martes, 31 de diciembre de 2019

VACACIONES EN FAMILIA


La opinión de los chicos, determinante a la hora de elegir el lugar de vacaciones

A Paula  la costa argentina no le gusta mucho. Hace varios años que no va. Dice que es un lugar que no tiene mucho que ofrecer. Que si llueve tres días "te querés matar". Y que, además, es caro. Brasil ya había quedado afuera del mapa de opciones, les resultaba un presupuesto excesivo incluso antes de las medidas anunciadas. Pero había que pensar en un destino para las próximas vacaciones, y con dos hijos de 11 y 13 años, "que al tercer día sin amigos ni actividades que los diviertan te miran con cara de traste y te dicen me aburro" -grafica Paula-, la decisión no era fácil.

Estar los cuatro en familia, solos en la playa, dejó de ser para ellos una chance desde hace varios años. "Los chicos están más grandes, y si no están con amigos hay que buscar cosas para hacer todo el tiempo. Salir a andar a caballo, clases de surf, lo que sea. Y todo significa gastar más plata. El año pasado nos fuimos a Córdoba. Fue muy lindo pero también muy trabajoso. Y los adultos finalmente no descansamos nada. Este año la prioridad es el descanso. Unos amigos del club nos comentaron que siempre van a Necochea, que se arma un grupo muy lindo de pibes que se mueven solos de acá para allá, y eso nos terminó de convencer", cuenta Paula, que ayer terminó de pagar la última cuota de un departamento que alquiló por AirBnb frente a la playa, por el que pagó cerca de 100.000 pesos la primera quincena de enero.

La fórmula es imbatible: ellos, los chicos, se divierten con sus amigos. Los adultos, dicen, descansan. "Cada año nos replanteamos qué hacer. A medida que crecen las necesidades van cambiando. Pero hay algo que no cambia. Nosotros tenemos 15 días de vacaciones y los chicos tienen tres meses, y nuestro descanso depende de que ellos estén entretenidos. No se trata de someter la decisión a su antojo, pero entendemos que si las vacaciones no resultan para ellos, no resultan para nadie", sentencia Paula.

Para la psicóloga Ileana Berman, la adolescencia es un tiempo de exploración y descubrimiento. Un tiempo marcada por una mayor independencia de la infancia. "Es la etapa de los pares, de la caída de los padres como único modelo para integrar nuevos modelos de socialización. Por eso, es necesario que los padres puedan ajustar su comportamiento a esta nueva etapa y flexibilizar algunas situaciones para dejar que los chicos tengan injerencia en las decisiones", opina la especialista en crianza.

Negociar. Participar. Discutir. Limitar. Ceder. Los expertos en infancia y adolescencia mencionan todos estos conceptos como parte de la metamorfosis en los vínculos entre padres e hijos adolescentes, que suelen ser desafiantes. Pero que es necesario que así sean, señala Berman, para poder salir de la endogamia a exogamia. "Está comprobado que los padres que pueden flexibilizar sus ideas y considerar factores alternativos, como tener en cuenta las amistades de los chicos y darles un espacio para plantear juntos un programa o unas vacaciones, son más efectivos a la hora de criar hijos y adolescentes", agrega la experta.
Un poco de playa, otro poco de aventura

