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miércoles, 2 de noviembre de 2022

ANALIZA, JORGE FERNÁNDEZ DÍAZ


La conspiración del silencio kirchnerista

Jorge Fernández Díaz
Un veterano de la Segunda Guerra Mundial, que ha perdido un brazo en una batalla, llega un día a un diminuto pueblo detenido en el tiempo y en medio de una planicie desértica, y ante la mirada recelosa de sus habitantes comienza a preguntar por Komako, un granjero japonés que solía tener una finca en los alrededores. Las preguntas provocan creciente inquietud, y el clima se va volviendo espeso. Finalmente, el forastero descubre que la granja en cuestión fue incendiada hace mucho, y se dedica a interrogar con más insistencia y agudeza a cada lugareño en busca de una respuesta: ¿qué pasó y dónde está Komako? El clima se va enrareciendo y se nota de inmediato que todos conocen una verdad indecible y que deben cerrarse sobre ella a cualquier precio para que no salga a la luz. A medida que avanza la película de John Sturges –director magnífico, aunque irregular–, la violencia pasa de ser latente a ser verbal y finalmente física. El forastero se defiende con inesperada habilidad y sobrevive a los hostigamientos; por último, se revela lo que todos intentaban ocultar: para vengar Pearl Harbor, los habitantes en horda habían asesinado a Komako, sin saber en verdad que su hijo único luchaba en el Ejército norteamericano. El veterano había arribado precisamente al pueblo para entregarle al granjero la medalla póstuma que había recibido su hijo por el valor en combate. El manco había sido su jefe en la trinchera. La omertá de ese poblado se quiebra cuando el más débil confiesa en un susurro: “Estábamos borrachos. Ebrios de patriotismo”.
Cualquier argentino de mi generación o incluso de la anterior habrá visto varias veces Conspiración de silencio, donde se lucía con traje y sombrero negros Spencer Tracy, que ganó el premio al mejor actor en Cannes: solían darla cada tanto en las tardes inolvidables de Sábados de Cine de Súper Acción. Se pueden rastrear naturalmente en la prehistoria cinematográfica inquietantes complots sociales en pequeños pueblos, secretos ocultos por la voluntad y la complicidad colectivas, y de hecho esa clase de relatos con sus variantes modernas llega hasta nuestros días y hace furor en Netflix, pero aquel film de Sturges significó un verdadero hito, y no pocos ensayistas de la cinefilia señalan que debajo de su dosificado suspenso yace una denuncia contra el nacionalismo y los caciques de grupo que, con su uso y carisma, proveen una coartada moral, dirigen a la manada a cualquier insensatez y la persuaden luego de cerrar la boca. La película recrea ese clima de tensión que suele formarse cuando una tragedia, un drama inconfesable, un crimen se instala en el centro de una sociedad, pero se sustrae de la conversación diaria (de eso no se habla), y cómo fermenta esa suerte de enfermedad invisible en cada uno de los guardianes del silencio.
Comprenderán que me resuene esta película de mi infancia al pensar en la corrupción kirchnerista, que no acaba sino que comienza en la causa Vialidad y que tiene, se pruebe judicialmente o no, dimensiones oceánicas y nunca vistas en la historia argentina. Es mucho más que un secreto a gritos. Ya no es siquiera secreto para casi nadie que tenga dos dedos de frente, en la política y la ciudadanía de a pie; otra cosa es que los tribunales puedan penalizar a los distintos responsables de ese latrocinio. Lo interesante es que entre los fanáticos del núcleo duro hay muchos impermeables a la multitud de indicios, testimonios, documentos y pruebas, pero también conviven con ellos dirigentes y militantes lúcidos que saben lo que sabemos todos, aunque lo nieguen por conveniencia. Su argumentación interna se presenta, aunque parezca mentira, también como “heroica”: los conservadores y los liberales cuentan para financiarse con fondos privados de las grandes corporaciones; los sectores “nacionales y populares” no acceden a esa posibilidad y por lo tanto deben procurarse el dinero por otros medios: cobrándoles el “impuesto