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viernes, 21 de agosto de 2020

ALIETO ALDO GUADAGNI, LA EDUCACIÓN Y LA TECNOLOGÍA....UNA EXPERIENCIA A CONSIDERAR,


Necesitamos más y mejores graduados universitarios
El avance económico de una nación hoy no depende principalmente de la existencia de recursos naturales, sino del nivel de calificación de su fuerza laboral
INDEC QUE TRABAJA II : ALIETO ALDO GUADAGNI Y LA EDUCACIÓN
Alieto Aldo Guadagni
ACADEMIA NACIONAL DE EDUCACIÓN
Durante dos días del mes pasado, casi 11 millones de egresados secundarios de China rindieron el examen denominado gaokao, implantado a mediados del siglo pasado por Mao, para poder ingresar a la universidad. Estos exámenes generales exigidos para ingresar a la universidad están también vigentes en Cuba y en Vietnam, es decir, en tres naciones gobernadas por el Partido Comunista. Estos exámenes no son ninguna novedad, ya que, desde hace décadas, en la mayoría de los países el ingreso a la universidad exige previamente aprobar exámenes generales implementados o supervisados por el propio gobierno.
La lista es muy grande, ya que va desde Australia, Austria, Canadá, Suecia, Finlandia, Dinamarca, Holanda, Hungría, Italia, Israel, Portugal, Grecia, España, Japón, Corea, hasta Noruega, Rusia, Eslovenia, Luxemburgo, Estonia, Suiza, Reino Unido, Lituania, Francia (desde Napoleón I), Alemania, Turquía, Siria y Nueva Zelanda. Este tipo de evaluación requerida para el ingreso a la universidad también existe en muchos países de América Latina, ya que rige en Ecuador, por iniciativa del entonces presidente Correa, y también en México, Costa Rica, Colombia, Brasil, Chile y Nicaragua. Son muchos los países en los cuales el resultado de estos exámenes también sirve de base para la asignación de las becas a los estudiantes de escasos recursos económicos.
Debemos tener presente que los avances tecnológicos de este siglo están impulsando un sostenido proceso de transformación global de las estructuras de producción de bienes y servicios que nos indican que año a año se destruirán cada vez más empleos no calificados y aumentará la demanda de más recursos laborales de alta preparación. Esto significa que el nivel educativo de un país es esencial para determinar el ritmo de crecimiento del nivel de vida de la población. El avance económico de una nación hoy no depende principalmente de la existencia de recursos naturales (agro, minería, pesca, hidrocarburos), sino del nivel de calificación de su fuerza laboral. Este siglo es el siglo de la ciencia y la tecnología, los avances son cada vez más acelerados, por ejemplo en el área de la robotización de los procesos industriales, de la comercialización y los servicios.
En este siglo, las personas educadas y sus ideas aportan no solo a su desarrollo profesional, sino también a la riqueza de las naciones. La universidad es hoy la institución más importante en el proceso de acumulación del conocimiento; no solo alberga las ciencias básicas, sino que también da lugar a revistas, libros y bases de datos para comunicar el conocimiento en todo el mundo. Las universidades son las principales proveedoras de capacitación en las nuevas especialidades que van surgiendo, labor fortalecida por el crecimiento en la circulación internacional de académicos y estudiantes. La “fuga de cerebros” es hoy común en el mundo globalizado. El nivel de conocimientos acumulados por los habitantes de un país es hoy la mayor garantía de su avance. Estuvo en lo cierto The Economist cuando afirmó: “La fortaleza de una sociedad depende principalmente de lo que está en la cabeza de las personas. Por esta razón Japón y Alemania pudieron recuperarse rápidamente a la finalización de la Segunda Guerra Mundial, a pesar de que sus ciudades estaban reducidas a cenizas”.
