sábado, 31 de octubre de 2020

FERNANDO SAVATER Y ALGUNO DE SUS LIBROS...HAY MUCHOS MÁS...TODOS RECOMENDADOS



Fernando Savater: "El problema no es el político demagogo o ignorante, sino la gente que lo elige"
SEGOVIA
Cuando la conoció, ella llevaba una cresta punk. En la vieja Facultad de Filosofía de Zorroaga, en el País Vasco, en cuyos pasillos se vendían vino y bocadillos de tortilla, la muchacha se acercó una mañana al joven profesor. Destacaba entre la multitud y no por su cabellera excéntrica que le valió el nom de guerre Pelo Cohete. Llamaba la atención de modo tan natural, recuerda su gran amor, "como perfuman las flores o sobresaltan los truenos". Fernando Savater (San Sebastián, 1947) describe este momento clave de su existencia. "He estado en tu clase. ¡Y no me ha gustado nada!", le dijo Sara Torres. Lejos de irritarse con esta impertinencia, él entendió que era solo una manera de entablar conversación. Así nació una relación que se extendió durante 35 años hasta que ella murió de un cáncer fulminante. La peor parte. Memorias de amor (Ariel) es el himno de un sobreviviente, la carta de amor sin cursilería de una pluma excelsa, una oda a la desolación, un perfil sobre el motor que desde las sombras del anonimato enciende una lúcida voz del pensamiento, la biografía de una mujer desconocida por la historia, una pancarta contra el escepticismo y las bondades de los fármacos y del psicoanálisis para sobreponerse al dolor. "Con la pérdida de mi amada, perdí también el afán de futuro y sobre todo el regocijo de la vida, pero seguí sintiendo la habitual antipatía por la muerte. Es como cuando padecemos un fuerte catarro nasal que embota nuestro sentido del gusto: seguimos teniendo apetito y nos atrae el aspecto de los platos preferidos, pero al probarlos vemos que han perdido su sabor y así nos aburrimos pronto de comer", escribe en el libro que demoró en publicar casi cuatro años.
Es domingo por la mañana y la voz de tenor de Fernando Savater inunda el living del hotel donde se encuentra. Es uno de los invitados estrella del Hay Festival Segovia, que se celebra en la ciudad castellana, uno de los oradores más convocantes, que junto con el historiador polaco Adam Michnik indaga sobre las amenazas nacionalistas que azotan Europa.
Durante los meses en los que se extendió el confinamiento por el Covid-19, Savater estuvo recluido en su casa en San Sebastián, donde algunas ventanas miran al mar. El filósofo es autor de Ética para Amador, con el que tantos jóvenes hispanoamericanos han estudiado, y muchos otros ensayos sobre la ética (Invitación a la ética, Ética de urgencia, Ética como amor propio, Ética para la empresa, etcétera). Su compromiso político y el amor por su esposa no son esferas divisibles. Era Pelo Cohete quien estimulaba a Savater a escribir sus ideas políticas, a combatir contra el atropello de los violentos, de los nacionalistas, y en particular contra la agrupación terrorista ETA.

Define al populismo como "la democracia de los ignorantes". ¿Se refiere a los líderes o a los votantes?
Son los ciudadanos. La mayoría de las personas no sabe hacer una operación a corazón abierto y eso no tiene nada de malo. El problema es si tú vas al hospital y tienes que hacerte una operación y te toca una de esas muchas personas que no saben hacerlo. El problema no es el político en sí, que suelen ser demagogos e ignorante, sino el problema está en la gente que lo elige. Hay otras formas de populismo, los que se imponen por la fuerza. Hay dictadores que se imponen por medios populistas, por ejemplo, pero el problema es cuando los ciudadanos eligen al populista.
¿De qué modo se puede educar para no votar al populismo?
Se puede educar ciudadanos con sentido de su libertad y de sus posibilidades, derechos y deberes. Algunos nos hemos pasado 35 años tratando de educar a la gente.
También interviene la ética a la hora de votar. Por ejemplo, ¿voto a un corrupto, a pesar de que lo sea, si me beneficiará con una política?
Sí. Claro. Ahí está la libertad de cada uno y por eso hay que educar sobre la ética.


Hay una figura, la del militante. ¿Es dañino? ¿Atenta contra la libertad en una sociedad?
No, ser militante está bien si hay una buena causa. Me gustan las personas que se comprometen y no las que ven pasar las ideas, como las vacas ven pasar el tren, y no se mueven. Me gusta la gente que viaja en el tren.
Cuando hay una sociedad tan polarizada, ¿qué se puede hacer para proponer el diálogo, para acercar posiciones y que no haya un abismo?
En una democracia, la unanimidad es sospechosa. La polémica no es mala, siempre que esté sometida a las pautas de la democracia, que no tiene que crear la armonía, sino civilizar la desarmonía y las discrepancias. Una cosa es que uno discrepe con el otro y otra que el otro le pegue un tiro. Lo malo también en este caso no es la discrepancia, sino el tiro. La democracias se llaman parlamentarias porque están basadas en la palabra. Dice Montesquieu: "Si uno acerca al oído a un país y no oye nada, puede estar seguro de que es una dictadura. Si uno se acerca y escucha gritos, insultos y polémicas, es una democracia".
Fernando Savater 