revolucionario” (coimas) a las empresas con negocios en el Estado y direccionando obras y otorgando facilidades para amigos que puedan constituirse en la “burguesía nacional”. Para ser parte del “poder permanente” es necesario tener poderío económico, y la única manera es crear esa riqueza desde las palancas del gobierno. “¿Por qué dicen que le robamos al pueblo? –se defienden en la intimidad–. En todo caso, le sacamos negocios y dinero a compañías privadas para equilibrar los tantos y para seguir jugando este juego a favor precisamente del pueblo. Si algunas obras quedaron sin hacer o se hicieron mal, son accidentes menores. No nos vamos a rasgar las vestiduras. Y no nos pongamos en exquisitos; el peronismo es brocha gorda”. Robar para la revolución, robar para la corona, robar para el proyecto… no es robar. Y en todo caso es menos cruento que los secuestros y los atracos a bancos y extorsiones que operaba la Orga de los 70 en su fase armada. Néstor Kirchner formuló un axioma –se necesita plata para hacer política– que fue recibido como una legitimación del mecanismo y en cierta medida como una orden indirecta. Una cosa se vincula con la otra, puesto que tanto estas justificaciones como la adoración acrítica de los métodos “épicos” de la “juventud maravillosa” se murmuran puertas adentro, pero se niegan puertas afuera porque son piantavotos. Todo se llevó a cabo, en realidad, con racionalidad pura o en todo caso con “ebriedad patriótica” y siguiendo la inspiración de los grandes caciques, y luego se tiende sobre ello un conveniente manto de silencio: el vulgo no está preparado para comprender. A quien llega y comienza a interrogar sobre lo ocultado, sobre la gangrena muda que se intenta escamotear pero que devora los nervios de los conspiradores, hay que hacerle la vida imposible y echarlo del pueblo.
Otro punto ciego, otro pecado impronunciable (no hay que ser nunca “funcional a la derecha”) que hierve y se pudre en la oscuridad, y corroe el alma del grupo, es la evidencia de que las fórmulas que alguna vez construyeron su identidad ya no funcionan, que repetirlas ciegamente es por lo tanto un signo de necedad e impotencia y que sería necesario lo más delicado: hacer una autocrítica profunda, admitir los errores y modificar los procedimientos. Si algo probó definitivamente el cuarto gobierno kirchnerista fue que ya no hay populismo posible sin disciplina fiscal y con destrucción de la moneda; que “vivir con lo nuestro” a esta altura del siglo XXI es un verdadero dislate, que espantar las inversiones y enconarse contra la clase media son políticas suicidas. Y que con una inflación al 100% la carrera de precios y salarios, o la presión policial sobre los comerciantes y los importadores, son medidas vanas, recesivas e inflacionarias, y que su repetición resulta un sádico ensañamiento terapéutico. Ese modelo está muerto y enterrado, y cuando alguien baja del tren y lo señala, es atacado con furia por cipayo o “neoliberal”. Ya ni la nueva izquierda latinoamericana, que busca superar la etapa del desastre chavista, sostiene esas supersticiones económicas: ni Lula ni Boric, ni Evo Morales ni López Obrador tragan ese vidrio, que devastó a Venezuela y hundió a la Argentina.
Aludimos aquí a los dos factores que más daño le hicieron al propio kirchnerismo. La venalidad –un inexcusable escándalo de Estado– y las pifiadas de un sistema económico obsoleto –la “ideología” que los trajo a ellos mismos hasta esta hecatombe– deben negarse como se niega una infidelidad o un crimen; deben cerrarse sobre esos temas a cualquier precio para que la verdad no salga a la luz. Y patrullar esta planicie desértica en que se ha transformado la patria, y agredir a cualquiera que haga preguntas inconvenientes o lance críticas certeras. Pero como en Conspiración de silencio la procesión va por dentro, y todos saben que las cosas fueron mal hechas y que tarde o temprano deberán asumirlo y cambiar para seguir sobreviviendo.
El modelo kirchnerista está muerto y enterrado, y cuando alguien baja del tren y lo señala, es atacado con furia por cipayo o “neoliberal”