Si tenemos en cuenta el tamaño de las poblaciones, en nuestro país matriculamos más estudiantes universitarios que muchos países, por lo tanto deberíamos suponer que si tenemos más estudiantes deberíamos tener también más graduados, pero no es así, sino lo contrario. Este déficit en la graduación nos está diciendo que nuestro ritmo de acumulación de capital humano calificado es insuficiente, ya que incide negativamente el hecho de que nuestra deserción universitaria es muy alta.
Veamos por ejemplo la evolución en los últimos años de la graduación universitaria en nuestro país y los vecinos Chile y Brasil, países donde hay exámenes denominados PSU (prueba de suficiencia universitaria) y ENEM (examen nacional de educación media); estos exámenes estuvieron vigentes desde el siglo pasado incluso con los gobiernos de izquierda. El ingreso a las universidades es distinto en la Argentina, ya que la ley 27.204 estableció el “ingreso irrestricto”. Este concepto no deja de ser socialmente atractivo, ya que luce como un factor que contribuye a la igualdad de oportunidades, pero la realidad es otra, mas allá de estas legítimas aspiraciones de avance social.
Nuestra universidad tiene una gran amplitud en lo que hace a la población total estudiantil, pero al mismo tiempo registra pocos graduados, ya que los niveles de deserción son muy elevados. La actual graduación anual universitaria (en proporción a la población) en Brasil es más del doble que la nuestra y la chilena es un 64 por ciento mayor; esta diferencia se amplía año tras año, porque el ritmo de aumento de esta graduación es mayor en nuestros vecinos.
No existen restricciones para el ingreso a nuestras universidades porque así lo dispone nuestra ley, pero la deserción es muy elevada, ya que de cada 100 estudiantes que ingresan a nuestras universidades casi 70 no concluyen sus estudios. No hay “restricción”, pero hay una preocupante “deserción”. El nivel de preparación para ingresar a la universidad es el preludio de dos futuros diferentes, ya que no hay mayor “restricción” que la falta de estímulos a la dedicación al estudio en la escuela secundaria, ya que lo que no se estudia como corresponde en esa instancia previa resulta difícil de recuperar en la universidad. Es así como la mitad de nuestros estudiantes universitarios no aprueban anualmente más de una sola asignatura.
El ingreso a la universidad es distinto en la Argentina del vigente en la mayoría de los países, ya que no existe un examen a nivel nacional al finalizar la escuela secundaria; la inexistencia de esta instancia debilita la dedicación al estudio en el secundario. Esta es una de las causas del gran abandono de nuestro estudiantado universitario. La fórmula “inclusiva” que se nos presenta como eficaz para lograr el meritorio objetivo de la igualdad de oportunidades es la ausencia de las limitaciones de exámenes generales al finalizar el ciclo secundario. Pero esta bien intencionada receta no sirve para ese objetivo, de manera que, si seguimos como hasta ahora, continuaremos comprometiendo aún más el futuro de nuestros adolescentes.
Las naciones están dejando atrás una época en que eran decisivos los recursos naturales. En este siglo crecen las naciones que acumulan el capital humano; por esta razón, cada día son más importantes la universidad, el nivel educativo de los estudiantes secundarios que acceden a ella y la eficacia y calidad de la graduación universitaria. Necesitamos más y mejores graduados universitarios.
Nuestro ritmo de acumulación de capital humano calificado es insuficiente
No existen restricciones para el ingreso a nuestras universidades

