martes, 30 de mayo de 2017

HABÍA UNA VEZ....DE ABELARDO CASTILLO


El desertor (un cuento de Abelardo Castillo)
Grimaldi pudo pensar mucho más tarde, en una pensión barata de Ciudad del Cabo o de Durban, que la primera advertencia (pero una advertencia de quién y a propósito de qué) había sido olvidar sus cheques de viajero en la mesa de noche de su casa de Buenos Aires. El contacto de esa mano, su propia mano, que ahora, en el automóvil que lo llevaba al aeropuerto de Ezeiza, se paseaba por su mejilla acariciando suavemente una barba de dos días, le dio, de pronto, una inquietante sensación de libertad. "No podés viajar sin afeitarte", le había dicho su mujer esa mañana, y él le contestó que no se preocupara, que lo haría en el aeropuerto o incluso en el avión. Ella insistió, no le gustaba que él se descuidara. "Lo que a ustedes no les gusta", dijo sonriendo Grimaldi, "es que se me noten las canas". Había usado el plural pensando, con una ternura tan remota que era casi indiferencia, en Violeta, su hija adolescente que a esta hora dormía en su cuarto del piso superior, enfundada en una camiseta con la cara de la madre Teresa, después de una noche seguramente poblada de música estúpida, cigarrillos con olor a pachulí y de alguna pequeña porquería en el asiento trasero del auto de su novio. Los jóvenes, en el fondo, son conmovedores, debió de pensar Grimaldi. Hacen lo que pueden por sentirse reales. Se tocan y se lamen un poco, como cachorros, y se imaginan que están viviendo con intensidad, hasta que un día descubren con horror que la vida los alcanzó. Grimaldi quería a su hija, por supuesto; esta mañana no podía sentirlo pero le tenía cariño. La pregunta es por qué no podía sentirlo. Sólo que esa pregunta, si de veras existió, no había alcanzado a formularse en su cabeza cuando dejó de importarle. "Besala por mí", le pidió a su mujer, "no quiero despertarla". Alzó al gato y le dijo que, en su ausencia, cuidara bien a sus dos mujeres. "Este gato", agregó en voz baja, "este gato sí que era una gran persona". Ni Grimaldi ni ella recordarían, hasta mucho tiempo después, que él había dicho "era". Dejó al animal sobre la mesa del living, besó en la frente a su mujer y le repitió que no se preocupara. "Te llamo desde Amsterdam en cuanto llegue, afeitado y todo". Esto había sido una media hora atrás, en su casa de Barrio Parque. Ahora, en el automóvil que lo llevaba a Ezeiza, el chofer de la compañía venía hablando del tiempo, del mal tiempo; había escuchado por la radio algo referido a escasa visibilidad y a vientos y a tormenta. La gente es tan rara, debió de pensar Grimaldi. La gente, con tal de hablar, es capaz de decir cualquier torpeza.

–Yo que usted manejaría en silencio -se oyó decir.
–Cómo, señor –preguntó el chofer.
–Que yo que usted no hablaría del mal tiempo. Puedo ser una persona impresionable.
–Perdón, señor Grimaldi –dijo el chofer.
–No se preocupe –dijo Grimaldi–. Era una broma. Me encanta volar con tormenta. Uno está allá arriba, y todo, incluida la tormenta, sucede debajo. La vida sin sentido de la gente, la vejez, el desencanto, y hasta la felicidad, todo sucede debajo.

