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jueves, 16 de mayo de 2024

COSTO DE VIDA Y EL ESCENARIO




Se profundiza la baja de la inflación: 8,8% en abril y un 65% en lo que va del año
Lo que más impactó fueron las tarifas; el BCRA volvió a recortar la tasa de interés
Francisco Jueguen
Las consultoras estiman que la inflación de mayo seguirá la tendencia a la baja
Tal como preveía el mercado, la inflación de abril volvió a mostrar una desaceleración –la cuarta consecutiva– y marcó un 8,8%. Así, volvió a ser de un dígito después de seis meses (desde octubre de 2023). En lo que va del año, la suba de precios acumuló un 65%, mientras que en doce meses suma 289,4%.
Los expertos destacaron el fuerte descenso de la inflación núcleo –no contempla precios regulados ni estacionales–, que pasó de 9,5% a 6,3% entre marzo y abril. La tendencia a la baja se extendería a mayo, dado que el Gobierno postergó aumentos de tarifas y en combustibles. Además, podría comenzar a sentirse el impacto del recálculo en las cuotas de las prepagas.
Las principales subas de abril se dieron en tarifas, indumentaria e internet y telefonía. Los alimentos subieron 6%. En línea con la inflación, el Banco Central dispuso otra baja de la tasa de interés (cuarta en 35 días), de 50% a 40% anual.
En sintonía con lo que esperaba el mercado, la inflación volvió a desacelerarse en abril, y se ubicó en un dígito de variación mensual por primera vez desde octubre del año pasado. Se trata del cuarto mes consecutivo de ralentización de los precios luego de la devaluación de diciembre.
El índice de precios al consumidor (IPC) del Indec marcó 8,8% el mes pasado, impulsado fundamentalmente por los aumentos que se registraron en las tarifas de distintos servicios regulados y gracias al freno en alimentos. El último dato mensual tan alto para un abril fue en 2002. La inflación núcleo, que no registra estacionales ni regulados, fue de 6,3%, una importante desaceleración frente al mes previo, que había registrado 9,4%.
En lo que va del año, la suba de precios fue del 65% y en doce meses llegó al 289,4%. Para encontrar una variación similar hay que remontarse a abril de 1991 (267%).
La división de mayor aumento en el mes fue vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (35,6%), por las alzas en las tarifas de gas, agua y electricidad. Le siguieron comunicación (14,2%), por las subas en servicios de telefonía e internet, y prendas de vestir y calzado (9,6%) por los cambios de temporada, según el Indec. Los alimentos aumentaron un 6%, una fuerte baja (había marcado 10,5% en marzo).
“El IPC nacional registró una variación de 8,8% en abril, exhibiendo la primera variación mensual de un dígito desde octubre de 2023. La inflación núcleo, que excluye los componentes regulados y estacionales del índice, fue de 6,3%. Este fue el dato más bajo desde enero de 2023”, informó el Ministerio de Economía una vez difundido el dato. “La inflación de abril volvió a ser muy inferior a la expectativa de los analistas participantes en el REM [Relevamiento de Expectativas del Mercado] de diciembre”, agregaron.
El último REM del Banco Central (BCRA) había estimado para el mes pasado una inflación del 9%. Para mayo, en tanto, esperan un alza de entre 7,1% y 7,5%. “Esas proyecciones sobrestimaron la inflación en casi 38 puntos en el acumulado de los cinco meses”, criticaron desde el Palacio de Hacienda.
Por otra parte, el mercado espera para diciembre, en el acumulado del año, un alza de 161,3%. Esto implicaría que la inflación de 2024, en el primer año de Javier Milei, sería 50 puntos inferior a la que dejaron Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Esa baja es la contracara de un fuerte parate económico.
“La fuerte desaceleración en los últimos meses se sustenta en el programa económico implementado en diciembre, cuyos pilares son el equilibrio fiscal, el saneamiento de la hoja de balance del BCRA y la implementación de medidas de desregulación y reducción de costos para el sector privado”, estimó el Palacio de Hacienda, y cerró: “Esto permitió transitar, en menos de cinco meses, de una economía con expectativas desancladas y alto riesgo de hiperinflación a una que ha generado las condiciones para la reaparición del crédito hipotecario de largo plazo luego de siete años. Estamos trabajando fuertemente para que el proceso de desinflación se siga profundizando en los próximos meses”, cerraron en Economía.
La entidad que conduce Santiago Bausili esperó el dato de inflación para determinar una nueva rebaja de las tasas de interés de referencia (ver página 20) con el objetivo de seguir “limpiando” el balance del BCRA vía “migración” de deuda pública y “licuación” de pasivos.
Días atrás, la inflación porteña había marcado un 9,8% de inflación en abril. Se trató de un dato muy condicionado por el incremento de las tarifas de gas y agua en territorio porteño, pero también de la educación. Tanto en este documento como en las expectativas privadas ya se anticipaba una baja fuerte en los precios de los alimentos. Incluso algunas consultoras –LCG– habían mostrado alguna semana con deflación como consecuencia de las fuertes caídas del consumo masivo.