jueves, 23 de abril de 2020

ALIETO ALDO GUADAGNI, ANALIZA


La pandemia pone en peligro la vida y la economía a la vez

Alieto A. Guadagni
Los gobiernos deben afrontar estos desafíos, a los que se suma la necesidad de reducir las emisiones contaminantes, responsables del cambio climático
Esta pandemia (Covid-19) está enfrentando a la humanidad con dos grandes crisis: la amenaza a las vidas humanas y también a la actividad productiva y el empleo. Son millones las personas que hoy se hallan confinadas en sus hogares, afectando así notablemente la producción de bienes y servicios.
Los gobiernos deben afrontar estos desafíos, a los cuales hay que añadir la necesidad de reducir las emisiones globalmente contaminantes, responsables de los enormes daños del creciente cambio climático. La reducción de la economía mundial, la caída de los precios de las materias primas, la desaparición del turismo y el endurecimiento de las condiciones financieras mundiales lesionan a muchos países latinoamericanos, entre los cuales figura el nuestro.
Todo indica que este año se caracterizará por su retroceso económico. Por esta razón son muchas las naciones que ya están encarando programas públicos orientados a recuperar con urgencia los niveles productivos y de empleo, que se encuentran en una grave caída. Es una oportunidad para implementar también iniciativas de inversión que apunten no solo a superar la recesión, sino por igual a un nuevo escenario energético más amigable con nuestra vida en esta Tierra.
La tendencia económica actual apunta a una reducción global del PBI de hasta el 4% este año: el doble de la caída registrada durante la crisis financiera de 2007-2009. Esa es la razón por la cual se esté registrando una disminución en las emisiones de CO2: hay en muchos lugares del mundo una baja manifiesta de las emisiones contaminantes asociadas con el consumo energético a raíz de la pandemia. Para abatir esta gran amenaza sanitaria se tomaron medidas restrictivas en gran parte del mundo, que afectaron negativamente los niveles de producción, particularmente de bienes. Un caso notorio es el de China, donde se originó la pandemia a fines del año anterior. En febrero se detectó una cuarta parte menos de emisiones de CO2 que un año antes como consecuencia de la caída en el nivel de actividad. Algo similar se ha verificado en otras partes, como en Corea y Estados Unidos, especialmente en Nueva York.
Las respuestas globales al coronavirus están causando una reducción masiva en la contaminación del aire y las emisiones. Esto ayudará a reducir las complicaciones de salud y las muertes prematuras relacionadas con la contaminación del aire. América Latina y nuestro país no son ajenos a este proceso. El BID informa que en Buenos Aires, Lima y Santiago de Chile la contaminación del aire se ha desplomado debido a la reducción del tráfico. Tal contaminación causa casi 9 millones de muertes al año en todo el mundo.
Las grandes ciudades latinoamericanas sufren de contaminación del aire debido a la enorme cantidad de vehículos y la baja calidad del combustible. Estimaciones consideradas por el BID indican que cada año 50.000 personas mueren prematuramente en la región debido a la contaminación causada principalmente por el transporte. Un nuevo estudio de la Universidad de Harvard muestra que los pacientes con Covid-19 que viven en áreas de Estados Unidos con altos niveles de contaminación del aire antes de la pandemia tienen más probabilidad de morir por la infección que los pacientes de comarcas de ese país con aire más limpio. Además, un estudio en China encontró que los pacientes de regiones con alta contaminación del aire tenían el doble de probabilidades de morir de SARS, en comparación con aquellos de regiones con mejor calidad atmosférica.
La humanidad espera que los avances científicos permitan en un futuro no muy lejano instrumentar medidas precautorias eficaces para controlar esta pandemia. Cuando eso ocurra, la prioridad ambiental a escala global volverá ser cómo abatir al máximo posible las emisiones contaminantes. Tengamos en cuenta que en ese momento recuperar los niveles productivos y disminuir el desempleo exigirá medidas macroeconómicas de carácter expansivo, como reducción tributaria y financiamiento preferencial que apunte a esos objetivos.
Será el momento para orientar tales medidas macroeconómicas expansivas de modo que contribuyan a la reducción de las emisiones contaminantes. La lista es muy amplia, pero incluye, como mínimo: crecimiento de las energías limpias (solar, eólica e hidroeléctrica), transporte público urbano e interurbano, modernización de la industria automotriz y del ferrocarril de cargas y pasajeros, edificios con nuevas normas capaces de lograr la reducción del consumo energético. Cuando termine la crisis del Covid-19, los formuladores de políticas y el sector privado podrían buscar formas de acelerar la electrificación del transporte público y eliminar los vehículos contaminantes, claves para construir una sociedad más saludable.
El sector de transporte de América Latina es la mayor fuente de emisiones contaminantes relacionadas con la energía en la región y su flota de automóviles es responsable del 37% de las emisiones totales del transporte. Para llegar a cero emisiones netas en 2050 y limitar el calentamiento global a 1,5 grados centígrados, los países deben reducir urgentemente las emisiones en aproximadamente un 50% para 2030 y descarbonizar la economía global a través de una transición posible. Esto requerirá una transformación en varias áreas, incluida la electrificación del transporte y el uso más frecuente del transporte público y no motorizado. Si la flota de autobuses y taxis de grandes ciudades latinoamericanas se cambia a vehículos eléctricos, se podrían reducir las emisiones contaminantes y evitar miles de muertes prematuras.
La pandemia del coronavirus es una tragedia humana. Los casos conocidos ya superan los 1.400.000; más de 60.000 personas han muerto. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, afirmó que la lucha contra el Covid-19 es la prioridad inmediata del mundo. Esto es plenamente cierto en términos de urgencia inmediata en las decisiones, pero no significa que nos podemos olvidar de la considerable gravedad de las emisiones contaminantes y de la crisis climática, que permanecerán con nosotros por mucho más tiempo y con impactos irreversibles y catastróficos mucho mayores.
Si bien las reducciones que se están registrando ahora en la contaminación del aire y las emisiones de gases de efecto invernadero pueden tener beneficios, la pandemia no es la solución a la crisis climática. Es evidente que la reducción en las emisiones contaminantes causada por este flagelo debido a la caída en la producción de bienes será transitoria. Si nos olvidamos de aplicar de manera eficaz una política ambientalmente sustentable será difícil avanzar en la transición hacia una economía de cero emisiones contaminantes netas. Tenemos los recursos tecnológicos para lograr este objetivo que apunta a cuidar nuestra Casa Común.
ACADEMIA ARGENTINA DE CIENCIAS DEL AMBIENTE