Martín y su mujer aplican la misma receta desde hace tres años. Una semana de playa, con amigos de los chicos y generalmente en la costa argentina. Y otra más planificada, a un destino no conocido, un viaje de exploración, de aventura, donde todo sea diferente a la rutina del año. Solamente los cuatro, en familia.
Para nosotros es ideal. Vamos una semana o 10 días a Aguas Verdes, donde coincidimos con unas familias amigas y hacemos unos días de playa, mucho mar para los chicos y más tranquilo para los adultos. Y en octubre, que los chicos tienen una semana de vacaciones en la escuela, planificamos un viaje a un lugar que no conozcamos, o que tenga algún encanto para todos. Puede ser algún lugar de la Argentina o no. 
El año pasado nos fuimos a Río de Janeiro. El anterior estuvimos en El Calafate. Y antes habíamos ido a Las Cataratas -cuenta Liliana . Está equilibrado, y todos la pasamos bien".
"Los chicos tienen 13 y 15 años, y sabemos que ya no falta mucho para que el mayor empiece con las ganas de querer irse solo con sus amigos. Por eso el viaje de octubre es maravilloso. Nos da momentos y experiencias en familia que son muy difíciles de igualar durante el año. Es una oportunidad para estar los cuatro juntos todo el tiempo, y también nos divertimos. Pero sí tengo que reconocer que el presupuesto de esa semana es mucho más caro que la vida de playa", asegura Paula.
Los chicos tienen cada vez más relevancia a la hora de definir adónde ir 
Haydee Guiqueaux es psicopedagoga y asesora del proyecto de audio cuentos Había una vez, y está convencida de que las vacaciones es tiempo de familia. "Lo social se cumple durante el año con las amistades del colegio, el club, las actividades extra escolares o las salidas entre amigos del barrio. No creo que lo ideal para los padres que tienen hijos púberes y adolescentes sea que las vacaciones se elijan en función de dónde van sus amigos".
La especialista, en cambio, considera que cada familia tiene un perfil distinto, y que las vacaciones son una oportunidad para fortalecer las identidades de cada uno de los integrantes, y de la familia como grupo. "Las vacaciones se eligen según los gustos y las necesidades de cada familia en particular. Está bien pensar en que todos tenemos el derecho de pasarla bien y descansar, pero ir detrás de lo que hacen otros y copiar lo de afuera muchas veces nos debilita. Si a mí no me gusta ir a la costa argentina porque el agua está helada, me muero de frío y siento que no tengo nada que hacer, no es una buena decisión ir porque van los amigos de mis hijos".

Juntos, pero separados
Para Karina  y su hija Micaela, que tiene 15 años, vacaciones es sinónimo de playa. Y playa es sinónimo de Villa Gesell. "Vamos hace ya algunos años. Es un lugar que tiene mucha convocatoria de jóvenes y todo está cerca. Van en grupo a todas partes, ellos por un lado y los adultos por otro. Pero al mismo tiempo yo puedo supervisar lo que hacen. El año pasado iban a la matinée, después nos encontrábamos en una esquina y volvíamos juntas a casa", cuenta Karina.
"Negociar siempre es una opción. Hay que entender también que, en sintonía con la edad que atraviesan, son chicos abúlicos, que boicotean el espacio familiar; una etapa donde se manifiesta la rebeldía -señala Marisa  
También los padres buscan la manera de que los chicos no estén demasiado tiempo en las pantallas durante las vacaciones, y que puedan compartir con amigos es una solución. Creo que es una etapa donde tratar de coincidir con amigos y otras familias que tengan hijos en edades similares es una buena idea en la medida que posibilita un buen descanso para todos. El riesgo, y que lo veo a menudo en mi consultorio, es cuando los chicos deciden todo. Qué se come, qué película se mira, qué música se escucha en el auto y a dónde nos vamos de vacaciones. Esto sí es contraproducente a una crianza saludable. Los niños tienen su opinión y hay que escucharlos y entender sus necesidades. Pero la decisión es de los adultos", enfatiza

S. V.

CARLOS PAGNI....ODISEA ARGENTINA,


Alberto Fernández se solidariza con "los amigos de Macri"