¿De qué modo se puede recomponer un tejido social?
Con educación y libertad, pero lo importante es que entendamos que somos, a pesar de todas nuestras diferencias, seres semejantes. ¿En qué? Somos seres vulnerables, somos frágiles, un mecanismo con grandes posibilidades, pero que se estropea fácilmente. En sociedad nos defendemos mejor, es nuestro mejor instrumento para luchar contra nuestra vulnerabilidad. Somos tan sociales que las enfermedades son sociables, como las epidemias, y por eso hay que separarnos.
Pero también hay muchedumbres, un concepto que usted estudia.
La muchedumbre es cuando cada cual se dedica a sí mismo, cuando se atropella, patea, y también se deja asustar, porque son personas inseguras las que la integran. La solidaridad es lo que convierte a una muchedumbre en una sociedad.
Hay algunos líderes que utilizan las redes sociales para despotricar, para acusar de modo nada diplomático.
Sí, hay algunos muy conocidos...




¿Cómo interpreta esta acción?

Cuando los líderes son malos lo que hay que hacer es cambiarlos. Votar a otros. Y si el líder sigue siendo malo, la culpa es tuya porque no lo has cambiado.
Decía Éric Vuillard en el Hay Festival, parafraseando a Voltaire, que cuando surgen estas expresiones populares, generalmente hay un líder en las sombras con resentimiento y frustración. ¿Está de acuerdo?
Hay momentos donde los movimientos populares expresan un descontento objetivo. La gente se queja porque la economía va mal, la salud va mal, se pisotean derechos colectivos o individuales. No hace falta rascar mucho. Pero a veces se lanza un falso pretexto, que parece vital, pero quiere cambiar la democracia. Así ocurre a menudo en la historia.

Usted ha expresado siempre de modo muy valiente su voz y repudio ante las acciones de ETA.

Ya menos, estoy bastante jubilado.
¿Vio el polémico cartel que anticipaba la serie Patria, basada en la novela homónima de Fernando Aramburu [se equiparaba a un terrorista con una víctima]? ¿Qué sintió?

Un poco de rabia, porque traicionaba la novela. La novela no es eso. Es excelente. Eso fue una operación comercial, probablemente hecha con esta intención de ahora "Aquí todos somos malos para que no sea malo ninguno". La novela no es así, sino todo lo contrario. Me fastidió. Afortunadamente la serie responde a la novela y no al cartel.

Usted habla y cita a menudo, desde hace décadas, a Celia Amorós. Ella es una referente indiscutida del feminismo. ¿Ha sido atacado por el feminismo?

Celia ha sido compañera mía mucho tiempo. He tenido ataques por todas las razones que puedas imaginar. Di una y seguro he tenido un ataque. Con Celia ambos compartíamos en un momento un gran interés por Sartre. Actualmente no nos vemos, pero siempre le he tenido un gran respeto intelectual y procuro respetar intelectualmente a quienes se expresan intelectualmente. Pero extender ese respeto a esas encuestas que hace el Ministerio de Igualdad, a veces, no puedo.
Hablaba de los sartreanos, y pienso en Mario Vargas Llosa, que también lo fue en un momento. Junto a él ha adherido al manifiesto de un grupo de intelectuales de Estados Unidos, publicado en la revista Harper's, donde condena la intolerancia de algunas esferas, así como también la hoy denominada "política de la cancelación". ¿Alguna vez la ha practicado?

Personalmente, sí. Lo que no me gusta, lo cancelo, pero no por eso voy a tirar la estatua. Tengo en el mundo muchas personas canceladas, pero es a nivel personal. En fin, es inevitable. Tener cierta capacidad de eliminar cosas que uno no quiere es un poco limpiar el desván de la cabeza.
Me gusta esa metáfora, sobre el "desván de la cabeza". La memoria es limitada.
Es que tienes que vaciar a veces tu cabeza para que tenga sentido todo lo demás.

¿A qué autores no quiere sacar nunca del desván?

Ídolos literarios, Borges o Samuel Beckett. Luego, como soy muy aficionado a las carreras de caballos, soy muy burrero, Jorge Valdivieso. Y algunos ídolos cinematográficos.

¿Quiénes son sus héroes del cine?

Charles Laughton, John Wayne, Gene Kelly.
En 2012, en la televisión argentina, tuvo un programa que vinculaba la literatura y lo urbano [Las ciudades y los escritores, por TN]. En la actualidad estamos en un escenario donde la autoficción, o la ficción del yo, ocupa un papel relevante. ¿Qué dice este fenómeno, no tanto en términos literarios, sino del contexto en el que estamos?
Ahora hay mucha más gente que escribe que gente que lee. Lo difícil es encontrar lectores. Aunque siempre ha sido así, no es algo exclusivo del presente. Los buenos lectores son más preciosos que los escritores. A mí me gustan mucho estos libros, la literatura del yo. Según qué "yo", claro.
La peor parte, su último libro, está dedicado a su mujer. Allí escribe que usted muchas veces escribía para que ella lo quisiera más.
Sí, me suelen preguntar qué es el amor. Y pienso que es dejar de vivir para algo y vivir para alguien. Hacía las cosas que sé hacer, que no son muchas, no pensando que me iban dar el Nobel, sino que ella me iba a sonreír. Con eso me bastaba. Las cosas que vienen del amor no tienen precio, mientras que todo lo demás está en venta.

Entonces, ¿qué es el amor?


