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viernes, 30 de junio de 2023

BOCHORNO


Las reformas constitucionales, de Jujuy a La Rioja
La violencia de activistas en San Salvador de Jujuy y los despropósitos del gobernador riojano son las caras de una misma moneda antirrepublicana
Junto a los comicios para elegir gobernador y legisladores en las provincias de Jujuy y La Rioja, se votaron convencionales constituyentes con el objeto de promover sendas reformas constitucionales.
En el caso de Jujuy, se aprobó la semana última una reforma de la Constitución provincial que, a diferencia de otros procesos similares registrados en otros distritos, no tuvo como objetivo forzar una reelección indefinida del gobernador ni modificar el sistema electoral en beneficio del oficialismo.
No se puede dejar de recordar que, a partir de la reforma constitucional de la provincia de Córdoba, aprobada en 1987 por impulso del entonces gobernador Eduardo Angeloz, hubo una carrera de reformas que, con el pretexto de garantizar supuestos nuevos derechos, buscaron fundamentalmente implantar la reelección de los mandatarios provinciales, al igual que sistemas electorales tendientes a que disminuyera la representación de las minorías en las legislaturas locales.
Debe celebrarse que la reforma constitucional que se aprobó recientemente en Jujuy dejase de lado deformaciones del sistema electoral como los periódicos intentos de algunos gobernadores de imponer instrumentos que muchas veces distorsionan la voluntad popular, como la ley de lemas aplicada en San Luis. Otro avance ha sido la limitación del alcance de los fueros y el de las reelecciones de intendentes y legisladores. Evitar la prolongación en el poder fortalece la institucionalidad republicana.
Del mismo modo, se limitó la facultad del gobernador jujeño para conceder indultos a los culpables de delitos de corrupción.
También se estableció la prohibición del corte de rutas, preservando el derecho a la libre circulación por el territorio nacional que dispone la Constitución nacional. Se trata de un paso adelante en la medida en que no se afecta el derecho de reunión y se preserva el necesario equilibrio entre la libertad de los ciudadanos y la responsabilidad de asegurar el orden.
Es trascendente que, pese a que la fuerza política oficialista, liderada por el gobernador Gerardo Morales, contaba con amplia mayoría propia en la Convención Constituyente, se consensuó la reforma con el bloque justicialista. De esta manera, se abandonó la idea inicial de restablecer el sistema de lista incompleta que puede asegurar una mayoría al gobierno, aunque triunfe siendo una primera minoría, y se mantuvo la representación proporcional. Este mecanismo permite reflejar en la Legislatura la representación de los partidos de acuerdo con su caudal electoral, sin dar lugar a mayorías artificiales como las existentes en otras provincias con sistemas que desvirtúan la voluntad popular. Otro acuerdo logrado fue desistir del propósito inicial del gobierno jujeño de concluir con las elecciones de medio término.
Frente a las disidencias manifestadas por representantes de pueblos originarios, el gobernador y los convencionales accedieron a suspender dos de los artículos que contemplaba el proyecto reformista: uno referido a la restitución de propiedades a sus dueños, y otro sobre derechos y garantías de las comunidades indígenas, según el cual el Estado promovía la entrega de tierras aptas y suficientes para el desarrollo humano.
Ni el hecho de que imperara el diálogo y se alcanzaran amplios consensos políticos para determinar el contenido de la reforma constitucional evitó la reacción violenta de grupos sediciosos que el 20 de junio intentaron incendiar la sede de la Legislatura, donde se estaba aprobando y jurando la nueva Constitución, además de destruir automóviles particulares y protagonizar enfrentamientos con efectivos policiales, sobre quienes descargaron varias toneladas de piedras.