Carlos Pagni
Alberto Fernández todavía no exhibió, en un sentido orgánico, un plan económico. Por ahora, ofrece un relato económico. Los términos sobresalientes de esa narración son conocidos. El gobierno de Cambiemos dejó tierra arrasada, debido a que solo supo tomar créditos de los que se apropiaron "los amigos de Macri" a través del sistema financiero o de leoninos contratos de energía.
El resultado de esa perversidad es una sociedad diezmada, con niveles de pobreza e indigencia intolerables y una situación fiscal de default, solo disimulada por los préstamos del Fondo Monetario Internacional.
A Fernández le agrada repetir que esas penurias se parecen a las que encontró él en 2003, cuando asumió el poder secundando a Néstor Kirchner. La comparación agravia a Macri, pero mucho más a Eduardo Duhalde. Porque Kirchner recibió una economía con superávit fiscal y comercial, con un dólar muy competitivo, y un mercado de trabajo que ya se estaba reanimando. Pero el Presidente insiste con uno de los grandes trucos políticos del kirchnerismo: identificar la recuperación de 2003, apenas perceptible, con el colapso de 2001.
En este contexto narrativo el oficialismo justifica un ajuste sobre los contribuyentes que equivale a 1,28 puntos del PBI. Es decir, alrededor de 6500 millones de dólares. Esta transferencia de dinero del sector privado al sector público es la respuesta solidaria que exige aquel cuadro doloroso.
Esta presentación de los hechos tiene algunos aspectos indiscutibles. Es verdad que Mauricio Macri dejó una situación social muy deteriorada. Sobre todo debido a una estrategia económica muy recesiva que le era reprochada, mientras se estaba ejecutando, por dirigentes políticos de su propia coalición. También es cierto que, a partir del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, Macri llevó adelante un ajuste fiscal sin antecedentes, que deterioró muchas prestaciones del Estado. En cambio, es muy controvertido que la gestión de Cambiemos sea, en solo cuatro años, la única responsable de la inquietante tendencia a la exclusión que se verifica en la Argentina. Y es un rudimentario argumento de campaña que las miserias que saldaron la gestión de Macri se deban a una malformación moral deliberada.
Así como el diagnóstico del Presidente está sesgado, también la terapia que él propone es problemática. Eso se debe a que todavía no se conocen los grados relativos de solidaridad que se van a exigir para aliviar a los que peor la están pasando. Expertos en cuentas públicas han calculado de manera provisional que los afectados por las retenciones harán el 30% de ese esfuerzo. Las empresas, a las que se les piden mayores contribuciones patronales, cargarán con el 20%. Es mucho más difícil determinar el aporte de los que insistan en ahorrar o gastar en moneda extranjera. Pero estas especulaciones lo sitúan en 27%. Los que pagan Bienes Personales se harán cargo del 14% del sacrificio total.
Más allá de estos grupos, que son los que más deben contribuir, aparecen incógnitas importantísimas. Son las que impiden conocer la proporción de cooperación que se exige a cada franja social. Solo cuando se las despeje se sabrá si la nueva ley es, además de solidaria, equitativa.
El primer enigma que debe despejarse es cuánto deberán resignar los jubilados. Por ahora solo se conoce quiénes serán los beneficiarios. Quienes cobran hasta 19.067 pesos de haber recibirán mañana un bono de 5000 pesos, que es el equivalente aproximado de lo que se va a recaudar de más por Bienes Personales. Y está confirmado que habrá un bono de 2000 pesos para los que reciben la Asignación Universal por Hijo.