Varios expertos del sector privado ven una nueva desaceleración este mes. El Gobierno decidió postergar subas de tarifas y la aplicación del impuesto a los combustible sen mayo para evitar que un alza de esos servicios y de los combustibles frenara las expectativas de baja inflacionaria. En el Indec, según contaron 
 estaban también atentos a qué pasaría con los valores de las prepagas luego de que la Secretaría de Comercio e Industria –y también un fallo de la Justicia– instó a las empresas a recalcular sus precios desde diciembre. “Nosotros tomamos el precio del consumidor. Si no le bajó, a nosotros no nos baja [el índice], aunque la norma los haya intimado. Si en la práctica no se da esa caída, nosotros no la ponemos”, contaron en el organismo.
Se trata de un tema muy sensible en el instituto, sobre todo por la historia reciente. Varios recordaban allí que la manipulación estadística que impulsó Guillermo Moreno, avalado por Néstor y Cristina Kirchner, comenzó con los retoques de los precios de la lechuga, el turismo y la medicina prepaga.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) y el gobierno de Javier Milei alcanzaron anteayer un acuerdo técnico para completar la octava revisión del programa vigente con el organismo, despejando el camino para liberar un nuevo giro por alrededor de US$800 millones.
Al anunciar el nuevo acuerdo, el Fondo elogió el “gran progreso” y dijo que se alcanzaron resultados “mejores de los esperados”. Ya el FMI había señalado varias veces que los precios estaban bajando más rápido de lo previsto por los propios técnicos del organismo.
“Este mes se van a llevar una sorpresa [positiva] con la inflación núcleo. Y en mayo seguirá bajando. Somos muy optimistas con el proceso de desinflación”, había señalado el ministro de Economía, Luis Caputo, semanas atrás frente a empresarios en un encuentro del Ieral. “Hoy, en muchos sectores los precios en dólares y en pesos quedaron totalmente desfasados y la gente no los convalida. Algunos empresarios lo están entendiendo”, había dicho el titular del Palacio de Hacienda.
La opinión de los expertos
“Como era obvio, gran parte de la suba fue por el aumento de los servicios públicos y eso generó mucha disparidad a nivel regional”, explicó Camilo Tiscornia, de C&T. “Lo que me parece muy interesante es que la inflación núcleo fue de 6,3% a nivel nacional. Es la más baja desde enero de 2023. Y lo que uno ve es que el Indec aún no computó la baja de las prepagas. Es decir que esto te anticipa que mayo podría verse favorecido además por ese efecto. Con los datos que tenemos hoy, creemos que la inflación de mayo podría quedar debajo del 5%”, afirmó.
“La inflación sigue arriba de un dígito en regulados, eso fue lo que traccionó. Estacionales pegó en el palo, pero lo importante es que la inflación núcleo volvió a desacelerarse. Había sido más de 9% en abril y fue de 6,3%. O sea que la tendencia de fondo sigue siendo una desaceleración fuerte”, afirmó Lorenzo Sigaut Gravina, de Equilibra. “El dato de mayo creo que va a volver a sorprender”, señaló, y recordó que el Gobierno postergó aumentos en regulados y también la aplicación del impuesto a los combustibles.
“Obviamente posponiendo ajustes de tarifas de transporte público, energía, entre otras subas, la pregunta hacia adelante es: ‘Eso que pospusiste, ¿lo vas a hacer en junio? ¿En julio?’. Cuando se hagan esos incrementos, cuando regulados vuelvan a picar en punta, probablemente se te acelere la inflación”, cerró.
“Entendemos que la notable desaceleración de la inflación se explica por el desplome de la demanda”, dijeron los analistas de LCG. “El verdadero test para saber si entramos en un nuevo régimen de inflación más baja deberá hacerse con la actividad económica repuntando y con los salarios recortando algo de la caída de los últimos tiempos”, sentenciaron en esa consultora privada.

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El arriesgado ajedrez de Caputo
Francisco JueguenEl Presidente destaca, cada vez que puede, el trabajo del ministro Luis Caputo
El encuentro entre Luis Caputo y unos 80 empresarios fue hace algunas semanas. No hubo medios, ni fotos, ni un comunicado. Fue cerrado. Se hizo en el Hotel Sheraton y duró poco más de una hora. Estuvieron parte del comité ejecutivo y sponsors de IDEA.
“No hay apuro; no hay fecha”, repitió el ministro de Economía cuando lo consultaron por la salida del cepo cambiario. Negó otra vez el atraso del dólar –en otras palabras, que haya una devaluación en gateras para después de la liquidación de la cosecha gruesa– y pronosticó un segundo semestre con una economía más estable y una mejora de la actividad. Como en cada presentación pública, ratificó que su objetivo es doblegar a la inflación haciendo foco en su causa primordial: el déficit fiscal.
Hubo, sí, dos novedades para los empresarios. La primera es que Caputo repite prácticamente lo mismo en público y en privado. El ministro está obsesionado con anunciar un horizonte, anticipar los resultados, repetir un solo mensaje y cumplir lo que dijo que había que hacer. El “delivery”. En definitiva, es ganar credibilidad: “Escuchen lo que digo, porque es lo que hago”.
La segunda novedad es que comenzó a generar otra reacción entre quienes, dubitativos, lo medían hace un par de meses. “Yo ya le creo; no le juego más en contra”, afirmó el CEO de una empresa de alimentos que lo escuchó en el Sheraton y que recuerda que el ministro ratificó, como lo hizo ya en varias oportunidades, la regla del crawling peg (microdevaluaciones diarias) al 2% mensual del Banco Central (BCRA). “Los precios están bajando fuerte”, agregó sobre la trayectoria descendente de la inflación.
