domingo, 5 de junio de 2022

REABRE EL POLITEAMA EL 17 CON LA OBRA "LA VERDAD"


Teatro. Sube el telón el Politeama, una nueva sala con una larga historia escénica
Con capacidad para 705 espectadores y un costo de inversión de 5 millones de dólares, el espacio creado por Juan José Campanella inaugurará en pocas semanas con la obra La verdad
Alejandro CruzCampanella en la obra que el próximo 17 mostrará todo su esplendor
En el nuevo teatro Politeama todavía no hay actores ni público ni aplausos.
Los protagonistas de este momento son unos 200 profesionales, arquitectos, montajistas y obreros de la construcción que están trabajando a todo ritmo para que, el próximo 17, se inaugure esta nueva sala con La verdad, la obra que protagonizarán en su nueva versión Candela Vetrano, Mery del Cerro, Agustín “Cachete” Sierra y Tomás Fonzi. En 1879, en este enorme terreno que da hacia la avenida Corrientes y a la calle Paraná del pleno centro porteño se inauguró el viejo teatro Politeama. Esa noche hubo un gran baile al que habría asistido Domingo Faustino Sarmiento, en su carácter de Presidente de la Nación. Con el paso del tiempo, aquella sala impresionante por sus dimensiones y por los artistas que pasaron por allí tuvo varias reconversiones, sobrevivió a la ampliación de la avenida Corrientes, pero terminó demolida en 1958. A partir de aquel momento, se convirtió en una playa de estacionamiento. A 143 años de aquella noche de fiesta inaugural y a 64 años de cuando lo derribaron, ahora está desplegando sus formas un nuevo teatro Politeama.
Detrás de todo este nuevo desafío está el director de cine y de teatro Juan José Campanella. “Recuperar el esplendor del pasado para proyectarnos hacia el futuro”, suelen decir en la productora 100 Bares, que preside el creador. En eso están en estos momentos: imaginando lo que vendrá mientras están pendientes de dejar a cada rincón en su mejor forma para el disfrute del teatro, de la música, de los espectáculos infantiles o de los shows que volverán a vibrar en un terreno cargado de historias.
Ahora mismo, en la sala que se abrirá en pocas semanas, hay unas 705 butacas de paños rojos embaladas a la espera de ser ubicadas en la imponente platea y su pullman. Así distribuidas en este inmenso espacio parece una gran instalación de las artes visuales. Pero no, es un teatro y ayer fue la primera vez que parte del elenco visitó el lugar cuyos protagonistas, por ahora, no son los actores. Circulaba el chiste interno de que el primer público que tuvieron estuvo compuesto por butacas (coquetos asientos comprados en Colombia). En cierto modo, fue el primer cartel “no hay más localidades” de este nuevo Politeama.
En lo que será el hall de entrada que da hacia Paraná los operarios están trabajando a contrarreloj. En uno de los laterales funcionará un restaurant y un salón VIP. En el opuesto, se ubicarán grandes cartelerías como parte de un diseño que pretende articular el lujo con la austeridad. Bajo el escenario están los camarines, dos de ellos en suite. Por ahora, no están los famosos espejos, pero ya llegarán. Habrá otra entrada hacia Corrientes en donde allí también se instalará una boletería y una gran marquesina sobre esa imponente torre vidriada de 30 pisos proyectada por el Estudio BMA, que está en ese sector del terreno por donde se ingresaba al antiguo Politeama.
Su demolición generó tanta polémica y críticas que, al año siguiente, se sancionó la ley nacional 14.800, que establece que en caso de demolerse un teatro el nuevo proyecto de construcción debe incluir obligatoriamente una sala de espectáculos de características similares a la anterior. A partir de ese momento hubo varios emprendimientos inmobiliarios con nombres aspiracionales que no prosperaron. Uno de ellos pasó a la acción. Claro, para cumplir con lo que establece la ley, la torre necesita de un teatro. Ahí fue cuando apareció Campanella. No solamente él sino sus socios de la productora 100 Bares, los mismos que ganaron un Oscar en 2010 por la película El secreto de sus ojos, y que hicieron tantas otras películas, series, documentales y obras de teatro. En 2015, Campanella junto a Camilo Antolini, Martino Zaidelis y Muriel Cabeza, sus socios, empezaron a barajar la idea de un teatro propio. Venían de la experiencia de producir las obras de teatro Parque Lezama y ¿Qué hacemos con Walter?, que dirigió Campanella. Así fue como tomaron contacto con el proyecto que se estaba levantando acá mismo. La torre estaba ya avanzada, pero el sector del teatro era un terreno vacío.