Se ignora, en cambio, cuál será el efecto del cambio de fórmula para actualizar las jubilaciones sobre los ingresos del sector pasivo. Fernández ya anunció que, por seis meses, él decidirá cuándo y cómo se irán ajustando esos haberes. ¿Cuál será el criterio después de ese período? Se sospecha que se fijará un porcentaje sobre la jubilación mínima a partir de parámetros todavía inciertos y que ese aumento se otorgará como suma fija al resto del sistema. Para saber a cuánto tuvieron que renunciar los jubilados de lo que, en teoría, pensaban percibir habrá que esperar a fin de 2020.
Este recorte es inexorable. Si se toma en cuenta la proporción de población envejecida, la Argentina es uno de los países con mayor gasto previsional del mundo. El 11% de la población argentina supera los 65 años. Y el Estado gasta en jubilaciones 11% del PBI. En Japón, el 27% de la población tiene más de 65 años, pero el gasto previsional es de 10,2% del PBI. Australia tiene al 15% de su población por encima de los 65 años, y gasta en previsión 4,3% del PBI.
El Presidente explica, indignado, que está obligado a pagar menos de lo que los jubilados esperaban porque Macri estableció un método de actualización que suponía una baja dramática de la inflación. Y sucedió lo contrario. Es verdad. Pero también es cierto que el problema previsional adquirió dimensiones inmanejables debido a la irresponsable moratoria dispuesta en 2006 por Néstor Kirchner, con el propio Fernández como jefe de Gabinete y Sergio Massa como titular de la Anses. Por culpa de esa decisión, el gasto público se incrementó en 2006 un 50% nominal, cuando la inflación era del 18%. Raúl Rigo, el actual secretario de Hacienda, debe recordarlo bien. En aquel momento era director de Presupuesto.
La incógnita más importante acerca de los niveles de sacrificio que se pedirán frente a la crisis tiene que ver con el sector financiero. Es decir, con la negociación de la deuda. El panorama es muy incierto. Por ejemplo: el martes próximo el Tesoro debe pagar 225 millones de dólares por los intereses de un bono regido por ley local, y 194 millones por otro regido por ley extranjera. El mercado suponía hasta el lunes que se cumplirá con los dos compromisos. Aun cuando las Lete en dólares, que están reguladas por la legislación local, fueron reprogramados hasta agosto del año que viene. Sin embargo, en las últimas 48 horas comenzó a circular entre inversores la versión de que los 225 millones de dólares de ley local podrían "reperfilarse". Fue a raíz de comentarios informales divulgados en Punta del Este, daikiri va, martini viene, por un famoso empresario cercano a Sergio Massa. Así se instaló la duda acerca de si el Gobierno tratará del mismo modo a los bonistas protegidos por los tribunales de Nueva York que a los "protegidos" por los tribunales argentinos. Duda razonable: se tratará distinto a los que generen dólares en Vaca Muerta que a los que lo hagan en otra actividad, o a los que tengan un bono en el país que a los que lo tengan en el extranjero.
La negociación con el Fondo
En medio de esta bruma se dibuja, borrosa, una premisa. Martín Guzmán preferiría renegociar cuanto antes los compromisos con los bonistas y dejar para más adelante, tal vez para agosto, la discusión sobre los vencimientos con el Fondo Monetario Internacional. La premura por el acuerdo con los acreedores privados se debe a que el Tesoro debe realizar desembolsos en dólares en los primeros meses de 2020. Llegan a 2168 millones entre abril y mayo. Y hay un pago en ese último mes al Club de París, por 2000 millones de dólares.