Es un giro que da tu vida. Tu vida funciona en un cauce de rutina, de imitación, y el amor hace que veas al mundo con otros colores, para bien y para mal. El amor te da una intensidad nueva en el mundo, y por otra parte te deja un poco inerme ante muchas cosas, sobre todo ante el miedo de perder al amado. De perder al objeto de amor, porque si se muere la persona que amas, el amor sigue.

¿El amor platónico realmente existe?

No, no. Esa es una tontería que se inventaron los provenzales. Es como la gente que ahora dice que está en contra del amor romántico. ¡Pero si es que no hay más que amor romántico!

Se habla de las relaciones y del amor tóxico...

No. Hay gente a la que todo se le vuelve tóxico porque no ha nacido para vivir, sino solamente para padecer. Entonces la literatura, el amor, la religión, la política, se les vuelven tóxicos.

¿Cuál es su opinión sobre el concepto de las relaciones líquidas y el amor líquido [una tesis que propone el sociólogo Zygmunt Bauman]? ¿Piensa que realmente existe algo así?

A mí eso del amor líquido... No hay que hacer caso. Son cosas que nos inventamos los profesores.

¿Teme a la muerte?

Creo que mucho no estoy pensando en ella. Spinoza en su Ética dice:. "El hombre libre nada piensa menos que en su muerte y todas sus reflexiones son sobre la vida". He procurado aplicar esa norma. La muerte propia no me preocupa, la de los demás sí. Para mí la muerte siempre ha sido eso que les pasa a los demás. Aquello que dice la tumba de Marcel Duchamp, en Ruan: "Por otra parte, son siempre otros los que mueren".

¿Qué podemos sacar como positivo de este momento tan complejo en lo social y en lo personal, marcado por la pandemia?

De todos los males puede sacarse algo provechoso. Tenemos libros que se nos olvida leer, tenemos tiempo para hacerlo, y para ver películas y series. Y también está la conversación, porque a veces vivimos con personas a las que apenas saludamos. No hay que perder tiempo lamentándose sobre aquello que no podemos hacer. También debemos desarrollar una virtud que hemos perdido: la gratitud.

L. V. 

viernes, 30 de octubre de 2020

LA PÁGINA DEL DR. JUAN CARLOS DE PABLO



¿Para qué le sirve la teoría a un ministro de Economía?

Juan Carlos de Pablo

El ministro de Economía tiene que poner en caja al fisco nacional; el presidente del Banco Central tiene que lidiar con el mercado de cambios, y el ministro de Desarrollo Productivo tiene que lograr que la reactivación económica tome impulso y persista. ¿Deben releer los libros con los cuales estudiaron en la facultad, o deben ignorarlos?
Al respecto consulté al japonés Shigeto Tsuru (1912-2006), quien según Kotaro Suzumura, fue en su país uno de los más grandes economistas políticos e influyentes líderes de opinión luego de la Segunda Guerra Mundial. A partir de 1935 estudió en Harvard, donde tuvo como profesores a Haberler, Leontief, Schumpeter y Taussig, y donde compartió las aulas con Bergson, Bryce, Galbraith, Musgrave, Samuelson, Stolper, Sweezy y Triffin. Protagonizó un hecho muy simpático, que su principal beneficiario relató en los siguientes términos: "Si no fuera por Shigeto, yo nunca hubiera conocido a Marion Crawford, mi primera esposa. En aquellos días, en Japón, los matrimonios se arreglaban mientras que en los Estados Unidos se fabricaban en el Cielo. Pero incluso el Cielo necesita una mano y esa fue la de Tsuru" (Paul Anthony Samuelson).

-Su vida, como la de tantos de sus compatriotas, estuvo sujeta a eventos dramáticos.

-Efectivamente. Durante la Segunda Guerra Mundial estaba convencido de que Japón sería eventualmente vencido, y ya en la primavera de 1942 comencé a esbozar la idea de volver a mi país, para estar disponible y ayudar en la reconstrucción. Ingresé a las fuerzas armadas en junio de 1944. Afortunadamente no me destinaron al combate sino al servicio exterior. En mayo de 1945, el departamento que tenía en Tokio fue destruido por un ataque aéreo. Por tercera vez perdí mi biblioteca.

-¿Cuál fue una de las primeras cosas que hizo, cuando comenzó a enseñar en la universidad Hitotsubashi?

-Escribirle a mis profesores y colegas de Harvard, para que me enviaran todos los libros y las revistas especializadas que les sobraban, para volver a rehacer mi biblioteca. Tuve suerte. Enseñé entre 1948 y 1975.

-Eduardo Andrés Zalduendo dijo de usted que si, bien su enfoque era marxista, sus estudios comparados de economías socialistas y capitalistas están cuidadosamente balanceados.

-De joven milité en un grupo estudiantil marxista. En diciembre de 1930 fui arrestado, junto con otros 40 estudiantes, permaneciendo detenido más de tres meses, hasta que fui liberado por ser menor de edad. Pero mis ideas políticas no influyeron en mis clases o en mis investigaciones. Traté de imitar a Joseph Alois Schumpeter, de quien Paul Marlor Sweezy dijo: "No le importaba lo que pensáramos, mientras pensáramos".

-¿Cuál es la relación entre la teoría económica y la política económica?

-Lo que ocurre en economía también se observa en derecho y en medicina. De manera que, simultáneamente, se podría preguntar cuál es la relación entre la teoría jurídica o médica, y la legislación, la jurisprudencia y el ejercicio práctico de la medicina.