Allí se proyectó elevar el piso del escenario de 130 metros cuadrados para poder ubicar abajo al foso de la orquesta y la maquinaria que permita subir escenografías o intérpretes hasta el mismo escenario. El techo de la sala es como una gran parrilla de luces desde donde se pueden colgar focos lumínicos. El escenario tiene 7 metros de profundidad, 14 de ancho y 12 de altura. Desde su piso hasta las parrillas internas de luces y escenografías hay 24 metros. En total, el nuevo teatro cuenta con 2750 metros cuadrados. El martes pasado, Juan José Campanella llegó a Buenos Aires desde los Estados Unidos y lo primero que hizo fue trasladarse a la sala mientras los operarios estaban montando las butacas de la platea.
En medio de este complejo proceso surgió un detalle que no estaba en los planes de nadie: la pandemia. De hecho, el mismo Campanella le había comentadoen 2019 que la apertura se iba a realizar al año siguiente. Obviamente, no fue así. Entre otros tantos problemas que generó el coronavirus, el plan de negocios del Politeama estalló. Así fue que se lo pasaron pagando cuotas de los créditos otorgados por el Banco Ciudad y Nación sin que entrara un billete por venta de entradas. El desafío, la apuesta, la ilusión implicó un costo de inversión de unos 5 millones de dólares. Comenzará con el estreno de la obra La verdad, pero que ya tiene previsto un recital de Lali Espósito para el mes próximo, una conferencia del cineasta Martin Scorsese que tendrá lugar en noviembre y la presentación del chelista croata Stjepan Hauser, en febrero.
A los nombres ya confirmados imaginan espectáculos infantiles, grandes shows de música, y obras de teatro como comedias musicales. También eventos empresariales asociados con el edificio que da sobre la avenida Corrientes aprovechando la sinergia que se pueda generar la sala con el futuro restaurante que estará ubicado en el último piso de la torre, el otro emprendimiento gastronómico que estará en la entrada del Politeama y el beneficio que implica tener cocheras propias en la misma mole de cemento vidriada.
El nuevo Politeama inevitablemente remite al viejo Politeama y su importancia en el desarrollo del teatro argentino (lo cual, no es ninguna exageración). En 1828, en la quinta de la familia Zamudio, una extensión de campo que solía inundarse, se inauguró el Vaushall o Parque Argentino, que era frecuentado por la clase alta de la aldea colonial que acudía a ver espectáculos al aire libre. Así escrito, la quinta en cuestión suena a una locación lejana, distante de las luces del centro. Pero no, su amplia extensión llegaba a la actual esquina de Corrientes y Paraná. Además de los amplios jardines, existía un salón de baile, un pequeño teatro de verano y un espacioso circo de equitación.
Según se cuenta en el libro Los productores, que editó la asociación que nuclea a dueños de salas y de productores de la escena comercial, varias décadas después, por poca plata, el empresario teatral César Ciacchi le alquiló a la familia Zamudio parte del terreno que lindaba con una incipiente calle Corrientes. En ese lote se instaló una carpa de circo que se llamó Arena. El circo atrajo a la zona a artistas, bohemios e inmigrantes italianos. Ciacchi fue por más: quiso construir un teatro. Para eso, cual influencer, armó una sociedad para conseguir donaciones. Lo logró. El teatro Politeama se inauguró el 31 de enero de 1879 con un gran baile. Entre los presentes, así lo aseguran algunas crónicas, estuvo Domingo Faustino Sarmiento, quien tenía su despacho presidencial en la Casa Rosada. Pero la noche de glamour duró poco: al día siguiente una tormenta de verano le voló la pared del escenario y parte del techo.
El tal Ciacchi fue por más. En 1883 reformuló el espacio transformándolo en un teatro lírico que salió a competir con el teatro Ópera, ubicado del otro lado del Obelisco que se había inaugurado en 1872 y que difiere del actual. Con 3500 localidades, el Politeama tenía la posibilidad de usarse en formato circo, para lo cual se desmantelaba la platea y se formaba un picadero. A veces, se nivelaba la platea para finalidades sociales, como ser bailes y eventos de la más variada especie. Su salida hacia Paraná le permitía la fácil entrada de decorados y animales por ese sector.