La empresa de datos económicos Alphacast, que dirige Luciano Cohan, estima que la inflación núcleo –que no incluye precios regulados ni estacionales– ya corre en torno al 3% mensual. La primera semana de mayo, según FIEL, registró la inflación núcleo más baja (1,8%) para un inicio de mes desde comienzos de 2023. Las carnes, que son lo que más pesa en el IPC del Indec, cayeron 0,8% en esa primera semana, según la consultora LCG.
Para garantizar esa tendencia, el Gobierno postergó subas de tarifas y un aumento del impuesto a los combustibles. A eso se suma que el recálculo de las cuotas –hacia abajo– de las empresas de medicina prepaga comenzará a impactar en el dato oficial de mayo. “Todo indica que este mes vamos a estar en un dígito cómodos”, contó un economista que sigue de cerca los precios.
En Economía confían en que junio seguirá el camino descendente a pesar de las dudas entre algunos especialistas de que la inflación puede encontrar resistencias por la inercia y los aumentos de precios regulados (como las tarifas). El mundo financiero, por ahora, confía en Caputo: las expectativas de inflación implícitas en el mercado de bonos –entre Lecap marzo 2025 y bonos CER junio 2025– ya tienen precios a un ritmo de inflación breakeven en torno al 3,5% a partir del mes próximo.
La opinión pública, en principio, renueva su voto de confianza en las encuestas que se publican. La última de D’Alessio Berensztein sigue manifestando que la principal preocupación de los argentinos es la inflación. Pero entre diciembre y abril ese indicador cayó 22%.
Sin embargo, a medida que avanel plan de transición de Javier Milei, el mercado sigue esperando definiciones que no llegan. Si el dólar vale $1000, ¿por qué no levantar el cepo cambiario hoy? ¿Cómo competirán con el mundo las empresas argentinas con los altos costos actuales y elevados impuestos intocables ante la prioritaria necesidad del equilibrio fiscal? ¿Es justo abrir importaciones y rebajar aranceles para bajar precios sin trabajar el alto costo argentino desde el Estado? ¿Cuáles son las reformas estructurales para dejar de depender de un tipo de cambio alto y salarios bajos? ¿Cuán soportable es el ajuste en el mundo del trabajo?
El futuro del cepo
En el equipo económico son conservadores. Asusta la historia reciente con el dólar. Para que el día después de la salida del cepo no haya problemas, se requiere –dicen– que la dinámica del mercado de cambios funcione ordenadamente. Y hoy existe aún un desbalance de stocks, aducen. De paso, el cepo mantiene encendida la licuadora y orienta la migración de deuda del Banco Central al Tesoro.
“[Salir del cepo] requiere que no haya incentivos muy dispares entre los agentes que van a participar. Si hay demanda por dólares a $800 y yo estoy dispuesto a pagarlo $1500, cuando nos abren la gatera me ves disparar y de golpe sos comprador también a $1300”, ejemplifican. Por eso, el trabajo lento es “limpiar” –como se vio el jueves pasado– a algunos de los que tienen demanda a $1350. Son los que salen con el Bopreal para girar dividendos. “Los que hablan de que ya se puede salir del cepo miran su propia demanda y no la de los demás”, agregaron.
Una apertura a destiempo, creen, puede desacomodar temporariamente el tipo de cambio, lo que tiene un costo muy alto. “Abrís y ellos te llevan el tipo de cambio a $2000. Después se acomoda a $1000, pero esa ida y venida te desancló expectativas y disparó inflación”, dicen. Son dudas para un Banco Central que, a pesar de que ya sumó más de US$16.000 millones, todavía no tiene las reservas que requiere para alzar una voz firme en el mercado de cambios sin cepo.
En Economía saben de la apreciación real del peso. Es consecuencia, dicen, de los fundamentos macro del programa: superávit fiscal y no financiamiento del BCRA al Tesoro. Critican que siempre se usara el tipo de cambio para justificar la falta de competitividad de las exportaciones, cuando esa posibilidad de competir debería generarse, afirman, a través de la estructura de costos y márgenes. Cuidado: es una opinión que, sin reformas de fondo, se mantendrá hasta que el BCRA no compre más dólares y el superávit de la balanza comercial se transforme en déficit. Con la cosecha, el ingreso de divisas al Central sigue firme.
La crisis pone límites
Para Caputo, sin embargo, la verdadera reforma de fondo es el anclaje fiscal y monetario. La idea es simple: primero, arreglar la macroeconomía; segundo, que el superávit en el Estado permita bajar impuestos mientras la microeconomía ajusta márgenes a niveles competitivos con la industria global. “La gente no tiene que pagar la ineficiencia productiva de los agentes económicos”, explican en el quinto piso del Palacio de Hacienda cuando se consulta al respecto.
Pero el verano financiero choca con la realidad productiva. Hay sectores que sufren, de distintas formas, las incomodidades que genera el plan oficial. El horizonte, por ahora, es solo visible en el mundo de la energía, la minería y el campo. El resto aún ve nubarrones oscuros y grises por atravesar. Esa, claro, no es la visión en el oficialismo.
