiografía Breve historia de mi vida (publicada en inglés en 2013), ofrece un testimonio sobrecogedor de quien es considerado por algunos el heredero de Einstein, tanto por sus aportes fundamentales al conocimiento de las leyes del universo como por su popularidad: lejos del estereotipo del sabio ceñudo y aislado del mundo, Hawking opinaba sobre política internacional, participaba en shows televisivos, se convirtió en personaje en Los Simpson y The Big Bang Theory, e inspiró el film La teoría del todo.
Nació el 8 de enero de 1942, exactamente 300 años después de la muerte de Newton. Su padre, Frank, médico e investigador en enfermedades tropicales, y su madre, Isobel, secretaria, se educaron ambos en Oxford. Según su amigo de la escuela John Mcclenahan, creció “en una casa poco convencional, en la que los chicos tenían mucha libertad”. Stephen, el mayor de cuatro hermanos, dos mujeres y un varón adoptado cuando él tenía 14 años, aprendió a leer recién a los ocho, pero desde chico sintió pasión por saber cómo funcionan las cosas.
Stephen Hawking: 21 reflexiones sobre la vida que compartió con nosotros -  La Mente es Maravillosa
Por sus notas, nunca superó la mitad del curso. Su padre quiso que siguiera medicina, pero él optó por la física, aunque hasta entonces le había resultado “aburrida por lo fácil y obvia”.
Entonces, antes de que tuviera tiempo de comprenderlo, empezaron a manifestarse sus problemas de salud. En el último año de la universidad, a los 21, notó que su letra habitualmente desastrosa se hacía aún más torpe. Un día se cayó por la escalera y cuando recuperó el conocimiento, no sabía quién era ni dónde estaba. “En ese momento, no me di cuenta de que [esos episodios eran] una advertencia de peores cosas por venir –cuenta–. Pero me recuperé y a pesar de mi actitud relajada hacia el estudio, me gradué con honores y fui a la Universidad de Cambridge para hacer mi doctorado.”
Era 1962 y estaba desesperado por hacer oír su propia voz en el debate de ese momento entre las hipótesis que intentaban explicar el origen y el fin del universo: el big bang vs. el universo estacionario. “Pero el desafío más apremiante era mantener el control de mi cuerpo”, destaca. Lo internaron y lo sometieron a estudios durante varias semanas. El diagnóstico fue esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad degenerativa neuromuscular en la que se van muriendo unas células del sistema nervioso llamadas neuronas motoras, lo que provoca parálisis progresiva. Le dieron dos a tres años de vida. Para Stephen, aquello fue devastador. No estaba haciendo mucho progreso en su tesis y pensó que tal vez no viviría lo suficiente para terminarla.
Nueva Biografía Gráfica De Stephen Hawking Para Revelar Al Científico Y Al  Hombre - 2020 | Cultura
Sin embargo, no se murió. Al principio, la enfermedad pareció progresar muy rápido, pero luego el avance se fue haciendo más y más lento. Por ese tiempo conoció a una joven estudiante subgraduada del Westfield College llamada Jane Wilde. “Jane era hermosa, gentil y no se amilanaba por mi enfermedad –decía Hawking–. Enamorarme y comprometerme fue la motivación que necesitaba.”
Stephen sabía que no tendría demasiado tiempo, de modo que decidió atacar el problema más importante de la cosmología: si el cosmos tenía un comienzo o no. Había estudiado los agujeros negros, esas extrañas criaturas cósmicas cuya gravedad es tan intensa que ni la luz puede escapar de ellas y que devoran todo lo que las rodea. En su interior, albergan una “singularidad”, un punto en el que el espacio y el tiempo tienen un final. En un artículo escrito con el matemático Roger Penrose, aplicó esa noción de singularidad al universo entero. “Súbitamente lo tenía –cuenta Hawking–. Me imaginé yendo hacia el pasado y planteé un cosmos que podría haber sido una singularidad. El tiempo se detiene y es el comienzo de todo. No hay un tiempo previo. [En esta hipótesis] el universo se crea a sí mismo en el big bang .”
Ciencia y Tecnologia: Stephen William Hawking
Se presentó a un puesto en el Gonville and Caius College, de Cambridge, lo obtuvo y decidió casarse con Jane. Pero no todo era color de rosa. “Fuimos de luna de miel a una conferencia de física en la Universidad de Cornell, en Nueva York –cuenta ella–. Y entonces me enteré de que había una diosa en la vida de Stephen con la que compartía el matrimonio: la física.”