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

lunes, 17 de agosto de 2020

DANIEL BILOTTA, ANALIZA,


Un desafío que paraliza al oficialismo
Daniel Bilotta
Entrevista a Daniel Bilotta - YouTube
El oficialismo no encuentra solución al desafío que lo paraliza: cómo obtener rédito político en vísperas de un año electoral con un gobierno condicionado por la escasez de recursos económicos. La falta de consenso sobre la forma de capitalizar lo poco que puede presentar asociado al éxito se suma a esa dificultad. Y a otra todavía más delicada que agita ese debate: a quién le correspondería hacerlo. Si la vicepresidenta no fuese percibida como la figura más gravitante del Gobierno, quizá no existiría ese estado de confusión. Ni tampoco los roces por la paternidad de la aparente salida de esa encrucijada, que trascienden fuera del Frente de Todos. El disgusto con Massa que hizo público Alberto Fernández es el más notorio.
Al Presidente lo irritó que el titular de la Cámara de Diputados se adelantara a confirmar a la prensa el acuerdo con los bonistas alcanzado el 4 de agosto. Fernández hizo filtrar ese día que Guzmán fue el único que habilitó a negociar con los fondos de inversión. Es una redundancia. Guzmán tiene como prioridad resolver ese tema desde que fue designado ministro de Economía. Las fuentes oficiales contribuyeron a que una obviedad dejara de serlo. El esmero en transmitir las “varias veces” que Fernández le pidió a Massa no intervenir en esa negociación plantea un interrogante: ¿por qué reiteró esa solicitud si su participación no estaba autorizada? Un detalle que confirmaría el desplazamiento del centro de gravedad institucional desde el Poder Ejecutivo hacia el Legislativo.
Es allí donde está representado el peso electoral de Cristina Kirchner. Una tendencia que también padece Kicillof en la provincia de Buenos Aires a través de Máximo Kirchner. A Massa no le conviene resistir esa inercia. Mantiene una alianza con Máximo, factor decisivo en la expectativa de suceder a Fernández. La desilusión de La Cámpora con el Presidente comenzó con el anuncio de su candidatura. Desde entonces se propuso ampliar su base política en territorio bonaerense e impedir a otros que la imiten. La sanción de la ampliación presupuestaria en el Congreso es un ejemplo. Ritondo acordó el aval de la oposición a cambio de un fondo de cinco mil millones de pesos para obras municipales de infraestructura.
El jefe de la bancada de Pro propuso que sea distribuido por el Ministerio de obras Públicas. El texto fue modificado para que lo haga el Ministerio del Interior. De Pedro es el nexo entre Massa y Máximo. Katopodis es asociado al intento de crear una corriente política afín a Fernández. La experiencia de Federico Villena sentó un precedente difícil de pasar por alto por quienes regresaron al kirchnerismo. El del juez federal de Lomas de Zamora es uno de los 10 traslados que Gerónimo Ustarroz objetó en el Consejo de la Magistratura. Ustarroz es primo de De Pedro. El voto de Camaño definió que el oficialismo pudiera avanzar con esa resolución.
El supuesto padrinazgo de Eduardo Valdés y Leopoldo Moreau no bastó para absolver a Villena de la traición imperdonable que le achaca La Cámpora. Habilitar el espionaje contra Cristina en el gobierno de Macri que el magistrado investigó durante el actual hasta que fue apartado de la causa. Ni la cena para acercar empresarios a Máximo y De Pedro que organizó Massa bastaría para diluir la desconfianza de la vicepresidenta. Es probable que Miguel Galuccio tenga algo que ver. Los esfuerzos que realiza por empatizar con Máximo no son correspondidos. Algunos lo atribuyen a una presunta influencia de Massa. El jefe del Frente Renovador relativiza el papel de Galuccio en el acuerdo con los bonistas. La agenda internacional de Massa ejerce cierta fascinación en La Cámpora. Su cúpula siguió con atención los contactos que desplegó en esa negociación y exasperaron a Fernández. Pero también a Kicillof por el espacio ganado por Massa en ese terreno.
Una incomodidad que el gobernador canaliza con el trato privilegiado a Julio Zamora. El intendente de Tigre vio peligrar su reelección a causa del presidente de la Cámara de Diputados, que desea ubicar a Malena Galmarini en su lugar. Una táctica insuficiente para que Kicillof obtenga el consenso de la oposición en la Legislatura. Federico otermín y Facundo Tignanelli acordaron con Juntos por el Cambio un endeudamiento de casi 800 millones de dólares. El titular de la Cámara de Diputados y el jefe del bloque oficialista representan a Máximo y al intendente de Lomas de Zamora, Martín Isaurralde. Junto a Massa, supuestos miembros de la unión transitoria de empresas (UTE) que iba a disolver Carlos “Cuto” Moreno. Con Teresa García, Alak, Gollán y Berni, el vicepresidente de la Cámara de Diputados forma el círculo que Cristina eligió para colaborar con Kicillof. Los ministros de Gobierno, Justicia y Salud son motivo de fricción entre Cristina y Máximo. A García le preocupa la versión de su salida del Ministerio de Gobierno. Debería prestar atención a la que atribuye su regreso al Senado bonaerense para alentar el nulo diálogo de Kicillof con Magario. La vicegobernadora se subordina a La Cámpora, receptiva a la queja de los intendentes sobre la gestión de García.
Alak no responde a los especialistas consultados por el Ministerio de Justicia que imputan el crecimiento del delito al relajamiento de las excarcelaciones y a la aplicación de condenas. El ministro de Salud fue aludido de manera indirecta en el Zoom compartido por la UIA y la CGT el 4 de agosto. Miguel Acevedo, Daniel Funes de Rioja y Adrián Kauffman Brea coincidieron con Gerardo Martínez, Andrés Rodríguez y Héctor y Rodolfo Daer en que el acuerdo por la deuda es necesario, pero no suficiente para despejar el clima de incertidumbre que predomina en la economía. En las proyecciones más pesimistas, Fernández podría terminar su mandato con un millón de puestos de trabajo menos.
Las dudas de Gollán sobre la temporadadeveranoenlacostaatlántica moderaron la expectativa de un tenue crecimiento en la segunda quincena de septiembre. Empresarios y sindicalistas se comprometieron a redoblar esfuerzos en dos temas. Ser convocados por Fernández y reactivar contactos con la Iglesia. Nadie supo recordar si el Papa fue mencionado. No hablaron de la inseguridad que estremece al conurbano, uno de los desacuerdos de Massa con La Cámpora. Máximo respalda a Berni. A Massa le preocupa el ministro de Seguridad, una amenaza a los votos que cree tener cautivos en esa región. El kirchnerismo analiza dos alternativas: que Berni encabece la lista de diputados nacionales del Frente de Todos en la provincia o que lidere un partido propio bajo la consigna “Fuerza Buenos Aires”.
Un aspecto desconocido es que el éxito de ese emprendimiento depende de Frederic. En realidad, de las fuerzas federales que conduce la ministra. Berni exige tener bajo su mando las que son enviadas a los municipios y evitarse eventuales sobresaltos con la policía bonaerense. Massa intenta reponer de inmediato la avenida del medio. La semana pasada afirmó delante de Frederic que la inseguridad no es una sensación. Es probable que la funcionaria exprese la reticencia de Fernández a colaborar con el encumbramiento de Berni cuando sostiene lo contrario. Un escenario donde cobra relieve la mala relación de Berni con Massa. No sería la primera contradicción en su trayectoria política. Una guía del poder que La Cámpora relee con espíritu crítico.