-Pues bien, ¿cuál es?

-Empiezo por la negativa, por plantear un par de situaciones extremas. Según una de ellas, existe una relación biunívoca entre teoría y política; según la contraria, no existe ninguna relación entre ellas. Si la relación entre teoría y política fuera biunívoca, bastaría con meter en una computadora todos los libros, informes, datos, etcétera que se conocen, plantear los objetivos de la política económica, para que la máquina indique los mejores instrumentos para lograrlos. En el otro extremo, si no existiera ninguna relación entre la teoría y la política económicas, lo que se aprende en la facultad es irrelevante para solucionar problemas prácticos.

-¿Qué hay que hacer entonces?

-No minimizo la importancia de lo que se aprende en la facultad, porque, como bien dice Henry Kissinger en sus Memorias, la función pública no crea capital humano sino que lo consume. En la experiencia ministerial uno aprende cómo tomar decisiones, pero no qué decisiones tiene que adoptar. Pues bien, lo que tiene que hacer el alto funcionario es entender lo que dice la teoría, lo cual quiere decir saber adaptarlo a la aplicación concreta, y complementar dichos conocimientos con la introspección, la lectura de la historia, el ABC de la ciencia política, etcétera.

-Las bibliotecas son inmensas. -¿Qué ideas "teóricas" son particularmente útiles para un ministro de Economía?

-Que no hay de todo, para todos, gratis; que lo que hay puede tener más de un destino; que el producto bruto interno (PBI) no cae del Cielo, como el Maná, sino que es el resultado del esfuerzo humano; que la asunción de costos y riesgos tiene que tener sentido para quienes las llevan a cabo; que a los ojos de los hombres y las mujeres, los bienes no ocupan compartimientos estancos, sino que son sustitutos o complementos; que, como vivimos en un mundo muy distorsionado, no se pueden introducir reformas como si viviéramos en un mundo ideal; que cuando la gente no cree en el gobierno de turno, los efectos de las medidas son los contrarios a lo que dicen los libros, escritos para países donde los gobiernos son creíbles, etcétera.

-Este listado me hace pensar que, en términos de política económica, hay libros y libros.

-Efectivamente. Lo cual quiere decir que, luego de leerlos o releerlos, lo que tiene que hacer el ministro es pensar. Vuelvo a un punto que señalé antes: si el paso de la teoría económica a la política económica fuera una cuestión mecánica, hasta un robot lo podría hacer. La culpa no es de los autores de los libros, quienes los escribieron en fechas y en lugares específicos. Es el ministro de un país quien tiene que identificar qué porción de La riqueza de las naciones, El capital o La teoría general de la ocupación, el interés o el dinero, le sirven para responder a la agenda que tiene delante suyo, que al menos en la Argentina tiene mucho más que ver con las circunstancias que con la ideología.

-Personalizando, ¿cómo ve la relación entre un ministro de Economía y sus colegas académicos?

-El caso de Kissinger viene a cuento. Henry pasó de ser profesor en Harvard a alto funcionario en Washington durante la presidencia de Richard Milhous Nixon. Su relación con sus excolegas fue tensa, porque, mientras en el ámbito académico se llega a conclusiones, en el plano ejecutivo esto es solo el comienzo, dada la única pregunta que importa: ¿qué hacemos? Pero la interacción entre un ministro y colegas que tengan la perspectiva de la política económica puede ser muy enriquecedora. Cualquier ministro o presidente del Banco Central que realmente busca ayudas para su gestión sabe diferenciar rápidamente lo que le sirve, de los lugares comunes o de los pronunciamientos meramente doctrinarios o politizados.

-Don Shigeto, muchas gracias.