Luego de la publicación de su tesis, la reputación de Hawking creció sin parar. Se concentró en los agujeros negros y especialmente en las partículas que los rodean. Descubrió que, contrariamente a todas las teorías vigentes, los agujeros negros debían emitir partículas y perder calor. Esta suerte de evaporación significaba que el agujero negro podía eventualmente desaparecer. Anunció sus hallazgos en 1974, en una conferencia de cosmología de Oxford. Cuando terminó, la gente no podía creer lo que había escuchado, pero tras muchas discusiones, su propuesta fue aceptada y esas partículas emitidas por los agujeros negros se conocen hoy como “radiación de Hawking”. Era la primera vez que alguien unificaba la teoría de la relatividad con la mecánica cuántica y la termodinámica. Según los físicos más destacados, sólo de tanto en tanto alguien llega a un resultado tan bello.
Fue uno de los miembros más jóvenes incorporados a la Royal Society y Pablo VI le entregó la medalla de oro de la ciencia. Mientras, la enfermedad seguía avanzando. “Triturar problemas en mi mente ha sido mi principal método de descubrimiento durante la mitad de mi vida –destacaba Hawking–. Mientras la mayoría de la gente que me rodeaba conversaba, yo me transportaba muy lejos, perdido en mis propios pensamientos, tratando de entender cómo funciona el cosmos.” Estaba decidido a escribir un libro sobre cómo había comenzado el universo; quería un texto que todos pudieran leer, como una novela de aeropuerto.
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Mientras trabajaba en aquel proyecto, una complicación de salud provocó que le hicieran una traqueotomía para conectarlo con un respirador, y como resultado perdió la posibilidad de hablar. Pero, gracias a un sistema informático que les permitía a personas como él elegir letras o palabras de una pantalla de computadora, y así formar frases para escribir o hablar, pudo terminar el libro. El resultado fue el best seller Breve historia del tiempo, del que se vendieron más de ocho millones de copias.
Disfrutó del interés de la gente por el universo, pero la voracidad de la prensa afectó su vida personal. Se separó de Jane en 1990 y se divorció en 1995. Luego se casó con una de sus enfermeras, Elaine Mason, de la que se divorció en 2006.
Stephen Hawking Biografía Corta | Actualizada 2020 + Resumen Corto
A los 76 años, el 15 de marzo de 2018 Stephen Hawking, el hombre cuya mente le permitió vagar por el cosmos anclado a su silla de ruedas y desafiar algunos de los problemas más profundos de la ciencia moderna, murió en su casa de Cambridge. Unos años antes había dicho: “Creo que mi mayor logro es haber inspirado a la gente a pensar acerca del cosmos y de nuestro lugar en él”.
N. B. 

sábado, 19 de septiembre de 2020

HISTORIAS DE VIDA,


Eficacia, prudencia, sencillez: claves de una líder indiscutida
La canciller alemana, que anunció su retiro de la política en 2021, construyó con sobriedad y obsesión por el trabajo una de las trayectorias políticas más exitosas de la Europa contemporánea

Desde el 1° de julio, Angela Merkel comenzó a ocupar la presidencia pro tempore de la UE sin tambores ni trompetas, en momentos en que numerosos círculos eurófilos esperaban su llegada como la del mesías. Solo hubo un simple mensaje de video de la canciller alemana y un lacónico comunicado del ministerio de Relaciones Exteriores de Berlín. “Alemania desea ser una fuerza motriz y un moderador. Nuestra tarea consistirá en crear puentes y hallar soluciones que beneficiarán a todos los ciudadanos europeos”, declaró el jefe de la diplomacia alemana, Heiko Mass, al término de una reunión de gabinete.
Esta presidencia alemana de la UE podría ser, en efecto, a imagen y semejanza de los 15 años de gobierno de Angela Merkel: sobria, pragmática y con frecuencia eficaz.
No habría que esperar mucho más de una canciller nacida en la ex RDA, hija de un pastor protestante, cuyas primeras referencias políticas no remontan al patriarca de la democracia cristiana de posguerra, el canciller Konrad Adenauer, sino a la construcción del socialismo de Alemania del Este.
Berlín quiere recuperar un espíritu europeo maltrecho por estos últimos diez años y sobre todo por la pandemia, que provocó el cierre de fronteras, restricción de intercambios dentro del mercado único y aumento de egoísmos nacionales. Merkel, que desearía hacer avanzar la transición ecológica, profundizar la política migratoria, fijar una línea de conducta con China y probablemente finalizar el proceso del Brexit, lo intentará en condiciones complicadas.
Angela Merkel | Transformation From 1 To 63 Years Old - YouTube
Tras cuatro mandatos, muchos le reprochan a la canciller su tibieza cuando se trata de la construcción europea. Merkel se defiende invocando las exigencias constitucionales inherentes al sistema político alemán. También se la acusa de egoísmo cuando se trata de los países del sur del bloque. Ella responde que acogió a más de un millón de refugiados, cuando otros cerraban sus fronteras.