En la industria hay un caso testigo por semana. La pasada fue Whirlpool, que ya arrastraba una situación compleja con el gobierno de los Fernández porque tenía el 100% de sus productos congelados en el programa Precios Justos y problemas para hacerse de insumos por las trabas a las importaciones. A eso sumó una reestructuración global, y luego, en enero y en febrero, tras la devaluación y el sinceramiento, un desplome de las ventas
Entonces, el Ministerio de Economía anunció además una baja de aranceles para los productos de la línea blanca. En pocos meses, la producción nacional se hizo poco competitiva en Brasil (se les cobran retenciones), el principal destino de exportación, por el que se decidió sumar 160 trabajadores en 2023. En marzo, ya hubo una ola de desza pidos entre ejecutivos y analistas de la empresa. Esa ola no terminó: seguiría este mes con parte de esos operarios nuevos que recién habían terminado su capacitación.
En Fate, la situación es similar. En las últimas horas, se anunciaron 97 despidos. “La actividad de la empresa se encuentra expuesta a factores muy negativos que incrementan severamente el costo de su producción: abusiva sobrecarga impositiva, restricciones cambiarias para el pago de insumos del exterior, deficiente infraestructura, sobrecostos derivados de la legislación del trabajo, baja productividad laboral, ausentismo, elevada conflictividad gremial”, blanqueó en un comunicado, que criticó, además, la baja de aranceles de importación y la llegada de neumáticos chinos. A la empresa de Madanes Quintanilla también le cobran derechos de exportación –retenciones–, lo que deja su producto fuera de Brasil.
En las empresas de bebidas vivieron un verano –la estación alta de ventas– difícil. Ya suspendieron turnos y dejaron afuera a trabajadores eventuales. Hoy analizan ajustes más concretos en sus plantillas con un consumo masivo que no despega, pese a que los supermercados ven una luz a fin de año.
Mientras en los bancos esperan un relanzamiento del plan oficial en el tercer trimestre y se suben a la ola de nuevos productos hipotecarios por efecto contagio, en otros servicios, como el turismo, sufren a la Argentina cara en dólares. El receptivo es cada vez más esquivo por precio y el emisivo sufre los cepos. Semanas atrás, las agencias de viajes enviaron una carta a Juan Curutchet, hoy en el BCRA. Le pidieron que se puedan pagar pasajes al exterior con tarjeta de crédito en dólares. El DNU 70 habilitó la compra en esa divisa, pero una regulación de la entidad les niega a los operadores hacerlo con los plásticos. Para evitar el impuesto PAIS, las transacciones en dólar cash pasaron de 1% a un 20% del total de operaciones.
El campo ya terminó la cosecha de girasol, mientras la de soja viene con algo de atraso por las lluvias (recién la semana pasada levantó un poco más), la caída del precio (que recuperó, en parte, por la tragedia de Porto Alegre y falta de oferta en Estados Unidos) y porque muchos no ven un mensaje claro aún con el tipo de cambio, sobre todo luego de que el último staff report del FMI fijó para junio la muerte del dólar blend (80% al oficial, 20% al CCL) para liquidar. Esto último es algo que descarta Economía.
“No se está vendiendo lo que esperaban en el Gobierno”, contaron en el sector industrial. Sin embargo, estiman que las liquidaciones este año estarán entre US$35.000 y US$38.000 millones. Para que esos números mejoren, el Gobierno debería dar incentivos, creen, sobre todo ante los elevadísimos costos en dólares (los laborales son tan altos que provocaron un alzamiento de los trabajadores aceiteros por la restitución de Ganancias). Por eso, esperan una mejora del tipo de cambio (lo ven atrasado 20% o 30%) o un incentivo fiscal (retenciones). No está claro que ninguno de los dos llegue en el corto plazo, estiman las mismas fuentes de la industria.
En el Gobierno entienden que hay que esperar a que los salarios comiencen a ganarle a la inflación para que el consumo empiece a limpiar los stocks repletos de las empresas que golpean la producción. Stocks que se acumularon por la incertidumbre que generó el kirchnerismo en los últimos cuatro años. A la industria le dicen que tienen un problema si no puede competir con importaciones con aranceles Mercosur (altos), impuesto PAIS, tasa de estadística e IVA; al campo, que ya le achicaron la brecha cambiaria. A las pymes que protestan contra el RIGI, que el efecto derrame de las inversiones por venir será grande y que la reforma laboral, por más acotada que sea, trabaja sobre los costos (por ejemplo, las multas). El foco productivo está puesto en estas cosas, y en la simplificación y fuerte desregulación. Más adelante, cuando haya margen fiscal, también prometen avanzar en bajar impuestos que, tanto empresarios como el Gobierno, consideran distorsivos.
Duendes irlandeses
Son problemas menores en el calendario de Javier Milei, que sueña con una revolución verde a 35 años. El faro del libertario son los duendes irlandeses. El que describió con detalles el proceso revolucionario que vivió ese país fue el economista Federico Alonso. “En las últimas tres décadas, Irlanda pasó de ser una economía agraria a convertirse en una potencia tecnológica. Durante este período, su PBI per cápita se incrementó más de un 800%”, describió. Lo primero que hicieron durante los años 80, contó Alonso, fue reducir el gasto: bajaron, de esta manera, la deuda y los impuestos.