El chofer lo estaba mirando por el espejo retrovisor. Cuando Grimaldi se dio cuenta, el otro desvió la vista.
Grimaldi debió de preguntarse por qué estaba hablando de esa manera, nada menos que con el chofer. Y por qué mentía, además. No le gustaba en absoluto viajar con tormenta, ni siquiera le gustaba viajar en avión. O por lo menos acababa de descubrir que no le gustaba. No era miedo. Debería de haber volado unas doscientas veces en los últimos diez años, pero detestaba volar. Qué sentido tiene viajar a mil kilómetros por hora, y a diez mil metros de altura, para llegar más rápidamente a alguna parte. No hay ningún lugar al que sea necesario llegar rápidamente. Conocía unas veinte capitales del mundo y no hallaba la menor diferencia entre ellas. Hombres, mujeres, adolescentes, viejos; no hace falta andar saltando por el mundo como una langosta para ver eso. En qué se diferencia un rascacielos de cien pisos de una de estas casitas chatas y pretenciosas que estaba viendo por la ventanilla. Salvo en el tamaño, en nada. Las casas son para la gente, y la gente es gente en todas partes. Después de cumplir un razonable número de años, treinta, digamos, qué sorpresas puede esperar de la vida un hombre, en Londres o en Bikanir. Y por qué estaba pensando en un lugar tan raro como Bikanir. Una calle en los arrabales de Bikanir. ¿O fue en Bikanpur? Una calle de tierra y una vereda de chozas aplastadas, unas vacas paseando mansamente por la calle, y un hombre, embozado en un burkha, apoyado contra la pared con un cacharro de lata en la mano extendida. "Protector de los pobres", le había dicho en inglés, agitando el cacharro donde sonaron unas monedas. El hombre no era indio; su cara casi negra estaba ardida y agrietada por el sol, pero tenía una larga barba rubia, y el pelo, que le llegaba hasta los hombros, era del mismo color. Sí, Grimaldi había estado allí con su mujer, cuando era joven, de paso hacia alguna parte. Cómo será ser ese hombre, le había preguntado ella esa noche, en el hotel. Horrible, había dicho Grimaldi.

–Lo ayudo con el equipaje –dijo el chofer.
O sea, que ya estaban en el espigón internacional. Grimaldi contestó que no, que no hacía falta. Sólo llevaba un bolso, apenas mayor que un bolso de mano, y un maletín. Hacía años que viajaba con lo estrictamente necesario. Si por casualidad precisaba ropa especial, la compraba en cualquier parte, y no era raro que, antes de volver a Buenos Aires, la olvidara intencionalmente en el hotel donde había parado. Papeles, una lapicera para firmar o hacer firmar algún documento, otra lapicera para regalar y una computadora portátil, eso era el verdadero equipaje, el armamento, de un caballero andante moderno. Todo lo que tenía que hacer en Europa, por otra parte, era convencer a un grupo de holandeses de que la Argentina era el país ideal para invertir sin riesgos. Un país sin nada donde todo el mundo quiere tenerlo todo.

En el drugstore compró una revista que, sin saber cómo, un minuto después desapareció de sus manos.
Cuando iba a despachar su equipaje para el vuelo a Amsterdam, empezaron a suceder las cosas. Primero fue lo de los pasajes, después lo de la chica.

Grimaldi había sacado del maletín el cartapacio donde estaban sus documentos y, al abrirlo, vio que allí no había un pasaje, sino dos. Los dos estaban a su nombre, pero el destino final de uno de ellos no era Amsterdam. Era Ciudad del Cabo, con una extensión a Durban. La secretaria que había comprado esos pasajes debió de confundir los itinerarios de Grimaldi y de algún otro ejecutivo de la empresa. Probablemente Rampoldi. Esos vuelos habían sido reservados hace meses, y la operación en Sudáfrica se había cancelado una semana atrás, sólo que nadie pensó en devolver este pasaje. La empleada que había hecho las reservas, recordó de pronto Grimaldi, ya no trabajaba en la empresa.

–¿Cómo?
–Si va a despachar el equipaje –repitió, con una tenue ironía, la chica del mostrador. Era muy joven, muy linda, y vagamente parecida a su hija. Lo que por otra parte no tenía nada de extraño. A la edad de Grimaldi, todas las mujeres menores de veinticinco años se parecen. Como si fueran la misma, puesta en diversos lugares. Mesera, recepcionista, estudiante de psicología, compañera del asiento trasero del auto. A veces llevan el pelo negro, a veces rubio, pero son la misma. Se llaman La Chica Perfecta del Fin del Milenio.
–No estoy seguro –dijo Grimaldi, y la chica lo miró.
–Bueno –dijo la chica.