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EL TEMA CENTRAL...DÓLARES


El Gobierno eligió la implosión para evitar la devaluación

Marcos Buscaglia
Benjamin Franklin dijo alguna vez que "aquellos que sacrifican libertad por seguridad no merecen tener ninguna de las dos." En forma análoga, el Gobierno está sacrificando la vida económica del sector privado para mantener temporariamente la estabilidad del peso en el mercado oficial de cambios (y evitar hacer reformas). Y va a terminar perdiendo las dos. El elevado nivel de la brecha cambiaria y las restricciones a las importaciones están ahogando al sector privado. Para peor, este sacrificio no evitará una devaluación del peso. Será en vano.
La brecha entre el dólar oficial y el Contado con Liqui (CCL) o el blue supera el 130%. Para tener como referencia, durante el cepo que rigió entre fines de 2011 y fines de 2015 la brecha con el CCL fue, en promedio, del 41%. El nivel de la brecha actual es mayor que durante la crisis de la deuda de 1982 y que durante la hiperinflación de fines de los 80, y solo fue superado en la historia moderna en 1975, según datos que prepararon Roberto e Iván Cachanosky.
Dado que este nivel de brecha cambiaria desincentiva las exportaciones e incentiva las importaciones al tipo de cambio oficial, el Banco Central (BCRA) siguió perdiendo reservas internacionales. Desde inicios de septiembre hasta el 15 de octubre vendió 2268 millones de dólares. Las reservas líquidas, es decir las que quedan una vez que se restan deudas del BCRA en dólares, y las reservas que tienen algún costo reputacional para convertirse a dólares, como el oro, eran de -1500 millones el jueves 15 de octubre. Es día, el BCRA ajustó aún más las restricciones a las importaciones, llevándolas a niveles no vistos antes, y a partir de allí solo vendió unos pocos millones de dólares. El objetivo de estabilidad de las reservas se logró, temporalmente pero, ¿a qué costo?
Con estos niveles de brecha cambiaria y de restricción a las importaciones, sumados a los elevados impuestos y regulaciones, el sector privado no puede respirar en la Argentina. Se está muriendo, o está emigrando. Las razones las entiende cualquiera que maneje hasta un quiosco, con perdón de los dueños de quioscos, aunque les son esquivas al equipo que maneja la economía argentina. Con este nivel de brecha y de incertidumbre sobre la capacidad de importar, nadie quiere desprenderse de los bienes o insumos que tiene en su inventario, porque no sabe si los podrá reemplazar, o a qué precio los podrá reemplazar. Esto incluye a bienes producidos localmente, dado que estos también tienen un elevado porcentaje de componentes importados.
Las anécdotas de empresas que tuvieron que parar la producción por falta de insumos, el desabastecimiento de algunos productos en supermercados, o empresas y negocios que no quieren vender o cotizar ventas abundaron esta semana. Como muestra de esto, las búsquedas en Google de palabras como "desabastecimiento", "faltante" y "no entregan" volaron en los últimos días, hasta niveles solo vistos en el inicio de la cuarentena.
Así, las ventas y la actividad, que ya se vieron mucho más castigadas que en la mayoría de los países del mundo como consecuencia de una cuarentena mal implementada, sufrirán un golpe adicional. De hecho, la recuperación de la economía ya se ralentizó en julio y agosto. Según el Indec, la actividad se expandió solo el 1,7% mensual en julio y el 1,1% en agosto. Comparada con 2019, la economía argentina probablemente se haya contraído casi un 12% en el tercer trimestre, luego de caer cerca del 19% en el segundo. Otros países de la región están viviendo tasas de recuperación mucho más aceleradas en estos momentos. La economía de Brasil habría caído solamente entre 3 y 4% durante el tercer trimestre con respecto al tercer trimestre de 2019.
Esa distancia entre la Argentina y el resto del mundo seguramente se amplíe durante el cuarto trimestre, dado que aquí la brecha cambiaria y las restricciones a las importaciones están paralizando la recuperación. Esto muestra lo efímero de las medidas: con menor actividad, lo más probable es que caiga la recaudación de impuestos, lo que agravará el déficit fiscal, llevando a una mayor emisión de pesos por parte del BCRA para financiar al Gobierno y, por lo tanto, a más presión sobre la brecha y las reservas. Este exceso de pesos fue el que originó el problema de la brecha y la pérdida de reservas en primera instancia. Parecería que estamos envueltos en un loop infinito, pero no. Ahora hay menos reservas, menos confianza y más fatiga en las familias y las empresas argentinas. La implosión de la economía por las medidas tomadas llevará de todas maneras a una devaluación, a menos que haya un cambio drástico de rumbo.
Se necesitaba un plan económico claro e integral desde el inicio, y se necesita aún más ahora. Para entender a qué me refiero con la palabra integral, voy a repetir algunas palabras que escribí en esta misma columna el 19 de enero, en los albores de este Gobierno.
Expresé en ese momento: "Malcolm Gladwell, columnista de The New Yorker y autor del best seller Blink (Inteligencia Intuitiva. ¿Por qué sabemos la verdad en dos segundos?) argumenta que cada vez que las personas tienen que dar sentido a una situación complicada o manejar mucha información rápidamente, la simplifican al extremo para comprenderla en forma rápida. Según Gladwell, pensamos casi sin pensar, intuitivamente, simplificando todo. Lo mismo aplica a los programas económicos: rápidamente tratamos de catalogarlos como ortodoxos, heterodoxos, promercado, antimercado, etcétera."
Me refería en ese momento a que la primera impresión era que el Gobierno no tenía plan económico. Con el paso del tiempo, se puede aplicar a la dirección general de la gestión. Cuando vemos restricciones a la importación, tomas de tierras avaladas por funcionarios, debate sobre un impuesto confiscatorio a la riqueza, intento de estatización de Vicentin, defensa de este nivel ridículo de gasto público, ataques a la independencia judicial, y muchos otros actos y gestos diarios adicionales, nuestra cabeza procesa rápidamente que este Gobierno quiere llevarnos a convertirnos en una nueva Venezuela. No hay diálogo con los empresarios, como el periodismo reporta que el presidente Alberto Fernández tuvo en estos días, o suba de la tasa de interés por parte del BCRA, que nos convenza de lo contrario. Y cuando olemos riesgo, el ADN de los argentinos nos impulsa a comprar dólares, a cualquier precio.
Este análisis nos muestra lo difícil que será revertir las expectativas. No se trata solamente de medidas económicas. Tampoco alcanzaría con un recambio del equipo económico, aunque el actual claramente tiene que ser reemplazado. Ya pasó demasiada agua bajo el puente. Demasiados errores, demasiadas señales de radicalización por parte del gobierno. Para revertir las expectativas y recobrar la confianza, no solo en el peso sino en la economía argentina, se requieren al menos tres pasos.