Luego, con leyes (algo que se le complica hasta ahora al actual gobierno), incluyeron condiciones de “responsabilidad presupuestaria” (la deuda pública jamás podría volver a superar el 60% del PBI y el déficit no debía superar el 3%). La estabilidad (y una baja tasa impositiva corporativa), cuenta Alonso, atrajo grandes empresas. Invirtieron en educación y en diversificación (biotecnología, finanzas y servicios empresariales). Se abrieron luego al mundo con tratados de libre comercio, algo impensable si hoy duelen las heladeras o neumáticos importados. Es un consenso que el oficialismo aún debe construir.
“Irlanda era el país más miserable de Europa”, dice Milei cuando le preguntan por el milagro verde, que ve comparable con otros destinos, como los de Australia, Nueva Zelanda o Suiza, en su visión de futuro. “La idea de base es siempre avanzar en términos de libertad económica”, suele decir, sin dejar luego de despotricar contra la “contaminación socialista”. En privado, ante empresarios en el Sheraton, y en público, Caputo repite la piedra fundacional de ese camino: bajar el gasto para no tener deuda, reducir impuestos y controlar la inflación. En el mercado son ansiosos: todos quieren ver qué hay después de la curva.
Caputo mantiene muy firme su mensaje y el mercado ya le cree
El Presidente ve en Irlanda un horizonte para lo que debería ser la Argentina

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sábado, 13 de enero de 2024

COSTO DE VIDA Y EL ESCENARIO


La inflación de diciembre fue de 25,5% y 2023 cerró con un aumento de precios de 211,4%
Fuerte aumento de los alimentos, que saltaron casi 30%, y de los combustibles por la devaluación; también impactó el salto en salud
Francisco Jueguen
La inflación tuvo su pico en diciembre
Apesar de haber atrasado el dólar, pisado las tarifas de los servicios públicos y controlado miles de precios en supermercados, el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner terminó su mandato dejando a los argentinos la mayor inflación en más de tres décadas. La suba de precios de diciembre fue de 25,5%, según el Indec, y 2023 terminó con un incendiario avance de 211,4% en doce meses. Para encontrar una variación tan significativa hay que remontarse a 1990, un año marcado por la salida de una hiperinflación.
El organismo estadístico publicó el número de diciembre, que marcó el pico del año. Es que en ese mes confluyen las enormes distorsiones de precios relativos -que generaron volatilidad permanente del dólar y, por lo tanto, de cobertura a través de precios por parte de los agentes económicos- que dejó como herencia el kirchnerismo con la expectativa de un nuevo gobierno -el de Javier Milei- llamado a “sincerar” radicalmente la economía. A eso se sumó, claro, la fuerte devaluación del tipo de cambio oficial impulsada por el ministro de Economía, Luis Caputo, que fue de más de 50%, y tuvo su impacto inevitable en precios.
La inflación, que ya superó a Venezuela en el indicador anualizado, tuvo en su medición núcleo -que elimina las variaciones de precios regulados y estacionales- un avance de 28,3% en diciembre. El capítulo que más aumentó en el mes fue el de Bienes y servicios varios (32,7%), producto de las subas en artículos de Cuidado Personal. Le siguieron Salud (32,6%), impulsada por las variaciones en medicamentos y medicina prepaga, y Transporte (31,7%), por los incrementos en combustibles. Los alimentos subieron 29,7% en promedio. “Al interior de la división se destaca el aumento de precios en Carnes y derivados, y Pan y cereales”, informó el Indec.
“El número es claramente mejor al esperado por el consenso de los economistas privados, que proyectaban una inflación muy cercana al 30%”, dijeron en el Ministerio de Economía. “Refuerza nuestro convencimiento de que vamos por el camino correcto. Sabemos que va a ser duro en el corto plazo, pero que esta vez vamos a salir adelante. El apoyo de la gente a las nuevas medidas es altísimo. Esperamos que la política esté a la altura de las circunstancias”, concluyeron en el Palacio de Hacienda.
Las consultoras privadas estimaban, al cierre del año pasado, que los aumentos de precios de diciembre habrían estado entre 25% y 30%, con picos interanuales que iban del 200% al 220%, según las distintas mediciones. El vocero presidencial, Manuel Adorni, en tanto, lo proyectó en esa última variación. “Si la inflación en diciembre es un 30% es un numerazo”, dijo Milei en la Antártida. Agregó que, como venía la economía, era más probable que marcara un 45%. Ningún privado anticipó ese salto.
Luego de conocerse el IPC, el Banco Central (BCRA) dará a conocer además el Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM). Se trata de la encuesta más amplia entre las principales consultoras y bancos, que -vale tener en cuenta- fue realizada antes de que se conociera el dato oficial de hoy. Según contaron en el BCRA, desde el mes que viene se dará marcha atrás con los cambios que hizo Miguel Pesce: el REM se va a publicar, como antes, la primera semana del mes, antes de que el Indec informe el dato de inflación.
La Ciudad de Buenos Aires, que informa antes que el Indec su índice de precios en la jurisdicción, verificó en diciembre una inflación de 21,1%, lo que determinó un alza de los precios de 198,4% en 2023. Los saltos más importantes anticipados en ese indicador fueron para el capítulo más sensible: Alimentos y Bebidas, que avanzó 30,4% y lo mismo marcó Transporte, por las subas en el precio de los combustibles.