Aunque en su génesis el Politeama estuvo dedicado a la lírica se transformó en el teatro dramático más importante de la ciudad. Dos divas legendarias actuaron allí: la italiana Eleonora Duce y la francesa Sarah Bernhardt (quien llegó por primera vez a Buenos Aires, en 1886, con La dama de las camelias). Pero entre las divas europeas, los integrantes de la familia Podestá, los más claros exponentes del circo criollo, marcaron la historia de la sala. Se cuenta que en 1884 el boletero del Politeama convenció al escritor gauchesco Eduardo Gutiérrez llevar a escena su obra Juan Moreira en forma de pantomima y, de paso, le sugirió que el protagonista debía ser Pepe Podestá (uno de los cinco hermanos uruguayos que conformaban el clan). La sugerencia dio resultado. Contra todos los pronósticos Juan Moreira fue un éxito y marcó un hito en la historia del teatro argentino. Desde aquel año, la familia Podestá presentó varias obras en el Politeama.
En 1958, el Politeama fue, sencilla y brutalmente, destruido ante el asombro, la protesta y la indignación de la comunidad teatral y cultural porteña.
“Uno percibe que esos fantasmas que estuvieron deambulando en la intemperie durante tantos años ahora, nuevamente, tienen camarines para poder acomodarse”, explica Campanella. “Durante años funcionó en la esquina de Paraná y Corrientes el bar Politeama al que yo siempre frecuentaba cuando iba a la sala Leopoldo Lugones, del San Martín. Para todos los estudiantes de cine de fines de los setenta o principio de los ochenta es una esquina muy importante que rescataba el nombre de Politeama. Por otra parte, la última obra de teatro que se presentó en el viejo teatro fue una de Pablo Palitos, un cómico que me encantaba cuando era chico. Recorriendo la sala uno siente que hay fantasmas, como en la canción de Serrat “Los fantasmas del Roxy”. Uno percibe que esos fantasmas que estuvieron deambulando en la intemperie durante tantos años ahora, nuevamente, tienen camarines para poder acomodarse. Es una sensación hermosa hacer un teatro desde cero, porque esto no es una restauración. A eso hay que sumarle la sensación de hacerlo en un mismo lugar en donde hubo tanto arte y tantos cómicos, a quienes siempre admiro todavía más que a los actores dramáticos”, relató
“Siempre soñamos con una sala de estas características en cuanto a la cantidad de butacas -agregó Campanella-. En Buenos Aires, las viejas salas que quedan son muy grandes, de más de 900; y entre las nuevas o las que se fueron subdividiendo son, como mucho, para unos 450 espectadores. De 700 butacas diría que solamente queda el Maipo. El Politeama viene a llenar ese espacio. Por otra parte, en cuanto a la forma de la sala, queríamos un espacio en el cual se vea bien desde todos lados. La percepción que uno tiene parado en el escenario es la de estar en una sala de 200 localidades porque todo están muy cerca. Se logra la sensación de un teatro íntimo siendo una sala de grandes dimensiones”.
En cuanto al contenido, “en la medida de lo posible vamos a tratar de poner énfasis en los autores nacionales teniendo en cuenta que lo principal es apuntar a montajes bien hechos y bien actuados, sea un entretenimiento o un drama –señala el creador–. En la medida de lo posible, la curaduría teatral sería similar a la que aplico a mis propias obras. O sea, lograr que vos salgas sintiéndote bien, que la historia te posibilite mirar a tu propia vida desde un ángulo que nos observaste y que te permita ver algo positivo en todo eso. Que salgas un poco mejor de cuando entraste”. Después de haber montado dos obras, todo indicaría que la tercera sería, lógicamente, en el Politeama. Por ahora, no se anima a dar precisiones aunque anticipa todavía un cambio más radical: “El teatro sigue manteniéndose su arte desde hace siglos. Por eso cada vez más me voy a ir dedicando a la actividad teatral”.
Ahora Campanella tendrá Politeama, su propia sala que sonó hace ya siete años

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