Barbudo y cincuentón, Grimaldi tenía influencia sobre las mujeres jóvenes. Sin mucho interés, pero siempre lo supo, y ese "bueno" se lo confirmaba. También supo que en ese mismo momento, con sólo desearlo, sin moverse un paso de Buenos Aires, podía iniciar una serie de hechos de consecuencias extraordinarias. Por ejemplo, qué pasaría si le dijera a esa chica que no, que no iba a viajar. "No puedo explicarte por qué, pero no voy a viajar a ninguna parte". Le mostraría el pasaje, para probar que, en efecto, renunciaba a hacerlo, después se iba a pasar el resto del día al restorán, o daba una vuelta por Ezeiza y volvía a la hora en que las empleadas dejan su trabajo. "Hoy no viajé porque te vi", le diría con naturalidad. Grimaldi, aquella mañana, era perfectamente libre para hacer eso, y que esa chica terminaría enamorada de él, era algo que podía prever como si ya lo hubiera vivido.

–Qué lástima –dijo pensativo y lo repitió, y la chica volvió a mirarlo-. Sí, despachámelo en el vuelo a Amsterdam.

Hasta donde me es lícito reconstruir los hechos comprobables, las cosas, esa mañana, ocurrieron así, o más o menos así. Su mujer recordaría durante mucho tiempo que él parecía ausente al salir de su casa, el chofer de la compañía repitió, a su modo, la conversación en el automóvil, el vendedor de la librería del drugstore había reparado en aquel hombre alto que compró una revista extranjera muy cara y, apenas al salir, la tiró al cesto de papeles, la chica de los equipajes recordaba perfectamente al maduro señor de ojos grises que despachó su bolso a Amsterdam. Se sabe, también, que los altoparlantes del aeropuerto propalaron su nombre pidiendo en castellano, en inglés y en francés, que se presentara en el vuelo 501. Lo demás es conjetural, porque a Grimaldi nadie volvió a verlo nunca. Pero yo sé que fue en ese momento, cuando los altoparlantes del aeropuerto lo reclamaban como a un evadido, que Grimaldi, sin equipaje, sin cheques de viajero, con un maletín en el que había unos cientos de dólares y un pasaje que nadie iba a tener en cuenta, se dirigió hacia la compañía de los vuelos a Ciudad del Cabo.

Hay una calle, en los arrabales de Bikanir, en la India, que es exactamente igual a como debió de ser hace cien años. Por qué camino llegó Grimaldi hasta esa calle, sólo me es posible imaginarlo. De todos modos, entre Sudáfrica y la India sólo hay, aunque vasto, un mar de por medio.
Lo veo, primero, en la costa occidental del océano Índico, en algún hotel de tercera categoría. Su barba de dos días ya es una encanecida barba de un mes. Allí vendió la computadora y, con un vago e inexplicable sentimiento de tristeza, la estilográfica. Lo veo viajando en una barcaza destartalada y crujiente hacia el nordeste. Este viaje duró semanas, o meses. En alguna de las islas del archipiélago de Seychelles, desembarcó y se quedó un día y una noche enteros. Resplandecientes mujeres europeas y americanas, hombres con camisas floreadas que hablaban de negocios, y alguna otra adolescente parecida a su hija, que en esta ocasión no le sonrió ni lo miró, le hicieron añorar, quizá por última vez, su casa de Barrio Parque: esa noche hizo una llamada a Buenos Aires, pero cortó la comunicación antes de escuchar ninguna voz y sin pronunciar una palabra. Después, ha vuelto a embarcarse; después ya hace días que camina hacia el norte, junto a un largo perro gris, bajo la lluvia. Todo esto ocurrió hace mucho tiempo, tanto, que aquel perro ha muerto. Lo veo ahora con una barba de años, sentado en el suelo. Está vestido con un burkha que casi le cubre la cara y apoya la espalda contra la pared de una casa de barro, pintada de blanco. Ya ha olvidado muchas cosas pero ha aprendido a decir dulcemente "oh, protector de los pobres", en hindi. Tiene un cacharro de cobre en la mano. Por la calle de tierra, pasan, mansamente, unas vacas escuálidas.