sábado, 13 de junio de 2020

ORLANDO FERRERES, ANALIZA


Qué pasa con el crecimiento del PBI per cápita

Orlando J. Ferreres

Los datos que presentamos aquí son de una publicación de la Fundación Norte y Sur, que están por salir a la prensa en El Ateneo en muy poco tiempo. Allí se disponen de alrededor de 900 páginas con datos estadísticos de la Argentina desde los inicios de cada serie, en algunos casos con datos desde 1810 o en el año en que se inició determinada producción, por ejemplo, la de soja empieza en 1964. También, en poco tiempo más se va a disponer de dichas cifras por medio de la web, para lo que hay que entrar en el sitio de dicha fundación. Esto permite actualizar las series a cada momento.
Si bien el crecimiento del ingreso per cápita de nuestro país se inició en forma clara a partir de 1880, cuando crece muy vertiginosamente por varios años, ya desde 1860 se venía observando un cambio de tendencia, sobre todo en la inversión que, con sus fluctuaciones, creció significativamente en esos años anteriores.
Es fundamental recordar que el tema de la inversión requiere de, al menos, dos cuestiones:
1. La velocidad de la inversión, es decir, la proporción que la misma represente sobre la actividad económica del país, es decir, su PIB.
2. El tiempo en que se estuvo invirtiendo, es decir, no un año aislado cada tanto sino su profunda continuidad por un tiempo prolongado, por muchos años.
Es lógico que en 1880 se puedan notar varios objetivos políticos y económicos cumplidos aproximadamente en la misma época, pero es fundamental haber articulado las inversiones muchos años antes para tener los resultados en ese momento.
Con respecto al PIB, las inversiones en esa época (1855-1930) llegaron a un promedio de 36 %, pero ese esfuerzo inversor no pudo mantenerse después del golpe de Estado de 1930.
Con la crisis económica de esa época, más la orientación a comprar para el Estado propiedades como los ferrocarriles, la electricidad, el gas y otras que pasaron a engrandecer las arcas del Estado, pero no representaron inversiones netas de capital sino complejas transferencias de recursos a sus propietarios, la mayoría extranjeros.
Desde 1931 hasta 2019, las inversiones sólo representaron el 18 % del promedio del PIB, es decir, la mitad de lo que habíamos invertido en la época en que llegamos a ser el octavo país del mundo. En esta segunda fase, vino también la idea de que consumir es lo más adecuado, por lo cual se incrementó el salario real y se consumió más, pero con el tiempo no se pudo crecer más que la pequeña proporción que indicaba la menor inversión sobre el PIB. Esto se puede notar en el PIB per cápita, que al estar en logaritmos mide, por su mayor o menor inclinación, las tasas de crecimiento de la riqueza de cada uno, en promedio.
Recordemos que esta cifras del PIB per cápita está en dólares 2015, con lo cual, expresadas en dólares de dicha fecha son más altas que las que estamos teniendo ahora en dólares corrientes, por la caída de la actividad en estos últimos años y la devaluación del peso respecto del dólar.
Puede apreciarse que, a partir de 2010, se nota una declinación del PIB o ingreso per cápita del país, lo que refleja las condiciones de inversión que han sido escasas para la situación de hoy de la Argentina. Recordemos que en 1810 nos ubicábamos en algo más de 2.000 dólares de 2015 per cápita y ahora, a pesar de las últimas declinaciones, estamos en una cifra casi 10 veces mayor, en el orden de los 20.000 dólares de 2015 per cápita. Ese número ha bajado, expresado en moneda corriente, y se ubica ahora algo debajo de los 10.000 u$s per cápita.
Se deduce de este artículo, que es limitado en sus alcances, que sin inversión no hay posibilidades de un futuro promisorio para la Argentina.