La llamada “inflación de los trabajadores”, cálculo que realiza el Instituto de Estadística de los Trabajadores (IET) de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET) y el Centro para la Concertación y el Desarrollo (CCD), marcó 24,3% para el mes pasado y 207,7% para el año. “La del año pasado fue la inflación más alta desde la hiperinflación de 1990 y está en el top 10 de las más altas de la historia. La aceleración obedece al salto cambiario del 12 de diciembre, más la desregulación de precios”, indicaron en el documento que se presentó esta semana.
En enero, los precios de los alimentos continuaron con avances en niveles altos, pese a que se registró una leve desaceleración. Según la consultora LCG, que midió los valores en la primera semana del mes, la marca fue de 4,6%, una desaceleración de 2,6 puntos porcentuales frente a la última semana de diciembre. En la segunda semana, se registró una nueva desaceleración de casi un punto. El incremento promedio de los alimentos en cuatro semanas llegó a 32,2% y en el llamado punta a punta, a 29,5%.
En Econométrica esperan que los precios no den tregua en el primer bimestre del año. De hecho, sumando diciembre, enero y febrero, ven un alza acumulada de 84%. Esto quiere decir, que en sólo tres meses, los valores casi que se duplicarían. La consultora que dirige Ramiro Castiñeira estimaba un salto de 27% en diciembre (fue 25,5%) uno de 24% en enero y un avance de 18% en el segundo mes del año.
El Gobierno prevé que el feroz sinceramiento de los precios con el overshooting (el fuerte salto del dólar), sumado a la acumulación de reservas en el BCRA, y la licuación y esterilización de pesos produzca desde abril una desaceleración de la inflación producto del freno abrupto del consumo y la recesión. Marzo es un mes estacionalmente alto para los precios (por el arranque de las clases, entre otras causas) y tendrá además el rezago del impacto del aumento de tarifas desde febrero.
Desde abril, con menor actividad, las reformas (DNU y ley ómnibus) aprobadas y con la llegada de la cosecha, el Ejecutivo confía en comenzar a ver una tendencia decreciente de la inflación. Sin embargo, vale recordar que el presidente Milei viene anticipando desde que asumió que la Argentina enfrentará de 18 a 24 meses de estanflación (inflación y estancamiento) debido a la herencia de la política monetaria del kirchnerismo.
La visión de los economistas
“Luego de un diciembre turbulento en materia de aumentos, las primeras dos semanas del año cierran con una inflación promedio semanal del 4,1%, pero desacelerando. Esto representa volver al ritmo de aumentos de noviembre”, indicó Melisa Sala, economista de la consultora LCG.
“El año comenzó con el anuncio de algunos aumentos en regulados y en precios que habían estado congelados hasta el momento. Combustibles se incrementó 27%, luego de la suba de 82% de diciembre, con arrastre a otros precios en la economía. Se suman también las primeras autorizaciones a aumentos en Transporte y prepagas. Esto le impone un piso de 15 puntos para la inflación de enero”, advirtió.
“Aunque pueda verse una desaceleración respecto de diciembre, esperamos un registro alto también para este mes. Para adelante, quedan pendientes los ajustes en tarifas de servicios públicos y probablemente un nuevo deslizamiento cambiario si se sostiene un ritmo de crecimiento de los precios 10 veces superior al del dólar oficial. La posibilidad de una convergencia hacia niveles de inflación más bajos dependerá de que el Gobierno logre anclar las expectativas a través del cambio de régimen que propone para la economía. Sin políticas de corte heterodoxo, como controles y acuerdos de precios y salarios que lo complementen, la escalada inflacionaria podría demorar o dejar sin efecto todo el programa”, cerró.
“Por supuesto, diciembre, enero y febrero van a tener mucha inflación. Lo que ya sabemos es que este es uno de los peores datos a nivel mensual desde principios de 1991″, afirmó Lorenzo Sigaut Gravina, de Equilibra. “Es un cierre de año para el olvido y un arrastre que nosotros estamos viendo elevado para enero. Estamos midiendo un enero parecido a diciembre. Si bien con un poquito menos de dinamismo semana a semana, pero ya tenemos un aumento de 11% acumulado en las primeras dos semanas”, indicó.
“Se nos vienen uno o dos meses difíciles, tanto enero como febrero. Y marzo siempre es estacionalmente complejo por Educación, así que incluso con el resto de los rubros desacelerando un poco, vamos a tener un marzo complejo también. En conclusión, el primer trimestre va a bajar un poquito la inflación, pero probablemente esté en torno al 20% [mensual]”, señaló el economista.
“El efecto del salto del tipo de cambio oficial y la liberación de precios fue evidente”, afirmó Camilo Tiscornia, director de C&T. “Los datos del relevamiento de precios de C&T para lo que va de enero muestran al turismo como uno de los grandes impulsores del mes, junto con el aumento de 40% en las prepagas y el ajuste de 50% en el transporte público en la región GBA”, dijo.
“Por el contrario, numerosos componentes con precios libres moderaron significativamente su ritmo de incremento ya desde la cuarta semana de diciembre, incluyendo especialmente a alimentos. La inflación de todo el mes podría ubicarse en torno al 20%, un escalón por debajo de la de diciembre”, cerró.