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ECONOMÍA; TEMA DE REFLEXIÓN



El Gobierno pudo terminar de un saque con algunos problemas cuando comenzó su gestión, como el del cepo cambiario y el de la deuda con los holdouts. Pero ha decidido encarar otros, que son más estructurales -como el alto déficit fiscal y la inflación- en forma gradual. En el caso del agujero de las cuentas públicas, la administración macrista está en la curiosa situación de que "por izquierda" lo acusan de ajustar en forma salvaje, mientras que "por derecha" lo critican por ser tibio en términos de reducción del déficit.
¿Cuál es la verdad, entre estos dos extremos? Y, más importante, ¿cuál es el camino que tiene el Gobierno para bajar el gasto público?
Un coro de economistas ortodoxos sin experiencia en la administración pública suele vociferar que el problema de la Argentina es el gasto en personal. Sin embargo, ese ítem a nivel nacional sólo representa el 10% de las erogaciones del Estado.
En tanto, el 34% corresponde a jubilaciones y pensiones; el 13%, a subsidios económicos y el 8%, a gastos de capital, entre otros rubros.
Cuatro ex secretarios de Hacienda y tres expertos en cuentas públicas respondieron a las consultassobre el tema, y elaboraron un diagnóstico sobre los caminos posibles para disminuir y mejorar el nivel del gasto público y para determinar cuáles serían las ventajas de contar con un déficit fiscal más bajo en relación con el PBI.
Lejos de ser opinadores livianos, quienes estuvieron a cargo de la Secretaría de Hacienda expresan sus ideas con mesura, sabiendo cuáles son las limitaciones para encarar el desafío. De hecho, en los últimos 40 años han sido escasos los períodos en los que el país pudo gozar de los beneficios del superávit fiscal. Es que la "fiesta" del gasto público la llevaron adelante gobiernos tan diferentes como la dictadura -
Juan Alemann, secretario de Hacienda de la gestión de Martínez de Hoz, solía decir que "los militares gastaban como locos"- hasta el kirchnerismo, que, después de haber logrado un superávit fiscal inédito en 2004 de unos 4 puntos del PBI, terminó su gestión con un déficit de similar magnitud.
Al crecimiento del gasto público de más de diez veces en la "década ganada" se sumó una presión tributaria récord, difícil de bajar justamente en un contexto de alto déficit fiscal.

Los expertos creen que el Gobierno debe combinar medidas de fondo -como el cumplimiento de la ley de responsabilidad fiscal vigente desde 2005, que obliga a que el gasto no suba por encima del PBI, o un congelamiento de mediano plazo del gasto, como en Brasil- con la utilización de un bisturí para revisar párrafo por párrafo el presupuesto, de modo de lograr una mayor eficiencia, algo que desde Hacienda prometen para el año 2018.
Jorge Sarghini, secretario de Hacienda en la gestión presidencial de Eduardo Duhalde, entre 2002 y 2003, afirmó que "el Gobierno cae en la trampa de no hacer nada, tanto en términos macro como microeconómicos". Lo que debería hacer, sostuvo el diputado bonaerense por el Frente Renovador -y probable candidato a diputado nacional en octubre- es "revisar renglón por renglón del presupuesto, para minimizar estructuras burocráticas que no tienen impacto social, y esto se hace zambulléndose en el presupuesto".
Hasta ahora, según Sarghini, "se hizo un proceso de hormiga que hace que todavía el gasto crezca por encima de los ingresos, con una estrategia equivocada en materia de personal, de creación de estructuras y de fondos fiduciarios".
"Con este agujero fiscal no se puede no controlar la situación, por si en algún momento se vuelve más complejo el financiamiento en términos de liquidez o de costos. Trabajar sobre el gasto no significa sólo hacerlo en los subsidios, porque de lo contrario, caemos en la conclusión de que las únicas opciones son una fuerte devaluación o un ajuste", concluyó.
Crecer, antes que ajustar
Pablo Guidotti, que fue secretario de Hacienda entre 1996 y 1999, en la presidencia de Carlos Menem, consideró que "la situación fiscal heredada por este gobierno es muy complicada, ya que no sólo existe un déficit muy grande, sino que los niveles de gasto público y presión tributaria comparados con el PBI son casi el doble que en los 90 y muy altos en la comparación internacional". Y, además, "el alto gasto público argentino no se traduce en mejores servicios para la comunidad".
Tanto para Guidotti, doctor en Economía de la Universidad de Chicago y profesor de la Di Tella, como para otros ex secretarios de Hacienda, es clave que la economía vuelva a crecer, y que eso ocurra en forma sostenida, para poder bajar el déficit fiscal con el menor costo posible. Considerando que el Gobierno se planteó llevar el déficit del 4,2% al 2,2% de este año a 2019, el funcionario del equipo de Roque Fernández dijo que "la meta de este año se puede cumplir, pero para los años siguientes es necesaria una reactivación más fuerte en la economía". Y agregó: "En el marco elegido por el Gobierno, la batalla se juega más en el campo del crecimiento económico que en el ajuste fiscal".