viernes, 29 de mayo de 2020

DANIEL GUSTAVO MONTAMAT, ANALIZA


Para combatir el coronavirus, el mundo debe reconciliarse con la verdad

Daniel Gustavo Montamat

El coronavirus es invisible a los ojos, pero tan real como que infecta, enferma y mata. Los anticuerpos y las drogas con los cuales se procura atenuar su virulencia contrastan su efectividad contra datos objetivos de recuperación. La vacuna que añora el planeta para remediar la pandemia atraviesa etapas de investigación y protocolos para asegurar que su difusión masiva y su inoculación creen defensas concretas y verificables. Las medidas sanitarias que toman distintos países basados en la experiencia comparada y en las restricciones propias de su contexto retroalimentan modelos estadísticos que proyectan curvas de contagio (que se procuran aplanar), y picos de contagios y de muertes que establecen hitos objetivos en la proliferación de la pandemia.
Cuando desde la economía se advierte sobre las consecuencias del "coma inducido" en el nivel de actividad y la necesidad de ir levantando restricciones a la circulación de personas, bienes y servicios, también se apela a datos objetivos de aumento del número de desocupados, de impacto en los números de pobreza, y de la quiebra de muchas empresas. Hay una realidad objetiva y externa a nosotros que no se puede construir ni cambiar con relato. Para combatir este virus malo (una excepción, entre los muchísimos buenos aliados de la vida) el mundo debe reconciliarse con la verdad. El Covid 19 empieza a dinamitar los cimientos posmodernos de las "verdades líquidas" y su descendencia putativa: las fake news.
Cuando Popper publicó su famosa obra La lógica de la investigación científica (1934) todavía no conocía la teoría de la verdad desarrollada por Alfred Tarski. Tarski en definitiva rehabilita la vieja teoría de la verdad como correspondencia entre los enunciados y los hechos (una teoría es verdadera si y solo si corresponde a los hechos). Popper no niega esto, pero sostiene que nunca es posible saber con certeza si algo es verdadero. Por eso, prefiere hablar de "aproximación a la verdad". El conocimiento progresa por ensayo y error. La "verificabilidad" que los positivistas lógicos habían esgrimido como criterio demarcatorio de la verdad de un enunciado científico fue reemplazada por la "falsabilidad": un enunciado debe poder ser refutado. Un enunciado es verdadero hasta que un nuevo dato empírico de la realidad lo desacredite como falso. Es siempre una "conjetura" de una verdad que espera su correspondiente "refutación".
Pero atención, tanto cuando se asume la verdad como "correspondencia" con los hechos como cuando se la asume como "verosimilitud" sujeta a refutación, estamos en el dominio de la razón. De la razón fundante en el primer caso, de la razón crítica en el segundo. En el fondo, lo que propone la razón crítica es una correspondencia atenuada entre el enunciado y el hecho de la realidad para evitar los desvíos dogmáticos del racionalismo y sus "verdades" indiscutibles en las que se han nutrido tantos fundamentalismos políticos y económicos.
El problema serio surge cuando se niega la realidad objetiva contra la cual contrastar el enunciado de verdad, porque entonces desaparece todo criterio de correspondencia o verosimilitud. La "verdad" se vuelve subjetiva y se impone por criterio de relevancia temporal sobre otras "verdades" también subjetivas. Entramos en el reino de la "posverdad". No olvidemos que el mundo para los posmodernos es una construcción humana. Lo creamos con las historias que inventamos para explicarlo, según cómo elijamos vivir en él. La realidad no es una herencia que recibamos, sino algo que creamos nosotros al comunicárnosla. En este mundo de "verdades líquidas" las historias y las representaciones se vuelven tan importantes como los hechos y los datos que otros oponen como evidencia de una realidad objetiva.
Como se ha caracterizado a la lucha contra la pandemia como una "guerra", muchos creen que en esta también "la primera víctima va a ser la verdad". Pero Churchill se refería a las guerras contra enemigos humanos, visibles, de las cuales el planeta tiene horrendos recuerdos de destrucción y muerte. Allí, los relatos de propaganda, de acción psicológica y de mentiras institucionalizadas son instrumentales al objetivo del combate. En cambio, en esta guerra contra el "enemigo invisible", la verosimilitud entre los enunciados para librar la batalla y los hechos que plantea la realidad es fundamental para lograr resultados y atenuar los efectos colaterales. El "bichito" no se doblega a la acción psicológica ni se somete a los relatos. Toma ventaja de las afirmaciones falaces y encuentra atajos cuando las fake news quieren someterlo a la construcción de una realidad subjetiva. Su debilidad, por el contrario, queda expuesta en el microscopio, en la investigación, en las hipótesis que hay que ir testeando contra los datos que aporta la evidencia empírica y en la experiencia comparada y multidisciplinaria.
El reencuentro con la verdad como estrategia en esta guerra impone dilucidar dudas claves para accionar en consecuencia. ¿Cuál es el origen del coronavirus? ¿Se originó en el laboratorio o es un virus natural que mutó y a través de la intermediación de la fauna de mercados exóticos llegó al ser humano? Si los enunciados divergentes retroalimentan relatos alternativos ignorando evidencia empírica u ocultando datos de la realidad, el planeta va a compartir información sesgada y falsa que conducirá a errores de alerta temprana, y de acción preventiva y terapéutica. Puede subestimar rebotes futuros de la pandemia o quedar expuesto a nuevas manipulaciones genéticas que lo sometan al contagio de un Covid 20, un Covid 21, o vaya a saber qué otro enemigo invisible.
¿Cuánto puede extenderse una cuarentena o una política de aislamiento social sin que las repercusiones políticas, sociales y económicas la tornen inocua o contraproducente? Aquí también las "o" disyuntivas tienden a cimentar relatos con sesgos ideológicos que ignoran datos de la realidad. Lo ideal sería extender la cuarentena hasta que la ciencia provea una vacuna o, por lo menos, hasta que haya drogas o anticuerpos con probada efectividad para reducir la virulencia de la pandemia. Pero si privilegiamos ciertos datos de la realidad, e ignoramos o subestimamos otros, también construimos relatos interesados e incompletos de la realidad, que orientan decisiones equivocadas. Por la naturaleza del enemigo invisible, infectólogos, sanitaristas y equipos de salud en general están en la primera línea de batalla; pero cuidado, la política no puede ignorar o subestimar datos y consejos que provienen de otros expertos que libran "la guerra" desde otras posiciones. Aristóteles dixit: "El todo es más que la suma de las partes".