jueves, 28 de septiembre de 2017

ALIETO ALDO GUADAGNI Y LA EDUCACIÓN

ALIETO ALDO GUADAGNI


Nuestra universidad estatal es gratuita, pero las evidencias indican que no son muchos los estudiantes de nivel socioeconómico bajo. Tampoco ha aumentado la graduación en las carreras científicas y tecnológicas al ritmo que requeriría un crecimiento económico que garantice en el futuro la creación de empleos de calidad.
Si pretendemos avanzar por el sendero de la igualdad de oportunidades y la mejora en los niveles de graduación, es conveniente prestar atención a lo que Uruguay viene haciendo desde hace 23 años mediante el Fondo de Solidaridad Universitaria (FSU). Una iniciativa como ésta mejoraría sustancialmente la inclusión social de nuestra universidad, además de incrementar la graduación en las carreras estratégicas para el desarrollo de nuestro país.
El FSU es la institución más importante del sistema de becas de Uruguay. Fue creado el 25 de julio de 1994, durante la presidencia de Lacalle, a través de la ley 16.524 y se financia con el aporte - obligatorio y anual- de los egresados, más allá de que ejerzan o no su profesión. Comienzan a aportar quienes perciben ingresos mensuales mayores al mínimo no imponible, luego del quinto año de aprobada la última materia de la carrera cursada. Los graduados cuyas carreras son de cuatro años o más aportan anualmente alrededor de 125 dólares durante los primeros cinco años, y luego 250 .
Las becas del FSU están destinadas a aquellos estudiantes universitarios que provienen de hogares que no cuentan con medios suficientes para apoyarlos económicamente durante su carrera. No existen restricciones académicas al momento de solicitar la beca, pero sí para la renovación, donde se exigen resultados académicos. Para renovar las becas, los alumnos deben demostrar la aprobación de al menos el 60% de la totalidad de las materias cursadas en el año.
 Las becas consisten en un apoyo económico mensual de pesos uruguayos equivalentes a 250 dólares y han arrojado resultados positivos: el 17% de los egresados de la Universidad de la República en 2015 han sido becarios en algún momento de su carrera académica. Este año se otorgaron más de 8000 becas, cifra que es más del doble de la cantidad de becas otorgadas en 2002. Existe una clara tendencia al aumento de la participación de los becarios en el total de la graduación universitaria, lo cual permite inferir que en pocos años más, uno de cada cinco egresados universitarios habrá sido becario. Los becarios tienen un índice de graduación final elevado.
Tengamos presente que nuestra Universidad hoy enfrenta tres grandes problemas: nuestra graduación es una de las más bajas de América latina, ya que estamos por debajo de Cuba, México, Colombia, Brasil y Chile; la deserción universitaria argentina es de las más altas de la región y hay muy pocos graduados en las carreras científicas y tecnológicas.
En 2013 las universidades estatales graduaron a 80.000 profesionales, de los cuales apenas 5 fueron ingenieros hidráulicos, 16 ingenieros nucleares y 30 petroleros. Este tipo de graduación es aún más escasa en las universidades privadas.
En nuestro país hay pocos estudiantes universitarios de origen humilde. Implantar aquí un sistema de becas como el uruguayo permitiría ayudar a 70.000 alumnos de escasos recursos, pero si mejorara nuestro bajo nivel de graduación y, en consecuencia, aumentaran los contribuyentes futuros, las becas podrían llegar a beneficiar a 100.000 estudiantes.

Además, si se concentraran esas becas en las carreras científicas y tecnológicas, se podría triplicar la actual escasa graduación anual en ciencias aplicadas y ciencias básicas, carreras que son cada vez más importantes en este siglo XXI caracterizado por rápidas transformaciones tecnológicas que afectan sensiblemente el mundo laboral. La aplicación del FSU permitiría además mejorar sustancialmente el nivel de inclusión social de nuestra universidad estatal que, a pesar de la gratuidad, aun registra una reducida participación de alumnos de origen humilde.
La igualdad de oportunidades no se puede lograr simplemente con discursos, ya que se requieren medidas concretas y efectivas. La adopción de un sistema de becas como el que sostiene Uruguay podría ser una de esas medidas.
Es hora de dar un paso adelante para fortalecer una universidad más inclusiva y orientada al futuro.