Sin embargo, consideró que mientras tanto "el Gobierno debería eliminar por completo el financiamiento monetario del déficit, que este año está cerca de los dos puntos del PBI; así el Banco Central podría tener espacio para bajar la tasa de interés y contribuir a la reactivación".
En lo estrictamente fiscal, sugirió que "la clase política argentina acuerde medidas como un aumento en la edad jubilatoria, y que no sólo vuelva el gasto público a niveles internacionalmente razonables, sino que también aumente su productividad".
En el caso de las provincias, consideró que sería bueno incorporar el mecanismo del "Chapter 9" aplicado en los Estados Unidos, que se refiere a la bancarrota y reestructuración para las deudas estaduales y municipales, de modo de que no todos los pasivos recaigan en la Nación.
Mario Brodersohn, secretario de Hacienda entre 1985 y 1989 en la presidencia de Raúl Alfonsín, afirmó que "el Gobierno después de las elecciones deberá definir su estrategia: o repite el plan de 2016, que es difícil en un contexto de déficit externo y comercial, o se plantea una discusión sobre el tamaño del Estado, con un gasto difícil de financiar". Sostuvo que "la única vía de escape son los subsidios, pero eso implica una política de aumento de las tarifas difícil de aplicar políticamente, así que sólo puede optar porque crezca el gasto en términos nominales, pero no reales, en relación con el PBI".
Brodersohn advirtió que en el mediano plazo el déficit no es sustentable porque "depende demasiado del financiamiento externo y la experiencia de la convertibilidad demuestra que no puede lograrse, pero, a la vez, un gobierno sin control de las cámaras del Congreso difícilmente pase reformas estructurales solo; por eso necesita un «pacto de la Moncloa» dedicado al sector fiscal".
Jorge Baldrich, secretario de Hacienda en la presidencia de Fernando de la Rúa, destacó que "se ha logrado una gran mejora en lo institucional; existe un equipo económico creíble y calificado en Hacienda, ya que en el gobierno anterior había subestimaciones del gasto en los presupuestos superiores al 25%, ampliaciones presupuestarias que llegaron al 40%, e incluso modificaciones presupuestarias con efecto retroactivo al año anterior".
"La estrategia económica ha priorizado un sinceramiento fiscal gradual, donde los riesgos de un menor sendero del crédito al sector privado y de un mayor tiempo de descompresión en el sector exportable, se visualizan como acordes a la restricción política. Soy optimista en que a partir del segundo semestre se consolide una dinámica fiscal sostenible", dijo quien hoy es profesor de la Universidad de San Andrés. De todos modos, consideró que el Gobierno debería encarar una reforma fiscal similar a la enmienda constitucional 95 que en 2016 aprobó Brasil: allí se congeló el gasto por 20 años. Según explicó, eso "daría un período de transición donde el gasto primario en términos del PBI tendría chances de retornar a niveles más sostenibles".
Rafael Flores, presidente de la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP), opinó que "es difícil bajar el gasto, salvo en los subsidios a la energía, algo que el Gobierno hizo, pero no de la mejor forma posible; fuera de eso se hace difícil, porque el 40% es para jubilaciones y pensiones, y no se puede decir que los jubilados ganen mucho". En el caso del personal, "si el empleo bajara un 10%, la reducción del déficit sería ínfima". Por lo tanto, consideró que "hay que hacer sintonía fina para que el gasto sea más eficiente, mirando también los gastos provinciales y municipales, y buscando reducir el porcentaje de la economía en negro, un tercio del total, que no aporta y que genera que el resto de la sociedad deba cubrirlo".