¿Qué están haciendo los otros, cuáles son las mejores prácticas? La comparación de los datos de una realidad con los datos de otras realidades, sin actitudes negadoras o exculpatorias, también es conducente al encuentro con la verdad. Cuando el Presidente sostuvo que en la Argentina había menos contagios que en Chile, su par chileno le recordó que Chile tiene más cantidad de testeos que la Argentina. La polémica no pasó a mayores porque primó la verdad sobre el relato. "La realidad es la única verdad", repetía Perón parafraseando a Aristóteles.

Doctor en Economía y en Derecho

sábado, 25 de abril de 2020

LUCIANO ROMÁN, ANALIZA


Coronavirus en la Argentina: los hijos de la pandemia

Luciano Román
¿Cómo marcará a nuestros hijos el encierro? ¿Qué huellas les dejará la pandemia? ¿Los convertirá en una generación postraumática? ¿Los sacará de la burbuja de comodidad y confort en la que viven muchos adolescentes de clase media? Hoy no sabemos nada; nos cuesta entender dónde estamos parados y el futuro, más que nunca, es un enorme signo de interrogación. Pero empiezan a aparecer las preguntas. Y quizá valga la pena ejercitar la imaginación para empezar a plantearnos, más allá de este presente oscuro, el rumbo que tendrán las cosas después del coronavirus .
La crisis representa un shock de fragilidad ; el descubrimiento de que el mundo y la vida misma pueden cambiar de un día para el otro. Es una sensación que nuestros hijos no conocían. Quizá lo más cercano a eso se haya vivido por última vez en 2001, con el desmoronamiento de las Torres Gemelas, y antes en la Segunda Guerra Mundial. Ahora hay una nueva generación que se descubre vulnerable, que un día se levanta y ve que el mundo ha cambiado, y que observa, además, que no hay lugar del planeta que quede a salvo. Será, seguramente, una generación con mayor conciencia global, que comprueba que entre Wuhan y la puerta de su casa hay una distancia muy corta.
Es probable que cuando todo esto pase, se imponga la pulsión de normalidad, esa instintiva y tenaz aspiración a que todo vuelva a ser como antes. Y quizá no esté mal, si es que eso no incluye la resistencia a aprender de nuestras propias experiencias. Cuesta creer, sin embargo, que una catástrofe semejante no deje marcas, no imponga el quiebre de muchas cosas, no acelere transformaciones y no deje enseñanzas. Los cambios, probablemente, no se van a producir de un día para el otro; en algunos casos llevarán años, pero habrá una generación (la que hoy tiene entre 11 y 19) que no volverá a ser igual.
Quizá valga la pena ejercitar la imaginación para empezar a plantearnos, más allá de este presente oscuro, el rumbo que tendrán las cosas después del coronavirus.
Entre tantas otras cosas, no sabemos cuánto dolor implicará la pandemia, cuáles serán las secuelas de la cuarentena, cuál la magnitud de sus efectos secundarios. No sabemos, en definitiva, cómo terminará todo y, en consecuencia, cuál será la profundidad de las marcas que nos va a dejar. Pero sabemos lo suficiente para intuir que nuestros hijos vivirán, por mucho tiempo, atravesados por una experiencia que jamás habíamos imaginado.
Si pensamos escenarios optimistas, es probable que el coronavirus estimule en las nuevas generaciones otra noción del altruismo; que los haga más solidarios, más cooperativos en el ámbito familiar y que profundice rasgos positivos que ya se observaban entre los jóvenes, como el compromiso con el medio ambiente. Es probable que haya más chicos que quieran ser científicos, epidemiólogos o voluntarios de la Cruz Roja. ¿Habrá menos abogados y más bioquímicos e infectólogos dentro de 15 años? Sería bueno que, después de la pandemia , en las escuelas se empiece a enseñar quiénes fueron Bernardo Houssay, Carlos Malbrán, Guillermo Rawson o César Milstein, entre tantos otros héroes de la ciencia y la medicina argentina que también merecen ser estudiados como próceres.
Algo es seguro: después del coronavirus, todos, pero especialmente los más jóvenes, estaremos más atravesados por lo digital; seremos individuos más virtuales. No sabemos qué pasará con aquellas actividades que implican, necesariamente, la presencia y el contacto físico. ¿Veremos una generación más sedentaria, menos dispuesta a "poner el cuerpo" y hasta fóbica a las multitudes? ¿Se encerrará aún más en la estrechez de su celular y pondrá al wifi al mismo nivel que el oxígeno?
Ahora hay una nueva generación que se descubre vulnerable, que un día se levanta y ve que el mundo ha cambiado, y que observa, además, que no hay lugar del planeta que quede a salvo