En primer lugar, se necesita transmitir claramente que los ataques al sector privado y a las instituciones de la Constitución Nacional, como los que van dirigidos a la propiedad privada y a la división de poderes, van a cesar. Es decir, transmitir que el ala más radicalizada del Gobierno, esa que nos quiere llevar a ser una nueva Venezuela, va a perder poder. Esto se puede lograr con un acuerdo político con gobernadores, sindicalistas y la oposición. Pero, más allá de los gestos, este cambio tiene que plasmarse en acciones claras. Estas deberían incluir desde la partida de miembros de La Cámpora de puestos clave del Gobierno, hasta desistir del tratamiento del impuesto a la riqueza y la reforma judicial, solo por nombrar algunas de esas acciones necesarias.
En segundo lugar, hay que implementar cambios radicales en la conducción del Estado. Esta administración no solo se caracterizó por sus errores, sino también por su marcada ineficiencia, como se vio en el manejo de la pandemia del Covid-19. El presidente Alberto Fernández necesita urgentemente lo que fue Horacio Rodríguez Larreta para Mauricio Macri en el manejo de la ciudad de Buenos Aires: alguien que le dé gestión. También hay que contar con una conducción económica unificada, y un ordenamiento y una re-profesionalización de los ministerios.
Finalmente, se requiere un programa económico que marque un sendero de reducción de déficit fiscal y de la emisión de pesos, en el marco de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Para que la clase media y el sector productivo crean en ese plan, tiene que basarse en la reducción del gasto público. Cualquier otra alternativa será en vano, porque el sector productivo y los contribuyentes de la Argentina ya están desahuciados, y están cansados de financiar despilfarro y corrupción.

El autor es economista. PhD (Universidad de Pensilvania); fue economista jefe para América Latina de Bank of America Merrill Lynch. Coautor de ¿Por qué fracasan todos los gobiernos? c/S.Berensztein

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TRUCO !!!! .....QUIERO RETRUCO!!!! TIMBA


"¡No se me tire al agua, Cristina!"

Carlos M. Reymundo Roberts

Cristina Kirchner sacudió el tablero político con la carta en la que llama a un acuerdo nacional y señala a "funcionarios que no funcionan" 
La larga carta de ayer de Cristina me resultó tan extraordinariamente reveladora que después de leerla decidí escribirle yo a ella. Este es el texto que le hice llegar hace un rato:
"Señora, celebro su reaparición en el escenario público. Qué bueno enteramos de que no le comieron la lengua los ratones. No perdió el habla, o no perdió la capacidad de hablar de las cosas de las que habla la gente: el coronavirus, la mishiadura, los chambones que nos gobiernan, el dólar. La noticia, en letra de molde, sería: ¡Cristina volvió de Cuba! O también: por primera vez en 10 meses, Cristina se ocupa del país y no de ella.
"Llama la atención que la madre de este engendro, la partera de un gobierno en el que el Presidente habla y se convierte en meme, y habla la vice y provoca un terremoto, haya tardado tanto tiempo en permitirse un pequeño paréntesis en su agenda judicial.
 ¡Cómo le costó, Cris, hacerse un ratito para nosotros, los argentinos, que la estamos pasando horrible! ¡Cómo le costó reconocer que Albertito, Cafierito y Guzmancito no dan el do de pecho! ¡Cómo le costó dejar por escrito que el experimento falló! La fórmula Fernández-Fernández fue una jugada maestra para ganar las elecciones, pero usted sabía, no podía desconocer que estaba pidiéndole al profesor más de lo que el profesor podía dar. Lo dijo muy bien en la carta: hay funcionarios que no funcionan; tan real como que hay un presidente que no preside, y no vamos a echarle toda la culpa al corset que supone que usted esté soplándole la nuca y pegándole en la mano con una regla. Le leo los labios, señora: nada le preocupa más que las bajas prestaciones de Alberto y de su equipo. 'Desaciertos', los llama. Exacto: desaciertos. No aciertan. No pegan una.
"Se ataja usted con eso de que el que decide es el Presidente. ¡Ese es el problema! No lo deje solo, caiga más seguido por Olivos, instrúyalo, oriéntelo, ayúdelo a formar un buen gabinete, con personas de su confianza, idóneas, tipo Boudou, Aníbal, De Vido, Scioli, Moreno, Capitanich. Usted lo puso y ahora nos dice que no funciona. Asuma su responsabilidad. Ojo, dije que asuma su responsabilidad. No asuma otra cosa; donde está, está muy bien.
"A muchos les sorprendió su llamado a un gran acuerdo nacional. A mí, no. Lo sospeché desde un principio: usted es una persona de diálogo, de consensos; de hecho, sé que en forma discreta, silenciosa, dio su aprobación al acercamiento de Dolores Etchevehere y Juan Grabois, de mapuches reales y truchos, de funcionarios kirchneristas y los usurpadores en Guernica y en medio país.
 Más allá de los párrafos con furibundas condenas a la oposición, los empresarios y los medios, qué bueno que le haya dedicado un párrafo a alentar un acuerdo con la oposición, los empresarios y los medios. Dicho esto, y sin quitarle valor al resto de la carta, me parece que lo más novedoso es que sea usted la que propone una mesa de diálogo. Con usted va a ser difícil, pero sin usted no hay mesa ni diálogo que puedan prosperar.
"Señala también que el freno a la economía y la incertidumbre generalizada sobre qué va a pasar con nuestra vida son agobiantes. Si usted se agobia, Cris, qué nos queda a nosotros. La necesitamos entera, con todas las pilas. Para agoreros ya están Duhalde ("Estamos en un proceso preanárquico") y Cafierito ("Nos vamos a pegar un porrazo enorme"). De usted se espera buena fibra y no un mazazo de mala onda. Incluso me pregunto cómo es que publicó su carta, una carta que ha encendido todas las alarmas, en el décimo aniversario de la muerte de Néstor. ¿Hacía falta asociar su recuerdo al grito de ¡a los botes!? ¿Hacía falta decir, justo el día de su aniversario, que el principal problema económico del país es la propensión a ahorrar en dólares?
"Permítame elogiarle algunas cosas y observarle otras. Muy oportuno haber aclarado que no la mueven ni el rencor ni la venganza, porque eso acaso no queda tan claro en Sinceramente, en sus tuits y videos, en cada una de sus intervenciones y decisiones, e incluso en otros tamos de la propia carta. Oportuno también mencionar el histórico sesgo antiperonista del empresariado, y que lo haga usted, que nunca ha ocultado lo mal que le caía Perón.
"Ahora, déjeme hacerle un reparo. El gusto que queda en la boca de quienes leen su mensaje es que intenta despegarse de Alberto, tomar distancia, ponerse a resguardo de lo que se viene. No es bueno eso. Con respeto y cariño se lo digo: si el barco zozobra, que la capitana no se tire al agua".