La jornada de violencia concluyó con unos 70 heridos y alrededor de 60 detenidos. Entre estos últimos, había muchos activistas con graves antecedentes delictivos, tales como tenencia ilegal de armas, robo, hurto, amenazas, violencia de género y hasta abuso sexual y violación. Llamativamente, todos fueron liberados por orden judicial, pese a que el fiscal de la causa abierta había solicitado que quedaran en prisión preventiva. Una decisión que puede relacionarse con el vergonzoso acompañamiento que tuvieron los violentos activistas de parte del gobierno nacional, cuyas autoridades repudiaron la represión policial sin expresar ni una sola frase de condena al accionar delictivo de los manifestantes, algunos de los cuales fueron movilizados desde otras provincias. Como señalamos en esta columna editorial una semana atrás, el episodio y las posteriores interpretaciones hechas públicas desde el kirchnerismo tuvieron todos los condimentos de un ensayo destituyente. Una suerte de amenaza anticipatoria de lo que podría esperar un hipotético gobierno de signo opositor a la actual coalición que gobierna el país, a partir del 10 de diciembre.
La provincia de La Rioja también se apresta a reformar su Constitución, en un contexto de desconfianza por parte de la oposición acerca de las posibles intenciones del gobernador Ricardo Quintela de modificar la cláusula que permite solo una reelección. Las declaraciones de este gobernador muestran un notorio desapego de la tradición republicana argentina.
Quintela ha colonizado el poder judicial riojano con familiares directos y las opiniones que ha vertido en los medios de comunicación muestran sus simpatías por las autocracias, que no reconocen límites al poder. El mandatario de La Rioja cree en una prensa subordinada al poder y una Justicia que siga ciegamente los dictados y caprichos del gobernante y aspira a que esos despropósitos queden plasmados en la letra del nuevo texto constitucional, mezclados con supuestos nuevos derechos como el derecho al agua o a la energía y la conectividad, al igual que a una renta básica que solo podría concretarse con más subsidios desde Buenos Aires, dado que la recaudación de esta provincia solo alcanza para pagar poco más de una quincena de los sueldos de su numerosa plantilla de empleados públicos. El 90% de los pueblos de La Rioja carecen de agua potable, porque esos problemas no se solucionan con la inclusión de un artículo en la Constitución, sino con inversión en infraestructura.
Se plantea establecer períodos de permanencia en el cargo a la Justicia similares a los de los legisladores, afectando la independencia judicial, y se pretende introducir normas sobre libertad de prensa, violando la Constitución nacional. Son conocidas las declaraciones del gobernador Quintela acerca de la necesidad de impedir el acceso de los medios nacionales a las provincias, por la razón de que son los únicos que informan sobre los atropellos de los regímenes patrimonialistas que imperan en casi todo el norte del país.
No se plantea, en cambio, establecer un régimen electoral que garantice a las minorías la representación legislativa acorde con sus caudales electorales. El vigente solo concede una escasa representación a la segunda fuerza, aunque pierda los comicios por un par de votos.
Es lamentable que en la provincia que dio al país un notable estadista como Joaquín V. González, autor del famoso Manual de la Constitución, que educó a miles de ciudadanos en el aprecio y respeto de la Constitución nacional de 1853/60, y gobernador de La Rioja hacia 1888, se haya dado, como en otros distritos con características feudales, la degradación de la política que encumbra a estos personajes menores que desmerecen esas tradiciones.
Entre los alrededor de 60 detenidos en Jujuy, había muchos con graves antecedentes delictivos. Llamativamente, todos fueron liberados