Los jóvenes, ¿pensarán en trabajos "antipandemia"? ¿Tendrán en cuenta a la hora de definir vocaciones y buscar oportunidades aquellas actividades que sean menos vulnerables a los estragos de un virus? ¿Le tendrán temor al cuentapropismo? ¿Buscarán empleos más seguros y acentuarán la aversión al riesgo? ¿Serán más previsores o vivirán más un eterno presente? ¿Serán más temerosos; más conscientes de la incertidumbre? ¿Desarrollarán fobias y miedos nuevos? ¿O serán más resilientes ante la adversidad?
Todavía suena a ciencia ficción, pero quizá después de la pandemia los hogares se conciban de otra manera. Quizá nuestros hijos imaginen casas aptas para cuarentenas, más pensadas como búnkeres que como casas-dormitorio. Hasta hace unos 50 años, las casas de la clase media urbana se usaban más: maestros, sastres, peluqueros, profesores de música y hasta los médicos iban "a domicilio". El esparcimiento pasaba más por los comedores y los livings de las casas. El afuera era mucho más limitado y ofrecía menos opciones. Es probable que, al menos en algunos rubros, se vuelva a eso, pero no físicamente sino a través de plataformas virtuales. La "telemedicina" será, probablemente, una de las transformaciones aceleradas por la pandemia. Quizá haya una suerte de abandono de la infraestructura de masas: menos shoppings (más e-commerce), menos estadios (más pantallas), menos edificios de oficinas (más teletrabajo) y menos centros de convenciones, discos y complejos de entretenimientos. ¿Habrá un repliegue hacia la vida familiar y los espacios íntimos? ¿Volverán los juegos de mesa, las cartas, los rompecabezas? ¿Se volverá a la cocina hogareña? ¿Los chicos serán más creativos frente al tiempo libre? ¿Viajarán menos o reinventarán el turismo? Y en todo caso, ¿será algo pasajero o duradero? Con la pandemia, ¿nacerá una generación más casera? Si así fuera, ¿será un retorno a las raíces y a lo esencial o implicará aislamiento y fractura? Solo tenemos preguntas.
En la Argentina, las encuestas generalmente apuntan a medir el humor social frente a la política y los gobiernos. No hay gimnasia para auscultar la psicología generacional. Por lo tanto, ni siquiera tenemos indicios (más allá de nuestras "islas familiares") sobre cómo están procesando la emergencia los más jóvenes. Pero está claro que, por primera vez, nuestros hijos conviven con el lenguaje bélico: "estamos en guerra contra un enemigo invisible", "aislamiento forzoso y obligatorio", "toque de queda en algunos pueblos", "ciberpatrullaje", "peste", "cuarentena"... Este nuevo diccionario marcará, indudablemente, el espíritu de las nuevas generaciones, aun cuando no tengamos todavía demasiada conciencia de ello ni sepamos, exactamente, de qué forma los va a afectar. No todo cambiará inmediatamente. Habrá cambios, inclusive, que nos costará identificar con la pandemia, pero que serán hijos tardíos de lo que estamos viviendo hoy.
Todavía suena a ciencia ficción, pero quizá después de la pandemia los hogares se conciban de otra manera.
Si miramos a los jóvenes de clase media acomodada, quizá sea una generación que deba atravesar por la experiencia del empobrecimiento súbito, a la que le toque ver que sus padres han perdido su empleo o su negocio o que, en el mejor de los casos, han perdido tranquilidad y bienestar. Quizá sea, también, una generación atravesada por una experiencia distinta con la muerte y también con la libertad. Quizá necesiten una mayor ayuda de nosotros para recuperar la confianza en el futuro y para construir nuevas certezas y esperanzas.
Las generaciones de posguerra han quedado marcadas por la experiencia del horror. En muchos aspectos salieron fortalecidas; en otros debieron enfrentar un arduo desafío para reencontrar el rumbo. Esta vez, como también ha ocurrido en otras encrucijadas de la historia, quizá las cosas no cambien demasiado. Quizá todos queramos, después de todo, olvidar y mirar para adelante. Para bien o para mal, quizá nos resistamos a que la pandemia nos cambie la vida. Será difícil, sin embargo, que salgamos iguales de un trauma semejante. Y será difícil que nuestros hijos no se conviertan, de una manera o de otra, en los hijos de la pandemia. Nuestro desafío será ayudarlos a que salgan más sensibles, más comprometidos, más solidarios. En medio de las tinieblas y la incertidumbre, nuestro desafío será, en definitiva, el de los padres de todos los tiempos: ayudar a que nuestros hijos sean mejores.