ANECDOTARIO...ARTHUR MILLER


Arthur Miller, la voz de una infatigable pregunta por la ética


Aveces, en un libro se condensa toda una época. O algunas de sus más poderosas resonancias
. Algo de esto ocurre en Teatro reunido (Taurus), selección de algunas de las piezas teatrales más representativas de la obra de Arthur Miller (Nueva York, 1915Roxbury, Connecticut, 2005). Ecos de una época: la compilación incluye Todos eran mis hijos, Muerte de un viajante, Las brujas de Salem, Panorama desde el puente,
Después de la caída. Textos escritos en el arco que se extiende entre mediados de la década de 1940 y mediados de la década de 1960. El siglo XX en su punto culminante; el adiós a un mundo y la pulseada por aquello que podría venir, la transformación cultural, la Guerra Fría, Vietnam, la denuncia a la civilización que hizo posible Auschwitz, el paradójico acceso a un malestar y unos niveles masivos de confort que hasta ese momento Occidente no había conocido.
Arthur Miller, su rostro, Marilyn Monroe y la filmación de Los inadaptados (la película que dirigió John Huston con guion de Miller) forman parte de la iconografía, la sustancia si se quiere afectiva, de aquel tiempo. El realismo teatral, la crítica social, la izquierda estadounidense, Elia Kazan –su amistad con Miller, la conjunción en lo expresivo, la estruendosa ruptura entre ambos–, de algún modo también.
¿Y qué podría interpelarnos hoy en esa dramaturgia cercana y a la vez hija de un mundo lejano en tantos y tan críticos aspectos? Probablemente, lo genuino del gesto que la hizo nacer, esa voluntad por indagar en las vísceras de la condición humana, muy especialmente en los contraluces de eso que los seres humanos hacemos entre nosotros: crear lazos de amor, de odio, de opresión, de salvataje.
Está, también, el conflicto moral. El desgarro ético que subyace a los personajes de Todos eran mis hijos, obra que al hablar de una guerra habla de todas. El derrumbe existencial que atraviesa, desde planteos dramáticos distintos, a Muerte de un viajante y Después de la caída. Las miserias de la delación –y las tormentas de la pasión, la vulnerabilidad y el poder siempre haciendo su juego– en Las brujas de Salem. Y otra vez la delación, las contradicciones y las tormentas del deseo pero esta vez atravesadas por la herida de la migración, en Panorama bajo el puente.

D. F. I. 
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EL ECONOMISTA....NOTICIAS

 

PLATAFORMAS PAGAS DE GRANDES ESPECTÁCULOS


Billy Elliot, el musical-live!

P. G. 

El musical tiene un antes y un después de Billy Elliot. Sin dudas, es una de las obras maestras del género por condensar una historia de profundo contenido, con emoción, prodigio y absoluta teatralidad. Podría haber sido un riesgo trasladar esa película perfecta al escenario, pero el proyecto contó con el mismo director, Stephen Daldry, y el mismo guionista, Lee Hall, quien además se ocupó de ponerle letras a la atractiva partitura compuesta por Elton John. Daldry logró sublimar su trabajo fílmico con un montaje que desarrolló la trama para insertarla en una idea conceptual que se permite ahondar más en los conflictos y en la belleza de la imagen viva que permite el teatro. Esta filmación de la obra, en vivo, fue realizada en septiembre de 2014, en el Victoria Palace Theatre del West End, con un insuperable Elliott Hanna, como Billy. Sobre el final hay un plus que logra que el espectador termine en las nubes: 25 de los 41 chicos que encarnaron a Billy Elliot, bailando juntos.
● DÓNDE VER LA OBRA: Disponible en Apple TV y en Youtube TV, con subtítulos en español.