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lunes, 30 de mayo de 2016

UNA OPINIÓN; HAY MUCHAS Y QUEDÓ COMO UNA VERGUENZA


La conmemoración de hechos históricos tiene un rol relevante en la construcción de la autopercepción de una nación. El Reino Unido es un de los ejemplos más acabados: el año pasado conmemoró simultáneamente los 200 años de la batalla de Waterloo -la victoria del general Wellington sobre Napoleón-; los 400 de la Carta Magna, que dio inició a la "monarquía constitucional", y los 600 de la batalla de Agincourt, decisivo triunfo de los arqueros británicos contra los caballeros franceses en la Europa continental.
Este año, tanto el Reino Unido como España conmemoran los 400 años de la muerte de sus dos escritores más grandes: Shakespeare y Cervantes, ocurridos "por azar o por destino" el mismo día de 1616, aunque en días diferentes de los dos calendarios en uso en el mundo occidental entonces.


En todos estos casos, las conmemoraciones comenzaron a planificarse años antes y fueron la consecuencia de una reflexión que, evocando el pasado, se realizó en el presente con proyección hacia el futuro, algo que parece estar bastante ausente por ahora en la Argentina, cuando falta algo más de un mes para el bicentenario de la independencia.
El 24 de mayo de 2016 se conmemoró el sesquicentenario de la batalla de Tuyutí, ocurrida ese día de 1866, en el Paraguay, en el marco de la Guerra de la Triple Alianza, que enfrentó a ese país con Brasil, la Argentina y Uruguay. Fue la batalla más grande que tuvo lugar en América del Sur, tanto por la cantidad de fuerzas que participaron en ella como por las bajas que tuvieron lugar. En síntesis: hacia fines de 1864, tras una incursión militar de Brasil en Uruguay para apoyar al Partido Colorado contra el Blanco, Paraguay ocupó la provincia brasileña de Matto Grosso, a la cual sólo se podía llegar a través de los ríos argentinos. Pidió autorización a la Argentina -y le fue negada- para atacar el sur de Brasil pasando a través de Corrientes. Entonces, en mayo de 1865, Paraguay, sin declaración de guerra, ocupó esa provincia con un ejército que era aproximadamente cuatro veces los 6000 hombres que tenía la Argentina en ese momento como fuerza permanente. Tras ello, las fuerzas paraguayas ocuparon Rio Grande do Sul.


En el segundo semestre del mismo año, las fuerzas combinadas de los tres aliados derrotan al ejército expedicionario paraguayo, recuperan los territorios que había ocupado y a comienzos de 1866 desembarcan en territorio paraguayo y vencen en varias acciones militares. El presidente del Paraguay y comandante en jefe de su ejército, el mariscal Francisco Solano López, al perder la ofensiva, decidió una contraofensiva, una suerte de jugada a "todo o nada".
El núcleo central de las fuerzas aliadas, integrado por 25.000 hombres al mando del general Bartolomé Mitre, presidente de la Argentina, había acampado en Tuyutí, entre lagunas y bañados. López planifica y ejecuta un ataque con 35.000 hombres, dos tercios de la fuerza total de su país en ese momento. Pensaba que si vencía podría obligar a los aliados a abandonar el territorio paraguayo. Sus 35.000 hombres iniciaron el ataque a las 11.30 de la mañana. Las fuerzas aliadas fueron sorprendidas, pero logran reorganizarse y contraatacar. La artillería brasileña, que destruyó batallones paraguayos, y la infantería argentina, que resistió con éxito la caballería enemiga, decidieron la batalla a favor de los aliados.


Las fuentes paraguayas y aliadas coinciden en que las fuerzas que mandaba Francisco Solano López tuvieron aproximadamente 13.000 bajas, entre muertos y heridos. En el caso de las que estaban a las órdenes de Bartolomé Mitre, hay divergencias. Para los paraguayos, fueron 11.000, y para los aliados, en cambio, fueron 4100, cifra que los historiadores han considerado mucho más próxima a la realidad y que tomamos por válida.
Fue la batalla más grande librada en América del Sur, por la cantidad de efectivos que participaron (60.000) y la cantidad de bajas (17.100), y decidió la guerra, aunque ésta duró todavía casi cuatro años más. Es que Paraguay perdió su capacidad ofensiva y quedó limitado a una guerra defensiva que libró con coraje y determinación, pero sin esperanza estratégica. Fue el triunfo del genio reflexivo de Mitre sobre el impetuoso López. Al mando de Mitre estuvieron ese día como jóvenes oficiales tres futuros presidentes de la Argentina: Julio A. Roca, Carlos Pellegrini y Victorino de la Plaza, así como el fundador del radicalismo, Leandro N. Alem.

R. F.