Por su parte, el presidente de la Comisión de Presupuesto del Senado, Juan Manuel Abal Medina, afirmó que "hay que tener mediciones de impacto del gasto para avanzar en forma seria, y sería bueno contar con una agencia para eso, porque el Estado recauda mal y gasta mal"
Marcos Makón, ex subsecretario de Presupuesto, dijo que, dada la alta rigidez del gasto, la clave "pasa por el aumento de la masa de contribuyentes, con una reducción de la evasión tributaria, porque los impuestos no se pueden tocar y el recorte en subsidios permite que no crezca el gasto pero no que baje".
El investigador del Cippec Walter Agosto coincidió en que "se pueden reducir los subsidios económicos, que son el 20% del gasto público, lo que impone una gradualidad, porque no puede haber otra manera"
. Según expresó quien fue ministro de Hacienda de la provincia de Santa Fe, "si bien hay posibilidades de plantear un clima de mayor austeridad, la diferencia debe hacerse en forma paulatina, y si la economía no crece, es difícil bajar el déficit. La mirada en cambio debe estar puesta en el gasto en personal de las provincias, que representa el 57% de sus gastos".
Los beneficios de bajar el déficit abundan: una economía más competitiva, sin presiones inflacionarias y con la chance de reducir impuestos. Ahora hay que esperar que el Gobierno acierte en su plan de vuelo, para lograr un descenso del rojo fiscal con la menor cantidad de turbulencias.

APRENDÉ ALGO MÁS, QUE SABER ES PROGRESO


VENTA DIRECTA, E-COMMERCE


En ascenso
Son los millones de dólares que mueve al año el negocio de la venta directa en la Argentina, que a su vez emplea a más de 750.000 personas

Desde 1851 hasta hoy, poco cambió en el negocio de la venta directa. La primera referencia al sector, dicen, data de mitad del siglo XIX, cuando Isaac Singer comenzó a vender sus máquinas de coser homónimas de puerta en puerta para demostrar cómo funcionaban. En la actualidad, mientras el retail se transforma por completo, el sector todavía se debate entre el método tradicional y la incursión en la venta en línea. Algunos actores comenzaron a resolverlo; otros, todavía no animan a dar el paso que podría significar un cambio radical en el modelo de negocios.


La encrucijada en la que se encuentran las compañías radica en que, justamente, gran parte de su capital está en la fuerza de venta y el contacto que establecen con los consumidores. Sin embargo, muchas empresas encuentran que, en lugar de "robarle" terreno a su canal tradicional, lo electrónico podría ayudar a potenciar el trabajo de sus revendedores, que en la Argentina, según cálculos de la Cámara Argentina de Venta Directa (Cavedi), son alrededor de 750.000 personas, con un 95% de mujeres. "El tema se habla hace más de 15 años, pero el enfoque evolucionó. Antes pensábamos en cómo evitar que la venta directa se transforme en e-commerce, pero ahora el comercio en línea avanza como una topadora, por más fundamentalistas de nuestro modelo que podamos ser. Pensábamos en una lógica ganador y perdedor; hoy pensamos en una lógica ganador y ganador", repasa Alberto Villamil, director ejecutivo de Cavedi.
En esa lógica "ganador-ganador", el modelo que reina en las compañías que están incursionando en el comercio en línea es el de los "asistentes virtuales", es decir, el proceso de compra añade un intermediario -el revendedor- que asesora y guía al cliente. Otra opción incluye la asignación de un vendedor por geolocalización, que es quien realiza la entrega una vez concretada la compra digital.


Con el tiempo, la venta directa fue ganando presencia en lo digital de manera natural. "En Estados Unidos se dice que la venta directa es «la primera red social», por lo que la utilización de las redes sociales por parte de las emprendedoras se da de manera casi natural", detalla Wilder Yasci (h.), director comercial de Essen, compañía que comercializa ollas a través de sus revendedoras.
Yasci admite que, si bien todavía la empresa no desarrolló canales de e-commerce, el uso de herramientas digitales por parte de clientes y revendedoras es cada vez más frecuente, y que para Essen, la Argentina es el país de la región donde hay "mayor penetración" de este tipo de contacto.
Otro rubro en el que la venta directa tiene una buena penetración es el de la cosmética. Según fuentes del sector, más del 30% del comercio en la categoría se cierra a través de esta modalidad. No obstante, dos grandes jugadores están incursionando en el e-commerce y buscan agrandar su público y atraer a quienes no se sienten cómodos con aquella forma de comprar, pero conocen y quieren los productos.