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Detrás de los precios argentinos: ni un peso para el asado, pero la “casta” gasta euros en Europa
Por qué el país no pudo terminar con la inflación y los planes del Gobierno para intentarlo
Francisco Jueguen
Alberto Fernández, junto a Fabiola Yánez, en un restaurante español que cobra mil euros el cubierto
Era bien temprano, por la mañana, en las afueras de Madrid. En la sede central de un banco global, varias decenas de periodistas de todo el mundo desayunaban. Cada mesa era para una nacionalidad distinta. Había, claro, una argentina. Ese noviembre de 2022 era testigo de algo inusual: por primera vez en 40 años, un encuentro financiero tenía como tema central el retorno de la inflación al mundo. Un ejecutivo de la entidad propuso hacer una presentación. Fue la única vez en mucho tiempo, fuera de Lionel Messi y el fútbol, en que una mesa con argentinos adquirió suma relevancia para el resto de los mortales. “Somos los expertos en sufrirla, no en solucionarla”, aclaró entonces un director de un diario criollo.
Al abrir el encuentro repleto de figuras de todo el planeta, la presidenta del banco presentó a la estrella de aquella hora. No era un funcionario estadounidense, europeo ni chino, las grandes potencias, sino el titular del Banco Central de Brasil, Roberto Campos Neto, el primero en el mundo en tomar un camino ortodoxo para frenar los precios, tras la pandemia del covid. Acumulaba tres meses de deflación ya desde entonces. “Nuestra principal función es luchar contra la inflación”, afirmó Campos Neto sobre el escenario.
Brasil tiene una meta de inflación de 3,25% anual para el año que quedó atrás hace unos días. Campos Neto, que ingresó con Jair Bolsonaro al Banco Central, anunció que espera un recorte de tasas este mes y en marzo, y, pese a algunos tironeos políticos con Luis Inácio Lula da Silva por la velocidad de ese ajuste monetario y el impacto sobre el crecimiento económico, elogió al ahora ministro de Economía, Fernando Haddad, por su declamado objetivo de déficit cero en 2024. Lejos está Brasil de la etiqueta “comunista”.
Unos meses antes, en ese mismo 2022, el presidente Alberto Fernández había prometido una “guerra contra la inflación”. Ese año terminó duplicando los precios y, en 2023, triplicándolos. Perdió la trifulca y registró el mayor aumento en más de tres décadas. El kirchnerismo, a diferencia del resto del mundo, eligió mirar siempre a la Secretaría de Comercio –con controles y amenazas– como instrumento de esa guerra. Nunca funcionó. Ni con Guillermo Moreno, ni con Paula Español o Roberto Feletti. El Banco Central y el Tesoro, mientras tanto, desatendieron la prudencia fiscal y monetaria. La política económica quedó en manos de políticos que prometieron un oasis de gasto y consumo no sustentables a largo plazo y sin financiamiento.
Curiosamente, Fernández terminó su mandato con una inflación acumulada en noviembre de 931%. Tocó ese fenomenal número pese a que su gestión económica –la de Martín Guzmán, Sergio Massa y Cristina Kirchner– mantuvo precios y tarifas pisados y dólar atrasado. Pero, además, sumó emisión monetaria récord y déficit descontrolado, según rememoró el economista Salvador Vitelli. El peso, así, murió. Tanto es así que Javier Milei se convirtió en presidente prometiendo su reemplazo por el dólar.
La inflación es la primera preocupación de los argentinos en todas las encuestas de opinión. Y es muy claro el porqué. En los últimos seis años, los ingresos de los ocupados cayeron 25% -tres de cada diez son pobres-, el empleo se precarizó y la pobreza terminó 2023 cerca de 45%, con seis de cada diez chicos sin acceder a una canasta básica. “Es el ajuste más salvaje y extendido en el tiempo de la historia”, caracterizó un especialista en números sociales que sigue muy de cerca el devenir actual.
Una historia reciente
Para el kirchnerismo, la inflación siempre fue el otro. El único reflejo de esa facción que gobernó al país en los últimos años fue hallar culpables (principalmente supermercados y empresas de alimentos y consumo) y patotearlos en la escena pública. De allí surgen las campañas publicitarias luego de programas que actúan sobre las consecuencias, no sobre las causas. Los controles fueron paliativos marketineros para una inflación que siempre tendió a ir creciendo mientras, a la vez, se consumían stocks bajo la bandera de una inclusión social. Inclusión “a medias”, ya que los nuevos derechos son siempre licuados con altos precios.
Desde esas tribunas, negaron siempre que el déficit fiscal y la emisión monetaria fueran responsables de la inflación. Se usaron comparaciones con países con cuentas en rojo, pero con cero defaults en su haber y, por lo tanto, con financiamiento en los mercados. Hubo otras opciones K, como truchar las estadísticas oficiales, pero se abandonaron tras el segundo gobierno de Cristina Kirchner. Tenían mala fama.
Cristina Kirchner y Axel Kicillof en el acto del 25 de mayo

El macrismo la canchereó. El gradualismo chocó con un límite de endeudamiento cuando cambió el clima financiero global, hubo falta de coordinación que desgastó la credibilidad en los mercados y, claro, los muros de contención social de las fuerzas liberales son siempre muchos más bajos que los del peronismo.
“La inflación no se resolvió por inconsistencias macro. Lo monetario, la tasa, fue más rápido que lo fiscal, el ajuste. Esto llevó a una apreciación cambiaria que dejó el esquema expuesto a un corte abrupto del crédito externo”, rememoró un exministro. “Esto nos dejó expuestos a la tormenta externa”, agregó.