jueves, 23 de abril de 2020

ALIETO ALDO GUADAGNI, ANALIZA


La pandemia pone en peligro la vida y la economía a la vez

Alieto A. Guadagni
Los gobiernos deben afrontar estos desafíos, a los que se suma la necesidad de reducir las emisiones contaminantes, responsables del cambio climático
Esta pandemia (Covid-19) está enfrentando a la humanidad con dos grandes crisis: la amenaza a las vidas humanas y también a la actividad productiva y el empleo. Son millones las personas que hoy se hallan confinadas en sus hogares, afectando así notablemente la producción de bienes y servicios.
Los gobiernos deben afrontar estos desafíos, a los cuales hay que añadir la necesidad de reducir las emisiones globalmente contaminantes, responsables de los enormes daños del creciente cambio climático. La reducción de la economía mundial, la caída de los precios de las materias primas, la desaparición del turismo y el endurecimiento de las condiciones financieras mundiales lesionan a muchos países latinoamericanos, entre los cuales figura el nuestro.
Todo indica que este año se caracterizará por su retroceso económico. Por esta razón son muchas las naciones que ya están encarando programas públicos orientados a recuperar con urgencia los niveles productivos y de empleo, que se encuentran en una grave caída. Es una oportunidad para implementar también iniciativas de inversión que apunten no solo a superar la recesión, sino por igual a un nuevo escenario energético más amigable con nuestra vida en esta Tierra.
La tendencia económica actual apunta a una reducción global del PBI de hasta el 4% este año: el doble de la caída registrada durante la crisis financiera de 2007-2009. Esa es la razón por la cual se esté registrando una disminución en las emisiones de CO2: hay en muchos lugares del mundo una baja manifiesta de las emisiones contaminantes asociadas con el consumo energético a raíz de la pandemia. Para abatir esta gran amenaza sanitaria se tomaron medidas restrictivas en gran parte del mundo, que afectaron negativamente los niveles de producción, particularmente de bienes. Un caso notorio es el de China, donde se originó la pandemia a fines del año anterior. En febrero se detectó una cuarta parte menos de emisiones de CO2 que un año antes como consecuencia de la caída en el nivel de actividad. Algo similar se ha verificado en otras partes, como en Corea y Estados Unidos, especialmente en Nueva York.
Las respuestas globales al coronavirus están causando una reducción masiva en la contaminación del aire y las emisiones. Esto ayudará a reducir las complicaciones de salud y las muertes prematuras relacionadas con la contaminación del aire. América Latina y nuestro país no son ajenos a este proceso. El BID informa que en Buenos Aires, Lima y Santiago de Chile la contaminación del aire se ha desplomado debido a la reducción del tráfico. Tal contaminación causa casi 9 millones de muertes al año en todo el mundo.
Las grandes ciudades latinoamericanas sufren de contaminación del aire debido a la enorme cantidad de vehículos y la baja calidad del combustible. Estimaciones consideradas por el BID indican que cada año 50.000 personas mueren prematuramente en la región debido a la contaminación causada principalmente por el transporte. Un nuevo estudio de la Universidad de Harvard muestra que los pacientes con Covid-19 que viven en áreas de Estados Unidos con altos niveles de contaminación del aire antes de la pandemia tienen más probabilidad de morir por la infección que los pacientes de comarcas de ese país con aire más limpio. Además, un estudio en China encontró que los pacientes de regiones con alta contaminación del aire tenían el doble de probabilidades de morir de SARS, en comparación con aquellos de regiones con mejor calidad atmosférica.
La humanidad espera que los avances científicos permitan en un futuro no muy lejano instrumentar medidas precautorias eficaces para controlar esta pandemia. Cuando eso ocurra, la prioridad ambiental a escala global volverá ser cómo abatir al máximo posible las emisiones contaminantes. Tengamos en cuenta que en ese momento recuperar los niveles productivos y disminuir el desempleo exigirá medidas macroeconómicas de carácter expansivo, como reducción tributaria y financiamiento preferencial que apunte a esos objetivos.
Será el momento para orientar tales medidas macroeconómicas expansivas de modo que contribuyan a la reducción de las emisiones contaminantes. La lista es muy amplia, pero incluye, como mínimo: crecimiento de las energías limpias (solar, eólica e hidroeléctrica), transporte público urbano e interurbano, modernización de la industria automotriz y del ferrocarril de cargas y pasajeros, edificios con nuevas normas capaces de lograr la reducción del consumo energético. Cuando termine la crisis del Covid-19, los formuladores de políticas y el sector privado podrían buscar formas de acelerar la electrificación del transporte público y eliminar los vehículos contaminantes, claves para construir una sociedad más saludable.
El sector de transporte de América Latina es la mayor fuente de emisiones contaminantes relacionadas con la energía en la región y su flota de automóviles es responsable del 37% de las emisiones totales del transporte. Para llegar a cero emisiones netas en 2050 y limitar el calentamiento global a 1,5 grados centígrados, los países deben reducir urgentemente las emisiones en aproximadamente un 50% para 2030 y descarbonizar la economía global a través de una transición posible. Esto requerirá una transformación en varias áreas, incluida la electrificación del transporte y el uso más frecuente del transporte público y no motorizado. Si la flota de autobuses y taxis de grandes ciudades latinoamericanas se cambia a vehículos eléctricos, se podrían reducir las emisiones contaminantes y evitar miles de muertes prematuras.
La pandemia del coronavirus es una tragedia humana. Los casos conocidos ya superan los 1.400.000; más de 60.000 personas han muerto. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, afirmó que la lucha contra el Covid-19 es la prioridad inmediata del mundo. Esto es plenamente cierto en términos de urgencia inmediata en las decisiones, pero no significa que nos podemos olvidar de la considerable gravedad de las emisiones contaminantes y de la crisis climática, que permanecerán con nosotros por mucho más tiempo y con impactos irreversibles y catastróficos mucho mayores.
Si bien las reducciones que se están registrando ahora en la contaminación del aire y las emisiones de gases de efecto invernadero pueden tener beneficios, la pandemia no es la solución a la crisis climática. Es evidente que la reducción en las emisiones contaminantes causada por este flagelo debido a la caída en la producción de bienes será transitoria. Si nos olvidamos de aplicar de manera eficaz una política ambientalmente sustentable será difícil avanzar en la transición hacia una economía de cero emisiones contaminantes netas. Tenemos los recursos tecnológicos para lograr este objetivo que apunta a cuidar nuestra Casa Común.
ACADEMIA ARGENTINA DE CIENCIAS DEL AMBIENTE