Salomé
A. L.
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Al Pacino protagoniza esta versión dirigida en 2003 por Estelle Parsons de una tragedia de inspiración bíblica que fue prohibida en Gran Bretaña antes de su debut, en 1892, y estrenada recién cuatro años más tarde en París, cuando su autor, Oscar Wilde, cumplía una sentencia de prisión de dos años, acusado de “indecencia grave” por el hecho de ser homosexual. Lo acompañan en esta puesta –austera en términos escenográficos para los cánones de Broadway y con una imaginativa música ejecutada en vivo por el japonés Yukio Tsuji– David Strathairn, Marisa Tomei y Dianne Wiest, un elenco que se pone al servicio del lucimiento personal del gran actor neoyorquino, efectivo en esta interpretación de un Herodes que, por su desmesura, también remite a personajes tan desbocados como Nerón o Calígula. Más indicada para amantes del Pacino histriónico de El abogado del diablo que el sugestivo de El padrino.
● DÓNDE VER LA OBRA: Con subtítulos en inglés, en Broadway HD (9 dólares mensuales).

Shock (El cóndor y el puma)
L. V. 

“Un estado de shock no es algo que se produce únicamente cuando nos pasa algo malo, sino cuando perdemos nuestra narrativa o nuestra historia. Cuando nos desorientamos”, introduce la narradora al espectador en Shock (El cóndor y el puma). Así comienza un vertiginoso viaje, un mosaico de escenas escrito por Albert Boronat, Juan Cavestany, Juan Mayorga y Andrés Lima (director también de la puesta). Electroshock. Shock económico. Shock emocional. Esta obra que se representó en el Centro Dramático Nacional de España, inspirada en La doctrina del shock, de Naomi Klein, se sumerge en los días previos al golpe de Estado de Chile, en 1973, y recorre las cicatrices y traumas que dejó la dictadura. Salvador Allende y Augusto Pinochet son interpretado por el mismo actor: Ernesto Alterio, elogiado por sus composiciones. Elvis Presley, Víctor Jara, Mario Kempes, Richard Nixon, Hebe de Bonafini y Jorge Rafael Videla son algunos de los personajes que habitan esta obra.
● DÓNDE VER LA OBRA: Gratis, en Teatroteca (teatroteca. teatro.es/opac/).

Macbeth
P. G. 

Sin dudas esta es una de las mejores versiones teatrales filmadas de este fantástico drama de Shakespeare, dirigido por Antoni Cimolino para el prestigioso Festival Stratford, de Inglaterra, filmada en HD por Shelagh O’brien (2017). Está protagonizada por Ian Lake y Krystin Pellerin, dos actores excelentes, pero muy jóvenes para lo que se suele ver en estos papeles. Desde una inusual química sexual hasta escenas de brujería genuinamente aterradoras que enmarcan la acción, o momentos de batalla feroces que se aferran al verosímil, con impactantes diseños de vestuario, luces y escenografía. Fue filmada casi en su totalidad en una toma y eso le da un encanto especial a esta gran producción que no traiciona el hecho teatral. Hay algunas perspectivas emocionantes, como cuando la cámara enfoca desde la zona inferior del escenario para capturar lo que está sucediendo en ambos niveles. Una excelente “primera vez” para quienes nunca se le han animado al gran bardo isabelino.
● DÓNDE VER LA OBRA: Con subtítulos en inglés, en Broadway HD (9 dólares mensuales o 100 dólares anuales).

Giselle
C. B. 
Cuando en 2016 el magnífico coreógrafo Akram Khan creó su versión de Giselle para el English National Ballet a pedido de una artista de riesgos tomar, como es la directora de esa compañía Tamara Rojo, probablemente no haya imaginado que su reversión de este ballet insignia del repertorio clásico se convertiría en un éxito, en una obra maestra del siglo XXI. Giselle y las willis no son las mismas a los ojos de este creador y su tiempo. Y no solo porque no llevan los vaporosos tutús románticos ni porque están atravesadas por los pasos de una danza contemporánea sino por que para ponerlas a hablar de temas universales que tienen eco en el mundo de hoy Khan viajó hasta el corazón del original y capturó su esencia. Estas mujeres migrantes en un fábrica gris están tan heridas como aquellas, y expresan la violencia y desigualdad tanto como el amor, el perdón y la traición. Si la pandemia impidió su estreno en Latinoamérica, vale la pena esperar con esta función on demand.
● DÓNDE VER LA OBRA: Marquee TV, servicio mensual de obras de ópera, ballet y danza contemporánea, a 8,99 libras.



4/4
P. G. 

No sabemos aún si algunas de las condiciones en las que se empezó a montar óperas serán pasajeras o tendrán un estatuto más permanente. Extenuados los recursos de archivo, los teatros del mundo se encuentran ahora en la dificultad, complicada además por los rebrotes del coronavirus, no solo del aforo reducido sino de la distancia en el mismo escenario. La Royal Opera House encontró una solución de emergencia, que bien podría sentar un precedente. Con el título de 4/4, se reúnen cuatro títulos con una producción mínima, pero nada minimalista. Los músicos pueden contarse con los dedos de una mano. Esos títulos no podrían ser más distintos en estilos y época, y ahí reside parte de la gracia: La terra è liberata (Apolo y Dafne), la cantata de Händel, la “rapsodia lírica” Knoxville: Summer of 1915, de Samuel Barber, Phaedra, de Benjamin Britten, y Frankenstein!!, el pandemonio para barítono y orquesta sobre rimas infantiles que el austriaco HK Gruber compuso en 1977.
● DÓNDE VER LA OBRA: Puede verse on demand, por 16 libras, hasta el 15 de noviembre. https://stream.roh.org.uk.

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