Muchos todavía recuerdan la incomodidad del ahora estelar Federico Sturzenegger ese 28 de diciembre de 2017 sentado en una mesa con Nicolás Dujovne, Marcos Peña y el ahora ministro de Economía, Luis Caputo. Entonces, fue la política, no el Banco Central, la que hizo el anuncio –de la mano del entonces jefe de Gabinete– de que la inflación sería mayor a la pronosticada por la entidad monetaria. Esa presentación destruyó las expectativas del sector privado, que se arremolinaron con una reversión de los flujos de capital y una sequía (fue significativa, pero menor a la que le tocó sufrir a Massa durante el año pasado).
“La inflación a fines de 2017 estaba derrotada. Iba a ser 14% en 2018. Pero, al atacar al Central, ese proceso se descarriló. El gradualismo fiscal igual generó una insustentabilidad (sic) que fue lo que lo hundió. El problema de 2018 fue fiscal, no del Central. La entidad tenía US$40.000 millones de reservas”, rememora alguien que se sentó en aquella simbólica mesa del llamado 28D, el principio del fin.
Y volvió el Fondo Monetario Internacional (FMI), el elixir para las fuerzas que aman buscar “enemigos” en el exterior. Pero, el problema, como dice un curtido periodista económico es otro: “Somos nosotros”.
Por qué no se puede vencer
¿Por qué la Argentina no puede con la inflación? “Sencillo. Porque nunca atacamos el problema de fondo, que es el déficit fiscal”, responde uno de los economistas más escuchados de la City porteña. Desde 1961, la Argentina sólo tuvo seis años con superávit (de 2003 a 2008), según datos del Ministerio de Economía. El gasto público consolidado, que en 2002 era 29,1% del PBI, en 2015 llegó a 46,3%. Solo el nacional, por caso, pasó de 15% en 2022 a 25,9% en 2015, y a 22,9% en 2023. “Cuidado que la reducción del déficit de Massa es sólo el resultado de la aceleración de la inflación”, advirtió el economista Fernando Marengo.
La “maquinita” fue la solución para solventar la fiesta de la política, casi siempre electoral. Según números de Jorge Vasconcelos, economista del Ieral, la expansión monetaria en 2023, a través de asistencia directa al Tesoro, compra de títulos en el mercado secundario y títulos públicos elegibles para encaje bancario, fue de 4,3% del PBI en 2023. Ese porcentaje es sólo superado por el 7,5% de emisión récord en medio de la pandemia de coronavirus en 2020 con Martín Guzmán en el timón económico.
Los economistas coinciden, en general, en que el mal manejo macroeconómico es la clave central para explicar el origen de la inflación. Pero algunos suman el matiz criollo que complica la escena: una fina coordinación, hoy inexistente, entre la necesidad de los complejos del agro e industriales de un tipo de cambio alto –más devaluación– para poder exportar que choca de frente con una presión distributiva diferente a los otros países de la región impulsada por la clase media y los sindicatos que los gobiernos atenúan con atraso cambiario. Se trata de un péndulo que se mueve entre años pares de ajuste y salto del dólar, y los electorales, con tipos de cambio atrasado y brechas. Ese movimiento cíclico destruye la moneda.
Como corolario de un karma que lleva años, a una dinámica de precios tóxica, se suma que el país arrastra un costo argentino –nivel de precios– superior al de otros países por la baja inversión en infraestructura y una elevada presión impositiva como contracara del aumento del gasto público. Es la pintura de un país cerrado al mundo, sin competencia, y con exceso de regulaciones, que conspira contra el consumidor.
Javier Milei
¿A qué apuesta Milei? Déficit cero en 2024. El ajuste se hará con baja de gasto –y licuación, como siempre– y con suma de ingresos. La recesión hará parte del trabajo sucio tras el sinceramiento de precios, lo que servirá no sólo para evitar futuras expectativas de devaluación, sino para que el precio vuelva a ser la información más valiosa para el mercado a la hora de tomar decisiones, sea consumir o invertir.
Ese sinceramiento tiene costos reales para una sociedad fatigada a la hora de ajustarse el cinturón: entre el 7 de diciembre y el 9 de enero, el dólar tarjeta (al que accede el ciudadano común) subió 30,7%; el oficial (la referencia para contratos), 123,5%; la nafta, 115%; el kilo de asado, 44,7%, el litro de leche, 50,3%; el kilo de yerba, 19,8%; la Coca-Cola, 104%; el kilo de harina; 67,8%, el colectivo y el tren, 45% y el subte, 37,5%. Vale recordar que la nominalidad ya crecía, y el empleo y el consumo caen desde octubre y noviembre.
Hay algo novedoso en el espíritu de época. El país eligió a un Presidente que prometió eliminar el déficit, limitar la emisión (”volando” el Banco Central y dolarizando), corregir precios relativos, estabilizar el tipo de cambio y hacer reformas estructurales. Pero es preciso eliminar tres ilusiones: nadie soluciona un problema sin pagar costos (si no, no sería un problema); los “brotes verdes” no se verán en el corto plazo; y la factura no la pagará “la casta”. El ejemplo más claro de esto último son aquellos privilegiados que prometían llenar las parrillas de todos los argentinos de asado barato, como Alberto Fernández, y que eligieron empezar el año cenando por unos 600 euros en el Four Seasons de Madrid.

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