Bajo esta dinámica, es probable que los bonistas consigan un arreglo muy favorable. Como suele suceder con cualquier acreedor que se enfrenta a un deudor urgido. El profesor Guzmán tiene, sin embargo, un límite en esta estrategia: sus propios papers sobre reestructuraciones de deuda. Más allá de este detalle, el discurso oficial referido a los acreedores privados es neutral, casi amigable. Y en este gobierno la retórica es un predictor bastante confiable.
El interrogante que algunos economistas se plantean al examinar este itinerario tiene que ver con la relación con el Fondo. En 2021 vencerán 18.360 millones de dólares. Ese pago se podría reprogramar. Pero ¿Kristalina Georgieva aceptaría hacerlo sin nuevos condicionamientos fiscales? Uno de los acertijos del programa de solidaridad se refiere a las metas del Tesoro. No se conocen. O tal vez no estén siquiera definidas. Si se aceptara la contabilidad de Macri, es decir, que entregó un déficit primario de 0,5% del PBI, Fernández podría llegar a fin del año próximo con un superávit de 0,7%, tres décimas por debajo de lo pactado con Macri. Eso sí: el gasto durante 2020 debería ser cero en términos reales, es decir, no aumentar por encima de la inflación.
Es un objetivo inconcebible. Entre otras cosas porque, debido al enorme gasto previsional, las prestaciones del Estado sufren una crisis de financiación quizás inédita. Macri llevó, obligado por el Fondo y estimulado por sus propias inclinaciones, un recorte severísimo del gasto. Fernández no tiene ningún incentivo en esa dirección. Más bien todo lo contrario.
El Gobierno tiene una palanca envidiable en la negociación con el Fondo: debe demasiado. La sola amenaza de incumplimiento insinuaría, para Georgieva, una catástrofe. Fernández también tiene otro frente en el cual recortar: el sector energético. Con los números actuales, en 2020 habría que subsidiar a los generadores con unos 4500 millones de dólares. Es la consecuencia de otro error de cálculo de Macri. Así como, en el caso de las jubilaciones, apostó a una inflación descendente, en el caso de los contratos eléctricos supuso un dólar estable. Por eso los nominó en esa moneda, lo que exige un fenomenal aumento de tarifas. El Presidente tiene varias razones para no querer hacerlo. Una se llama convulsión social en Chile. Otra, derrota electoral de Juntos por el Cambio. El problema tarifario ha sido un factor de ambos fenómenos. Este camino lleva a una pregunta: ¿cuál será el grado de solidaridad que se exigirá a las empresas productoras de energía, sobre todo las de generación eólica y solar?
Hay una sola llave para salir de este laberinto: una reactivación consistente, que sea más que un rebote. Con el ajuste fiscal que se dispuso, es una opción muy ambiciosa. Por eso algunos economistas aconsejan una negociación durísima con los bonistas. O, incluso, asumir los costos de un default. Suponen que, de lo contrario, cuando se retomen las tratativas con el FMI, habrá que renegociar de nuevo lo que se pacte con los acreedores en los próximos meses. El dilema podría simplificarse en estos términos: ¿cuál será la "soja" del nuevo presidente? ¿El dinero de los bonistas o el de los contribuyentes? Según la respuesta será el grado de recesión.
Grandes incógnitas de la solidaridad. Todavía no se sabe cuánto deberán sacrificarse los tenedores de bonos y los generadores eléctricos. "Los amigos de Macri", que, por ahora, parecen ser amigos de Fernández.