En Berlín, el anuncio de su retiro de la vida política en 2021 parece haber dejado a Merkel espacio para reforzar la integración europea. “Después de todo este tiempo, la canciller sigue siendo el único líder del país. En momentos difíciles, solo ella sabe hallar soluciones pragmáticas. Esa es su fuerza”, destaca Daniel Caspary, jefe del bloque de la Democracia Cristiana (CDU) en el parlamento europeo. Esta presidencia alemana signará también la herencia europea de la canciller, que dejará el poder el año próximo, tras 16 años de ejercicio ininterrumpido.
Un aspecto normal
El historiador Fritz Stern dice de la Reunificación que fue “la segunda chance de Alemania”, una ocasión de volver a ser la primera potencia de Europa después de las catástrofes del siglo XX. Angela Merkel parece corresponder perfectamente a las exigencias de esa segunda oportunidad. En un país llevado a la ruina por la retórica apasionada y las demostraciones machistas, su analítico desprendimiento y su aparente ausencia de ego constituyen una virtud política. En un continente donde aún subsisten las brasas del temor a la Alemania del pasado, su aspecto normal confiere a ese país una imagen menos temible.
Zen van Nihil on Twitter: "Chancellor Angela Dorothea Kasner or Angela  Merkel is a Stasi Spy all the way back to East Germany.  https://t.co/SOP4uc3hHt… https://t.co/aORHY3qArx"
“La personalidad de Merkel deja suponer que es como todos nosotros”, explicaba Michael Roth, secretario de Estado para Asuntos Europeos en una reciente conferencia. Tanto que los alemanes la llaman “mutti” (mamá). Al principio, fueron los rivales de su propio partido quienes le dieron ese sobrenombre para burlarse. Angela no lo apreció, pero cuando la opinión pública lo adoptó, comprendió el enorme interés de conservarlo.
Por sus orígenes, por su educación y por su historia, Merkel puede ser considerada la encarnación de su propio país: una nación que tuvo que repudiar su historia y reconstruirse piedra sobre piedra para volver a existir. “Educada en la Alemania comunista, desagraciada y torpe durante su juventud, Merkel también tuvo que reeducarse personalmente. Ella encarna la autoeducación de Alemania. Y probablemente ahí resida su comunión con el país”, analiza Daniel Caspary.
Angela Dorothea Kasner –llamada Merkel porque conservó el apellido de su primer marido–, gran admiradora de Catalina II de Rusia, fue una niña superdotada para el ruso y las matemáticas, que soñaba con convertirse en patinadora artística. Terminó siendo la primera canciller de Alemania y la primera mujer, después de la británica Margaret Thatcher, que gobernó un gran país europeo.
La canciller es, en todo caso, una triple anomalía: mujer (divorciada, vuelta a casar y sin hijos), científica (doctora en química cuántica) y Ossie (originaria de Alemania del Este). Esas características la convirtieron primero en una outsider de la política alemana, antes de explicar su extraordinario ascenso. “Muchos siguen creyendo que lo que no debería ser, no puede ser. Y que una mujer de Alemania del Este que no tenía el perfil político clásico no podía ocupar semejante puesto. Todos se negaron a aceptar que, simplemente, Angela es una excelente estratega”, dice Janis Emmanouilidis, director del Centro de Política Europea (CPE). Con el tiempo, Merkel haría pagar caro a aquellos hombres políticos de más edad y experiencia que cometieron el error de subestimarla.
Cinco cosas que tal vez no sabías de Angela Merkel
Fue en 1990 que el entonces canciller Helmut Khol descubrió a aquella que terminaría llamado “la nena”. Una investigadora en ciencias de 36 años, educada del otro lado de la Cortina de Hierro, que vestía amplias faldas y lucía un improbable corte de pelo que la hacía parecerse a un caballero medieval. En pocos meses, el canciller la catapultaría a la cumbre de la política federal y Angela daría muestras de una enorme capacidad táctica y una rapidez de aprendizaje fenomenal.
Quemar etapas
Esa hija de pastor protestante pasado al Este quemó las etapas, aprovechando la tendencia a subestimarla de una coalición como la democristiana, archidominada por los hombres. En esa vertiginosa ruta hacia la consagración, Angela se deshizo incluso de su mentor en 2000, solicitando al partido, laminado por los escándalos de unas “cajas negras”, que dejara a un lado al “padre de la reunificación”. Pero, después que obtuvo por fin el sillón de Konrad Adenauer en 2005, “mutti” Merkel comprendió que estaba al frente de un país que, con la adopción del euro, había perdido el único símbolo de poder que le haya sido acordado después de la Segunda Guerra Mundial: el deutsche mark. Y desde entonces ha hecho todos los esfuerzos posibles para que nadie asocie a la Alemania de hoy con sus antiguas ambiciones de supremacía.