Una de ellas es Avon, una empresa que apuesta al modelo de venta directa desde 1886. La organización desarrolló un sitio web que facilita el contacto entre las partes y permite realizar pedidos en línea, armar una "lista de deseos" y enviar la solicitud a una revendedora. "La venta online potencia la venta directa, hay que saber combinar el contacto cara a cara con la interacción virtual. Además, las redes sociales facilitaron la modalidad de recomendación de un amigo, una base muy importante a la hora de elegir una marca o un producto", dice Axel Gegenschatz, gerente general de la compañía para la Argentina, Chile y Uruguay.
Hacia 2019, Avon planea invertir globalmente US$ 350 millones en nuevos canales y la evolución del modelo de servicio. No obstante, no planea dejar atrás a las revendedoras, la columna vertebral de su negocio: "Su actividad es aconsejar a sus clientes sobre la mejor elección, y esa es una diferencia clave entre la compra en un «comercio sin rostro» y una amiga que preserva, ante todo, el vínculo personal de la confianza", resalta Gegenschatz.
En el mismo sentido, Villamil resalta que el contacto es un "valor agregado" por la posibilidad de brindar experiencias in situ: "Lo personal es la mejor herramienta. Se trata de probar una crema, de poder cocinar algo en una olla que se vende", resume. Otro punto a favor de los revendedores está en la comodidad de la logística -por lo general, los consumidores compran a conocidos o vecinos, y así el "envío" es sin cargo- y algunas otras "facilidades" que da la confianza, como el "fiado".
Por su parte, Natura creó en marzo pasado su sitio de e-commerce, "una evolución del modelo que busca potenciar la venta directa presencial", aclara José de Carli, gerente de Asuntos Corporativos de la empresa. La plataforma incorpora "consultores digitales", es decir, revendedores que asesoran por canales virtuales, que el cliente puede "requerir" si ya conoce a alguno. En su defecto se asigna automáticamente.
En Brasil, el país donde incursionó en este modelo, la marca incorporó 100.000 consultores digitales y 1,5 millones de consumidores registrados. En la Argentina, la compañía espera cerrar el año con 50.000 revendedores en línea -actualmente, en su equipo "presencial" hay 160.000 personas-. La idea, explica De Carli, es que en un futuro no muy lejano los consumidores que deseen puedan comprar directamente a Natura, sin intervención de los consultores.


"La nueva plataforma se lanza en un contexto de fuerte crecimiento del comercio electrónico en el país: según cifras de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico, hubo un crecimiento de 51% en la facturación del sector en 2016, y cosmética fue uno de los rubros de mayor crecimiento, con 104%", aclara el ejecutivo. Asimismo sostiene que era un pedido de sus consultores: "Más del 40% tienen entre 18 y 32 años, y ya usaban herramientas digitales, por lo que les es afín vender por esas vías, con las que tienen una relación natural". No obstante, a la hora de diferenciar targets en clientes, coincide con Gegenschatz y afirma que "la llegada del e-commerce no se trata de revolver en el mismo plato, sino de ampliar la torta".

GONZALO ERIZE, EJEMPLO DE VIDA....COLABOREMOS


Lo vio ahí, indefenso, al borde de la muerte. Un nene más parado al lado de una canchita de fútbol, en un lugar perdido de Laos. Podría haber seguido de largo, en su plan de vacaciones, pero no. Algo lo hizo parar, mirarlo a los ojos y hablarle.
Así fue como en 2014 Gonzalo Erize conoció a Saun, un chico de 11 años que sufría de una enfermedad llamada Hirschsprung, que afectaba su colon. Gonzalo había llegado a Asia con la idea de quedarse durante dos años, pero esa imagen cambió sus planes y su vida.