AUTOR Y LECTURA RECOMENDADA,

En en Buenos Aires, conseguí estos libros de DANIEL MOYANO:
"Un silencio de corchea" y "Tres golpes de timbal" en:
Librería Sudestada (Tucumán 1533), Librería Hernández (Corrientes 1436) y Casa de La Rioja (Callao 745)

lunes, 30 de diciembre de 2019

EL ECONOMISTA....NOTICIAS,



Paraguay 776, CIUDAD AUTONOMA DE BUENOS AIRES, Argentina

LA PÁGINA DE JORGE FERNÁNDEZ DÍAZ


LEIDO POR JORGE FERNÁNDEZ DÍAZ

THE NEW YORK TIMES
Fueron amantes en Auschwitz y se reunieron 72 años después; él tenía una sola pregunta



Por Keren Blankfeld

La primera vez que le habló, en 1943, cerca del crematorio de Auschwitz, David Wisnia se dio cuenta de que Helen Spitzer no era una prisionera cualquiera. Zippi, como la conocían, siempre estaba limpia y aliñada. Usaba una chaqueta y olía bien. Los presentó otro prisionero, porque ella se lo pidió.
Su mera presencia era inusual: una mujer fuera de la zona para mujeres hablando con un prisionero varón. Sin que Wisnia reparara en ello, ya estaban solos, y los prisioneros que los rodeaban se habían ido. Más tarde se dio cuenta de que esto no era una coincidencia. Planearon verse de nuevo en una semana.
El día de su cita, Wisnia fue a verla al cuartel entre los crematorios 4 y 5, como lo habían planeado. Subió a lo alto de una escalera improvisada hecha de paquetes de ropa de los prisioneros. Spitzer la había acomodado, un espacio entre cientos de pilas, con el tamaño suficiente para que cupieran ambos. Wisnia tenía 17 años; ella, 25.
Ambos eran prisioneros judíos en Auschwitz y ambos tenían privilegios. Wisnia, a quien en un principio obligaron a recolectar los cadáveres de los prisioneros que se suicidaban, había sido elegido para entretener a sus captores nazis cuando descubrieron que era un cantante talentoso.
Spitzer tenía un puesto de más poder: era la diseñadora gráfica del campo de exterminio. Se volvieron amantes y se reunían en su rinconcito a una hora determinada casi una vez al mes. Después del temor inicial de saber que estaban poniendo en peligro sus vidas, comenzaron a anhelar esas citas. Wisnia se sentía especial. “Me eligió a mí”, recordó.
Durante algunos meses, lograron ser el escape del otro, pero sabían que esas visitas no durarían. A su alrededor, la muerte estaba por todas partes. Aun así, los amantes planearon una vida juntos, un futuro afuera de Auschwitz. Sabían que los separarían, pero tenían un plan, después de que acabara la guerra, se reunirían.
Les tomó 72 años.
En una tarde reciente este otoño, Wisnia estaba sentado en la casa donde ha vivido durante 67 años en su ciudad adoptada de Levittown, Pensilvania, viendo fotografías viejas. Wisnia, todavía un cantante apasionado, pasó décadas como cantor en la congregación local. Ahora, casi una vez al mes, ofrece discursos en los que relata historias de guerra, generalmente a estudiantes y a veces en bibliotecas o congregaciones.
“Aún hay algunas personas que conocen los detalles”, comentó.
Spitzer fue una de las primeras mujeres judías en llegar a Auschwitz en marzo de 1942. Gracias a que podía hablar alemán, sabía de diseño gráfico y también por pura suerte, se hizo de un empleo de oficina.
Conforme crecieron las responsabilidades de Spitzer, obtuvo más libertad para trasladarse por algunas zonas del campo y a veces le permitían hacer excursiones. Sin embargo, Spitzer jamás fue colaboradora nazi ni kapo, aquellas personas judías encargadas de vigilar a otros prisioneros. En cambio, usó su puesto para ayudar a prisioneros y aliados.
A Wisnia le asignaron la “unidad de cadáveres” cuando llegó. Pero en cuestión de meses se corrió la voz de que Wisnia era un cantante talentoso. Comenzó a cantarles con frecuencia a los guardias nazis y le asignaron un nuevo puesto en un edificio que las SS llamaban el Sauna. Desinfectaba la ropa de los recién llegados con los mismos comprimidos que se usaban para asesinar a los prisioneros en las cámaras de gas.
Spitzer, que había visto a Wisnia en el Sauna, comenzó a hacer visitas especiales. Su relación duró varios meses. Una tarde, en 1944, se dieron cuenta de que probablemente sería su última reunión en su rincón. Los nazis estaban transportando a los últimos prisioneros del campo para matarlos mientras daban una caminata y destruían las pruebas de sus delitos.
Durante su última cita hicieron un plan. Se reunirían en Varsovia cuando terminara la guerra, en un centro comunitario. Era una promesa.