Por esa razón, señalan en Berlín, Merkel nunca transformó en estandarte de combate la bandera estrellada con fondo azul de Europa, cuyo emblema tiene para ella un valor existencial. También sabe mantener al margen los símbolos de su propio país. Todos recuerdan una escena, la noche de su tercera victoria electoral, en octubre de 2013, cuando un dirigente de la CDU le tendió la bandera negra, roja y oro de su país y, con un gesto ostensible, la canciller supo deshacerse de esa insignia, a su juicio demasiado nacionalista.
La tendencia de la canciller a privilegiar la razón sobre los impulsos visionarios y románticos de sus vecinos del sur o los panegíricos “a la Khol”, siempre fueron su marca de fábrica. Muchos afirman que esa mesura es secuela de un problema motor en las piernas, que en su infancia la obligó durante años a planificar hasta los trayectos más banales.
Merkel. La madre de Angela Merkel es judía por lo que la canciller de  Alemania es judía. Hoy 17 de julio de 1954 nace Angela Merkel — Español
Lo que ella misma declaró es que su experiencia de la dictadura en Alemania del Este le enseñó “sobre todo a desconfiar de todo”. Un elemento que contribuye a su legendaria prudencia, y que acompaña los pragmáticos virajes que supo imprimir a su política europea.
Los ejemplos no faltan. En 2010, tomó la decisión de prolongar la vida activa de las centrales nucleares de su país. Sin embargo, pocos meses después, tras la catástrofe de Fukushima en marzo de 2011, anunció el abandono de la energía nuclear antes de 2022, sin que sus electores le hicieran un solo reproche. En 2015, en plena crisis migratoria, abrió las puertas de Alemania a más de un millón de indocumentados. Por solidaridad, pero también en respuesta al pedido de los industriales de su país, que predecían una inminente escasez de mano de obra.
Esta vez, frente al acecho de las terribles consecuencias económicas de la pandemia, no hubo excepción. Consciente de que, sin Gran Bretaña –alejada por el Brexit–, sin Estados Unidos –convertido en fortaleza inexpugnable por Donald Trump– y probablemente sin el mercado chino, su país necesitará más que nunca una Europa en excelente salud para exportar su producción industrial, la canciller alemana no dudó un segundo en dar un golpe de timón revolucionario a su histórica nave insignia: la austeridad.
En todo caso, 15 años después de llegar al poder gracias a una alianza entre conservadores (UDC) y social-demócratas (SPD), y a pesar de muchos altibajos, el desgaste no parece acecharla. Su energía inagotable durante las interminables cumbres europeas de Bruselas, junto con su pasión por la ópera, le han valido otro apodo, “la reina de la noche”.
Merkel reside en Berlín en un departamento de alquiler moderado, del otro lado del canal que lleva al Pergamon, el gran museo de antigüedades. El nombre sobre el portero eléctrico es el de su segundo marido, “Prof. Dr. Sauer” y un solo policía controla el acceso. Minúscula silueta detrás de su inmenso escritorio, en el corazón del edificio de cemento y vidrio de la cancillería, Angela Merkel trabaja en una simple mesa cerca de la puerta. “Es una trabajadora neurótica. No duerme más de cinco horas. Si se la llama por teléfono a la una de la mañana, está despierta, leyendo. Pero no lee literatura, sino sus expedientes”, dice uno de sus colaboradores.
Mikel Agirregabiria: Angela Merker: Primera biografía de quienes estudiaron  Física pero destacaron en otros campos (I)
Durante sus cuatro mandatos al frente de su país, Merkel vivió tres grandes crisis, y cada una fue reveladora de su estilo de gobierno y de su visión de Europa: la crisis financiera de 2008 y la crisis del euro, que podrían haber provocado el derrumbe de la moneda única; la crisis de la migración, que incluye la libertad de circulación, la estabilidad de los Balcanes y, naturalmente, la paz interior; y ahora la crisis del coronavirus.
Alemania no padeció de lleno ninguna de esas crisis. Los problemas económicos azotaron sobre todo al sur. También fueron Grecia, Italia y España quienes tuvieron que soportar lo esencial del drama de las migraciones. Por último, la pandemia provocó muchas menos víctimas en Alemania que en la mayoría de los demás países del bloque. ¿Acaso fue mérito de la canciller?
En todo caso, a los 66 años, Merkel es la personalidad que tuvo más éxito en la historia de la Alemania contemporánea. Su popularidad supera el 83%, hecho único en una época de gran desconfianza hacia la clase política. El buen humor, la simplicidad siguen siendo su marca de fábrica. Un día, en el bar de un hotel de Medio Oriente, dijo riendo a los periodistas: “¿Se dan cuenta? ¡Yo canciller! Pero, ¿qué hago aquí? Cuando crecía en la RDA imaginaba a los capitalistas usando largos abrigos negros, sombreros y guantes, y fumando cigarros como en los dibujos animados. Y heme aquí. Ahora, están obligados a escucharme”.

L. C.