 Sin pensarlo demasiado, invirtió todos sus ahorros en la operación que hacía falta para salvar la vida de Saun.
Hoy, con 30 años, este joven argentino se dedica a recorrer el mundo rescatando personas que están en una situación de extrema vulnerabilidad. "Saun fue el primer caso que tuve. Hoy es un chico que corre, ríe y estudia. Después de eso me volví a Australia. Ahí me contactaron y fue un boom. Me empezó a escribir un montón de gente que también necesitaba ayuda. Fue increíble", recuerda.
Y sintió que su misión era también ayudarlos a ellos: así consiguió que una chica con esclerosis múltiple se operara para poder volver a mover los pies después de 10 años; rescató a una nena de la trata y hasta sacó a familias de la calle, en diferentes lugares del mundo.


Nada de esto lo hizo solo. Erize armó una red de personas solidarias con la misma pasión y sensibilidad que él y fundó la organización Saun Life. "Los casos los elegía desde el corazón, en función de lo que más me movilizaba. Pero sumé a más personas con ganas de ayudar, que se transformaron en los encargados de cada caso", agrega Erize.
La organización se financia y funciona con gente voluntaria. "Para conseguir fondos usamos el crowdfunding: nuestro socio principal es Ideame", aclara
En Filipinas, Gonzalo conoció a Anabelle, una nena de 5 años que vivió secuestrada en Manila y sufría de Crouzon syndrome: su cráneo malformado presionaba el cerebro y hacía que sus ojos se salieran hacia afuera."Salvar a Anabelle fue toda una odisea. Fue increíble verla sana y salva luego de la operación", dice convencido de que la unión hace la fuerza.
En la Argentina también le mejoró la calidad de vida a diferentes personas y familias necesitadas. "Es emocionante poder poner en práctica todo lo aprendido estos años en mi país", dice Gonzalo.
Actualmente, Gonzalo está juntando plata para ayudar a Mesa Valavout, una nena de Laos, que tiene una enfermedad congénita del corazón. Hay que trasladarla a Tailandia para hacerle estudios y encontrar un hospital que pueda realizar la cirugía cardiovascular.
Saun InspirAction Talks


Es una jornada de conferencias que busca compartir historias de personas que hayan salvado una vida. Es un espacio en donde "héroes anónimos", que arriesgan todo para que otros puedan seguir viviendo y tengan una segunda oportunidad, puedan contar su experiencia y contagiar su pasión.
"Estoy convencido de que salvar vidas está al alcance de todos. Yo quiero que toda esta gente se haga conocida, porque cuando ellos hablan, algo pasa y mueven cosas", explica Erize.
El primer evento se realizará el 3 de junio en el Auditorio Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes. Los oradores, además de Erize, serán:
Anna Balcells (Filipinas): fundadora de Kalipay Negrense Foundation, una organización que rescata a niños de las mafias y la trata en Filipinas.
Marcos Lanusse (Argentina): padre de dos hijos adoptivos.
Pablo Montes de Oca (Argentina): trabaja en Emergencias.
Consuelo Austin (México): fundadora de Toca Compartir es Vivir, entidad que acompaña a personas con cáncer.
Rocio Mazzelani (Argentina): rescatista y bombera.
Cómo colaborar
Saun Life
gonzaloerize@gmail.com
talks.saun.life

CONCURSO FOTOS VIAJES



7° Salón Invierno FotoRevista 2017
Abierto a fotógrafos aficionados y profesionales de Argentina.

$ 25.000 en premios.
Tema: "Travel (viajes)".

El Concurso tiene una única sección, donde se aceptarán obras realizadas por cualquier técnica fotográfica.
Se pueden enviar de una a doce fotos por autor.
La participación es on-line, a través del formulario habilitado a tal efecto.
Cierra el 21 de junio de 2017 (no se posterga)


Link de acceso al concurso: http://www.fotorevista.com.ar/Contest/Invierno-VII/index.php
Link a las Bases: http://www.fotorevista.com.ar/Contest/Invierno-VII/Bases.php
Link a participar: http://www.fotorevista.com.ar/Contest/Invierno-VII/Participar.php