Wisnia se fue antes que Spitzer en uno de los últimos transportes que salieron de Auschwitz. Lo transfirieron al campo de concentración de Dachau en diciembre de 1944. Poco después, durante una marcha de la muerte desde Dachau, se encontró una pala. Golpeó a un guardia de las SS y escapó. Al día siguiente, mientras estaba oculto en un establo, escuchó lo que creyó que eran tropas soviéticas que se acercaban. Corrió hacia los tanques y esperó tener suerte. Resultaron ser soldados estadounidenses.
Aunque por ser polaco jamás pudo volverse soldado raso, Wisnia llevó a cabo varios empleos en el Ejército estadounidense después de la guerra. Trabajó en el Puesto de Intercambio del Ejército, que proporcionaba artículos básicos a los soldados. En cuanto se unió a los estadounidenses, su plan de reunirse con Zippi en Varsovia ya ni siquiera era una consideración. Estados Unidos era su futuro.
Spitzer fue una de los últimas en irse del campo viva. La enviaron al campamento de mujeres en Ravensbrück y a un subcampo en Malchow antes de que la evacuaran mediante una marcha de la muerte. Ella y una amiga escaparon de la marcha borrando la franja roja que habían pintado en sus uniformes, lo cual les permitió mezclarse con la población local que estaba escapando.
En medio del caos, Spitzer llegó al primer campo de personas desplazadas que albergaba a judíos en la zona estadounidense de la Alemania ocupada, donde, en la primavera de 1945, había por lo menos 4000 sobrevivientes.
Poco después, Spitzer se casó con Erwin Tichauer, el jefe de policía en funciones de ese campo. Una vez más, Spitzer, ahora conocida como Tichauer, se encontraba en una posición privilegiada. Aunque también eran personas desplazadas, los Tichauer vivían afuera del campo.
Los Tichauer terminaron por mudarse a Estados Unidos, primero a Austin, Texas, y en 1967 se asentaron en Nueva York, donde Tichauer se convirtió en profesora de bioingeniería en la Universidad de Nueva York.
Poco después de que terminó la guerra, un exprisionero de Auschwitz le dijo a Wisnia que Tichauer estaba viva. En ese entonces ya estaba muy involucrado en el Ejército estadounidense, con sede en Versalles, donde esperó hasta que por fin pudo emigrar a Estados Unidos.
Cuando sus tíos lo recogieron en el puerto en Hoboken en febrero de 1946, no podían creer que el chico de 19 años con uniforme de soldado raso fuera el pequeño David que vieron por última vez en Varsovia.
Apresurándose para compensar el tiempo perdido, Wisnia se adentró a la vida de la ciudad de Nueva York, y fue a bailes y fiestas. En 1947, en una boda, conoció a Hope, su futura esposa.
A lo largo de los años, Wisnia siguió enterándose de lo que pasaba con Tichauer a través de un amigo en común. Mientras tanto, su familia creció: tuvo cuatro hijos y seis nietos. En 2016, Wisnia decidió tratar de comunicarse con Zippi. Había compartido la historia con su familia. Su hijo, que ahora era rabino en la sinagoga reformista en Princeton, Nueva Jersey, inició el contacto en su nombre. Finalmente, ella acordó organizar una visita.
Habían pasado 72 años desde que había visto por última vez a su exnovia. Había escuchado que estaba enferma, pero sabía pocas cosas sobre su vida. Sospechaba que había ayudado a mantenerlo con vida y quería saber si eso era cierto.
Cuando Wisnia y sus nietos llegaron a su apartamento en Manhattan, vieron que Tichauer estaba tendida en una cama de hospital, rodeada de estantes llenos de libros. Había estado sola desde que murió su esposo en 1996, y jamás tuvieron hijos. Con el paso de los años, postrada en una cama, poco a poco perdió la vista y la audición.
En un principio, no lo reconoció. Después Wisnia se acercó a ella.
“Sus ojos se abrieron por completo, casi como si hubiera recobrado la vida”, dijo Avi Wisnia, de 37 años, nieto de Wisnia. “Todos quedamos estupefactos”.
La reunión duró cerca de dos horas. Finalmente, tuvo que preguntar: ¿tuvo algo que ver con el hecho de que logró sobrevivir en Auschwitz todo ese tiempo?
Alzó su mano y mostró sus cinco dedos. Su voz sonó fuerte, con un marcado acento eslovaco. “Te salvé cinco veces de un mal destino”, le respondió.
“Sabía que era ella”, les dijo Wisnia a sus nietos. “Es totalmente asombroso. Sorprendente”.
Pero aún había más. “Te estaba esperando”, dijo Tichauer. Wisnia quedó pasmado. Después de que escapó de la marcha de la muerte, lo esperó en Varsovia. Había continuado con el plan, pero él jamás llegó.
Lo había amado, le dijo en voz baja. Él también la había amado, le dijo.
Wisnia y Tichauer nunca volvieron a verse. Ella murió el año pasado a la edad de cien años. En su última tarde juntos, antes de que Wisnia se fuera de su apartamento, ella le pidió que le cantara. Él le tomó la mano y le cantó la canción húngara que ella le enseñó en Auschwitz. Quería mostrarle que recordaba la letra.
c.2019 The New York Times Company

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